Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Frente a la mentira. En defensa de los Baleztena (4). Los Baleztena contra la represión.

Querido lector, hemos visto en las anteriores entradas cómo el aitacho y su hermano el tío Joaquín lucharon contra la represión de retaguardia. Hoy vamos a centrarnos más en mi padre. Para saber lo que hizo Ignacio Baleztena Ascárate durante la guerra la respuesta es bien fácil. Además de su testimonio basta con mirar su ficha de combatiente, que se encuentra en el Archivo General de Navarra junto con la de miles de navarros que lucharon en el bando rebelde.  Por cierto, cuando yo trabajaba en el Archivo de Navarra, todas esas fichas se guardaban antes en un viejo mueble con cajones metálicos.

Ficha de combatiente del aitacho


Dice su ficha:

“Salió el 18 de julio con la columna del Comandante Tutor. El 22 se unió al tercio de María de las Nieves saliendo el 25 de Zaragoza a Huesca. El ¿7? Nbre. ingresó como teniente en el tercio de Cristo Rey en Leganés. Se retiró del frente enfermo el 20 de julio de 1938. Ingresó en la columna de recuperación de Barcelona en marzo de 1939, retirándose enfermo en abril del mismo año.”

En realidad solo duró unas semanas en la columna de recuperación de Barcelona ya que no era propiamente carlista, sino que se debía a FET (Falange Española Tradicionalista, el partido “unificado” y único creado por Franco). La contienda había acabado y no quería colaborar con el régimen franquista.

Como en todas las guerras y especialmente las civiles, cobardes de retaguardia aprovecharon para a río revuelto, resolver de la peor manera viejas rencillas, venganzas y represión. En esto último participaron gentuza a título individual sin afiliación política para dirimir cuentas propias con la excusa de la guerra, indeseables de otras formaciones políticas no carlistas, y desgraciadamente también carlistas que empañaron el nombre de aquellos que dejándolo todo y jugándose la vida se encontraban en el frente. Ocurrió en ambos bandos, ya que miles de navarros fueron torturados y asesinados en la retaguardia roja, pero eso no justifica ni un ápice esas atrocidades.

En primer lugar debes de saber que Casa Baleztena fue tiroteada y quemada por los rojos durante la II república y la familia exiliada de Pamplona (pinchar aquí). Bien podían haber aprovechado el aitacho y el tío Joaquín para haberse tomado venganza de ello al comienzo de la guerra, pero esa no era su manera de pensar y proceder, como cristianos ya habían perdonado.

Asalto de Casa Baleztena durante la II república


Es más, a la cabeza de los asaltantes iba una mujer muy revolucionaria que les dirigía y señalando a los balcones gritaba “¡ahí me he de sentar yo!”. Pues cosas que tiene la vida ocurrió lo siguiente años después. En 1964 tuve la suerte de casarme con Mª Jesús Gurrea, hija de Paco Gurrea, propietario de una pequeña fábrica de cartonajes en la Plaza de San Francisco[1]. Resultó que el hermano de aquella asaltante, Primitivo Bandrés, era muy amigo de mi suegro Paco y por ello fue invitado a nuestra boda, que se celebró en el oratorio de Casa Baleztena con posterior almuerzo en los salones de la misma[2]

Boda de Javier Baleztena y Mª Jesús Gurrea en el oratorio de Casa Baleztena. El celebrante es D. Jesús Arraiza. Detrás Paco Gurrea, padre de la novia




No hubo ningún inconveniente por parte de mi familia, porque además mi padre tras la guerra se trataba cordialmente con él, olvidando todo lo sucedido. El asunto acabó con una emotiva carta de Primitivo Bandrés en la que agradeciendo mucho la invitación explicaba que no se sentía digno de entrar en dicha casa que había sido ultrajada por su hermana. Esta anécdota que no tenía pensado incluirla aquí sirve para ilustrar el espíritu del aitacho y resto de familia, bien lejano de revanchas y venganzas.

Banquete de boda de Javier Baleztena y Mª Jesús Gurrea en los salones de Casa Baleztena. 

La cosa es que lo que iba a demostrar documentalmente con la ficha de combatiente era que el aitacho no pudo participar en represalias de retaguardia, ya que estaba de voluntario en el frente. Pero aún más la familia Baleztena y especialmente el tío Joaquín y mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, evitaron todos los actos de represalias que pudieron. Pero al final esto se nos ha quedado para la próxima entrada si Dios quiere.



[1] Entre las listas de los que tenían pensado represaliar y asesinar los de la UGT de haber triunfado figuraban Paco Gurrea y familia (mujer y niñas) por ser un empresario.

[2] La única boda que se ha celebrado en esa casa. Tengo el pequeño honor de ser el único que se ha casado en el oratorio de Casa Baleztena en una boda oficiada por nuestro primo Jesusico Arraiza.


martes, 26 de septiembre de 2023

El Privilegio de la Unión según Ignacio Baleztena III. Rivalidades entre los burgos

 

Querido lector, la mejor presentación de esta entrada es que leas la anterior pinchando aquí, o no entenderás nada porque son dos iruñerías del aitacho que van seguidas una de otra, en torno al Privilegio de la Unión, así que sin más preámbulo vamos a ello:

“EL PRIVILEGIO DE LA UNION – II

Rivalidades de los barrios

            Todos los habitantes de cualquier que fuesen eran muy brutos y un tantico majaderos ; por la cuestión más insignificante la emprendían a zartakos[1] y muturrekos[2] los unos contra los otros, y ni al rey ni a los guardias de la porra[3] les era posible separarlos, ni hacerles entrar en razón. Además eran chatos en su inmensa mayoría; pues como siempre andaban a ñeque[4] limpio y a mamporro sucio, se ponían las narices como castañuelas (sicut crótala[5], dice el original).

            Cuando los de un barrio jugaban contra otro al foot-ball[6], no terminaban nunca el partido, pues, antes de finalizar el primer tiempo, la mayoría de los jugadores se hallaban en la Casa de Socorro luciendo una rica variedad de contusiones, heridas, fracturas, erosiones, moraduras, cardenales y otros mil deterioros epidérmicos. En cierta ocasión un delantero de la Navarrería, de un puntapié “incaló” al árbitro en el pararrayos de la torre izquierda de la catedral. Mirando bien con unos prismáticos, aún puede verse en la punta del pararrayos el silbato del árbitro que quedó allá enchufado y que no ha podido ser extraído por más esfuerzos que para ello hizo el despachaperros de la catedral.

            Si los mocés[7] del barrio jugaban al “chis”[8], iban callandico los de otro y les choraban[9] el carrete y las ochenas[10]. Pero la más gorda se armó en ocasión en que estando jugando barios mukizus[11] del barrio de San Miguel al irulario[12] en lo de Argaray, sacaron un ojo al alcalde de San Cernin, que se paseaba tan orondo por aquellos contornos. Los chicos se acercaron al interfecto dándole excusas mil y augurándole que no era nada lo del ojo; pero, ¡que si quieres!, la deteriorada autoridad municipal, sin atender a las justas razones del moceterío[13], empezó a quejarse y a berrear como un energúmeno. A sus alaridos fueron “reuniéndosen” todos los vecinos del Burgo y empezaron a dar mueras y a mentar de mala manera a los árboles genealógicos de los de San Miguel, diciendo que lo del ojo había sido intencionado; y armándose de palos y piedras, la emprendieron contra las farolas y escaparates del barrio, no dejando vidrio sano en toda la vecindad.

            Los de San Miguel pidieron auxilio a sus vecinos de la Navarrería, y los de San Cernin a los de San Nicolás; y un domingo, después de misa parroquial, salieron todos fuera de puertas[14] dispuestos a deteriorarse el físico y a romperse la crisma, según el gusto del consumidor.

La gran batalla de Erleteguieta

            A los de la Navarrería y San Miguel les dirigía un caballero muy bruto y majadero llamado García Almoravid, y a los del otro bando, un francés que se llamaba, o mejor dicho, a quien llamaban Eustaquio de Beaumarché; que en lo de majadero y bruto en nada se dejaba aventajar del primero. Lo único que les diferenciaba era que uno lanzaba interjecciones vasco-hispánicas, y el otro parloteaba en provenzal.

            Empezó la batalla tirándose a las cabezas pedruscos y arricozcorres[15]. Un ladrillo lanzado por un caracolero de la calle de Lindachiquía vino a dar de lleno en el ojo izquierdo del presidente de la comisión de Gobierno del barrio de San Miguel, quien al frente de los ministros, serenos y perrero del barrio, todos ellos con cascos emplumados, se habían adelantado imprudentemente a sus demás compañeros. Salió el ojo disparado como un cohete y vino a encajarse como anillo al dedo, en el hueco que dejó el irulario de marras en la rubicunda faz del alcalde de San Nicolás; quien, merced a este incidente, dejó de ser tuerto, aunque quedó con un ojo azul y otro castaño, como esos perricos de rabo en interrogante que acompañan a los curas viejos de pueblo cuando pasean por la carretera.

            Agotadas las piedras la emprendieron a garrotazos, y rotos los garrotes se acometieron a cabezada limpia como los carneros. Y así, de esta manera tan entretenida, arreándose zartakos, mamporros, ñeques, trompazos, ostikos[16], coces y patadas les cogió la noche y se fueron todos a descansar y curarse los chichones y cazcatacos[17] que se hicieron durante la refriega.

            Hoy día, cuando en el ensanche se hacen los cimientos de las construcciones y viviendas, suelen aparecer por doquier dientes, muelas, algún peroné que otro y otros artefactos corpóreos, rotos y desprendidos ¡ay! de sus alvéolos en aquel día memorable.

El Privilegio de la Unión

            Así pasaron varios años sin que las cosas llevaran camino de amigable arreglo, hasta que vino a reinar en Navarra un gran rey, sabio, justo y bueno, llamado Carlos el Noble, a quien con tantos ruidos y pendencias le tenían asaz fastidiado, pues no le dejaban dormir tranquilo la siesta, y aún había veces, en que las piedras que se tiraban a honda de barrio a barrio, llegaban hasta palacio y le rompían los cristales del mirador y las macetas de geranios que su mujer, doña Leonor, cuidaba para ganar el premio de balcones engalanados.

             Por todo lo cual, y sobre todo porque un día le mataron de un tirabecazo[18] un tarín[19] por el que sentía gran cariño y que pensaba cruzarlo con una cardelina, decidió poner coto a tanto alboroto y tanta pendencia; y llamando a los alcaldes de todos los barrios a su real y soberana presencia, les armó el gran trépele; item más, ordenó que se les diese a todos ellos una gran zurra a pajarero limpio[20] en plena plaza del Castillo, mientras interpretaba la Pamplonesa el conocido vals de Astrain, vulgo el ¡riau, riau! Otro sí, ordenó y mandó que desde entonces se uniesen todos los barrios formando una sola ciudad, con un solo Ayuntamiento, un solo alcalde, con unas mismas leyes y ordenanzas, las cuales, fueron conocidas con el nombre de “Privilegio de la Unión”.

             Les señaló también el escudo de armas oficial de la Ciudad, que no paso a describir, pues todos los años aparece en los carteles de San Fermín, aunque las más de las veces erróneamente interpretado. Y en memoria y recuerdo de haber puesto verdes a los alcaldes en la bronca que les armó, dispuso que la bandera de la Ciudad, que tan jacarandosamente lleva el síndico en las procesiones y otros actos oficiales, fuese del susodicho color.

             Aunque no consta en el texto del Privilegio, se sabe también, que dio varias disposiciones, hoy no cumplidas, sobre la forma y manera en que la Corporación municipal había de ir el día 6 de julio a San Lorenzo para oír devotamente las vísperas de García con acotaciones de Remacha.

             En un principio dio órdenes muy terminantes sobre si era lícito o no corear el público al ¡riau, riau! y hasta se dieron terminantes órdenes al jefe de municipales Lasheras, para que denunciase a quienes quebrantasen dicha orden, sobre todo si eran señoritos. El varias veces citado palimsesto, que de todo esto había, trae un romancillo que se adaptaba a dicha música y que era entonado por la jolgoriosa  juventud en dicho día y ocasión:

 

Qué majos y qué elegantes

marchan nuestro concejales

precedidos de gigantes

gaitas, chistus y timbales.

Os recomiendo de veras

que tengáis mucho cuidau

de que no os multe Lasheras

por gritar fuerte ¡Ria,riau!”

 

            En vista de que los bandos editados a este efecto eran sistemáticamente desobedecidos, con gran aplauso del vecindario consciente, se dejaron de publicar, y quedó entonces el pueblo soberano en libertad de riaurrizar cuanto le viniese en ganas, sustituyendo el romancillo que hablaba de prohibiciones por otro de loa y alabanza a la Corporación:

 

Estos tubos relucientes

y estos fraques tan planchaus

al verlos dice la gente

¡rediez lo que habrán costau!

ni en París ni en los Madriles

ni en San Luis de Potosí

se encuentran unos ediles

más majos que los de aquí.

 

            Esta es señores y señoras, y no otra, la historia de las luchas barricidas, y de su feliz terminación durante el reinado del gran Carlos III, en el año de gracia del 1423, que en realidad lo fue de gracia y de justicia; sin embargo, existen sesudos historiadores que relatan esta verídica historia de muy diferente manera.

Tiburcio de Okabío

(13/8/1953 – D.N.)”

                Y hasta aquí la apócrifa historia del Privilegio de la Unión según Ignacio Baleztena y su imaginativo cacumen. Para entender las referencias al riau riau te recomiendo que pinches aquí

            Y así con tan poco juicio acaba mezclando su invento del Riau riau, con el Privilegio de la Unión, con los churros de la Mañueta, con los choriarrapazales y los pisatinteros, el despachaperros de la catedral… en un relato que sigue exhaustivamente un pintoresco método científico de investigar en Historia.

Es curioso cómo en los escritos del aitacho se mezclan palabras de origen vasco, latín, términos locales, francés, inglés, expresiones de su época, jerga particular… y todo ello escrito para divulgación popular, con lo cual entendible al gran público de aquella época. En este aspecto es especialmente interesante el trabajo titulado "Ignacio Baleztena "IRUÑERÍAS"" de M Teresa Alcocer Saz, dirigida por Pedro Lozano Bartlozzi, en 1983 (Alcocer Saz, MT. Ignacio Baleztena "IRUÑERÍAS". Pamplona 1983). Sería un reto seguir profundizando en el saco sin fondo que son las "iruñerías" desde el punto de vista histórico, periodístico y filológico. Entre otras cosas se aportaría mucho al lenguaje que se hablaba en Pamplona en el siglo XX y a un estilo perióstico muy peculiar.

Para finalizar la entrada para ahondar de forma popular y entretenida en el Privilegio de la Unión te dejamos este vídeo de una representación teatralizada del mismo, realizada por el grupo de danzas y teatro de la Peña Mutilzarra. Hasta la próxima entrada si Dios quiere.





[1] Golpazos (del vasco)

[2] Puñetazos (del vasco)

[3] Municipales (localismo)

[4] Señalados, marcados (localismo)

[5] Como castañuelas (del latín)

[6] Fútbol (del inglés)

[7] Niños (localismo)

[8] Juego sobre secuencias numéricas

[9] Robaban (del caló)

[10] Moneda de 10 céntimos de peseta

[11] Mocosos (del vasco)

[12] Juego con dos palos. Uno golpeaba al otro y salía disparado dando vueltas

[13] De mocé. Moceterío es grupo de mocés (niños). Localismo

[14] Extramuros, en Pamplona se utilizaba mucho “fuerapuertas” indicando “a las afueras” de la ciudad, “a las afueras” de la muralla.

[15] Piedra dura (del vasco)

[16] Patadas (del vasco)

[17] Golpes en la cabeza, chichones (del vasco)

[18] Piedra tirada con tirabeque o tirachinas

[19] Pájaro cantor, como canario silvestre. (del “cántabro”)

[20] Paliza en el culo al aire

martes, 19 de septiembre de 2023

El Privilegio de la Unión según Ignacio Baleztena II. Descripción de los burgos.

 

Querido lector, comenzábamos la anterior entrada la particular versión de la historia de los burgos de Pamplona y el Privilegio de la Unión en versión del aitacho. Nos habíamos quedado en que:

    "Mucho han escrito sobre estas cuestiones sesudos y graves historiadores; pero pocos, muy pocos son los que han leído y tenido en cuenta la relación manuscrita que hoy voy a dar a conocer a mis eruditos lectores.

            Empieza por la concienzuda descripción de los antiguos barrios que va a continuación


LOS ANTIGUOS BARRIOS DE PAMPLONA

 

            El barrio más antiguo, el primitivo, era conocido por la Ciudad de la Navarrería. Eran sus habitantes los más alborotadores y pendencieros. Estaban muy orgullosos porque en el recinto de su población se encontraban la Catedral, el Palacio del Rey, el del Obispo, San Fermín de Aldapa y la gran churrería de la calle de la Mañueta, cuyos churros fueron muy apreciados por los legionarios romanos que aquí trajo el gran Cneo Pompeyo, y no despreciados por los bucelarios de Gundemaro, cuando momentáneamente en cierta ocasión ocuparon la Ciudad.

            Aseguran los navarreríacos, y con mucha razón, que ellos eran los primitivos habitantes de Pamplona, y que los de los otros barrios eran unos hambrones que habían venido de fuera-puertas a establecerse cerca de la Navarrería por el olor de la sopa boba que repartían a los mendigos los canónigos de la Dormitalería.

            Los de los otros barrios los llamaban Blusas Blancas, pues eran muchos los vecinos, que por ser pintores, doradores y santeros llevaban esa vestimenta. Contiguo a este barrio se hallaba el del Burgo de San Miguel. Este no tardó en fusionarse con el anterior formando un todo homogéneo con él.

            Eran los más zarratracos[1] de aquellos tiempos, pero también los más habilidosos. Nadie les ganaba en el arte de atrapar cardelinas y tarines con liga; eran en esto unos hachas. Todos los domingos y fiestas de guardar y muchos días que no eran ni una ni otra, salían los del barrio a lo del Sario, Arranchiquis, Lezcairu, Ochandazubi, Arriurdineta, Irunlarrea y otros términos de Pamplona y volvían con las botas vacías y  las jaulas y morrales llenos de pajaricos cogidos con liga, costas, tirabeques y no pocas veces a repalo. Luego el fruto de sus hazañas cinegéticas era pregonado por todas las calles y plazas al grito de: ¡Cardelinas a diez céntimos, tarines a rial! Por este motivo se les llamaba Choriarrapazales[2], mote que más tarde se hizo extensivo a todos los irunshemes[3]. Dentro de este barrio se hallaba enclavada la Judería. Cuando fueron expulsados los habitantes de este barrio, quedaron sin embargo muchos que se camuflaron e hicieron vida común con el resto de los pamploneses. De ellos, los más inofensivos son los que van en la procesión de Viernes Santo, con unas barbas largas y un estandarte que dice: “Crucifige, crucifge, evm”. Pero hay eruditos historiadores que sostienen que son falsificados y que sus barbas no son originales[4], sino alquiladas en casa Errazquin. También existía en este burgo el famoso trinquete de San Agustín, de muchísima más importancia –aunque los de San Cernin sostenían lo contrario- que el de la Pellejería. En aquel Trinquete, y en el frontón llamado el Ancho, el rey de Navarra Sancho el Fuerte y el de Aragón Pedro I se jugaron el pueblo de Gallipienzo contra el de Petilla de Aragón. El partido fue muy reñido. Estuvieron cuarenta a treinta, a dos, cuarenta a treinta para partida, a dos, lo menos dos horas, hasta que al fin ganó el navarro, gracias a una zirika que pegó en el fraile y desorientó por completo al monarca aragonés. Desde entonces, Petilla pertenece a Navarra, a pesar de hallarse muy adentrada en el reino aragonés.

            Estos dos barrios son los que podrían llamarse indígenas, pues los otros fueron poblados por gentes de diferentes comarcas. De estos últimos el principal era el conocido por Burgo de San Cernin, que ocupaba las actuales parroquias de San Saturnino y San Lorenzo. Sus habitantes eran los más satisfechicos, pues se enorgullecían en guardar en su recinto el pozo del que sacó San Saturnino el agua con que bautizó a San Fermín y a los primeros cristianos de Pamplona. Se daban además mucha importancia porque en su jurisdicción existían diez y siete personas que sabían leer el Catón[5] y aun escribir con falsilla. Los de los otros barrios les llamaban, en burla, pisatinteros, lo cual les ponía de un humor de perros.

            Los de la Población de San Nicolás, que era el otro barrio, eran los más presumidos y vainicas[6] y se daban mucho postín porque a la misa de doce de los domingos asistía lo principalico de Pamplona y muchos pollos[7] gastaban tirilla de celuloide. También tenía su mote correspondiente. Se les llamaba caracoleros, porque salían a tomar el sol los días de invierno en la acera derecha del Paseo de Valencia[8].

            Y así estaban las cosas hasta que en 1423 el buen rey Carlos III de feliz memoria otorgó el Privilegio de la Unión, modelo de fuero municipal, que desgraciadamente fue abolido en tiempos en que ondeó en la Península Ibérica un pabellón exótico en el que destacaba el mote de “Constitución o Muerte” – “Viva la Libertad”.

 

Tiburcio de Okabío

(Diario de Navarra, 6/8/1953)”

 

            Y tras esta erudita y bien documentada descripción de los “barrios” –burgos- de Pamplona antes de 1423 el aitacho pasa a describir con todo lujo de detalles los hechos históricos en la siguiente iruñería que podrás leer en la próxima entrada si Dios quiere.


En realidad Pamplona ya existía previamente. Fue fundada por el general romano Pompeyo hacia el año 75 aC, en torno a un poblado vascón llamado Iruña. Con el Privilegio de la Unión se produjo una especie de refundación de la Pamplona que ha llegado hasta nuestros días.



[1] Zarrapastrosos

[2] Atrapa pájaros o coge pájaros

[3] Hijos de Pamplona, pamplonicas

[4] Se refiere a los judíos que salen en la procesión del Santo Entierro el Viernes Santo

[5] Libro de texto con el que los niños aprendían a leer

[6] “Chulillos”

[7] Jóvenes con buena planta.

[8] Actual Paseo de Sarasate

lunes, 18 de septiembre de 2023

El Privilegio de la Unión según Ignacio Baleztena. Introducción

 

Querido lector, hace pocos días los irunshemes vivimos un intenso fin de semana de celebración del 600 aniversario del Privilegio de la Unión. El 8 de Septiembre, festividad de la Natividad de Nuestra Señora, es un día grande para nuestra ciudad porque conmemoramos el fin de las guerras entre los cuatro burgos que formaban Pamplona (La ciudad de la Navarrería, El burgo de San Miguel, La Población de San Nicolás y el burgo de San Cernín), que finalmente quedaron en tres porque San Miguel pronto se unió a la Navarrería. Tras años de guerra el gran rey de Navarra, Carlos III el Noble, decidió cortar el problema de raíz el 8 de septiembre de 1423 otorgando el Privilegio de la Unión mediante el cual se unen las tres jurisdicciones en un único ayuntamiento, con un único escudo y unas únicas rentas.

En este pequeño vídeo puedes ver cómo fue el origen y significado del escudo de Pamplona. Uno de los intereses menos citados de este documento es que Carlos III el Noble nos reporta que ya en 1423 las armas de Navarra, es decir el escudo, ya estaba compuesto de cadenas que su nieto Carlos Príncipe de Viana en torno a 1454 explica que hacen referencia a la batalla de Las Navas de Tolosa (1212).




Pero volvamos a la historia del Privilegio de la Unión, que nos la explica “inmejorablemente” el aitacho. Siguiendo su estilo peculiar, siendo posiblemente uno de los mejores conocedores de aquellos hechos por su labor investigadora aporta datos serios e históricos de forma divulgativa, pero pronto su imaginativo cacumen que de todo tenía que hacer chanza, pasa a narrar la más pintoresca historia que jamás se haya escrito sobre estos acontecimientos, y que publicó en dos iruñerías que transcribo a continuación:

 

“EL PRIVILEGIO DE LA UNION - I

 

Se acerca a pasos agigantados (el tiempo tiene la mala costumbre de caminar siempre de esa manera) la gloriosa fecha para Pamplona, del 8 de septiembre. En dicho día, y año de 1423, el buen Rey de feliz memoria don Carlos III el Noble otorgó a su ciudad de Pamplona el Privilegio de la Unión, por el que desaparecen los antiguos barrios, y quedaba Pamplona unificada y sujeto a unas mismas leyes y reglamentos.

Nadie ignora, que desde los antiquísimos tiempos de Maricastaña, u aun antes de que la Coja de Cuatro Vientos volase sobre su escoba alrededor del Gallo de San Cernin[1], estaba Pamplona dividida en cuatro barrios distintos, con jurisdicción aparte, y las más de las veces, estaban en plan de enemigos irreconciliables.

            Así estaban las cosas en 1422, cuando la princesa heredera doña Blanca, hija del Rey Carlos III, hizo traer a Navarra a su hijo Carlos, Príncipe de Viana, desde Castilla donde se hallaba. Reuniéronse las Cortes para salir a recibirlo a la frontera, a la parte de Corella, y el Rey, su hija, el príncipe y toda la corte llegaron hasta Pamplona donde estuvo a pique de ocurrir una marimorena de órdago a causa de las preferencias que cada barrio reclamaba en el orden de los obsequios. Papeles de la época hacen constar que: “en los tiempos pasados había habido debates, contiendas, escándalos de que se habían seguido muchos homicidios por razón de la división de las jurisdicciones y por hacer la administración de la justicia cada uno por su lado; e posteriormente en la entrada del rey, e en la buena venida de su nieto el príncipe don Carlos, quiso acaecer en el pueblo gran escándalo, por ocasión e causa de la división; por lo que el dicho rey había deliberado reunir las tres jurisdicciones en una”. Ya para esa época el barrio de la Navarrería y el de San Miguel se habían fundido en uno.

 

            Mucho han escrito sobre estas cuestiones sesudos y graves historiadores; pero pocos, muy pocos son los que han leído y tenido en cuenta la relación manuscrita que hoy voy a dar a conocer a mis eruditos lectores.

 

            Empieza por la concienzuda descripción de los antiguos barrios que va a continuación…

Tiburcio de Okabío

(Diario de Navarra, 6/8/1953)

Y a partir de aquí el aitacho empieza a narrar su peculiar versión que espero que disfrutes en las próximas entradas si Dios quiere. Mientras tanto puedes entretenerte con este resumen de la recreación histórica de la coronación de Carlos III el Noble que organizó el Ayuntamiento de Pamplona en la Catedral el pasado 9 de septiembre.




[1] Si alguien tiene noticias de quién era “la coja de Cuatrovientos” agradeceríamos que nos lo comunicara