Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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jueves, 4 de julio de 2013

La terrible historia de Joshemiguelerico y Joshepamunda, ilustrísimos gigantes de Pamplona, por Ignacio Baleztena

Querido lector, metiéndonos ya en harina presanferminera, ya sabes la auténtica pasión que tenía el aitacho por los gigantes. Fue él precisamente el que les puso nombre, les escribió una aleluyas, investigó sus orígenes editando el libreto con su historia que ha servido de base para la mayoría de los estudios posteriores, los bailó, los siguió... Era un auténtico "gigantólogo, gigantozale y gigantolari".

Pero lo que pocos conocen es que por extraños cauces consiguió la verdadera historia de Joshemiguelerico y Joshepamunda (según el nombre que él puso a los reyes europeos) y la escribió en uno de esos papelajos que estoy venga investigar saliéndoseme los ojos de las cuencas. Ahora vas a tener la suerte y fortuna de conocer este escrito de Ignacio Baleztena, mucho sospecho que inédito hasta hoy, en el que narra la desconocida y turbia historia de estos queridos gigantes (no apta para mocetes ni cardiacos).

"HISTORIA DE JOSHEMIGUELERICO Y JOSHEPAMUNDA
 
Entre aquellos pueblos bárbaros que asolaron la Europa y el mundo todo, allá por los años 400 y pico, sobresalía por su ferocidad y salvajismo el de los Lomgobombardinos, cuyo jefe y rey don Joshemiguelerico, era tan majadero y bruto, que a su lado Atila el rey de los Hunos, resultaba un tímido chanchalán.
Para que os forméis una remota idea de hasta que punto llegaba su ferocidad, os contaré la inocente bromica que le ocurrió darle a su esposa el día mismo de la boda.


Los reyes Joshemiguelerico y Joshepamunda pasan por debajo de Casa Baleztena
Había vencido en cruel guerra al rey de los Borgoñoncetes; se apoderó de todas sus tierras y obligó a su hija la bella Joshepamunda a casarse con él. Después de la ceremonia nupcial, en el banquete, ofreció Joshemiguelerico a su esposa en una extraña copa un líquido rojo, vino al parecer. La real consorte al probarlo puso una cara más difícil que la que vosotros ponéis cuando os dan aceite de ricino, pues el brebaje sabía a demonios machacados. El majadero del rey soltó la gran carcajada celebrando su gracia y explicó a su mujer, que lo que acababa de beber era la sangre de su padre a quien acababa de matar, y que la copa estaba hecha con el cráneo del difunto. La pobre señora empezó por desmayarse y terminó por ponerse loca perdida; desde entonces le quedó esa cara que todavía luce bajo su regia diadema.

Este tío, después de vencer y humillar a cuantos reyes y emperadores ceñían corona y empuñaban cetro por Europa quiso meter en cintura al rey de los navarros llamado Iñigo Arista porque se negó a entregarle un tributo de mil kilos de chanchigorri al año. El rey Lomgobombardino juntó un numerosísimo ejército, y al frente de él vino a Navarra, jurando que con la piel de Iñigo Arista había de hacer el forro de un balón con el que jugasen al fut-bol los mocetes de las cantinas escolares de su pueblo.

Llegó a Pamplona y puso sitio a la capital. La ciudad se resistió heroicamente, pero sucumbió al fin, y el majadero de Joshemiguelerico la arrasó y pasó a cuchillo a todos sus habitantes, salvándose tan sólo unos pocos que se refugiaron en el subterráneo del Paseo de Valencia. Gracias a que a Joshemiguelerico no tuvo necesidad de entrar en él para…, que si lo hace ¡menudo salchucho que lleva a cabo!

Iñigo Arista después de estar jugando con él al aludí, alaluví por todas las calles de Pamplona gritándole en cada esquina:

Kirikotan, chapetan
eperrakuketan
baliotez

pudo escaparse. Una vez en las montañas empezó a tocar como un desesperado su cuerno de guerra
y a los belicosos sones
de la trompeta de Iñigo
acudieron los vascones
pa vencer a su enemigo

Al verse el valiente Arista rodeado de sus bravos navarros, los colocó en el desfiladero de Roncesvalles por donde debían pasar los lomgobombardinos, sitio en el que había ya su abuelo arreado la gran paliza al rey Carlomagno. Cuando las tropas invasoras pasaron por el lugar de la emboscada, les salieron al paso los guerreros navarros dando grandes alaridos. Los soldados de Joshemiguelerico se defendieron como tigres, pero los de Iñigo, aunque menores en número, atacaban como leones. La sangre corría a torrentes, por todas partes se veían sesos desparramados, intestinos que culebreaban por el suelo, cabezas que rodaban lanzando ayes lastimeros, como las bochas de casa Cholo, narices desperdigadas que estornudaban como las bocinas de gigantescos autobuses, corazones que botaban por los suelos como pelotitas del ping-pong…

A las dos horas de combate, no quedaba de los enemigos títere con cabeza, sólo permanecía en pié su fiero monarca, quien con su tajante espada abría a cada mandoble ancho y sangriento círculo en su alrededor, partiendo por la cintura a cuantos se encontraban a su alcance. Era un espectáculo horrible al par que divertido, ver la parte superior de los cuerpos partidos revolcarse por los suelos lanzando terribles alaridos de dolor, mientras que la inferior corría alocada sin rumbo fijo, chocando con los árboles y los pacíficos canónigos que paseaban por la carretera.

Al ver que la victoria podía escapársele de las manos, se adelanta el valiente Iñigo y grita a su gigante enemigo:

-¡Eh señor mío! Si es verdad que has jurado hacer con mi piel una pelota de fut-bol, aprovecha la ocasión que aquí estoy yo.

-Lo que te voy a convertir en sémola fina del primer guantazo.

- ¿A mí? ¡Miau!- Respondió Iñigo, que aunque euskaldún, era un tantico chulo.

La lucha recordaba a aquella famosísima que nos habla el Fleury del rey David contra el gigante Goliat, con la diferencia de que el navarro en vez de honda llevaba un tirabeque, que como es natural no hizo más que unas ligeras cosquillas en la frente de su enemigo.

Siguió la lucha cuerpo a cuerpo. Arista con gran agilidad saltaba como una ardilla por encima de la espada del gigante que parecía estar dando a la comba. Iñigo de vez en cuando metía hasta el puño su espada en el ombligo del gigante lo que solo producía en él el efecto de una picadura de pulga. La cosa se iba poniendo feísima y solo podía terminar con la muerte del jefe navarro. Pero un canónigo muy sabio que había en la Colegiata, al ver el mal cariz que presentaba la lucha, se encerró en la biblioteca y se empolló los 5.487 libros que hay en ella, para ver si aprendía alguna estratagema con que vencer a Joshemiguelerico. Lo que él no pudo encontrar en los libros se le ocurrió al hermano campanero, quien seguido de un lego muy fuerte subió a la torre y empezó a bandear la campana más gorda con una vertiginosidad que desvanecía; cuando más furiosas volteaban las campanas, dilín dalán, dilín dalán, le dice el campanero a su compañero: vete corriendo a la leñera y trae el hacha más grande y afilada que encuentres y vente enseguida.

Así lo hizo el otro, y siguiendo las órdenes del campanero, a la de una, a la de dos y a la de tres, ¡zas! de dos hachazos cortó el eje de la campana que salió dando vueltas por el espacio hasta ir a ponerse en la cabeza del gigante como si fuera una bimba. Cayó éste aturdido por el golpe, medio sofocado con la cabeza dentro de la campana y el badajo de ella clavado en el occipucio. Entonces, todos los guerreros se echaron sobre él y le ataron fuertemente con los intestinos de los enemigos que yacían por el suelo.

-Si me soltáis y me desencajáis este gorro que me habéis puesto os perdono la vida, gritaba el rey bárbaro.

-Que te crees tú eso, le decía su rival; antes has de jurar cumplir lo que yo te ordene.

El gigante se resistía a ello, pero a cada no que daba, sus enemigos le pinchaban con las lanzas en las plantas de los pies y le metían avispas dentro de la campana, hasta que visto que no quería rendirse, acabaron por meterle un gato rabioso que se puso tibio de arañarle en la punta de la nariz. Entonces, no pudiendo aguantar más el dolor, se rindió sin condiciones y juró cumplir lo que se le ordenase.

-Pues verás lo que deseo que cumplas. Es necesario que todos los años te presentes en Pamplona por San Fermín en unión de tu esposa y vayáis los dos bailando al son de la gaita delante del Ayuntamiento cuando va a las vísperas y procesión. Y por eso es por lo que vemos pasar todos los años a Josemiguelerico, bailando por las calles que ensangrentó cruelmente cuando tomó y destruyó nuestra ciudad.

Ignacio Baleztena"


Que curioso con lo bueno y pacífico que parece con los chupeticos colgando. Quién iba a decir que tenía tan turbio pasado. En fin, espero que hayas disfrutado de la historia absolutamente verídica, y que estés atento al blog entre que sacas la ropa blanca, el pañuelico rojo y todos los abalorios guardados en ese altillo desde el año pasado, porque aun tendremos alguna referencia sanferminera del aitacho si Dios quiere. ¡Ya falta menos!.

jueves, 19 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (y VIII)

Querido lector, finalizamos las historia que el “aitacho” escribió sobre “Y la Virgen de Ujué ¡Venga a milagriar!”, seguramente para alguna conferencia, y que hemos estado saboreando durante este mes dedicado a la Virgen. Sin más aquí te dejo con la conclusión de esta serie de entradas.


“…Y LA VIRGEN DE UJUE …
¡VENGA A MILAGRIAR! VIII

Manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar!"
 
La defensa, ya, era imposible; así es, que se oyó el ¡sálvese quien pueda! Y cada cual no pensó más que en huir por la sierra, aprovechando las sombras de la noche.

            Don Juan Villanueva, don Francisco Ibarrola y don Pedro Ozcoydi se multiplicaron para ordenar la retirada de los muchachos, y gracias a sus esfuerzos y órdenes, pudieron todos abandonar el pueblo, a excepción de cinco que cayeron muertos por los disparos del enemigo.

            Viendo ya en salvo sus fuerzas, pensaron estos valientes jefes en salvarse ellos mismos, y ya a la madrugada, montando a caballo, intentaron salir del pueblo, pero se vieron con todas las bocacalles ocupadas por el enemigo. Ibarrola y Ozcoidi consiguieron abrirse paso, pero Villanueva no pudo seguir a sus compañeros, pues su caballo, herido de varios balazos, no pudo salvar la barrera formada por los constitucionales.

            Aprovechando las últimas fuerzas de su caballo se fue por otra bocacalle, y aunque ocupada, también, por los enemigos, consiguió abrirse paso a sablazos y se lanzó monte abajo con gran peligro de despeñarse.

            Una partida enemiga de caballería, cogiendo un “alcorce” iba a cortarle el paso, cuando se presentó en lo alto del pueblo un animoso vecino de Ujué, llamado Pedro Górriz, que empezó a arrojar grandes piedras contra los constitucionales, al par que daba voces de:

            -¡Formación, voluntarios! ¡primera compañía, fuego! ¡la segunda, a la bayoneta! ¡duro a ellos, que hay que acabar con la canalla!

            La confusión y sobresalto que siguieron a estas voces los perseguidores, las aprovechó el perseguido para coger una gran ventaja; pero, a la legua escasa de carrera el caballo cayó muerto a consecuencias de las graves heridas recibidas.

            -¡Ya es nuestro! (Gritaron los constitucionales al verlo caer). Uno de ellos, que se había adelantado mucho a los demás, venía sobre Villanueva, cuando su caballo se paró en seco, saliendo el jinete disparado por las orejas, dando en el aire más vueltas que un irulario.

            Poco respiro iba a ser éste para el pobre don Juan, pues los demás soldados se le venían ya encima. No le quedaba a Villanueva otro recurso que encomendarse a la Virgen de Ujué, y con tanta fe lo hizo, que Ella, jamás sorda a los ruegos de los navarros, permitió que un caballo que andaba suelto por los campos pasara al lado del valiente Juanito de la Rochapea. Resultó que el tal caballo era propiedad del oficial realista Agustín Esparza (a) Catachuan.

            Saltó Juanito sobre él (el caballo) en un decir Jesús, y soltando un ¡Viva la Virgen de Ujué! picó espuelas, dejando a sus perseguidores con un palmo de apéndice nasal, lo que no les impidió lanzar la variadísima colección de tacos y maldiciones del no publicado diccionario del Mal Hablar, contra el fugitivo.

            Mientras huía, hizo Villanueva promesa solemne de visitar a la Virgen de Ujué al terminar la guerra con los cruceros de Tafalla, descalzo y con una Cruz a cuestas mayor que la del Humilladero.

            -¡Qué pecaus más gordos habrá hecho ese tío, cuando va descalzo con ese cacho Cruz (decían los demás cruceros al verlo subir de esta guisa)

            Pero al saber quien era, recordando el por qué de la promesa, no faltó quien refunfuñó:

            -¡Ah falso, más que falso! Ya podía haber cogido una Cruz más grande, porque ¡menudo milagro hizo con él la Virgen!"

Y así finaliza el manuscrito de mi padre en el que nos ha contado durante varias entradas cómo la Virgen de Ujué estuvo al quite protegiendo su pueblo y los ujuetarras frente a franceses y liberales que querían borrarlos del mapa. 
Ignacio Baleztena (a la derecha junto al borde del camino), gran devoto de la Virgen de Ujué, de romero a pricipios de siglo (posiblemente 1916) con el santuario al fondo.
Así que si Dios quiere en la próxima entrada podrás conocer o recordar una cosa de Pamplona...

martes, 17 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (VII)

Querido lector, seguimos con el manuscrito del “aitacho” sobre “la Virgen de Ujué ¡Venga a milagriar!”

“… Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! VII

Manuscrito de Ignacio baleztena sobre "Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar!"
Ocho años después de estos sucesos, se les ocurrió a los “conscientes e intelectuales” de la Península proclamar la constitución, y por obra y gracia de esta proclamación quedó el Reino de Navarra convertido en una simple provincia ¡Una gracia de los guiris!

            Los navarros vieron con muy malos ojos este cambio de cosas y esperaron se presentase la primera ocasión favorable, para dar al traste con la Constitución y sus defensores.

            Formose en 1821, una junta para dirigir los trabajos del levantamiento del Reino contra el moderno sistema, formado por don José Joaquín Mélida, (abad de Barasoain), don Francisco Benito Eraso (de Garinoain), don Joaquín Lacarra (canónigo de Pamplona), don Juan Villanueva (de Pamplona), don Santos Ladrón (de Lumbier), don Martín Uriz (de Sada) y el abad de Ustárroz, don Pedro Martín.

            Los sangüesinos no pudieron reprimir sus impaciencias, se sublevaron el día 7 de diciembre de ese año; rompieron la lápida de la Plaza de la Constitución y se echaron al campo sin esperar el mandato de la junta. Su ejemplo, fue imitado por los de Puente y los de Valdorva, y en un periquete por toda Navarra. Se organizaron como mejor se pudo estas fuerzas espontáneas, que mal armadas y fatigadas por las continuas persecuciones de las tropas del gobierno, fueron derrotadas en Larrainzar el día 25 de diciembre por el navarro constitucional don José Cruchaga, quien en este fácil triunfo, acreditó poseer la cualidad más honrosa y más difícil de hallar en el vencedor: la piedad y nobleza con el vencido.

            Gracias a su energía y humanos sentimientos, los soldados constitucionales no llevaron a cabo sus intenciones de lanzarse al degüello de los que, a falta de armas y municiones se entregaron sin condiciones, fiados, tan sólo, en la piedad del vencedor.

            Los que pudieron huir se dividieron en dos secciones, siguiendo, la una, a don Santos Ladrón, que se refugió en los montes de Aoiz, y a Juanito de Villanueva, los otros. Perseguidos muy de cerca estos y sin descanso por sus enemigos, se refugiaron en la villa de Ujué, fiados en la lealtad de sus habitantes y en el entusiasmo que siempre habían demostrado por el sistema tradicional. Y efectivamente, todos, hombres y mujeres, niños y ancianos, se esmeraron en proteger y cuidar a los fugitivos, llevándolos a descansar a sus casas y dándoles de comer. Y a fin de que descansasen tranquilos se comprometieron los vecinos todos a hacer las guardias por los alrededores del pueblo para observar los movimientos enemigos.

            Estos, guiados por algunos malos navarros conocedores del país, aprovechando la noche, que se presentó obscurísima, llegaron de improviso al pueblo subiendo por “lo de” Sabaiz; paraje en el que, por ser muy accidentado y muy difícil acceso, no se colocaron los suficientes guardias ¡Cualquiera pensaba que los guiris se iban a meter por semejantes andurriales!

            La defensa, ya, era imposible…,”

Pero esperemos a la próxima entrada si Dios quiere para conocer su desenlace.

viernes, 13 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (VI)

"El trece de Mayo la Virgen María bajo de los cielos a Cova de Iría"

Querido lector, hoy trece de Mayo, día de la Virgen de Fátima seguimos contando lo que el “aitacho” nos  narraba en la anterior entrada sobre la intercesión de otra advocación mariana, la Virgen de Ujué, que junto con San Sebastián echo una ayudica a los ujuetarras frente al francés, como lo verifica con una crónica que se conserva en el “Archivo del Reino de Navarra” y que transcribo a continuación:

“…Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! VI


Una crónica del tiempo, que se conserva en el Archivo del Reino de Navarra, nos refiere así este milagroso suceso:

“… La casa prioral se halla contigua a la iglesia, rompen sus puertas, amontonan en cinco estancias distintas pajas de centeno, ramas secas, jergones, sillas, etc., pero a pesar de los grandes tizones con que se empeñaron con el mayor ahínco estos tan propios combustibles no hubo fuerza humana para que prendiera el fuego; y aunque este hecho se resista creerlo a los fanáticos del día, quienes se mofan de la visible protección de Dios por medio de sus santos, muchos testigos lo depondrán con su juramento y en ellos, alguno revestido de carácter sacerdotal por lo que no hay duda se hizo patente en esta ocasión la protección de la Virgen de Ujué, en cuyo poderío se cimientan las hazañas de este pueblo.

            La furia se manifiesta en los semblantes de todos los soldados: echan mano del último recurso: un puchero de alquitrán habido de prevención; creen con este rocío llevar adelante su proyecto, ¡pero qué fútiles son los recursos de los hombres contra el poder de Dios!

            En el momento, aparece un hombre vestido de negro entre la tropa francesa sin dificultad, dirigido por Dios: nadie sabe quien es, nadie lo conoce, nadie sabe por donde vino, lo que parece imposible hallándose ocupados todos los caminos y aun el mismo término con innumerables gentes, pero lo cierto y sin disputa es que la tropa partió con tanta precipitación hacia Tafalla, que ni aun tuvieron lugar para usar del mencionado combustible.

            Digan de lo referido cuanto gusten los que se llaman filósofos del día, atribúyanlo enhorabuena al acaso a una imaginación acalorada, a causas naturales, pero su propio convencimiento se patentiza con el mismo débil base del acaso en que se funde su efímera o ninguna sabiduría, con que como locos se empeñan atacar los incontrastables arcanos de nuestra sacrosanta Religión.

            Reflexionen la incertidumbre de sus mal combinados cálculos. ¡Qué efectos tan contrarios han producido en la última guerra, a pesar de sus infalibles pronósticos con que intentaban bautizarlos!”

Y en la próxima semana continuará si Dios quiere.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (V)

“… la Virgen de Ujué,
Madre del navarro pueblo…”

Querido lector, continúo en este mes de Mayo dedicado a la Virgen, y en el entorno de las romerías a Ujué, transcribiendo este manuscrito del “aitacho” que comienza en entradas anteriores.

“…Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! V


Manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "Y la Virgen de Ujué ¡Venga a milagriar!
 
¿Y qué diremos del milagrico que ocurrió en el año 1812, cuando los franceses quisieron quemar el pueblo?

            Deseando los “gabachos” escarmentar esta villa, de la que tanto daño recibían, decidieron llevar a cabo con ella un fuerte castigo, que sirviese al mismo tiempo de ejemplo y escarmiento a cuantos pueblos de Navarra mostrasen su hostilidad a las tropas imperiales.

Bandera usada por los navarros en la Guerra de la Convención contra la Revolución Francesa y posteriormente en "la francesada", conservada por Ignacio Baleztena

            Nada mejor que un romance de “autor anónimo” podrá darnos razón del suceso, que por cierto, dio más tarde lugar (el suceso, no el romance) a mil disputas y no pocos puñetazos entre tafallicas y ujuetarros.

            Decían estos, que la Virgen de Ujué fue la autora del milagro, mientras que aquellos aseguraban que fue San Sebastián (aunque los de Ujué no se lo merecían) el que se compadeció de ellos.

            Por fin, vínose a un acuerdo. Efectivamente, San Sebastián es el que se apareció a los franceses, pero… mandado por la Virgen de Ujué…

Del castillo de Pamplona
más de mil hombres salieron
mandados por muchú Brun,
el gabacho más perverso
de todos los que mandaban
el ejército extranjero.
Quedaron en San Martín
de reserva setecientos
y los restantes llegaron
llenos de odio y veneno,
para descargar sus iras
sobre este pueblo indefenso.
-A este pueblo de brigantes,
decía el jefe extranjero,
que no quiere obedecer
a Napoleón primero,
es menester castigarlo.
Lo hais de quemar, todo entero.
Y los soldados franceses,
impíos y sarracenos,
obedeciendo el mandato,
se esparraman por el pueblo
cogiendo por todas partes
leñas, pajas y sarmientos.
Y a la casa del vicario
el combustible metieron
pues por la casa del cura
debía empezar el incendio.
-¡Virgen de Ujué, madre mía!
¿Consentirás que este pueblo,
que te alaba y te bendice,
perezca pasto del fuego?
Así, dentro de la iglesia
exclamaba un pobre viejo
que por sus años no pudo
huir con los demás del pueblo.
Y la Virgen que a Navarra
le tiene amor verdadero,
al arcángel San Miguel
y a los ángeles del cielo
les mandó, todos a una,
volar encima del pueblo.
Y con las alas formaron
tan fuerte y tan recio viento
que no consiguió el francés,
a pesar de sus esfuerzos,
encender los combustibles
destinados para el fuego.
Furioso el jefe gabacho
mandó traer un puchero
de alquitrán, de las calderas
del mismo Pedro Botero,
y mandó rociar las leñas
de alquitrán, que por lo negro,
mesmamente parecía
su alma y corazón perversos,
mientras que lleno de rabia
decía el muy sacrílego
-¡Veremos si ahora la Virgen
puede apagar este fuego!
Pero la Virgen de Ujué,
Madre del navarro pueblo,
le llamó a San Sebastián,
el santo más milagrero
que hay después de San Fermín
y San Javier en los cielos;
y le dijo que impidiese
a toda costa el incendio.
El Santo se apareció
todo vestido de negro,
y les entró a los franchutes
un miedo tan grande verlo,
que escaparon como el alma
que lleva el diablo al infierno,
y de entonces en jamás,
nunca por Ujué volvieron.

¡Y si no es esto milagro
que venga aquí Dios a verlo!
           
            Una crónica del tiempo, que se conserva en el Archivo del Reino de Navarra, nos refiere así este milagroso suceso...”

Pero para conocerlo, tendremos que esperar a la próxima entrada si Dios quiere.

lunes, 9 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (IV)

¡Virgen de Ujué, protégenos!

Querido lector, siguiendo con las entradas de este mes de Mayo dedicado a la Virgen, y en el entorno de las romerías a Ujué, te sigo transcribiendo este manuscrito del “aitacho” que comienza en entradas anteriores.

“… Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! IV

Manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar!"

 II

 Otro milagrico, y no menor, dispensó, en 1809, la Virgen de Ujué a unos cuantos vecinos, quienes no pudiendo por su edad salir a incorporarse a la División Navarra[1], hacían la guerra a los franceses por su cuenta y razón, tiroteando a los gabachos que pasaban por el camino Real de Tudela a Pamplona.


Los navarros ya combatieron anteriormente contra la Revolución Francesa en el año de 1793 (durante la Guerra de la Convención), como muestra esta bandera de esa contienda conservada por Ignacio Baleztena.
 
            En uno de estos “paqueos”, como hoy se les llama, llegó la osadía de los ujuetarras hasta el extremo de matar en las puertas de su alojamiento de Olite a un capitán francés y su asistente.

            Pero como nunca en las grandes causas falta un Judas, tampoco en esta ocasión dejó de presentarse uno, y éste fue un perdis de Santacara, borrachín y mala persona, que odiaba a los de Ujué por mil motivos, entre los que destacaba, en primer lugar, el que un mozo de esta villa le birló la novia, guapa moceta de Beire y… de posibles.


            Presentóse, pues, el susodicho, que para más parecerse  al apóstol traidor, era rojillo de pelo y alma, a los franceses y les dijo que él sabía donde se reunían los tiradores de Ujué para organizar sus fechorías; y guiados por el judicas se emboscaron los franceses “ande” las Peñuelas, término de Olite, y punto de reunión de los “pacos”. Y en efecto, no tardaron estos en presentarse tranquilos y descuidados sin sospechar el peligro en que se metían. Cuando empezaban a tomar sus posiciones, surgen, de pronto, los franceses apuntándoles a quemarropa con sus fusiles.

            Los ujuetarras, cara está, soltaron el consabido ¡Virgen de Ujué, protégenos! Y no olvidando el precepto divino de: ayúdate, y te ayudaré, acudieron a la ayuda de sus ágiles piernas arreando a correr como novillos encohetados.

            Caen los gatillos franceses sobre las piedras de chispa ¡…chis, chas…!, se producen unas chispitas que en ningún fusil prende la pólvora de la carga ¡… que si se ceba…, bueno!, no queda uno ni “p’a contalo” dado la poca distancia a que fueron hechos los disparos.

            Mientras los navarros andábamos a tiro limpio con los franceses (solía repetir uno de los protagonistas de este suceso) la Virgen de Ujué… ¡venga a milagriar, y más milagriar! Menudo quihacer le dimos a la pobrecica.”

Bienvenidos al blog a todos los ujuetarras que os estáis incorporando. Aun os quedan varias historias para disfrutar de “la Virgen de Ujué venga a milagriar” que continuaré introduciendo en las próximas entradas si Dios quiere, para después proseguir con la biografía de mi padre en 1925, que es donde nos quedamos.


[1] De la villa de Ujué salieron voluntarios a los Batallones Navarros 56 jóvenes, de los cuales murieron 20, y fueron heridos 19.

jueves, 5 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (III)

Querido lector, en relación con las romerías a Ujué, dejábamos al “aitacho” contándonos como durante la invasión napoleónica los franceses pretendían arrasar la villa de Ujué (así que para poder seguir el hilo de la historia te recomiendo que leas previamente las anteriores entradas)

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (I)

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (II)


Ignacio Baleztena como romero a la Virgen de Ujué, pintado por su hermana Mª Ysabel

… Y LA VIRGEN DE UJUE
¡VENGA A MILAGRIAR! III

manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar!"


            Y  Aconteció, que uno de los vecinos fugitivos, anciano de más de sesenta años, “canso” ya, sin fuerza para correr más, se vió alcanzado por un fornido y bigotudo que se echó sobre él dispuesto a partirle por gala en dos del primer mandoble. Resguardose el viejo tras un arbolito que por allí había, y alrededor de él, estuvo jugando al “alalubi” con el húsar, quien desesperado y furioso al par que inútiles tajos y mandobles, descargaba contra su víctima una colección variadísima de frases gruesas y epítetos galaicos, a lo que el ujuetarra, por lo que pudieran significar, contestaba enérgicamente:

            -¡Y yo en la tuya, franchute!

            Viéndose, al fin, perdido irremisiblemente, dirigió el abuelito una mirada al Santuario de la Virgen, y le pidió lleno de fe, que añadiese un milagrito más en la lista del sinnúmero de los que por sus hijos llevaba hechos. No bien había proferido su invocación, cuando distinguió medio oculta entre las zarzas del suelo una hoz abandonada.

            -Ella me la ha puesto (gritó lleno de gozo), la coge, y empuñándola valiente, sale de su escondite dando un vigoroso viva a la Virgen de Ujué.

            El húsar se precipitó sobre su presa, pero el viejo diole un quiebro, que, ni los que por aquellos tiempos daba el famoso toreador peraltes Joaquín Lapuya; y antes que el francés revolviera su montura, el ujuetarra, de un revés, desjarretó al caballo, el cual vino a bajo con gran estrépito, haciéndose el jinete trizas su napoleónica testa en la caída.

Pero como podrás suponer no acaba aquí la historia, así que como en las telenovelas, continuará…,si Dios quiere.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (II)

Querido lector, en relación con las romerías a Ujué, dejábamos al “aitacho” contándonos como durante la invasión napoleónica los franceses pretendían arrasar la villa de Ujué (así que para poder seguir el hilo de la historia te recomiendo que leas previamente la anterior entrada)


Romería de Ujué a principios del Siglo XX.

… Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! II

Manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "y la Virgen de Ujué ¡Venga a milagriar!"
            
El párroco de Ujué, don Casimiro Xabier de Miguel, alma más tarde de la sublevación de Navarra contra el invasor, se paseaba tranquilamente por la sala de su casa, breviario en mano, cuando se le presentó un vecino de la villa, diciendo:

            -Oiga usté don Casimiro, que ahí fuera está un pamplonica que pregunta por usté.

            -Bueno pues, ve y dile que me espere sentado (contestó el buen párroco uxuense, sin dar ni pizca de malicia a la frase).

            -Malicamente ha de poder hacerlo don Casimiro, pues me parece, me parece que en la corrida que se ha pegado desde Pamplona aquí, ha perdido… vamos… lo de sentarse; es un decir.

            Y efectivamente, “Chistorrica” estaba que daba compasión mirarlo. La carrera que se propinó el famoso soldado de Maratón, fue un paseo de comunidad de monjas, comparada con la que se echó al coleto el bravo lasterkari de “Chistorrica”.

            Enterado el párroco de la catástrofe que amenazaba a sus feligreses, recorrió todo el pueblo, casa por casa, a fin de que se aprestaran todos a la defensa, y si ésta no era posible, cuando menos, que abandonaran el pueblo, refugiándose en la sierra con cuanto pudieran llevarse de algún valor.

            Pero los ujuetarras, tan ternes y tranquilos, dijeron que todas aquellas historias no eran más que pavadas del pamplonica, y que no era cosa de molestarse en tomar medidas contra un peligro que sólo en la mente de “Chistorrica” existía.

            Este se desesperó, suplicó, juró por su nombre y por el de todos los chistorricas de su árbol genealógico, que lo que decía, era tan cierto como el que la Virgen de Ujué daba hijos a cuantos matrimonios iban a echar una piedra al pozo de “andalan” de la Basílica, y que él mismo, por sus propios ojos, había visto salir camino de Tafalla, cada soldau francés más grande que la torre de San Cernin… Pero, ¡que si quieres! Los de Ujué, a pesar de hallarse en julio, ¡tan frescos!

            -¡Bueno!, haced lo que se os ponga en esas cabezotas que tenéis, más duras que las bolas del portal de la Taconera; yo ya he cumplido con mi obligación… y ahora, que la virgen de Ujué y la del Camino os protejan si es que lo merecéis; ¡casquetosos, más que casquetosos!

            No bien acababa de soltar “Chistorrica” esta parrafada cuando se oyeron voces de

            -¡Que vienen! ¡ya están encima!...

            Y efectivamente, “ande” la Cruz del Humilladero, aparecieron un montón de húsares franceses, que a todo galope, venían hacia el pueblo.

            -¡Pas de grace aux bragants! Aullaba el jefe que los dirigía.

            Los vecinos de Ujué, los que pudieron, “arrearon” a correr, desparramándose por la sierra en todas direcciones, como conejos al entrar el hurón en el cado. Los que no tuvieron tiempo de hacerlo, se aprestaron a una defensa desesperada e inútil ya por lo tardía.

            Persiguió la caballería a los fugitivos, mientras que la infantería, mandada por el propio Mr. Agniel, rodeaba el pueblo con intención de entrar a degüello en él e incendiarlo. Y sin duda lo habría verificado así, si no por don Casimiro, que conocedor del idioma francés, se personó en el campo contrario, y con sus súplicas, consiguió del jefe francés, no llevase a cabo sus propósitos de muerte e incendio.

            -Me contentaré con saquear todas las casas, dijo Agniel, como gran concesión.

            -P’a lo que s’han de llevar, mejor harán en no molestarsen (dijeron los vecinos cuando don Casimiro les comunicó el resultado de su embajada).

            Y mientras esto sucedía en la villa, los jinetes perseguían encarnizadamente a los fugitivos, con ánimo de degollar a cuantos cayeran en sus manos; pero dado lo escabroso del terreno, muy apto para burlar la persecución de la caballería, y la visible protección que siempre la Virgen de Ujué a dispensado a sus hijos, sólo tres muertos y un herido fueron los que cayeron a los golpes de los feroces húsares de Francia: los muertos fueron: Antonio Pernaut, Antonio Berruelo y Juan Olcoz; y resultó herido de un sablazo y tres balas, Martín Izurra.

            Y aconteció…,

Para saber qué aconteció tendrás que esperar a la próxima entrada si Dios quiere

martes, 3 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (I)

¡Venid y vamos todos, con flores a porfía, con flores a María que Madre nuestra es!

Querido lector, cuantas veces habremos cantado (y seguimos haciéndolo) en mi familia esta canción en el mes de Mayo, mes de la Virgen, diariamente “haciendo las flores”. El 31, fiesta de la Virgen del Amor Hermoso, finalizábamos con una procesión por toda la casa que ya os contaré acercándose esa fecha. Y es que ya te habrás dado cuenta si sigues el blog que el “aitacho” era muy mariano. Como ya hemos visto celebró la Asunción de Nuestra Señora por anticipado con la Virgen del Chaparro. Aprovechando estas fechas ya te anunciaba en la anterior entrada que el domingo pasado, el primero después de San Marcos, se ha vuelto a celebrar con gran éxito y devoción la romería a la Virgen de Ujué. Mi padre era un gran devoto de esta advocación y un romero habitual de la misma. 

Ignacio Baleztena romero en Ujué en 1914

Pues con tan fausto motivo vas a poder leer el escrito original que Ignacio Baleztena realizó sobre Nuestra Señora de Ujué, posiblemente para alguna conferencia de las que daba, que posteriormente dio lugar a varias iruñerías.



“Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR!


Portada del escrito de Ignacio Baleztena

El día 14 de julio de 1808, un oficial francés penetraba en Pamplona por el portal de San Nicolás, sudoroso, polvoriento, sin sable ni pistolas, pisándose la lengua y echando por la boca todos los sapos y culebras que se criaban y criaron en el país de Richelieu, Madame de Recamier y Pierre Pouly III. 

Comienzo del manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "la Virgen de Ujué ¡Venga a milagriar!"

          Presentose ante el gobernador militar francés, Mr. D’Agoult, y le hizo relación de cómo y cuando venía camino de Pamplona, llevando en un mulo varios cálices, custodias y objetos de valor procedentes de inocentes “requisas”, amén de una jolie de moiselle, “sa femme”, según él, al pasar por el Carrascal le salieron al paso varios labradores, y los muy brigantes la emprendieron a pedradas con el mulo y la madame susodicha.

            Al verse atacado, ¡Mondiu!, sacó sus pistolas y su sable y atacó denodado a los brigantes, cansándose de matar, herir y descalabrar, hasta que roto el sable, sin municiones con qué cargar sus pistolas, se vio obligado a retirarse, perdonando la vida a sus agresores, pero dándoles siempre cara, como, ¡Diuvivant!, acostumbraban hacerlo los gascones.

            -¿Y el mulo?, ¿y las riquezas?, ¿y tu… femme? (gritó indignado el gobernador ante las fanfarronadas del gascón).

            -De toutes choses, respodió altanero el compatriota de Cyrano, je dire comme mon camarada Francois 1er., ne n’est demeuré que l’honneur…

            -¡Y tu inútil vida! ¡sapristi! (terminó colérico D’Agoult). ¿Y de qué pueblo eran esos brigantes?

            Aquí el oficial francés empezó a hacer gárgaras. Quiso pronunciar Ujué, ¡pero vaya nombrecito para ser pronunciado por un hijo de Pepino el Breve, por muy gascón que sea!

            Por fin, después de varias tentativas, pudo aproximadamente decir a su general el nombre del pueblo, y D’Agoult, enseguida, dio las órdenes necesarias, para que, sin perder momento, una columna de infantería y otra de caballería, al mando de Mr. Agniel, saliesen a quemar Ujué y degollar a sus habitantes.

            La noticia de la salida de estas fuerzas y sus designios llegaron a oidos de algunos pamplonicas, buenos y entusiastas patriotas, y uno de ellos, Juanito Goñi, (a) “Chistorrica”, salió como quien no quiere la cosa camino de Mutilva, por Ochandazubi, y ¡tipi, tapa, tipi, tapa! En una corridica se plantó en Ujué en menos que canta un gallo, para prevenir a los ujuetarras del tormentón que se les venía encima…”

Y para saber como sigue esta historia tendrás que esperar a la entrada que viene si Dios quiere.

jueves, 13 de enero de 2011

El Riau Riau a principios del siglo XX


Título manuscrito por Ignacio Baleztena en una carpeta que contiene documentos que él conservaba sobre el Riau - riau

Querido lector, en los días anteriores te contaba como Ignacio Baleztena fue el "inventor" del ¡Riau - riau! y además elaboró unas coplicas que fueron la primera letra del mismo. Pero también escribió otras cosas, algunas inéditas, que se encuentran recogidas entre los miles de papeles que dejo tras su fallecimiento el "aitacho". Entre ellas está este manuscrito que reproduzco a continuación, en el cual nos cuenta como era el ¡Riau - riau! de su época, y cómo lo veía su propio iniciador, es decir "Premín de Iruña". Es posible que lo copiara de algún artículo de la época ya que no había fotocopiadoras. No es su estilo propio de escribir pero todo puede ser.


Manuscrito sobre el ¡Riau - riau! escrito por Ignacio Baleztena pag. 1

Entre la multitud que acompaña a la comitiva de gigantes, enanos, ediles y cabezudos, destácase un bohemio de pintarrajeado marsellés, de tez morena, labio grueso ligeramente gris, ojos negros y negras y encrespadas guedejas, tocando el clásico tum tum…

Allí van apiñadas y confundidas todas las clases sociales; y entre las muchas personas que no tienen nada de particular, figuran tipos de estudiantes, de esos que habiendo pasado el año en los centros de enseñanza, disfrazándose así, llegan días antes de las fiestas entre otras quizá menos inocentes, con la ilusión de lucir en las vísperas la última extravagancia de una moda no muy conocida aún;...

Manuscrito sobre el ¡Riau - riau! escrito por Ignacio Baleztena pag.2

...el alumno de la academia militar con su flamante uniforme en compañía de su mamá, que ebria de gozo,  ve reproducidos el mismo aire marcial y bizarro continente de su difunto Bravo, el cual, el chico, por supuesto, mira a un lado y otro por si algún soldado se descuida en saludarle, para contestar con gravedad impropia de sus pocos años; americanos de acá y de allá, abaneros y argentinos que vienen por estos días a renovar recuerdos de tiempos peores, cuando no habían hecho su suerte, no podían esperarlo sin sufrir algunos años la nostalgia del país; el médico de valle y de cendea, que habiendo tenido la fortuna de nacer aquí, se queja que los de fuera ocupen su plaza; ...
Manuscrito sobre el ¡Riau - riau! escrito por Ignacio Baleztena pag.3
 ...los doctos de las demás clases que diariamente reparten en llanos y montañas el abundoso pasto de su erudición, poco conocida y peor recompensada; el montañés cerrado, el ribero, muy abierto, dos hermanos que sólo se parecen en ser hijos de la misma madre; el aldeano de la Cuenca, hijo intermedio, de formas angulosas, pero de ideas muy circulares; riojanos, aragoneses, vascongados, navarros, más o menos insertos en otras regiones, que de todas partes, atraídos por el amor a la tierruca, nos visitan durante las fiestas; acaudalados y menesterosos, trajineros y feriantes, toreros y cómicos con otros muchísimos tipos del país y extranjeros, continentales y ultramarinos ...

Manuscrito sobre el ¡Riau - riau! escrito por Ignacio Baleztena pag.4
... pueblan toda la larga extensión de la calle Mayor, y el arroyo, y las aceras, y los balcones se hallan atestados de gentes que esperan al Ayuntamiento o le acompañan hasta la iglesia.

Como en la gran Toledo del poeta, todo es animación y júbilo, y a cada paso hay que detenerse para cambiar una mirada con el amigo a quien todos los días se ve, a estrechar la mano a quien no se ha visto en muchos años: ¿Qué haces? ¿qué eres? ¿te has casado? ¡qué joven que estás! ¡Ah! ¿te acuerdas? Qué tiempos aquellos…

            - ¡Qué brutos!, exclama un figurín de

Y aquí, cuando más interesante se estaba poniendo se acaba la pista de estas cuartillas y nunca sabremos que era lo que decía el figurín ante el avance del ¡Riau - riau!, pero sí que hemos conocido un testimonio de primera mano posiblemente único para conocer como era este acto en sus orígenes. Tan distinto y tan parecido al que nosotros hemos conocido.

No obstante no es el único escrito del "aitacho" al respecto. Como ya hemos dicho durante años se produjeron prohibiciones, multas y se formaron dos bandos: pro ¡Riau - riau! y anti ¡Riau - riau!. Qué raro en nuestra recoleta Iruña ¿no?. ¿Lo llevaremos en los genes?. Pues Ignacio Baleztena, como veremos coleccionó y copió varios textos al respecto de ellos en los que hacía anotaciones al final de los mismos.  En estos comentarios se responde a una cuestión ¿Se sentía orgulloso de su "invento" o se arrepintió de su iniciativa?. Pero para saberlo tendrás que esperar a la semana que viene si Dios quiere, que las cosas sientan mejor en pequeñas "diócesis".

Gracias por vuestros comentarios a pie de cada entrada y los cariñosos ánimos y sugerencias que me transmitis a premindeiruna@gmail.com