Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

lunes, 2 de febrero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (5). Pamplona, iglesia de Santo Domingo 1969 (II). La primera celebrada sin Ignacio Baleztena

 

+

Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba.

Mi padre participó en todas las ediciones de esta celebración desde aquel comienzo hasta 1968 donde disfrutó en Sangüesa de la representación más completa hasta el momento. Este 1969 ya no pudo gozar de su “creación”. Había sufrido un ictus y estaba ese día ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.

Para ver cómo transcurrió la jornada del 6 de enero de 1969 acudimos de nuevo al folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

 

“AÑO 1969. PAMPLONA. IGLESIA DE SANTO DOMINGO

En ciertos casos, reconstruir un pasado es más fácil que destruir un presente. Sobre ruinas que tienen historia, y al dictado de los datos que ésta proporciona, puede levantarse un escenario y poblarlo de personajes, más o menos importantes, cuyos hechos fueron dignos de mención.

Una ciudad que se agranda y moderniza a marchas forzadas impide al espíritu evadirse a otros tiempos. El cemento, el asfalto, la mole de las casas tan altas, el incesante rodar de vehículos, cierran el paso a todo intento de visión retrospectiva. Por lo tanto, situar una fiesta medieval en Pamplona de ahora tropieza con bastantes dificultades, pero habrá que arrostrarlas para celebrar en ella, la «Fiesta del Rey de la Faba» de 1969.

Y no es que la vieja Iruña deje de tener interesantísima historia. Dejando la parte nueva de la ciudad nos encerramos en antiguo recinto amurallado del que canta la copla:

Viva Pamplona redonda,

Vivan sus siete portales,

Con su Plaza del Castillo

Y paseos principales.

Dos de estos siete portales, aún quedan en pie. Y por uno de ellos, que no tiene levantado el rastrillo del puente, penetramos en la ciudad. Encontramos algunas casas de aspecto palacial, con balcones de hierro forjado, con magníficos escudos de armas tallados en piedra. Este lujo heráldico muy corriente en toda Navarra. Pero el empaque de sus fachadas queda disminuido por los mármoles y letreros que acompañan al desenvolvimiento del comercio.

….

De nuestras reflexiones históricas viene a sacarnos el sonido de cornetas y tambores convocando a fiesta.

Ya se escucha de Pamplona

la alegre trompetería...,

y al percibir sus ecos, subimos precipitadamente la cuesta de Santo Domingo, llamada también de los Carniceros, donde los mozos inician el recorrido del encierro, corriendo ante los toros en las alegres mañanas de San Fermín.

Ante el palacio de la Diputación se aglomera el público expectante. En su interior rebullen los niños de la Santa Casa de Misericordia de Pamplona, protagonistas de la fiesta, y que van a formar el cortejo del rey, que es para ellos un compañero. La paciencia por un lado y la ilusión y afán por otro, han convertido a aquellos chiquillos revoltosos en conscientes y dignos personajes.

Rompen el real desfile heraldos montados a caballo; el resonar de sus trompetas llena el aire de notas triunfales. Tras la bandera de Navarra flotan al viento las de las merindades de Olite, Pamplona, Tudela, Sangüesa, Estella y San Juan de Pie de Puerto, llevadas por jóvenes ataviados con sus respectivos trajes regionales. La rondalla de la Casa de Misericordia rasguea marchas alegres. Pasan juglares, trovadores, cantando las canciones del rey poeta Teobaldo I.

Siguen en fila los pajes, luciendo sobre almohadones de terciopelo rojo las insignias reales: Corona, cetro, espada, monedas, ropajes. Y el gran escudo con las armas de Navarra, que servirá de pavés para alzar al rey.

Carlos, Príncipe de Viana, monta en su caballo blanco, y su lado cabalga intimidado el niño que será proclamado «Rey de la Faba»[2].

El rey de la faba a caballo
Foto de El Pensamiento Navarro de 7 de enero de 1969


Levantan sus arcos y espadas los dantzaris del Muthiko Alaiak, y bajo el arco de honor pasa Su Alteza Real, el rey don Carlos III, rey de Navarra. Porque es él, el rey Noble, quien hace unos años nos abrió las puertas del alcázar de Olite para que allí celebrásemos la fiesta tradicional, y ahora vuelve a presidirla en la ciudad por él pacificada. Y su ejemplo siguieron don Teobaldo ll en Estella[3] y el Príncipe de Viana, Enrique de Labrit, en Sangüesa.

Como manda el ritual, un representante de las Buenas Villas presenta el estribo al rey, y éste, montado a caballo, avanza rodeado del Clero, Nobleza, Estado llano. Es decir: las representaciones del reino.

El monumento a los Fueros proyecta su sombra sobre la comitiva, y al saludarle el rey, parece decir: «Vamos a jurar los Fueros, como lo hicieron nuestros antecesores». Desde su alto pedestal, la matrona agita complacida las rotas cadenas. Y en el aire, sin notas ni palabras, flota el sentido de la jota vibrante:

Si los navarros ponemos

En nuestro escudo cadenas,

No es porque las soportemos.

Es, porque sabemos romperlas.

La vistosa comitiva va llegando a Santo Domingo. El pueblo llena la iglesia ricamente adornada e iluminada. En el impresionante y absoluto silencio resuena bajo las bóvedas del templo el clarín de un heraldo. Y el rey de armas, anuncia:

—Acérquense los representantes de las Buenas Villas y Merindades.

—Avancen los Nobles del Reino.

—Aparezca el Príncipe de Viana, acompañado del «Rey de la Faba».

Y tras un toque de clarín muy prolongado, vuelve a anunciar el heraldo:

—Y ahora, inclinaos ante su Alteza Real, el rey de Navarra.

La marcha del reino acoge su llegada. Todos estos componentes desfilan con una naturalidad y soltura admirables. ¿De dónde sacaron aquellos niños asilados el empaque cortesano? La jota popular nos da la respuesta clara y concisa:

En el cuerpo tenemos

los navarros un rey.

Ya todos los puestos están ocupados. Va a empezar la ceremonia histórica de la coronación y consagración. Desde el a púlpito, el heraldo, desenrollando el pergamino, se dispone lanzar el pregón. Se descorre el telón de los siglos.”

Coronación del Rey de la Faba en Pamplona el 6 de enero de 1969
Foto del folleto "El Rey de la Faba"


Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere, con el ceremonial de coronación del Rey de la Faba



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[2] Ese año le correspondió a Francisco Javier Arbea ser coronado “Rey de la Faba”

[3] Como indicaba en la entrada relativa a la celebración de Estella esto debía haber sido así, aunque realmente fue realizada la invitación en nombre de Carlos III el noble.

domingo, 1 de febrero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (5). Pamplona, iglesia de Santo Domingo 1969 (I). La primera celebrada sin Ignacio Baleztena

 

+

Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba. Mi padre participó en todas las ediciones de esta celebración desde aquel comienzo en el círculo carlista hasta 1968 donde disfrutó en Sangüesa de la representación más completa hasta el momento. Este 1969 ya no pudo gozar de su “creación”. Había sufrido un ictus y estaba ese día ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.

Este año el Muthiko Alaiak, organizador del evento, editó un folleto relativo al mismo:

Folleto publicado por el Muthiko Alaiak con motivo de la fiesta del Rey de la Faba 1969 en Pamplona. Dibujo Carlos Catalán
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena




En dicho opúsculo colaboramos la tía Lola y yo con sendos artículos que pongo a tu disposición.

Artículo mío en el folleto del Rey de la Faba de 1969
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena

Artículo de Dolores Baleztena en el folleto del Rey de la Faba de 1969
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena


Al ser archivero del Archivo General de Navarra, a mí me correspondió componer el ceremonial de la celebración tal y como se representa actualmente con pequeñas diferencias introducidas posteriormente. Aproveché el pregón inicial escrito por el aitacho en 1964 para introducir el acto y la invitación al pueblo. Realmente gran parte del trabajo habían hecho el año anterior los sangüesinos, buscando documentos en los archivos del arzobispado. Para completarlo investigué en el Archivo General los documentos del ritual de la Coronación de Carlos III el Noble en romance navarro ("Idiomate Navarre terre" o "Idiomate terre Navarre"), cotejándola con la de los reyes de Inglaterra en latín. El Ceremonial de la Coronación, Unción y Exequias de los Reyes de Inglaterra, códice inglés del siglo XIV, es una de las joyas más preciadas que custodia el Archivo Real y General de Navarra. El códice inglés debió llegar a Navarra a finales del siglo XIV durante el reinado de Carlos III el Noble (1387-1425), monarca de la dinastía Evreux, que dotó a la monarquía navarra de todos los elementos de magnificencia posibles, al estilo de otras casas reales europeas. Su fascinación por todos los aspectos rituales del poder y por las formas y la dignidad de la realeza podría explicar su interés en contar con un ceremonial como este, que describía el protocolo a seguir en las ocasiones más solemnes en la vida de un monarca, como son la coronación y los funerales regios. (3), (4)

Pero este ceremonial lo veremos en una próxima entrada si Dios quiere.

La crónica de El Pensamiento Navarro narra el momento en el que el cortejo pasando bajo la estatua a los Fueros enfiló hacia Casa Baleztena:[1]

“…Y Francisco Javier Arbea,-Rey de la Faba- serio como una Cuaresma, bien puesto, encima de un caballo blanco. El Himno de las Cortes sacaba escalofríos. Frente a Casa Baleztena cuatro pares de saludos…”.

Francisco Javier Arbea,Rey de la Faba en 1969 a caballo
Foto de El Pensamiento Navarro 7 enero 1969


E Ignacio Baleztena, fundador del Muthiko Alaiak e iniciador de la celebración de la fiesta del “Rey de la Faba” en torno a 1920 por primera vez no pudo participar en la misma. Había sufrido un ictus y estaba ese día ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.

Una curiosidad es que la espada que se ciñó el rey niño ese año era la que fue de D. Jaime I, rey carlista, prestada por la familia Baleztena para la ocasión. Y como dato anecdótico indicar que es la misma espada con la que corté la tarta de mi boda el 16 de julio de 1964.

“Después de las ropas reales… recibe la espada, el cetro y la corona. La espada, de Don Jaime, una auténtica joya prestada para la ocasión” (1)

El rey de faba desenvaina la espada de D. Jaime en 1969
Foto del folleto El Rey de la Faba (2)



El rey de la faba con una espada casi más grande que el. Era la de D Jaime, rey carlista
Foto del folleto El Rey de la Faba (2)

En la próxima entrada si Dios quiere seguiremos viendo cómo fue esta celebración de Pamplona de 1969 mediante el folleto que escribí en 1979[2] y que puedes leer completo pinchando aquí, para seguir la historia del “Rey de la Faba”.



[1] Hernández Javier. El Pensamiento Navarro. 7 enero 1969. P 16

[2] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[3] Segura Urra, Félix. https://bibliotecaagn.wordpress.com/tag/ceremoniales/. 2 mayo 2023. Consultado el 1 febrero 2026

[4] Idoate F. Ceremonial de la coronación, unción y exequias de los Reyes de Inglaterra. Pamplona, Diputación Foral y Provincial de Navarra, Colección Temas de Cultura Popular, 1976, 2 vols

sábado, 31 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (5). Sangüesa 1968. La última celebración de Ignacio Baleztena

+

Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

Esta edición fue especial ya que fue la primera vez que se representó la coronación del Rey de Navarra y la última a la que pudo asistir con gran emoción mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, el iniciador de esta celebración en torno a 1920.

 

Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)


“AÑO 1968. SANGUESA

Al dirigirnos a Sangüesa para celebrar en aquella merindad la Fiesta del «Rey de la Faba», como ya lo hicimos en las merindades de Estella y Olite, iremos siguiendo las huellas reales, y recogiendo por el camino retazos de historia y tradición, que por aquellos parajes quedaron impresos.

Conforme nos acercamos a la región pirenaica, va cambiando el paisaje.

…..

Ya estamos a las puertas de Sangüesa; ...  Toda ella está engalanada. El pueblo en masa pulula por las calles con aire regocijado. Y es que Sangüesa se prepara a celebrar una gran fiesta. Tras larguísima ausencia, el Príncipe de Viana, Enrique de Labrit, ha vuelto a su pueblo natal, porque quiere apadrinar al «Rey de la Faba» del año 1968. Un edicto con el sello real ha sido pregonado. Dice así: «Sepan cuantos esta presente carta verán y oirán, cómo yo, Enrique de Labrit, Príncipe de Viana, he tenido tanto placer en disponer que la "Fiesta del Rey de la Faba" se celebre este año en Sangüesa, en prueba del mucho amor que le tengo, por haber nacido allí. Sepan y oigan, cómo el hijo del pueblo será coronado en la iglesia de San Francisco, que mandó erigir mi antecesor el rey Teobaldo ll. Y que yo mismo, en nombre de mis padres, los ilustres Reyes de Navarra don Juan y doña Catalina, estaré presente en dicha y muy solemne ceremonia. Dado en Sangüesa, en el Palacio Real, a veinticuatro días del mes de diciembre de mil quinientos doce. ENRIQUE ».

Invitación del Muthiko Alaiak a la celebración del Rey de la Faba en Sangüesa. 1968
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena


….

El año de 1512, que sería el último del reinado sus padres, don Juan y doña Catalina celebraban en Sangúesa la «Fiesta del Rey de la Faba», el día de la Epifanía, como consta en archivos de Pau. El pueblo se unía a los sus reyes, muy aficionados a los regocijos populares, en que tomaba parte el rey, que era muy «rocero» como dirían los ribereños, o muy «jatorra» como lo calificarían los montañeses.

1512-1968. Han pasado 456 años. Y la cadena de la tradición no se ha roto. En el yunque secular golpea el martillo del progreso y del entusiasmo, y en esta ocasión presente hace saltar chispas de ilusión y de fraternidad cristiana.

Ayer es hoy en Sangüesa. Nuevamente vemos salir del castillo real una alegre comitiva. Heraldos, bandas de música, estampido de los cohetes. Allí van el clero, los nobles, los representantes de las Buenas Villas, y, entre éstos, el reyecito escogido, con su sencillo vestido de campesino: un mocete de Sangüesa[2], despierto, inteligente, merecedor de la dignidad con la que se ve favorecido.

El adolescente Príncipe de Viana renace del pasado, y desde un caballo blanco saluda y sonríe a sus paisanos, con los que jugó de niño. De pronto, se fija en un balcón donde está asomado un pajecillo.

—Francis, Francis—le llama alegremente.

—Ya voy, señor—contesta el interpelado.

Y se incorpora a la comitiva nada menos que Francisco de Javier, el futuro apóstol del Japón y de las Indias, el que en tantas tierras había de evangelizar y tanta gloria reportaría a su tierra. Ha venido desde el castillo, acompañado de su padre, don Juan de Jasso, para abrazar a su amigo el Príncipe de Viana.

Los padres franciscanos, venidos de Rocaforte, la antigua Sangüesa, fundaron en ella un convento y tomaron posesión de la preciosa iglesia erigida por el rey don Teobaldo II. Esta bella iglesia está engalanada con tapices, escudos, sitiales y tronos, para recibir al «Rey de la Faba», que va a ser allí coronado.

Porque Sangüesa, si en toda su historia «nunca faltó» a la cita del deber y del valor, reclamando puestos de vanguardia, en esta ocasión no se quedó atrás. A los organizadores locales se les ocurrió la peregrina idea de coronar al niño, rey de un día, con el mismo ritual con que se coronaba a los reyes de Navarra. Y para alcanzar este alto objetivo sacaron de los archivos de la catedral de Pamplona todos los datos necesarios para ponerla en práctica.

Así, pues, al conjuro de otros tiempos, fueron entrando en el templo los representantes de los Tres Brazos o Estamentos: Clero, Nobleza, Estado llano, ocupando sus respectivos asientos. Apareció el Príncipe de Viana y se sentó en un trono pequeño, pues otro mayor estaba destinado para el niño elegido por votación de aprecio a sus méritos.

Todos los personajes que tomaban parte en esta secular ceremonia se desenvolvían con una serenidad y soltura admirables. Con unción religiosa los obispos; con aplomo los nobles; con dignidad los representantes del pueblo.

En medio de absoluto silencio, y a golpe de cetro, leyó el Rey de Armas:

«En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Sea manifiesto a todos los presentes, y a los que son por venir cuando vean, oigan y lean esta carta, que el día de la Epifanía de 1512 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, el muy Excelente y Poderoso Príncipe Enrique de Labrit, Príncipe de Viana, hijo de los reyes de Navarra don Juan y doña Catalina, mandó convocar y venir a la coronación del «Rey de la Faba», a los prelados, ricos-hombres, infanzones y caballeros, hombres de las ciudades y de las buenas villas, a todo el pueblo, y en especial al de Sangüesa, al que tiene amor por ser el lugar de su nacimiento. Que fue nombrado «Rey de la Faba» un hijo del pueblo, al que ha de coronársele con la solemnidad y dignidad de un rey, como en semejantes casos procede, según está en fuero, con jura, unción y recibimiento de las insignias reales, para que el pueblo de Sangüesa vea de hecho lo que en semblantes casos se acostumbra a hacer en la catedral de Pamplona. Así lo mando. YO».

El rey de armas. Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)


Ya medievalmente ambientados, vimos desarrollarse, fielmente ejecutados, todos los ritos de la coronación, de profundo sentido religioso, de espíritu elevado, impregnados del sentido de la libertad foral, de la compenetración del rey con su pueblo, tan altamente aleccionadores. De todos sus detalles y texto nos ocuparemos cuando hagamos la crónica de la fiesta que al año siguiente se celebraría en Pamplona. Para ponerlo en práctica sería necesario aprender bien la lección que los de Sangüesa tan magistralmente nos dieron.

Al abandonar la ciudad, vagaban por ella las sombras de don Juan y doña Catalina, de don Enrique y de Francisco de Javier. Las sombras de los reyes recordaban glorias pasajeras. La figura del apóstol proyectaba luz inmortal hasta los más remotos lugares de la tierra.”

Los sangüesinos se involucraron mucho en la celebración y consiguieron que la fiesta del “Rey de la Faba” se incluyera en el programa nacional de “Paz en la Tierra” y el Ministerio de Información y Turismo la subvencionara. Además se realizó un reportaje especial en TVE con las escenas más sobresalientes de la celebración.



La crónica de El Pensamiento Navarro narra que en el momento del juramento de los Fueros por el rey:

Crónica de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1968 (3)

“El terno era de Santiago, del siglo XVIII, el Báculo del Obispo, del Abad de Leyre, el Evangelio de Santa María, siglo XVIII. Un escalofrío ha hecho temblar a Dolores Baleztena, a don Ignacio- Baleztena-, a don Jaime del Burgo, al Alcalde de Sangüesa en el sitio de las autoridades, nuestro Director – el director de El Pensamiento Navarro- no llora pero podría”

“¡REAL, REAL, REAL! Se ha subido el Rey al trono. Por un momento le acompañan sus antecesores. Al otro lado Enrique de Labrit sigue impertérrito la ceremonia. Traen el escudo. Con sus atributos, con la espada, la corona, el cetro y la poma de oro, “Sanchico” se ha subido encima. Pesa poco Sanchico. Hay buenos brazos y buena ilusión para levantarlo. Le suben y le bajan tres veces, mientras los pajes dan las voces: ¡Real, real, real! Suena el himno. Doña Dolores Baleztena —la tengo a un paso— no se aguanta y llora. Haría falta mucho temple para no emocionarse.” [3]

Elevación sobre el pavés del "Rey de la Faba" al grito de REAL, REAL, REAL
Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[2] El niño José Vicente Los Arcos

[3] Hernández Javier. El Pensamiento Navarro. 7 enero 1968.  

viernes, 30 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (4). Estella 1966 y 1967.

 

+

Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

“AÑO 1966. SANTO DOMINGO DE ESTELLA

Siguiendo los pasos de nuestros Reyes y obedeciendo sus deseos de celebrar la Fiesta del Rey de la Faba, allí donde se encontraba la corte el día 6 de enero, festividad de los Santos Reyes, nos trasladamos a la ciudad de Estella, para reproducir el episodio que ya va coleccionando años de historia.

Invitación del Muthiko Alaiak a la fiesta del rey de la Faba en Estella el 6 de enero de 1966.
(Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena)

Al ir por el camino que lleva a Estella, como está salpicado de grandiosos monumentos y de bellas tradiciones, iremos reviviendo un pasado, y así, los monótonos kilómetros de la carretera se convertirán en interesantes páginas evocadoras.

...


Llegamos a Estella, y como ya no existe el recinto amurallado y no nos cierra el paso la puerta llamada «La Gallarda», que cayó demolida en el año 1910, nos encaminamos al Convento de Santo Domingo.

Del castillo real de los tiempos de don Sancho Ramírez nada queda, ni siquiera las ruinas. Sólo las cortadas rocas donde se afianzaba la inexpugnable fortaleza, residencia favorita del rey don Teobaldo ll. Pero con el asombroso poder de la imaginación, se reconstruyen muros almenados, se elevan gallardas torres, cubos, murallas defensivas. Y con este sencillo procedimiento surge el castillo, teniendo a sus plantas el monasterio de Santo Domingo, y éste, en parte reconstruido, brindará lugar apropiado para celebrar la alegre fiesta de la Faba.

 La sombra de don Teobaldo 1, el rey cruzado que marchó Palestina a defender los Santos Lugares testigos de la vida de Jesucristo, se proyecta en aquel escenario. La piedad del rey don Teobaldo ll fundó el monasterio de los Frailes Predicadores, dotándolo espléndidamente. Su hermano y sucesor en el trono navarro, don Enrique l, sufrió la inmensa pena de perder a su hijo primogénito Teobaldo de manera trágica.

Recortes de prensa de ese día. El Pensamiento Navarro 7 enero 1966


¡Cómo se avaloran los lugares cuando la piedad, la historia y la tradición vienen a realzarlos! Estella es marco adecuado, sí, para coronar a un «Rey de la Faba». Si Estella acogió caritativamente en la Edad Media a aquellos peregrinos, en 1966 recibió entusiásticamente a los nuevos romeros de la ilusión que iban a repartir alegría. El niño del pueblo, que por su buen comportamiento y aplicación había sido elegido «Rey de la Faba», se dirigió al convento de Santo Domingo precedido de una brillante comitiva. En ella tomaban parte todos los colegios de la ciudad con sus rondallas y los airosos danzantes del «Baile de la notas Era». Rasgueos de guitarras se confundían con las notas agudas de las dulzainas de los ya famosos gaiteros de Estella. Jinetes, pajes, damas, caballeros, se destacaban en la singular caravana.

Llegados al convento, el rey se sentó en el trono, instalado en una sala gótica que fue refectorio de frailes. Desde el púlpito, donde antiguamente un hermano sazonaba el alimento corporal con lecturas espirituales, el heraldo leyó el pregón, por el que invitaba, en nombre del rey don Teobaldo II (2), al pueblo soberano a participar en la fiesta. 

Después de la animada fiesta en torno al reyecito, en la noche cerrada, abandonamos Estella, regustando las impresiones vividas en el presente y enlazándolas con los episodios revividos del pasado que formaban un precioso tesoro para enriquecer con él el archivo de los recuerdos.”

 

Crónica del Diario de Navarra del 7 de enero de 1966

 La crónica del Diario de Navarra del 7 de enero de 1966 refleja que: 

"Concluida la ceremonia se sirvió una cena, en la que tomaron parte 250 comensales, entre los cuales se encontraban el alcalde de Estella, don Moisés Iturria; el diputado foral, don Ambrosio Velasco; el Presidente de los Amigos del Camino de Santiago, don Francisco Beruete, el Presidente del Muthiko Alaiak, don Javier Goyena y don Ignacio Baleztena, e hombre que resucitó la tradición del rey de la Faba." (3)

 

A la derecha mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, a su lado el que escribe, Javier Baleztena Abarrategui, junto con mi mujer Mª Jesús Gurrea
 (Foto Zubieta)



En la crónica de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1966 se transcribe el pregón del heraldo del Muthiko Alaiak que es casi igual que el leído en Olite pero finalizando con temas más relacionados con Estella. Dice así: 

"... Oíd, oíd, oíd ... El Muthiko Alaiak, por el buen rey Carlos designado nos congrega aquí para celebrar la secular Fiesta de la Faba, por nuestros reyes instituida...

...Y vosotros heraldos, coronad las altivas cumbres de Monjardín y Montejurra, cargadas de historia, y pregonad a !os cuatro vientos, que aquí en Navarra, si los siglos pasan, el espíritu queda. Y animados por ese espíritu, y guiados por la celestial estrella de nuestra Reina y Madre la Virgen del Puy, sus caballeros acudirán siempre a la liza para luchar en singular torneo por la causa del bien, de la verdad y del honor.

¡Sus valientes campeones! ¡Romped lanzas por vuestro Dios y por vuestra dama la Tradición!" (4)

Tras el éxito de esta edición al año siguiente, 1967, se repitió la celebración en Estella.

Invitación del Muthiko Alaiak para el Rey de la Faba celebrado el 6 de enero de 1967 también en Estella.
Archivo Premín de Iruña (Ignacio Baleztena)


 

Miguel Ángel Pinillos, Rey de la Faba en 1966. En 1967 fue Luis Azpilicueta

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere


[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

(2) La idea original era que en Estella fuera don Teobaldo II el que invitaba, por ser en su época cuando comenzó la costumbre del Rey de la Faba, y por su conexión con la ciudad del Ega. Supongo que por inercia del año anterior siguió figurando en la invitación y pregón Carlos III tanto en 1966 como en 1967. 

(3) Diario de Navarra 7 enero 1966

(4) El Pensamiento Navarro. 7 enero 1966. P 6



jueves, 29 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (3). Olite 1964 y 1965. El pregón del heraldo

 

+

Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

Veíamos en la última entrada como en 1964 la fiesta del Rey de la Faba se celebró en Olite y durante la ceremonia mi hermano Joaquín actuaba de heraldo y leía el pregón. Pues bien ese pregón se conserva en los archivos de mi padre Ignacio Baleztena Ascárate

 

Documento original del pregón leído durante la celebración del Rey de la Faba en Olite, deteriorado por el tiempo. Fue escrito por Ignacio Baleztena Ascárate que hizo también la imitación de la auténtica firma de Carlos III el Noble y el sello de los Teobaldos.

 

En él se puede leer:

«Infanzones, hijosdalgos, esforzados caballeros, bellas damas, doncellas de rostro hechicero, oíd oíd, oid:

Sus Altezas, los Reyes de Navarra Don Carlos y Doña Leonor, nos abren las puertas de su real mansión y nos invitan a celebrar en ella, una fiesta secular.

Cinco siglos ha durado la ausencia de nuestros Soberanos, pero su presencia no se ha borrado ni de nuestro corazón, ni de nuestras mentes su glorioso recuerdo. Pero si éste ha sido fiel, las piedras de su alcázar, abandonadas a las inclemencias del tiempo, se desmoronaron. Desmanteladas quedaron las suntuosas estancias del castillo, asombro de Europa, y sus torres, que desprecio al aire fueron, a su gran pesadumbre se rindieron.

 Mas en medio de tanto abandono y ruina, en pos quedó una bella tradición, y, esa tradición, hemos venido a recoger.

El Muthiko Alaiak, fiel servidor de la realeza, obedeciendo al mandato del buen Rey Carlos, nos congrega aquí para celebrar la fiesta del Rey de la Faba, por nuestros Reyes instituida.

SI las arcas del Reino no están a nuestra disposición para suntuosamente disponerlas, el arcano del corazón abre el tesoro de su caridad, Hoy, como ayer, vemos sentado en el trono a un hijo del pueblo. Rendidle pleitesía. Regaladle con vuestros donativos, para que con ellos, el día de mañana, este niño hoy coronado pueda labrarse un porvenir, ser hombre de provecho, modelo de virtudes y laboriosidad, digno hijo de la merced que hoy le ha sido otorgada. Y mientras la Corte desfila besándole la mano, ¡trovadores, juglares, tañed, pulsad laudes, citaras y salterios, y cantad trovas en honor a nuestros reyes; pensad el valor, la generosidad de los caballeros, la belleza, las virtudes de las damas! y ¡vosotros, heraldos, coronad las altivas torres del castillo y pregonad a todos los vientos que en Navarra, si las instituciones pasan, el espíritu queda! Y si fieros vendavales arrebatan cetros y coronas, aquí sabemos recoger el cetro que indica el camino del honor y del deber, y levantar en alto la corona, para ceñirla en las sienes de la Tradición, que como el águila real, renace de sus propias cenizas y remonta el vuelo por las más elevadas regiones!”

Y tras leer el pregón gritó un ¡Viva Navarra! Que fue respondido con gran entusiasmo

En 1965 el heraldo pregonero fue otro hermano mío, Carlos


Heraldo / pregonero en el Rey de la Faba de Estella dos años después (1966)

Foto Diario de Navarra 7 de enero de 1966. (Foto Zubieta)

Cabe recordar que Carlos lll el Noble no fue quien instituyó la fiesta que nos ocupa, pues data de los tiempos más antiguos, aunque en él la enfocamos especialmente por ser el rey que con más esplendor realzó el castillo de Olite, y pudo, gracias a la paz que disfrutaba el reino, organizar magníficas la fiestas, cacerías, torneos, corridas de toros, etc. Por esta anacronía como curiosidad se ve cómo el aitacho, autor del pregón, lo acompañó no con el sello de Carlos III sino con el de los Teobaldos, aunque por escenografía el texto se refiriera al rey Noble.

"Replica" del sello de los Teobaldos realizada por Ignacio Baleztena hecha con cartón piedra

Rey de armas en ediciones posteriores

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

miércoles, 28 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (2). Olite 1964 y 1965

 

+

Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

OLITE. AÑO 1964. CASTILLO DE OLITE

Los tiempos de afanes de superación en que vivimos empujaron también a los del «Muthiko», inspirándoles el deseo de enriquecer y abrillantar la fiesta. Y si para construir viviendas nuevas se tiran casas viejas, supieron ellos prescindir de los muros de su modesto local para proyectar con afán y fantasía el retorno al enclave escénico originario del festejo, es decir, al castillo real de Olite. 

El 24 de diciembre de 1963 la prensa local anunciaba la celebración del Rey de la Faba el 6 de enero de 1964 en Olite


(En 1964) pese a la laudable decisión de la Diputación Foral de restaurar históricas ruinas, y aunque mucho se trabajaba para levantar las del histórico castillo, las piedras caídas durante siglos de muros y torreones, cerraban todavía el acceso al recinto. Pero la voluntad, la gran potencia beligerante, apoyada entusiásticamente por todos, se abrió paso entre los abandonados aposentos. Y sin varita mágica, pero con arduo trabajo, éstos fueron convirtiéndose en estancias relativamente habitables. Se alegró la desnudez de sus paredes, colgando en ellas trofeos de armas, escudos, reposteros. Vidrieras pintadas en celofán encajaron en los abiertos ventanales, y todo quedó dispuesto para recibir a su Alteza Real el «Rey de la Faba». 

El año de gracia de 1964 despertó entre amenazas de nieve y temperatura glacial. Un viento iracundo, de esos que soplan en la Ribera, acostumbrado a colarse sin trabas en los aposentos del castillo, se metió en ellos rompiendo las frágiles vidrieras y derribando la ornamentación con tantos afanes y trabajos dispuesta. 

Haciendo valerosamente frente a tantas contrariedades, los artífices de Pamplona volvieron a reparar los desastres. ¿Dónde estaban, para echarles una mano, los artistas de toda Europa y norte de Africa, que venían a embellecer ese palacio, residencia favorita del buen rey Carlos el Noble? 

Dispuesto todo en Olite para la celebración, iniciamos la marcha desde Pamplona. Esfumados entre nieblas se vislumbran por el camino monumentos que llaman nuestra atención, haciéndonos revivir tiempos pasados. 

El chirriar de las cadenas que bajan el puente levadizo nos vuelve a la realidad del momento, y penetramos en el castillo presentando la regia invitación que dice así: 

«Sepan cuantos la presente verán e oirán, cómo Nos, Carlos de Evreux, rey de Navarra, disponemos: que nuestros fieles súbditos del "Muthiko Alaiak'” sean continuadores de esta fiesta del "Rey de la Faba”, por Nos festejada en el trascurso de nuestro reinado. Y para que conste, otorgamos la presente en nuestro palacio de Olite. CARLOS». 

Aunque Carlos lll el Noble no fue quien instituyó la fiesta que nos ocupa, pues data de los tiempos más antiguos, en él la enfocamos especialmente por ser el rey que con más esplendor realzó el castillo de Olite, y pudo, gracias a la paz que disfrutaba el reino, organizar magníficas fiestas, cacerías, torneos, corridas de toros, etc. 

A la caída de la tarde penetramos en el palacio real, envuelto en sombras de misterio. Antorchas incrustadas en los muros alumbraban fantásticamente aquellos tenebrosos recintos, en los que, como diría Zorrilla: 

«Cada piedra es un recuerdo, que toda una historia vale». 

Subimos por una escalera de caracol, afrontando una corriente de aire terrible. ¡Qué bien hubieran venido los ropones forrados de pieles de los caballeros, y las largas faldas de terciopelo de las damas y sus tocas, aprisionando los alborotados cabellos, para hacer frente al destemplado elemento!

Cruzamos una galería de airosas arcadas góticas, «el mirador de la reina», pasadizos oscuros que evocaban conspiraciones e intrigas cortesanas. Por fin, un gran salón nos abrió sus puertas. En la monumental cocinilla, muy bien conservada, ardía una carretada de leña; unos anacrónicos butanos contribuían a calentar la atmósfera. ¿Dónde habría ido a parar la calefacción central que ya en el siglo XIll se disfrutaba en el castillo? Mas si el ambiente, pese a estos esfuerzos, justamente llegaba a templado, el de los recuerdos e impresiones iba caldeando el espíritu transportándonos a épocas de esplendor. 

De pronto, empezó a desfilar la comitiva. Portadores de banderas, músicos, danzantes, pajes llevando los atributos reales. Y atraillados, los lebreles del Príncipe de Viana, que fielmente le acompañaban en sus días melancólicos, y a los que perpetuó en su escudo. Una voz vibrante anunció: «Paso a su Alteza Real el Rey de la Faba». 

Sonó la marcha del reino... Una corriente de emoción sacudió a la concurrencia. Habíamos retrocedido cinco siglos. 

Bajo el arco de honor formado por las espadas del «Muthiko», llegó el reyecito al trono, sobre el que campaban las armas de los Evreux, y, una vez sentado en él, Ignacio Baleztena, restaurador de la antigua ceremonia, coronó al niño rey. Acto seguido, el heraldo[2], desarrollando un pergamino, anunció que sus altezas reales, los reyes de Navarra don Carlos y doña Leonor, nos abrían las puertas de su regia mansión y nos invitaban a celebrar en ella una fiesta secular.

El Rey de la Faba, el niño José Luis Crespo Pérez, y su Paje, José Armando Los Arcos Vidaurre, acompañados por los Diputados Forales, señores don José Heras, don Ambrosio Velasco y don Ángel Bañón, pudiendo verse también el Consejero Foral don Luis Arellano y la familia Baleztena, promotores de la fiesta.  A la dcha Ignacio Baleztena Ascárate y junto a él su hijo Joaquín.
Foto de El Pensamiento Navarro de 7 de enero de 1964. (Foto Zubieta)


Transcurrió la la velada originalmente. Tras la merienda compuesta de platos clásicos, vinieron los cantos y los bailes. Los joteros de Olite rasgaron sus guitarras cantando a su compás coplas alusivas:

En el castillo de Olite

Que fue corte de Navarra,

Gritamos  ¡Vivan los fueros!

¡Viva el Rey de la Faba!

A las vibrantes tonadas ribereñas, se sumaban los dulces zortzikos montañeses. Y se dio fin a la memorable jornada, durante la cual, con rapidez supersónica desfilaron siglos de historia.

Tras el éxito de esta edición al año siguiente, 1965, se repitió la celebración en Olite.

 

 Olite 6 de enero de 1965. El Rey de la Faba, José Antonio Moreno, de Pamplona, Junto a él, Francisco Javier Montoya, natural de Olite. 
Foto tomada de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1965 (Foto Mena)

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[2] Los pregoneros fueron mis hermanos. En 1964 Joaquín y en 1965 Carlos Baleztena Abarrategui