Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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sábado, 5 de julio de 2025

El desconocido origen del "uno de enero" contado por su autor Ignacio Baleztena Ascárate

 

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Querido lector, hoy cinco de julio, a nada ya de entrar de pleno en las mecetas que Pamplona organiza en honor de San Fermín, os vamos a desvelar el misterioso origen de la famosísima canción del “uno de enero” con pelos y señales, y además contada por su mismo creador, el aitacho, Ignacio Baleztena Ascárate.

                Una de las dudas que nos suelen preguntar es si fue antes la conocida canción sanferminera escrita por mi padre u otra con igual música dedicada al Olentzero. ¿Quién copió a quién?. Una duda parecida inquietó las cabezas de los ovetenses de 1962, y gracias a ella vamos a conocer el origen del “Uno de enero” narrado por su autor, el aitacho, en una iruñería escrita el 7 de octubre de 1962[1]:

 



¿QUIÉN COPIO A QUIÉN?

 

Un amabilísimo señor, que di ce ser un «asiduo lector de Iruñerías”, me envía un recorte del periódico ovetense “La Nueva España”, del 22 de septiembre, con Una nota que dice: —“Solo usted, admirado don Tiburcio, puede, tengo seguridad de ello, sacarnos de la duda ¿quién copió a quién?” que formula “La Nueva España”.

Da la casualidad, carísimo y asiduo lector mío, que, dejando falsas modestias a un lado, soy el que más datos le puedo dar en Pamplona, sobre ese particular. Pero ante todo demos a conocer el asunto en cuestión.

En Oviedo, con motivo de sus últimas fiestas, se celebró en la Plaza de Toros el IV Festival Folklórlco Internacional. En él actuaron varios grupos franceses, y uno de ellos “Les Frontiéres de Savoie”, cantó y bailó una canción que dió lugar a este comentario de “La Nueva España”.

COINCIDENCIA

LOS FRANCESES CANTAN UNA CANCION ESPAÑOLA

Es exactamente igual a la pamplonica de UNO DE ENERO...

— oOo –

“Manfarine” es la denominación de uno de los bailes que presentó la agrupación folklórica “Lea Frontiéres”, de Savoie. Su música es exactamente lgual a una de los más populares can clones de San Fermín, al extremo de que, al escuchar sus compases, buena parte del público comenzó a tararear las conocidas estrofas.

Uno de enero

dos de febrero

tres de marzo

cuatro de abril… etc

Al final de la actuación de este grupo hablamos con el director del mismo y comentamos la exacta semejanza de la música de este baile con la de nuestra canción popular.

El nos dijo:

—Ya tenía referencias. Más de una vez en Saboya surgió este comentario. Lo que no sé decirle es, si el origen de la melodía es nuestro o de los pamplonicas. En nuestro folklore hace muchos años que existe esa música. Casi mejor le diría siglos. Sería curio so saber si la de los “sanfermi nes” es anterior o posterior. En el aire, pues, queda una interrogante ¿Quién copió a quién?-.

— oOo-

                Ese es el asunto, digno de ser trasladado a la UNO[2]. Para que se formen un taco más los que agotan la materia gris de sus cacúmenes pretendiendo descifrar crucigramas internacionales. Si esos señores tuvieran el acierto de Convocarme, les diría lo siguiente.

Pues señor...

Corría el año de gracia (que para mi no lo fué) de 1915. Me hallaba yo desempeñando en la vecina República un importantísimo cargo[3] del que (yo estaba firmemente persuadido de ello) dependía la paz y tranquilidad de España en la contienda europea, cuando Una mañana, al abrir el despache me vi sorprendido por un te1egrama que decía. —“Enhorabuena nuevo Concejal”. Al principio no caí en cuenta de lo que esto podía significar, pues engolfado en mis múltiples ocupaciones Internacionales, había por completo olvidado que en la Ciudad que vió nacer andaban todos a la greña por obra y gracia de las elecciones municipales. A mis correligionarios no les ocurrió mayor gracia que ponerme en una de las candidaturas[4], y dejando pelos y no poco pellejo en la gatera consiguieron sacarme a flote.

¡Maldita sea mi suerte! ¡Menuda jugada me hicieron!

Cuando descifré el significan telegráfico, solté Unos gruesos vocablos en patois, algunos en francés y muchos en castellano; pues maldita la gracia que me hacía gastar ml cacumen en ver la manera de arreglar las goteras de la calle de Pellejeria, ver el modo de que los mocés no jugasen a la capuchaca y a justicias y ladrones por las calles y plazas, tomar medidas contra los vecinos que tenían jaulas de grillos en sus balcones interrumpiendo la siesta de los ciudadanos y otros graves problemas que afligían a los sesudos espíritus de aquel entonces (los hay hoy día que se empeñan en resucitarlos).

Por fin la calma y comprensión se adueñaron de mi espíritu atribulado y me dije: —Hay que doblegarse ante la voluntad del pueblo soberano, que, en libre sufragio local (pues no llegó a universal) te ha llevado a las poltronas municipales para labrar desde ellas su felicidad, y trabajar porque Pamplona, sin perder su fisonomía propia y tradicional, se encamine rauda por la vía del progrese y prosperidad . La patria exige de ti un sacrificio; no dudes un momento. . . ¡lánzate al combate y muere, tu madre te vengará!

Ahora que al patriota del Dos de Mayo que inspiró estos versos conocidísimos y recitadísimos, le quedaba el consuelo de la venganza materna. Pero en mi caso resultaba, que mi buena madre estaba feliz y contenta pensando en lo que su hijo se luciría en la procesión del Corpus y vísperas de San Fermín atravesando las calles embutido en flamante traje y aureolado por reluciente chistera, vulgo canariera.

Así que, terminé como mejor pude los graves asuntos que me retenían en el extranjero, hice la maleta, y con ella, un bocadillo y un billete de tercera cogí el tiren del MIDI, que pitando y echan do chispas y humo espeso me condujo a la frontera donde unos bigotudos carabineros registraron mi maleta, y me llevaron a un cuartico donde me obligaron a ponerme en epidermis, pues habían recibido el Chivatazo de que un viajero de mi tren intentaba pasar de matute unos paquetes de opio

¡Mire usted que sospechar ni un momento que yo pudiera dar el opio al benemérito cuerpo de carabineros!

Deshecho el error, devueltas mis ropas y maleta, rehecho mi pudor ultrajado, y con un montón de excusas que me dieron al reconocer su error, cogí el tren de Pamplona, no sin antes detenerme en San Sebastián para encargar la más bella chistera confeccionada en casa de Ponsol. Ya antes, había hecho lo mismo en Bayona para encargar en chez Fourcade, un jolifrac. Seguramente los pamploneses actuales, a pesar del jumelaje habrán Olvidado a aquel benemérito monssieur directeur de la Belle Jardiniere, que anunciaba su comercio y sastrería con una monumental pancarta que rezaba

TOUT PAMPELUNE S’HABILLE a la BELLE JARDINIERE.

Desde que allí encargué indumentaria edilicia, añadió a su anuncio otro que decía:

FOURNISSEUS DES CONSELLERS MUNICIPAUX DE PAMPELUNE

Llegué por fin a Pamplona, donde como es natural, abracé emocionado a mis progenitores y hermanos, estreché multitud de manos de amigos que me daban la enhorabuena por mi elección y me preparé a cumplir con celo y meticulosidad mís deberes concejiles.

Pasó un día y otro día,

un día y otro pasó,

y al fin, el 1 de enero

¡Tipi-tapa llego!

¡Uno de enero de 1916! Fecha que debió ser grabada en bronces, esculpida en mármoles, estampada en papel couché, pues en dicho día, año y mes, tomó posesión de su cargo edilicio, quien en este momento tiene el grandísimo honor y satisfacción de ofrecerse a ustedes, suyo seguro servidor que osculiza manos y pies, según sea el sexo que ostenten sus lectores.

Me han llevado lo dactilares más lejos de lo que yo pensara, así es que, dejaremos para otro número la solución del enigma folklórico que me he propuesto resolver.

 TIBURCIO DE OKABIO[5]

 

                Al final te has quedado con la duda del origen del “Uno de enero”, ¿verdad?. Pues lo podrás descifrar en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Diario de Navarra 7 octubre 1962, página tercera

[2] ONU

[3] Secretario del cónsul plenipotenciario de España en Pau, su tío Pablo Jaurrieta

[4] Candidatura Jaimista (carlista)

[5] Pseudónimo que utilizaba Ignacio Baleztena Ascárate

domingo, 11 de mayo de 2025

Centenario de la restauración de la visita de San Miguel de Aralar a la Diputación de Navarra (1925-2025). Continuación

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Querido lector, seguimos celebrando el centenario de la restauración de la visita de San Miguel deAralar a la Diputación, y lo haremos de la mano del aitacho, que fue el impulsor de la misma. Para ello aprovechamos una Iruñería que publicó en el Diario de Navarra el 19 de abril de 1953. En ésta vemos cómo era el recibimiento al Angelico en los años 50 del siglo XX y cómo comenzó la restauración de la visita a la Diputación en 1925. Lástima que el sectarismo del actual Gobierno de Navarra bajo la presidenta de María Chivite nos haya privado de lo que la Excma. Diputación dispuso hace 100 años, a instancia de mi padre Ignacio, y que describía “El Almadiero” en 1925 de esta manera:

“Una fiesta a San Miguel es fiesta del corazón ¡del corazón de Navarra, ilustre Diputación! Vos se lo entregáis a Él como Ella a vos lo entregó, porque conservéis su Alma y los Fueros que heredó.”

Pues con estos politiquillos actuales y sus fobias se acabó el conservar el corazón, alma, Fueros y todo lo que es de Navarra, nuestro viejo Reino, ya que pareciera que quieren dar la puntilla definitiva a lo que queda de él.




La Visita del “Angelico”

Una vez más el “Angelico” protector de Navarra, se ha dignado bajar de su Alcázar de Aralar para visitar a sus entusiastas devotos de la capital del viejo reino.

Siguiendo tradicional costumbre llovió, granizo, hizo un viento frío, heló… En fin, que el querido visitante se hizo acompañar de cuantas calamidades atmosféricas puede desear y soñar el más acérrimo enemigo de recibimientos apoteósicos. Y es que el popular “aingueru” quiere que los que salgan al portal para darle la bienvenida lo hagan por verdadera devoción y entusiasmo y no, como tantas veces ocurre, de que va Vicente a donde va la gente.

El ilustre historiador Navarro don Mariano Arigita, en su interesantísima “Historia de la Imagen y Santuario de San Miguel Excelsis”, describe todas las ceremonias de la llegada y estancia en Pamplona de la Santa imagen y el fin de su obra, entre los apéndices, inserta una “descripción poética de autor desconocido, que si  bien no es un modelo literario, expresa fielmente el entusiasmo qué despierta la entrada del Ángel “.

De esta composición poética publicaremos aquí uno de sus cantos, el segundo, que es el que describe el momento de la entrada y la tradicional ceremonia del beso:

“ La antigua atalaya

de morisca grey, hoy de San Lorenzo

de torre se ve:

en ella hay curiosos

que divisan bien

bajar desde Orcoyen

al Ángel Miguel;

festivas campanas

por primera vez,

 lo anuncian gozosas

y el pueblo también

de la Taconera

corre hacia el anden:

la turba repite,

-¡Ya llega corred…!

Y a su portal marcha

alegre en tropel;

la Misericordia,

del pobre sostén,

lo espera gozosa

dando el parabien;

ya el efecto, un Ángel

le envía a la vez,

y al verle, se acerca,

avanza Miguel,

de paz danse un ósculo.

y se oye después

un ¡hurra! de gloria

de la turba fiel.

El anónimo autor de esta composición debió aprender el bélico ¡hurra! leyendo a Espronceda -¡hurra cosacos del desierto, hurra!-, pues no creemos que esta exclamación haya llegado nunca a ser del dominio popular en Pamplona. En los comienzos del football había pollos bien que se desgañitaban gritando en los partidos: ¡Hip, hip, hurra! creyendo adquirir con ello un tono chic deportivo londinense que los hacía irresistibles. Hoy ya nadie lanza hurras pues esa exclamación británica ha pasado de moda en el griterío deportivo, siendo sustituido por un ¡rri, rri, rri, rra, rra, rra!, ¡Alabis, alabis, alabás, alabás! ¡Bomba! y otras no menos incoherentes e inarmónicas


Recibimiento a San Miguel de Aralar en Pamplona 2025

Hace sus 40 años un pollo que en aquel entonces bullía, o cuando menos el así se lo figuraba, escribió unas aleluyas, de valor literario bastante inferior al de la composición susodicha, qué adaptadas a la música de una vieja canción de nuestras montañas, llego a adquirir una mediana popularidad[1]. La moderna generación las desconoce por completo, y si no veamos a ver si hay alguno que las recuerda.

Decían así:

“ El Arcángel San Miguel

se viene de Aralar,

igual que en otros años

 Iruña a visitar.

-----------

San Gabriel, de la Meca,

a errrecibirle va.

Todos los irunshemes[2]

seguir le hacen detrás.

--------

 

Tipi, tapa, San Miguel

S´e entra por el portal

y al aingeru del Meca

mushutako[3] le da.

-------

Delante San Lorenzo

parar se suele hacer

y San Premin[4] le grita

-¡Nola zaude Mihél![5]

--------

y todos los apezas[6]

se empiezan a cantar,

y en latines le dicen:

-¡oso ongui etorriá![7]

-------

Y así continuaban las aleluyas haciendo comentarios sobre Ceferino,  los señores que iban alumbrando la Imagen, quiénes eran los que apagaban, por economía, las velas antes de terminar el Responso del Bosquecillo, etcétera, etcétera.





Canción a San Miguel de Aralar escrita por Ignacio Baleztena Ascárate en torno a 1913 por lo que informa en esta "iruñería"

En tiempos antiguos la imagen del Santo Adcángel (sic) visitaba oficialmente a la Diputación del Reino, que le entregaba por mano de su presidente, una onza de oro. Esta costumbre desapareció y al cabo de muchos años fue restaurada en 1925, con la diferencia de entregar en lugar de la onza un billete de 100 pesetas.[8]

El acto de la restauración quedó perpetuado en una poesía que escribió un poeta chispeante que ocultaba su nombre bajo el seudónimo de “El Almadiero”[9]:

En la ciudad de Pamplona

y en el día veintidós

de abril de 1925 del Señor,

El Arcángel San Miguel, de Navarra protector,

de aqueste su amable su amante pueblo

su morada visitó.

E rindieron pleitesía

por el Reino, a su tutor,

cual fidalgos que hoy forman

su ilustre corporación:

presidente Gabriel Erro;

Secretario Luis Oroz;

Don Eneco[10] y don Francisco[11]

e de Goizueta[12] el señor;

e ministros e auxiliares

de aquesta Corporación,

con maceros e Rey de Armas

(de que Ilarregui oficio) e damas, e caballeros

de Navarra Prez  y flor

que al homenaje acudieron

para facerle más honor.

--------

 

De la marcha de este Reino

al acompañado son,

ascendió la comitiva en piadosa procesión:

y oyeron la Santa Misa

y oyeron la Santa Misa.(sic)

 que a nuestra Madre de Ujué

Carlos segundo ofrendió.[13]

----------

Siguen varias cuartetas más terminando con estas:

Una fiesta a San Miguel

es fiesta del corazón

¡del corazón de Navarra,

ilustre Diputación!

Vos se lo entregáis a Él

como Ella a vos lo entregó,

porque conservéis su Alma

y los Fueros que heredó.

-----------

 


En este vídeo puedes ver un resumen de cómo era este acto hasta que en 2022 el ejecutivo Chivite decidiera suspenderlo. Ya no lo puedes disfrutar. Acto censurado

El amado “Angelico” en la fría mañana del sábado entre lluvias y ventiscas abandonó la capital de su Reino de Navarra. Durante su estancia en ella, visitó enfermos, colegios, centros oficiales, repartiendo por todas partes las bendiciones y gracias que trae del cielo.

Hasta Miluce le acompañan los más fieles, y allí, en el histórico puente, le adoran por última vez mientras cantan las populares letrillas:

Agur Miguel aingueru

Aguitar aundía

izan beti trunuba

Aralar Mendía.

TIBURCIO DE OKABIO[14]



Esperamos que te haya resultado interesante esta “iruñería” y en la próxima entrada veremos si terminamos con el 125 aniversario o con lo de Cabalgata que quedó pendiente. Y va siendo hora de finalizar con su biografía si Dios quiere… aunque queda tanto por contar.

 



[1] Es el propio Ignacio Baleztena el que escribía las siguientes aleluyas y las convertía en canción como solía hacer, acoplándolas a música popular ya existente. En este caso a la música de las famosas letrillas que se cantan a San Miguel de Aralar similar al “Ave, ave, ave María”

[2] Pamplonicas o pamploneses

[3] Beso

[4] San Fermín

[5] ¿Cómo estás Mihel?

[6] Sacerdotes

[7] Muy bien venido

[8] Fue precisamente el que escribió ésta “iruñería”, Ignacio Baleztena Ascárate, quien impulso la restauración de esta costumbre en 1925. Entonces era diputado foral

[9] Jesús Aranzadi, abogado, catedrático, poeta y periodista, director de. La Voz de Navarra, periódico nacionalista

[10] D. Ignacio Baleztena Ascárate

[11] D. Francisco Usechi

[12] D. Wenceslao Goizueta

[13] Aquí hay un error de imprenta respecto al original que conservaba Ignacio Baleztena en sus archivos. “…Y tras de la Santa Misa dó el cáliz reverberó, que a nuestra Madre de Uxue, Carlos ll ofrendó…"

[14] Pseudónimo de Ignacio Baleztena Ascárate

martes, 26 de septiembre de 2023

El Privilegio de la Unión según Ignacio Baleztena III. Rivalidades entre los burgos

 

Querido lector, la mejor presentación de esta entrada es que leas la anterior pinchando aquí, o no entenderás nada porque son dos iruñerías del aitacho que van seguidas una de otra, en torno al Privilegio de la Unión, así que sin más preámbulo vamos a ello:

“EL PRIVILEGIO DE LA UNION – II

Rivalidades de los barrios

            Todos los habitantes de cualquier que fuesen eran muy brutos y un tantico majaderos ; por la cuestión más insignificante la emprendían a zartakos[1] y muturrekos[2] los unos contra los otros, y ni al rey ni a los guardias de la porra[3] les era posible separarlos, ni hacerles entrar en razón. Además eran chatos en su inmensa mayoría; pues como siempre andaban a ñeque[4] limpio y a mamporro sucio, se ponían las narices como castañuelas (sicut crótala[5], dice el original).

            Cuando los de un barrio jugaban contra otro al foot-ball[6], no terminaban nunca el partido, pues, antes de finalizar el primer tiempo, la mayoría de los jugadores se hallaban en la Casa de Socorro luciendo una rica variedad de contusiones, heridas, fracturas, erosiones, moraduras, cardenales y otros mil deterioros epidérmicos. En cierta ocasión un delantero de la Navarrería, de un puntapié “incaló” al árbitro en el pararrayos de la torre izquierda de la catedral. Mirando bien con unos prismáticos, aún puede verse en la punta del pararrayos el silbato del árbitro que quedó allá enchufado y que no ha podido ser extraído por más esfuerzos que para ello hizo el despachaperros de la catedral.

            Si los mocés[7] del barrio jugaban al “chis”[8], iban callandico los de otro y les choraban[9] el carrete y las ochenas[10]. Pero la más gorda se armó en ocasión en que estando jugando barios mukizus[11] del barrio de San Miguel al irulario[12] en lo de Argaray, sacaron un ojo al alcalde de San Cernin, que se paseaba tan orondo por aquellos contornos. Los chicos se acercaron al interfecto dándole excusas mil y augurándole que no era nada lo del ojo; pero, ¡que si quieres!, la deteriorada autoridad municipal, sin atender a las justas razones del moceterío[13], empezó a quejarse y a berrear como un energúmeno. A sus alaridos fueron “reuniéndosen” todos los vecinos del Burgo y empezaron a dar mueras y a mentar de mala manera a los árboles genealógicos de los de San Miguel, diciendo que lo del ojo había sido intencionado; y armándose de palos y piedras, la emprendieron contra las farolas y escaparates del barrio, no dejando vidrio sano en toda la vecindad.

            Los de San Miguel pidieron auxilio a sus vecinos de la Navarrería, y los de San Cernin a los de San Nicolás; y un domingo, después de misa parroquial, salieron todos fuera de puertas[14] dispuestos a deteriorarse el físico y a romperse la crisma, según el gusto del consumidor.

La gran batalla de Erleteguieta

            A los de la Navarrería y San Miguel les dirigía un caballero muy bruto y majadero llamado García Almoravid, y a los del otro bando, un francés que se llamaba, o mejor dicho, a quien llamaban Eustaquio de Beaumarché; que en lo de majadero y bruto en nada se dejaba aventajar del primero. Lo único que les diferenciaba era que uno lanzaba interjecciones vasco-hispánicas, y el otro parloteaba en provenzal.

            Empezó la batalla tirándose a las cabezas pedruscos y arricozcorres[15]. Un ladrillo lanzado por un caracolero de la calle de Lindachiquía vino a dar de lleno en el ojo izquierdo del presidente de la comisión de Gobierno del barrio de San Miguel, quien al frente de los ministros, serenos y perrero del barrio, todos ellos con cascos emplumados, se habían adelantado imprudentemente a sus demás compañeros. Salió el ojo disparado como un cohete y vino a encajarse como anillo al dedo, en el hueco que dejó el irulario de marras en la rubicunda faz del alcalde de San Nicolás; quien, merced a este incidente, dejó de ser tuerto, aunque quedó con un ojo azul y otro castaño, como esos perricos de rabo en interrogante que acompañan a los curas viejos de pueblo cuando pasean por la carretera.

            Agotadas las piedras la emprendieron a garrotazos, y rotos los garrotes se acometieron a cabezada limpia como los carneros. Y así, de esta manera tan entretenida, arreándose zartakos, mamporros, ñeques, trompazos, ostikos[16], coces y patadas les cogió la noche y se fueron todos a descansar y curarse los chichones y cazcatacos[17] que se hicieron durante la refriega.

            Hoy día, cuando en el ensanche se hacen los cimientos de las construcciones y viviendas, suelen aparecer por doquier dientes, muelas, algún peroné que otro y otros artefactos corpóreos, rotos y desprendidos ¡ay! de sus alvéolos en aquel día memorable.

El Privilegio de la Unión

            Así pasaron varios años sin que las cosas llevaran camino de amigable arreglo, hasta que vino a reinar en Navarra un gran rey, sabio, justo y bueno, llamado Carlos el Noble, a quien con tantos ruidos y pendencias le tenían asaz fastidiado, pues no le dejaban dormir tranquilo la siesta, y aún había veces, en que las piedras que se tiraban a honda de barrio a barrio, llegaban hasta palacio y le rompían los cristales del mirador y las macetas de geranios que su mujer, doña Leonor, cuidaba para ganar el premio de balcones engalanados.

             Por todo lo cual, y sobre todo porque un día le mataron de un tirabecazo[18] un tarín[19] por el que sentía gran cariño y que pensaba cruzarlo con una cardelina, decidió poner coto a tanto alboroto y tanta pendencia; y llamando a los alcaldes de todos los barrios a su real y soberana presencia, les armó el gran trépele; item más, ordenó que se les diese a todos ellos una gran zurra a pajarero limpio[20] en plena plaza del Castillo, mientras interpretaba la Pamplonesa el conocido vals de Astrain, vulgo el ¡riau, riau! Otro sí, ordenó y mandó que desde entonces se uniesen todos los barrios formando una sola ciudad, con un solo Ayuntamiento, un solo alcalde, con unas mismas leyes y ordenanzas, las cuales, fueron conocidas con el nombre de “Privilegio de la Unión”.

             Les señaló también el escudo de armas oficial de la Ciudad, que no paso a describir, pues todos los años aparece en los carteles de San Fermín, aunque las más de las veces erróneamente interpretado. Y en memoria y recuerdo de haber puesto verdes a los alcaldes en la bronca que les armó, dispuso que la bandera de la Ciudad, que tan jacarandosamente lleva el síndico en las procesiones y otros actos oficiales, fuese del susodicho color.

             Aunque no consta en el texto del Privilegio, se sabe también, que dio varias disposiciones, hoy no cumplidas, sobre la forma y manera en que la Corporación municipal había de ir el día 6 de julio a San Lorenzo para oír devotamente las vísperas de García con acotaciones de Remacha.

             En un principio dio órdenes muy terminantes sobre si era lícito o no corear el público al ¡riau, riau! y hasta se dieron terminantes órdenes al jefe de municipales Lasheras, para que denunciase a quienes quebrantasen dicha orden, sobre todo si eran señoritos. El varias veces citado palimsesto, que de todo esto había, trae un romancillo que se adaptaba a dicha música y que era entonado por la jolgoriosa  juventud en dicho día y ocasión:

 

Qué majos y qué elegantes

marchan nuestro concejales

precedidos de gigantes

gaitas, chistus y timbales.

Os recomiendo de veras

que tengáis mucho cuidau

de que no os multe Lasheras

por gritar fuerte ¡Ria,riau!”

 

            En vista de que los bandos editados a este efecto eran sistemáticamente desobedecidos, con gran aplauso del vecindario consciente, se dejaron de publicar, y quedó entonces el pueblo soberano en libertad de riaurrizar cuanto le viniese en ganas, sustituyendo el romancillo que hablaba de prohibiciones por otro de loa y alabanza a la Corporación:

 

Estos tubos relucientes

y estos fraques tan planchaus

al verlos dice la gente

¡rediez lo que habrán costau!

ni en París ni en los Madriles

ni en San Luis de Potosí

se encuentran unos ediles

más majos que los de aquí.

 

            Esta es señores y señoras, y no otra, la historia de las luchas barricidas, y de su feliz terminación durante el reinado del gran Carlos III, en el año de gracia del 1423, que en realidad lo fue de gracia y de justicia; sin embargo, existen sesudos historiadores que relatan esta verídica historia de muy diferente manera.

Tiburcio de Okabío

(13/8/1953 – D.N.)”

                Y hasta aquí la apócrifa historia del Privilegio de la Unión según Ignacio Baleztena y su imaginativo cacumen. Para entender las referencias al riau riau te recomiendo que pinches aquí

            Y así con tan poco juicio acaba mezclando su invento del Riau riau, con el Privilegio de la Unión, con los churros de la Mañueta, con los choriarrapazales y los pisatinteros, el despachaperros de la catedral… en un relato que sigue exhaustivamente un pintoresco método científico de investigar en Historia.

Es curioso cómo en los escritos del aitacho se mezclan palabras de origen vasco, latín, términos locales, francés, inglés, expresiones de su época, jerga particular… y todo ello escrito para divulgación popular, con lo cual entendible al gran público de aquella época. En este aspecto es especialmente interesante el trabajo titulado "Ignacio Baleztena "IRUÑERÍAS"" de M Teresa Alcocer Saz, dirigida por Pedro Lozano Bartlozzi, en 1983 (Alcocer Saz, MT. Ignacio Baleztena "IRUÑERÍAS". Pamplona 1983). Sería un reto seguir profundizando en el saco sin fondo que son las "iruñerías" desde el punto de vista histórico, periodístico y filológico. Entre otras cosas se aportaría mucho al lenguaje que se hablaba en Pamplona en el siglo XX y a un estilo perióstico muy peculiar.

Para finalizar la entrada para ahondar de forma popular y entretenida en el Privilegio de la Unión te dejamos este vídeo de una representación teatralizada del mismo, realizada por el grupo de danzas y teatro de la Peña Mutilzarra. Hasta la próxima entrada si Dios quiere.





[1] Golpazos (del vasco)

[2] Puñetazos (del vasco)

[3] Municipales (localismo)

[4] Señalados, marcados (localismo)

[5] Como castañuelas (del latín)

[6] Fútbol (del inglés)

[7] Niños (localismo)

[8] Juego sobre secuencias numéricas

[9] Robaban (del caló)

[10] Moneda de 10 céntimos de peseta

[11] Mocosos (del vasco)

[12] Juego con dos palos. Uno golpeaba al otro y salía disparado dando vueltas

[13] De mocé. Moceterío es grupo de mocés (niños). Localismo

[14] Extramuros, en Pamplona se utilizaba mucho “fuerapuertas” indicando “a las afueras” de la ciudad, “a las afueras” de la muralla.

[15] Piedra dura (del vasco)

[16] Patadas (del vasco)

[17] Golpes en la cabeza, chichones (del vasco)

[18] Piedra tirada con tirabeque o tirachinas

[19] Pájaro cantor, como canario silvestre. (del “cántabro”)

[20] Paliza en el culo al aire