Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

sábado, 7 de febrero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (8). Ceremonial de la coronación del Rey de la Faba. Pamplona 1969 (III)

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba. Pido de antemano perdón porque esta entrada va a ser más larga dado que no he querido partir el ritual de coronación del Rey de la Faba que tanto me costó redactar. En lo fundamental es la réplica del de la coronación del Rey de Navarra Carlos III el Noble.

Como veíamos en la anterior entrada al ser archivero del Archivo General de Navarra me correspondió componer el ceremonial de la celebración para 1969 que ha llegado hasta la actualidad con algunas diferencias introducidas posteriormente. Aproveché el pregón inicial escrito por el aitacho en 1964 y el gran trabajo que habían hecho los sangüesinos el año anterior buscando documentos en los archivos del arzobispado. Ellos fueron los que comenzaron a representar la coronación del Rey de la Faba como se hacía con los reyes de Navarra. Para completarlo investigué en el Archivo General los documentos del ritual la Coronación de Carlos III el Noble en romance navarro[1], cotejándola con el Ceremonial de la Coronación, Unción y Exequias de los Reyes de Inglaterra, códice inglés del siglo XIV, que es una de las joyas más preciadas que custodia el Archivo Real y General de Navarra, escrito éste en latín.



Fue una tarea muy emotiva e interesante investigar y redactar este ceremonial que diez años después publiqué en el folleto “El Rey de la Faba. Navarra temas de cultura popular.”[2] que puedes leer aquí.

“CEREMONIAL DE LA CORONACIÓN DEL «REY DE LA FABA»

Pregón original escrito por Ignacio Baleztena en 1964

 «Infanzones, hijosdalgo, esforzados caballeros; bellas damas, doncellas de rostro hechicero: OID, OID, OID. Su Alteza Real el rey de Navarra nos invita a celebrar una fiesta singular, que antiguamente se desarrollaba en el real Alcázar de Olite.

Si los siglos desmoronaron aquella regia mansión, asombro de Europa, en pie quedó una bella tradición, y esa tradición hemos venido a recoger.

El «Muthiko Alaiak», fiel servidor de la realeza, obedeciendo el mandato del buen rey Carlos, nos congrega aquí para celebrar la fiesta del «Rey de la Faba», por nuestros reyes instituida.

Si las arcas del reino no están en nuestro poder para suntuosamente disponerlas, el arcano del corazón debe de abrir el tesoro de su caridad. Hoy como ayer, vemos sentado en el trono a un hijo del pueblo. Rindámosle pleitesía; regalémosle con nuestros donativos que, unidos al que el «Muthiko Alaiak» entrega, hagan que este niño, hoy coronado, pueda labrarse un porvenir, ser hombre de provecho, modelo de virtudes y laboriosidad, y digno de la merced que hoy le ha sido otorgada, y mientras la corte de Navarra se inclina ante él, trovadores y juglares, pulsad cítaras y salterios, y cantad trovas en honor de nuestros reyes; realzad el valor, la generosidad de los caballeros, la belleza y las virtudes de las damas. Y vosotros, heraldos, coronad las altivas torres de nuestros castillos, y pregonad a todos los vientos que en Navarra, si las instituciones pasan, el espíritu queda; y si fieros vendavales arrebatan cetros y coronas, sabemos recoger el cetro que indica el camino del honor y del deber. Levantad en alto la corona para ceñirla en las sienes de la dama Tradición, que como el águila real renace de sus propias cenizas y remonta el vuelo por las más elevadas regiones».

Acto seguido el rey de Navarra quiere notificar a sus súbditos el significado de la ceremonia, que se va a celebrar en la persona del «Rey de la Faba»:

«Sepan cuantos esta present carta verán e oidrán, como Nos, Carlos[3], por la gracia de Dios rey de Navarra, Duque de Nemours, de Gandía e Montblanc, de Peñafiel, Conde de Foix, Señor de Béarne, Conde de Bigorra, de Ribagorza, de Pontier, de Perigord, Vizconde de Limoges, Par de Francia y Señor de la ciudad de Balaguer, a nuestros fieles súbditos aquí reunidos, hacemos saber:

Que deseando continuar con la tradición de la «Fiesta del Rey de la Faba», por nuestros antecesores instituida, disponemos que este niño, a quien la suerte ha favorecido, y nos hemos enterado que por su buen comportamiento es digno de ella, sea coronado con todo el esplendor que se merece, reproduciendo en esta ceremonia, y en su persona, los ritos y solemnidades con que Nos y nuestros antecesores fuimos coronados.

Dado en nuestro Alcázar de Pamplona, a 6 de Enero, festividad de los Santos Reyes Magos».

El Rey de Armas, caballero que en las cortes de la Edad Media tenía el cargo de llevar y traer mensajes de importancia, ordenar las grandes ceremonias y llevar los registros de la nobleza de la nación, nos irá relatando detalladamente, toda la ceremonia de la coronación histórica de los reyes de Navarra, tomando como modelo la de Carlos III el Noble, que es el que nos ha legado, con más detalle, toda su coronación.

Muy en pequeño, pero realzado por la bella delicadeza de la miniatura, nos va a ser dado contemplar la coronación de un rey de Navarra en la persona del niño favorecido por la faba tradicional.

Rey de Armas. Foto del folleto "El rey de la Faba"

CORONACIÓN DEL REY DE NAVARRA

En presencia de los tres brazos, Clero, Nobleza y Estado llano, el rey será proclamado. Pero si su persona se nos presenta adornada con suntuosas galas, su personalidad" de rey deberá estar revestida de las prendas y virtudes que un buen monarca debe poseer y que le han sido impuestas por la tradición, escrita al dictado de las necesidades de los pueblos y de los tiempos.

La víspera de la coronación, el rey salía de su palacio a  caballo, escoltado por muchos hombres que llevaban antorchas encendidas. Acompáñabanle los procuradores de Pamplona, Estella, Tudela y Olite en nombre de todas las buenas villas, las cuales tomaban con su mano la estribera derecha del caballo del rey, y al otro lado iban los demás procuradores.

Rey de la Faba a caballo. Foto de El Pensamiento Navarro 7 de enero de 1969


Llegado el rey a la catedral, y una vez en el templo, se confesaba y pasaba la noche orando, hasta el amanecer. Después de bañarse y hacerse su tocado volvía al interior del templo para ser coronado.

A requerimiento del señor obispo de Pamplona, y en presencia de los tres brazos que componían las Cortes, de varios embajadores y del Legado pontificio, jurará el rey a su pueblo, como lo hicieron sus predecesores, sobre la Cruz y los Santos Evangelios, y en idioma navarro[4], guardar y mejorar sus fueros, costumbres, franquezas, libertades y privilegios.

Así, pues, el obispo, puesto en pie, se dirige al rey en los siguientes términos:

«Rey nuestro natural seinnor; conviene, antes que llegueis al Sacramento de la Santa Unción, facer juramento a vuestro pueblo, como lo ficieron vuestros predecesores los Reyes de Navarra; e ansí mismo el dicto pueblo jurará a vos lo que a los dictos vuestros predecesores juró».

A lo que el rey contesta: «Soy Presto», y poniendo sus manos sobre la Cruz y los Santos Evangelios juró en el modo y forma que sigue:

«Nos Carlos, por la gracia de Dios, Rey de Nauarra, conte d'Eureux, juramos a nuestro pueblo de Nauarra sobre esta cruz et estos santos euangelios por nos tocados manualment, es a saber, prelados, ricos hombres, cauailleros, hombres de buenas villas et a todo el pueblo de Nauarra todos lures fueros, vsos, costumbres, franquezas, libertades et priuilegios a cadauno deillos assi como los han et jazen que assi los mantenrremos et goardaremos et faremos mantener et goardar a eillos et a lures successores en todo el tiempo de nuestra vida sen corrompimiento nenguno, meillorando et non apeorando en todo ni en partida et que todas las fuercas que a vuestros antecessores et a vos por nuestros antecessores, a qui Dios perdone, qui fueron en lures tiempos et por los officiales qui fueron por tiempo en el Regno de Nauarra et assi bien por nos et nuestros officiales desfaremos et faremos desfazer et emendarlos bien et complidamente ad aqueillos a qui fechos han seido sen escusa ninguna los que por buen drecho et por buena uerdat podian ser failladas por hombres buenos e cuerdos».

Los ricoshombres y caballeros del reino, a su vez, prestarán el juramento de fidelidad, guardar y defender su real persona, y ayudarle a mantener los Fueros de Navarra con todo su poder. Poniendo la mano sobre la Cruz y los Evangelios dicen:

«Nos los barones de Navarra, sobredichos, en vez et en nombre nuestro et de todos los cabailleros et otros nobles et infanzones del dicho regno juramos a vos nuestro Seinor el Rey, sobre esta Cruz et estos Santos evangelios por nos tocados manualment, de goardar et defender, bien et fielment vuestra persona et vuestra tierra e de vos ayudar e goardar, defender e mantener los Fueros de Navarra a todo nuestro poder». Ultimamente, los procuradores de los pueblos, con parecidos términos pronunciaron el mismo juramento: «Nos los procuradores de las buenas villas, sobredichos en vez et en nombre nuestro, et de los vecinos habitantes et moradores en aqueillas, juramos sobre esta Cruz et estos Santos Evangelios, por nos tocados manualment, de goardar bien et fielment la persona de nuestro Seinor el Rey et de goardar et defender el Regno a nuestro poder, segunt nuestros fueros, usos, costumbres, privilegios, franquezas e libertades que cada uno de nos habemos».

Acto seguido el rey desaparecerá por unos momentos para despojarse de sus vestiduras y ponerse una túnica blanca, acostumbrada para recibir la Santa Unción. Los obispos de Tarazona y Dax lo conducen ante el altar mayor donde está el obispo de Pamplona revestido de las insignias pontificales para ungirle como elegido del Señor. Siguen al rey los barones, caballeros y otros nobles. Mientras el obispo le unge, reza las oraciones acostumbradas:

«Seáis ungido con el óleo santo, como fueron ungidos los reyes y los profetas, como Samuel ungió a David, para que seáis bendecido y constituido rey en este reino, sobre este valiente pueblo navarro, que el Señor nuestro Dios os ha dado para que lo rijáis y gobernéis, y así lleguéis al reino Eterno. Amén».

El rey se retirará nuevamente a la sacristía para despojarse de las vestiduras blancas y ponerse las ropas reales, acercándose al altar mayor sobre el que están la espada, la real corona de oro adornada de piedras preciosas, y el cetro de oro, se ceñirá la espada.

El obispo rezará la siguiente oración: «Recibid esta espada real, bendecida por la Iglesia para que la empleéis en la defensa de la cristiandad y en la protección de las viudas de los huérfanos, en la exaltación del nombre cristiano, en defensa de la justicia y en el exterminio y castigo de los malvados, de tal manera que merezcáis reinar sin fin en el reino celestial. Amén». Se ceñirá la espada, y desenvainándola la levantará en alto, para manifestar, con este gesto, que en sus manos siempre será esgrimida en defensa de las causas justas.

El Rey de la Faba desenvaina la espada. Foto del folleto "El rey de la Faba"

El prelado bendice la corona con estas palabras: «Dios, piedras que en las cabezas de vuestros fieles ponéis una corona de piedra preciosas; bendecid y santificad esta corona, para que así como está adornada de diversas piedras preciosas, así vuestro siervo, que la lleva, sea llenado de muchas virtudes preciosas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, del Rey Eterno, que vive y reina con Vos en la unidad Espíritu la Santo por los siglos de los siglos, amén». Mientras el rey, tomando la corona con sus propias manos, se coloca sobre su propia cabeza, el obispo recita las preces de la coronación: «El Señor os corone con la corona de la gloria y de la justicia para que, por medio de nuestra redención, lleguéis a la corona del reino perpetuo, lleno de buenas obras con el auxilio de Aquél, cuyo reino permanece por los siglos de los siglos, amén».

Coronación del Rey de la Faba. Foto del folleto "El rey de la Faba"

 La última oración litúrgica se reza al hacerle la entrega del cetro: «Recibid este cetro, insignia del poder real, para que ante todo os rijáis bien a vos mismo, y después defendáis al pueblo cristiano contra sus enemigos, y corrijáis a los malos y purifiquéis a los buenos, y a todos con vuestro ejemplo enseñéis el camino que conduce del reino temporal hasta el reino eterno, por nuestro Señor Jesucristo, Rey de Reyes, cuyo reino permanece por los siglos de los siglos, amén». Entonces el rey empuñará el cetro, símbolo de suprema autoridad, y se pondrá en pie sobre el escudo que ostenta las armas de Navarra. Los representantes de la nobleza y procuradores de los pueblos lo alzarán sobre el pavés, y mientras los heraldos proclaman en alta voz: REAL, REAL, REAL, con gesto generoso derramarán su moneda.

Elevación del Rey de la Faba sobre el pavés. REAL, REAL, REAL. Foto del folleto "El rey de la Faba"

El eco de ese grito triunfal de los heraldos repercutirá en pueblos, villas y ciudades, anunciándoles que tienen un rey que velará por ellos y, trasponiendo las fronteras, se dejará oír en las cortes de otros reinos y éstos también sabrán que Navarra ha proclamado su rey y señor.

Al tiempo de bajar del escudo se acercan al cardenal Los obispos de Pamplona y Tarazona, el primero como regente y el segundo como más antiguo, le guían al trono que está colocado en lugar eminente, y le entronizan. El y obispo de Pamplona dice las oraciones acostumbradas, acabadas, entona el «Te Deum Laudamus», siguiendo a continuación las aclamaciones de los concurrentes.

Esta ceremonia de la coronación terminaba con una misa cantada celebrada por el obispo de Pamplona, durante la cual el rey, en el ofertorio, ofrecía telas de púrpura y oro y sus monedas, según el fuero, y comulgaba de manos del obispo.

Cuando los infantes a quienes las cortes juraban por sucesores del trono eran de menor edad, los reyes sus padres daban poder, como tutores, a varios caballeros de las mismas cortes para que hiciesen el juramento en nombre de los dichos infantes y recibiesen en su lugar el juramento reino.

Además de los juramentos que los reyes hacían en sus coronaciones, solían jurar particularmente los privilegios de los pueblos que eran de alguna consideración siempre que arribaban a ellos, como pasaba en Tudela, que les exigía este juramento fuera de la ciudad y después de entrar lo repetían en la iglesia.

Con este ceremonial, y en unas cortes itinerantes plenas de ilusiones infantiles y añoranzas de los mayores, se celebra en Navarra la fiesta de la coronación del «Rey de la Faba». Que quien conserva sus viejas tradiciones, que son el alma del pueblo que las alumbró, se honra a sí mismo asegura la continuidad de su destino histórico.

Y terminaremos de tratar este “invento” que reinstauró el aitacho en la próxima entrada si Dios quiere.



[1] en romance navarro ("Idiomate Navarre terre" o "Idiomate terre Navarre")

[2] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[3] Carlos III el Noble

[4] Se refiere al “romance navarro”, ("Idiomate Navarre terre" o "Idiomate terre Navarre"), que es en el que juró Carlos III el Noble para su coronación,  en vez del latín, el francés o el vasco, reflejando así el derecho territorial.

lunes, 2 de febrero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (7). Pamplona, iglesia de Santo Domingo 1969 (II). La primera celebrada sin Ignacio Baleztena

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba.

Mi padre participó en todas las ediciones de esta celebración desde aquel comienzo hasta 1968 donde disfrutó en Sangüesa de la representación más completa hasta el momento. Este 1969 ya no pudo gozar de su “creación”. Había sufrido un ictus y estaba ese día ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.

Para ver cómo transcurrió la jornada del 6 de enero de 1969 acudimos de nuevo al folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

 

“AÑO 1969. PAMPLONA. IGLESIA DE SANTO DOMINGO

En ciertos casos, reconstruir un pasado es más fácil que destruir un presente. Sobre ruinas que tienen historia, y al dictado de los datos que ésta proporciona, puede levantarse un escenario y poblarlo de personajes, más o menos importantes, cuyos hechos fueron dignos de mención.

Una ciudad que se agranda y moderniza a marchas forzadas impide al espíritu evadirse a otros tiempos. El cemento, el asfalto, la mole de las casas tan altas, el incesante rodar de vehículos, cierran el paso a todo intento de visión retrospectiva. Por lo tanto, situar una fiesta medieval en Pamplona de ahora tropieza con bastantes dificultades, pero habrá que arrostrarlas para celebrar en ella, la «Fiesta del Rey de la Faba» de 1969.

Y no es que la vieja Iruña deje de tener interesantísima historia. Dejando la parte nueva de la ciudad nos encerramos en antiguo recinto amurallado del que canta la copla:

Viva Pamplona redonda,

Vivan sus siete portales,

Con su Plaza del Castillo

Y paseos principales.

Dos de estos siete portales, aún quedan en pie. Y por uno de ellos, que no tiene levantado el rastrillo del puente, penetramos en la ciudad. Encontramos algunas casas de aspecto palacial, con balcones de hierro forjado, con magníficos escudos de armas tallados en piedra. Este lujo heráldico muy corriente en toda Navarra. Pero el empaque de sus fachadas queda disminuido por los mármoles y letreros que acompañan al desenvolvimiento del comercio.

….

De nuestras reflexiones históricas viene a sacarnos el sonido de cornetas y tambores convocando a fiesta.

Ya se escucha de Pamplona

la alegre trompetería...,

y al percibir sus ecos, subimos precipitadamente la cuesta de Santo Domingo, llamada también de los Carniceros, donde los mozos inician el recorrido del encierro, corriendo ante los toros en las alegres mañanas de San Fermín.

Ante el palacio de la Diputación se aglomera el público expectante. En su interior rebullen los niños de la Santa Casa de Misericordia de Pamplona, protagonistas de la fiesta, y que van a formar el cortejo del rey, que es para ellos un compañero. La paciencia por un lado y la ilusión y afán por otro, han convertido a aquellos chiquillos revoltosos en conscientes y dignos personajes.

Rompen el real desfile heraldos montados a caballo; el resonar de sus trompetas llena el aire de notas triunfales. Tras la bandera de Navarra flotan al viento las de las merindades de Olite, Pamplona, Tudela, Sangüesa, Estella y San Juan de Pie de Puerto, llevadas por jóvenes ataviados con sus respectivos trajes regionales. La rondalla de la Casa de Misericordia rasguea marchas alegres. Pasan juglares, trovadores, cantando las canciones del rey poeta Teobaldo I.

Siguen en fila los pajes, luciendo sobre almohadones de terciopelo rojo las insignias reales: Corona, cetro, espada, monedas, ropajes. Y el gran escudo con las armas de Navarra, que servirá de pavés para alzar al rey.

Carlos, Príncipe de Viana, monta en su caballo blanco, y su lado cabalga intimidado el niño que será proclamado «Rey de la Faba»[2].

El rey de la faba a caballo
Foto de El Pensamiento Navarro de 7 de enero de 1969


Levantan sus arcos y espadas los dantzaris del Muthiko Alaiak, y bajo el arco de honor pasa Su Alteza Real, el rey don Carlos III, rey de Navarra. Porque es él, el rey Noble, quien hace unos años nos abrió las puertas del alcázar de Olite para que allí celebrásemos la fiesta tradicional, y ahora vuelve a presidirla en la ciudad por él pacificada. Y su ejemplo siguieron don Teobaldo ll en Estella[3] y el Príncipe de Viana, Enrique de Labrit, en Sangüesa.

Como manda el ritual, un representante de las Buenas Villas presenta el estribo al rey, y éste, montado a caballo, avanza rodeado del Clero, Nobleza, Estado llano. Es decir: las representaciones del reino.

El monumento a los Fueros proyecta su sombra sobre la comitiva, y al saludarle el rey, parece decir: «Vamos a jurar los Fueros, como lo hicieron nuestros antecesores». Desde su alto pedestal, la matrona agita complacida las rotas cadenas. Y en el aire, sin notas ni palabras, flota el sentido de la jota vibrante:

Si los navarros ponemos

En nuestro escudo cadenas,

No es porque las soportemos.

Es, porque sabemos romperlas.

La vistosa comitiva va llegando a Santo Domingo. El pueblo llena la iglesia ricamente adornada e iluminada. En el impresionante y absoluto silencio resuena bajo las bóvedas del templo el clarín de un heraldo. Y el rey de armas, anuncia:

—Acérquense los representantes de las Buenas Villas y Merindades.

—Avancen los Nobles del Reino.

—Aparezca el Príncipe de Viana, acompañado del «Rey de la Faba».

Y tras un toque de clarín muy prolongado, vuelve a anunciar el heraldo:

—Y ahora, inclinaos ante su Alteza Real, el rey de Navarra.

La marcha del reino acoge su llegada. Todos estos componentes desfilan con una naturalidad y soltura admirables. ¿De dónde sacaron aquellos niños asilados el empaque cortesano? La jota popular nos da la respuesta clara y concisa:

En el cuerpo tenemos

los navarros un rey.

Ya todos los puestos están ocupados. Va a empezar la ceremonia histórica de la coronación y consagración. Desde el a púlpito, el heraldo, desenrollando el pergamino, se dispone lanzar el pregón. Se descorre el telón de los siglos.”

Coronación del Rey de la Faba en Pamplona el 6 de enero de 1969
Foto del folleto "El Rey de la Faba"


Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere, con el ceremonial de coronación del Rey de la Faba



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[2] Ese año le correspondió a Francisco Javier Arbea ser coronado “Rey de la Faba”

[3] Como indicaba en la entrada relativa a la celebración de Estella esto debía haber sido así, aunque realmente fue realizada la invitación en nombre de Carlos III el noble.

domingo, 1 de febrero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (6). Pamplona, iglesia de Santo Domingo 1969 (I). La primera celebrada sin Ignacio Baleztena

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba. Mi padre participó en todas las ediciones de esta celebración desde aquel comienzo en el círculo carlista hasta 1968 donde disfrutó en Sangüesa de la representación más completa hasta el momento. Este 1969 ya no pudo gozar de su “creación”. Había sufrido un ictus y estaba ese día ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.

Este año el Muthiko Alaiak, organizador del evento, editó un folleto relativo al mismo:

Folleto publicado por el Muthiko Alaiak con motivo de la fiesta del Rey de la Faba 1969 en Pamplona. Dibujo Carlos Catalán
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena




En dicho opúsculo colaboramos la tía Lola y yo con sendos artículos que pongo a tu disposición.

Artículo mío en el folleto del Rey de la Faba de 1969
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena

Artículo de Dolores Baleztena en el folleto del Rey de la Faba de 1969
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena


Al ser archivero del Archivo General de Navarra, a mí me correspondió componer el ceremonial de la celebración tal y como se representa actualmente con pequeñas diferencias introducidas posteriormente. Aproveché el pregón inicial escrito por el aitacho en 1964 para introducir el acto y la invitación al pueblo. Realmente gran parte del trabajo habían hecho el año anterior los sangüesinos, buscando documentos en los archivos del arzobispado. Para completarlo investigué en el Archivo General los documentos del ritual de la Coronación de Carlos III el Noble en romance navarro ("Idiomate Navarre terre" o "Idiomate terre Navarre"), cotejándola con la de los reyes de Inglaterra en latín. El Ceremonial de la Coronación, Unción y Exequias de los Reyes de Inglaterra, códice inglés del siglo XIV, es una de las joyas más preciadas que custodia el Archivo Real y General de Navarra. El códice inglés debió llegar a Navarra a finales del siglo XIV durante el reinado de Carlos III el Noble (1387-1425), monarca de la dinastía Evreux, que dotó a la monarquía navarra de todos los elementos de magnificencia posibles, al estilo de otras casas reales europeas. Su fascinación por todos los aspectos rituales del poder y por las formas y la dignidad de la realeza podría explicar su interés en contar con un ceremonial como este, que describía el protocolo a seguir en las ocasiones más solemnes en la vida de un monarca, como son la coronación y los funerales regios. (3), (4)

Pero este ceremonial lo veremos en una próxima entrada si Dios quiere.

La crónica de El Pensamiento Navarro narra el momento en el que el cortejo pasando bajo la estatua a los Fueros enfiló hacia Casa Baleztena:[1]

“…Y Francisco Javier Arbea,-Rey de la Faba- serio como una Cuaresma, bien puesto, encima de un caballo blanco. El Himno de las Cortes sacaba escalofríos. Frente a Casa Baleztena cuatro pares de saludos…”.

Francisco Javier Arbea,Rey de la Faba en 1969 a caballo
Foto de El Pensamiento Navarro 7 enero 1969


E Ignacio Baleztena, fundador del Muthiko Alaiak e iniciador de la celebración de la fiesta del “Rey de la Faba” en torno a 1920 por primera vez no pudo participar en la misma. Había sufrido un ictus y estaba ese día ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.

Una curiosidad es que la espada que se ciñó el rey niño ese año era la que fue de D. Jaime I, rey carlista, prestada por la familia Baleztena para la ocasión. Y como dato anecdótico indicar que es la misma espada con la que corté la tarta de mi boda el 16 de julio de 1964.

“Después de las ropas reales… recibe la espada, el cetro y la corona. La espada, de Don Jaime, una auténtica joya prestada para la ocasión” (1)

El rey de faba desenvaina la espada de D. Jaime en 1969
Foto del folleto El Rey de la Faba (2)



El rey de la faba con una espada casi más grande que el. Era la de D Jaime, rey carlista
Foto del folleto El Rey de la Faba (2)

En la próxima entrada si Dios quiere seguiremos viendo cómo fue esta celebración de Pamplona de 1969 mediante el folleto que escribí en 1979[2] y que puedes leer completo pinchando aquí, para seguir la historia del “Rey de la Faba”.



[1] Hernández Javier. El Pensamiento Navarro. 7 enero 1969. P 16

[2] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[3] Segura Urra, Félix. https://bibliotecaagn.wordpress.com/tag/ceremoniales/. 2 mayo 2023. Consultado el 1 febrero 2026

[4] Idoate F. Ceremonial de la coronación, unción y exequias de los Reyes de Inglaterra. Pamplona, Diputación Foral y Provincial de Navarra, Colección Temas de Cultura Popular, 1976, 2 vols

sábado, 31 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba (5). Sangüesa 1968. La última celebración de Ignacio Baleztena

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

Esta edición fue especial ya que fue la primera vez que se representó la coronación del Rey de Navarra y la última a la que pudo asistir con gran emoción mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, el iniciador de esta celebración en torno a 1920.

 

Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)


“AÑO 1968. SANGUESA

Al dirigirnos a Sangüesa para celebrar en aquella merindad la Fiesta del «Rey de la Faba», como ya lo hicimos en las merindades de Estella y Olite, iremos siguiendo las huellas reales, y recogiendo por el camino retazos de historia y tradición, que por aquellos parajes quedaron impresos.

Conforme nos acercamos a la región pirenaica, va cambiando el paisaje.

…..

Ya estamos a las puertas de Sangüesa; ...  Toda ella está engalanada. El pueblo en masa pulula por las calles con aire regocijado. Y es que Sangüesa se prepara a celebrar una gran fiesta. Tras larguísima ausencia, el Príncipe de Viana, Enrique de Labrit, ha vuelto a su pueblo natal, porque quiere apadrinar al «Rey de la Faba» del año 1968. Un edicto con el sello real ha sido pregonado. Dice así: «Sepan cuantos esta presente carta verán y oirán, cómo yo, Enrique de Labrit, Príncipe de Viana, he tenido tanto placer en disponer que la "Fiesta del Rey de la Faba" se celebre este año en Sangüesa, en prueba del mucho amor que le tengo, por haber nacido allí. Sepan y oigan, cómo el hijo del pueblo será coronado en la iglesia de San Francisco, que mandó erigir mi antecesor el rey Teobaldo ll. Y que yo mismo, en nombre de mis padres, los ilustres Reyes de Navarra don Juan y doña Catalina, estaré presente en dicha y muy solemne ceremonia. Dado en Sangüesa, en el Palacio Real, a veinticuatro días del mes de diciembre de mil quinientos doce. ENRIQUE ».

Invitación del Muthiko Alaiak a la celebración del Rey de la Faba en Sangüesa. 1968
Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena


….

El año de 1512, que sería el último del reinado sus padres, don Juan y doña Catalina celebraban en Sangúesa la «Fiesta del Rey de la Faba», el día de la Epifanía, como consta en archivos de Pau. El pueblo se unía a los sus reyes, muy aficionados a los regocijos populares, en que tomaba parte el rey, que era muy «rocero» como dirían los ribereños, o muy «jatorra» como lo calificarían los montañeses.

1512-1968. Han pasado 456 años. Y la cadena de la tradición no se ha roto. En el yunque secular golpea el martillo del progreso y del entusiasmo, y en esta ocasión presente hace saltar chispas de ilusión y de fraternidad cristiana.

Ayer es hoy en Sangüesa. Nuevamente vemos salir del castillo real una alegre comitiva. Heraldos, bandas de música, estampido de los cohetes. Allí van el clero, los nobles, los representantes de las Buenas Villas, y, entre éstos, el reyecito escogido, con su sencillo vestido de campesino: un mocete de Sangüesa[2], despierto, inteligente, merecedor de la dignidad con la que se ve favorecido.

El adolescente Príncipe de Viana renace del pasado, y desde un caballo blanco saluda y sonríe a sus paisanos, con los que jugó de niño. De pronto, se fija en un balcón donde está asomado un pajecillo.

—Francis, Francis—le llama alegremente.

—Ya voy, señor—contesta el interpelado.

Y se incorpora a la comitiva nada menos que Francisco de Javier, el futuro apóstol del Japón y de las Indias, el que en tantas tierras había de evangelizar y tanta gloria reportaría a su tierra. Ha venido desde el castillo, acompañado de su padre, don Juan de Jasso, para abrazar a su amigo el Príncipe de Viana.

Los padres franciscanos, venidos de Rocaforte, la antigua Sangüesa, fundaron en ella un convento y tomaron posesión de la preciosa iglesia erigida por el rey don Teobaldo II. Esta bella iglesia está engalanada con tapices, escudos, sitiales y tronos, para recibir al «Rey de la Faba», que va a ser allí coronado.

Porque Sangüesa, si en toda su historia «nunca faltó» a la cita del deber y del valor, reclamando puestos de vanguardia, en esta ocasión no se quedó atrás. A los organizadores locales se les ocurrió la peregrina idea de coronar al niño, rey de un día, con el mismo ritual con que se coronaba a los reyes de Navarra. Y para alcanzar este alto objetivo sacaron de los archivos de la catedral de Pamplona todos los datos necesarios para ponerla en práctica.

Así, pues, al conjuro de otros tiempos, fueron entrando en el templo los representantes de los Tres Brazos o Estamentos: Clero, Nobleza, Estado llano, ocupando sus respectivos asientos. Apareció el Príncipe de Viana y se sentó en un trono pequeño, pues otro mayor estaba destinado para el niño elegido por votación de aprecio a sus méritos.

Todos los personajes que tomaban parte en esta secular ceremonia se desenvolvían con una serenidad y soltura admirables. Con unción religiosa los obispos; con aplomo los nobles; con dignidad los representantes del pueblo.

En medio de absoluto silencio, y a golpe de cetro, leyó el Rey de Armas:

«En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Sea manifiesto a todos los presentes, y a los que son por venir cuando vean, oigan y lean esta carta, que el día de la Epifanía de 1512 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, el muy Excelente y Poderoso Príncipe Enrique de Labrit, Príncipe de Viana, hijo de los reyes de Navarra don Juan y doña Catalina, mandó convocar y venir a la coronación del «Rey de la Faba», a los prelados, ricos-hombres, infanzones y caballeros, hombres de las ciudades y de las buenas villas, a todo el pueblo, y en especial al de Sangüesa, al que tiene amor por ser el lugar de su nacimiento. Que fue nombrado «Rey de la Faba» un hijo del pueblo, al que ha de coronársele con la solemnidad y dignidad de un rey, como en semejantes casos procede, según está en fuero, con jura, unción y recibimiento de las insignias reales, para que el pueblo de Sangüesa vea de hecho lo que en semblantes casos se acostumbra a hacer en la catedral de Pamplona. Así lo mando. YO».

El rey de armas. Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)


Ya medievalmente ambientados, vimos desarrollarse, fielmente ejecutados, todos los ritos de la coronación, de profundo sentido religioso, de espíritu elevado, impregnados del sentido de la libertad foral, de la compenetración del rey con su pueblo, tan altamente aleccionadores. De todos sus detalles y texto nos ocuparemos cuando hagamos la crónica de la fiesta que al año siguiente se celebraría en Pamplona. Para ponerlo en práctica sería necesario aprender bien la lección que los de Sangüesa tan magistralmente nos dieron.

Al abandonar la ciudad, vagaban por ella las sombras de don Juan y doña Catalina, de don Enrique y de Francisco de Javier. Las sombras de los reyes recordaban glorias pasajeras. La figura del apóstol proyectaba luz inmortal hasta los más remotos lugares de la tierra.”

Los sangüesinos se involucraron mucho en la celebración y consiguieron que la fiesta del “Rey de la Faba” se incluyera en el programa nacional de “Paz en la Tierra” y el Ministerio de Información y Turismo la subvencionara. Además se realizó un reportaje especial en TVE con las escenas más sobresalientes de la celebración.



La crónica de El Pensamiento Navarro narra que en el momento del juramento de los Fueros por el rey:

Crónica de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1968 (3)

“El terno era de Santiago, del siglo XVIII, el Báculo del Obispo, del Abad de Leyre, el Evangelio de Santa María, siglo XVIII. Un escalofrío ha hecho temblar a Dolores Baleztena, a don Ignacio- Baleztena-, a don Jaime del Burgo, al Alcalde de Sangüesa en el sitio de las autoridades, nuestro Director – el director de El Pensamiento Navarro- no llora pero podría”

“¡REAL, REAL, REAL! Se ha subido el Rey al trono. Por un momento le acompañan sus antecesores. Al otro lado Enrique de Labrit sigue impertérrito la ceremonia. Traen el escudo. Con sus atributos, con la espada, la corona, el cetro y la poma de oro, “Sanchico” se ha subido encima. Pesa poco Sanchico. Hay buenos brazos y buena ilusión para levantarlo. Le suben y le bajan tres veces, mientras los pajes dan las voces: ¡Real, real, real! Suena el himno. Doña Dolores Baleztena —la tengo a un paso— no se aguanta y llora. Haría falta mucho temple para no emocionarse.” [3]

Elevación sobre el pavés del "Rey de la Faba" al grito de REAL, REAL, REAL
Foto del folleto "El Rey de la Faba" (1)

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[2] El niño José Vicente Los Arcos

[3] Hernández Javier. El Pensamiento Navarro. 7 enero 1968.  

viernes, 30 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (4). Estella 1966 y 1967.

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

“AÑO 1966. SANTO DOMINGO DE ESTELLA

Siguiendo los pasos de nuestros Reyes y obedeciendo sus deseos de celebrar la Fiesta del Rey de la Faba, allí donde se encontraba la corte el día 6 de enero, festividad de los Santos Reyes, nos trasladamos a la ciudad de Estella, para reproducir el episodio que ya va coleccionando años de historia.

Invitación del Muthiko Alaiak a la fiesta del rey de la Faba en Estella el 6 de enero de 1966.
(Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena)

Al ir por el camino que lleva a Estella, como está salpicado de grandiosos monumentos y de bellas tradiciones, iremos reviviendo un pasado, y así, los monótonos kilómetros de la carretera se convertirán en interesantes páginas evocadoras.

...


Llegamos a Estella, y como ya no existe el recinto amurallado y no nos cierra el paso la puerta llamada «La Gallarda», que cayó demolida en el año 1910, nos encaminamos al Convento de Santo Domingo.

Del castillo real de los tiempos de don Sancho Ramírez nada queda, ni siquiera las ruinas. Sólo las cortadas rocas donde se afianzaba la inexpugnable fortaleza, residencia favorita del rey don Teobaldo ll. Pero con el asombroso poder de la imaginación, se reconstruyen muros almenados, se elevan gallardas torres, cubos, murallas defensivas. Y con este sencillo procedimiento surge el castillo, teniendo a sus plantas el monasterio de Santo Domingo, y éste, en parte reconstruido, brindará lugar apropiado para celebrar la alegre fiesta de la Faba.

 La sombra de don Teobaldo 1, el rey cruzado que marchó Palestina a defender los Santos Lugares testigos de la vida de Jesucristo, se proyecta en aquel escenario. La piedad del rey don Teobaldo ll fundó el monasterio de los Frailes Predicadores, dotándolo espléndidamente. Su hermano y sucesor en el trono navarro, don Enrique l, sufrió la inmensa pena de perder a su hijo primogénito Teobaldo de manera trágica.

Recortes de prensa de ese día. El Pensamiento Navarro 7 enero 1966


¡Cómo se avaloran los lugares cuando la piedad, la historia y la tradición vienen a realzarlos! Estella es marco adecuado, sí, para coronar a un «Rey de la Faba». Si Estella acogió caritativamente en la Edad Media a aquellos peregrinos, en 1966 recibió entusiásticamente a los nuevos romeros de la ilusión que iban a repartir alegría. El niño del pueblo, que por su buen comportamiento y aplicación había sido elegido «Rey de la Faba», se dirigió al convento de Santo Domingo precedido de una brillante comitiva. En ella tomaban parte todos los colegios de la ciudad con sus rondallas y los airosos danzantes del «Baile de la notas Era». Rasgueos de guitarras se confundían con las notas agudas de las dulzainas de los ya famosos gaiteros de Estella. Jinetes, pajes, damas, caballeros, se destacaban en la singular caravana.

Llegados al convento, el rey se sentó en el trono, instalado en una sala gótica que fue refectorio de frailes. Desde el púlpito, donde antiguamente un hermano sazonaba el alimento corporal con lecturas espirituales, el heraldo leyó el pregón, por el que invitaba, en nombre del rey don Teobaldo II (2), al pueblo soberano a participar en la fiesta. 

Después de la animada fiesta en torno al reyecito, en la noche cerrada, abandonamos Estella, regustando las impresiones vividas en el presente y enlazándolas con los episodios revividos del pasado que formaban un precioso tesoro para enriquecer con él el archivo de los recuerdos.”

 

Crónica del Diario de Navarra del 7 de enero de 1966

 La crónica del Diario de Navarra del 7 de enero de 1966 refleja que: 

"Concluida la ceremonia se sirvió una cena, en la que tomaron parte 250 comensales, entre los cuales se encontraban el alcalde de Estella, don Moisés Iturria; el diputado foral, don Ambrosio Velasco; el Presidente de los Amigos del Camino de Santiago, don Francisco Beruete, el Presidente del Muthiko Alaiak, don Javier Goyena y don Ignacio Baleztena, e hombre que resucitó la tradición del rey de la Faba." (3)

 

A la derecha mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, a su lado el que escribe, Javier Baleztena Abarrategui, junto con mi mujer Mª Jesús Gurrea
 (Foto Zubieta)



En la crónica de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1966 se transcribe el pregón del heraldo del Muthiko Alaiak que es casi igual que el leído en Olite pero finalizando con temas más relacionados con Estella. Dice así: 

"... Oíd, oíd, oíd ... El Muthiko Alaiak, por el buen rey Carlos designado nos congrega aquí para celebrar la secular Fiesta de la Faba, por nuestros reyes instituida...

...Y vosotros heraldos, coronad las altivas cumbres de Monjardín y Montejurra, cargadas de historia, y pregonad a !os cuatro vientos, que aquí en Navarra, si los siglos pasan, el espíritu queda. Y animados por ese espíritu, y guiados por la celestial estrella de nuestra Reina y Madre la Virgen del Puy, sus caballeros acudirán siempre a la liza para luchar en singular torneo por la causa del bien, de la verdad y del honor.

¡Sus valientes campeones! ¡Romped lanzas por vuestro Dios y por vuestra dama la Tradición!" (4)

Tras el éxito de esta edición al año siguiente, 1967, se repitió la celebración en Estella.

Invitación del Muthiko Alaiak para el Rey de la Faba celebrado el 6 de enero de 1967 también en Estella.
Archivo Premín de Iruña (Ignacio Baleztena)


 

Miguel Ángel Pinillos, Rey de la Faba en 1966. En 1967 fue Luis Azpilicueta

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere


[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

(2) La idea original era que en Estella fuera don Teobaldo II el que invitaba, por ser en su época cuando comenzó la costumbre del Rey de la Faba, y por su conexión con la ciudad del Ega. Supongo que por inercia del año anterior siguió figurando en la invitación y pregón Carlos III tanto en 1966 como en 1967. 

(3) Diario de Navarra 7 enero 1966

(4) El Pensamiento Navarro. 7 enero 1966. P 6