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Querido lector, seguimos como en
la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la
Faba
Para ello a través de varias
entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1]
y que puedes leer completo pinchando aquí.
Esta edición fue especial ya que
fue la primera vez que se representó la coronación del Rey de Navarra y la última a la que pudo asistir con gran emoción mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, el iniciador de esta celebración en torno a 1920.

Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)
“AÑO 1968. SANGUESA
Al dirigirnos a Sangüesa para celebrar en aquella merindad la Fiesta
del «Rey de la Faba», como ya lo hicimos en las merindades de Estella y Olite,
iremos siguiendo las huellas reales, y recogiendo por el camino retazos de
historia y tradición, que por aquellos parajes quedaron impresos.
Conforme nos acercamos a la región pirenaica, va cambiando el paisaje.
…..
Ya estamos a las puertas de Sangüesa; ... Toda ella está engalanada. El pueblo en masa
pulula por las calles con aire regocijado. Y es que Sangüesa se prepara a
celebrar una gran fiesta. Tras larguísima ausencia, el Príncipe de Viana,
Enrique de Labrit, ha vuelto a su pueblo natal, porque quiere apadrinar al «Rey
de la Faba» del año 1968. Un edicto con el sello real ha sido pregonado. Dice
así: «Sepan cuantos esta presente carta verán y oirán, cómo yo, Enrique de
Labrit, Príncipe de Viana, he tenido tanto placer en disponer que la
"Fiesta del Rey de la Faba" se celebre este año en Sangüesa, en
prueba del mucho amor que le tengo, por haber nacido allí. Sepan y oigan, cómo
el hijo del pueblo será coronado en la iglesia de San Francisco, que mandó
erigir mi antecesor el rey Teobaldo ll. Y que yo mismo, en nombre de mis
padres, los ilustres Reyes de Navarra don Juan y doña Catalina, estaré presente
en dicha y muy solemne ceremonia. Dado en Sangüesa, en el Palacio Real, a
veinticuatro días del mes de diciembre de mil quinientos doce. ENRIQUE ».
![]() |
| Invitación del Muthiko Alaiak a la celebración del Rey de la Faba en Sangüesa. 1968 Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena |
….
El año de 1512, que sería el último del reinado sus padres, don Juan y
doña Catalina celebraban en Sangúesa la «Fiesta del Rey de la Faba», el día de
la Epifanía, como consta en archivos de Pau. El pueblo se unía a los sus reyes,
muy aficionados a los regocijos populares, en que tomaba parte el rey, que era
muy «rocero» como dirían los ribereños, o muy «jatorra» como lo calificarían
los montañeses.
1512-1968. Han pasado 456 años. Y la cadena de la tradición no se ha
roto. En el yunque secular golpea el martillo del progreso y del entusiasmo, y
en esta ocasión presente hace saltar chispas de ilusión y de fraternidad cristiana.
Ayer es hoy en Sangüesa. Nuevamente vemos salir del castillo real una
alegre comitiva. Heraldos, bandas de música, estampido de los cohetes. Allí van
el clero, los nobles, los representantes de las Buenas Villas, y, entre éstos,
el reyecito escogido, con su sencillo vestido de campesino: un mocete de Sangüesa[2],
despierto, inteligente, merecedor de la dignidad con la que se ve favorecido.
El adolescente Príncipe de Viana renace del pasado, y desde un caballo
blanco saluda y sonríe a sus paisanos, con los que jugó de niño. De pronto, se
fija en un balcón donde está asomado un pajecillo.
—Francis, Francis—le llama alegremente.
—Ya voy, señor—contesta el interpelado.
Y se incorpora a la comitiva nada menos que Francisco de Javier, el
futuro apóstol del Japón y de las Indias, el que en tantas tierras había de
evangelizar y tanta gloria reportaría a su tierra. Ha venido desde el castillo,
acompañado de su padre, don Juan de Jasso, para abrazar a su amigo el Príncipe
de Viana.
Los padres franciscanos, venidos de Rocaforte, la antigua Sangüesa,
fundaron en ella un convento y tomaron posesión de la preciosa iglesia erigida
por el rey don Teobaldo II. Esta bella iglesia está engalanada con tapices,
escudos, sitiales y tronos, para recibir al «Rey de la Faba», que va a ser allí
coronado.
Porque Sangüesa, si en toda su historia «nunca faltó» a la cita del
deber y del valor, reclamando puestos de vanguardia, en esta ocasión no se
quedó atrás. A los organizadores locales se les ocurrió la peregrina idea de
coronar al niño, rey de un día, con el mismo ritual con que se coronaba a los
reyes de Navarra. Y para alcanzar este alto objetivo sacaron de los archivos de
la catedral de Pamplona todos los datos necesarios para ponerla en práctica.
Así, pues, al conjuro de otros tiempos, fueron entrando en el templo
los representantes de los Tres Brazos o Estamentos: Clero, Nobleza, Estado
llano, ocupando sus respectivos asientos. Apareció el Príncipe de Viana y se
sentó en un trono pequeño, pues otro mayor estaba destinado para el niño
elegido por votación de aprecio a sus méritos.
Todos los personajes que tomaban parte en esta secular ceremonia se
desenvolvían con una serenidad y soltura admirables. Con unción religiosa los
obispos; con aplomo los nobles; con dignidad los representantes del pueblo.
En medio de absoluto silencio, y a golpe de cetro, leyó el Rey de
Armas:
«En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Sea manifiesto
a todos los presentes, y a los que son por venir cuando vean, oigan y lean esta
carta, que el día de la Epifanía de 1512 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo,
el muy Excelente y Poderoso Príncipe Enrique de Labrit, Príncipe de Viana, hijo
de los reyes de Navarra don Juan y doña Catalina, mandó convocar y venir a la
coronación del «Rey de la Faba», a los prelados, ricos-hombres, infanzones y
caballeros, hombres de las ciudades y de las buenas villas, a todo el pueblo, y
en especial al de Sangüesa, al que tiene amor por ser el lugar de su
nacimiento. Que fue nombrado «Rey de la Faba» un hijo del pueblo, al que ha de
coronársele con la solemnidad y dignidad de un rey, como en semejantes casos
procede, según está en fuero, con jura, unción y recibimiento de las insignias
reales, para que el pueblo de Sangüesa vea de hecho lo que en semblantes casos
se acostumbra a hacer en la catedral de Pamplona. Así lo mando. YO».
![]() |
| El rey de armas. Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1) |
Ya medievalmente ambientados, vimos desarrollarse, fielmente
ejecutados, todos los ritos de la coronación, de profundo sentido religioso, de
espíritu elevado, impregnados del sentido de la libertad foral, de la
compenetración del rey con su pueblo, tan altamente aleccionadores. De todos
sus detalles y texto nos ocuparemos cuando hagamos la crónica de la fiesta que
al año siguiente se celebraría en Pamplona. Para ponerlo en práctica sería
necesario aprender bien la lección que los de Sangüesa tan magistralmente nos
dieron.
Al abandonar la ciudad, vagaban por ella las sombras de don Juan y doña
Catalina, de don Enrique y de Francisco de Javier. Las sombras de los reyes
recordaban glorias pasajeras. La figura del apóstol proyectaba luz inmortal
hasta los más remotos lugares de la tierra.”
Los sangüesinos se involucraron
mucho en la celebración y consiguieron que la fiesta del “Rey de la Faba” se incluyera
en el programa nacional de “Paz en la Tierra” y el Ministerio de Información y
Turismo la subvencionara. Además se realizó un reportaje especial en TVE con
las escenas más sobresalientes de la celebración.
La crónica de El Pensamiento
Navarro narra que en el momento del juramento de los Fueros por el rey:
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| Crónica de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1968 (3) |
“El terno era de Santiago, del siglo XVIII, el Báculo del Obispo, del Abad de Leyre, el Evangelio de Santa María, siglo XVIII. Un escalofrío ha hecho temblar a Dolores Baleztena, a don Ignacio- Baleztena-, a don Jaime del Burgo, al Alcalde de Sangüesa en el sitio de las autoridades, nuestro Director – el director de El Pensamiento Navarro- no llora pero podría”
…
“¡REAL, REAL, REAL! Se ha subido el Rey al trono. Por un momento le
acompañan sus antecesores. Al otro lado Enrique de Labrit sigue impertérrito la
ceremonia. Traen el escudo. Con sus atributos, con la espada, la corona, el
cetro y la poma de oro, “Sanchico” se ha subido encima. Pesa poco Sanchico. Hay
buenos brazos y buena ilusión para levantarlo. Le suben y le bajan tres veces,
mientras los pajes dan las voces: ¡Real, real, real! Suena el himno. Doña
Dolores Baleztena —la tengo a un paso— no se aguanta y llora. Haría falta mucho
temple para no emocionarse.” [3]
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| Elevación sobre el pavés del "Rey de la Faba" al grito de REAL, REAL, REAL Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1) |
Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere
[1]
Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR.
Pamplona 1979
[2] El niño
José Vicente Los Arcos
[3] Hernández Javier. El Pensamiento Navarro. 7 enero 1968. p





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