Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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domingo, 1 de febrero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (6). Pamplona, iglesia de Santo Domingo 1969 (I). La primera celebrada sin Ignacio Baleztena

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba. Mi padre participó en todas las ediciones de esta celebración desde aquel comienzo en el círculo carlista hasta 1968 donde disfrutó en Sangüesa de la representación más completa hasta el momento. Este 1969 ya no pudo gozar de su “creación”. Había sufrido un ictus y estaba ese día ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.

Este año el Muthiko Alaiak, organizador del evento, editó un folleto relativo al mismo:

Folleto publicado por el Muthiko Alaiak con motivo de la fiesta del Rey de la Faba 1969 en Pamplona. Dibujo Carlos Catalán
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena




En dicho opúsculo colaboramos la tía Lola y yo con sendos artículos que pongo a tu disposición.

Artículo mío en el folleto del Rey de la Faba de 1969
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena

Artículo de Dolores Baleztena en el folleto del Rey de la Faba de 1969
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena


Al ser archivero del Archivo General de Navarra, a mí me correspondió componer el ceremonial de la celebración tal y como se representa actualmente con pequeñas diferencias introducidas posteriormente. Aproveché el pregón inicial escrito por el aitacho en 1964 para introducir el acto y la invitación al pueblo. Realmente gran parte del trabajo habían hecho el año anterior los sangüesinos, buscando documentos en los archivos del arzobispado. Para completarlo investigué en el Archivo General los documentos del ritual de la Coronación de Carlos III el Noble en romance navarro ("Idiomate Navarre terre" o "Idiomate terre Navarre"), cotejándola con la de los reyes de Inglaterra en latín. El Ceremonial de la Coronación, Unción y Exequias de los Reyes de Inglaterra, códice inglés del siglo XIV, es una de las joyas más preciadas que custodia el Archivo Real y General de Navarra. El códice inglés debió llegar a Navarra a finales del siglo XIV durante el reinado de Carlos III el Noble (1387-1425), monarca de la dinastía Evreux, que dotó a la monarquía navarra de todos los elementos de magnificencia posibles, al estilo de otras casas reales europeas. Su fascinación por todos los aspectos rituales del poder y por las formas y la dignidad de la realeza podría explicar su interés en contar con un ceremonial como este, que describía el protocolo a seguir en las ocasiones más solemnes en la vida de un monarca, como son la coronación y los funerales regios. (3), (4)

Pero este ceremonial lo veremos en una próxima entrada si Dios quiere.

La crónica de El Pensamiento Navarro narra el momento en el que el cortejo pasando bajo la estatua a los Fueros enfiló hacia Casa Baleztena:[1]

“…Y Francisco Javier Arbea,-Rey de la Faba- serio como una Cuaresma, bien puesto, encima de un caballo blanco. El Himno de las Cortes sacaba escalofríos. Frente a Casa Baleztena cuatro pares de saludos…”.

Francisco Javier Arbea,Rey de la Faba en 1969 a caballo
Foto de El Pensamiento Navarro 7 enero 1969


E Ignacio Baleztena, fundador del Muthiko Alaiak e iniciador de la celebración de la fiesta del “Rey de la Faba” en torno a 1920 por primera vez no pudo participar en la misma. Había sufrido un ictus y estaba ese día ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.

Una curiosidad es que la espada que se ciñó el rey niño ese año era la que fue de D. Jaime I, rey carlista, prestada por la familia Baleztena para la ocasión. Y como dato anecdótico indicar que es la misma espada con la que corté la tarta de mi boda el 16 de julio de 1964.

“Después de las ropas reales… recibe la espada, el cetro y la corona. La espada, de Don Jaime, una auténtica joya prestada para la ocasión” (1)

El rey de faba desenvaina la espada de D. Jaime en 1969
Foto del folleto El Rey de la Faba (2)



El rey de la faba con una espada casi más grande que el. Era la de D Jaime, rey carlista
Foto del folleto El Rey de la Faba (2)

En la próxima entrada si Dios quiere seguiremos viendo cómo fue esta celebración de Pamplona de 1969 mediante el folleto que escribí en 1979[2] y que puedes leer completo pinchando aquí, para seguir la historia del “Rey de la Faba”.



[1] Hernández Javier. El Pensamiento Navarro. 7 enero 1969. P 16

[2] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[3] Segura Urra, Félix. https://bibliotecaagn.wordpress.com/tag/ceremoniales/. 2 mayo 2023. Consultado el 1 febrero 2026

[4] Idoate F. Ceremonial de la coronación, unción y exequias de los Reyes de Inglaterra. Pamplona, Diputación Foral y Provincial de Navarra, Colección Temas de Cultura Popular, 1976, 2 vols

sábado, 31 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (5). Sangüesa 1968. La última celebración de Ignacio Baleztena

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

Esta edición fue especial ya que fue la primera vez que se representó la coronación del Rey de Navarra y la última a la que pudo asistir con gran emoción mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, el iniciador de esta celebración en torno a 1920.

 

Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)


“AÑO 1968. SANGUESA

Al dirigirnos a Sangüesa para celebrar en aquella merindad la Fiesta del «Rey de la Faba», como ya lo hicimos en las merindades de Estella y Olite, iremos siguiendo las huellas reales, y recogiendo por el camino retazos de historia y tradición, que por aquellos parajes quedaron impresos.

Conforme nos acercamos a la región pirenaica, va cambiando el paisaje.

…..

Ya estamos a las puertas de Sangüesa; ...  Toda ella está engalanada. El pueblo en masa pulula por las calles con aire regocijado. Y es que Sangüesa se prepara a celebrar una gran fiesta. Tras larguísima ausencia, el Príncipe de Viana, Enrique de Labrit, ha vuelto a su pueblo natal, porque quiere apadrinar al «Rey de la Faba» del año 1968. Un edicto con el sello real ha sido pregonado. Dice así: «Sepan cuantos esta presente carta verán y oirán, cómo yo, Enrique de Labrit, Príncipe de Viana, he tenido tanto placer en disponer que la "Fiesta del Rey de la Faba" se celebre este año en Sangüesa, en prueba del mucho amor que le tengo, por haber nacido allí. Sepan y oigan, cómo el hijo del pueblo será coronado en la iglesia de San Francisco, que mandó erigir mi antecesor el rey Teobaldo ll. Y que yo mismo, en nombre de mis padres, los ilustres Reyes de Navarra don Juan y doña Catalina, estaré presente en dicha y muy solemne ceremonia. Dado en Sangüesa, en el Palacio Real, a veinticuatro días del mes de diciembre de mil quinientos doce. ENRIQUE ».

Invitación del Muthiko Alaiak a la celebración del Rey de la Faba en Sangüesa. 1968
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena


….

El año de 1512, que sería el último del reinado sus padres, don Juan y doña Catalina celebraban en Sangúesa la «Fiesta del Rey de la Faba», el día de la Epifanía, como consta en archivos de Pau. El pueblo se unía a los sus reyes, muy aficionados a los regocijos populares, en que tomaba parte el rey, que era muy «rocero» como dirían los ribereños, o muy «jatorra» como lo calificarían los montañeses.

1512-1968. Han pasado 456 años. Y la cadena de la tradición no se ha roto. En el yunque secular golpea el martillo del progreso y del entusiasmo, y en esta ocasión presente hace saltar chispas de ilusión y de fraternidad cristiana.

Ayer es hoy en Sangüesa. Nuevamente vemos salir del castillo real una alegre comitiva. Heraldos, bandas de música, estampido de los cohetes. Allí van el clero, los nobles, los representantes de las Buenas Villas, y, entre éstos, el reyecito escogido, con su sencillo vestido de campesino: un mocete de Sangüesa[2], despierto, inteligente, merecedor de la dignidad con la que se ve favorecido.

El adolescente Príncipe de Viana renace del pasado, y desde un caballo blanco saluda y sonríe a sus paisanos, con los que jugó de niño. De pronto, se fija en un balcón donde está asomado un pajecillo.

—Francis, Francis—le llama alegremente.

—Ya voy, señor—contesta el interpelado.

Y se incorpora a la comitiva nada menos que Francisco de Javier, el futuro apóstol del Japón y de las Indias, el que en tantas tierras había de evangelizar y tanta gloria reportaría a su tierra. Ha venido desde el castillo, acompañado de su padre, don Juan de Jasso, para abrazar a su amigo el Príncipe de Viana.

Los padres franciscanos, venidos de Rocaforte, la antigua Sangüesa, fundaron en ella un convento y tomaron posesión de la preciosa iglesia erigida por el rey don Teobaldo II. Esta bella iglesia está engalanada con tapices, escudos, sitiales y tronos, para recibir al «Rey de la Faba», que va a ser allí coronado.

Porque Sangüesa, si en toda su historia «nunca faltó» a la cita del deber y del valor, reclamando puestos de vanguardia, en esta ocasión no se quedó atrás. A los organizadores locales se les ocurrió la peregrina idea de coronar al niño, rey de un día, con el mismo ritual con que se coronaba a los reyes de Navarra. Y para alcanzar este alto objetivo sacaron de los archivos de la catedral de Pamplona todos los datos necesarios para ponerla en práctica.

Así, pues, al conjuro de otros tiempos, fueron entrando en el templo los representantes de los Tres Brazos o Estamentos: Clero, Nobleza, Estado llano, ocupando sus respectivos asientos. Apareció el Príncipe de Viana y se sentó en un trono pequeño, pues otro mayor estaba destinado para el niño elegido por votación de aprecio a sus méritos.

Todos los personajes que tomaban parte en esta secular ceremonia se desenvolvían con una serenidad y soltura admirables. Con unción religiosa los obispos; con aplomo los nobles; con dignidad los representantes del pueblo.

En medio de absoluto silencio, y a golpe de cetro, leyó el Rey de Armas:

«En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Sea manifiesto a todos los presentes, y a los que son por venir cuando vean, oigan y lean esta carta, que el día de la Epifanía de 1512 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, el muy Excelente y Poderoso Príncipe Enrique de Labrit, Príncipe de Viana, hijo de los reyes de Navarra don Juan y doña Catalina, mandó convocar y venir a la coronación del «Rey de la Faba», a los prelados, ricos-hombres, infanzones y caballeros, hombres de las ciudades y de las buenas villas, a todo el pueblo, y en especial al de Sangüesa, al que tiene amor por ser el lugar de su nacimiento. Que fue nombrado «Rey de la Faba» un hijo del pueblo, al que ha de coronársele con la solemnidad y dignidad de un rey, como en semejantes casos procede, según está en fuero, con jura, unción y recibimiento de las insignias reales, para que el pueblo de Sangüesa vea de hecho lo que en semblantes casos se acostumbra a hacer en la catedral de Pamplona. Así lo mando. YO».

El rey de armas. Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)


Ya medievalmente ambientados, vimos desarrollarse, fielmente ejecutados, todos los ritos de la coronación, de profundo sentido religioso, de espíritu elevado, impregnados del sentido de la libertad foral, de la compenetración del rey con su pueblo, tan altamente aleccionadores. De todos sus detalles y texto nos ocuparemos cuando hagamos la crónica de la fiesta que al año siguiente se celebraría en Pamplona. Para ponerlo en práctica sería necesario aprender bien la lección que los de Sangüesa tan magistralmente nos dieron.

Al abandonar la ciudad, vagaban por ella las sombras de don Juan y doña Catalina, de don Enrique y de Francisco de Javier. Las sombras de los reyes recordaban glorias pasajeras. La figura del apóstol proyectaba luz inmortal hasta los más remotos lugares de la tierra.”

Los sangüesinos se involucraron mucho en la celebración y consiguieron que la fiesta del “Rey de la Faba” se incluyera en el programa nacional de “Paz en la Tierra” y el Ministerio de Información y Turismo la subvencionara. Además se realizó un reportaje especial en TVE con las escenas más sobresalientes de la celebración.



La crónica de El Pensamiento Navarro narra que en el momento del juramento de los Fueros por el rey:

Crónica de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1968 (3)

“El terno era de Santiago, del siglo XVIII, el Báculo del Obispo, del Abad de Leyre, el Evangelio de Santa María, siglo XVIII. Un escalofrío ha hecho temblar a Dolores Baleztena, a don Ignacio- Baleztena-, a don Jaime del Burgo, al Alcalde de Sangüesa en el sitio de las autoridades, nuestro Director – el director de El Pensamiento Navarro- no llora pero podría”

“¡REAL, REAL, REAL! Se ha subido el Rey al trono. Por un momento le acompañan sus antecesores. Al otro lado Enrique de Labrit sigue impertérrito la ceremonia. Traen el escudo. Con sus atributos, con la espada, la corona, el cetro y la poma de oro, “Sanchico” se ha subido encima. Pesa poco Sanchico. Hay buenos brazos y buena ilusión para levantarlo. Le suben y le bajan tres veces, mientras los pajes dan las voces: ¡Real, real, real! Suena el himno. Doña Dolores Baleztena —la tengo a un paso— no se aguanta y llora. Haría falta mucho temple para no emocionarse.” [3]

Elevación sobre el pavés del "Rey de la Faba" al grito de REAL, REAL, REAL
Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[2] El niño José Vicente Los Arcos

[3] Hernández Javier. El Pensamiento Navarro. 7 enero 1968.  

viernes, 30 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (4). Estella 1966 y 1967.

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

“AÑO 1966. SANTO DOMINGO DE ESTELLA

Siguiendo los pasos de nuestros Reyes y obedeciendo sus deseos de celebrar la Fiesta del Rey de la Faba, allí donde se encontraba la corte el día 6 de enero, festividad de los Santos Reyes, nos trasladamos a la ciudad de Estella, para reproducir el episodio que ya va coleccionando años de historia.

Invitación del Muthiko Alaiak a la fiesta del rey de la Faba en Estella el 6 de enero de 1966.
(Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena)

Al ir por el camino que lleva a Estella, como está salpicado de grandiosos monumentos y de bellas tradiciones, iremos reviviendo un pasado, y así, los monótonos kilómetros de la carretera se convertirán en interesantes páginas evocadoras.

...


Llegamos a Estella, y como ya no existe el recinto amurallado y no nos cierra el paso la puerta llamada «La Gallarda», que cayó demolida en el año 1910, nos encaminamos al Convento de Santo Domingo.

Del castillo real de los tiempos de don Sancho Ramírez nada queda, ni siquiera las ruinas. Sólo las cortadas rocas donde se afianzaba la inexpugnable fortaleza, residencia favorita del rey don Teobaldo ll. Pero con el asombroso poder de la imaginación, se reconstruyen muros almenados, se elevan gallardas torres, cubos, murallas defensivas. Y con este sencillo procedimiento surge el castillo, teniendo a sus plantas el monasterio de Santo Domingo, y éste, en parte reconstruido, brindará lugar apropiado para celebrar la alegre fiesta de la Faba.

 La sombra de don Teobaldo 1, el rey cruzado que marchó Palestina a defender los Santos Lugares testigos de la vida de Jesucristo, se proyecta en aquel escenario. La piedad del rey don Teobaldo ll fundó el monasterio de los Frailes Predicadores, dotándolo espléndidamente. Su hermano y sucesor en el trono navarro, don Enrique l, sufrió la inmensa pena de perder a su hijo primogénito Teobaldo de manera trágica.

Recortes de prensa de ese día. El Pensamiento Navarro 7 enero 1966


¡Cómo se avaloran los lugares cuando la piedad, la historia y la tradición vienen a realzarlos! Estella es marco adecuado, sí, para coronar a un «Rey de la Faba». Si Estella acogió caritativamente en la Edad Media a aquellos peregrinos, en 1966 recibió entusiásticamente a los nuevos romeros de la ilusión que iban a repartir alegría. El niño del pueblo, que por su buen comportamiento y aplicación había sido elegido «Rey de la Faba», se dirigió al convento de Santo Domingo precedido de una brillante comitiva. En ella tomaban parte todos los colegios de la ciudad con sus rondallas y los airosos danzantes del «Baile de la notas Era». Rasgueos de guitarras se confundían con las notas agudas de las dulzainas de los ya famosos gaiteros de Estella. Jinetes, pajes, damas, caballeros, se destacaban en la singular caravana.

Llegados al convento, el rey se sentó en el trono, instalado en una sala gótica que fue refectorio de frailes. Desde el púlpito, donde antiguamente un hermano sazonaba el alimento corporal con lecturas espirituales, el heraldo leyó el pregón, por el que invitaba, en nombre del rey don Teobaldo II (2), al pueblo soberano a participar en la fiesta. 

Después de la animada fiesta en torno al reyecito, en la noche cerrada, abandonamos Estella, regustando las impresiones vividas en el presente y enlazándolas con los episodios revividos del pasado que formaban un precioso tesoro para enriquecer con él el archivo de los recuerdos.”

 

Crónica del Diario de Navarra del 7 de enero de 1966

 La crónica del Diario de Navarra del 7 de enero de 1966 refleja que: 

"Concluida la ceremonia se sirvió una cena, en la que tomaron parte 250 comensales, entre los cuales se encontraban el alcalde de Estella, don Moisés Iturria; el diputado foral, don Ambrosio Velasco; el Presidente de los Amigos del Camino de Santiago, don Francisco Beruete, el Presidente del Muthiko Alaiak, don Javier Goyena y don Ignacio Baleztena, e hombre que resucitó la tradición del rey de la Faba." (3)

 

A la derecha mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, a su lado el que escribe, Javier Baleztena Abarrategui, junto con mi mujer Mª Jesús Gurrea
 (Foto Zubieta)



En la crónica de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1966 se transcribe el pregón del heraldo del Muthiko Alaiak que es casi igual que el leído en Olite pero finalizando con temas más relacionados con Estella. Dice así: 

"... Oíd, oíd, oíd ... El Muthiko Alaiak, por el buen rey Carlos designado nos congrega aquí para celebrar la secular Fiesta de la Faba, por nuestros reyes instituida...

...Y vosotros heraldos, coronad las altivas cumbres de Monjardín y Montejurra, cargadas de historia, y pregonad a !os cuatro vientos, que aquí en Navarra, si los siglos pasan, el espíritu queda. Y animados por ese espíritu, y guiados por la celestial estrella de nuestra Reina y Madre la Virgen del Puy, sus caballeros acudirán siempre a la liza para luchar en singular torneo por la causa del bien, de la verdad y del honor.

¡Sus valientes campeones! ¡Romped lanzas por vuestro Dios y por vuestra dama la Tradición!" (4)

Tras el éxito de esta edición al año siguiente, 1967, se repitió la celebración en Estella.

Invitación del Muthiko Alaiak para el Rey de la Faba celebrado el 6 de enero de 1967 también en Estella.
Archivo Premín de Iruña (Ignacio Baleztena)


 

Miguel Ángel Pinillos, Rey de la Faba en 1966. En 1967 fue Luis Azpilicueta

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere


[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

(2) La idea original era que en Estella fuera don Teobaldo II el que invitaba, por ser en su época cuando comenzó la costumbre del Rey de la Faba, y por su conexión con la ciudad del Ega. Supongo que por inercia del año anterior siguió figurando en la invitación y pregón Carlos III tanto en 1966 como en 1967. 

(3) Diario de Navarra 7 enero 1966

(4) El Pensamiento Navarro. 7 enero 1966. P 6



martes, 27 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (1)

 

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Querido lector, antes de acabar enero vamos a tratar otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy a hacer un resumen del folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

Portada de el folleto EL REY DE LA FABA (1979)


Don José Yanguas y Miranda trata de este asunto en su diccionario de Antigüedades y dice así: «REY DE LA FABA. Fiesta que se hacía el día de la Epifanía, en la cual desempeñaba el principal papel un muchacho vestido de rey. Los reyes de Navarra nombraban al REY DE LA FABA y pagaban el gasto.

En 1383 se dieron al taillandero, o sastre, por hechura de traje del "Chico Rey de la Faba” cuarenta sueldos y seis dineros. 

Mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, en sus escritos titulados Iruñerías, completó los datos de Yanguas, añadiendo otros no menos curiosos que indican que la singular costumbre duró hasta muy entrado el siglo XV.


Una de las cuartillas en las que Ignacio Baleztena Ascárate apuntaba los datos que investigaba de los documentos originales del Archivo de Navarra. En este caso hay varias sobre el rey de la Faba


También el pueblo, por su parte, acostumbraba nombrar a sus reyes, celebrando su elección con diversos regocijos. Esta costumbre duró hasta muy entrado el siglo XVI.

RESTAURACION DE LA FIESTA Viejos documentos de nuestros archivos y eruditos cronistas nos permiten saber cómo se celebraba la «Fiesta del Rey de la Faba» durante el reinado de los reyes de Navarra. Vamos a relatar cómo se ha reproducido dicha fiesta en los tiempos presentes. Al contrario de lo que sucede con las personas, esta antigua ceremonia ha adquirido nueva belleza y juventud, adaptándose a los tiempos. Aquella hermosa costumbre de nuestros reyes, fue relegada al olvido al desaparecer éstos, quedando sepultada entre las ruinas de sus regios alcázares. Afortunadamente, las reseñas de dicha fiesta, como ya hemos dicho, quedaron anotadas por los cronistas de la historia. Y a esa historia, que yacía en los reposados estantes de los archivos del reino, acudieron a tomar información, para hacerla revivir en nuestros tiempos, quienes ansían saciar su sed del espíritu en la fuente de las tradiciones. En el empeño de instaurar el festejo fue preciso pisar firme, con entusiasmo, fantasía y amor. De esta forma pudo llegarse a rehacerla, aunque muy modestamente en un principio.

EN EL CÍRCULO CARLISTA

En torno a 1920 mi padre Ignacio organizó por primera vez en Pamplona la «Fiesta del Rey de la Faba», que tal resonancia ha llegado a adquirir en el presente. Fue sencilla, pero muy simpática y alegre. El salón del Círculo Carlista situado entonces en la plaza del Castillo, junto al Hotel La Perla, quedó convertido en el «salón del trono». En él, favorecido por la suerte, se sentó el hijo de un socio necesitado, y los invitados le rindieron pleitesía. Acto seguido los Reyes Magos hicieron una fantástica aparición y, después de adorar al Niño Jesús, entregaron al reyecito un gran cajón conteniendo meriendas y juguetes para que su graciosa majestad los repartiera entre sus compañeros. Diremos, sin que ello sea rebajar la real magnificencia, que los tales juguetes costaban en aquellos tiempos a 0,95 pesetas la pieza. Al final resultó una alegre fiesta y sus organizadores quedaron muy satisfechos por el éxito obtenido y, sobre todo, por haber resucitado la bella costumbre instituida por los reyes de Navarra.

EN EL MUTHIKO ALAIAK

Ignacio Baleztena, promotor de la fiesta del Rey de la Faba, escucha a López Sanz (director de "El Pensamiento Navarro") junto al niño Rey de la Faba, en los locales del Muthiko durante dicha celebración.

Durante algunos años volvió a repetirse la misma ceremonia, hasta que el «Muthiko Alaiak», peña sanfermineratambién fundada por mi padre en los años 30, la heredó, tomando el acuerdo de que en lo sucesivo el «Rey de la Faba» fuera nombrado por la Santa Casa de Misericordia, recayendo la elección en aquel niño que más lo necesitara por su buena conducta durante el año. El niño rey llegaba al local de la Sociedad acompañado por dos pajes, también de la Misericordia, y era recibido con grandes aplausos y a los acordes de la marcha real. Presidía la merienda y a su nombre quedaba una libreta en la Caja de Ahorros Municipal, abierta por el «Muthiko» y engrosada por los donativos de los socios. Números en papel sustituyeron a las cargas de trigo y demás donativos con que los reyes obsequiaban a quien, por un día, les usurpaba el trono.

Celebración del Rey de la Faba en los locales del Muthiko Alaiak
Archivo Ignacio Baleztena


 

LA REAL COFRADÍA DEL GALLICO DE SAN CERNIN

Tras coger auge, posteriormente poco a poco la celebración, aunque se mantenía, iba decayendo con riesgo de desaparecer, así que Ignacio Baleztena quiso realzarla de nuevo y el 6 de enero de 1954 o 1955, tomó el relevo de la organización La Real Cofradía del Gallico de San Cernin, de espíritu tan pamplonica, y que para variar había fundado también mi padre con grandes bríos para restaurar antiguas costumbres. Dicha asociación patrocinó con entusiasmo durante su efímera vida, la coronación del Rey de la Faba. Inicialmente se celebró en el pamplonés Hotel Maisonnave (Que entonces estaba ubicado en la Calle  Espoz y Mina), a las seis y media de la tarde. En 1957 esta misma entidad organizó la fiesta el 6 de enero en los locales de la Peña de Cazadores, en la calle Estafeta y al desaparecer la cofradía, se hizo cargo de la fiesta definitivamente de nuevo el “Muthiko Alaiak”. 

El chico Rey de la Faba por Premín de Iruña


Deseando darle el realce que se merece, pensó en realizarla en los distintos palacios que los reyes tenían en su territorio, comenzando por el principal de ellos, como veremos en la próxima entrada si Dios quiere...



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979



jueves, 17 de julio de 2025

El origen del "uno de enero" por Ignacio Baleztena en 1916

 

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                Querido lector, veíamos en la anterior entrada como el aitacho comenzaba a relatar cómo él fue el autor del uno de enero y cuándo lo hizo, pero se quedó a medias de desentrañar el misterio. La intensidad de las fiestas de San Fermín nos ha impedido continuar la historia, así que ya medio repuestos de las mismas os recomendamos que leáis primero esa entrada anterior pinchando aquí y a continuéis con la siguiente iruñería:

 


¿QUIÉN COPIÓ A QUIÉN?[1]

 

                EL día 1 de enero de 1916, a las 11 de la mañana, entraron en karrlkadantza, en la Sala de Sesiones de nuestra Municipalidad, el Excmo. Sr. Gobernador Marqués de Palmerola, el nuevo alcalde Sr. Negrillos, y los neófitos concejales; dispuestos todos a labrar la felicidad y el progreso de la antigua Iruña vascónica, romana Pompeyópolis y M.N. ML. Y M.H. Ciudad de Pamplona de los tiempos actuales. Aquella entrada solemne trajo a mi enfermiza mente el recuerdo de la Danza Macabra del medioevo, aunque la simpática figura del Marqués de Palmerola, conductor de La ringla edilicia, en nada se asemejaba a la pálida Parca. El gobernador dio la alternativa al Sr. Negrillos con frases elocuentes y afectivas, y don Manuel, vara en mano, dio las gracias y soltó un bonito y sentido peroreo en el que entre otras cosas dijo que estaba dispuesto a no cejar hasta ver por tierra el pétreo cinturón que oprimía a Pamplona, impidiéndole respirar y expansionarse para convertirse en populosa urbe. Añadió que sería alcalde para todos los pamploneses y que aquella vara (y la levantó en alto) mediría, ampararía y haría justicia por igual a todos los pamploneses sin miras políticas

Le aplaudirnos calurosamente en el salón; y fuera de él, le dimos amigables enhorabuenas, zartakos y bizkarrekos en los omóplatos con la mano izquierda, mientras que estrechábamos efusivamente su derecha con la nuestra correspondiente... y se acabó la función.

Así inauguró su labor edilicia el nuevo Ayuntamiento. jQue largas, qué aburridas, que ininteresantes eran la mayoría de aquellas sesiones!

Eran públicas, y acudían a ellas, en plan fiscalizador, unos cuantos desarrapados, pero sólo en invierno; cuando la estufa les ofrecía el gratuito bienestar de sus calorías. Los había que llevaban castañas para asarlas en la rusiente chapa. Lo que pudiera tratarse en verano, no interesaba ya a aquellos conscientes ciudadanos.

Cuando se ventilaba algún asunto de carácter populachero, no faltaban ediles, que para arrancar aplausos a los amaateurs del chubesqui, y leer al día siguiente en la prensa sus peroratas, largaban ampulosos discursos dignos del más amplio escenario y selecto público

Si había o no que adoquinar una calle o cubrirla de asfalto; si en tal o cual paseo sería mejor plantar acacias que castaños de las Indias; si deberían o no llevar bozal los perros; si. . . ¡En fin! Que las sesiones se hacían interminables.

¡Y no digamos nada cuando se trataba de algún nombramiento! Entonces la política salía a relucir, y vientos de fronda soplaban enardeciendo los ánimos edilicios. Los conscientes de la estufa, se permitían a veces intervenir con aplausos o dicterios hasta que el presidente desalojaba la tribuna pública mandando a sus ocupantes a tomar el aire fresco de la calle. Este era el peor castigo. Se oían entonces protestas de —Esto es peor que la inquisición, ¡viva la libertad!...

En una de estas pesadísimas sesiones, en la que se ventilaba la cuestión batallona de las sociedades de baile, se me fue la imaginaclón hacia las próximas fiestas de San Fermín y empecé a pensar en el paseíllo concejil de la calle Mayor del día 6 de julio. —Qué tal le sentará el frac y el tubo a Erayalar. Cómo saludará a chisterazo limpio Perico Izquierdo. Que andares gastará Oteiza. Menudos guantes llevará Giménez; lo mejor de su tienda...

Y dando vueltas a tan transcendental problema, mi musa juguetona y un si no es chabacana, me fue soplando unas coplejas dedicadas a cada uno de mis compañeros.

Pondré como ejemplo la mía; y por ella podrán deducir cómo se rían las demás.

Marchará Ignacio

grave y despacio

haciendo esfuerzos

para ir formal;

muy contristado

pues le han jibado

con el sufragio

universal.

Yo, como buen vasco, soy incapaz de improvisar la más triste aleluya sin acomodarla a alguna cancioncilla o aire popular. Así es que, instintivamente mientras «mi acerada péñola emborronaba níveas cuartillas», iba tarareando Una biribilketa popularísima y cantadísima desde la costas vizcaínas hasta nuestras montañas navarras. ¡Cuántas veces se la oí cantar a mi buena bisabuela Francisca Apezteguía, natural de Aranaz, cuando me zarandeaba como un curriño[2], y yo a su compás agitaba mis bracicos dando alegres gritos y carcajadicas.

Esta música y canción, conocidísima, repito, en toda la tierra vascongada, la he oído cantar a gentes de Guipúzcoa, Vizcaya y de Navarra, desde Ergoyena basta más allá del Baztán y todos aseguran haberla oído cantar a sus padres y abuelos. Su letra, no hay dos que la canten de la misma manera, aunque todos coinciden con pequeñas variaciones en lo principal, viene a ser:

Artola toki

Artola toki.

(Algunos dicen Artola teuko).

Artola toki _ famia

Berea dubela, berea dubela.

(También se canta berekin dagola)

Bizkaiatako gendea

(o también —mundu guztlko gendea).

¿Habrá uno siquiera en nuestras montañas que la desconozca?

—He preguntado a muchos viejos euskaldunas, y todos, repito, al oír los primeros compases le han continuado, asegurando haberla oído cantar desde muy niños.

¿Es original de nuestra tierra, o venida a ella de tierras norteñas’, escandinavas, como otras traídas por los pescadores y marinos vascos, y aclimatados luego en el país? No lo sé. Doctores tiene el arte de la batuta que os sabrán responder.

¿Recuerdan ustedes, amables lectores, cómo en el festival folklórico internacional, celebrado hace unos años, al Interpretar el grupo suizo aires de su país al son de unos monumentales piporros, todo el público les coreó pues la melodía interpretada era exactamente igual al “Agur Jaunak”.

¿Esa música la trajeron de allá los muchísimos suizos que venían a servir a España, o la aprendían aquí y luego se la llevaron a su tierra? ¿Ocurrirá algo parecido con la biribilketa del Artola toki? Vaya usted a saber.

El hecho es que en estas tierras de tiempo inmemorial se ha cantado con letra vasca y jaleado con balanzikus completamente menditarras.

Sigamos con la historia de mis coplejas.

Aquella noche leí y canté mi elucubración en la peña del Kutz[3]. Fue celebrada, coreada y alborotada con protestas de las gentes no bullangueras que jugaban al dominó. Todas las noches se repetía la función y poco a poco fue corriendo por Pamplona, y cuando llegó a San Fermín la sabía y cantaba todo el mundo.

Pomporrompompompon

vámonos todos sin dilación

pomporrompompompon,

a ver pasar la Corporación.

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Lo concejales

con los timbales

y los ministros del clarín.

Van postineros

y sandungueros

el día seis a San Fermín.

Y seguían las coplas descriptivas del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles.

Los concejales cesaron en sus cargos y olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música quedó con una letra que continúa y no pasa de moda: es decir, con la de «uno de enero, dos de febrero, etc.” De modo que, a los virtuosos del folklore, les podemos decir, que, aquí en Pamplona el popularísimo aire vasco del Artolatoki fue el progenitor del «uno de enero, dos de febrero...». que se popularizó y tomó carta de naturaleza durante los Sanfermines del 1936 (error de imprenta, se refiere a 1916[4],), y que fue concebido durante una interminable sesión municipal, en la que los ediles de derecha e izquierda, jaleados por el público de la estufa, debatían calurosamente, sobre si el impuesto a las sociedades de baile había de ser restrictivo, prohibitivo, o nulo.

P.D. He recibido cartas de M.M.S. de Tudela, y de M.G. de Leiza, M. de Ergoyena y de C.A.G. de Mondragón interesándose por el problema folklórico en cuestión. Agradezco a todos y procuraré en otra ocasión, satisfacer su curiosidad.

OKABIO[5]

Y esta ni más ni menos es la historia del origen de la canción más universalmente conocida de los sanfermines, el “uno de enero” en 1916. Su autor fue el aitacho, Ignacio Baleztena Ascárate, que sobre la música de una biribilketa, durante una interminable sesión municipal siendo él concejal, escribió unas coplas descriptivas del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles durante la Marcha a Vísperas de San Fermín, uno de sus actos festivos más queridos y que pocos años antes lo había popularizado como otro de sus inventos: el riau riau.

Los concejales cesaron en sus cargos y olvidados por el público, así como sus coplas, quedando solo el estribillo con esa letra que continúa y no pasa de moda: es decir, con la de «uno de enero, dos de febrero, etc.”

Y con esto además queda en el aire otra duda que nos suelen preguntar ¿Qué fue antes, el uno de enero o la canción de Olentzero?. ¿Quién copio a quién?. Sería raro que Ignacio, experto folklorista, no conociera la letra del Olentzero en 1916 cuándo él escribió la letra del "uno de enero" con la música del aire vasco del "Artolatoki". Todo esto confirma que posiblemente la canción del Olentzero es posterior. En cualquier caso  como contestaría el aitacho "no lo sé. Doctores tiene el arte de la batuta que os sabrán responder."

Todo esto encaja también con lo escrito por Pachi Mendiburu (pinchar aquí) en cuanto a que la música "es la "N° 73 La farandole de Joyeuse, que Vincente D’Indy transcribe en su colección Chants du Vivarais", es decir, una canción popular que el aitacho conoció desde niño con la letra "Artola toki..." y que popularizó e hizo universal con la letra del "uno de enero". 

En resumen, como ya sabíamos Ignacio Baleztena con su ingenio desbordante ponía letra a músicas populares de la montaña, siendo así autor de algunas de las canciones sanfermineras más cantadas y conocidas. 

¿Te quedas con la duda de cómo era la letra completa del “uno de enero” del 1916?. Pues puedes leerla pinchando éste enlace que nos devuelve a 1916.



[1] Diario de Navarra 14 octubre 1962 p 3

[2] Marioneta

[3] Peña de los mutilzarras de Kutz. El Kutz era un café donde en aquella época solía juntarse Ignacio Baleztena Ascárate para sus tertulias y sobremesas.

[4] Errata de imprenta, como se desprende por el texto de las dos iruñerías se refiere a 1916

[5] Pseudónimo de Ignacio Baleztena Ascárate (Tiburcio de Okabio)