Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

martes, 17 de octubre de 2023

Accidentado viaje a Francia con Pregón

 

Querido lector, en la anterior entrada decíamos que el aitacho tenía un ingenio muy agudo y una capacidad de improvisación rápida, con un humor socarrón, que en muchas ocasiones le libró de apuros serios y menos serios, como veremos en esta anécdota que le ocurrió con su querida Peña Pregón en 1950. Para eso transcribimos una conferencia de Faustino Corella, gran amigo de mi padre, impartida en Pamplona el quince de noviembre de 1985 y publicada en la revista Pregón Siglo XXI[1] en octubre de 2022:

“En la primavera del año 1950 dedicamos un número extraordinario de Pregón a la Sexta Merindad, denominado hoy con un galicismo insoportable Baja Navarra. Era aquella época de tirantes relaciones entre España y Francia y nuestro deseo de ello a “l´autre cóté” para obtener publicidad y colaboración de nuestros vecinos, resultaba empresa nada fácil. Conseguir el pase fronterizo era algo así como “poner una pica en Flandes” y, aún conseguido este, encogía un tanto el ánimo atravesar la increíble proliferación de controles que había establecidos. A esto debe añadirse que, emprender la aventura con los escasísimos medios de la Administración de PREGÓN y las dificultades de transporte (casi nadie tenía entonces vehículo de cuatro ruedas), era algo más que coadyuvaba a encoger un poquito más el ánimo. Pero, en fin, se le echó coraje al asunto y dada la calidad de las personas y el motivo del viaje, no fue muy difícil convencer al Gobernador Civil para que nos diese los correspondientes salvoconductos.

El viaje, como diría un político de hoy, resultó positivo. Obtuvimos bastante publicidad y la valiosa colaboración de prestigiosos escritores con la tales como Pierre Etchandi, Louis Inchauspe y otros más. Al regreso, tras haber pasado los varios controles que había entre Behobia y Mugaire, cuando subíamos el puerto de Velate por la noche, con shirimiri y niebla cerrada, observamos los guiños de una linterna mortecina. Era un nuevo control sorpresa. Una patrulla de la Benemérita nos dio el alto con un impresionante despliegue de metralletas y perros policía. Paramos obedientemente y, antes de que se nos la requiriera, comenzamos a buscar nuestra documentación.

Se acercó a la ventanilla del conductor un Cabo de la Guardia Civil y preguntó que de dónde veníamos. Hubo un momento de duda. Creo que a todos nosotros se nos pasó por la cabeza la idea de contestar que de Elizondo o de Santesteban, para evitar posibles suspicacias. Pero preferimos ser honestos y contestamos que veníamos de Francia.

-          ¿De Francia? –dijo el Cabo con sequedad y casi colérico-, ¿de Francia?, ¡Bajen todos del coche!, ¡Venga, rápido! ¡Abajo todos!

Supimos más tarde que la guardia civil había recibido un “soplo” sobre un alijo de armas, pero en nuestra ignorancia ignorancia nos desconcertó –y preocupó- la actitud del Cabo y de uno de los números de la Guardia Civil que vino a situarse junto a él portando amenazadoramente un subfusil. Menos mal que yo no me di cuenta de que otro de los números se apostó tras nosotros sujetando por el collar a un perrazo que parecía ser archivo de las peores intenciones. El asunto se puso, en unos segundos, pero que muy feo.

Vicente Galbete tuvo una idea que nos salvó del trance. Llevaba encima a su carnet de oficial del ejército y, aunque ya estaba licenciado, se lo alargó con gran serenidad al encrespado Cabo, mientras se presentaba reglamentariamente:

-          Teniente de infantería Vicente Galbete. Permítame, Cabo, que de la novena al Coronel Baleztena que viene de paisano en el otro coche.

Nos quedamos de una pieza. Pero Galbete, con la mayor seriedad del mundo, se dirigió al otro coche, que conducía Masito López, y dando un taconazo se cuadró militarmente ante la ventanilla trasera y le espetó al bueno de Ignacio:

-          ¡A sus órdenes, mi Coronel!. Un control volante que la Guardia Civil en misión especial al mando de un Cabo. Le he dicho que venía a informarle de lo que ocurre.

Ignacio Baleztena, que tenía un empaque marcial indiscutible y era por aquel entonces el decano de los pregoneros debido a su edad, podía pasar perfectamente por un Coronel auténtico. Y como era hombre muy agudo, cogió onda en el acto.

-          Dígale al Cabo que se presente

El pobre guardia civil avanzó unos pasos y se cuadró ante Ignacio

-          ¡A la orden de Usía, mi Coronel!

-          Dígame, Cabo, ¿que ocurre?

Y el Cabo informó al “Coronel Baleztena” de que había información sobre un alijo de armas, procedente de Francia, que venía precisamente en dos turismos del mismo tipo y marca que los nuestros. ¡También fue coincidencia!. Pero, bueno, la cosa parecía que iba a quedar perfectamente arreglada.

Sin embargo, el bueno de Ignacio, que se lo estaba pasando lo grande y gozando más que un chico con una tiza, no tuvo mejor idea que la de ponerse a rizar el rizo. Con gesto entre campechano y autoritario, alargó por la ventanilla una bota de vino que llevaban en el coche de él para alivio de viajeros resecos, y espetó:

-          Muy bien, Cabo. Descanse y échese un trago, que la noche está muy fría.

-          Gracias, mi Coronel; pero estamos de servicio.

-          No importa. Considérelo como una orden. Beba.

Se nos puso a todos un nudo en la garganta. El buen Cabo hecho un trago y, al ir a devolver la bota Baleztena dijo:

-          Que beban también los demás. La noche es mala para todos y hay que calentarse

En ese momento, José María Iribarren me dijo por lo bajo:

-          ¿Pero qué está haciendo Ignacio?

-          ¡Nos van a fusilar a todos!

Mientras los otros números de la guardia civil bebían de la bota, Ignacio Baleztena mantuvo un rato de charla con el cabo, elogiando la estampa del perro. Reintegrada finalmente la bota al coche del supuesto Coronel, y tras desear éste el acostumbrado “¡buen servicio!”, se dirigió enfáticamente al conductor y dijo:

-          Sargento López, ¡adelante! continuemos el viaje

Nada más arrancar, José María Iribarren, suspirando hondamente, comentó:

-          Lo mato. A Ignacio, lo mato. Si dura esto dos minutos más, creedme que me da algo.

No fue Iribarren el único que lo pasó mal. Todos estábamos muy nerviosos y acongojados, hasta tal punto que hubiéramos de parar en las Ventas de Ulzama para echar un trago con el que aliviar el susto.

Al descender en los coches, el propio Vicente Galbete se dirigió a Ignacio Baleztena y le dijo:

-          ¡Ignacio, por Dios! ¿Pero, estás en tu sano juicio?

E Ignacio, el bueno de Ignacio, adoptando un porte marcial increíble con un tono autoritario, replicó:

-          ¡Usted se calla, Teniente!

Yo, entonces, le interpelé:

-          ¿No te das cuentas, Ignacio, de qué hemos podido terminar todos de muy mala manera?

Y Baleztena, me contestó:

-          ¡Qué vamos a terminar, Faustino!. Todos los de la Guardia Civil son buenos chicos.[2]

Y con esta anécdota, real como la vida misma, doy por terminada la intervención. Muchas gracias por vuestra paciencia y buenas noches.

Faustino Corella Estella”


Excursión con Pregón 9 años más tarde. Visita a la Catedral de Tarazona en 1959. De izda. a dcha.: Vicente Galbete, Ignacio Baleztena, Faustino Corella, José Arteche, José Mª Muruzabal. Publicada en Pregón Siglo XXI. n65


Esta anécdota contada por Faustino Corella es reflejo de lo que eran aquellas cosas que comúnmente llamaban cosas de Baleztena. La rapidez de reflejos, el tomarse todo a chirigota, y por qué no decirlo esa imprudencia que solía tener en situaciones límite y que precisamente le salvó en otras ocasiones de consecuencias nefastas. Espero que “te” hayas disfrutaron tanto como yo cuando la leí, y en la próxima entrada seguiremos con la biografía del aitacho también de la mano de Pregón.



[1] Corella Estella, Faustino. Pregón Siglo XXI. n65. Pp 37-38. Oct 2022.  Pamplona

[2] Dados sus turbulentas relaciones con las "fuerzas de orden" en aquellos tiempos, no es descartable cierta ironía en esta frase. 

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