Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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jueves, 7 de agosto de 2025

DE CÓMO IGNACIO BALEZTENA ESCRIBIÓ LA CANCIÓN “UNO DE ENERO” EN 1916

 

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Querido lector, casi un mes acabadas las fiestas dedicadas a nuestro querido patrón San Fermín es interesante tratar de un tema tan trascendental para el futuro de los pueblos como desvelar el origen de una de las canciones sanfermineras más mundialmente conocidas y cantadas, es decir la del “uno de enero, dos de febrero…”. ¿Quién escribió esta canción y desde cuándo se canta?. Para este sesudo asunto acudimos a fuentes primarias, véase las que escribió el propio autor de la letra de tan sinfónica pieza, que es nada más y nada menos que nuestro padre y abuelo Ignacio Baleztena Ascárate, Premín de Iruña o Tiburcio de Okabio.

Según narra en unas iruñerías escritas en Diario de Navarra en 1962[1], en 1915 tuvo que abandonar Pau, ciudad donde estaba comenzando carrera diplomática, ya que fue elegido concejal de Pamplona por el partido Jaimista (Carlista). Y como escribía él “¡Uno de enero de 1916! Fecha que debió ser grabada en bronces, esculpida en mármoles, estampada en papel couché, pues en dicho día, año y mes, tomó posesión de su cargo edilicio, quien en este momento tiene el grandísimo honor y satisfacción de ofrecerse a ustedes…”

Una vez nombrado concejal, un buen día “en una de estas pesadísimas sesiones, en la que se ventilaba la cuestión batallona de las sociedades de baile, se me fue la imaginaclón hacia las próximas fiestas de San Fermín y empecé a pensar en el paseíllo concejil de la calle Mayor del día 6 de julio. —Qué tal le sentará el frac y el tubo a Erayalar. Cómo saludará a chisterazo limpio Perico Izquierdo. Que andares gastará Oteiza. Menudos guantes llevará Giménez; lo mejor de su tienda...”

Obviamente se refería a la Marcha a Vísperas del día 6, que él mismo había popularizado años antes al comenzar la costumbre de ir bailando el vals de Astráin, es decir inventando el riau riau. Pero volvamos a aquella sesión municipal:

“dando vueltas a tan transcendental problema, mi musa juguetona y un si no es chabacana, me fue soplando unas coplejas dedicadas a cada uno de mis compañeros.

Pondré como ejemplo la mía; y por ella podrán deducir cómo se rían las demás.

Marchará Ignacio

grave y despacio

haciendo esfuerzos

para ir formal;

muy contristado

pues le han jibado

con el sufragio

universal.

Yo, como buen vasco, soy incapaz de improvisar la más triste aleluya sin acomodarla a alguna cancioncilla o aire popular. Así es que, instintivamente mientras «mi acerada péñola emborronaba níveas cuartillas», iba tarareando Una biribilketa popularísima.

Dicha canción popular debía ser muy conocida y cantada con una letra que decía “Artola toki, Artola toki…”. Sigue narrando nuestro padre y abuelo, al que toda la familia llamamos “el aitacho la historia de cómo popularizo sus coplejas con sus amigos de la Peña de los Mutilzarras del Kutz (un café bar de esa época).

Aquella noche leí y canté mi elucubración en la peña del Kutz. Fue celebrada, coreada y alborotada con protestas de las gentes no bullangueras que jugaban al dominó. Todas las noches se repetía la función y poco a poco fue corriendo por Pamplona, y cuando llegó a San Fermín la sabía y cantaba todo el mundo.

Las coplas describían del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles. Y al final se cantaba:

Uno de enero

dos de febrero

tres de marzo, cuatro de abril

cinco de mayo

seis de junio

siete de julio San Fermín.

A Pamplona hemos de ir

con una media, con una media,

a Pamplona hemos de ir

con una media y un calcetín.[2]

Finalmente los concejales cesaron en sus cargos y fueron olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música y “el estribillo” aun perviven mundialmente conocidos

Como se ve en el vídeo el "uno de enero" sigue siendo una de las canciones sanfermineras por excelencia, entre otras cosas porque nos indica todo el año que "ya falta menos"


Y esta es la historia de cómo “aquí en Pamplona el popularísimo aire vasco del Artolatoki fue el progenitor del «uno de enero, dos de febrero...». que se popularizó y tomó carta de naturaleza durante los Sanfermines del 1916, y que fue concebido- Por Ignacio Baleztena Ascárate- durante una interminable sesión municipal, en la que los ediles de derecha e izquierda, jaleados por el público de la estufa, debatían calurosamente, sobre si el impuesto a las sociedades de baile había de ser restrictivo, prohibitivo, o nulo.

Si quieres ver la letra completa del “Uno de enero” pincha aquí y para ver la partitura pincha aquí.

Y con esto y un bizcocho liquidamos este tema y hasta la próxima entrada si Dios quiere



[1] Tiburcio de Okabío (Baleztena, Ignacio). Iruñerías. Diario de Navarra. 7 y 14 octubre 1962

[2] Esta estrofa que mucha gente no entiende es un juego de palabras. Con una media quiere dar a entender inicialmente a una media cogorza y posteriormente lo completa con un calcetín para referirse realmente a la media como atuendo para calentar los pies.


jueves, 17 de julio de 2025

El origen del "uno de enero" por Ignacio Baleztena en 1916

 

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                Querido lector, veíamos en la anterior entrada como el aitacho comenzaba a relatar cómo él fue el autor del uno de enero y cuándo lo hizo, pero se quedó a medias de desentrañar el misterio. La intensidad de las fiestas de San Fermín nos ha impedido continuar la historia, así que ya medio repuestos de las mismas os recomendamos que leáis primero esa entrada anterior pinchando aquí y a continuéis con la siguiente iruñería:

 


¿QUIÉN COPIÓ A QUIÉN?[1]

 

                EL día 1 de enero de 1916, a las 11 de la mañana, entraron en karrlkadantza, en la Sala de Sesiones de nuestra Municipalidad, el Excmo. Sr. Gobernador Marqués de Palmerola, el nuevo alcalde Sr. Negrillos, y los neófitos concejales; dispuestos todos a labrar la felicidad y el progreso de la antigua Iruña vascónica, romana Pompeyópolis y M.N. ML. Y M.H. Ciudad de Pamplona de los tiempos actuales. Aquella entrada solemne trajo a mi enfermiza mente el recuerdo de la Danza Macabra del medioevo, aunque la simpática figura del Marqués de Palmerola, conductor de La ringla edilicia, en nada se asemejaba a la pálida Parca. El gobernador dio la alternativa al Sr. Negrillos con frases elocuentes y afectivas, y don Manuel, vara en mano, dio las gracias y soltó un bonito y sentido peroreo en el que entre otras cosas dijo que estaba dispuesto a no cejar hasta ver por tierra el pétreo cinturón que oprimía a Pamplona, impidiéndole respirar y expansionarse para convertirse en populosa urbe. Añadió que sería alcalde para todos los pamploneses y que aquella vara (y la levantó en alto) mediría, ampararía y haría justicia por igual a todos los pamploneses sin miras políticas

Le aplaudirnos calurosamente en el salón; y fuera de él, le dimos amigables enhorabuenas, zartakos y bizkarrekos en los omóplatos con la mano izquierda, mientras que estrechábamos efusivamente su derecha con la nuestra correspondiente... y se acabó la función.

Así inauguró su labor edilicia el nuevo Ayuntamiento. jQue largas, qué aburridas, que ininteresantes eran la mayoría de aquellas sesiones!

Eran públicas, y acudían a ellas, en plan fiscalizador, unos cuantos desarrapados, pero sólo en invierno; cuando la estufa les ofrecía el gratuito bienestar de sus calorías. Los había que llevaban castañas para asarlas en la rusiente chapa. Lo que pudiera tratarse en verano, no interesaba ya a aquellos conscientes ciudadanos.

Cuando se ventilaba algún asunto de carácter populachero, no faltaban ediles, que para arrancar aplausos a los amaateurs del chubesqui, y leer al día siguiente en la prensa sus peroratas, largaban ampulosos discursos dignos del más amplio escenario y selecto público

Si había o no que adoquinar una calle o cubrirla de asfalto; si en tal o cual paseo sería mejor plantar acacias que castaños de las Indias; si deberían o no llevar bozal los perros; si. . . ¡En fin! Que las sesiones se hacían interminables.

¡Y no digamos nada cuando se trataba de algún nombramiento! Entonces la política salía a relucir, y vientos de fronda soplaban enardeciendo los ánimos edilicios. Los conscientes de la estufa, se permitían a veces intervenir con aplausos o dicterios hasta que el presidente desalojaba la tribuna pública mandando a sus ocupantes a tomar el aire fresco de la calle. Este era el peor castigo. Se oían entonces protestas de —Esto es peor que la inquisición, ¡viva la libertad!...

En una de estas pesadísimas sesiones, en la que se ventilaba la cuestión batallona de las sociedades de baile, se me fue la imaginaclón hacia las próximas fiestas de San Fermín y empecé a pensar en el paseíllo concejil de la calle Mayor del día 6 de julio. —Qué tal le sentará el frac y el tubo a Erayalar. Cómo saludará a chisterazo limpio Perico Izquierdo. Que andares gastará Oteiza. Menudos guantes llevará Giménez; lo mejor de su tienda...

Y dando vueltas a tan transcendental problema, mi musa juguetona y un si no es chabacana, me fue soplando unas coplejas dedicadas a cada uno de mis compañeros.

Pondré como ejemplo la mía; y por ella podrán deducir cómo se rían las demás.

Marchará Ignacio

grave y despacio

haciendo esfuerzos

para ir formal;

muy contristado

pues le han jibado

con el sufragio

universal.

Yo, como buen vasco, soy incapaz de improvisar la más triste aleluya sin acomodarla a alguna cancioncilla o aire popular. Así es que, instintivamente mientras «mi acerada péñola emborronaba níveas cuartillas», iba tarareando Una biribilketa popularísima y cantadísima desde la costas vizcaínas hasta nuestras montañas navarras. ¡Cuántas veces se la oí cantar a mi buena bisabuela Francisca Apezteguía, natural de Aranaz, cuando me zarandeaba como un curriño[2], y yo a su compás agitaba mis bracicos dando alegres gritos y carcajadicas.

Esta música y canción, conocidísima, repito, en toda la tierra vascongada, la he oído cantar a gentes de Guipúzcoa, Vizcaya y de Navarra, desde Ergoyena basta más allá del Baztán y todos aseguran haberla oído cantar a sus padres y abuelos. Su letra, no hay dos que la canten de la misma manera, aunque todos coinciden con pequeñas variaciones en lo principal, viene a ser:

Artola toki

Artola toki.

(Algunos dicen Artola teuko).

Artola toki _ famia

Berea dubela, berea dubela.

(También se canta berekin dagola)

Bizkaiatako gendea

(o también —mundu guztlko gendea).

¿Habrá uno siquiera en nuestras montañas que la desconozca?

—He preguntado a muchos viejos euskaldunas, y todos, repito, al oír los primeros compases le han continuado, asegurando haberla oído cantar desde muy niños.

¿Es original de nuestra tierra, o venida a ella de tierras norteñas’, escandinavas, como otras traídas por los pescadores y marinos vascos, y aclimatados luego en el país? No lo sé. Doctores tiene el arte de la batuta que os sabrán responder.

¿Recuerdan ustedes, amables lectores, cómo en el festival folklórico internacional, celebrado hace unos años, al Interpretar el grupo suizo aires de su país al son de unos monumentales piporros, todo el público les coreó pues la melodía interpretada era exactamente igual al “Agur Jaunak”.

¿Esa música la trajeron de allá los muchísimos suizos que venían a servir a España, o la aprendían aquí y luego se la llevaron a su tierra? ¿Ocurrirá algo parecido con la biribilketa del Artola toki? Vaya usted a saber.

El hecho es que en estas tierras de tiempo inmemorial se ha cantado con letra vasca y jaleado con balanzikus completamente menditarras.

Sigamos con la historia de mis coplejas.

Aquella noche leí y canté mi elucubración en la peña del Kutz[3]. Fue celebrada, coreada y alborotada con protestas de las gentes no bullangueras que jugaban al dominó. Todas las noches se repetía la función y poco a poco fue corriendo por Pamplona, y cuando llegó a San Fermín la sabía y cantaba todo el mundo.

Pomporrompompompon

vámonos todos sin dilación

pomporrompompompon,

a ver pasar la Corporación.

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Lo concejales

con los timbales

y los ministros del clarín.

Van postineros

y sandungueros

el día seis a San Fermín.

Y seguían las coplas descriptivas del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles.

Los concejales cesaron en sus cargos y olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música quedó con una letra que continúa y no pasa de moda: es decir, con la de «uno de enero, dos de febrero, etc.” De modo que, a los virtuosos del folklore, les podemos decir, que, aquí en Pamplona el popularísimo aire vasco del Artolatoki fue el progenitor del «uno de enero, dos de febrero...». que se popularizó y tomó carta de naturaleza durante los Sanfermines del 1936 (error de imprenta, se refiere a 1916[4],), y que fue concebido durante una interminable sesión municipal, en la que los ediles de derecha e izquierda, jaleados por el público de la estufa, debatían calurosamente, sobre si el impuesto a las sociedades de baile había de ser restrictivo, prohibitivo, o nulo.

P.D. He recibido cartas de M.M.S. de Tudela, y de M.G. de Leiza, M. de Ergoyena y de C.A.G. de Mondragón interesándose por el problema folklórico en cuestión. Agradezco a todos y procuraré en otra ocasión, satisfacer su curiosidad.

OKABIO[5]

Y esta ni más ni menos es la historia del origen de la canción más universalmente conocida de los sanfermines, el “uno de enero” en 1916. Su autor fue el aitacho, Ignacio Baleztena Ascárate, que sobre la música de una biribilketa, durante una interminable sesión municipal siendo él concejal, escribió unas coplas descriptivas del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles durante la Marcha a Vísperas de San Fermín, uno de sus actos festivos más queridos y que pocos años antes lo había popularizado como otro de sus inventos: el riau riau.

Los concejales cesaron en sus cargos y olvidados por el público, así como sus coplas, quedando solo el estribillo con esa letra que continúa y no pasa de moda: es decir, con la de «uno de enero, dos de febrero, etc.”

Y con esto además queda en el aire otra duda que nos suelen preguntar ¿Qué fue antes, el uno de enero o la canción de Olentzero?. ¿Quién copio a quién?. Sería raro que Ignacio, experto folklorista, no conociera la letra del Olentzero en 1916 cuándo él escribió la letra del "uno de enero" con la música del aire vasco del "Artolatoki". Todo esto confirma que posiblemente la canción del Olentzero es posterior. En cualquier caso  como contestaría el aitacho "no lo sé. Doctores tiene el arte de la batuta que os sabrán responder."

Todo esto encaja también con lo escrito por Pachi Mendiburu (pinchar aquí) en cuanto a que la música "es la "N° 73 La farandole de Joyeuse, que Vincente D’Indy transcribe en su colección Chants du Vivarais", es decir, una canción popular que el aitacho conoció desde niño con la letra "Artola toki..." y que popularizó e hizo universal con la letra del "uno de enero". 

En resumen, como ya sabíamos Ignacio Baleztena con su ingenio desbordante ponía letra a músicas populares de la montaña, siendo así autor de algunas de las canciones sanfermineras más cantadas y conocidas. 

¿Te quedas con la duda de cómo era la letra completa del “uno de enero” del 1916?. Pues puedes leerla pinchando éste enlace que nos devuelve a 1916.



[1] Diario de Navarra 14 octubre 1962 p 3

[2] Marioneta

[3] Peña de los mutilzarras de Kutz. El Kutz era un café donde en aquella época solía juntarse Ignacio Baleztena Ascárate para sus tertulias y sobremesas.

[4] Errata de imprenta, como se desprende por el texto de las dos iruñerías se refiere a 1916

[5] Pseudónimo de Ignacio Baleztena Ascárate (Tiburcio de Okabio)

sábado, 5 de julio de 2025

El desconocido origen del "uno de enero" contado por su autor Ignacio Baleztena Ascárate

 

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Querido lector, hoy cinco de julio, a nada ya de entrar de pleno en las mecetas que Pamplona organiza en honor de San Fermín, os vamos a desvelar el misterioso origen de la famosísima canción del “uno de enero” con pelos y señales, y además contada por su mismo creador, el aitacho, Ignacio Baleztena Ascárate.

                Una de las dudas que nos suelen preguntar es si fue antes la conocida canción sanferminera escrita por mi padre u otra con igual música dedicada al Olentzero. ¿Quién copió a quién?. Una duda parecida inquietó las cabezas de los ovetenses de 1962, y gracias a ella vamos a conocer el origen del “Uno de enero” narrado por su autor, el aitacho, en una iruñería escrita el 7 de octubre de 1962[1]:

 



¿QUIÉN COPIO A QUIÉN?

 

Un amabilísimo señor, que di ce ser un «asiduo lector de Iruñerías”, me envía un recorte del periódico ovetense “La Nueva España”, del 22 de septiembre, con Una nota que dice: —“Solo usted, admirado don Tiburcio, puede, tengo seguridad de ello, sacarnos de la duda ¿quién copió a quién?” que formula “La Nueva España”.

Da la casualidad, carísimo y asiduo lector mío, que, dejando falsas modestias a un lado, soy el que más datos le puedo dar en Pamplona, sobre ese particular. Pero ante todo demos a conocer el asunto en cuestión.

En Oviedo, con motivo de sus últimas fiestas, se celebró en la Plaza de Toros el IV Festival Folklórlco Internacional. En él actuaron varios grupos franceses, y uno de ellos “Les Frontiéres de Savoie”, cantó y bailó una canción que dió lugar a este comentario de “La Nueva España”.

COINCIDENCIA

LOS FRANCESES CANTAN UNA CANCION ESPAÑOLA

Es exactamente igual a la pamplonica de UNO DE ENERO...

— oOo –

“Manfarine” es la denominación de uno de los bailes que presentó la agrupación folklórica “Lea Frontiéres”, de Savoie. Su música es exactamente lgual a una de los más populares can clones de San Fermín, al extremo de que, al escuchar sus compases, buena parte del público comenzó a tararear las conocidas estrofas.

Uno de enero

dos de febrero

tres de marzo

cuatro de abril… etc

Al final de la actuación de este grupo hablamos con el director del mismo y comentamos la exacta semejanza de la música de este baile con la de nuestra canción popular.

El nos dijo:

—Ya tenía referencias. Más de una vez en Saboya surgió este comentario. Lo que no sé decirle es, si el origen de la melodía es nuestro o de los pamplonicas. En nuestro folklore hace muchos años que existe esa música. Casi mejor le diría siglos. Sería curio so saber si la de los “sanfermi nes” es anterior o posterior. En el aire, pues, queda una interrogante ¿Quién copió a quién?-.

— oOo-

                Ese es el asunto, digno de ser trasladado a la UNO[2]. Para que se formen un taco más los que agotan la materia gris de sus cacúmenes pretendiendo descifrar crucigramas internacionales. Si esos señores tuvieran el acierto de Convocarme, les diría lo siguiente.

Pues señor...

Corría el año de gracia (que para mi no lo fué) de 1915. Me hallaba yo desempeñando en la vecina República un importantísimo cargo[3] del que (yo estaba firmemente persuadido de ello) dependía la paz y tranquilidad de España en la contienda europea, cuando Una mañana, al abrir el despache me vi sorprendido por un te1egrama que decía. —“Enhorabuena nuevo Concejal”. Al principio no caí en cuenta de lo que esto podía significar, pues engolfado en mis múltiples ocupaciones Internacionales, había por completo olvidado que en la Ciudad que vió nacer andaban todos a la greña por obra y gracia de las elecciones municipales. A mis correligionarios no les ocurrió mayor gracia que ponerme en una de las candidaturas[4], y dejando pelos y no poco pellejo en la gatera consiguieron sacarme a flote.

¡Maldita sea mi suerte! ¡Menuda jugada me hicieron!

Cuando descifré el significan telegráfico, solté Unos gruesos vocablos en patois, algunos en francés y muchos en castellano; pues maldita la gracia que me hacía gastar ml cacumen en ver la manera de arreglar las goteras de la calle de Pellejeria, ver el modo de que los mocés no jugasen a la capuchaca y a justicias y ladrones por las calles y plazas, tomar medidas contra los vecinos que tenían jaulas de grillos en sus balcones interrumpiendo la siesta de los ciudadanos y otros graves problemas que afligían a los sesudos espíritus de aquel entonces (los hay hoy día que se empeñan en resucitarlos).

Por fin la calma y comprensión se adueñaron de mi espíritu atribulado y me dije: —Hay que doblegarse ante la voluntad del pueblo soberano, que, en libre sufragio local (pues no llegó a universal) te ha llevado a las poltronas municipales para labrar desde ellas su felicidad, y trabajar porque Pamplona, sin perder su fisonomía propia y tradicional, se encamine rauda por la vía del progrese y prosperidad . La patria exige de ti un sacrificio; no dudes un momento. . . ¡lánzate al combate y muere, tu madre te vengará!

Ahora que al patriota del Dos de Mayo que inspiró estos versos conocidísimos y recitadísimos, le quedaba el consuelo de la venganza materna. Pero en mi caso resultaba, que mi buena madre estaba feliz y contenta pensando en lo que su hijo se luciría en la procesión del Corpus y vísperas de San Fermín atravesando las calles embutido en flamante traje y aureolado por reluciente chistera, vulgo canariera.

Así que, terminé como mejor pude los graves asuntos que me retenían en el extranjero, hice la maleta, y con ella, un bocadillo y un billete de tercera cogí el tiren del MIDI, que pitando y echan do chispas y humo espeso me condujo a la frontera donde unos bigotudos carabineros registraron mi maleta, y me llevaron a un cuartico donde me obligaron a ponerme en epidermis, pues habían recibido el Chivatazo de que un viajero de mi tren intentaba pasar de matute unos paquetes de opio

¡Mire usted que sospechar ni un momento que yo pudiera dar el opio al benemérito cuerpo de carabineros!

Deshecho el error, devueltas mis ropas y maleta, rehecho mi pudor ultrajado, y con un montón de excusas que me dieron al reconocer su error, cogí el tren de Pamplona, no sin antes detenerme en San Sebastián para encargar la más bella chistera confeccionada en casa de Ponsol. Ya antes, había hecho lo mismo en Bayona para encargar en chez Fourcade, un jolifrac. Seguramente los pamploneses actuales, a pesar del jumelaje habrán Olvidado a aquel benemérito monssieur directeur de la Belle Jardiniere, que anunciaba su comercio y sastrería con una monumental pancarta que rezaba

TOUT PAMPELUNE S’HABILLE a la BELLE JARDINIERE.

Desde que allí encargué indumentaria edilicia, añadió a su anuncio otro que decía:

FOURNISSEUS DES CONSELLERS MUNICIPAUX DE PAMPELUNE

Llegué por fin a Pamplona, donde como es natural, abracé emocionado a mis progenitores y hermanos, estreché multitud de manos de amigos que me daban la enhorabuena por mi elección y me preparé a cumplir con celo y meticulosidad mís deberes concejiles.

Pasó un día y otro día,

un día y otro pasó,

y al fin, el 1 de enero

¡Tipi-tapa llego!

¡Uno de enero de 1916! Fecha que debió ser grabada en bronces, esculpida en mármoles, estampada en papel couché, pues en dicho día, año y mes, tomó posesión de su cargo edilicio, quien en este momento tiene el grandísimo honor y satisfacción de ofrecerse a ustedes, suyo seguro servidor que osculiza manos y pies, según sea el sexo que ostenten sus lectores.

Me han llevado lo dactilares más lejos de lo que yo pensara, así es que, dejaremos para otro número la solución del enigma folklórico que me he propuesto resolver.

 TIBURCIO DE OKABIO[5]

 

                Al final te has quedado con la duda del origen del “Uno de enero”, ¿verdad?. Pues lo podrás descifrar en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Diario de Navarra 7 octubre 1962, página tercera

[2] ONU

[3] Secretario del cónsul plenipotenciario de España en Pau, su tío Pablo Jaurrieta

[4] Candidatura Jaimista (carlista)

[5] Pseudónimo que utilizaba Ignacio Baleztena Ascárate

domingo, 30 de enero de 2022

Enererías. Apuntes históricos

 


Querido lector, acaba enero y seguimos en el día de la marmota. Más de dos años oyendo lo mismo: distancia, mascarilla, vacuna, sube la curva, baja la curva “juntos venceremos”, “los viviremos” y otro año más y sigue. Así que vamos a tratar temas más animantes.

Acaba enero, un mes que en Pamplona  tiene un toque especial dado el "aitacho". Empezando por el primer día del mes y del año entramos, con permiso de las uvas,  con una de las canciones posiblemente más conocidas sobre Pamplona en el mundo mundial, el famoso “uno de enero”, cuyo autor fue precisamente Ignacio Baleztena a principios del siglo pasado. Y a raíz de la misma, surgen las cenas de la escalera, las misas de la escalera y toda esa preparación para nuestras queridas fiestas de San Fermín que por supuesto las viviremos, como el año pasado y el anterior.

Partitura del Uno de Enero escrita por Carmelo Cervantes. Letra Ignacio Baleztena Ascárate. Música popular con arreglos de Silvanio Cervantes.


Llegamos al día 5, víspera de la Epifanía, Reyes Magos para los amigos, en la que la cabalgata pamplonesa tiene un toque especial, o eso nos parece a los irunshemes… e irunalabas, que si no me llamarán algófobo (y ya estoy muy mayor para estas martingalas). Aprovecho para dar la enhorabuena a la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona que la mantiene actualmente, por celebrarla contra coronavirus y marea, que necesitamos vacunarnos también contra el hastío y la tristeza.

La cosa es que viendo entrevistas y reportajes parece que la cabalgata surgió al azar, como consecuencia aleatoria del Bing Bang, al igual que todo lo demás, como confirma la lógica probabilística. Pero en este caso no es así, hubo un “creador” y de nuevo fue Ignacio Baleztena. Y es que, tan ilustres monarcas, no siempre han venido en cortejo a nuestra vieja Iruña. Todo comenzó en los años 20 del siglo pasado, cuando el aitacho Ignacio comenzó a invitar a SSMM en el círculo carlista a través del rey Baltasar, con quien mantuvo siempre una muy estrecha relación, hasta el punto de que en los mentideros pamplonicas  se rumoreaba que tenían un parecido muy fuerte. Más tarde, por su cargo de Diputado foral, le tocó encargarse de los asuntos de la Casa de Maternidad. Allí acudía con fre­cuencia para enterarse de sus necesidades y para entretener y entretenerse con los niños. Así pues, posiblemente en 1926, se le ocurrió organizar la visita de los tres Reyes Magos de Oriente a la Maternidad cargados de regalos y golosinas, fiesta similar a la que ya venía realizando en el Círculo Carlista. Resultó tal éxito que, a través del periodista Perico Martín, consiguió involucrar a la Asociación de la Prensa de Pamplona en 1927 presidida entonces por Javier de Arvizu, para hacer la cabalgata extensiva a toda la ciudad, manteniendo él la relación directa con Baltasar.


Una de las primeras cabalgatas de Pamplona con Ignacio Baleztena Ascárate


El helador enero, desobediente y altanero frente al cambio climático, sigue avanzando y nos encontramos con otro evento que este año se ha visto aplazado, esperemos que no suspendido, que es “el Rey de la Faba”, una restauración de la celebración iniciada por los monarcas de nuestro viejo Reino de Navarra hacia el siglo XIII y que se prolongó hasta entrado el siglo XVIII. De nuevo en los reportajes no queda del todo claro el origen de esta recuperación, que para variar era el mismísimo Premín de Iruña, y por cierto, con similar recorrido histórico. Fue precisamente allá por el año 1920 cuando Ignacio Baleztena se propuso retomar esta ancestral costumbre cuyos orígenes él mismo investigó. Esta primera edición de la “Fiesta del Rey de la Faba” se celebró por primera vez en Pamplona en el Círculo Carlista. En 1931, el aitacho fundó la “Orden del Zaldiko Maldiko”, que la convirtió en la peña “Muthiko Alaiak” en 1934 y estas asociaciones fueron con las que siguió celebrando el Rey de la faba, extendiéndolo posteriormente a toda Navarra. Después cogió el testigo otro de sus inventos, la “Cofradía del Gallico San Cernin” en los años 1954 y 55 y; al fin, de nuevo la organizó hasta hoy el Muthiko Alaiak y la Asociación Rey de la Faba más recientemente.

Ignacio Baleztena en la celebración del Rey de la Faba que él restauró


En resumen, que si hablamos de enero en Pamplona hablamos de “uno de enero”, de cabalgata, de “rey de la faba”… y todo nos lleva al mismo aparentemente  inexistente personaje de  Ignacio Baleztena, Premín de Iruña o Tiburcio de Okabio, que lo mismo da que da lo mismo. Igual el aitacho fue un mito y nunca existió, como San Fermín, las cadenas del escudo de Navarra, la Iruña prerromana o la batalla de Roncesvalles. Quién sabe, lo dejo al sesudo estudio de los ilustres historiadores, reconstructores de la verdad, que nos abren los ojos frente al engaño que hemos sufrido durante siglos. 

Hasta la próxima entrada si Dios quiere, en que seguireos con cosas del "aitacho"


viernes, 11 de febrero de 2011

Origen del "uno de enero". Una canción que escribió Ignacio Baleztena a la Corporación Municipal en 1916

Querido lector, como comentábamos ayer al “aitacho” no le hizo ninguna gracia ser nombrado concejal del Ayuntamiento de Pamplona porque tenía miedo a tener que cambiar su espontánea y alegre forma de ser, y por los motivos explicados en la anterior entrada. Por esto para variar decidió estrenar su cargo escribiendo unos versicos a la nueva Corporación, adaptándolos como acostumbraba a músicas popu­lares, y precisamente así surgió el "uno de enero" con esta letra escrita por Ignacio Baleztena. Y naturalmente los refiere a uno de sus actos preferidos de los sanfermines: la Marcha a Vísperas. Que "esfuerzos pa ir formal" durante el ¡Riau - riau! que él mismo Ignacio Baleztena había iniciado.
             
                                   
Pon, porron, porron, pon, pon
Vamos prestos sin dilación
pon, ...
a ver pasar la Corporación.

Los concejales
con los timbales
y los ministros del clarín
van postineros
y retrecheros
el día 6 a San Fermín.

(I.     Baleztena)

Marchará Ignacio,
grave y despacio,
haciendo esfuerzos pa ir formal,
muy contristado,
pues le han gibado
con el sufragio universal.

(Domingo Eugui)

Tras la Kiliki,
Domingo Chiqui
luce su físico gentil;
y al verlo dice
una de Erice:
beguira zeiñ eder motil.

(Román Oteiza)

Al ver a Oteiza
uno de Leiza
dice "seguro es montañes".
Dije, no creo,
por lo que veo,
ese es de Triana o cordobés.

(Javier Arraiza)

Frente a Jarauta,
como una estatua,
se quedó pétrea una mujer,
ante el talante
agonizante
que se traía don Javier.

(Tomás Mata)

Al ver a Mata,
una beata
se puso hacer por la señal,
mientras decía
¡Ave María!
¡qué irresistible concejal!

(Francisco Errea)

Muy afanosa
y presurosa
marcha hacia la calle Mayor
doña Esperanza,
por ver si alcanza
ver al Paquillo de su amor.

(Martínez de Azagra)

Dice un aldeano
de Guirguillano
ese hombre gordo ¿quien es pues?
Ese es Azagra,
más de una magra
ya cenará ése si lo qu’es.

(Martínez Soria y Perico Izquierdo)

Cubre su chola
Martínez Sola
con un sombrero bien planchau,
y muy majico
marcha Perico
llevando el suyo a medio lau

.......

Y al final de cada estrofa el estribillo era:

Uno de enero
dos de febrero
tres de marzo, cuatro de abril
cinco de mayo
seis de junio
siete de julio San Fermín

Y como contaba el aitacho en una iruñería escrita el 21 de octubre de 1962, "Los concejales cesaron en sus cargos y olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música quedó con una letra que continúa y no pasa de moda: es decir, con la de «uno de enero, dos de febrero, etc.”.

Toma de posesión de la nueva corporación el 1 de enero de 1916. Noticia del Diario de Navarra del 2 de enero de 1916



Esta entrada ha sido ampliada el 18 de julio de 2025 tras la lectura de una iruñería escrita por el aitacho que narra todo este asunto de forma completa y puedes leer pinchando aquí.

jueves, 10 de febrero de 2011

Ignacio Baleztena concejal de Pamplona desde 1916

Querido lector, habíamos dejado al “aitacho” entusiasmado con su incipiente y prometedora carrera diplomática siendo secretario del consulado español en Pau. En estas estaba y se las prometía felices cuando en 1915 salió elegido concejal del Ayuntamiento de Pamplona por el Partido Jaimista (carlista), tomando posesión del cargo el 1 de enero de 1916 y este acontecimiento le truncó sus ilusiones teniendo que abandonar la carrera diplomática. Esto no le hizo ninguna gracia, pese a la alegría que le producía volver a su amada Pamplona, dado que por el nuevo cargo se temía que tendría que renunciar a sus exhuberancias juveniles, y al acercarse los Sanfermines ¿tendría que decir adiós a todo aquello: sus encierros por la calle de la Estafeta, sus alborotos, saltos, bailes... que era tanto para él? 
Posteriormente, tras las elecciones de 1917 renovó cargo y el 1 de enero de 1918 fue elegido para la primera sindicalía del Ayuntamiento de Pamplona.
Ignacio Baleztena concejal de Pamplona en 1916
No pudo evitar ironizar con unos versos - a los que solía recurrir con frecuencia para ello y con los que ponía en solfa a los concejales, diputados y a todo aquello que llamara su atención - a la nueva Corporación, adaptándolos como acostumbraba a músicas popu­lares, y precisamente este es nada más y nada menos que el origen de su canción más conocida, el "Uno de enero...". Estos versicos, primera letra de dicha canción, los colgaré en la próxima entrada, antes de tratar un tema que le tocó abordar a la vez que era edil de la vieja Iruña, y que veremos en adelante si Dios quiere

Ya sabes que puedes mandarme sugerencias a premindeiruna@gmail.com y que serán bienvenidos tus comentarios a pie de entrada.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Los sanfermines de "Premín de Iruña" (I)

SANFERMINES

Querido lector, creo que ya va siendo hora de meternos en harina sanferminera que precisamente en estos años de la vida del “aitacho” a principios del siglo XX  es cuando desplegó la mayor parte de sus actuaciones sanfermineras más conocidas, aunque siempre a lo largo de su historia fue uno de sus temas preferidos.

Para Ignacio Baleztena estas “mezetas” eran unas fiestas entrañables, queridas, y muy espe­ciales. A ellas dedicó innumerables escritos, con­ferencias, coloquios y charlas. Su estudio de los Sanfermines de antaño se ha convertido en una preciada co­lección de testimonios sobre nuestras tradicionales fiestas a lo largo de los años. Gracias a sus investigaciones pode­mos saber que no siempre se celebraron el 7 de julio, sino que por datos extraídos del archivo nos enteramos que se celebraban en el mes de septiembre, y que en 1499, por orden del rey navarro don Juan de Labrit, la fecha se cambió a principios de junio, y ya en 1591 fue cuando por primera vez se celebraron el 7 de julio, y que sólo en una ocasión las fiestas se retrasaron, y ello fue para que el gran Pedro Romero, "er Júpiter", pudiese tomar parte en las corridas del año 1796.

Pero no solo se dedicó a estudiarlas y darlas a conocer sino que sobre todo las vivió de un modo muy intenso. Dominador de cada detalle histórico de estas fiestas, cada mañana corría en el encierro, acompañaba y bailaba a los gigantes (especialmente a la reina europea a la que cariñosamente llamó Joshepamundi  y cada tarde me­rendaba en el tendido. Lo fuegos que se lanzaban precisamente desde la Plaza del Castillo, frente a su casa, era una de sus delicias, al igual que el “zezenzusko” (torico de fuego) sobre el que tanto escribió e investigó. Bailaba cualquier danza que tan bien conocía por haberlas “absorbido” desde pequeño en Pamplona y sobre todo en Leiza. Este amor a la música popular y su especial ingenio hizo que escribiera numerosas letrillas, coplas y versos. Entre estas canciones seguro que has cantado una y mil veces las más conocidas, como el "Uno de enero" o "Levántate pamplonica" y otras.

Su indudable disposición para la alegría y la fiesta que ya hemos visto a lo largo de su vida hasta ahora, fue en los sanfermines donde adquirió una mayor expresión. Además de escribir e investigar so­bre ellos, tomó parte "activísima" en las fiestas como buen mozo. Ya hemos mencionado que tenía gran afición a correr en el en­cierro, y como todo buen corredor tuvo sus percances y apu­ros. Esta afición suya fue en sus tiempos de Diputado, que trataremos más adelante, causa de escán­dalo entre la sociedad, al considerarlo poco adecu­ado a una persona con cargo público como el suyo, cosa que a él le tenía sin cuidado. Lo mismo que cuando le propusieron para ser miembro de la Comisión de Monumentos, respetable acade­mia que reunía a lo más selecto de la intelectualidad pam­plonesa, alguien le intento poner el veto con estas palabras:
           
            "¡Cómo vamos a nombrar académico a un hombre que corre delante de los toros en el encierro!".

A los encierros dedicó muchos de sus escritos, además de facilitarnos el valioso dato de cuándo se dejó de correr el encierro a la antigua usanza, es decir, corriendo a ca­ballo el abanderado síndico ante los toros, que fue en el año 1752. Se mostraba reacio a las numerosas reglamenta­­­­­­­­­­­­­­­­­ciones que, sobre todo los no corredores, pretendían impo­ner. A todos estos “prohibicionistas” de salón les escribió una diana que igual conoces, pero no su letra completa. No obstante por hoy ya va siendo suficiente y el lunes tendrás la oportunidad de cantarla si gustas.

           
Fue, asimismo, el iniciador de la costumbre que está dando tantos quebraderos de cabeza al Ayuntamiento de  acompañar los mozos a la Corporación el día 6 de julio por la tarde al rezo de las Vísperas de San Fermín en la Parroquia de San Lorenzo, entonando el "Riau-Riau". ¿Cómo surgió esta iniciativa?. Si sigues el blog la semana que viene lo sabrás.
           
Tampoco se olvidó de la vida y existencia de las peñas sanfermineras para alegrar y divertir las fiestas, y no pudo evitar la tentación de fundar una de ellas, el Muthiko Alaiak, asociación de marcada ideología Carlista en sus orígenes, pero de la que ya hablaremos más adelante ya que de momento estamos en torno a 1912.

También en fechas posteriores fue el organizador de la propaganda turística de las fiestas mediante exhibiciones de grupos folklóricos y musicales y comparsas promovidos, fundados y dirigidos por él, como el grupo de danzas municipal (en cuyos orígenes se encontraba, como no, Ignacio) y el del Muthiko Alaiak.

Imposición a Ignacio Baleztena del pañuelo de honor de la ciudad en 1969 en reconocimiento a su singular participación en las fiestas de San Fermín

Y aunque nunca fue amigo de homenajes ni cosas similares no pudo evitar que este gran interés, afición y amor por los sanfermines llevara al Ayuntamiento de Pamplona, por acuerdo de 17 de ju­nio de 1969, y "atendidos los extraordinarios merecimientos a que son acreedores y las circunstancias que en cada caso concurren por la singular participación en las Fiestas de San Fermín, a concederle el PAÑUELO DE HONOR.

Diploma acreditativo de la concesión del pañuelo de honor en 1969

Como verás, con todos estos temas esbozados la semana que viene se promete caliente para todos los sanfermineros que seguís el blog. Aprovechadla sin perderos detalle porque enseguida se solapa con la continuación de su actividad política ya más a fondo y que te iré  contando si con tu admirable paciencia sigues interesado por la vida y obra de “Premín de Iruña”. Algunos me solicitáis que cuelgue canciones y versicos del “aitacho”. Otros que hable de este o aquel tema. Todo esto ira saliendo. Gracias a vuestros amables correos a premindeiruna@gmail.com voy viendo cuales son los temas que más os interesan. Además os agradezco que dejéis comentarios a pie de cada página o en dicha dirección y sobre todo si tenéis alguna sugerencia, pregunta o lo que sea que pueda servir para enriquecer el blog bienvenido sea. Y con todo esto hasta el lunes si Dios quiere.