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Querido lector
¡Feliz San Fermín 2026!
¡Viva San Fermín!
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| Imposición del Pañuelo de Honor de Pamplona a Ignacio Baleztena Ascárate |
Hoy 6 de julio comienzan las fiestas dedicadas a nuestro
querido patrón San Fermín y celebramos el 110 aniversario de posiblemente la
canción sanferminera más conocida a nivel mundial; la del “Uno de enero,
dos de febrero”. Siempre los números redondos son propicios para conmemorar
acontecimientos, y este es uno de ellos. Durante 110 años, cientos de miles de
gargantas repartidas por todo el globo han cantado esta tonadilla. Pero, ¿cómo sabemos el origen de una canción
popular como esta? Pues acudiendo a fuentes primarias, véase las que escribió
el propio autor de la letra de tan sinfónica pieza, que es ni más ni menos que
nuestro padre, abuelo y bisabuelo, Ignacio Baleztena Ascárate, Premín de Iruña
o Tiburcio de Okabio.
Según narra en unas Iruñerías escritas en Diario de Navarra en 1962, Ignacio tuvo que
abandonar Pau en 1915, ciudad donde estaba comenzando la carrera
diplomática, porque fue elegido concejal de Pamplona por el partido Jaimista
(Carlista). Y como escribía él “¡Uno de enero de 1916! Fecha que debió ser
grabada en bronces, esculpida en mármoles, estampada en papel couché, pues en
dicho día, año y mes, tomó posesión de su cargo edilicio, quien en este momento
tiene el grandísimo honor y satisfacción de ofrecerse a ustedes (…)”
Una vez nombrado concejal, un buen día “en una de
estas pesadísimas sesiones, en la que se ventilaba la cuestión batallona de las
sociedades de baile, se me fue la imaginación hacia las próximas
fiestas de San Fermín y empecé a pensar en el paseíllo concejil de la calle
Mayor del día 6 de julio. —Qué tal le sentará el frac y el tubo a Erayalar.
Cómo saludará a chisterazo limpio Perico Izquierdo. Qué andares gastará
Oteiza. Menudos guantes llevará Giménez; lo mejor de su tienda...”
Obviamente, se refería a la Marcha a Vísperas del día
6, que él mismo había popularizado años antes al comenzar la costumbre de ir
bailando el vals de Astráin, es decir, “inventando” el Riau riau.
Pero volvamos a aquella sesión municipal:
“dando vueltas a tan transcendental
problema, mi musa juguetona y un si no es chabacana, me fue soplando unas
coplejas dedicadas a cada uno de mis compañeros.
Pondré como ejemplo la mía; y por ella
podrán deducir cómo se rían las demás.
Marchará Ignacio
grave y despacio
haciendo esfuerzos
para ir formal;
muy contristado
pues le han jibado
con el sufragio
universal.
Yo, como buen vasco, soy incapaz de
improvisar la más triste aleluya sin acomodarla a alguna cancioncilla o aire
popular. Así es que, instintivamente mientras «mi acerada péñola emborronaba
níveas cuartillas», iba tarareando una biribilketa popularísima.
Dicha canción popular debía ser muy conocida y cantada
con una letra que decía “Artola toki, Artola toki…”. De aquí se deduce que la
del Olentzero debe ser posterior, ya
que si no, un folklorista como Premín de Iruña, la hubiera conocido. Sigue
narrando nuestro padre y abuelo, al que toda la familia llamamos “el
aitacho", la historia de cómo popularizó sus coplejas con
sus amigos de la Peña de los Mutilzarras del Kutz (un café bar de esa época).
Aquella noche leí y canté mi
elucubración en la peña del Kutz. Fue celebrada, coreada y alborotada con
protestas de las gentes no bullangueras que jugaban al dominó. Todas las noches
se repetía la función y poco a poco fue corriendo por Pamplona, y cuando llegó
a San Fermín la sabía y cantaba todo el mundo.
Las coplas describían del andar y contonearse de todos
y cada uno de los ediles. Y al final de cada estrofa el estribillo era:
Uno de
enero
dos de
febrero
tres de
marzo, cuatro de abril
cinco de
mayo
seis de
junio
siete de
julio San Fermín
Finalmente los concejales cesaron en sus cargos y
fueron olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música y el
estribillo aún perviven mundialmente conocidos.
Y esta es la historia de cómo “aquí en
Pamplona el popularísimo aire vasco del Artolatoki fue el progenitor del «uno
de enero, dos de febrero...», que se popularizó y tomó carta de naturaleza
durante los Sanfermines del 1916, y que fue concebido- por Ignacio
Baleztena Ascárate- durante una interminable sesión municipal, en la
que los ediles de derecha e izquierda, jaleados por el público de la estufa,
debatían calurosamente, sobre si el impuesto a las sociedades de baile había de
ser restrictivo, prohibitivo, o nulo”.
Así, 110 años después,
miles de voces cantarán esta canción y, nada más finalizar el Pobre de mí,
será la canción esperanzadora de los pamploneses, que sabemos que comienza de
nuevo la cuenta atrás y ya falta menos. Este es el eterno retorno, y no
el de Nietzsche, el eterno retorno de la escalera de San Fermín.
Y con esto y un bizcocho encierro mañana a las 8. Y antes hoy a las 18:00 el riau riau, otro invento del aitacho de principios del siglo XX. Feliz San Fermín.

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