Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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lunes, 6 de julio de 2026

EL 110 ANIVERSARIO DEL “UNO DE ENERO”. CANCIÓN DE IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE

 

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Querido lector

¡Feliz San Fermín 2026!

¡Viva San Fermín! 

Imposición del Pañuelo de Honor de Pamplona a Ignacio Baleztena Ascárate


Hoy 6 de julio comienzan las fiestas dedicadas a nuestro querido patrón San Fermín y celebramos el 110 aniversario de posiblemente la canción sanferminera más conocida a nivel mundial; la del “Uno de enero, dos de febrero”. Siempre los números redondos son propicios para conmemorar acontecimientos, y este es uno de ellos. Durante 110 años, cientos de miles de gargantas repartidas por todo el globo han cantado esta tonadilla.  Pero, ¿cómo sabemos el origen de una canción popular como esta? Pues acudiendo a fuentes primarias, véase las que escribió el propio autor de la letra de tan sinfónica pieza, que es ni más ni menos que nuestro padre, abuelo y bisabuelo, Ignacio Baleztena Ascárate, Premín de Iruña o Tiburcio de Okabio.

Según narra en unas Iruñerías escritas en Diario de Navarra en 1962, Ignacio tuvo que abandonar Pau en 1915, ciudad donde estaba comenzando la carrera diplomática, porque fue elegido concejal de Pamplona por el partido Jaimista (Carlista). Y como escribía él “¡Uno de enero de 1916! Fecha que debió ser grabada en bronces, esculpida en mármoles, estampada en papel couché, pues en dicho día, año y mes, tomó posesión de su cargo edilicio, quien en este momento tiene el grandísimo honor y satisfacción de ofrecerse a ustedes (…)”

Una vez nombrado concejal, un buen día “en una de estas pesadísimas sesiones, en la que se ventilaba la cuestión batallona de las sociedades de baile, se me fue la imaginación hacia las próximas fiestas de San Fermín y empecé a pensar en el paseíllo concejil de la calle Mayor del día 6 de julio. —Qué tal le sentará el frac y el tubo a Erayalar. Cómo saludará a chisterazo limpio Perico Izquierdo. Qué andares gastará Oteiza. Menudos guantes llevará Giménez; lo mejor de su tienda...”

Obviamente, se refería a la Marcha a Vísperas del día 6, que él mismo había popularizado años antes al comenzar la costumbre de ir bailando el vals de Astráin, es decir, “inventando” el Riau riau. Pero volvamos a aquella sesión municipal:

“dando vueltas a tan transcendental problema, mi musa juguetona y un si no es chabacana, me fue soplando unas coplejas dedicadas a cada uno de mis compañeros.

Pondré como ejemplo la mía; y por ella podrán deducir cómo se rían las demás.

Marchará Ignacio

grave y despacio

haciendo esfuerzos

para ir formal;

muy contristado

pues le han jibado

con el sufragio

universal.

Yo, como buen vasco, soy incapaz de improvisar la más triste aleluya sin acomodarla a alguna cancioncilla o aire popular. Así es que, instintivamente mientras «mi acerada péñola emborronaba níveas cuartillas», iba tarareando una biribilketa popularísima.

Dicha canción popular debía ser muy conocida y cantada con una letra que decía “Artola toki, Artola toki…”. De aquí se deduce que la del Olentzero debe ser posterior, ya que si no, un folklorista como Premín de Iruña, la hubiera conocido. Sigue narrando nuestro padre y abuelo, al que toda la familia llamamos “el aitacho", la historia de cómo popularizó sus coplejas con sus amigos de la Peña de los Mutilzarras del Kutz (un café bar de esa época).

Aquella noche leí y canté mi elucubración en la peña del Kutz. Fue celebrada, coreada y alborotada con protestas de las gentes no bullangueras que jugaban al dominó. Todas las noches se repetía la función y poco a poco fue corriendo por Pamplona, y cuando llegó a San Fermín la sabía y cantaba todo el mundo.

Las coplas describían del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles. Y al final de cada estrofa el estribillo era:

Uno de enero

dos de febrero

tres de marzo, cuatro de abril

cinco de mayo

seis de junio

siete de julio San Fermín

Finalmente los concejales cesaron en sus cargos y fueron olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música y el estribillo aún perviven mundialmente conocidos.

Y esta es la historia de cómo “aquí en Pamplona el popularísimo aire vasco del Artolatoki fue el progenitor del «uno de enero, dos de febrero...», que se popularizó y tomó carta de naturaleza durante los Sanfermines del 1916, y que fue concebido- por Ignacio Baleztena Ascárate- durante una interminable sesión municipal, en la que los ediles de derecha e izquierda, jaleados por el público de la estufa, debatían calurosamente, sobre si el impuesto a las sociedades de baile había de ser restrictivo, prohibitivo, o nulo”.

Así, 110 años después, miles de voces cantarán esta canción y, nada más finalizar el Pobre de mí, será la canción esperanzadora de los pamploneses, que sabemos que comienza de nuevo la cuenta atrás y ya falta menos. Este es el eterno retorno, y no el de Nietzsche, el eterno retorno de la escalera de San Fermín.



Y con esto y un bizcocho encierro mañana a las 8. Y antes hoy a las 18:00 el riau riau, otro invento del aitacho de principios del siglo XX. Feliz San Fermín.

jueves, 17 de julio de 2025

El origen del "uno de enero" por Ignacio Baleztena en 1916

 

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                Querido lector, veíamos en la anterior entrada como el aitacho comenzaba a relatar cómo él fue el autor del uno de enero y cuándo lo hizo, pero se quedó a medias de desentrañar el misterio. La intensidad de las fiestas de San Fermín nos ha impedido continuar la historia, así que ya medio repuestos de las mismas os recomendamos que leáis primero esa entrada anterior pinchando aquí y a continuéis con la siguiente iruñería:

 


¿QUIÉN COPIÓ A QUIÉN?[1]

 

                EL día 1 de enero de 1916, a las 11 de la mañana, entraron en karrlkadantza, en la Sala de Sesiones de nuestra Municipalidad, el Excmo. Sr. Gobernador Marqués de Palmerola, el nuevo alcalde Sr. Negrillos, y los neófitos concejales; dispuestos todos a labrar la felicidad y el progreso de la antigua Iruña vascónica, romana Pompeyópolis y M.N. ML. Y M.H. Ciudad de Pamplona de los tiempos actuales. Aquella entrada solemne trajo a mi enfermiza mente el recuerdo de la Danza Macabra del medioevo, aunque la simpática figura del Marqués de Palmerola, conductor de La ringla edilicia, en nada se asemejaba a la pálida Parca. El gobernador dio la alternativa al Sr. Negrillos con frases elocuentes y afectivas, y don Manuel, vara en mano, dio las gracias y soltó un bonito y sentido peroreo en el que entre otras cosas dijo que estaba dispuesto a no cejar hasta ver por tierra el pétreo cinturón que oprimía a Pamplona, impidiéndole respirar y expansionarse para convertirse en populosa urbe. Añadió que sería alcalde para todos los pamploneses y que aquella vara (y la levantó en alto) mediría, ampararía y haría justicia por igual a todos los pamploneses sin miras políticas

Le aplaudirnos calurosamente en el salón; y fuera de él, le dimos amigables enhorabuenas, zartakos y bizkarrekos en los omóplatos con la mano izquierda, mientras que estrechábamos efusivamente su derecha con la nuestra correspondiente... y se acabó la función.

Así inauguró su labor edilicia el nuevo Ayuntamiento. jQue largas, qué aburridas, que ininteresantes eran la mayoría de aquellas sesiones!

Eran públicas, y acudían a ellas, en plan fiscalizador, unos cuantos desarrapados, pero sólo en invierno; cuando la estufa les ofrecía el gratuito bienestar de sus calorías. Los había que llevaban castañas para asarlas en la rusiente chapa. Lo que pudiera tratarse en verano, no interesaba ya a aquellos conscientes ciudadanos.

Cuando se ventilaba algún asunto de carácter populachero, no faltaban ediles, que para arrancar aplausos a los amaateurs del chubesqui, y leer al día siguiente en la prensa sus peroratas, largaban ampulosos discursos dignos del más amplio escenario y selecto público

Si había o no que adoquinar una calle o cubrirla de asfalto; si en tal o cual paseo sería mejor plantar acacias que castaños de las Indias; si deberían o no llevar bozal los perros; si. . . ¡En fin! Que las sesiones se hacían interminables.

¡Y no digamos nada cuando se trataba de algún nombramiento! Entonces la política salía a relucir, y vientos de fronda soplaban enardeciendo los ánimos edilicios. Los conscientes de la estufa, se permitían a veces intervenir con aplausos o dicterios hasta que el presidente desalojaba la tribuna pública mandando a sus ocupantes a tomar el aire fresco de la calle. Este era el peor castigo. Se oían entonces protestas de —Esto es peor que la inquisición, ¡viva la libertad!...

En una de estas pesadísimas sesiones, en la que se ventilaba la cuestión batallona de las sociedades de baile, se me fue la imaginaclón hacia las próximas fiestas de San Fermín y empecé a pensar en el paseíllo concejil de la calle Mayor del día 6 de julio. —Qué tal le sentará el frac y el tubo a Erayalar. Cómo saludará a chisterazo limpio Perico Izquierdo. Que andares gastará Oteiza. Menudos guantes llevará Giménez; lo mejor de su tienda...

Y dando vueltas a tan transcendental problema, mi musa juguetona y un si no es chabacana, me fue soplando unas coplejas dedicadas a cada uno de mis compañeros.

Pondré como ejemplo la mía; y por ella podrán deducir cómo se rían las demás.

Marchará Ignacio

grave y despacio

haciendo esfuerzos

para ir formal;

muy contristado

pues le han jibado

con el sufragio

universal.

Yo, como buen vasco, soy incapaz de improvisar la más triste aleluya sin acomodarla a alguna cancioncilla o aire popular. Así es que, instintivamente mientras «mi acerada péñola emborronaba níveas cuartillas», iba tarareando Una biribilketa popularísima y cantadísima desde la costas vizcaínas hasta nuestras montañas navarras. ¡Cuántas veces se la oí cantar a mi buena bisabuela Francisca Apezteguía, natural de Aranaz, cuando me zarandeaba como un curriño[2], y yo a su compás agitaba mis bracicos dando alegres gritos y carcajadicas.

Esta música y canción, conocidísima, repito, en toda la tierra vascongada, la he oído cantar a gentes de Guipúzcoa, Vizcaya y de Navarra, desde Ergoyena basta más allá del Baztán y todos aseguran haberla oído cantar a sus padres y abuelos. Su letra, no hay dos que la canten de la misma manera, aunque todos coinciden con pequeñas variaciones en lo principal, viene a ser:

Artola toki

Artola toki.

(Algunos dicen Artola teuko).

Artola toki _ famia

Berea dubela, berea dubela.

(También se canta berekin dagola)

Bizkaiatako gendea

(o también —mundu guztlko gendea).

¿Habrá uno siquiera en nuestras montañas que la desconozca?

—He preguntado a muchos viejos euskaldunas, y todos, repito, al oír los primeros compases le han continuado, asegurando haberla oído cantar desde muy niños.

¿Es original de nuestra tierra, o venida a ella de tierras norteñas’, escandinavas, como otras traídas por los pescadores y marinos vascos, y aclimatados luego en el país? No lo sé. Doctores tiene el arte de la batuta que os sabrán responder.

¿Recuerdan ustedes, amables lectores, cómo en el festival folklórico internacional, celebrado hace unos años, al Interpretar el grupo suizo aires de su país al son de unos monumentales piporros, todo el público les coreó pues la melodía interpretada era exactamente igual al “Agur Jaunak”.

¿Esa música la trajeron de allá los muchísimos suizos que venían a servir a España, o la aprendían aquí y luego se la llevaron a su tierra? ¿Ocurrirá algo parecido con la biribilketa del Artola toki? Vaya usted a saber.

El hecho es que en estas tierras de tiempo inmemorial se ha cantado con letra vasca y jaleado con balanzikus completamente menditarras.

Sigamos con la historia de mis coplejas.

Aquella noche leí y canté mi elucubración en la peña del Kutz[3]. Fue celebrada, coreada y alborotada con protestas de las gentes no bullangueras que jugaban al dominó. Todas las noches se repetía la función y poco a poco fue corriendo por Pamplona, y cuando llegó a San Fermín la sabía y cantaba todo el mundo.

Pomporrompompompon

vámonos todos sin dilación

pomporrompompompon,

a ver pasar la Corporación.

------------

Lo concejales

con los timbales

y los ministros del clarín.

Van postineros

y sandungueros

el día seis a San Fermín.

Y seguían las coplas descriptivas del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles.

Los concejales cesaron en sus cargos y olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música quedó con una letra que continúa y no pasa de moda: es decir, con la de «uno de enero, dos de febrero, etc.” De modo que, a los virtuosos del folklore, les podemos decir, que, aquí en Pamplona el popularísimo aire vasco del Artolatoki fue el progenitor del «uno de enero, dos de febrero...». que se popularizó y tomó carta de naturaleza durante los Sanfermines del 1936 (error de imprenta, se refiere a 1916[4],), y que fue concebido durante una interminable sesión municipal, en la que los ediles de derecha e izquierda, jaleados por el público de la estufa, debatían calurosamente, sobre si el impuesto a las sociedades de baile había de ser restrictivo, prohibitivo, o nulo.

P.D. He recibido cartas de M.M.S. de Tudela, y de M.G. de Leiza, M. de Ergoyena y de C.A.G. de Mondragón interesándose por el problema folklórico en cuestión. Agradezco a todos y procuraré en otra ocasión, satisfacer su curiosidad.

OKABIO[5]

Y esta ni más ni menos es la historia del origen de la canción más universalmente conocida de los sanfermines, el “uno de enero” en 1916. Su autor fue el aitacho, Ignacio Baleztena Ascárate, que sobre la música de una biribilketa, durante una interminable sesión municipal siendo él concejal, escribió unas coplas descriptivas del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles durante la Marcha a Vísperas de San Fermín, uno de sus actos festivos más queridos y que pocos años antes lo había popularizado como otro de sus inventos: el riau riau.

Los concejales cesaron en sus cargos y olvidados por el público, así como sus coplas, quedando solo el estribillo con esa letra que continúa y no pasa de moda: es decir, con la de «uno de enero, dos de febrero, etc.”

Y con esto además queda en el aire otra duda que nos suelen preguntar ¿Qué fue antes, el uno de enero o la canción de Olentzero?. ¿Quién copio a quién?. Sería raro que Ignacio, experto folklorista, no conociera la letra del Olentzero en 1916 cuándo él escribió la letra del "uno de enero" con la música del aire vasco del "Artolatoki". Todo esto confirma que posiblemente la canción del Olentzero es posterior. En cualquier caso  como contestaría el aitacho "no lo sé. Doctores tiene el arte de la batuta que os sabrán responder."

Todo esto encaja también con lo escrito por Pachi Mendiburu (pinchar aquí) en cuanto a que la música "es la "N° 73 La farandole de Joyeuse, que Vincente D’Indy transcribe en su colección Chants du Vivarais", es decir, una canción popular que el aitacho conoció desde niño con la letra "Artola toki..." y que popularizó e hizo universal con la letra del "uno de enero". 

En resumen, como ya sabíamos Ignacio Baleztena con su ingenio desbordante ponía letra a músicas populares de la montaña, siendo así autor de algunas de las canciones sanfermineras más cantadas y conocidas. 

¿Te quedas con la duda de cómo era la letra completa del “uno de enero” del 1916?. Pues puedes leerla pinchando éste enlace que nos devuelve a 1916.



[1] Diario de Navarra 14 octubre 1962 p 3

[2] Marioneta

[3] Peña de los mutilzarras de Kutz. El Kutz era un café donde en aquella época solía juntarse Ignacio Baleztena Ascárate para sus tertulias y sobremesas.

[4] Errata de imprenta, como se desprende por el texto de las dos iruñerías se refiere a 1916

[5] Pseudónimo de Ignacio Baleztena Ascárate (Tiburcio de Okabio)

sábado, 5 de julio de 2025

El desconocido origen del "uno de enero" contado por su autor Ignacio Baleztena Ascárate

 

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Querido lector, hoy cinco de julio, a nada ya de entrar de pleno en las mecetas que Pamplona organiza en honor de San Fermín, os vamos a desvelar el misterioso origen de la famosísima canción del “uno de enero” con pelos y señales, y además contada por su mismo creador, el aitacho, Ignacio Baleztena Ascárate.

                Una de las dudas que nos suelen preguntar es si fue antes la conocida canción sanferminera escrita por mi padre u otra con igual música dedicada al Olentzero. ¿Quién copió a quién?. Una duda parecida inquietó las cabezas de los ovetenses de 1962, y gracias a ella vamos a conocer el origen del “Uno de enero” narrado por su autor, el aitacho, en una iruñería escrita el 7 de octubre de 1962[1]:

 



¿QUIÉN COPIO A QUIÉN?

 

Un amabilísimo señor, que di ce ser un «asiduo lector de Iruñerías”, me envía un recorte del periódico ovetense “La Nueva España”, del 22 de septiembre, con Una nota que dice: —“Solo usted, admirado don Tiburcio, puede, tengo seguridad de ello, sacarnos de la duda ¿quién copió a quién?” que formula “La Nueva España”.

Da la casualidad, carísimo y asiduo lector mío, que, dejando falsas modestias a un lado, soy el que más datos le puedo dar en Pamplona, sobre ese particular. Pero ante todo demos a conocer el asunto en cuestión.

En Oviedo, con motivo de sus últimas fiestas, se celebró en la Plaza de Toros el IV Festival Folklórlco Internacional. En él actuaron varios grupos franceses, y uno de ellos “Les Frontiéres de Savoie”, cantó y bailó una canción que dió lugar a este comentario de “La Nueva España”.

COINCIDENCIA

LOS FRANCESES CANTAN UNA CANCION ESPAÑOLA

Es exactamente igual a la pamplonica de UNO DE ENERO...

— oOo –

“Manfarine” es la denominación de uno de los bailes que presentó la agrupación folklórica “Lea Frontiéres”, de Savoie. Su música es exactamente lgual a una de los más populares can clones de San Fermín, al extremo de que, al escuchar sus compases, buena parte del público comenzó a tararear las conocidas estrofas.

Uno de enero

dos de febrero

tres de marzo

cuatro de abril… etc

Al final de la actuación de este grupo hablamos con el director del mismo y comentamos la exacta semejanza de la música de este baile con la de nuestra canción popular.

El nos dijo:

—Ya tenía referencias. Más de una vez en Saboya surgió este comentario. Lo que no sé decirle es, si el origen de la melodía es nuestro o de los pamplonicas. En nuestro folklore hace muchos años que existe esa música. Casi mejor le diría siglos. Sería curio so saber si la de los “sanfermi nes” es anterior o posterior. En el aire, pues, queda una interrogante ¿Quién copió a quién?-.

— oOo-

                Ese es el asunto, digno de ser trasladado a la UNO[2]. Para que se formen un taco más los que agotan la materia gris de sus cacúmenes pretendiendo descifrar crucigramas internacionales. Si esos señores tuvieran el acierto de Convocarme, les diría lo siguiente.

Pues señor...

Corría el año de gracia (que para mi no lo fué) de 1915. Me hallaba yo desempeñando en la vecina República un importantísimo cargo[3] del que (yo estaba firmemente persuadido de ello) dependía la paz y tranquilidad de España en la contienda europea, cuando Una mañana, al abrir el despache me vi sorprendido por un te1egrama que decía. —“Enhorabuena nuevo Concejal”. Al principio no caí en cuenta de lo que esto podía significar, pues engolfado en mis múltiples ocupaciones Internacionales, había por completo olvidado que en la Ciudad que vió nacer andaban todos a la greña por obra y gracia de las elecciones municipales. A mis correligionarios no les ocurrió mayor gracia que ponerme en una de las candidaturas[4], y dejando pelos y no poco pellejo en la gatera consiguieron sacarme a flote.

¡Maldita sea mi suerte! ¡Menuda jugada me hicieron!

Cuando descifré el significan telegráfico, solté Unos gruesos vocablos en patois, algunos en francés y muchos en castellano; pues maldita la gracia que me hacía gastar ml cacumen en ver la manera de arreglar las goteras de la calle de Pellejeria, ver el modo de que los mocés no jugasen a la capuchaca y a justicias y ladrones por las calles y plazas, tomar medidas contra los vecinos que tenían jaulas de grillos en sus balcones interrumpiendo la siesta de los ciudadanos y otros graves problemas que afligían a los sesudos espíritus de aquel entonces (los hay hoy día que se empeñan en resucitarlos).

Por fin la calma y comprensión se adueñaron de mi espíritu atribulado y me dije: —Hay que doblegarse ante la voluntad del pueblo soberano, que, en libre sufragio local (pues no llegó a universal) te ha llevado a las poltronas municipales para labrar desde ellas su felicidad, y trabajar porque Pamplona, sin perder su fisonomía propia y tradicional, se encamine rauda por la vía del progrese y prosperidad . La patria exige de ti un sacrificio; no dudes un momento. . . ¡lánzate al combate y muere, tu madre te vengará!

Ahora que al patriota del Dos de Mayo que inspiró estos versos conocidísimos y recitadísimos, le quedaba el consuelo de la venganza materna. Pero en mi caso resultaba, que mi buena madre estaba feliz y contenta pensando en lo que su hijo se luciría en la procesión del Corpus y vísperas de San Fermín atravesando las calles embutido en flamante traje y aureolado por reluciente chistera, vulgo canariera.

Así que, terminé como mejor pude los graves asuntos que me retenían en el extranjero, hice la maleta, y con ella, un bocadillo y un billete de tercera cogí el tiren del MIDI, que pitando y echan do chispas y humo espeso me condujo a la frontera donde unos bigotudos carabineros registraron mi maleta, y me llevaron a un cuartico donde me obligaron a ponerme en epidermis, pues habían recibido el Chivatazo de que un viajero de mi tren intentaba pasar de matute unos paquetes de opio

¡Mire usted que sospechar ni un momento que yo pudiera dar el opio al benemérito cuerpo de carabineros!

Deshecho el error, devueltas mis ropas y maleta, rehecho mi pudor ultrajado, y con un montón de excusas que me dieron al reconocer su error, cogí el tren de Pamplona, no sin antes detenerme en San Sebastián para encargar la más bella chistera confeccionada en casa de Ponsol. Ya antes, había hecho lo mismo en Bayona para encargar en chez Fourcade, un jolifrac. Seguramente los pamploneses actuales, a pesar del jumelaje habrán Olvidado a aquel benemérito monssieur directeur de la Belle Jardiniere, que anunciaba su comercio y sastrería con una monumental pancarta que rezaba

TOUT PAMPELUNE S’HABILLE a la BELLE JARDINIERE.

Desde que allí encargué indumentaria edilicia, añadió a su anuncio otro que decía:

FOURNISSEUS DES CONSELLERS MUNICIPAUX DE PAMPELUNE

Llegué por fin a Pamplona, donde como es natural, abracé emocionado a mis progenitores y hermanos, estreché multitud de manos de amigos que me daban la enhorabuena por mi elección y me preparé a cumplir con celo y meticulosidad mís deberes concejiles.

Pasó un día y otro día,

un día y otro pasó,

y al fin, el 1 de enero

¡Tipi-tapa llego!

¡Uno de enero de 1916! Fecha que debió ser grabada en bronces, esculpida en mármoles, estampada en papel couché, pues en dicho día, año y mes, tomó posesión de su cargo edilicio, quien en este momento tiene el grandísimo honor y satisfacción de ofrecerse a ustedes, suyo seguro servidor que osculiza manos y pies, según sea el sexo que ostenten sus lectores.

Me han llevado lo dactilares más lejos de lo que yo pensara, así es que, dejaremos para otro número la solución del enigma folklórico que me he propuesto resolver.

 TIBURCIO DE OKABIO[5]

 

                Al final te has quedado con la duda del origen del “Uno de enero”, ¿verdad?. Pues lo podrás descifrar en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Diario de Navarra 7 octubre 1962, página tercera

[2] ONU

[3] Secretario del cónsul plenipotenciario de España en Pau, su tío Pablo Jaurrieta

[4] Candidatura Jaimista (carlista)

[5] Pseudónimo que utilizaba Ignacio Baleztena Ascárate

viernes, 11 de febrero de 2011

Origen del "uno de enero". Una canción que escribió Ignacio Baleztena a la Corporación Municipal en 1916

Querido lector, como comentábamos ayer al “aitacho” no le hizo ninguna gracia ser nombrado concejal del Ayuntamiento de Pamplona porque tenía miedo a tener que cambiar su espontánea y alegre forma de ser, y por los motivos explicados en la anterior entrada. Por esto para variar decidió estrenar su cargo escribiendo unos versicos a la nueva Corporación, adaptándolos como acostumbraba a músicas popu­lares, y precisamente así surgió el "uno de enero" con esta letra escrita por Ignacio Baleztena. Y naturalmente los refiere a uno de sus actos preferidos de los sanfermines: la Marcha a Vísperas. Que "esfuerzos pa ir formal" durante el ¡Riau - riau! que él mismo Ignacio Baleztena había iniciado.
             
                                   
Pon, porron, porron, pon, pon
Vamos prestos sin dilación
pon, ...
a ver pasar la Corporación.

Los concejales
con los timbales
y los ministros del clarín
van postineros
y retrecheros
el día 6 a San Fermín.

(I.     Baleztena)

Marchará Ignacio,
grave y despacio,
haciendo esfuerzos pa ir formal,
muy contristado,
pues le han gibado
con el sufragio universal.

(Domingo Eugui)

Tras la Kiliki,
Domingo Chiqui
luce su físico gentil;
y al verlo dice
una de Erice:
beguira zeiñ eder motil.

(Román Oteiza)

Al ver a Oteiza
uno de Leiza
dice "seguro es montañes".
Dije, no creo,
por lo que veo,
ese es de Triana o cordobés.

(Javier Arraiza)

Frente a Jarauta,
como una estatua,
se quedó pétrea una mujer,
ante el talante
agonizante
que se traía don Javier.

(Tomás Mata)

Al ver a Mata,
una beata
se puso hacer por la señal,
mientras decía
¡Ave María!
¡qué irresistible concejal!

(Francisco Errea)

Muy afanosa
y presurosa
marcha hacia la calle Mayor
doña Esperanza,
por ver si alcanza
ver al Paquillo de su amor.

(Martínez de Azagra)

Dice un aldeano
de Guirguillano
ese hombre gordo ¿quien es pues?
Ese es Azagra,
más de una magra
ya cenará ése si lo qu’es.

(Martínez Soria y Perico Izquierdo)

Cubre su chola
Martínez Sola
con un sombrero bien planchau,
y muy majico
marcha Perico
llevando el suyo a medio lau

.......

Y al final de cada estrofa el estribillo era:

Uno de enero
dos de febrero
tres de marzo, cuatro de abril
cinco de mayo
seis de junio
siete de julio San Fermín

Y como contaba el aitacho en una iruñería escrita el 21 de octubre de 1962, "Los concejales cesaron en sus cargos y olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música quedó con una letra que continúa y no pasa de moda: es decir, con la de «uno de enero, dos de febrero, etc.”.

Toma de posesión de la nueva corporación el 1 de enero de 1916. Noticia del Diario de Navarra del 2 de enero de 1916



Esta entrada ha sido ampliada el 18 de julio de 2025 tras la lectura de una iruñería escrita por el aitacho que narra todo este asunto de forma completa y puedes leer pinchando aquí.

jueves, 10 de febrero de 2011

Ignacio Baleztena concejal de Pamplona desde 1916

Querido lector, habíamos dejado al “aitacho” entusiasmado con su incipiente y prometedora carrera diplomática siendo secretario del consulado español en Pau. En estas estaba y se las prometía felices cuando en 1915 salió elegido concejal del Ayuntamiento de Pamplona por el Partido Jaimista (carlista), tomando posesión del cargo el 1 de enero de 1916 y este acontecimiento le truncó sus ilusiones teniendo que abandonar la carrera diplomática. Esto no le hizo ninguna gracia, pese a la alegría que le producía volver a su amada Pamplona, dado que por el nuevo cargo se temía que tendría que renunciar a sus exhuberancias juveniles, y al acercarse los Sanfermines ¿tendría que decir adiós a todo aquello: sus encierros por la calle de la Estafeta, sus alborotos, saltos, bailes... que era tanto para él? 
Posteriormente, tras las elecciones de 1917 renovó cargo y el 1 de enero de 1918 fue elegido para la primera sindicalía del Ayuntamiento de Pamplona.
Ignacio Baleztena concejal de Pamplona en 1916
No pudo evitar ironizar con unos versos - a los que solía recurrir con frecuencia para ello y con los que ponía en solfa a los concejales, diputados y a todo aquello que llamara su atención - a la nueva Corporación, adaptándolos como acostumbraba a músicas popu­lares, y precisamente este es nada más y nada menos que el origen de su canción más conocida, el "Uno de enero...". Estos versicos, primera letra de dicha canción, los colgaré en la próxima entrada, antes de tratar un tema que le tocó abordar a la vez que era edil de la vieja Iruña, y que veremos en adelante si Dios quiere

Ya sabes que puedes mandarme sugerencias a premindeiruna@gmail.com y que serán bienvenidos tus comentarios a pie de entrada.

martes, 14 de diciembre de 2010

Los sanfermines de "Premín de Iruña" (III). Algunas canciones. Uno de Enero y "Las Pámplonas"

Querido lector, como explicaba ayer en la segunda decena del siglo 20 es cuando el “aitacho” despliega una gran parte de su actividad sanferminera, y entre ella destacan sus canciones. Hoy vamos a ver algunas de las más importantes y conocidas. Ignacio aprovechaba melodías populares de la montaña navarra y les escribía una letra adaptándola mediante los arreglos musicales que hacía el maestro Silvianio Cervantes. Este fue el caso por ejemplo del “Uno de Enero”, su canción más universal.

UNO DE ENERO...

Uno de enero,
dos de enero,
tres de marzo,
cuatro de abril,
cinco de mayo,
seis de junio,
siete de julio San Fermín.

A Pamplona hemos de ir
con una media, con una media.
A Pam­plona hemos de ir
con una media y un calcetín.


Partitura del "Uno de Enero" escrita por Carmelo Cervantes, nieto de Silvanio Cervantes

Creía yo que esta era la primera letra que tuvo esta música, pero leyendo al aitacho he descubierto que no, que previamente tenía una letra que decía "Artola toki" (actualización julio 2025 contada por el propio Ignacio Baleztena). Posteriormente ha sido utilizada para canciones posteriores como villancicos, canción del Olentzero, anuncios de televisión y otras muchas.

Respecto a sus canciones aunque ayer ya te adelanté algunas de estas cosas creo que es mejor que lo leas del mismo “Premín de Iruña” que explicaba años más tarde con su habitual humor cómo escribió la letra de algunas de ellas en un texto que transcribo a continuación:

Hacía años, muchos años, que había dejado yo de tener 23 abriles, cuando un conocido mío, llamado Premín de Iruña, se le ocurrió amalgamar unos inguruchos de la montaña poniéndoles una letra, bastante chabacana, por cierto, descriptiva de las mecetas de San Fermín. No tardó mucho en hacerse popular, y juntamente con las coplicas de Viernes Santo, los Ediles Pamploneses, la Anthonia e Inasio, ¡Levántate Pamplonica! y otras que rezumaban sesudez, pasaron a ser repertorio de una peña de solterones del Kutz  que las cantaban todos los sábados por la noche, con la protesta de los ahorcadores del seis doble de otras peñas. Llegó la víspera de San Fermín, de no recuerdo que año, y al gran Cervantes (Don Silvanio) se le ocurrió instrumentar la ya popular cancioncita, que fue interpretada por la “Pamplonesa” en la Plaza Consistorial después de las Vísperas.

            Dos casas Barcelonesas productivas de discos de gramófono pidieron autorización para reproducirla, y previo los requisitos correspondientes se les envió la letra y música. Ellos se encargaron de buscar músicos y cantantes que la interpretaron a su manera. Intercalando durante la ejecución una colección de frases y gritos de dudoso Iruñismo.

            La letra que cantábamos en la peña de los mutilzarras del Kutz, era como sigue:

IRUÑA-KO MEZETAK
                                                          
En las Pámplonas
ver hemos hecho
záldiko máldikos
y damboriles
y unos hombres que
dicen ediles
que hacia vísperas se van.

Luego en la plaza
el zezenzusko
¡tripiti trapata!
tira cuetes,
irunshemes con
unos chupletes
chupla que chupla se están.

            Viene ahora la parte bailable, en la que el amigo Cervantes intercaló compases de la popular canción “Nos han dejau solos... etc.” Los intérpretes catalanes del disco, para dar sin duda animación al acto, gritan no sé qué cosas que a pesar de las veces que la llevo oídas, no he podido dar con su significado. Sigue luego la canción:

Mucho témprano
los praka-gorris
tocan la diana
con las musicas
y delante van
los pamplonicas
danzando hasta erruemper la pie.

Luego los toros
brinca que brinca
como chimistes
por la Estafeta.
Y los mozos con
la chamarreta
le hacen : ¡Je, torico... je, je!

            Años más tarde, una casa anunciadora cambió por completo la letra; con la fuerza que adquieren los anuncios cantables, la gente olvidó la primitiva, y los que aún la cantan, lo hacen como Dios y el oído les da a entender.

            Esta es la historia de esa canciocica que con tanto entusiasmo como desafinación entonaban unos cuantos mutilzarras que se reunían, en el turno de Emilio.

Premín de Iruña


Vídeo: canción "Iruña-ko mezetak" más conocida como "Las Pámplonas", de Ignacio Baleztena
Si se escucha bien el comienzo es música del Ingurucho de Leiza, y esa parte inicial es la misma que utilizó para otra de sus canciones más conocidasl la diana "Aupa los irunshemes" o "Levántate pamplonica" del mismo autor



Esta pieza llamada "Iruña-ko mezetak" también era conocida popularmente como "Las Pámplonas" por el comienzo de la misma.
Hay otras canciones sanfermineras importantes del “aitacho”, como las primera letra del Riau Riau, la diana ¡Aupa los Irunshemes! (¡Levántate Pamplonica!) completa y el primer himno del Muthiko Alaiak, que las iré colgando conforme avance en su biografía. Pero antes tengo que contarte otra de las cosas de Baleztena que hizo el “aitacho” en los sanfermines de 1912 junto con Emilio Malumbres, pero eso será mañana si Dios quiere.