Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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martes, 26 de septiembre de 2023

El Privilegio de la Unión según Ignacio Baleztena III. Rivalidades entre los burgos

 

Querido lector, la mejor presentación de esta entrada es que leas la anterior pinchando aquí, o no entenderás nada porque son dos iruñerías del aitacho que van seguidas una de otra, en torno al Privilegio de la Unión, así que sin más preámbulo vamos a ello:

“EL PRIVILEGIO DE LA UNION – II

Rivalidades de los barrios

            Todos los habitantes de cualquier que fuesen eran muy brutos y un tantico majaderos ; por la cuestión más insignificante la emprendían a zartakos[1] y muturrekos[2] los unos contra los otros, y ni al rey ni a los guardias de la porra[3] les era posible separarlos, ni hacerles entrar en razón. Además eran chatos en su inmensa mayoría; pues como siempre andaban a ñeque[4] limpio y a mamporro sucio, se ponían las narices como castañuelas (sicut crótala[5], dice el original).

            Cuando los de un barrio jugaban contra otro al foot-ball[6], no terminaban nunca el partido, pues, antes de finalizar el primer tiempo, la mayoría de los jugadores se hallaban en la Casa de Socorro luciendo una rica variedad de contusiones, heridas, fracturas, erosiones, moraduras, cardenales y otros mil deterioros epidérmicos. En cierta ocasión un delantero de la Navarrería, de un puntapié “incaló” al árbitro en el pararrayos de la torre izquierda de la catedral. Mirando bien con unos prismáticos, aún puede verse en la punta del pararrayos el silbato del árbitro que quedó allá enchufado y que no ha podido ser extraído por más esfuerzos que para ello hizo el despachaperros de la catedral.

            Si los mocés[7] del barrio jugaban al “chis”[8], iban callandico los de otro y les choraban[9] el carrete y las ochenas[10]. Pero la más gorda se armó en ocasión en que estando jugando barios mukizus[11] del barrio de San Miguel al irulario[12] en lo de Argaray, sacaron un ojo al alcalde de San Cernin, que se paseaba tan orondo por aquellos contornos. Los chicos se acercaron al interfecto dándole excusas mil y augurándole que no era nada lo del ojo; pero, ¡que si quieres!, la deteriorada autoridad municipal, sin atender a las justas razones del moceterío[13], empezó a quejarse y a berrear como un energúmeno. A sus alaridos fueron “reuniéndosen” todos los vecinos del Burgo y empezaron a dar mueras y a mentar de mala manera a los árboles genealógicos de los de San Miguel, diciendo que lo del ojo había sido intencionado; y armándose de palos y piedras, la emprendieron contra las farolas y escaparates del barrio, no dejando vidrio sano en toda la vecindad.

            Los de San Miguel pidieron auxilio a sus vecinos de la Navarrería, y los de San Cernin a los de San Nicolás; y un domingo, después de misa parroquial, salieron todos fuera de puertas[14] dispuestos a deteriorarse el físico y a romperse la crisma, según el gusto del consumidor.

La gran batalla de Erleteguieta

            A los de la Navarrería y San Miguel les dirigía un caballero muy bruto y majadero llamado García Almoravid, y a los del otro bando, un francés que se llamaba, o mejor dicho, a quien llamaban Eustaquio de Beaumarché; que en lo de majadero y bruto en nada se dejaba aventajar del primero. Lo único que les diferenciaba era que uno lanzaba interjecciones vasco-hispánicas, y el otro parloteaba en provenzal.

            Empezó la batalla tirándose a las cabezas pedruscos y arricozcorres[15]. Un ladrillo lanzado por un caracolero de la calle de Lindachiquía vino a dar de lleno en el ojo izquierdo del presidente de la comisión de Gobierno del barrio de San Miguel, quien al frente de los ministros, serenos y perrero del barrio, todos ellos con cascos emplumados, se habían adelantado imprudentemente a sus demás compañeros. Salió el ojo disparado como un cohete y vino a encajarse como anillo al dedo, en el hueco que dejó el irulario de marras en la rubicunda faz del alcalde de San Nicolás; quien, merced a este incidente, dejó de ser tuerto, aunque quedó con un ojo azul y otro castaño, como esos perricos de rabo en interrogante que acompañan a los curas viejos de pueblo cuando pasean por la carretera.

            Agotadas las piedras la emprendieron a garrotazos, y rotos los garrotes se acometieron a cabezada limpia como los carneros. Y así, de esta manera tan entretenida, arreándose zartakos, mamporros, ñeques, trompazos, ostikos[16], coces y patadas les cogió la noche y se fueron todos a descansar y curarse los chichones y cazcatacos[17] que se hicieron durante la refriega.

            Hoy día, cuando en el ensanche se hacen los cimientos de las construcciones y viviendas, suelen aparecer por doquier dientes, muelas, algún peroné que otro y otros artefactos corpóreos, rotos y desprendidos ¡ay! de sus alvéolos en aquel día memorable.

El Privilegio de la Unión

            Así pasaron varios años sin que las cosas llevaran camino de amigable arreglo, hasta que vino a reinar en Navarra un gran rey, sabio, justo y bueno, llamado Carlos el Noble, a quien con tantos ruidos y pendencias le tenían asaz fastidiado, pues no le dejaban dormir tranquilo la siesta, y aún había veces, en que las piedras que se tiraban a honda de barrio a barrio, llegaban hasta palacio y le rompían los cristales del mirador y las macetas de geranios que su mujer, doña Leonor, cuidaba para ganar el premio de balcones engalanados.

             Por todo lo cual, y sobre todo porque un día le mataron de un tirabecazo[18] un tarín[19] por el que sentía gran cariño y que pensaba cruzarlo con una cardelina, decidió poner coto a tanto alboroto y tanta pendencia; y llamando a los alcaldes de todos los barrios a su real y soberana presencia, les armó el gran trépele; item más, ordenó que se les diese a todos ellos una gran zurra a pajarero limpio[20] en plena plaza del Castillo, mientras interpretaba la Pamplonesa el conocido vals de Astrain, vulgo el ¡riau, riau! Otro sí, ordenó y mandó que desde entonces se uniesen todos los barrios formando una sola ciudad, con un solo Ayuntamiento, un solo alcalde, con unas mismas leyes y ordenanzas, las cuales, fueron conocidas con el nombre de “Privilegio de la Unión”.

             Les señaló también el escudo de armas oficial de la Ciudad, que no paso a describir, pues todos los años aparece en los carteles de San Fermín, aunque las más de las veces erróneamente interpretado. Y en memoria y recuerdo de haber puesto verdes a los alcaldes en la bronca que les armó, dispuso que la bandera de la Ciudad, que tan jacarandosamente lleva el síndico en las procesiones y otros actos oficiales, fuese del susodicho color.

             Aunque no consta en el texto del Privilegio, se sabe también, que dio varias disposiciones, hoy no cumplidas, sobre la forma y manera en que la Corporación municipal había de ir el día 6 de julio a San Lorenzo para oír devotamente las vísperas de García con acotaciones de Remacha.

             En un principio dio órdenes muy terminantes sobre si era lícito o no corear el público al ¡riau, riau! y hasta se dieron terminantes órdenes al jefe de municipales Lasheras, para que denunciase a quienes quebrantasen dicha orden, sobre todo si eran señoritos. El varias veces citado palimsesto, que de todo esto había, trae un romancillo que se adaptaba a dicha música y que era entonado por la jolgoriosa  juventud en dicho día y ocasión:

 

Qué majos y qué elegantes

marchan nuestro concejales

precedidos de gigantes

gaitas, chistus y timbales.

Os recomiendo de veras

que tengáis mucho cuidau

de que no os multe Lasheras

por gritar fuerte ¡Ria,riau!”

 

            En vista de que los bandos editados a este efecto eran sistemáticamente desobedecidos, con gran aplauso del vecindario consciente, se dejaron de publicar, y quedó entonces el pueblo soberano en libertad de riaurrizar cuanto le viniese en ganas, sustituyendo el romancillo que hablaba de prohibiciones por otro de loa y alabanza a la Corporación:

 

Estos tubos relucientes

y estos fraques tan planchaus

al verlos dice la gente

¡rediez lo que habrán costau!

ni en París ni en los Madriles

ni en San Luis de Potosí

se encuentran unos ediles

más majos que los de aquí.

 

            Esta es señores y señoras, y no otra, la historia de las luchas barricidas, y de su feliz terminación durante el reinado del gran Carlos III, en el año de gracia del 1423, que en realidad lo fue de gracia y de justicia; sin embargo, existen sesudos historiadores que relatan esta verídica historia de muy diferente manera.

Tiburcio de Okabío

(13/8/1953 – D.N.)”

                Y hasta aquí la apócrifa historia del Privilegio de la Unión según Ignacio Baleztena y su imaginativo cacumen. Para entender las referencias al riau riau te recomiendo que pinches aquí

            Y así con tan poco juicio acaba mezclando su invento del Riau riau, con el Privilegio de la Unión, con los churros de la Mañueta, con los choriarrapazales y los pisatinteros, el despachaperros de la catedral… en un relato que sigue exhaustivamente un pintoresco método científico de investigar en Historia.

Es curioso cómo en los escritos del aitacho se mezclan palabras de origen vasco, latín, términos locales, francés, inglés, expresiones de su época, jerga particular… y todo ello escrito para divulgación popular, con lo cual entendible al gran público de aquella época. En este aspecto es especialmente interesante el trabajo titulado "Ignacio Baleztena "IRUÑERÍAS"" de M Teresa Alcocer Saz, dirigida por Pedro Lozano Bartlozzi, en 1983 (Alcocer Saz, MT. Ignacio Baleztena "IRUÑERÍAS". Pamplona 1983). Sería un reto seguir profundizando en el saco sin fondo que son las "iruñerías" desde el punto de vista histórico, periodístico y filológico. Entre otras cosas se aportaría mucho al lenguaje que se hablaba en Pamplona en el siglo XX y a un estilo perióstico muy peculiar.

Para finalizar la entrada para ahondar de forma popular y entretenida en el Privilegio de la Unión te dejamos este vídeo de una representación teatralizada del mismo, realizada por el grupo de danzas y teatro de la Peña Mutilzarra. Hasta la próxima entrada si Dios quiere.





[1] Golpazos (del vasco)

[2] Puñetazos (del vasco)

[3] Municipales (localismo)

[4] Señalados, marcados (localismo)

[5] Como castañuelas (del latín)

[6] Fútbol (del inglés)

[7] Niños (localismo)

[8] Juego sobre secuencias numéricas

[9] Robaban (del caló)

[10] Moneda de 10 céntimos de peseta

[11] Mocosos (del vasco)

[12] Juego con dos palos. Uno golpeaba al otro y salía disparado dando vueltas

[13] De mocé. Moceterío es grupo de mocés (niños). Localismo

[14] Extramuros, en Pamplona se utilizaba mucho “fuerapuertas” indicando “a las afueras” de la ciudad, “a las afueras” de la muralla.

[15] Piedra dura (del vasco)

[16] Patadas (del vasco)

[17] Golpes en la cabeza, chichones (del vasco)

[18] Piedra tirada con tirabeque o tirachinas

[19] Pájaro cantor, como canario silvestre. (del “cántabro”)

[20] Paliza en el culo al aire

sábado, 6 de julio de 2013

Ignacio Baleztena y los orígenes del Riau Riau


Querido lector, hoy 6 de Julio. Todo dicho. El aitacho disfrutará junto con San Fermín de lo que queda de un acto queda de los que más le gustaba. Y como se oyen tantas teorías quiero aclarar y resumir la historia de los orígenes del Riau Riau iniciado por mi padre. Nada de enfrentamientos ni reivindicaciones en su origen. Fiesta popular en esencia pura. Y si no leed:

Riau riau de los años 70. Mi hijo Joaquín, futuro fundador de la Peña Mutilzarra, biznieto de Ignacio Baleztena, a hombros en el Riau Riau.
 Es muy difícil conocer cuándo comienza realmente una tradición que es popular y espontánea, precisamente por esto. Quién iba a saber que iba a tener importancia esta ocurrencia de mi padre Ignacio Baleztena Ascárate. No obstante, a raíz de estar escribiendo este blog sobre su vida y obra, me he tomado un poco de tiempo en averiguar cuándo fue, realmente, el primer ¡Riau-riau!, mirando antiquísimos y escondidos documentos y palimpsestos en oscuros archivos y…. nada en concreto. El único dato que tenía era lo que decía mi propio padre: que ocurrió el suceso en torno a la “hazaña” con Malumbres en el encierro. Y precisamente, investigando para el mencionado blog “Premín de Iruña” di con una reseña del Diario de Navarra de 12 de julio de 1962 en la que les entrevistaban a Malumbres y a Baleztena sobre este tema, y así, descubrí que cuando entraron en la plaza vestidos de ingleses fue en  1912. Con este dato podemos afirmar, si las matemáticas no fallan, que el primer ¡Riau-riau! fue entorno a 1911 año arriba año abajo. En ese año, las crónicas ya hablaban del “tradicional vals, peculiar y exclusivo en el acto”; aunque este vals ya llevaba interpretándose, desde hacía algunos sanfermines, en la Marcha a Vísperas. La marcha del Ayuntamiento en Corporación a las Vísperas de San Fermín es muy anterior al ¡Riau-riau! Lo que inicia “Premín de Iruña” es la costumbre de gritar ¡Riau-riau! y corear la música bailando lo que desembocará en el alegre acompañamiento de la mocina a sus ediles.

El primer Riau Riau en torno a 1911

Así que, Ignacio Baleztena fue el iniciador de la costumbre que tantos quebraderos de cabeza ha dado al Ayuntamiento de entonar Riau Riau y bailar acompañando los mozos a la Corporación, que con maceros y timbales, banda de música, gigantes y cabezudos marchaban el día 6 de julio por la tarde al rezo de las Vísperas de San Fermín en la Parroquia de San Lorenzo.

Frecuentemente se ha dicho que como la corporación era liberal un grupo de carlistas intentaba molestarles al acudir a vísperas, pero él siempre nos contó que realmente todo fue mucho más sencillo, ya que ni la corporación era sólo liberal, ni todos los amigos de mi padre eran carlistas.

Ignacio Baleztena se reunía en el Café Iruña de la Plaza del Castillo con sus amigos, una peña de mutilzarras, como ellos mismos se llamaban, con los que cantaban canciones para desesperación de los jugadores del seis doble, también llamado dominó. (Desde 1912 pasaron a reunirse en el recién estrenado “Café Kutz” conociéndose como “los mutilzarras del Kutz”). Con estos mismos amigos, que como he dicho, ni siquiera eran todos carlistas, acudió con gran alegría a ver la Marcha a Vísperas del Ayuntamiento, el 6 de Julio de un año entre 1911 y 1914 tras la comida. Este era uno de sus actos preferidos de nuestras mezetas. Mucho público se concentró, como era costumbre, con sus mejores galas para tan esperado evento. 
Pues bien, al finalizar la primera estrofa del Vals de Astráin, Ignacio Baleztena, en signo de aprobación y como grito festivo finalizó la misma gritando “Riau Riau”; lejos de hacerlo con ánimo de ofender quiso rematar tan bella pieza de forma espontánea y alegre con este grito con el que se finalizaban las canciones festivas en la montaña de Navarra. A algunos, les hizo gracia la intervención; otros, la vieron como una gamberrada, pero para sorpresa del público en general y del propio Baleztena, las siguientes estrofas fueron coreadas también con el grito “Riau Riau” por sus amigos de la peña de los mutilzarras, y cada vez por más gente, con indignación de los hombres serios y sesudos que lo veían como un despropósito y una falta de respeto.

Finalmente, esta exaltación festiva y alegre, no fue bien vista por el Ayuntamiento, hasta el punto, de que mi abuelo (Joaquín Baleztena, padre de Ignacio) fue llamado por el alcalde para que reprendiera la actitud “irrespetuosa” de su vástago.

Y así, sin más, comenzó el “Riau Riau”, un día 6 de Julio hacia las 16:00, en torno a 1911, y el acto se fue desarrollando, hasta que, según una crónica del Diario de Navarra del 7 de Julio de 1914, ya para ese año: “Cerraba la marcha la banda del regimiento de América que tocó el clásico vals, coreado por muchísimos jóvenes que daban acompañamiento y escolta al Ayuntamiento”

Coplas al Riau Riau

De este modo, como no podía ser menos, siguiendo su costumbre, Ignacio Baleztena le dedicó unas coplas a “su invento” que fueron la primera letra del “Riau riau”, es decir del vals de Astráin. Y precisamente, los arreglos musicales se los hizo el maestro Silvano Cervantes, íntimo amigo suyo y que durante muchos dirigió posteriormente la banda de música "La Pamplonesa" participando precisamente en la Marcha a Vísperas, el "riau riau" al mando de dicha agrupación. Esta letra, que se canta con la música de “A las cuatro el 6 de Julio…” decía:

COPLAS DEL RIAU-RIAU
Qué majos y qué elegantes
marchan nuestros concejales
precedidos de gigantes
gaitas, chistus y timbales.
Os recomiendo de veras
que tengáis mucho cuidau
de que no os multe Lasheras
por gritar fuerte Riau-riau.
Esos tubos relucientes
y esos fraques tan planchaus
al verlos dicen las gentes
¡Rediez lo que habrán costau!
Ni en París ni en los Madriles
ni en San Luis de Potosí
se encuentran unos ediles
más majos que los de aquí.

Como aclaración, debo apuntar que Lasheras era el jefe de la Policía Municipal por aquel entonces. Curiosamente, leyendo la letra se ve qué lejos estaba Ignacio Baleztena de enfrentamientos con la Corporación del Ayuntamiento, siendo en cambio un canto (nunca mejor dicho) a la alegría, el buen humor y el ingenio.

Como se intuye por la canción, este acto posteriormente tuvo numerosas prohibiciones, multas y, como es habitual en esta ciudad, enseguida se formaron dos bandos: pro riaurristas y anti riaurristas. Todos estos pormenores se pueden seguir en unos manuscritos que Ignacio Baleztena dejó en una carpeta llamada “Sobre el ¡Riau-riau!” y que están publicados en este blog. (pinchar aquí)

No obstante, pese a todas las prohibiciones y multas, cada vez era mayor la cantidad de mozos que acompañaban a la Corporación a Vísperas cantando y bailando, así que al final, como era de esperar en una fiesta de carácter popular como los sanfermines, acabó imponiéndose el sentido común, es decir, la alegría de los mozos a la seriedad del protocolo, y el mismo alcalde Joaquín Iñarra en 1923 lo hizo “extraoficialmente oficial” gritando a la salida del Ayuntamiento: ¡“Riau-Riau”!

Y ésta ha sido la historia de los orígenes del ¡Riau – riau!. Así comienzan las tradiciones como expresión del modo de ser de un pueblo, así se asientan y así se transmiten de generación en generación hasta que cambian o desaparecen cuando pierden su sentido, es decir el espíritu con que estaban hechas. Hay Vísperas, el Ayuntamiento va a las Vísperas y multitud de Irunshemes quieren disfrutar de este acto, parece que tiene sentido mantenerlo. Esperemos que el residuo de Riau Riau que se mantiene gracias a la Peña Mutilzarra, fundada precisamente por Joaquín Baleztena Gurrea, nieto de Ignacio, (mi hijo todo sea dicho de paso, amor de padre) sirva de fermento para que vuelva a celebrarse en condiciones.

Que paséis muy felices fiestas. Para saber todo lo que queráis sobre el Riau Riau pinchad aquí. Hasta mañana en la procesión si Dios quiere.

¡Viva San Fermín!. Bizi Don Premin!

miércoles, 12 de enero de 2011

Coplas al Riau Riau

Querido lector, en la entrada de ayer sobre el primer "Riau Riau" de la historia sanferminera comentaba que al "aitacho" no se le ocurrió mejor idea que gritar "riau-riau" al terminar los compases del Vals de Astráin interpretado por la banda de música que dirigía su amigo Silvanio Cervantes, como exaltación festiva y alegre, durante la marcha a Vísperas del Ayuntamiento. Y como no podía ser menos, siguiendo su costumbre  le dedicó unas coplas que fueron la primera letra del "Riau riau", es decir del vals de Astráin. Para poder cantarla tienes que tener en cuenta que se refiere a la parte que hoy se corea como "A las cuatro el 6 de Julio...". La cancioncica de marras es la siguiente:

Partitura realizada por Carmelo Cervantes, sobrino de Silvano Cervantes, de la primera letra del Riau riau escrita por Ignacio Baleztena
COPLAS DEL RIAU-RIAU

Qué majos y qué elegantes
marchan nuestros concejales
precedidos de gigantes
gaitas, chistus y timbales.
Os recomiendo de veras
que tengáis mucho cuidau
de que no os multe Lasheras
por gritar fuerte Riau-riau.

Esos tubos relucientes
y esos fraques tan planchaus
al verlos dicen las gentes
¡Rediez lo que habrán costau!
Ni en París ni en los Madriles
ni en San Luis de Potosí
se encuentran unos ediles
más majos que los de aquí.

Como aclaración debo apuntar que Lasheras era el jefe de la Policía Municipal por aquel entonces. Esta canción al igual que algunas otras las cantaban los mutilzarras del café Kutz con Ignacio a la cabeza, y al igual que aquellas alcanzó cierta popularidad entre los "cantalaris" de la Pamplona de principios del siglo XX. Y curiosamente leyendo la letra se ve que lejos estaba Ignacio Baleztena de enfrentamientos con la Corporación del Ayuntamiento siendo en cambio un canto (nunca mejor dicho) a la alegría, el buen humor y el ingenio.

La marcha a Vísperas era un acto que le gustaba especialmente a Ignacio Baleztena, iniciador del "Riau riau", como se ve en la canción de "Iruña-ko mezetak" también conocida por "Las Pamplonas" y en otras que veremos posteriormente. Por eso creo que puede ser interesante ver cómo describe el propio "aitacho" este acto en un documento manuscrito que colgaré mañana del blog si Dios quiere.

Ya sabes que el foro está abierto a tu participación, que lo enriquece en gran manera, escribiendo comentarios al pie de cada entrada o haciéndome llegar sugerencias a premindeiruna@gmail.com