Querido lector, el pasado 23 de julio, mientras estábamos disfrutando de un tranquilo veraneo con la familia en Leiza, a las 7.30 de la mañana sonó el teléfono para darnos una muy triste noticia. Mi hermano Miki (Miguel), el pequeño de los 10 hijos del aitacho acababa de fallecer de manera inesperada en un hospital de Salamanca, donde ha vivido los últimos años de su vida junto con su querida esposa Valva que ha quedado profundamente consternada. El disgusto fue mayúsculo, uno de esos revolcones que te da la vida. Esa mañana nos reunimos mi hermano Caco (Carlos) que estaba también en Leiza con su hija Isabel, para afrontar la noticia. Dado que por motivos de salud no podíamos trasladarnos a la ciudad donde estudió nuestro padre y había fallecido nuestro hermano, decidimos quedarnos en este pueblo de la montaña navarra y ofrecer una Santa Misa en el mismo por su eterno descanso. Ese día pudimos reunirnos los tres hermanos, Caco, Bollo (Luis) y yo y así el trago fue algo más digerible. Fue providencial que nos pudiéramos juntar en Leiza para ese momento. Desde entonces todas las misas de Leiza han sido ofrecidas por el eterno descanso de nuestro Miki, hasta la Misa Mayor de ayer domingo. Precisamente él había dicho que quería ser enterrado en este pueblo en el que tanto disfrutó y que tan buenos recuerdos le traía y allí reposaran si Dios quiere sus cenizas. Se ruegan oraciones por su alma.
Se nos ha ido el más ingenioso, con esa gracia tan pamplonica y ese corazón tan grande. Era imposible discutir con él porque todo lo tomaba a chirigota. Y justo en vísperas de los santibucios, fiestas que tanto disfrutó.
Confiamos en que con la ayuda de la Virgen del Chaparro la mamita y el aitacho le reciban en el Cielo con un abrazo muy grande y así pueda animarlo con su humor.
Valva, mi más sincero pésame de corazón.
Con mi hermano Miki en las fiestas de San Tiburcio de Leiza
Miki Baleztena Abarrategui, el benjamín de la familia
Familia Baleztena Abarrategui. Miki el de más abajo
Miki, descansa en Paz. Mañana si Dios quiere intentaré introducir más fotos
Añadido 30-7-2024
Miki Baleztena en una Semana Santa en Pamplona. El de la derecha con gabardina blanca
Miki Baleztena en lo que fueron los salones de Casa Baleztena con el resto de hermanos. Él es el de la barba
Hermanos Baleztena Abarrategui en la Boda de Tomás Baleztena en el jardín de Leiza. Miki el de la barba
Miki Baleztena y su mujer Valva. Juntos hasta el final
Querido lector, en la anterior entrada veíamos cómo los hijos del aitacho y la mamita íbamos creciendo y
haciéndonos hueco en la vida, quedándose el hogar Baleztena Abarrategui cada vez
algo más vacío, y seguimos con este tema, que nos servirá para entender futuras
entradas sobre la biografía del aitacho.
Joaquín tras
acabar Bachillerato decidió ir también a Madrid donde comenzó estudios de
perito agrícola durante un año, pero cambió de idea y se trasladó a
otra ciudad a probar con los estudios de perito avícola, volviendo finalmente a
Pamplona.
Sylvia
(Silvita) vivía a caballo entre Pamplona y Madrid donde pasaba largas
temporadas. Finalmente en Pamplona montaría un taller de modista y una boutique
de moda llamada Lady & Shock que fue víctima de un atentado de la banda
terrorista ETA en 1978 mediante una bomba contra dicho comercio[1].
Mientras tanto
Ignacio (Tatito) dejó el Seminario al ver que no era su vocación, y yo tras
ingresar en Loyola para finalizar mi formación como jesuita, cuando ya iba a ir
de misionero a Venezuela, también vi que no era lo mío. Ninguno de los dos
llegamos a ordenarnos. Ignacio se fue a Bilbao a estudiar marina mercante,
llegando finalmente a ser capitán. Vivió en Pamplona una temporada y definitivamente en Bilbao, aunque durante épocas muy prolongadas estaba embarcado. Yo ingresé en el Estudio General de Navarra
(embrión de la Universidad de Navarra) siendo de la segunda promoción de
Filosofía y Letras. Tras trabajar como profesor de los Escolapios, acabé siguiendo el camino de mi padre como archivero en el Archivo General de Navarra aprobando la oposición a ello.
En esa segunda mitad de los años 50 Luis
(Bollo) le transmitió a la mamita su posible vocación sacerdotal, la cual fue
desechada con un “Imbécil, no me hagas hacer el ridículo más, bastante hemos tenido con tus dos hermanos, así que primero
estudias”, por lo que estuvo en en un internado de frailes en Vitoria con su hermano Miguel hasta
que acabó el PREU (los estudios preuniversitarios). Como ya vimos Miguel fue a cabar los estudios a Madrid y Luis y yo hicimos la mili juntos, yo como alférez de milicias y el como gastador. Al acabar el servicio militar se fue a estudiar
aparejador inicialmente a Madrid yal
finalizar la carrera se asentó en dicha ciudad hasta su jubilación.
De izquierda a derecha: Sentados: Carlos, Ignacio con uniforme de marino mercante y Joaquín De pie: Javier de alférez de milicias, Cruz, Miguel y Luis con uniforme de la mili
Cruz en 1954 mientras estudiaba Comercio finalmente convenció a “los aitachos”, que no
estaban muy por la labor, para realizar estudios artísticos y viajó para ello a
París, donde viviría los siguientes 5 años estudiando bellas artes en Métiers
d´Art. Posteriormente tras una breve época en Pamplona terminó viviendo en Madrid. Fue un reconocido decorador de cine (director artístico),
dando finalmente el salto a la televisión[2].
Foto tomada con motivo de la muerte del tío Joaquín Baleztena Ascárate en 1978 De izquierda a derecha Sentados: Javier archivero en el Archivo General de Navarra, Rosario relaciones públicas de Sniace, Sylvia propietaria de una boutique, Mª Isabel e Ignacio capitán de marina mercante De pie: Carlos arquitecto, Luis aparejador, Miguel empleado en la academia de arquitectura de Carlos, Joaquín y Cruz decorador de cine
Mª Isabel
(Maisabelica) al tener un retraso mental debido a su epilepsia desde la infancia
se quedó al cuidado de mis padres en la casa familiar.
El aitacho, gracias a su “pluriempleo” como archivero en el Archivo General de Navarra que es lo que
laboralmente le apasionaba y su principal fuente de ingresos, también como director del
Museo de Navarra y con lo poco que recibía por sus colaboraciones en su sección
“Iruñerías” del Diario de Navarra, vio cómo iban saliendo sus hijos adelante. Nada hubiera sido posible sin la mamita. Nuestros padres nos transmitieron además de la vida lo fundamental que
querían para nosotros, la Fé católica y los medios para que pudiéramos seguir nuestro futuro por nosotros mismos, bajo la protección de la Virgen del Chaparro con
su lema “cuan buena es la unión de los hermanos”. Ese era el proyecto, una
familia unida por el amor y la Fé aunque por circunstancias de la vida cada uno
fuera viviendo su propio camino. El aitacho también nos impregnó su amor a
Navarra, a los Fueros y a las Españas desde la óptica carlista con lealtad a D
Javier de Borbón Parma.
Ahora llegaba
la hora en que los hijos, con la libertad que siempre nos habían dado mis
padres, tomáramos nuestras propias decisiones en la vida. Aunque me haya centrado en lo laboral para explicar las idas y venidas, el orden de valores transmitidos por mis padres es el que figura en un cartel de la biblioteca: Iglesia, familia y trabajo.
Y en la próxima
entrada si Dios quiere veremos otra anécdota sin desperdicio de la vida del aitacho.
[1] El País.
6 nov 1978. https://elpais.com/diario/1978/11/07/espana/279241231_850215.html#
[2] Burillo
Patxi, Cruz Baleztena. Filmoteca Navarra. Pamplona 2022.
Querido lector, tras celebrar el
día de la Virgen del Pilar nos encontramos en pleno octubre, mes del rosario,
en el que existen bonitas devociones centenarias al respecto en nuestra querida
Pamplona, como destacan el Rosario de la Aurora y el de Los Esclavos. Se han
transmitido desde hace generaciones de padres a hijos y así como a mí me las
enseño el aitacho yo se las enseño a mis hijos y nietos.
En este Rosario de Los Esclavos de este 14 de octubre de 2023 participamos hijos de Ignacio Baleztena Ascárate (Luis y yo), nieto (Joaquín Baleztena Gurrea) y biznietos (José y Joaquín Baleztena Mateo)
Pues bien, al calor del hogar en
la sukalde[1]
asando castañas en el tamboril, esta época se presta a contar pequeñas
historias sencillas y cotidianas como la que vamos a ver hoy.
Asando castañas con el "damboril" en Leiza
Este pequeño
episodio nos lo contó mi hermano Luis[2]
recientemente. Yo no recuerdo haberlo vivido, posiblemente porque estaba
estudiando en Javier en esa época.
Normalmente siempre que se podía
nos reuníamos toda la familia para comer o cenar en el comedor de Casa
Baleztena.
Mi padre Ignacio tenía múltiples
cualidades, muchos conocimientos, un ingenio muy agudo y una capacidad de
improvisación rápida, con un humor socarrón. Pero entre ellas, aunque parezca
mentira, no se encontraba la de tener gran fluidez de palabra a la hora de
contar historias, con lo cual si perdía el hilo de una narración le costaba mucho
volver a retomarlo, y en esas reuniones era frecuente que le interrumpiéramos y
se quejara de que no le dejábamos hablar. Ahora me apena no haberle escuchado
más todo lo que sabía y “haberle aprovechado” más en sus paseos por Pamplona,
sus ofrecimientos a enseñarme cosas curiosas que él conocía, rincones,
historias...
Pues bien, nos contaba Luis
(Bollo para la familia) en una celebración en casa de mi hijo y su familia que “en la sobremesa de una de aquellas comidas
familiares mi padre estaba contando una de sus interesantes anécdotas con las
que amenizaba la mesa, y precisamente en ese momento la mamita[3], más
pendiente de atender la mesa y a todos los hijos que de escuchar lo que estaba
diciendo mi padre, interrumpió para decir algo acerca de la comida o de algún otro
tema. El aitacho perdió el hilo y le dijo:
-Carmen por
favor, ya sabes que no me gusta que me interrumpan porque pierdo el hilo de la
conversación y se me va la historia de la cabeza.
Mi madre contestó inesperadamente
-Pero
Ignacio, es que no callas nunca, eres un pesado – cosa con la que por cierto estaban bastante de acuerdo el resto, cada
cual hablando de sus cosas.
Esto hizo que mi padre mesuradamente se levantara, se limpiara con la
servilleta y se fuera del comedor, acto que causo esta vez sí silencio y
conmoción porque no era su forma de actuar. Ante esta inusual conducta la mamita
rompió el silencio y empezó a llorar diciendo que era la primera vez que habían
reñido de esa manera desde que se casaron, y eso hizo que todos los hijos
presentes comenzaran a aplaudirle, lo cual produjo otra reacción aún más
inesperada:
-Pues que
sepáis que no le cambio a él por ninguno de vosotros – dijo mi madre.
Y esta afirmación indujo que le aplaudieran aún más fuerte ante ese
testimonio de claridad de ideas respecto a la familia que valía más que mil
conferencias sobre el tema.”
Posteriormente supongo que lo
habrían arreglado entre ellos a solas, pero lo cierto es que esta pequeña
anécdota íntima refleja el ambiente de familia que vivíamos en casa y puedo
testimoniar que aunque parezca increíble en esta sociedad actual nunca les vi
pelearse ni tener un desprecio del uno hacia el otro.
El aitacho (Ignacio Baleztena Ascárate) sentado en el centro y la mamita (Carmen Abarrategui Gorosabel) abrazándole detrás, estuvieron muy unidos toda su vida. Esta foto es de una celebración familiar de una época posterior al relato narrado
Agradezco mucho a mi hermano Luis
que nos contara esta sencilla anécdota. Comenzábamos diciendo que tenía un
ingenio muy agudo y una capacidad de improvisación rápida, con un humor
socarrón, que en muchas ocasiones le libró de apuros serios y menos serios,
como veremos en la próxima entrada si Dios quiere.