Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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miércoles, 21 de marzo de 2012

La familia Baleztena vuelve a Pamplona en 1935, tras un acto en Leiza

Querido lector, como ya hemos visto la familia Baleztena fue expulsada de Pamplona  en 1932, tras haber sido agredidos y quemada su casa. El aitacho, Ignacio, volvió pronto y anduvo entre San Sebastián, Leiza y Pamplona. El resto de la familia decide en primavera de 1935 volver a Pamplona, tras haber pasado 3 años en el destierro donostiarra. Pero antes de eso el tío Joaquín, Jefe regional carlista de Navarra,  animado por mi padre Ignacio y la tía Lola deciden convocar un acto político en Leiza, del que deja constancia ésta última en sus inéditas “Memorias de una Chofer”:

"¡Qué animada y concurrida fue la concentración de Leiza!. Hice la presentación de los oradores y se me quedó bien grabada la frase profética con que me interrumpió uno de los oyentes. La Plaza de Leiza, tan señorial, presentaba maravilloso aspecto. En una de las casas que se alza en ella, “Torrea”, se hospedaron Carlos V, la Princesa de Beira y Carlos VII. Al recordar con mis palabras el paso por allí de la arrogante figura de D. Carlos seguido de numerosos voluntarios de Leiza, se oyó:

-         ¡Orain gueigo! (ahora más).

El tiempo bien pronto le daría la razón.

La plaza de San Miguel de Leiza. A la derecha el Ayuntamiento. A la izquierda en primer plano Petrorena, la casa familiar de los Baleztena, y detras asoma Torrea. Ambas eran baluartes del carlismo leizarra.
            Y continua la tía Lola (Dolores Baleztena) narrándonos cómo fue el regreso a Casa Baleztena en Pamplona:

Vuelta a Casa.

Pasaron tres años, y seguíamos encantados en aquella vida sin grandes responsabilidades que las circunstancias nos obligaron a tomar. Cuando nuestros amigos nos preguntaban cuando pensábamos volver a Pamplona, les contestábamos en broma: o con el triunfo o con la revolución. Pero como el triunfo no asomaba por el oscurecido horizonte y la revolución, aunque siempre esperada, tampoco llegaba, decidimos levantar el campo de San Sebastián y volver a la casa nativa. ¡Pobre casa mutilada!. Los impactos de los tiros se veían en su fachada; la puerta principal estaba chamuscada; las escaleras de la entrada, el zócalo y la cancela desaparecieron en el incendio. Al contemplar de nuevo la casa amada, sucia, sin cristales, ahumada, con varios objetos rotos por las pedradas, venía a la memoria aquel verso que los Zuavos Pontificios dedicaron a su bandera. Al transcribirlo, cambio casa por bandera:
                                              
“Nous aimons chère et grainde maison,
a voir tes largues dechirures.
El plus tu nous semble belle
Plus tu nous montres tes blesures.”

 Cuando con madera de roble traída de Leiza quedaron reparados los desperfectos, y terminadas las obras, se abrió la puerta principal para que por ella entrara solemnemente la Dolorosa del Oratorio, que mi hermana Angeles y mi sobrino Chan salvaron el día del incendio, el auto fue su carroza de honor….

El coche de la tía Lola, Dolores Baleztena, que tanta historia "vivió", sirvió en esta ocasión como "carroza" a la Dolorosa del Oratorio.
Se interrumpieron de pronto las propagandas pues mayo se inauguró con una crisis total. Unos opinaban: “Gobierno de franco sentido izquierdista”; otros: “Gobierno centro-derecha”; Azaña: “Disolución de cortes”; los nacionalistas: “¿Quién nos dará el estatuto?”; y como a nosotros nadie nos iba a dar nada, como no fueran disgustos, nos apercibimos desinteresadamente para la defensa de lo que acabaría por llegar.

           Y mientras todo esto sucedía, en seguida de llegar a Pamplona se encontraron con la convocatoria del IV aberri eguna, convocado por el PNV… del que hablaremos en la próxima entrada si Dios quiere.

domingo, 22 de enero de 2012

25 años después del asalto y quema de Casa Baleztena

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Querido lector para acabar con el asalto y quema de Casa Baleztena transcribo la narración de la conmemoración del 25 aniversario del mismo contada por la tía Lola Baleztena, hermana del aitacho:

“¡25 AÑOS!

            Al cumplirse los veinticinco años de estos sucesos se celebró en el Oratorio una Misa conmemorativa con todos los asistentes de aquella jornada. Faltaban Chan, que murió en la guerra, y la señora Pia. Los demás, por la gracia de Dios, gozamos de buena salud.

            Al final de la Misa, en la que todos comulgaron, Joaquín leyó la siguiente plegaria:

¡Señor!

            Veinticinco años han pasado de que sonó a la puerta de nuestra casa un huracán de odio y de incendio, fraguado por hermanos nuestros, reunidos por Ti, con la misma generosidad con que lo hiciste con nosotros.

            Entonces, asistidos por tu bondad, no anidaron en nuestros corazones rencores ni deseos de venganza, bien lo sabes Tú, Señor. Siempre creímos que estuvieron equivocados quienes nos atropellaron. Si hoy recordamos aquel momento, más es para darte gracias y reafirmarnos en el perdón, que para avivar pensamientos impropios de cristianos.

            Si de algo nos gloriamos, es seguir las huellas que Tú nos trazaste desde la Cruz: aceptar con la mayor resignación posible las pruebas y contrariedades que quieras enviarnos para que podamos tener la esperanza de imitarte en la paz y gozarte en la gloria del cielo que más alcanzaremos por tus méritos que por nuestras obras.

            Semejante al amor que te profesamos en esta casa, ¡Señor!’ se encuentra el que tenemos a tu Madre y Madre nuestra la Virgen Santísima, que bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, preside la dependencia que más estimamos: la capilla.

            A Ella dirigimos nuestras oraciones para decirle nuestro amor de hijos.

            Bendecidnos Jesús y María, y perdonad a cuantos nos han agraviado.

Así sea
Pamplona, 18 de abril de 1957.

            La familia de Juan Pedro Arraiza, que tan unida estuvo al drama y tan generosa y cariñosamente nos acogió en su casa, mandó para postre de nuestro banquete familiar, una deliciosa tostada en llamas con esta estampa”

Fotomontaje de Casa Baleztena en llamas, regalo de la familia Arraiza cuando no había ni fotocopias ni fotoshop

Si te incorporas en cualquier momento al blog te recomiendo que si no has leido esta historia completa vayas al principio pinchando aquí y lo leas en plan novela pinchando en "continuará" al final de cada entrada. La verdad es que aunque yo la había oido contar mil veces al leerla la verdad es que "engancha".

Hay mucho más material recogido por la tía Lola al respecto (noticias en distintos periódicos, notas, cartas…) pero no quiero alargarme más en este asunto. Si alguien está interesado en saber más, puede solicitármelo en premindeiruna@gmail.com donde siempre procuro atender vuestras peticiones. No obstante en este recorte de prensa publicado 40 años después se puede leer un resumen de esa jornada trágica. 

Reseña de prensa realizada en el 40 aniversario del asalto y quema de Casa Baleztena
 Así en la próxima entrada si Dios quiere seguiremos con la biografía del aitacho, expulsado por el gobierno republicano de su amada vieja Iruña.

miércoles, 18 de enero de 2012

El gobernador no dimite y pide "apoyo" a los Baleztena tras expulsarlos de Pamplona



Querido lector, la noticia del asalto y quema de Casa Baleztena tuvo un eco nacional y la cosa se estaba poniendo mal para el gobernador civil de la república Andrés. Dejo que de nuevo lo cuente la tía Lola en sus “Recuerdos de un día trágico” partiendo de un artículo copiado de “El Debate”:

Transcripción de un artículo de "El Debate" realizada por la tía Lola Baleztena en sus cuadernos "Recuerdos de un día trágico"
             “Con motivo del ignominioso incendio de casa Baleztena, perpetrado a ciencia y paciencia del señor gobernador civil, que no hizo absolutamente nada para impedirlo, la Cámara de Comercio, con el apoyo de elementos totalmente alejados de la política, como el Casino Principal, y de todo cuantos es o significa algo en la ciudad, elevó una razonada y enérgica protesta al gobierno, pidiendo la destitución del mencionado gobernador.

            Ni fue destituido ni dimitió, naturalmente. Pero en respuesta a cuantos elementos mostraron disconformidad con su lamentable gestión, no se hizo esperar mucho tiempo. Los dos círculos Tradicionalistas clausurados; doscientos registros domiciliarios llevados a cabo por la policía, y doscientos ochenta detenidos de tradicionalistas navarros que sucesivamente han desfilado por la Comisaría de Vigilancia”.

            A los pocos días de nuestra llegada a Leiza, nos cuenta la tía Lola recibieron la siguiente carta del Gobernador:

“Sr. D. José María Baleztena[1].

            Muy Señor mío:

            En “El Siglo Futuro” aparece una información rotulada de manera bien visible, así:

            “El Señor Baleztena y su Familia, fueron vejados por el gobernador e insultados por las turbas”.

            En otros diarios, se han dicho también cosas parecidas, que no he querido rectificar, porque esperaba que alguien, conocedor de mi actitud y la ayuda que les presté por la Guardia Civil en el momento crítico, y del amparo evidente que expuso el traslado de Us. Al Gobierno Civil, donde no estuvieron un minuto sus señoras hermanas, lo hiciera con la debida nobleza.

            Pero esto no ha sucedido, y me siento en la necesidad de preguntar a U. cual es su opinión sobre mi conducta.

            Desde luego, se lo pregunto particularmente, e invitándole a que la respuesta sea rabiosamente franca y sincera.

            Saluda a U. suyo af. S.S.

Manuel Andrés”

            Continua narrando la tía Lola: "Como estábamos bajo la criminal dependencia del infame Andrés, la respuesta no podía ser lo “rabiosamente sincera” que él, con malas artes, pedía. Fue así:

Muy señor mío:

            Recibida la suya, paso a contestarla.

            En los sucesos del lunes, tenemos que lamentar que la tardanza de la Guardia Civil en llegar a nuestra casa, nos expusiera a gravísimos peligros de todos conocidos. Cuando por fin llegó, después de unas cuatro horas, durante las cuales estuvimos desamparados, actuó como siempre, con eficacia.

            Una vez en el Gobierno Civil, fuimos bien tratados, y por disposición de U. mis hermanas no permanecieron en él, sino que fueron conducidas por sus habitaciones particulares a casa de nuestros primos, los Sres. de Arraiza.

            No habiendo inspirado a ningún periódico la información que haya podido dar de los sucesos, no somos los llamados a aclararla, por la misma razón que no pedimos, que ninguna de las muchas personas convencidas de nuestra inocencia, salieran al paso de las referencias poco favorables a nosotros, que a su vez, han aparecido en determinados periódicos.

            Sin más, le saluda

Joaquín Baleztena"

Muchos más artículos conserva Dolores Baleztena de diferentes periódicos de todo España sobre dichos acontecimientos, pero para no alargarme más con este tema si alguién está interesado en profundizar puede hacérmelo llegar a premindeiruna@gmail.com

Así con la entrada de mañana dejaré por concluido este episodio de la vida del aitacho y su familia, con la conmemoración que se hizo del mismo 25 años después, pero esto será en la próxima entrada si Dios quiere. Posteriormente ¿Qué hizo Ignacio Baleztena tras su expulsión de la ciudad que tanto quería y por la que tanto había luchado?
Continuará

[1] Ni siquiera se molestó en informarse bien del nombre a quién dirigía la carta.

lunes, 16 de enero de 2012

Más reacciones tras el asalto y quema de Casa Baleztena. Abril 1932


Lamentablemente entre los "significados elementos" que animaron a la quema de Casa Baleztena estaba el Teniente de Alacalde del Ayuntamiento de Pamplona de aquella época

Querido lector, como te contaba en la anterior entrada la sociedad civil se movilizó para solidarizarse con la familia del aitacho tras el asalto y quema de Casa Baleztena. Entre las múltiples cartas e iniciativas al respecto me ha parecido especialmente interesante la que transcribo a continuación, publicada en “El Pensamiento Navarro” y copiada por la tía Lola:

“LA REPARACION DE UNA INJURIA

            Difícil es, por no decir imposible, que se borre de nosotros en mucho tiempo la impresión funestísima que recibimos al contemplar el desarrollo de los sucesos del domingo y lunes en nuestra ciudad.

            Con todo, en ese cúmulo de hechos luctuosos y reprobables, quiero fijarme en uno, que reclama una reparación pronta como justa, por tratarse de una familia de tanto relieve en la Provincia y en España entera, como demuestra la multitud de telefonemas de adhesión y cariño que se reciben de distintos puntos de la Nación, y por ser los que, en aquel día del lunes, la escarnecieron, tal vez los que hayan recibido mayores beneficios de sus bondadosos corazones.

            La familia de los Baleztena, como todo navarro les llama, pasó por un trance amargo e injusto, que le hace más dolorosa la ingratitud monstruosa de sus favorecidos.

            Podrá tener disculpa la conducta de la juventud obrera de Pamplona, en la irreflexión y ofuscación del momento, tal vez, y más en los consejos perversísimos de unos malos dirigentes, que les incitaron a llevar a cabo actos que nunca hubieran soñado utilizar si hubieran tenido presentes los motivos de gratitud, que les ligaban fuertemente con las víctimas de sus brutales atropellos.

            Mas, a pesar de todo, una reparación se impone por parte de la clase obrera. Porque la familia de Baleztena, de rancio abolengo, de sentimientos cristianos, a pesar de su posición social tan elevada, siempre se ha distinguido por el amor y el cariño al pobre y al obrero, sin distinción de bandos ni partidos.

            ¡Cuántos y cuántas, de los que el lunes, situados ante su casa les insultaban con frases groseras, les apedreaban, les tiroteaban e incendiaban la casa, no han sido en muchas ocasiones objeto de su cariño, favor y socorro!

            Como prueba de ello, baste traer a la memoria la fiesta de los Reyes Magos, en la cual muchos de ellos recibieron de sus manos juguetes y dulces, y por las mismas escaleras a las que prendieron fuego subían a gozar infantilmente a la vista del magnífico nacimiento, en gran parte puesto para esparcimiento de los niños pobres y obreros.

            ¿Quien no recuerda aquellas cuadrillas de “blusas blancas”, tan renombradas en nuestras fiestas de San Fermín, que tan regocijados cantaban las composiciones musicales compuestas por esta familia, ante los balcones que ahora, con furia infernal, apedrean y tirotean?

            Hablen también ahora los jóvenes allí presentes en actitud hostil, los cuales, para sus funciones teatrales, acudían a esa casa, llamada de todos, en busca de sus trajes para las representaciones que habían preparado para celebrar su fiesta obrera[1]. Hablen, así mismo, la Escuela Dominical, la Escuela de Nazaret, el Sindicato de Obreras, la Cárcel, el Hospital y demás asilos benéficos de la población, donde a manos llenas han distribuido su cariño, su consuelo y sus limosnas. Imposible hallar una función o acto benéfico en que no haya tomado parte principal esa familia, hoy tan perseguida injustamente.

            Si de los favores colectivos pasamos a los individuales, sería cosa de nunca acabar la lista de los beneficios dispensados desde los distintos cargos que esta familia ha ocupado en consulados extranjeros, Diputación a Cortes, Diputación Provincial, Ayuntamiento de Pamplona, etc., etc., ya que su blasón mejor y su más preciado timbre de gloria ha sido siempre darse todo a todos, siendo esta casa rincón caritativo para toda desgracia y el fuego y entusiasmo para toda obra social, al servicio siempre de su amada ciudad.

            ¿A qué se debe, pues, este comportamiento, tan ingrato, por parte de esta clase social, tan querida para ellos? ¿Sería, tal vez, que ellos la han injuriado ahora, explotándola o engañándola por su medro particular, llenándose de enchufes?

            Con cuánta verdad puede esta familia repetir en presencia de esos obreros aquellas palabras que en cierta ocasión lanzaba Jesucristo contra los judíos: “¿por cual de estas obras me apedreáis?”.

            Es necesario pues, que, pasados aquellos primeros momentos irreflexivos y pasionales, la clase obrera, libre de toda influencia partidista, reconozca el borrón que pesa sobre ella y haga desaparecer la nota pésima de ingratitud, dando una muestra sincera de reconocimiento a esta familia, que, cierto, no guarda el menor rencor para nadie, y menos para vosotros, que inconscientemente habéis sido instrumento de pasiones bastardas.

            Y, ya que se trata de reparación de injurias y ofensas a esta respetabilísima familia, ¿no sería muy justo también que todo Pamplona demostrara su dolor por los hechos que todos lamentamos?

            Si parece bien la idea, tomen nota de ello, personas o entidad capacitada, para llevar a cabo tan caritativo pensamiento, y señalen centros o comercios donde se reciban tarjetas y pliegos de firmas que lleven entre sus líneas un pequeño lenitivo a esta familia tan atribulada, que se ha visto blanco de toda clase de insultos y agresiones, teniendo que abandonar su casa, su pueblo, como unos indeseables.        

            Démonos un abrazo de unión todos los habitantes de nuestra querida Pamplona, desterremos estas luchas fratricidas y vuelva nuestra amada Ciudad a ser el rincón envidiable donde reinen la paz y la verdadera alegría. - Fdo. UN PAMPLONES.

Efectivamente en muchos comercios e instituciones de Pamplona se recogieron innumerables muestras de apoyo de pamploneses de todo tipo y condición. Pero además la repercusión de los sucesos trascendió nuestras mugas forales, con indignación del gobernador Andrés como veremos en la próxima entrada si Dios quiere.



[1] Los de la Casa del Pueblo, fueron una vez a pedir trajes para su fiesta como vimos en una anterior entrada y ocurrió lo que puedes leer pinchando aquí.

jueves, 12 de enero de 2012

Reacciones tras el asalto y quema de Casa Baleztena. Abril 1932

Querido lector, antes de este paréntesis navideño en el que hemos disfrutado de los orígenes de la cabalgata de Reyes Magos de Pamplona en cuyo comienzo tenía que estar, cómo no, el aitacho, volvemos al tema del asalto y quema de Casa Baleztena en abril de 1932, durante la II república española.

Para leer este relato desde el principio pincha aquí.

Para ir a la entrada anterior referida a este episodio pincha aquí

Estos hechos produjeron el rechazo de muchas personas como veremos enseguida. Entre ellas se encontraba Ar­turo Campión, que desde San Sebastián, donde residía, a través de su mujer Emilia Galdiano, en­vió una carta de condolencia a la tía Mª Isabel, hermana de mi padre Ignacio Baleztena, di­ciendo:  

"Querida Mª Isabel, no se cómo expresar el horror y la pena  que me causa la salvajada de que fueron V. víctimas el pasado día. Quien hubiera creído que tanto como VV. han hecho por los obreros y pobres había de ser tan mal correspondido! Créame V. no me puedo desimpresionar y lo recordamos Arturo y yo constantemente protestando ambos de acto tan bochornoso para Pamplona como el que hemos presenciado el lunes. Que recuperen VV. la tranquilidad en ese pueblo procurando no recordar lo que sufrieron. Ya sabe V. cuan sinceramente los acompaño y lamento todo lo sucedido. Salude V. a sus hermanos y ya sabe V. cuan de veras le aprecia su afma. amiga

Emilia Galdiano". 

Tras la firma aparecen en líneas torcidas estas palabras de Campión:  

"Distinguida amiga: Agur. Pro­testo airadamente contra las brutales hazañas de la chusma. Comunique mis sentimientos a sus hermanos. Singularmente a Ignacio”. Si­guiendo una anotación de su mujer: "Vea V. como escribe un casi ciego".



Carta de los Campión a los Baleztena protestando contra el asalto y quema de Casa Baleztena por la "chusma", y transmitiendo su pesar y apoyo a la familia tras dichos sucesos.


Este es solo un botón de muestra de las muchísimas adhesiones y muestras de apoyo recibidas por la familia. ¿Cómo?. Mediante cartas en los periódicos y a través de la Cámara de Comercio, cuyo comunicado conservamos gracias a la tía Lola Baleztena, hermana de mi padre Ignacio:

“Adhesiones a la actitud de la
Oficial de la Cámara Oficial del Comercio e Industria
De Navarra
  
            El Pleno de esta Corporación volvió a celebrar a noche sesión extraordinaria, con asistencia de veinticinco señores de los que la integran.

            Vio con completa satisfacción que le acompaña el sentir unánime de las fuerzas vivas de la Capital, las cuales se han adherido con el mayor entusiasmo al telegrama dirigido por esta Cámara, el martes último, a los Excmos. Señores Presidentes del consejo de Ministros y Ministro de Gobernación, protestando contra los vergonzosos sucesos ocurridos en Pamplona recientemente y pidiendo la destitución del Gobernador Civil.

            Así bien, reconoció el Pleno de esta entidad que las actuales circunstancias son las menos a propósito para la organización de actos que pudieran perturbar la vida de nuestra querida ciudad, y a la vez, ser mal interpretados.

            Igualmente, acordó rogar a la Prensa de Pamplona, la publicación de las adhesiones que la Cámara ha recibido hasta la fecha, y en nombre de todas ellas, reiterar ante los Poderes Públicos la petición que se formuló en el mencionado despacho y que espera será atendida.

            A continuación, sigue la lista de las adhesiones recibidas a los acuerdos adoptados por unanimidad por el pleno de la Cámara Oficial del Comercio e Industria de Navarra, en su sesión extraordinaria, del 19 del actual…”

Obviamente el gobernador civil de la república Andrés no dimitió, y esto parece que es una patología asociada a algunos cargos políticos que viene de tiempo atrás. Todo menos soltar el sillón. 
"El Pensamiento Navarro" además de la reseña de la noticia, transcribe, al igual que otros diarios, la petición de dimisión del Gobernador Andrés Casaus, solicitada por la Cámara de Comercio.
 
Lamentablemente, y contestando a una pregunta que me hace un lector en una entrada anterior, que puedes leer pinchando aquí, que yo tenga constancia, ni la Diputación de Navarra ni el Ayuntamiento de Pamplona, de los que formó parte el aitacho, se dignaron a condenar oficialmente los lamentables sucesos, ni tomaron medidas a su nivel al respecto. Tuvo que ser la sociedad civil como hemos visto, y seguiremos viendo, con iniciativas como la expuesta en estas líneas y otras que introduciré en la siguiente entrada.

Así que continuará si Dios quiere

jueves, 22 de diciembre de 2011

De Leiza a San Sebastián. Recuerdos de un día trágico XVII

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Ir a la entrada anterior, donde dejábamos a la familia Baleztena en Leiza tras su expulsión de Pamplona

Manuscrito de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"
Hacia la normalidad

            "...Indecisos estábamos los primeros días sobre qué partido deberíamos tomar. ¿Nos iríamos a Francia? ¿Era prudente permanecer cerca de Pamplona después de lo ocurrido?[1]

Sin embargo, a pesar de que allí se habían repartido, otra vez, unas hojas de carácter exaltado y revolucionario y de que el ambiente seguía siendo desagradable, la gente que venía a visitarnos nos aconsejaba que nos quedásemos, porque ya las cosas iban entrando, poco a poco, en calma. Todas las tardes muchos autos se estacionaban en la plaza y numerosos amigos llegaban a saludarnos y acompañarnos.

De Tolosa vino con gran emoción para determinada persona de la familia una lucida representación de “Lealtad guipuzcoana”. Todos querían oír de nuestros labios el relato de los inconcebibles sucesos y nos felicitaban por haber salido con vida de tantos peligros.

María Isabel, cual correspondía una cumplida etxekoandre[2] de la montaña, así que veía llegar las caravanas, daba las órdenes oportunas en la cocina para que se preparasen las meriendas. Se freían docenas de huevos, kilos de chistores, se hervían libras y más libras de chocolate. Este ataque a la despensa hizo decir a Joaquín en broma, que el asalto la casa de Leiza, iba a costarnos más caro que la acometida a la de Pamplona.

Y los días, conforme iban pasando, imprimían paz a nuestros corazones, normalidad a nuestra vida.

En la fría y lluviosa primavera aprovechábamos los claros de sol para salir al campo a recrearnos en la contemplación del maravilloso renacer de la naturaleza, mientras el mundo entero parecía agitarse en pensamientos de guerra y destrucción.

Cuando por la noche, nos reuníamos junto al fuego de la sukalde, la conversación recaía invariablemente en los horrendos sucesos que cortaron brutalmente el curso normal de nuestra existencia, y que por una amorosa protección de la Providencia no acabaron con nuestras vidas.

Ante la Virgen del Chaparro, Reina y Dama de sus caballeros, rezábamos al finalizar el día, el Santo Rosario. Y en medio de la amargura que proporcionan los desengaños; en medio de la barbarie de la injusticia, de la intranquilidad de los tiempos, gozábamos al vernos todos reunidos. Chanico decía alborozado continuamente: “¡qué bien estamos en plan familiar!”

Compenetrados por las mismas ideas y sentimientos; fieles por la oración al recuerdo de los padres, una paz, una alegría inmensa invadían nuestros corazones, y podíamos exclamar con el Real Profeta:

“¡Cuán buena es, cuán dulce y apacible es la unión de los hermanos!”

Los que estaban en Casa Baleztena durante su asalto y quema en 1932

¡Querida Silvita!

Aquí termina el verídico relato de este episodio revolucionario que quiso hacer presa en tu exuberante adolescencia. Aquellas impresiones vividas, difícilmente podrán borrarse de tu imaginación. Pasarán estos tiempos desventurados, con la gracia de Dios, a reinar la paz y la normalidad sobre esta pobre España desangrada. El tiempo te traerá ilusiones, te arrebatará cariños, hará vibrar, al choque de las ideas nobles y generosas, tu juvenil corazón. Verás muchas veces con espanto y desaliento cómo las pasiones, la codicia de los hombres triunfan sobre ideales puros y desinteresados.
¡Y cuántas esperanzas van quedando hechas jirones por las zarzas del camino de la vida!

Pero tu fe firme, la rectitud de tus convicciones, por las que tan joven te tocó padecer, iluminarán seguramente tu inteligencia en medio de este caos, de esta confusión de ideas en que se debate el mundo entero.

Tus abuelos con el arma en la mano, el valor en el corazón, la justicia de su parte lucharon por la Causa Santa de Dios, Patria, Rey.

Tus tíos defendieron esas ideas en tiempos de egoísmos, de glacial indiferencia, primero, de revueltas y anarquías después; y si es cierto que por significarse en la defensa de esa Causa, tuvieron que sufrir graves peligros, vivas inquietudes, también es verdad, que esas ideas nobles y puras les proporcionaron vibraciones de entusiasmo, satisfacciones por deberes generosamente cumplidos, goces, para muchos insospechables, y que bendetas ráfagas de Ideal acariciaron sus frentes y barrieron las nubes de prosa y egoísmo, que muchas veces pretendieron ensombrecer el sol que iluminó los días más felices de su existencia.

Que por la gracia de Dios, el sol de la verdad, las brisas del Ideal iluminen y reconforten la tuya, es el deseo vehemente de tu “tía hermana”

Dolores"
Continuará en las entradas después de Navidad en las que se verá la reacción que tuvo el pueblo y las autoridades de Pamplona y Navarra al respecto, como amablemente me solicita un lector de la anterior entrada. Pero vamos a hacer un resumen por Navidad, que celebraremos estas fechas si Dios quiere.

Continuará con las reacciones que hubo ante los hechos si Dios quiere

[1] Finalmente, tras una breve estancia en Leiza, por prudencia decidieron poner más tierra por medio pero sin salir de España, refugiándose en San Sebastián en una casa llamada Villa Valencia
Villa Valencia, la casa donde se refugió la familia en San Sebastián
[2] Señora de la casa
.

martes, 20 de diciembre de 2011

Un hijo de Ignacio Baleztena en el destierro. Recuerdos de un día trágico XVI.



Manuscrito de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"
"...Al día siguiente

            Quiso Dios, que este primer día de nuestro relativo destierro fuera alegrado por un sol magnífico.

            Empezamos todos a estremar la casa con cariño y esmero: incluso pusimos flores de espino. En estos quehaceres andábamos entretenidos, cuando recibimos aviso de Pamplona de que el Baleztenica que Carmen esperaba, impaciente por llegar al mundo y aumentar la familia, en ocasión en que tantos deseaban su desaparición, había adelantado su venida y esperaba, sano y hermoso, el ser bautizado[1].

            No era prudente que Ignacio fuera a Pamplona dada la excitación de los ánimos, así, que tuvo que ofrecer a Dios el sacrificio de la ausencia de su casa en ocasión tan memorable.

            A este niño, que llegaba a este mundo cuando todos los suyos andaban perseguidos; en momentos que la religión era atacada, las cruces proscritas y derribadas, se le impuso el nombre de: Cruz, en recuerdo de la Cruz que su familia defendía y su patria profanaba.

Una gotita más…

Estaba de Dios que siguiéramos pasando penas y sobresaltos; y aquella paz, por la que tanto suspirábamos, no nos era concedida todavía. El tercer día de nuestra estancia en Leiza, al volver de un paseo por el campo, recibimos de Pamplona un aviso por demás inquietante: la casa contigua a la de los hermanos estaba ardiendo[2]. Carmen, en su delicado estado, corría peligro de muerte entre el humo que hasta su cuarto subía, y sobre todo,  ante el riesgo de que se propagase el incendio.

Dado lo crítico y alarmante de la situación, los médicos decidieron meterla en una ambulancia con el niño y llevarla a San Sebastián a casa de su madre..."

Al comienzo de este incendio volvió a congregarse primeramente un grupo de radicales izquierdistas que comenzaron de nuevo a insultar y vociferar contra los Baleztena. Enseguida en esta ocasión se formó otro grupo de personas indignadas que intentaban sofocar el fuego. En medio de este tumulto, cuando montaban a Carmen y su recién nacido hijo en la ambulancia, arreciaron los insultos de una parte de los congregados, ante lo cual ella les dijo con su hijo en brazos: 
- ¿No queríais Baleztenas?, pues, ¡aquí tenéis uno más!.

"...Ignacio salió precipitadamente a esperarla en la carretera de Lecumberri y a conocer a su hijo en aquella extraordinaria circunstancia.

Este nuevo incendio indignó y congregó al público, y fue sofocado inmediatamente. Se dijo que fue casual, pero no todos lo quisieron creer. Tampoco en esta adversidad nos abandonó la Providencia. Carmen hizo un viaje buenísimo y sin tener ninguna complicación. Ya repuesta del todo, quiso salir el primer día a ofrecer a Cruz Mari al Santo Cristo de Lezo, el día tres de Mayo, fiesta de la Instauración de la Santa Cruz.

El rey Alfonso Carlos (q.D.g.) había mandado que sus súbditos festejaran especialmente en aquel año de persecución religiosa, la fiesta de la Santa Cruz. Ignacio y Carmen cumplieron el real mandato ofreciendo un cristiano a Dios, un ciudadano a la Patria y un futuro requeté al Rey..."

"Cruz Mari Baleztena, el hijo del fuego"

[1] Enre todos estos percances se adelanto varias semanas el parto de Carmen, la mujer de Ignacio Baleztena, que dio a luz en su casa de la Calle San Ignacio (Actual Fernández Arenas) a su cuarto hijo, mientras el padre estaba desterrado en Leiza.
[2] Se refiere a la casa contigua a la que vivían Ignacio y Carmen en de la Calle San Ignacio (Actual Fernández Arenas)

lunes, 19 de diciembre de 2011

Camino del destierro. Recuerdos de un día trágico XV

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Ir a la entrada anterior, donde veíamos como el Gobernador Civil de la II república,  Manuel Andrés Casaus, expulsaba a los Baleztena de Pamplona

Manuscriro de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"


            "...¿Qué viaje aquel! ¡Cómo se agolpaban los recuerdos de aquellas idas a Leiza, cantando y riendo por la larga carretera en compañía de papá y mamá!

            Conforme íbamos avanzando, el tiempo era cada vez más desapacible; nevaba en el alto de Huici, y aquella bellísima bajada estaba húmeda y gris; los árboles, aún desmantelados; el paisaje familiar, medio velado por la niebla.

            Leiza apareció a nuestra vista, triste y oscuro, a la caída de la tarde de aquel día en el que el sol ni calentó ni iluminó nuestra pena.

            Cuando los autos pasaron a la puerta de casa, vimos en el eskartze , rezumante de humedad, a Mercerdes, María Angela, Joshepa Antonia y José Luis. Todos nos abrazaban o estrechaban las manos. El buen Bautista, con voz ahogada por la emoción, nos despidió diciendo

            “¡Adiós! Arriba os he hecho un buen fuego”

Dado lo glacial de la temperatura, era el obsequio más oportuno y comprensivo que se nos podía hacer.

Petrorena, la casa familiar de Leiza, en invierno, vista desde el jardín.
 Al penetrar en la querida Sukalde, un tropel de recuerdos vino a recibirnos ¡Dulces evocaciones del pasado! ¡Qué delicadamente mitigaban las tristezas del presente, las inquietudes del porvenir…! Decididamente, las cosas y lugares tienen alma de hermanos.

Nos sentamos junto a la enorme fogata, y sin podernos entregar de lleno a nuestros pensamientos, empezamos a recibir a las gentes que acudían a saludarnos. Dado el carácter introvertido de los leizarras, aquellas visitas eran un extraordinario, una prueba sincera de adhesión y cariño.

La hora de la cena nos reunió a todos junto a la gran mesa del comedor. Como hacía tanto frío en la casa, estábamos envueltos en mantas y abrigos. En medio de todo, la cena no fue triste: nos reíamos del efecto que hacíamos. Pello, metido en una bata lila de María Isabel, estaba divertido.

Ante la Virgen de Rezuma rezamos el rosario, según costumbre, y dimos por terminado este día tan lleno de fuertes impresiones.

Las sábanas estaban húmedas, así es, que meterse en la cama era como sumergirse en una bañera de agua helada. Como en la precipitación de la marcha no habíamos cogido bastantes mantas, Dios sabe el frío que pasamos en aquella primera noche. Al frío se añadía una gran inquietud.

En Pamplona habían quedado Ignacio, Angeles y Joaquín. Este último necesitaba entrar en casa para recoger importantes papeles de negocios y demás ¿Saldrían de esta visita y de la ciudad sin contratiempos? 
 
Pensaban efectuar esta salida a media noche y salir para Leiza a las dos de la madrugada. A las cuatro no habían llegado todavía, y empezábamos a inquietarnos, temiendo algo malo, cuando se oyó un fuerte aldabonazo. Pello bajó precipitadamente a abrir la puerta.

¡Gracias a Dios! Ya, todos reunidos alejados del peligro nos abrazábamos efusivamente. Nos contaron, que a las dos de la madrugada, estando en casa de Juan Pedro, llamaron al teléfono desde “El Pensamiento”[1] advirtiendo que ya podían ir a casa, que la Plaza del Castillo estaba desierta y que muchachos de la juventud guardaban las bocacalles.

Marcharon los hermanos en el auto de Arratibel, y por el boquete abierto durante el incendio, penetraron desde el Cisne a la casa. Como la luz eléctrica estaba estropeada, con una vela recorrieron las instancias y dieron, a su vez, el adiós a la casa tan querida.

Ayudados por unos muchachos Jaimistas[2] hicieron maletas, recogieron efectos y partieron para Leiza, después de dar las gracias a los leales amigos..."
 
Continuará en la próxima entrada si Dios quiere

[1] “El Pensamiento Navarro”, periódico tradicionalista.
[2] Se refiere a las juventudes tradicionalistas (carlistas), aunque D. Jaime ya había fallecido recientemente.


jueves, 15 de diciembre de 2011

Los Baleztena expulsados de Pamplona. Recuerdos de un día trágico XIV



“…El Poncio[1] nos mandaba que saliésemos cuanto antes de Pamplona[2], y resolvimos trasladarnos aquel mismo día a Leiza. Santita y yo, medio disfrazadas, fuimos a casa Baleztena en el auto de Estanis Aranzadi a recoger algunas cosas indispensables para la marcha.
Manuscrito de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"
            No es explicable la impresión sentida al penetrar en ella: en la escalera, medio quemada, obscurecida por el humo, se percibía un potente olor a gasolina; el comedor, aquel comedor tan alegre, con tanto cariño arreglado siempre, presentaba un aspecto desolador; bien podría decirse: “por aquí pasó la revolución”. Los muebles derribados, un sin número de piedras confundidas con trozos de cristales cubrían el suelo; el espejo roto; los búcaros con sus flores caídos; en el cuadro de bronce del cazador, se notaban las huellas de los impactos. Pero la estatua del Sagrado Corazón, con los brazos amorosamente abiertos, seguía en pie y bendecía el hogar en el que se le había entronizado.

            No había tiempo en detenerse en sentimentalismos. Hicimos muy deprisa los baúles, un bulto con las mantas, confiamos a Angeles y Jesusita Aranzadi, que nos acompañaban, los objetos de más valor, y tras una rápida despedida, en la que la emoción anudaba la garganta y oprimía el corazón, al oratorio, ¡tan desmantelado sin la Dolorosa!, a las habitaciones de los padres, abandonamos, sin saber cuando ni cómo volveríamos a ella, aquella casa en la que habíamos nacido los nueve hermanos; en la que nuestros padres se durmieron en la Paz del Señor, y en donde las penas y alegrías habían sido gozadas y sufridas al calor de la unión de la familia.

            Al pasar, miraba los objetos familiares, y al separarnos de ellos, sentía con el poeta que recorría por última vez el bosque poblado de encantos en que soñó en su niñez:

“J’allais d’un arbre a l’autre
Je les embrassais;
je leer pretai le sens
De larmes que je versai.
Et je croyais sentir
¡tant notre ame a de force!
Un coeur ami du mieu
Palpiter sous l’ecorce”

            En esta rápida peregrinación, pude apreciar  que durante las horas de la “huelga sentimental”, como denominó Andrés a aquella salvajada, nos habían robado del salón dos miniaturas, recuerdo de Silvia, y un icono ruso traído de Jerusalén.

            Ya de vuelta, al pasar el auto por delante de casa vimos la puerta quemada; las señales de las balas dejaban su huella en la fachada. La pobre Santita lloraba desconsolada, y el chofer amigo, más cariñoso que prudente, abandonó el volante para darle un cariñoso y compasivo abrazo.

            Las amistades seguían desfilando por la casa de los primos.

            El ambiente seguía siendo malo. Un sacerdote había sido detenido y pasado ante los grupos de obreros que volvían del trabajo. Un grupo de Margaritas le seguían llorosas, como las piadosas Marías. Los carlistas eran también detenidos, sus casas registradas, y la de Ignacio, vigilada por los de la “casa del pueblo”.

            El día transcurría triste y amenazador. Puede decirse, que casi fue animada la comida de despedida: volvían el humor y el apetito.

            A las tres en punto, nos despedíamos de la buenísima familia de Juan Pedro que con tanto cariño nos había acogido. En el auto de Perico Sagüés montaron Pello y Patro. La cara de aquel estaba muy desfigurada por la herida. Un segundo auto, de Arratíbel, lo ocupaba Luisa, José Joaquín y todos los niños. En el Fiat de Dª Eugenia, María Isabel, las tres sobrinas y yo. Cuando bajábamos precipitadamente, subía Ignacio. El pobre, después de las veinticuatro horas horribles que habíamos estado separados, estaba muy pálido y desencajado ¡qué abrazos nos dio! No podíamos decir palabra. También la pobre Carmen, muy valiente en su estado[3], con Margarita vino a abrazarnos.

            Partieron los autos. Dejamos atrás Pamplona. Al contemplar por última vez la ciudad natal, la ciudad ingrata, recordaba tristemente las palabras de los “Improperios” del oficio de Viernes Santo:

            “Pueblo mío ¿qué te hice?, ¿en qué te he contristado?. ¡Respóndeme!”…



[1] Se refiere a Manuel Andrés Casaus, el Gobernador Civil
[2] El Gobernador Civil Andrés, manifestando que la presencia en Pamplona de la familia Baleztena era una provocación y un peligro para la pacífica convivencia de los ciudadanos, conminó a sus componentes a abandonar la ciudad en seguida, en vez de tomar medidas contra los causantes de los disturbios.
[3] Carmen Abarrategui, mi madre, mujer de Ignacio Baleztena, que estaba embarazada de muchas semanas, como ya hemos comentado anteriormente