Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

miércoles, 3 de agosto de 2011

Cirilo por San Fermín pasó aventuras sin fin (X). La Joshepa Anthoni

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(Entra la Joshepa Anthoni)

Entra la Joshepa Anthoni (Dibujo de Ignacio Baleztena)

Joshepa.- ¡Ave María!. ¿se puede?
Agapita.- Adelante señora, pase usted señora, cómo está señora.
Joshepa.- ¿Que cómo estoy?. Ya se puede usted figurar pues; cómo puede estar una persona que se lleva encima de una burra, tipi, tapa, tipi, tapa, desde Burdindogui a las Pamplonas.
Agapita.- Aunque no he hecho nunca esa caminata, ya me hago una pequeña idea de lo que eso será. ¿Viene usted a pasar aquí unos días?, ¿quiere usted una habitación?, porque si usted la desea, puedo poner a su disposición una elegante, higiénica, limpia, sin chinches y otras porquerías que tanto abundan en otras similares.

Joshepa.- Sí, eso quiero; un cuarto aunque no tenga todos esos requilorios, que ya estamos, sí, curaus de espantos.
Agapita.- ¿Quiere usted la habitación para todas las fiestas?.
Joshepa.- Para dos o tres días. Mientras mi marido esté en la primera misa de su primo. Ya habrá oído en alguna vez hablar de mi marido, el organista de Burdindogui; no hay, no, muchos músicos mejores que él.
Agapita.- ¿No será alguno de los que está en el quiosco de la Plaza del Castillo?.
Joshepa.- No sé pues. Hasta ahora, nunca no he venido a Pamplona. Muy famaú ya es lo qu’es. Igual te toca el órgano, el cordión, la chulubita...
Agapita.- Muy bien, muy bien: Le felicito por tener un marido tan filarmónico.
Joshepa.- ¿Y bueno...?, ¡Virgen!, hombre mejor no lo hay en la cendea ni en Navarra, ni en todo el mundo tampoco.
Agapita.- ¿Y cómo es que no ha venido con usted?.
Joshepa.- Irse ha tenido que hacer a tocar el órgano a la primera misa de un primo que tiene en Arizguren, y mientras él se pasa allá unos días, yo ya me he dicho: si ahora no aprovechas la ocasión para hacer una escapada a las Pamplonas, otra ocasión igual ¿cuándo le vas a tener?. ¿Toda la vida te has de estar sin ver las Pamplonas, ni los sampremines?, que ya dicen, sí, que son mejores que las mezetas de Burdindogui.
Agapita.- Señora, ha hecho usted perfectamente, le alabo el gusto, (sobre todo a lo que a mí me toca).
Joshepa.- Así pues, cuando Cirilo cogió la revuelta de Iturchulo, corriendo me fui a casa de mi cuñada y ya le dije: Hipólita, ¿ya me podrías tener cuidau de los críos tres o cuatro días?. El padre, ya dicen, sí, que un poco empermo se anda, pues según, salir le han hecho unos diviesos en tales, y ya tendré, pues, que ir a curarle, porque yo un poco de curanderías ya entiendo, sí lo quès. La pobrica, bastante como si no tendría  con sus nueve mocetes, ya me dijo: Sí mujer, sí, pues qué vas hacer, pa eso estamos aquí. Y yo, entonces, aparejar hice la burra y pillé unos ahorricos que tenía guardaus en un elce desde que nos casemos, y dejando a mi padre que se arrasque, tipi, tapa, todo drecho, aquí ya me he venido.
Agapita.- ¡Ja..., ja...¡ No deja de tener gracia su escapada.
Joshepa.- Pero, la verdad, sí le tengo que decir, mucha pena ya me esto que le hago a mi marido, tan buenico, tan buenico como es...
Agapita.- No se preocupe señora; hay que acostumbrar a los hombres a que no se crean superiores a nosotras.
Joshepa.- Pero engañar a Cirilico, que me quiere tanto...; nunca me ha pegau en la vida.
Agapita.- ¡Caramba!, le doy la enhorabuena
Joshepa.- Bueno... la verdad si he de decir, una vez ya me dio con el palo de la azada en tales y ya me hizo un chinchón grande, grande, mayor que un sagargorri, pero yo ya tuve la culpa; mucho le había hecho errabiar en aquel día. El pobre con mucha tristeza se quedó y ya me dio un duro pa bajar el chinchón. Otras veces, ya le he hecho errabiar pa ver si me daba más duros, pero ¡quiá!.
Agapita.- Pues si mi primer marido hace lo que el suyo siempre que me atizaba, servidora a estas horas la princesa del dólar. Ahora que me desquito con Homobono, mi segundo marido. Bueno, pase señora, vamos a ver si le conviene esta habitación.

(Entran en la habitación derecha. Sale Cirilo bailando lo que ha estado ensayando).

martes, 2 de agosto de 2011

Cirilo por San Fermín pasó aventuras sin fin (IX). Vuelve Tolique

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(Se sientan)

Zulima.- Yo, señor mío, soy, aunque me está mal el decirlo, artista de varietés, reina del “Exotique dance”.
Cirilo.- ¡Anda! Resulta ahora que es reina de un pueblo que no trae la geografía.
Zulima.- Atraída por el renombre de mi fama, la empresa del alón de Berichitos me contrató, en unión con mi marido, para treinta funciones a razón de veinte duros por función, lo que suman 3.000 pts. por la temporada.
Cirilo.- Bueno, y a mí qué.
Zulima.- Cuando ya nos faltaba más que una función para cumplir el contrato, a mi marido le da la triste ocurrencia de morirse sin mi permiso, dejándome...
Cirilo.- ¿Viuda?.
Zulima.- Y martir, caballero, porque no existe martirio comparado con el que yo estoy pasando. La empresa, fundándose en que el contrato era para dos personas por treinta funciones, me advierte, que si hoy mismo no bailo con uno que me haga pareja, se desentiende del compromiso. Ya ve usted en que situación me encuentro: viuda, sin dinero, con siete hijos...
Cirilo.- ¡Rediez!. Han aumentau.

Zulima.- Con mi marido muerto, de cuerpo presente, casi, en estado de putrefacción, sin poderlo enterrar por falta de dinero, ni tener con que comprar un traje de luto..., y sin poder cobrar esas 3.000 pesetas; y todo por no encontrar un alma caritativa que se apiade de mí y se comprometa a bailar conmigo esta noche... Si usted caballero fuera tan bueno...
Cirilo.- ¡Yo! Ca, hombre. ¿Bailar yo?. Si en la vida no he bailao más que una vez aquello de: María Magdalena pecádora fue y ahora está en el cielo tomando café (baila).
Zulima.- ¡Oh!. Magnífico, colosal, si usted tiene unas aptitudes insospechadas. Usted es mi hombre.
Cirilo.- Quite usted, quite usted. Si yo no valgo pa eso.
Zulima.- Mire señor. Con dos lecciones que yo le dé, bailará mejor que el difunto.
Cirilo.- Eso, sí lo qu’es, ni que decir tiene. P’a bailicos estará el pobrico.
Zulima.- ¿De modo que no se compadece usted de mí?, ¿me abandona a mi desgracia?
Cirilo.- Pero no ve usted, que si por casualidad ha venido alguno del pueblo y me ve y lo cuenta allá, la Joshepa Anthoni no va ha encontrar suficientes platos en todo Burdindogui para rompérmelos en la cabeza.
Zulima.- Es que saldrá usted con una careta negra y no lo conocerá ni su abuelo.
Cirilo.- ¡Claro! Ya se murió, pues, antes de que yo pensase ser de Burdindogui.
Zulima.- Caballero, véame de rodillas a sus plantas; Su negativa ocasionará mi suicidio; dentro de breves momentos mi cadáver sangriento interceptará el paso de los transeuntes de la calle de Pellejería. ¡Adiós hijos míos!.
Cirilo.- Pero..., ¿va usted a tirarse de cabeza a la calle?.
Zulima.- Si usted continua en su negativa, ¡sí!.

Cirilo.- Pero..., que si se enteran en el pueblo que el organista ha bailao vestido de moro, el abad, el sacristán, los monaguillos y hasta la serora me echan la excomunión.
Zulima.- Yo respondo que no lo sabrá nadie..., y además, le daré doscientas cincuenta pesetas.
Cirilo.- Eso ya empieza a tocarme el corazón. Pues...,. mire usted, no se crea pues que es por el dinero, no; es que me da mucha, mucha pena lo que le pasa... (doscientas cincuenta pesetas). ¡Pobres hijicos con un padre sin enterrar!. Y para que no crea usted que soy interesau, le daré una peseta de lo que me corresponde, pa que le compre un chupete a ese que está usted esperando, y..., bailaré, sí señor..., pero con careta ¿eh?.
Zulima.- Bendita sea tu madre, salao. Que si el ayuntamiento sabe hacer las cosas como se merecen, debe de poner a una calle el nombre de su mamá, por haber echao al mundo de los vivos al hombre más bueno, más castizo y más barbián que ha tocao el órgano desde Nabucodonosor a nuestros días. Permítame que le abrace.
Cirilo.- No, no, eso no. ¡Demonio!..., que me va usted a espachurrar todos los piperropiles que llevo en el colco..., aunque, dar un abracico, no es faltar mayormente a la Joshepa. Bueno, démelo usted, pero que sea suavico.
Zulima.- ¿Así?
Cirilo.- Ni tanto ni tan calvo, mujer.
Zulima.- Pues, a no perder tiempo. Pase usted a esa habitación y yo le aseguro que con dos lecciones le hacen rey del “Exotique Dance”. Ahora verá Tolique el caso que hago de sus fachendas.

(Se van por la izquierda – Sale Tolique por el foro seguido de doña Agapita)


Agapita.- Pero, ¿no le he dicho a usted que no vuelva a poner los pies en esta casa?.
Tolique.- Señora, no sea usted súpita, que si vuelvo a honrar esta mansión con la presencia de mi físico, es no más que pa llevarme lo que me corresponde en estricta justicia.
Agapita.- ¿Su mujer?.
Tolique.- No, mi equipaje; que respective a mi cónyuge le hago a usted grata donación de ella para que elabore salchichas, si le acomoda. En cuanto a lo que de pupilaje debo, temiendo en cuenta lo que usted debe abonarme por el cartel que le he proporcionao a su casa, dignándome permanecer en ella durante veinte días, sale a mi favor un saldo de cero cuarenta y cinco, cantidad que exijo sea entregada en mi nombre con destino a las cantinas escolares. ...¡Ah!, se me olvidaba, póngame usted a los pies de su esposo.
Agapita.- Lo que voy a poner es a la policía en tu persecución, ¡so ladrón!.

(Entra la Joshepa Anthoni)

lunes, 1 de agosto de 2011

Cirilo por San fermín pasó aventuras sin fin (VIII). Cirilo y la bella Zulima

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(Entra Cirilo por el foro)

Cirilo.- ¿Se puede?
Aga.- (Un huesped). Adelante caballero.
Cirilo.- ¿Están ustedes buenas?.
Aga.- Caballero, ¿viene usted a pasar las fiestas?. ¿Necesita usted una habitación?. Aquí las encontrará usted limpias, cómodas, elegantes, higiénicas, sin chinches ni otras porquerías que tanto abundan en otras similares. En cuanto a la comida, la tendrá usted abundante, sana nutritiva, bien condimentada, cualidades que las hago extensivas a la cena. ¿Pues el desayuno?. Café con leche, con azúcar a discreción o chocolate según el gusto del huésped. Y todo, caballero, por doce cincuenta. ¡Ah!, hay timbres, luz eléctrica y waters clos con agua corriente.
Cirilo.- Bueno, bueno. Lo que yo necesito por ahora es lavarme la cabeza, porque para que los consumeros no me quitasen unos requesones que me dio mi mujer para el misacantano, me los puse muy bien arregladicos endrededor de la boina. El macho va, se asusta de un automóvil, agacha las orejas y ¡cataplún! Me tira de cabeza. ¡Jobar!, menudo susto que se ha llevau la gente creyendo que se me salían los sesos escachaus.
Aga.- Pues se le conoce poco.

Cirilo.- ¿Sabe usté?. Es que mientras me estaba atontau en el suelo, han venido unos perros y se han puesto tibios lambiéndome.
Zuli.- Ja..., ja... Tiene gracia.
Cirilo.- (Aparte) La que tiene gracia por almutes, eres tú. ¡Rediez, qué mujer!. Pero no... Cirilo, Cirilo. Que has   prometido no faltar a la pobre Josepa Anthoni...
Aga.- Bien caballero, bien. Pase usted a ese cuarto y hallará cuanto necesite para desrequesonarse. ¡Vaya, ya cayó un huésped!. (Salen por la izquierda)
Zuli.- Ese hombre tiene cara de tonto; y que le he causado buen efecto, salta a la vista. Si consiguiese yo convencerle para que me acompañe en mis danzas, en un par de ensayos le pondría en condiciones de poder debutar esta misma noche, por encima de todas las bravatas y amenazas de Tolique, que así le coja la..., iba a decir una enfermedad muy gorda, pero creo que no hay ninguna que no la haya pasado seis o siete veces. Sí. Yo le pintaré con los colores más negros una situación horrible, espantosa, de la cual él sólo podrá sacarme; le ofreceré una propina crecidita, y poco corazón ha de tener, o ha de ser muy desinteresado, si no se convence. Aquí está él; discreción y labia
Cirilo.- Vaya, ya estamos arreglaus. Algún estropicio gordo he debido hacer en ese cuartico, porque he tirau de una cadenica que estaba cincilicando de un balde, y se ha empezaú a caer agua y más agua, con unos ruidos y unos chiflidos, que buena se va a poner la echecuandre cuando se entere. ¡Jesús, María eta José! Ya está ahí la de antes. Cirilo, Cirilo; no la mires, que eres prágil.
Zuli.- ¡Caballero!
Cirilo.- Eso no será para mí, que no soy más que organista. Machero si habría dicho aún...
Zuli.- ¡Caballero!
Cirilo.- Pero... ¿a quien estará llamando?
Zuli.- ¿No me entiende usted?. ¿Es usted extranjero de Francia por un casual?
Cirilo.- No señora; soy de Burdindogui por nacimiento.
Zuli.- ¡Ah! Creí, usted dispense.
Cirilo.- Lo habrá creído usted por el traje. Es que en el pueblo tenemos una costurera muy buena, como que nos hace la ropa a todos los señoritos de la cendea, al palaciano, al hijo del cabo, al estudiante... (aparte) ¡Rediez, cómo me mira y qué requetéguapísima es!. Pero Cirilo, Cirilo, cierra los ojos y no los abras, aunque te hagan cosquillas.
Zuli.- ¡Ay!
Cirilo.- ¡Qué suspiro!. A ver si a lo mejor es por mí.
Zulima.- ¡Ay Dios mío! ¡Qué desgracia más grande la mía!. (continúa suspirando y llorando).
Cirilo.- No, pues no debe ser por mí... Señora, por Dios, no se ponga usted así, que me da mucho duelo verla tan triste, y yo, antes de ver llorar a una mujer, prefiero tocar a fuego con la cabeza.
Zulima.- ¡Ay, caballero!. Yo soy la mujer más desgraciada que hay en el mundo. Usted no sabe lo que es sufrir, usted no sabe lo que es padecer como yo lo hago, usted no sabe...
Cirilo.- Esta se cree que yo no sé nada. Me ha tomado por analfabeto.
Zulima.- Usted no sabe lo que es quedarse viuda con cinco niños y esperando otro... No, usted no puede saber eso.
Cirilo.- Señora, que nadie puede decir de este agua no beberé.
Zulima.- ¡Ay! ¡qué desgracia!, qué desgracia la mía.
Cirilo.- Mire usted.  Cómo siga con esas geremíadas, agarro el macho y me voy con el misacantano.
Zulima.- ¡Sí! Caballero, sí. Lo que me pasa es horripilante, y cuando se lo cuente no podrá usted menos de conmoverse. Porque, si es verdad que los ojos son el espejo del alma, por los suyos se echa de ver que la suya es grande, generosa, bella...
Cirilo.- Ahora, sí que los cierro y no me los abren ni con una grúa.
Zulima.- ... y buena y hermosa... y por lo tanto se ha de apiadar de mi triste situación, y tengo seguridad de que me ha de sacar de ella; porque yo..., pero siéntese usted, caballero.
Cirilo.- No, no, es comodidad.
Zulima.- No, siéntese usted..., no, ahí no, más cerca, aquí.
Cirilo.- ¡Ay, Dios mío!.

(Se sientan)

Continuará

jueves, 28 de julio de 2011

Cirilo por San fermín pasó aventuras sin fin (VII). Dña Agapita y D. Homobono



(Entran por el foro doña Agapita seguida por D. Homobono)

Agapita.- ¿Qué? ¿otra vez de jaleo?. ¿Cuándo va usted a terminar de armarnos escenas?. Pues no faltaba más, sino que vinieran ustedes con sus peloteras a quitar en una semana el buen nombre que ha adquirido mi casa en veinte años que lleva de existencia. ¡Porra con el tío este!.
Tol.- Señora, señora...
Aga.- A mí nadie me replica, ¿sabe usted?, y ya no gasto con usted más saliva que la necesaria para decirle que está de más en mi casa y que por esa puerta se va a la calle; y si no quiere cogerla por las buenas, aquí está mi marido para ponerle en volandas de patitas en la calle.
Homobono.- Mujer, yo...
Tol.- Señora; en atención a haber comido el pan bajo el mismo techo que usted se cobija, hace que tome la molestia de darle un consejo de amigo, que es como sigue: cuando sienta usted verdaderos deseos de probar que tal le sientan las tocas de la viudez, para verlos realizados no tiene usted más que volver a dar a su cónyuge la orden respectiva a las volandas. Y me voy porque me da la gana; pero antes permítanme ustedes haga uso de mi autorizada palabra para dejar las cosas en el lugar que les corresponde: Yo, Rafael Gutiérrez Domínguez, consorte hasta hoy de Soledad Gómez Pérez, ante ustedes por testigos declaro y digo: que me divorcio ipsofacto de ella por incompatibilidad de caracteres, pero advirtiendo, que si la susodicha Soledad Gómez Pérez pretende sin mi expreso beneplácito pisar las tablas de café cantante, salón de varieteses u otros coliseos análogos, sola u acompañada: yo, el infraescrito, en uso de la facultad que el Fuero Juzgo me concede, declaro, firmo y rubrico con el que será cuerpo del delito, que la mencionada Zulima, puede encargarse de antemano un féretro más o menos artístico, para cuya adquisición adelanto el presente cupro-niquel. Y me voy... Salú, y que Undivé les guarde. (Se va)
Aga.- ¡Eh!, bueno, ¿y la cuenta?.
Homo.- No mujer, déjalo, que la tranquilidad no se paga con nada.
Zuli.- No, si lo que siempre les he dicho, es lo más corrompido y criminal que Dios ha echado al mundo. Y todo, porque no se ha encontrado nunca más que con gallinas que se asustan de sus bravatas y no se atreven a pararle los pies.
Homo.- Tiene usted razón señora. Si llego yo a venir antes o tarda él en salir un minuto...
Aga.- Te mueres de miedo. Y tú (a Fermín) ¿Qué hacías aquí?.
Ferm.- Pues..., yo estaba con un pánico horrible.
Satur.- Lo creo.
Ferm.- ... de dejarme llevar de mi genio y de..., pero como me merecen tanta consideración los muebles de esta casa...
Aga.- Nada, lo que yo digo mil veces, que va a ser necesario que me ponga yo los pantalones.
Homo.- Pues avisa cuando lo vas a hacer en todos los diarios de la localidad y aquel día nos hacemos ricos cobrando a real la entrada.
Aga.- ¿Qué has dicho Homobono?.
Homo.- Nada Agapita, que puedes ponerte los míos caquis que te estarán de rechupete.
Aga.- ¡Ea!, basta ya de palique. Tú, Fermín, a acabar con la vajilla.
Ferm.- Si quiere usted que termine enseguida con toda ella, no tiene usted más que decirle a la Satur que empiece a darme esperanzas. (coge la vajilla y sale por el foro).
Aga.- Tú, a arreglar las habitaciones, y tú, Homobono, a subir a la cocina los quince sacos de carbón que hay en el patio.
Homo.- Mujer, que no voy a poder llegar a la procesión para ver como le sienta al presidente de la Comisión de Beneficencia la chistera de cuando yo era concejal, que me la ha pedido prestada.
Aga.- ¡Qué chistera ni qué porra!; tú no sales de casa hasta que hayas subido los quince sacos (sale homobono por el foro). Y cada mochuelo a su olivo. Y usted señora, en el estante del comedor tiene la tila para lo que guste.
Zuli.- ¿Tila yo?; dinamita, trilita, es lo que necesito. ¿ha dicho que no bailaré?. ¡Vaya que no!. Y esta misma noche. Y no sola, sino que me busco ahora mismo otro que haga de negro excéntrico, y con dos buenas lecciones y propina regular, damos hoy el opio al público.

(Entra Cirilo por el foro)

Continuará

miércoles, 27 de julio de 2011

Cirilo por San Fermín paso aventuras sin fin (VI). Tolique y la bella Zulima



Ferm.- Te lo bailas con Geroboán. (Se oye el gran broncazo en la habitació derecha) ¡Eh! ¿qué es eso?
Satur.- Qué ha de ser, lo de siempre. Ya está el chulo ese de las varietés armando bronca con su mujer por no perder la costumbre.
(Se oye un tortazo padre)
Ferm.- ¡Agua va!.
Tolique.- (Saliendo el Tolique con un gran garrote de la puerta lateral derecha) Se puede saber quien es el que ha mencionado ese líquido asqueroso.
Ferm.- ¡Hombre!, yo creí que no faltaba a nadie por decir: ¡agua va!.
Toli.- Agua, agua de chufa es lo que sobra en las venas de uno que yo me sé, y al que me encargo de extraérsela gota a gota.
Satur.- ¿Es usted practicante?
Toli.- Niña, los chicos bien educados solo hablan cuando se les interviuva o cuando las gallinas hacen ciertos menesteres ajenos a su naturaleza.
Ferm.- ¡Eh! ¡caballero!. Las manos quietas.
Toli.- Poco a poco. ¿Se puede saber, si en esta casa u mansión hay alguien a quien le sobra no más que un milímetro de lengua?, no vaya a ser que me encargue de ponérsela de bufanda u de corbata. Y usted, digna representante del gremio doméstico, y en atención a su sexo antagónico al mío me digno dirigirle mi autorizada palabra sin lanzar exabrupto alguno: ¿tiene usted el caprichito de ver salir la nuca de una persona por el ojo izquierdo de su propietaria?.
Satur.- Pues hijo, avise usted cuando se deja los exabruptos encima del piano.
Toli.- Si no va por usted, nena. Lo digo porque si usted muestra el más mínimo deseo por ver ese pequeño escamoteo, no tiene usted más que hacerme una ligera indicación y realizo ese ejercicio de prestidigitación en la persona de mi consorte.

(Sale Zulima por la misma puerta)

Zulima.- (saliendo) Qué es lo que está diciendo ese sinvergüenza, granuja, mal nacido, criminal, ladrón, corruptor, canalla, estraperlista...
Toli.- Es que, ¿está usted dirigiéndose por radio a su progenitor u sease a su padre?
Zul.- Vamos, dejenme ustedes que le saque los ojos, que me le sorba los sesos, que le masque la nuez...
Satur.- ¡Por Dios señora! Tenga calma.
Zul.- Pero cómo quiere usted que la tenga, si desde hace cinco años que tuve la mala ocurrencia de casarme con ese calcomanía no hago más que tragar bilis, comerme los hígados...
Toli.- ¡Pchs! Apetito que tiene una.
Zul.- Yo, que maldita la necesidad que tengo de que nadie me ayude a ganar el pan, pues gracias a mis pies y garganta y demás aptitudes para el cante y baile, lo que me sobran son contratas, que más de veinte empresas se han puesto de moños y se han tirado los trastos a la cabeza por ser las preferidas en llevarme.
Toli.- ¡Eh! ¡Poco a poco!. Menos supitez y más razones. Vamos por partes. Ese cartel, esas contratas de que tanto te pavoneas y haces alarde, ¿cómo y de qué manera las has azquirido si no es por obra y gracia del que tienen ustedes el honor de escuchar en este momento, conocido en el mundo del arte por el sobrenombre del “Tolique Angelical?. ¿Cantarías tu acaso soleares, marianas, fandanguillos, etc., etc., si mientras tú desafinas, no haría yo llorar a la guitarra...?.
Zuli.- Lo que tú haces llorar es al público de asco.
Toli.- Tú crees que el título de reina del “Exotique Dance” con que te anuncias, ¿lo habrías adquirido si yo no me hubiera dignado hacerte el pandant ataviado de negro excéntrico?. Pero que conste niña, que las tales ganguitas se acabaron, “finis coronat... gangas”.
Zuli.- Pero, ¿Han oído ustedes?. Vaya, sujéteme señorita si no quieren ustedes tener que tratar con la justicia.
Toli.- Joven, (a Fermín) hágame el obsequio de ser portador del presente junco marino, no vaya a ser que me deje llevar de mi natural de suyo súpito, y de la primera manguzá esparza por las paredes la masa encefálica de mi consorte, y va a ser una lástima estropear tan artístico papel.
Ferm.- Ya sólo eso me faltaba, que me tomen por paragüero.
Zuli.- Canalla, sinvergüenza, mal nacido...
Toli.- Niña, no te olvides que en este mundo todo es finito.
Ferm.- Menos el junco.
Toli.- Y mi paciencia está comprendida en el catálogo de las cosas terráqueas

(Vuelve a coger el bastón y se dirige contra Zulima)

Ferm.- ¡Vaya!. ¡Se arma!. Pero lo que es, yo no me comprometo, yo llamo gente, doña Agapita, don Homobono, vengan ustedes a evitar un sepelio.
Satur.- ¡Señores!. Aquí no se pega nadie estando yo delante. Usted guarde las uñas para cuando le pique algo, y usted deje es limpiadientes pa cuando tenga alguna muela careada.

(Entran por el foro doña Agapita seguida por D. Homobono)

Continuará

martes, 26 de julio de 2011

Cirilo por San Fermín paso aventuras sin fin (V). Acto II. Fermín y Saturnina

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ACTO II


Sala-recibidor de una casa pensión. Puerta al foro que conduce a la escalera y habitaciones interiores. Puertas numeradas a derecha e izquierda y balcón primer término izquierda (espectador).

Fermín y Saturnina


Ferm.- Oye Saturnina, óyeme...
Satur.-Vamos a ver, que te ocurre.
Ferm.- No me seas tan ingrata.
Satur.- Y dale...
Ferm.- Acuérdate, que desde que te vi, te conocí...
Satur.- ¡Mira que agudo es el niño!
Ferm.- Y desde entonces me tienes chalu, apasionau y  completamente esclavizau.
Satur.-Mira por dónde. Yo venga a reunir sellos de correos para la redención de la esclavitud y resulta que tengo un esclavito a mi disposición. ¡Pero qué cara de idiota pones!
Ferm.- Saturnina, no me tomes la coleta. Que ya sabes que yo sólo vivo para satisfacer tus más diminutos deseos.
Satur.- ¿Sí? Pues mira, el mayor que ahora tengo es, que te calles y me dejes en paz. ¿Lo oyes bien? En ¡paz!.
Ferm.- Saturnina. Cruela, más que cruela. Acuérdate que por un caprichito tuyo corrí el año pasao delante de los toros y aún tengo que sentarme de medio lau por la pezuña que me plantó atrás, cuando me caí, aquel  jabonero.
Satur.-¡Ja...ja...! Chico no me lo recuerdes; que todavía tengo inchada la campanilla de lo que me reí aquel día; y vaya cara estúpida que ponías cuando te llevaban a la enfermería. ¡Ja...ja...!
Ferm.- No era para menos. ¡Menudo toro era aquel!
Satur.-¿Toro? Si era el manso del cuerno doblau. Los toros se apartaban al pasar a tu lao, con una cara de asco... ¡Cómo estarías! ¿ja...ja...!
Ferm.- Quien me iba a decir que iba a ser tan desgraciao por una mujer..., yo..., que siempre de las chicas me reí. Yo..., que siempre de las novias me burlé...
Satur.- Hoy en busca de un amante vengo aquí. ¡Ay de mí, ay de mí, si acabaré llorando...
Ferm.- Sí, reite, reite, que día llegará que te pese haber perdido esta ocasión para ser feliz, porque como yo  no has de encontrar uno que esté siempre dispuesto a servirte.
Satur.- De estorbo, sí, es verdad.
Ferm.- Y si no, haz la prueba; mándame lo que quieras; dime que te traiga la luna, pego un brinco y ¡jaun! Te la traigo en los dientes.
Satur.- ¡Chucho, ala de ahí!
Ferm.- Mándame darte un abrazo y ...
Satur.- Si en un caso de enajenación mental llegase a darte ese encarguito, y tú intentases obedecerme, ¡Virgen del Puy!, entonces, sí que no te sentabas de ninguna manera. Pero parece mentira que siendo tan poquica cosa que pareces un pedacico de birica, seas tan pesau. Cuantas veces quieres que te diga y te repita,que no me gustas, que no me gustas y que no me  gustas ni tanto así, ¿oyes?, ni tanto así.
Ferm.- ¡Uy!, qué dedico tan..., tan..., tan pirulí.
Satur.- Con que pirulí, ¿eh?. ¡Mostillo!.
Ferm.- Bueno Satur; paso por las calabazas que tan discreta me has dado, pero ¿por qué no has de querer bailar conmigo ni una sola vez en todos los sanfermines?.
Satur.- Pues, ya te lo he dicho ni sé las veces. Porque tengo comprometidos todos los bailes; los de hoy, los de mañana, los de pasau y los de todas las noches.
Ferm.- Pero si yo no te pido más, que si tocan seis veces seguidas la jota final, una la bailes conmigo.
Satur.- ¿Seis veces? Pues no quieres hacer soplar poco a los de la Pamplonesa.
Ferm.- Pues ríete de lo que soplan todos reunidos, a lo que voy a soplar yo para olvidar tus desdenes. ¡Ingrata!. Te olvidas de que si estoy yo aquí hace dos años limpiando platos y todo lo que tú deberías limpiar, es nada más que pa que tú no te estropees esas manicas que yo me hice la ilusión de que me las ibas a dar... ¡sí, dar!. Una vez me diste con una de ellas en las narices y me costó la broma un duro de perejil para contener la hemorragia.
Satur.- Chico qué listo eres, hasta sabes decir hemorragia.
Ferm.- Ya ves Satur, ya ves, lloro, sí lloro, ¡y cómo!. No necesito de agua para limpiar los platos, me sobra con las lágrimas.
Satur.- ¡Jesús! Solo porque no hagas semejante porquería, estoy por bailar contigo un chotis.
Ferm.- ¿Qué? ¿De veras? ¡Qué me dices! (deja caer los Platos).
Satur.- ¡Ay!. Eso que no, que los tengo todos comprometidos.
Ferm.- ¡Jobar! Ya podías haberlo dicho antes y podría decir que en la vida había roto un plato.
Satur.- Lo siento chico. Lo tengo comprometido con Juanito desde hace siete días
Ferm.- ¿Quien?. ¿Ese alférez tan pincho que anda diciendo por ahí que es conde?. Si conde, Condeberría que es su apellido.
Satur.- Bueno, sea lo que sea, el caso es que lo del chotis no hay de qué. A ver. Trae el Pensamiento Navarro.
Fer.- ¿Para que lo quieres?.
Satur.- Para que vea las piezas que tocan esta noche y si... ¡Bueno!, deja los platos.
Ferm.- ¿Que los deje?, ¿para qué?.
Satur.- Para que no se te caigan, pues puede que te de una buena noticia. Si eres buenico y tengo un baile vacante, lo bailaré contigo.
Ferm.- ¿De veras?. Has hecho bien en decirme eso de los platos, porque si no... ¡pobre vajilla!. Mira, aquí lo tienes.
Satur.- Veamos. “Victoriano Laserna”, pasodoble. Este lo tengo comprometido con Agapito, que me convidó el domingo pasado a un piscolabis en Niza.
Ferm.- ¿Quien?, ¿Agapito, el maca del Carrete de Oro?. Anda, y yo que le presté el domingo pasado dos duros; mira para qué los quería; para darse postín a mi costa en la Costa Azul. (Coge los platos)
Satur.- “Tus ojos me fascinan”.
Ferm.- ¡Olé, olé y olé! ¡bendita sea tu boca, moceta!. Mira, después de haberme dicho eso, no me importa cargarme con toda la vajilla de casa Zufiaurre.
Satur.- Pero ababol. Si es el título de ese tango: “ojos negros que asesinan, ojos negros que fascinan...”
Ferm.- Malditos sean los tangos de títulos expresivos. ¿También lo tienes comprometido?.
Satur.- Sí, con Esteban.
Ferm.- ¿El cojico de la Magdalena?. Habrá que ver como lo baila.
Satur.- Sí, pero chico, lleva unos zapatos que son un primor y unas corbatas que anudan la voluntad de quien las mira. “¡Ay mamá!”.
Ferm.- ¿Que te pasa?. Te emociona el recuerdo de la corbatita...
Satur.- No. Es el título del chotis: “¡Ay mamita, mamita, mamita!, que se me cae la moquita, pues tengo un catarro atroz, que lo pesqué en Irurita, por beber agua fresquita en la fuente de Iturrioz”. Este, ya sabes con quien lo bailo. ¡Hombre!. Esto es para tomarlo en serio. Espera, espera.
Ferm.- A ver, a ver.
Satur.- “El llanto de los hebreos”, rapsodia sobre motivos de las lamentaciones de Eslava. Mira chico, este Llanto de los hebreos lo bailaré contigo.
Ferm.- Te lo bailas con Geroboán. (Se oye el gran broncazo en la habitación derecha) ¡Eh! ¿qué es eso?

Continuará

Cirilo por San Fermín pasó aventuras sin fin (IV)

Querido lector, tras este puentico de Santiago nuestro patrón, gracias al cual media Navarra está en fiestas continuo precisamente con las mecetas que pasó Cirilo por San Fermín:



...Restablecida la calma y silencio, continua la conversación de Cirilo y el Ministro.)

Cirilo.- Cómo me acuerdo cuando te saliste del pueblo. Igual, igual que si sería ayer. En la cabeza ya te se metió, sí lo qués, aborrecimiento grande que habías pillao al campo, y ¡dili, dala! no te paraste hasta venir a Pamplona. Y ahora, ministro y todo te andas, ¡jobar!.
Minist.-Sí Cirilo, sí. Aquí me tienes reglamentando la circulación y evitando que la humanidad siga siendo aplastada, laminada por las michilinescas cubiertas de los veloces automovientes.
Cirilo.-De modo que eres de esos que les dicen porreteros.
Minist.-De la porra nos llama el público indocto e incivil, cuando en realidad merecemos el denominativo de ángeles tutelares del indefenso transeunte.
Cirilo.-Un poco largo ya resulta eso, pues.
Minist.-¿Y qué ha sido de la rural existencia? Por lo visto colgaste tus hábitos talares.
Cirilo.-Sí, así le hice. Ya estaba cuasi, cuasi pa caer; ya había aprendido a decir: quare me repulisti y todo, pero... me empecé a pensar y en último ya me convencí que más vocación que por el sexto sacramento tenía por el séptimo... y me empecé a tontiar con la Joshepa Anthoni de  Echezarretagoiti, y ... ¡aufi! en el último casar y   todo nos hicimos.
Minist.-Chica agraciada al par que honesta y con no pocos posibles, recuerdo que era la Joshepa Anthoni. ¿Reina la felicidad en tu hogar doméstico?, ¿congeniais?.
Cirilo.-¿Congeniar? ¡Demasiaú y todo! Siete hijos tenemos, majos, majos..., gordicos, gordicos... pocholicos, pocholicos...En todo el camino, no he hecho más que pensar y pensar en ellos.

(Aparece un limpia ofreciendo sus servicios)

Limpia.- ¿Limpiamo la bota, caballeros?; vaya negosio que voy haser en este pueblo de carcundas. ¿Pues no andan todos con alpargatas? Mardito sea er Gruyere. (Se va)
Cirilo.- ¡Mandochooo!, ¿a que te ganas otros siete?.
Minist.-¿A quien llamas?
Cirilo.-A quien pues..., al macho. ¡Cuánto, cuánto me he acordau durante el viaje de mis mocetes. De vez en cuando, parar me tenía que hacer
Minist.-Observo con satisfacción que la felicidad te tutea y que camináis en amigable consorcio.
Cirilo.-(aparte)Pero qué bien habla este hombre.
Minist.-¿Y cumples a la perfección con tus deberes conyugales? ¿no habéis tenido alguna vez alguna ligera desavenencia? ¿Jamás nubecilla alguna ensombreció el cielo de tu dicha?
Cirilo.-En jamás, chico, nunca... pero ahora, no sé pues si está bien lo que he hecho. No, no..., ya comprendo que está mal, muy mal... Pobrecica Joshepa... Muy malo ya soy pues...
Minist.-¡Ah pillín! ¿Alguna infidelidad?
Cirilo.-¡Cá hombre! ¡eso, nunca, nunca jamás amén! ¡Dios me libre!
Minist.-No pucherees y relata.
Cirilo.-Pues verás: ayer va y le dije:- Josepa Anthoni; ¿ya sabes que mi primo Prudencio, el misacantano de Arizguren, va a cantar misa y que me ha mandau recau para que vaya a tocar el órgano durante la ceremonia? -Porque yo soy el organista ¿sabes?
Minist.-Desconocía tus aptitudes filarmónicas, y creí que en Arizguren carecían de órgano.
Cirilo.-Eso igual me dijo la Joshepa; pero yo ya le dije, que el secretario de allá ya tenía un  cordión de esos grandes, con muchas teclas y con aquel muy bien ya me arreglaría. Y ya le convencí que me estaría tres o cuatro días fuera; y lapobrecica, sin tener en cuenta el trabajo que se tiene que tomar de criar y fajar y lavar tanto crí sin mi ayuda, va y ella mismica me apareja el macho, me arregla el equipo y me da unos piperropiles de las últimas mecetas y unos requesones para que se los lleve de su parte al misacantano. Monto en el...
Minist.-¿En el misacantano?
Cirilo.-No hombre, no, en el macho; y tipi, tapa, tipi, tapa, al doblar el primer alcorce, cojo el camino de Pamplona y aquí me tienes.

Cirilo en el macho tipi tapa hasta Pamplona

Minist.-Hombre. No deja de ser un tanto ingeniosa tu estratagema, pero no muy recomendable tu conducta.
Cirilo.-Hombre... bien mirau, no soy tan sinvergüenza como parece a lo primero; porque hay que tener en cuenta que desde que colgué el manteo, no me había venido nunca a Pamplona, y según, muy diferente que entonces está. Ahora Gran Vía Carlos III donde se andaban antes los cordeleros, chaletes en la Ripa de Beloso, un Seminario Alponso Carlos terriiible...Ahí, por si acaso no me pienso pues acercar.
Minist.-¿Temes que renazca tu vocación?
Cirilo.-¡No, eso no! Porque a lo mejor algún cura viejo si me ve y me conoce, igual me hará la burla y me  llamará Catalina.
Minist.-¿Catalina? y eso ¿por qué?
Cirilo.-Porque una vez, en vez de decir "quousque tandem Catilina", le dije Catalina.
Minist.-No está mal el lapsus. Eso le puede ocurrir a cualquiera.(Desconozco a esa señora).
Cirilo.-... Y además, que nunca he visto los Sanpremines...y sobre todo que he jurau no faltar ni pizca así a la Joshepa, ni de vista, aunque pase a mi lau la ...¿cómo le dice, pues, el secretario a esa diosa guapa, guapa...?
Minist.-Será la diosa Venus, la más bella del concurso Olímpico.  
Cirilo.-Esa será pues... Ya quisiera yo pues ir ahora a la calle de Chapitela.
Minist.-Ahora allí no habrá nada de particular.
Cirilo.-¿Sabes? Es que quiero ver si todavía hay en un espacarate un corsete muy majo con cinticas rosas, y puntillas y unas ballenas grandes. Cuando pasaba por allí de seminarista, me ponía royo de vergüenza y no me atrevía ni a mirar.
Minist.-¿Y que idea te da de rememorar esos recuerdos que de suyo nada tienen de ruborizantes?
Cirilo.-Es que, para que me perdone la Joshepa cuando se entere de mi escapada, ya le querría, pues, hacerle ese regalo.
Ministro.-¿Regalar hoy un corset de ballenas y puntillas? ¡Hombre! Eso ya no se estila. Ahora se llevan culotes, y combinaciones y a lo sumo fajas.
Cirilo.-¿Fajas como los viejos? Lo que hemos todavía que ver.
Minist.-Bueno. Si te parece bien podemos ya marcharnos, pues parece que la inquieta mocetería y los danzarines gigantones se aprestan a invadir la plaza. ¡Mozo!. Cobra aquí al señor... y quédate con la vuelta.
Cirilo.-¡Jobar!. Así cualquiera convida. Demasiada gramática sabe este hombre. ¡Arrrre! Mandocho, que esos de las cabezas grandes tienen menos fundamento que tú... y nos van a dar un disgusto.

(Salen mocetes perseguidos por las quiliquis, y poniéndose en corro alrededor de la quiliqui cantan:

Con el chin, chin, chin, chin

chibiribirin vivan las fiestas,
con el chin, chin, chin
chibiribirin de san Fermín.

Ruega por nosotros
nosotros pamplonicas
ahora y en la hora
de tus fiestas, San Fermín.

y bailan al compás de "Las Pamplonas". Se oyen las gaitas y salen los gigantes que bailan, y durante la danza cae el telón mostrando al público la policromía de los anuncios, que será, tal vez, lo que más les distraiga.)

TELON.