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Querido lector, seguimos como en
la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la
Faba.
Mi padre participó en todas las
ediciones de esta celebración desde aquel comienzo hasta 1968 donde disfrutó en
Sangüesa de la representación más completa hasta el momento. Este 1969 ya no
pudo gozar de su “creación”. Había sufrido un ictus y estaba ese día
ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid.
Para ver cómo transcurrió la
jornada del 6 de enero de 1969 acudimos de nuevo al folleto que escribí en 1979[1]
y que puedes leer completo pinchando aquí.
“AÑO 1969. PAMPLONA. IGLESIA DE SANTO DOMINGO
En ciertos casos, reconstruir un pasado es más fácil que destruir un
presente. Sobre ruinas que tienen historia, y al dictado de los datos que ésta
proporciona, puede levantarse un escenario y poblarlo de personajes, más o
menos importantes, cuyos hechos fueron dignos de mención.
Una ciudad que se agranda y moderniza a marchas forzadas impide al
espíritu evadirse a otros tiempos. El cemento, el asfalto, la mole de las casas
tan altas, el incesante rodar de vehículos, cierran el paso a todo intento de
visión retrospectiva. Por lo tanto, situar una fiesta medieval en Pamplona de
ahora tropieza con bastantes dificultades, pero habrá que arrostrarlas para
celebrar en ella, la «Fiesta del Rey de la Faba» de 1969.
Y no es que la vieja Iruña deje de tener interesantísima historia.
Dejando la parte nueva de la ciudad nos encerramos en antiguo recinto
amurallado del que canta la copla:
Viva Pamplona redonda,
Vivan sus siete portales,
Con su Plaza del Castillo
Y paseos principales.
Dos de estos siete portales, aún quedan en pie. Y por uno de ellos, que
no tiene levantado el rastrillo del puente, penetramos en la ciudad. Encontramos
algunas casas de aspecto palacial, con balcones de hierro forjado, con magníficos
escudos de armas tallados en piedra. Este lujo heráldico muy corriente en toda
Navarra. Pero el empaque de sus fachadas queda disminuido por los mármoles y
letreros que acompañan al desenvolvimiento del comercio.
….
De nuestras reflexiones históricas viene a sacarnos el sonido de
cornetas y tambores convocando a fiesta.
Ya se escucha de Pamplona
la alegre trompetería...,
y al percibir sus ecos, subimos precipitadamente la cuesta de Santo
Domingo, llamada también de los Carniceros, donde los mozos inician el
recorrido del encierro, corriendo ante los toros en las alegres mañanas de San
Fermín.
Ante el palacio de la Diputación se aglomera el público expectante. En
su interior rebullen los niños de la Santa Casa de Misericordia de Pamplona,
protagonistas de la fiesta, y que van a formar el cortejo del rey, que es para
ellos un compañero. La paciencia por un lado y la ilusión y afán por otro, han
convertido a aquellos chiquillos revoltosos en conscientes y dignos personajes.
Rompen el real desfile heraldos montados a caballo; el resonar de sus
trompetas llena el aire de notas triunfales. Tras la bandera de Navarra flotan
al viento las de las merindades de Olite, Pamplona, Tudela, Sangüesa, Estella y
San Juan de Pie de Puerto, llevadas por jóvenes ataviados con sus respectivos
trajes regionales. La rondalla de la Casa de Misericordia rasguea marchas
alegres. Pasan juglares, trovadores, cantando las canciones del rey poeta Teobaldo
I.
Siguen en fila los pajes, luciendo sobre almohadones de terciopelo rojo
las insignias reales: Corona, cetro, espada, monedas, ropajes. Y el gran escudo
con las armas de Navarra, que servirá de pavés para alzar al rey.
Carlos, Príncipe de Viana, monta en su caballo blanco, y su lado
cabalga intimidado el niño que será proclamado «Rey de la Faba»[2].
![]() |
| El rey de la faba a caballo Foto de El Pensamiento Navarro de 7 de enero de 1969 |
Levantan sus arcos y espadas los dantzaris del Muthiko Alaiak, y bajo
el arco de honor pasa Su Alteza Real, el rey don Carlos III, rey de Navarra.
Porque es él, el rey Noble, quien hace unos años nos abrió las puertas del
alcázar de Olite para que allí celebrásemos la fiesta tradicional, y ahora
vuelve a presidirla en la ciudad por él pacificada. Y su ejemplo siguieron don
Teobaldo ll en Estella[3] y el
Príncipe de Viana, Enrique de Labrit, en Sangüesa.
Como manda el ritual, un representante de las Buenas Villas presenta el
estribo al rey, y éste, montado a caballo, avanza rodeado del Clero, Nobleza,
Estado llano. Es decir: las representaciones del reino.
El monumento a los Fueros proyecta su sombra sobre la comitiva, y al
saludarle el rey, parece decir: «Vamos a jurar los Fueros, como lo hicieron
nuestros antecesores». Desde su alto pedestal, la matrona agita complacida las
rotas cadenas. Y en el aire, sin notas ni palabras, flota el sentido de la jota
vibrante:
Si los navarros ponemos
En nuestro escudo cadenas,
No es porque las soportemos.
Es, porque sabemos romperlas.
La vistosa comitiva va llegando a Santo Domingo. El pueblo llena la
iglesia ricamente adornada e iluminada. En el impresionante y absoluto silencio
resuena bajo las bóvedas del templo el clarín de un heraldo. Y el rey de armas,
anuncia:
—Acérquense los representantes de las Buenas Villas y Merindades.
—Avancen los Nobles del Reino.
—Aparezca el Príncipe de Viana, acompañado del «Rey de la Faba».
Y tras un toque de clarín muy prolongado, vuelve a anunciar el heraldo:
—Y ahora, inclinaos ante su Alteza Real, el rey de Navarra.
La marcha del reino acoge su llegada. Todos estos componentes desfilan
con una naturalidad y soltura admirables. ¿De dónde sacaron aquellos niños
asilados el empaque cortesano? La jota popular nos da la respuesta clara y
concisa:
En el cuerpo tenemos
los navarros un rey.
Ya todos los puestos están ocupados. Va a empezar la ceremonia
histórica de la coronación y consagración. Desde el a púlpito, el heraldo,
desenrollando el pergamino, se dispone lanzar el pregón. Se descorre el telón
de los siglos.”
![]() |
| Coronación del Rey de la Faba en Pamplona el 6 de enero de 1969 Foto del folleto "El Rey de la Faba" |
Y seguiremos viendo la historia
de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere, con el
ceremonial de coronación del Rey de la Faba
[1] Baleztena
Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona
1979
[2] Ese año
le correspondió a Francisco Javier Arbea ser coronado “Rey de la Faba”
[3] Como
indicaba en la entrada relativa a la celebración de Estella esto debía haber
sido así, aunque realmente fue realizada la invitación en nombre de Carlos III
el noble.


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