Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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sábado, 18 de enero de 2025

La Cabalgata de Reyes de 1954 en Pamplona, la tribu negra y el mono

 

Querido lector, seguimos leyendo el artículo publicado en la revista de la Asociación Cabalgata Reyes Pamplona en 2004 que incluye testimonios de mis hermanos Cruz, Sylvita y Rosarito.[1]

Cuando la Guerra Civil llevó a Ignacio Baleztena al frente, organizó una Cabalgata en Leganés. Llevó un camión con juguetes para los pueblos cercanos –“sin mirar si eran del bando republicano o nacional” relató su hijo Cruz -. Para ver este pintoresco episodio puedes leerlo de la propia mano de mi padre pinchando aquí.

Baleztena siempre hizo de Baltasar… y continuó ejerciendo este papel hasta que el Frente de Juventudes[2], tras la guerra, se encargó de organizar la Cabalagata. “Fue un fracaso y mi padre ya no participó porque se apartó o lo apartaron de la organización”, recuerda Silvia[3].

Ignacio Baleztena siempre hizo de Baltasar. Dibujo de Carlos Baleztena Abarrategui, hijo de Ignacio


No sería hasta la década de los 50 cuando Baleztena volvió a vincularse a la Cabalgata junto a sus amigos de la revista Pregón porque el entonces director de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, Miguel Javier Urmeneta, los reunió para la ocasión. Así, Ignacio Baleztena (Baltasar), Faustino Corella (Melchor) y Enrique Tejero (Gaspar) fueron los Reyes Magos que aprendieron a montar en el picadero militar, ya que el Ejército dejaba los caballos así como numerosos mulos cargados con sacos a modo de regalos.

Efectivamente Miguel Javier Urmeneta encauzó la celebración a través de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona bajo la acertada batuta de José Mª Muruzabal. Pues precisamente entre los recortes de prensa el aitacho conservaba con especial mimo la crónica de “El Pensamiento Navarro” de 1954 en la que aparecen los famosos negros de la comitiva de Baltasar, con trajes y bailes del reciente estreno de la obra de teatro compuesta por mi padre “el Submarino de Dositeo”, interpretada en 1950. También en este año de 1954 aparece el “mono de la Cabalgata”. Esta es la crónica de ese día en “El Pensamiento Navarro”:

“La comitiva fue entrando en la cancha (del frontón Labrit), entre un griterío ensordecedor, que casi no dejaba oír las notas de la Marcha Real que tocaban las dos bandas de música…La primera sorpresa que se tradujo en la gritería edad de fue la de la presencia de la tribu negra, muy bien ataviada que entró hasta postrarse ante los Magos bailando una danza de su país y tocados los negros acompañantes del simpático Baltasar con máscaras y plumas y lanzas de gran efecto y de última moda en su tierra, según nos dijo un soldado raso de la tribu…

La tribu de negros de la comitiva de Baltasar se postran ante los Reyes Magos en "El Labrit". Pamplona ¿1954? 


Como número final apareció de lo alto del palco del rebote un deforme monstruo, no se  sabe del si el “hombre de las cavernas” o un “marciano”, que se descolgó hábilmente por una cuerda hasta la cancha, sembrando el pánico entre los que allí estaban. Pero los valerosos negros de la comitiva del Rey Baltasar, acometieron contra él con sus lanzas. Ya parecía que lo habían muerto cuando el monstruo, que por lo visto fingía, se levantó de pronto otra vez y consiguió poner en fuga a los servidores del Rey Baltasar, aunque luego se hizo muy amigo de ellos, y según las últimas noticias que recibimos esta noche, ha fichado por la escolta del simpático negro, y a estas horas debe estar por las calles sosteniendo la escalera para que los Reyes dejen los juguetes de los niños en los balcones, ya que según él mismo dicen que ha dicho, no quiere asomar su horrible faz por los cristales de las habitaciones en las que duermen los niños por miedo a que se asusten”.[4]

Un error en la edición digitalizada de “El Pensamiento Navarro” en el Archivo Municipal me hizo pensar que la primera aparición del mono fue en 1955, pero no, fue en 1954, y si quieres saber quién era ese terrible monstruo puede leerlo pinchando aquí.

Dibujo de "los negros de la Cabalgata" realizado por Carlos Baleztena Abarrategui refiriéndolo a su hermano Ignacio Baleztena Abarrategui (Tatito) que solía participar en esa comitiva con grandes saltos


Y en la próxima entrada si Dios quiere seguiremos con la Cabalgata en los años 60



[1] Ignacio Baleztena Azcárate (1888-1973), ese gran desconocido para Pamplona. Revista de la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona. Nº VII. Enero 2004. (Nota del autor: el fallecimiento fue en 1972)

[2] Organización de carácter falangista

[3] Se apartó de la organización por no querer colaborar con una cabalgata organizada por una organización política franquista, el Frente de Juventudes.

[4] M.A. El Pensamiento Navarro. 6.1.1954

domingo, 5 de noviembre de 2023

Ignacio Baleztena "cupuleando" con Pregón en los años 50 y 60 del siglo XX

 

Querido lector, en la anterior entrada veíamos como el aitacho desplegaba parte de su actividad sociocultural a través de la Peña Pregón. A través del testimonio de Faustino Corella seguimos viendo otras historias poco conocidas en las que participó el aitacho, publicada en la revista Pregón Siglo XXI[1] en octubre de 2022:

“STOLZ Y EL MONUMENTO.

Es “entregarse” al ambiente de la Peña, a Pamplona y Navarra, pudimos escuchar al también de labios de otros personajes. Ahí está Ramón Stolz toda era el pintor que realizó la cúpula de la basílica de los Caídos.

Según me dijo en una de las visitas que hizo a mi casa, cuando llegó a Pamplona no conocía más que al arquitecto Sr. Yarnoz y no podía sospechar que hubiese aquí una agrupación cultural tan importante como la Peña “Pregón”. El tiempo que empleó en pintar la cúpula de los Caídos, y que pasó de tres meses, estuvo en constante relación con todos nosotros, sobre todo los sábados, día en que íbamos casi la Peña en pleno a visitarle tras nuestra tertulia del café.

Esto dio origen a que José María Iribarren inventase el verbo “cupulear”. Efectivamente, cuando levantábamos la sesión, José Mary decía: “¿vamos a cupulear?”, y nos encaminábamos hasta los Caídos a hacerle un buen rato de compañía. Por cierto, que nos entró remordimientos de que podíamos hacerle perder el tiempo y un sábado no fuimos a visitarle. Al sábado siguiente se nos presentó en la terraza del Bearin preguntando qué es lo que ocurría y por qué no habíamos ido el sábado anterior. Había sentido mucho nuestra ausencia y nos dijo que le hacía ilusión que fuéramos a verlo, y que le agradaba nuestra compañía ante de la soledad de aquellas alturas, además de agradecer nuestros comentarios al enseñarnos lo que había trabajado durante la semana.

De verdad que se lo agradecimos y por eso convertimos el “cupuleo” en una costumbre. Al terminar la cúpula de los caídos, tuvo el detalle de invitarnos a que diéramos unos brochazos sobre un fondo intrascendente para que pudiéramos decir que habíamos colaborado con él. El trozo que pintamos los “pregoneros” es el fondo que figura bajo el ángel y la inscripción “Deus lo volt”. 

Impresionante cúpula del "Monumento a los muertos" (Pamplona) pintada por Ramón Stolz Viciano.


Que Ramón Stolz se enamoró de Pamplona y su ambiente cultural a través de nuestra Peña, se demostró con el hecho de que cuando fueron a buscarle, al cabo de cierto tiempo, para que pintase la cúpula en la parroquia de San Miguel, aceptó el encargo sin condiciones ni precio. Puedo atestiguar que, ante el encargo, dijo: “paguen ustedes lo que crean que es justo o lo que quieran. Para mí, volver a Pamplona y reanudar la amistad con “Pregón” es el mejor pago que pueden hacerme”. Así con tales condiciones, volvió el gran Stolz a pintar a Pamplona.

Faustino Corella Estella”

Cúpula de la Parroquia de San Miguel de Pamplona pintada por Ramón Stolz Viciano.



Como no podía ser de otra manera el aitacho estaba entre aquellos “cupuleros” de “Pregón” que establecieron amistad con este excelente pintor valenciano, al que el insigne historiador Enrique Lafuente Ferrari, consideró “el mayor fresquista de la pintura española en los tiempos modernos”[2]. Para valorar más la obra de Stolz en Pamplona puedes pinchar aquí pinchar aquí.[3]

En esta foto vemos a los pregoneros, entre ellos mi padre, celebrando con Ramón Stolz Viciano la última pincelada de la cúpula de la Parroquia de San Miguel en 1962.

Con Pregón en la cúpula de San Miguel en 1962.
Desde izda:
desconocido, José Mª Muruzabal, Faustino Corella, Ramón Stolz, José Mª Iraburu, desconocido y desconocido
Agachados: 
José Mª Iribarren e Ignacio Baleztena (ambos con boina)



Zona de la cúpula de San Miguel donde se sacaron la foto los "pregoneros"


Y a propósito del Monumento a los muertos en la próxima entrada harmos algunas reflexiones para seguir posteriormente con la vida del aitacho si Dios quiere



[1] Corella Estella, Faustino. Pregón Siglo XXI. n65. Pp 37-38. Oct 2022.  Pamplona

[2] LAFUENTE FERRARI, Enrique. “Introducción” a STOLZ VICIANO, Ramón. Dibujos y estudios para sus pinturas murales, Madrid, Fundación March, 1961, p. 11.

martes, 17 de octubre de 2023

Accidentado viaje a Francia con Pregón

 

Querido lector, en la anterior entrada decíamos que el aitacho tenía un ingenio muy agudo y una capacidad de improvisación rápida, con un humor socarrón, que en muchas ocasiones le libró de apuros serios y menos serios, como veremos en esta anécdota que le ocurrió con su querida Peña Pregón en 1950. Para eso transcribimos una conferencia de Faustino Corella, gran amigo de mi padre, impartida en Pamplona el quince de noviembre de 1985 y publicada en la revista Pregón Siglo XXI[1] en octubre de 2022:

“En la primavera del año 1950 dedicamos un número extraordinario de Pregón a la Sexta Merindad, denominado hoy con un galicismo insoportable Baja Navarra. Era aquella época de tirantes relaciones entre España y Francia y nuestro deseo de ello a “l´autre cóté” para obtener publicidad y colaboración de nuestros vecinos, resultaba empresa nada fácil. Conseguir el pase fronterizo era algo así como “poner una pica en Flandes” y, aún conseguido este, encogía un tanto el ánimo atravesar la increíble proliferación de controles que había establecidos. A esto debe añadirse que, emprender la aventura con los escasísimos medios de la Administración de PREGÓN y las dificultades de transporte (casi nadie tenía entonces vehículo de cuatro ruedas), era algo más que coadyuvaba a encoger un poquito más el ánimo. Pero, en fin, se le echó coraje al asunto y dada la calidad de las personas y el motivo del viaje, no fue muy difícil convencer al Gobernador Civil para que nos diese los correspondientes salvoconductos.

El viaje, como diría un político de hoy, resultó positivo. Obtuvimos bastante publicidad y la valiosa colaboración de prestigiosos escritores con la tales como Pierre Etchandi, Louis Inchauspe y otros más. Al regreso, tras haber pasado los varios controles que había entre Behobia y Mugaire, cuando subíamos el puerto de Velate por la noche, con shirimiri y niebla cerrada, observamos los guiños de una linterna mortecina. Era un nuevo control sorpresa. Una patrulla de la Benemérita nos dio el alto con un impresionante despliegue de metralletas y perros policía. Paramos obedientemente y, antes de que se nos la requiriera, comenzamos a buscar nuestra documentación.

Se acercó a la ventanilla del conductor un Cabo de la Guardia Civil y preguntó que de dónde veníamos. Hubo un momento de duda. Creo que a todos nosotros se nos pasó por la cabeza la idea de contestar que de Elizondo o de Santesteban, para evitar posibles suspicacias. Pero preferimos ser honestos y contestamos que veníamos de Francia.

-          ¿De Francia? –dijo el Cabo con sequedad y casi colérico-, ¿de Francia?, ¡Bajen todos del coche!, ¡Venga, rápido! ¡Abajo todos!

Supimos más tarde que la guardia civil había recibido un “soplo” sobre un alijo de armas, pero en nuestra ignorancia ignorancia nos desconcertó –y preocupó- la actitud del Cabo y de uno de los números de la Guardia Civil que vino a situarse junto a él portando amenazadoramente un subfusil. Menos mal que yo no me di cuenta de que otro de los números se apostó tras nosotros sujetando por el collar a un perrazo que parecía ser archivo de las peores intenciones. El asunto se puso, en unos segundos, pero que muy feo.

Vicente Galbete tuvo una idea que nos salvó del trance. Llevaba encima a su carnet de oficial del ejército y, aunque ya estaba licenciado, se lo alargó con gran serenidad al encrespado Cabo, mientras se presentaba reglamentariamente:

-          Teniente de infantería Vicente Galbete. Permítame, Cabo, que de la novena al Coronel Baleztena que viene de paisano en el otro coche.

Nos quedamos de una pieza. Pero Galbete, con la mayor seriedad del mundo, se dirigió al otro coche, que conducía Masito López, y dando un taconazo se cuadró militarmente ante la ventanilla trasera y le espetó al bueno de Ignacio:

-          ¡A sus órdenes, mi Coronel!. Un control volante que la Guardia Civil en misión especial al mando de un Cabo. Le he dicho que venía a informarle de lo que ocurre.

Ignacio Baleztena, que tenía un empaque marcial indiscutible y era por aquel entonces el decano de los pregoneros debido a su edad, podía pasar perfectamente por un Coronel auténtico. Y como era hombre muy agudo, cogió onda en el acto.

-          Dígale al Cabo que se presente

El pobre guardia civil avanzó unos pasos y se cuadró ante Ignacio

-          ¡A la orden de Usía, mi Coronel!

-          Dígame, Cabo, ¿que ocurre?

Y el Cabo informó al “Coronel Baleztena” de que había información sobre un alijo de armas, procedente de Francia, que venía precisamente en dos turismos del mismo tipo y marca que los nuestros. ¡También fue coincidencia!. Pero, bueno, la cosa parecía que iba a quedar perfectamente arreglada.

Sin embargo, el bueno de Ignacio, que se lo estaba pasando lo grande y gozando más que un chico con una tiza, no tuvo mejor idea que la de ponerse a rizar el rizo. Con gesto entre campechano y autoritario, alargó por la ventanilla una bota de vino que llevaban en el coche de él para alivio de viajeros resecos, y espetó:

-          Muy bien, Cabo. Descanse y échese un trago, que la noche está muy fría.

-          Gracias, mi Coronel; pero estamos de servicio.

-          No importa. Considérelo como una orden. Beba.

Se nos puso a todos un nudo en la garganta. El buen Cabo hecho un trago y, al ir a devolver la bota Baleztena dijo:

-          Que beban también los demás. La noche es mala para todos y hay que calentarse

En ese momento, José María Iribarren me dijo por lo bajo:

-          ¿Pero qué está haciendo Ignacio?

-          ¡Nos van a fusilar a todos!

Mientras los otros números de la guardia civil bebían de la bota, Ignacio Baleztena mantuvo un rato de charla con el cabo, elogiando la estampa del perro. Reintegrada finalmente la bota al coche del supuesto Coronel, y tras desear éste el acostumbrado “¡buen servicio!”, se dirigió enfáticamente al conductor y dijo:

-          Sargento López, ¡adelante! continuemos el viaje

Nada más arrancar, José María Iribarren, suspirando hondamente, comentó:

-          Lo mato. A Ignacio, lo mato. Si dura esto dos minutos más, creedme que me da algo.

No fue Iribarren el único que lo pasó mal. Todos estábamos muy nerviosos y acongojados, hasta tal punto que hubiéramos de parar en las Ventas de Ulzama para echar un trago con el que aliviar el susto.

Al descender en los coches, el propio Vicente Galbete se dirigió a Ignacio Baleztena y le dijo:

-          ¡Ignacio, por Dios! ¿Pero, estás en tu sano juicio?

E Ignacio, el bueno de Ignacio, adoptando un porte marcial increíble con un tono autoritario, replicó:

-          ¡Usted se calla, Teniente!

Yo, entonces, le interpelé:

-          ¿No te das cuentas, Ignacio, de qué hemos podido terminar todos de muy mala manera?

Y Baleztena, me contestó:

-          ¡Qué vamos a terminar, Faustino!. Todos los de la Guardia Civil son buenos chicos.[2]

Y con esta anécdota, real como la vida misma, doy por terminada la intervención. Muchas gracias por vuestra paciencia y buenas noches.

Faustino Corella Estella”


Excursión con Pregón 9 años más tarde. Visita a la Catedral de Tarazona en 1959. De izda. a dcha.: Vicente Galbete, Ignacio Baleztena, Faustino Corella, José Arteche, José Mª Muruzabal. Publicada en Pregón Siglo XXI. n65


Esta anécdota contada por Faustino Corella es reflejo de lo que eran aquellas cosas que comúnmente llamaban cosas de Baleztena. La rapidez de reflejos, el tomarse todo a chirigota, y por qué no decirlo esa imprudencia que solía tener en situaciones límite y que precisamente le salvó en otras ocasiones de consecuencias nefastas. Espero que “te” hayas disfrutaron tanto como yo cuando la leí, y en la próxima entrada seguiremos con la biografía del aitacho también de la mano de Pregón.



[1] Corella Estella, Faustino. Pregón Siglo XXI. n65. Pp 37-38. Oct 2022.  Pamplona

[2] Dados sus turbulentas relaciones con las "fuerzas de orden" en aquellos tiempos, no es descartable cierta ironía en esta frase. 

lunes, 27 de febrero de 2023

De la Revista "Pregón" a la Peña "Pregón"

 

Querido lector, dejábamos en los años 50 la expansión de la Revista Pregón en cuya fundación e historia participo activamente el “aitacho”. En aquellos años casi muere de éxito, como sigue narrando Faustino Corella:

“Había veces que con solo los “pregoneros”, así se llenaba el “Bar Cinema” y se hacía tratar de algunos asuntos. La tertulia se atomizaba y surgían subtertulias, de manera que para poder encauzar temas de la revista poco menos había que tocar la campanilla. Ello me obligó a hablar separadamente con los “fundadores”, diciéndoles: “Con estas asambleas plenarias, de hasta 14 y 18 miembros, no es posible proyectar la revista, hacer sugerencias sobre los temas a publicar, encomendar la relación de los trabajos y coordinar debidamente nuestro proyecto. Se habla de todo menos de la revista, de manera propongo formar un “permanente”, que se reúna los miércoles, dejando los sábados para los plenos”

Se acepto mi idea y se acordó vernos los miércoles... Casí en secreto Baltasar Gracias dijo que "el secreto es un tesoro que a veces se convierte en carbón ardiente. La campechanía y gran bondad de Ignacio Baleztena fueron carbón que prendió enseguida, de donde vino a incendiarse el secreto. Nuestras de las reuniones de los miércoles pasaron a no servir de mucho, pero algo se consiguió: los miércoles quedaron decicados a la revista y los sábados dieron paso a lo que inusitadamente se convirtió en Peña "Pregón".

Continúa narrando Corella cómo la Peña “Pregón” comenzó a atraer cada vez a más gente… por lo que José María Iraburu (“José María de Luzaide”) propuso que se trasladara la peña al “Hotel Yoldi”. De esta manera el hotel Yoldi se convirtió en la residencia de la Peña Pregón para sus reuniones los sábados mientras que el “Bar Cinema” quedaba para las reuniones de los miércoles, día este de “permanente”.

Tertulia de Pregón en el Bar Baerin unos años más tarde en 1962/63. Primero sentado ¿?, Cabezudo Astráin, Ignacio Baleztena (con boina), Faustino Corella, ¿?, Pedro García Merino, José Javier Uranga, Pedro Lozano de Sotés


Y en este clima de “masificación” de las tertulias de Pregón en los años 50 ocurrió un suceso que afectó directamente a la vida “clandestina” del “aitacho”, que seguramente desconoces y te contaré en la próxima entrada si Dios Quiere.

 


sábado, 25 de febrero de 2023

En la fundación de la Peña / Revista Pregón

Como ya introdujimos en una entrada anterior tras la guerra el aitacho desplegó una gran actividad socio cultural y entre esta participó en la fundación de la Peña / Revista Pregón. Para ver cómo surgió dejo la palabra a Faustino Corella, mediante una conferencia que pronunció el 15 de noviembre de 1985 y publicada íntegra en la revista Pregón número 200, 65 de la nueva época, pag 33:

"Orígenes y servicios de la Peña Pregón

I

El origen de la Peña Pregón fue de lo más sencillo y natural del mundo. Su mayor virtud radicó en esto: nació humildemente y sin grandes pretensiones. Cuatro amigos (Ignacio Baleztena, José Mª Iribarren, José Díaz Jacome y yo -Faustino Corella-) nos reunimos para tratar de la publicación de una revista. Puesto que los cuatro teníamos niestros trabajos "oficiales", trabajos que nos absorbían el tiempo y no nos permitían meternos de lleno en una empresa formal, enfocamos el proyecto como si de una aventura se tratase. Los propósitos eran modestos y comenzamos a reunirnos con mayor frecuencia para ponernos de acuerdo, organizar y coordinar los preparativos que exigía la publicación de una revista cultural y navarrista, como, en efecto, fue PREGÓN.

Una revista trimestral, como aquella, parecía exigir el montaje de una redacción y de unos despachos en toda regla, pero a nosostros nos bastó con los rincones de una imprenta. Esa imprenta fue "La Acción Social", relacionada por aquel entonces con las oficinas de la Federación Social-Agraria del mismo nombre.

Portada del primer número de la revista Pregón en vísperas de San Fermín de 1943


Las primeras reuniones formales, necesarias para maquetar la revista, las teníamos unas veces en el domicilio de Ignacio Baleztena, otras en el domicilio o en el despacho de José Mª Iribarren, o en mi casa o en la de José Díaz Jacome.

Si en un principio fuimos cuatro, al poco tiempo éramos ya siete, y, a partir de esta cifra, el número de "pregoneros" fue oscilando entre seis y nueve...Esto dio lugar a los diversos timbrazos de las puertas de nuestros domicilios, con las consiguientes molestias de abrirla, preparación de abundantes cafés, vaciado de botellas de coñac o pacharan y contaminación del ambiente domiciliario por el humo de innumerables pitillos y algún que otro cigarro.

Con este panorama ya os podéis imaginar que un buen día nuestras respectivas esposas se hartaron y se pusieron de acuerdo para decirnos: "Si necesitáis reuniros para tratar de vuestros escritos, podéis hacerlo en el kiosko de la Plaza del Castillo, pero en casa, sanseacabó". Se ha dicho que la mujer tiene una sonrisa para todas las alegrías, lágrimas para todos los dolores, consuelo para todas las desgracias, excusa para todas las faltas, (súploica para todos los infortunios) y esperanza para todos los corazones, pero las nuestras no tuvieron comprensión para nuestras aficiones literarias.

Los "pregoneros" nos quedamos, pues, sin domicilio, desahuciados y a la intemperie.

Así pues las tertulias hubieron de trasladarse al bar Cinema

La vida allí (os hablo de los 50) era agradable, cordial y trascendió a los círculos de nuestras respectivas amistades. De aquí que de los seis a los nueve contertulios del principio, se pasara a otros más... y aquello terminó por convertirse en un grupo muy numeroso." 

Y hasta aquí esta historia sobre la revista Pregón en cuyo inicio estuvo el aitacho y que continuará la próxima entrada si Díos quiere.


martes, 20 de septiembre de 2016

Actividad socio cultural de Ignacio Baleztena en la posguerra

Querido lector, esta vez sí que sí, que retomo la biografía del aitacho más o menos donde la habíamos dejado, es decir, en la posguerra. Pues bien, durante los años 40 tuvo una intensa actividad de tipo cultural organizando todo tipo de eventos, asociaciones, investigando en el Archivo General de Navarra (que es lo que le encantaba) y metido en todo lo que tuviera que ver con su querida Pamplona y Navarra. Por ejemplo estuvo en los orígenes de la revista Pregón, revista gráfica literaria que durante los años 40, 50 y 60 representó de forma predominante el movimiento literario navarro.

Los miembros de la revista Pregón, a la derecha con boina Ignacio Baleztena

             En vísperas de los sanfermines de 1943 salía a salía a la calle el primer número de la revista Pregón. Tras un largo “parto” en el que hubo que sortear los obstáculos de la censura de la Delegación Nacional de Prensa, con antecedentes de dos intentos previos llamados "Marzo e Iruña",  el 23 de mayo de 1944 se autorizó definitivamente la publicación, bajo la tutela de Faustino Corella, gran amigo del aitacho. El director era José Díaz Jácome periodista, y los redactores José María Iribarren, abogado y publicista, José Ramón Castro catedrático y archivero jefe de la Diputación Foral y mi padre Ignacio Baleztena que firmaba como “Premín de Iruña”, director de los museos de Navarra y oficial del Archivo de Navarra. Después fueron incorporándose otros como Manuel Iribarren, Santi de Andía, Ángel María Pascual, etc. Y así pronto comenzó a ser más que una revista y se constituyó además una tertulia literaria que se reunía los sábados, primero en domicilios particulares y después en el bar "Cinema" de Pamplona, y que terminó desdoblándose en dos, una correspondiente al grupo directivo de Pregón, que se celebraba los miércoles en el "Cinema", y otra más abierta y concurrida, que se reunía los sábados, al principio, en un local cedido por el Ayuntamiento de Pamplona, después en el bar "Bearin", en el hostal "Yoldi" y más tarde en el "Nuevo Casino". Para conocer la Historia de esta Revista / Peña recomiendo el artículo de Juan José Martinena Ruiz en el número 51 de 2018 de la propia revista Pregón.

De nuevo la boina delata a Ignacio Baleztena en esta tertulia de la revista Pregón

            Y pronto mi padre, junto con el resto y especialmente Faustino Corella, imprimió ese aire sinfundamento y socarrón que daba a todas las iniciativas en las que participaba, acabando por conformar la “Peña Pregón” en la que esos sesudos intelectuales combinaban las actividades culturales con otras más “exóticas”. 

La flor y nata de "los intelectuales" de la Peña Pregón en una sinfundamentada, entre ellos Ignacio Baleztena con la boina

Lamentablemente más adelante veremos que como entre todos los grupos tiene que haber un judas, pero eso será después.

Ignacio Baleztena con su boina, formando parte del consejo de dirección de Pregón en 1967, pocos años antes de que sufriera la embolia que finalmente acabo con su vida

            Su afición de or­ganizar actos le persiguió toda la vida involucrando siempre a su familia. En 1946 participó activamente en la organiza­ción de las jornadas de la Coronación Canónica de Santa Ma­ría la Real, por lo que recibió de la Diputación la meda­lla de Bronce, como ya vimos en una entrada anterior (pinchar aquí y aquí).

            Ganó el premio sobre toponimia de Pamplona, que acarreaba teoricamente su publi­cación, cosa que en principio no se llevó a cabo; quedó en pri­mer lugar en la 1ª reunión de Toponimia Pirenaica cele­brada en Jaca en 1948. Esta vez sí el trabajo al fin se publicó en la revista "Prín­cipe de Viana".

            Fue secretario del Comité Provincial de Turismo en enero de 1948 y le encomendaron la labor de organizar el Congreso Navarro de Turismo.

Ignacio Baleztena en el Congreso de Turismo. Extraña manera de, siendo el organizador del mismo, enseñar la ciudad a los encopetados asistentes, con las piernas colgando de las murallas. Desde luego seguro que fue un cicerone muy entretenido.

            Era además responsable de la sala dedicada a Navarra en el Museo de Bayona y entre eso y el Museo de Recuerdos Históricos (pinchar aquíaquí y aquí) acabó siendo "Director de Museos", incluido el Museo de Navarra que estaba situado por aquel entonces en la actual Cámara de Comptos pasando a su ubicación actual en 1956, y aunque allí tenía un despacho de categoría, él se pasaba realmente las horas investigando en el Archivo para desesperación del conserje del Museo que le reñía por darse tan poca importancia.

Y como era un danzari consumado y había formado el mejor grupo de danzas de Navarra de aquella época (el del Muthiko) fue requerido también a colaborar en la formación del grupo de Danzas del Ayuntamiento, que bailó por primera vez el 29 de noviembre de 1949, en la procesión de San Saturnino. Un mes antes la comisión municipal de Fomento citó en un restaurante (seguramente Casa Marceliano) a los que tenían que organizar el grupo de danzas en el tiempo récord de 30 días. Presidió el alcalde Miguel Gortari y asistieron el secretario Ignacio Sanz, Pachi Arrarás, José María Iribarren en calidad de presidente de la sección de folclore de la Institución Príncipe de Viana y como no mi padre Ignacio Baleztena como Director de Museos y sobre todo como perejil de todas las salsas. Se decidió que se constituiría el grupo formado por dieciséis personas: doce danzaris, un makilari, un abanderado y dos gorris. Pachi Arrarás y Pedro Lozano Sotés diseñaron los trajes y llegó el día señalado, en el que los jovencicos danzaris cazados al vuelo, algunos de ellos procedentes del Orfeon Pamplonés, con más prestancia que entrenamiento se tuvieron que lanzar a la calle. La falta de preparación y repertorio la suplieron con unas buenas pintas de clarete antes de salir que les ayudaron a dar unos brincos y hacer unos jeribeques que encantaron a la vecindad, siendo todo un éxito. 
 
Primera actuación del grupo de danzas del Ayuntamiento de Pamplona, el 29 de noviembre de 1949, en la procesión de San Saturnino.

            Pródigo de su saber, su asombrosa memoria, sus enormes conocimientos y su archivo personal estaban abiertos para cuantos acudían a él. En este sentido muchos le saqueaban, pero realmente tampoco le importaba demasiado. Eso de los derechos de autor no cabía en su cacumen.


            Pero además de toda esta actividad cultural y folclórica, tenía que seguir dando suelta a sus inquietudes socio políticas, como veremos en las próximas entradas si Dios quiere.