Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

lunes, 18 de abril de 2011

La Insignia de las Cinco Llagas (I)

Querido lector, como habrá disfrutado el "aitacho" viendo desde el cielo la emocionante procesión de La Dolorosa el viernes (como nos deleitaron los portadores bailándola aprovechando el buen tiempo) y la de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, sin corrrer el riesgo de que cientos de mocés, como manda la tradición,  le metieran sus palmas en los ojuelos. Ya metidos en plena Semana Santa voy a aprovechar para explicarte una tradición que quizá no conozcas bien, pero que Ignacio Baleztena se encargó de estudiar, conferenciar y publicar en 1932.  Para poneros en situación hay que ver el momento histórico. En 1932 estaban prohibidas por la II republica muchas muestras de culto público y mucho más participar a autoridades en actos religiosos. Pues bien, mi padre no podía quedarse tan tranquilo, así que acercándose el Jueves Santo, día en que el Ayuntamiento tenía que cumplir la promesa y voto de las Cinco Llagas, cosa que estaba prohibida, él programó una conferencia en el Círculo Carlista precisamente narrando la historia y avatares de dicho acto. Y posteriormente lo publico en un libretico que reproduzco a continuación:


Libreto con la conferencia dada en el Círculo Carlista por Ignacio Baleztena sobre "La insignia de las Cinco Llagas" en 1932

"LA INSIGNIA DE LAS CINCO LLAGAS


Conferencia que Premín de Iruña dio en el Círculo Carlista de Pamplona
El 18 de marzo de 1932



            Ya comprendo, queridos y pacientes amigos, que el ocupar yo una tribuna desde la que ilustres y competentísimos oradores han deleitado el espíritu de sus oyentes al desarrollar interesantes temas de gran actualidad todos ellos, constituye un acto de osadía, rayana ya en la frescura.

            Mi papel en estos momentos, y perdonar la taurina comparación, se parece a la de esos inconscientes espontáneos que saltan al ruedo cuando en él están actuando los primeros ases de la baraja taurómaca.

            Naturalmente, los pobrecillos no hacen otra cosa que poner en relieve su pluscuamsupina ignorancia en el divino arte. Una cosa buena tienen sin embargo estos pobres aspirantes a peleles; y es que su faena suele ser muy corta; así también será la mía, pues os prometo y alegraos de la noticia; voy a ser breve.

            Quiera Dios, y en El y en vuestra benevolencia confío, que mi salida al final de la faena, no sea parecida a la de los susodichos espontáneos. O a la enfermería en brazos de monosabios y agarrapatas, o a la delega conducido a empujón limpio por los agentes de la autoridad. De lo primero creo librarme, pues por desastrosa que sea mi actuación, se me figura que no llegareis a la agresión personal y que las sillas y veladores permanecerán en sus puestos, sin ser lanzados contra el cutis de éste vuestro amigo y servidor que estrecha vuestras manos; y en cuanto a lo segundo espero, que esta mi inocente charla, no dará lugar a la actuación del digno representante de la autoridad gubernativa.

            No quiero que la ley de la defensa de la República, que al igual que la espada de Damocles, pende sobre nuestras cabezas, caiga sobre la mía, que aunque modestita e insignificante me hace mucha falta, no tengo otra de repuesto y me sería muy difícil poderla sustituir, aunque yo lo deseara, por otra de mayor cacumen.

            Voy a hablar, de cosas viejas de nuestra querida Iruña.

            Ya me parece que oigo decir a muchos. – Sí, sí, buenos están los tiempos para historias- Pero qué queréis, en esta nuestra gran familia jaimista, todos estamos obligados a hacer algo, a lucir nuestras habilidades,  al servicio de la Causa. Aquel que sepa mover curriños para entretener honestamente a los hijos de los socios en veladas que les aparten de otros espectáculos poco recomendables, debe hacerlo. Quienes tengan aptitudes y agilidad para formar comparsas de espatadanzaris, que amenicen nuestras giras y mítines carlistas, su deber es organizarlas…, los que sirvan para dirigir su elocuente palabra en actos de propaganda, que mitineen, los escritores, que poñoleen… Yo sólo se historias del Viejo Pamplona, y de ese mi pobre saber, os voy a relatar un episodio que quiera Dios no lo olviden nunca los buenos pamploneses.

            Debe pasar entre nosotros, como en aquel monasterio del que nos habla la historia. Sucedió, que un pobre acróbata de feria que recorría los pueblos luciendo sus habilidades, al llegar a una villa donde se celebraban las fiestas patronales, fue a la función religiosa, y al oír el sermón que dirigía a los fieles un elocuente orador sagrado, sintió que la divina gracia llamaba a las puertas de su corazón; el pobre titiritero las abrió de par en par, y no tuvo desde entonces más pensamiento que abandonar el mundo, e ingresar en el primer convento en el que quisieran admitirle como al último de los hermanicos.

            Y así sucedió. Entró en un Monasterio en el que santos y sabios varones dedicaban todas sus energías y las dotes que les otorgó la Providencia, al mayor servicio del Señor. Unos, escribían obras de filosofía, de moral…, otros, pintaban sorprendentes cuadros e iluminaban con maravillosas miniaturas códices y libros, aquellos, preparaban sus sermones, en una palabra, todos estaban ocupados en grandes y piadosas obras.

            Nuestro hermanico, el pobre, se sentía cada vez más pequeño, más insignificante, pero queriendo hacer él algo en obsequio de Dios y su Santísima Madre, se fue un día a la iglesia del convento, a la hora que se hallaba solitaria, y arrodillándose ante una milagrosa imagen de Nuestra Señora, le dijo con toda ingenuidad.

            -Madre mía; yo no se nada. No se escribir, ni pintar, ni echar sermones; mis padres solo me enseñaron a hacer volatines y dar volteretas, y eso creo que lo hago bastante bien; ¿me permitirás Virgencica mía, que te dedique todos los días una sesión de mis habilidades.

            Y el pobre leguito, remangándose el hábito, empezó como un desesperado a hacer cabriolas, contorsiones y saltos mortales, hasta caer derrengado; y vio entonces con gran sorpresa, que la sagrada imagen premiaba su labor con una dulce sonrisa.

            No espero como el lego de los volatines, ver dibujarse en vuestros semblantes sonrisas de satisfacción, pero como termine mi charla sin que ninguna boca se abra para modelar un bostezo de aburrimiento, me daré por muy satisfecho y bien pagado.

            Y ahora amigos carísimos, haced trabajar vuestra imaginación y trasladaos con ella a los tiempos en que nuestra ciudad era, no la capital de una provincia de tercera categoría, sino la Muy Noble y Muy Leal Ciudad, cabeza del Ilustrísimo Reyno de Navarra. Y en los que, la gloriosísima España, habiéndose apoderado del rey de los astros, lo llevaba sujeto al extremo de su cetro, como un sereno que cuelga un farol en la punta de su chuzo, y le obligaba a iluminar a todas horas sus vastos dominios, para ver en qué lugar por recóndito que fuera, no se había aun plantado el santo signo de nuestra redención. Ese signo que hoy se ve menospreciado, perseguido y arrancado de los templos de la enseñanza, de la justicia y beneficencia, y del que sólo se acuerdan para pretender utilizarlo como motivo de atracción de turistas desocupados, paseándolo por las calles rodeados de soldados armados de hojalata, nazarenos de pega y judíos…, de corazón desgraciadamente muchos de ellos, como si se tratara de una falla, una comparsa de gigantes o una estudiantina.

Transportémonos, pues, como digo, a aquellos tiempos y veamos las tristes hazañas que en nuestra patria realizó Ruedamundo.

            ¿Qién era Rodamundo?

            No era como su nombre parece indicar, un rey visigodo o longobardo de esos que se dedicaban al dulce esport de cometer las mayores majaderías y atropellos. Nuestro Rodamundo era, un falipote o navío mercante de inofensivo aspecto al parecer; pero sonríanse ustedes de las apariencias. Este barquito iba a producir en España más muertes y calamidades que cuantas llevaron a cabo los submarinos de Von Tirpitz durante la guerra mundial.

Este navío, era mandado por el capitán Gerente, de nación gallego. A fines de octubre de 1597, se hallaba anclado en el puerto de Dunquerque, ciudad perteneciente entonces a Flandes, ocupado por los españoles. En este puerto se había declarado la peste bubónica, y los industriales de telas, industria que continua la base de la riqueza del país, ofrecían sus géneros a precios baratísimos, ante el temor de que muy pronto se cerraría el puerto y quedaría prohibida la entrada y salida de barcos dedicados a este comercio.

            Nuestro capitán pudo adquirir a muy bajo precio un buen cargamento de telas, y se apresuró a levar anclas, antes de que las medidas sanitarias se lo prohibiesen. En el camino se encontró con otro barco español, mandado por Bartolomé de San Johan, vecino de Castro, que también llevaba cargamento de telas adquiridas en Calais, ciudad en la que también había hecho su aparición la peste, aunque no con tanta intensidad como en Dunquerque.

Los dos capitanes se dirigieron a España, abordando en Santander el primero y en Castro el otro. Ambos se dieron prisa en vender su cargamento, pues temían, y no sin razón, que había de prohibirse la venta de toda clase de mercaderías procedentes de los puertos infestados.

En Santander se desarrolló al punto una mortífera peste, que según crónicas de la época, casi despobló la ciudad; y en Castro, también hubo muchos atacados, aunque con menos gravedad que en Santander.

De allí pasó a las Montañas de Castilla la Vieja, Asturias, Galicia, y habiendo cejado por algún tiempo, volvió a reproducirse en Burgos, Valladolid, Sevilla, todo Portugal. Madrid y las principales poblaciones de ambas Castillas.

Por los últimos días del mes de julio de 1597, se declaró la peste en San Sebastián y Fuenterrabía, a causa de unas telas vendidas por unos marineros que vinieron de Castro. Pasó luego a Bilbao, se extendió más tarde por la Universidad de Oñate, y de allí nos vino a Navarra, principiando por Estella.

Hemos visto como la codicia de unos capitanes de barco, fue la causa de la entrada de la peste bubónica en España. La galantería, más o menos interesada de unos guardas de Estella, hizo que la enfermedad se nos metiese en Navarra.

Un cantar español, que es como para echar por tierra la proverbial galantería de nuestra patria, dice:

                                  
Una mujer fue la causa
                                   de nuestra perdición primera.
                                   No hay perdición en el mundo
                                   que de mujeres no venga.

Yo no estoy conforme, ni mucho menos, con este cantar, pero hay que confesar, que en el caso que nos ocupa, la mujer fue quien nos trajo, oculto entre los pliegues de sus ropas, al mortífero microbio de la peste.

Ya dejamos dicho, cómo vino el germen de la enfermedad a España en las telas de Flandes. Como las mujeres de aquel entonces llevaban tanta tela en sus faldas, vasquiñas y refajos, daban albergue en ellos a millones y quinquillones de microbios y al arrastrar sus largas faldas por el suelo, dejaban en él el germen de la enfermedad.

Hoy día, con la moda de las faldas cortas, ha desaparecido este peligro; pues contadísimo número de microbios puede alojarse en un vestido moderno de mujer, en cuya confección entra menos tela que en un pañuelo de esos que asoman sus perfumadas puntas por los bolsillos de los pollos peras.

El día de mañana, ¡chi lo sa!; pues si Mr. Paquin o cualquier modisto de París, lanza a la calle otra vez la moda de las faldas largas, mangas y cuellos de poderosa largura, ya tenemos al devoto sexo más obediente y sumiso a las órdenes de Paquin, que lo que hasta ahora ha estado a consejos y mandatos de obispos y padres espirituales.

La peste en Estella.-

Veamos cómo y de qué manera entró y se desarrolló la peste en Estella..."

Y para no prolongar en demasía esta entrada, mañana si Dios quiere, seguiremos con la narración de como se expandió la peste por Navarra y que tiene que ver todo esto con las Cinco Llagas.

viernes, 15 de abril de 2011

El Lanzareno

Querido lector, hoy es viernes de dolores, y esta tarde a las nueve tras el septenario saldrá la Dolorosa en procesión desde San Lorenzo, su “domicilio” durante todo el año, hasta la catedral para permanecer allí hasta Viernes Santo en que volverá de nuevo a su capillica. Como siempre la portarán los mozorros de la Hermandad de la Paz y Caridad en esta preciosa y especialmente emotiva procesión organizada por la Hermandad de la Pasión del Señor. Y en la calle Mayor la Cofradía San Saturnino nos pondrá los pelos como escarpias con su canción a la Dolorosa, que es una incorporación reciente a este pamplonés acto, que demuestra que las tradiciones son vivas y pueden mejorar con las aportaciones de cada generación. Por cierto como curiosidad posiblemente no sepas que este paso es propiedad del Ayuntamiento de Pamplona (el resto son de la Hermandad de la Pasión).
Así con el traslado de la Dolorosa, a la que el “aitacho” le tenía tantísima devoción, abrimos en Pamplona por adelantado la Semana Santa, así que por eso también la comenzamos en este blog. Y como arranque voy a transcribir una “iruñería” que no tiene desperdicio. Fue publicada en el Pensamiento Navarro en la sección “Navarrrerías”. Pero dejo de nuevo que sea mi padre, Ignacio Baleztena, es decir “Premín de Iruña”, quien tome la batuta del blog:


Nuestra Señora de la Soledad, la Dolorosa.

"EL LANZARENO

            Siguiendo costumbre antiquísima, solía celebrarse en una villa de la Erribera de Navarra, de modo conmovedor y pintoresco el acto del prendimiento del Salvador.

            El día de Jueves santo, después del miserere, un vecino de la villa vestido de túnica blanca y manto rojo, y seguido de once más ataviados con túnicas, mantos y barbas de crin y lino, se dirigía a un olivar próximo a la villa, y allí se ponía a rezar, mientras sus acompañantes se tumbaban tan ricamente en el suelo y simulaban dormir. Al poco rato, salían de la cárcel de la villa un pelotón de hombres con antorchas, armados con palos muchos, con lanzas y cascos algunos, guiados por el hombre más bruto y feo del pueblo, que vestía de modo análogo a los tumbados del olivar, y llevaba unas largas barbas hechas con la cola de una vaca roja. Recorría el pelotón armado las empinadas calles de la villa preguntando a cuantos vecinos y habitantes hallaban al paso:

            -¡Cho! Hais visto, por un si acaso, al Lanzareno.
            -Sí, en el olivar del tío Pocalacha… digo del Olivote, lo hay visto, con los apostóles, venga a rezar y rezar credos y rosarios.

            Y el grupo armado, conducido por el vecino feo de la barba roja, se encaminaba al dicho olivar. El vecino de la blanca túnica y manto rojo, al ver llegar a los armados, se adelantaba a ellos con paso solemne, y les preguntaba:

            -¿A quien buscáis?
            -Al Lanzareno, respondían.
            -Yo soy.
            -¿Sois, vos, el Mesias?
            -El mesmo.
-Daisus preso.

Se adelantaba entonces el de las barbas rojas y le daba un beso. Los apostóles se escapaban venga a correr y correr por los campos, y la turba, a “errempujón” limpio, conducía al Lanzareno hasta la cárcel. Entonces, los “mocés” del pueblo daban con cencerros, pitos, carracas y calderos llenos de piedras, una cencerrada a los de la guardia y acababan por atacarlos. Estos huían, y entre vivas y gritos de alborozo, la tropa juvenil ponía en libertad a Jesús Nazareno, y después, la emprendían con el de las barbas rojas y le seguían por todas las calles, abroncándole y tirándole tronchos de berza y alguna que otra piedra, mientras le cantaban:

                                   Leña con el Iscariote,
                                   Que ha vendido al güen Jesús,
                                   Daile juerte en el cogote.
                                   ¡Sus a él, sus, sus, sus, sus!

Esta simpática intervención de los mocés, por descuido, sin duda, se olvidaron de anotarla los evangelistas.

Así las cosas, llegó el año 1832, y con aquella guerra en la que los hijos de este viejo Reyno asombraron al mundo con sus hazañas. En los siete años que duró la guerra, se suprimió en el pueblo la simpática y conmovedora escena del prendimiento y liberación del Lanzareno. Pues la juventud del pueblo, y no pocos que peinaban canas (eso de peinar, es un decir), salieron unos, la mayor parte, a luchar en la Montaña por la Religión y el “Rey de los pobres”, y otros, encasquetándose el morrión de los guiris, se dispusieron a meter a sus contrarios a tiro limpio las ideas de “pogreso” y libertad (también eso de libertad era un decir).

Pasó la guerra; y vueltos a sus hogares guiris y carlistas convinieron y acordaron que se debía volver a celebrar por Jueves Santo el acto del prendimiento, con todas las de la ley. Tiburcio Chivite, alias el Rojo, valiente gastador del tercero de Navarra, el que en un ataque, a los guiris que, aturdidos de su temeridad, le gritaban:

-¿A dónde vas, bárbaro navarro?

Contestó tan terne y sin acortar el paso

-A la muerte

y que salió de la guerra con más “bujeros” que una criba, fue el designado para hacer el papel de Lanzareno. Y Quirico Domezain, alias Morros de Gardacho, constitucional acérrimo, que con una docena de voluntarios de la libertad, se defendió en el campanario del pueblo contra doscientos carlistas, mandados por el propio Zumalacárregui, fue el elegido para ponerse las barbas rojas, y desempeñar el papel de Iscariote.

            Uno y otro se odiaban sinceramente por mil causas: por ideas, por cuestión de dineros, de familia, de riegos, pastos…, supongo que se dispensará no anote las novecientas noventa y cinco causas restantes.

            Así es que, Morros de Gardacho, viendo que el acto del prendimiento le brindaba gran ocasión de arrear a mansalva una fenomenal paliza a su enemigo, el Royo, decidió no dejarla escapar, y reuniendo a sus amigos, deudos y correligionarios, les trazó un plan de batalla, que fue acogido con gran entusiasmo.

            No llevaron sus proyectos Morros de Gardacho y su trinca tan en silencio, que no llegara a oídos del Royo, por lo que éste tomó sus medidas, y decidió esperar y recibir como se merecía la agresión de los guiris, disfrazados de judíos.

            -Están con el uniforme que les corresponde –comentaba con voz atimplada el sacristán, uno de los apostóles.

            Cuando la turba armada recorría las calles del pueblo preguntando a los traseuntes:

-¡Cho!¿hais visto al Lanzareno?

les respondió un vecino que en aquella ocasión hacía de papel de Pilatos, pues se lavaba las  manos en lo que pudiera ocurrir:

            -Sí, pero sus prevengo que s’ha llevau veintisiete apóstoles, y a más, a TenteTieso, p’a San Pedro… y ya sabeis lo bruto que es.

            La noticia de este aumento apostólico, del que no hablan las Escrituras Sagradas, y de que Tente Tieso, el más bruto y fuerte del pueblo, estaba dispuesto a hacer alguna de las suyas, no arredró al escuadrón guiado por el Iscariote. Antes bien, entrando en una taberna para reconfortar el espíritu y dar vigor al cuerpo, dijeron con la serenidad y valentía propia de la tierra:

            -Cuantos más ahiga, más caderán.

            Llegó el momento psicológico. El Lanzareno se dirigió al grupo armado, y con voz sorda y amenazadora les hizo la pregunta de ritual, con una ligera modificación intercalada en el texto:

            -¿A quien porra buscais?
            -Al Lanzareno.
            -Yo soy.
            ¿Sois vos el Mésias?
            -El mesmo.
            Daisus preso.

            ¡Sí, preso!... En el momento en que Morros de Gardacho se le aproximaba para darle el ósculo… ¡¡zas!!, un garrotazo apostólico partió su dura cabezota por gala en dos. Tentetieso intentó sacar de entre sus hábitos el chafarote que empuñó en la guerra en la partida de Lucus, dispuesto a cortar la oreja a Marcos y a cuantos se le terciaren por delante, pero ¡prrum!, un soldau romano, a quien los anacronismos le tenían muy sin cuidado, le arreó un trabucazo que le llevó de raso la empuñadura del sable, amén de tres dedos y medio de la mano derecha. Total, un muerto y bastantes heridos.

Y por esto, desde aquel día, no volvió a verse ya el día de Jueves Santo, atravesar las calles de la villa un grupo de gente armada de palos, espadas y lanzas, guiados por un tío feo, de barbas rojas, preguntando a los transeúntes:

            -¡Cho!, ¿hais visto por un si acaso al Lanzareno?

P. de I.

Premín de Iruña. El Pensamiento Navarro, Navarrerías."

Para los que no conocéis el estilo de “Premín de Iruña” no creáis que los acentos están mal puestos (o mal “quitaus”). Es para darle la entonación ribera al texto. Por cierto este relato posteriormente fue recogido por varios escritores navarros, y no me extraña porque no tiene desperdicio. Lo que me he “gozau” leyéndolo de nuevo. Lo dicho, esta tarde si Dios quiere nos vemos acompañando a la Dolorosa con nuestra vela a las nueve. No me falles (o mejor dicho, no le falles).

jueves, 14 de abril de 2011

Su libro "Iruñerías" (1920). El vascuence.

Querido lector, ya he mencionado anteriormente como el “aitacho” publicó su primer libro en 1920. El título tenía que ser obviamente “Iruñerías”, no podía ser otro. En el recogió “una colección de escritos que con el título DEL VIEJO PAMPLONA publicó en el semanario Radica Premín de Iruña”. Este libro es una “joya” porque en él están sus primeras y más desconocidas “iruñerías”.

Portada del libro "Iruñerías" publicado por "Premín de Iruña" en 1920

Y aprovechando que en estas dos entradas anteriores hemos estado viendo cómo mi padre defendió la cultura vasconavarra siendo diputado foral, y cuál era el ambiente en Navarra al respecto, en este marco es dónde mejor puedo responder a "Mañuetero", abundando en el tema, una cuestión que planteaba hace semanas sobre lo que opinaba el “aitacho” acerca del vascuence. Como curiosidad tengo que comentar que mi padre no lo hablaba aunque utilizaba muchos giros de dicha lengua y la entendía aceptablemente. La causa de esto es que él perteneció a la primera generación de mi familia que nació en Pamplona en vez de en Leiza.

Pero volviendo al tema, Que mejor testimonio para tratarlo que leerlo de la cosecha de su propio cacumen en una "iruñería" publicada en dicho libro:


“EL VASCUENCE EN IRUÑA


            Que fue el vascuence la lengua primera que hablaban los pamploneses y que ésta se habló en Iruña hasta tiempos muy modernos, es cosa que nadie puede ni pretende negar.

            Si fue sólo lengua popular y no llegó a la categoría de oficial, quede para otros más sabios que yo el discutirlo. Solo diré lo que a este particular escribía el señor Campión en los años de 1880.”

            A continuación sigue un extenso texto de Campión en el que defiende que “Sería un error creer que el euskara era únicamente la lengua popular”.


Primera página de "Iruñerías, colección de escritos que con el título DEL VIEJO PAMPLONA publicó en el semanario Radica Premín de Iruña, año 1920"

            Posteriormente vuelve a tomar la palabra “Premín de Iruña”:

            “De que el vascuence se habló en Pamplona en tiempos modernos tenemos varias pruebas, una de ellas es el acuerdo que en 1604 tomó la Ciudad de traer predicador vascongado para los sermones de cuaresma.

No dudamos que ha de ser de agrado de los lectores, conocer el auto que del acuerdo mismo levantó la Ciudad en el día 24 de febrero del citado año.

PREDICADOR DE VASCUENCE[1]

“En la Ciudad de Pamplona, Cabeza del Reyno de Navarra, martes, a veinticuatro días del mes de febrero de mil y seiscientos y cuatro años. Estando en la casa de su Ayuntamiento y sala de la consulta, los señores Cibrian del Vajo y de Aoiz y Miguel de Bayona, Joan Esteban de Orisoain, Diego Périz de Labayen, Martín de Leçaun, Miguel de Burutegui, Joan de Arróniz, Martín de Ardanaz mayor, rexidores, después de aber despachado los negocios que se ofrecieron dixeron que considerando que el lenguaje primero y natural de la Ciudad y sus montañas, de donde por la mayor parte heran los moços y moças de serbicio, hera el bascuence y así ellos como muchos vecinos y habitantes no sabían, ni entendían otra lengua que el dicho bascuence y hera a su noticia por relación de los Señores Vicarios de las Parroquias, como de otros religiosos y clérigos que en las confesiones que los tales hacían se echaba de ber la falta que abía en no aber predicador que en su propia lengua les predicase la forma y orden que debían tener en el confesarse, y creer y obrar las cosas de la Católica y de serbicio de Dios Ntro. Señor como fieles y verdadero xpianos (cristianos) que acudiendo a su remedio como a cosa tan importante y necesaria a la salvación de las almas, acordaban y acordaron, que aquí en adelante, a perpétuo así como ay predicador ordinario en lenguaje castellano para los sermones de la cuaresma, haya también en bascuence y se nombre en cada año por el dho. Regimiento un religioso sacerdote qual conbenga para semejante ministerio,el qual, todos los domingos y demás fiestas que hubiere en la cuaresma predique en dicha lengua bascongada desde la una de la tarde a las dos en la parroquial iglesia de San Cernin, o en otra que el dicho regimiento pareciese, la doctrina cristiana subcinta y declaradamente y la materia de penitencia y las demás cvosas que a un cristiano le son en obligación el saber para salbar su alma y dando principio a tan santa obra para este presente año nombraban por tal predicador al R. Padre Fray Esteban de Besigui, de la orden de Predicadores y por limosna señalaron cient reales sobre los propios y rentas de la dicha Ciudad y de ello mandaron hacer auto y lo firmaron.”

Al año siguiente de 1605, fue el Padre Olaz, de la Orden Carmelitana, el encargado de estos sermones.

Y años más tarde, en 1613, hallamos otro auto sobre el mismo motivo en el que se hace constar “que por experiencia se ha visto el fruto que hacen los sermones en basquence los domingos y fiestas de cuaresma y quan importante es esto… y siendo conformes (los regidores) por la noticia que tienen de las muchas letras y partes del licdo. D. Pedro de Amatriayn Abad de Subiça le nombraron por predicador.”

Muchos son hoy los pueblos y villas de la montaña Navarra en los que sus vecinos y habitantes no entienden “otra lengua que el dho basquenze” y sin embargo, triste es decirlo, la predicación suele ser en romance; con lo cual, muchos son, a no dudar, los que dejan de entender y saber “la forma y orden que deben  tener al confesarse y creer y obrar las cossas de la ffe Católica y de serbicio de Dios Ntro. Señor como fieles y verdaderos Xpnos. (Cristianos)…”

Iruñerías, Premín de Iruña, 1920, pags. 93-97.

Y con esto, dado las fechas que son, cambiaremos de tercio para comenzar a hablar de la Semana Santa pamplonesa, que tan bien conocía mi padre y de la que escribió unas cuantas cosas que iré introduciendo a partir de mañana si Dios quiere


[1] Libros de Consultas. Tomo 1º Arch. Mun. De Pamplona.

miércoles, 13 de abril de 2011

El sentimiento vasconavarro a principios del siglo XX

Querido lector, veíamos ayer como el “aitacho” siendo diputado foral, había conseguido, llevado por su gran amor a Navarra, que la Di­putación le comisionara para todo lo relacionado con lo vasco y el vascuence, al objeto de que no se desvirtuara políticamente su espíritu. Entre todo ello se encargó de conseguir datos y noticias para el III  Congreso de Estudios Vascos, que se celebró en Guernica en septiembre de 1922, y este acontecimiento nos va a servir para ilustrar cual era la situación de “lo vasco” en Navarra a principios del Siglo XX.
Durante los primeros 30 años del siglo pasado el nacionalismo vasco tardó en prender en Navarra. Como afirma el historiador José Andrés Gállego en su libro “Navarra cien años de Historia. Siglo XX” en esa época “se distinguía nítidamente entre ser vascos y ser políticamente nacionalistas”. Resumiendo, que el nacionalismo tuviera escaso peso no implicaba, sino todo lo contrario, la simpatía general por “lo vasco” que predominaba en Navarra. La mayoría de los navarros de la vida sociopolítica se sentían vascos, aunque en lo político fuesen jaimistas, integristas, mauristas, alfonsinos, conservadores, liberales. Los vascos, tanto los navarros como los vascongados, daban por supuesto que su inclusión en España había sido fruto de unos acontecimientos históricos, culturales y religiosos de siglos de evolución. Para defender este sentimiento vasco se unían sin problemas mientras que diferían en otras muchas cosas.
Todo esto queda reflejado en el discurso que el presidente de la Diputación Foral de Navarra, Lorenzo Oroz, en representación de la misma, expuso ante Alfonso XIII que fue invitado a presidir el acto de clausura de este III Congreso de Estudios Vascos de Vergara:

Al vernos congregados en este lugar, donde arraigó el símbolo sagrado de las libertades vascas, la Diputación que represento dedica emocionado el homenaje de su recuerdo a nuestras gloriosas tradiciones, que si hicieron grande y feliz al pueblo vasco, contribuyeron también para labrar la grandeza histórica de España; y hace votos fervientes para que así como el retoño que vemos florecer, robusto y vigoroso, del árbol de nuestros Fueros, renazcan también estos con el mismo vigor, el calor de nuestra unión y de nuestra fe en el porvenir
Este era el ambiente que se respiraba en Navarra con relación a “lo vasco” en esa época.
Ahora que ya estamos metidos en harina creo que ya es el momento, ante la amable petición que mañuetero hizo hace semanas, de explicar qué opinaba el “aitacho” sobre el vascuence de primera mano, ya que en 1920 publico su primer libro, “Iruñerías”, y en una de ellas escribió lo que veremos mañana si Dios quiere.

martes, 12 de abril de 2011

Defendiendo la cultura vasconavarra como diputado foral

Querido lector, habíamos dejado al “aitacho” como diputado foral promocionando, organizando y participando en actos y celebraciones de profundo arraigo navarro. Hemos visto como en 1922 organizó los actos con­memorativos del III Centenario de la Canonización de San Francisco Javier, patrono de Navarra por "decisión de la antigua Diputación y de nuestras veneradas Cortes". Representó a la Diputación en el acto de inauguración del monumento a los Héroes de la Independencia de Navarra, en Maya, en 1922 y logró el establecimiento de una cátedra de Geografía e Historia de Navarra y preparó la sala dedicada a Navarra en el Museo de Bayona.

A estas alturas a ningún seguidor de este blog le llamará la atención si digo que el “aitacho” era un gran defensor del vascuence y la cultura y folklore vasco, entre otras cosas porque ya lo habíamos tratado anteriormente. Hay que tener en cuenta que procedía de una familia vasconavarra. Su padre leizarra era vascoparlante “de nacimiento”. Su madre Dolores Ascárate, también tenía como idioma materno el vascuence por ser de una conocida familia del valle del baztán, aunque ella nació en Sartaguda donde el idioma que se utilizaba era el castellano. En definitiva era trilingüe ya que además hacía abundantes viajes a Francia, con lo cual dominaba el francés, pero todo esto lo veremos más adelante. Era una mujer muy alegre y “original”. En Leiza se le podía ver tirándose rodando por los prados de Oialde con esos vestidos que llevaban las señoras por aquel entonces. Eso si, cuando se enfadaba y les tenía que echar cuatro gritos a sus nueve hijos le salían en vascuence.

Mª Dolores Ascárate, Madre de Ignacio Baleztena
Así Ignacio perteneció a la primera generación familiar que nació en Pamplona, aunque pasaran largas temporadas en Leiza. Vivió desde niño las tardes de domingo al son del “chun chun” (así llamaba al chistu) bailando en el “carrape” de la plaza, refugiándose del omnipresente chirimiri o “langarra”. De familia carlista para él todo esto también formaba parte de la Tradición recibida. Engarzaba perfectamente el trilema “Dios, Patria, Rey” con otras cosas vividas en el hogar como esta cultura vasconavarra. Por eso en Petrorena, la casa familiar de Leiza, junto con crucifijos presentes de forma predominante, comparten espacio La Virgen y el Sagrado Corazón sobre la frase “Reinaré en España” con la imagen de San Miguel de Aralar sobre el texto “Miel gurea zaizu Euskalerría”, lauburus con aspas carlistas de San Andrés. Escudos de Navarra y España con frases en vascuence y leyendas carlistas. Y todo ello forma un precioso mosaico que ensambla perfectamente, sin problema, sin aristas, sin incompatibilidades. Es como un puzzle al que si le faltara una pieza ya no formaría la misma imagen.


Este cartel elaborado por Mª Ysabel Baleztenna, hermana de Ignacio, recibe a los visitantes en Petrorena, la casa familiar de Leiza. Encima del todo la Cruz. En las esquinas lauburus y aspas de san Andrés. El texto da la bienvenida en vascuence.

Todo esto hizo que su gran amor a Navarra le llevara a conseguir que la Di­putación le comisionara para todo lo relacionado con lo vasco y el vascuence, al objeto de que no se desvirtuara políticamente su espíritu. Junto con sus hermanas, Dolores, Josefina y María Isabel fue socio temprano de la Sociedad de Estudios Vascos y vocal de su Junta Permanente., y consiguió que se restableciera la ayuda para la obra de enseñanza que perseguía dicha Sociedad; participó en las gestiones para la creación de la Universidad Vasco-Na­varra; se encargó de conseguir datos y noticias para el III  Congreso de Estudios Vascos, que se celebró en Guernica en septiembre de 1922; fue nombrado re­presentante de la Diputación en las fiestas proyectadas para la conservación y promoción de la lengua vasca... etc. etc.

Es decir Ignacio Baleztena sabía diferenciar muy bien entre ser vasco y ser nacionalista, y a la vez anteponer ideales superiores como la religión, y a otro nivel los fueros, para llegar a acuerdos con otras fuerzas.

Pero ya que ha salido a colación la celebración del III Congreso de Estudios Vascos de Guernica en 1922, hablaremos de él mañana si Dios quiere y nos servirá para entender mejor la posición de la Diputación Foral sobre estos aspectos

jueves, 7 de abril de 2011

III centenario de la canonización de San Francisco Javier en 1922 (y III)


Querido lector, para finalizar estas entradas referentes a los actos de celebración del III centenario de la canonización de San Francisco Javier, organizados por el "aitacho" cuando era diputado foral en 1922, no puedo dejar de transcribirte otra "iruñería" suya al respecto, en la que explica como se dispuso (y de paso embarcó a todo el mundo, para variar) a ampliar dichas celebraciones a Francia, hacia la Baja Navarra.

"RECUERDOS DEL TERCER CENTENARIO DE LA CANONIZACION DE SAN FRANCISCO JAVIER


            El sabio historiado xaberiano, el Rdo. P. Cros, escribe acerca de la ascendencia paterna de San Francisco de Javier:

            “La aldea de Jassu (en vasco Jatson), a una legua de San Juan de Pie de Puerto, cuenta hoy (año 1900) un poco más de trescientos habitantes: en el siglo XV no había más de diez y ocho fuegos o vecinos. Entre las familias que allí vivían por aquel tiempo y en el siglo precedente, la principal era la de Lascor, después de ellos venían los Echeverrías. Los Lascor pertenecían a las clases de los hijosdalgo, gentileshombres o nobles propiamente dichos. Los Echeverrías no eran más que infanzones, o nobles de orden inferior; de estos descendía San Francisco de Xavier por sus abuelos paternos”.

            Hacia la mitad del siglo XIV, un hijo segundón de esta familia, Pedro de Echeverría y Garot, vino a establecerse en San Juan de Pie de Puerto, en donde cambió su apellido, práctica entonces muy corriente, por el del pueblo de origen, Jassu, y desde entonces, éste fue el apellido de esta rama segundota de los Echeverrías.

            Tres hijos tuvo este Pedro de Jassu: Pedro, Bernalt y Arnalt. El primero vivió y murió en San Juan y los otros dos pasaron a Navarra la alta, es decir, a la actual Navarra española, donde desempeñaron honoríficos cargos en la corte, y realizaron ventajosas bodas que enaltecieron más el apellido de Jassu.

            Arnalt casó con Guillermina de Atondo, noble dama pamplonesa, hija del Auditor de Comptos don Juan de Atahondo, y de este matrimonio, en ¿Pamplona seguramente, nació Juan de Jassu que fue más tarde alcalde de la Corte Mayor y consejero de los reyes de Navarra. Casó don Juan con doña María de Azpilcueta y Aznar, dueña del castillo de Javier, de quienes nació, en Javier, el gran Santo Misionero, Francisco, patrón glorioso de nuestro reino navarro.

            No entra en mi ánimo tratar ahora de prosapias y árboles genealógicos, ni ocuparme de las hazañas misioneras de nuestro gran Santo. Cien historiadores lo han hecho ya, y muchísimos serán los que continúen tan benemérita labor, muchísimo mejor de lo que pudiera hacerlo este pobre guixajo estropea Underwoodes.
Con esta máquina de escribir "Underwood" escribió Ignacio baleztena la mayoría de sus "iruñerías" y resto de obras.
            Con motivo de la peregrinación que hoy organiza un nutrido grupo de entusiastas navarros de San Francisco Xavier a San Juan de Pie de Puerto y Jassu, en donde se van a celebrar grandes actos religiosos en honor del Santo, voy a recordar los que en dichas localidades de la Baja Navarra se verificaron en el año 1922 con motivo del tercer centenario de loa canonización del Santo misionero.

            Después de la gran semana misional que se verificó en Pamplona del 18 al 27 de octubre, la Diputación de Navarra, organizadora de estas fiestas, dispuso, a petición de monseñor el Obispo de Bayona, que la sagrada reliquia del brazo de Javier, pasase el Pirineo para que pudiera ser adorado por aquellos buenos y entusiastas navarros de Ultra-puertos.

Peregrinación con el brazo de San Francisco Javier a su castillo en 1922 antes de  partir hacia Francia
            Vino para acompañar a la reliquia hasta la frontera una nutrida representación del Baztán, pues como paisanos de la madre de Javier anhelaban celebrar en su honor grandes fiestas religiosas. En este bello valle se detuvo tres días, uno de ellos, en Azpilcueta, al aire libre, en el solar del que fue castillo, se celebró una solemne Misa mayor. El sábado 30 de octubre, salió la sagrada reliquia para Francia, acompañada de Francoise Marie, evegne de Bayonne, Pescar et Oloron, una comisión francesa y de la Junta Organizadora del tercer centenario.


Imagen de San Francisco Javier en la Iglesia de San Sulpicio en París

            A las nueve de la mañana, hizo la reliquia su triunfal entrada en la villa de San Esteban de Baigorri. Era esperada en las afueras del pueblo por todos los habitantes, sin excepción. Se organizó la procesión, o mejor dicho, se puso en marcha, pues ya de antemano estaba perfectamente organizada, y cantando sencillas pero muy emotivas canciones vascas, con una afinación a las que no estamos acostumbrados en nuestras procesiones, se llegó a la iglesia parroquial. En ella, monseñor dio la bendición con la santa reliquia, y a las diez se puso otra vez en marcha la comitiva con rumbo a San Juan. A penas los coches llegaron a las alturas de Ascarat, las campanas de San Juan y Uhart anunciaron a los fieles la llegada de la reliquia. Un gentío inmenso la esperaba en orden procesional, sin ninguna clase de gritos y sin el menor asomo de empujones. Abrían la marcha las Hijas de María de toda la comarca con sus velos blancos y estandartes. En orden perfecto y cantando con igual afinación que sus paisanos los baigorrianos, entraron el la hermosa iglesia, que, a pesar de sus dimensiones, se llenó por completo, yendo todos a ocupar sus puestos en medio del mayor silencio, orden y compostura. Se celebró una solemnísima misa durante la cual cantó todo el pueblo dirigido por el párroco de Uhart-Cisa, Mr. Irigoyen. Parecía realmente que era un verdadero orfeón disciplinado el que cantaba.

            En cuantas funciones religiosas he asistido en el país vasco-francés, lo que más ha llamado mi atención ha sido lo bien que cantan los feligreses y cómo saben todos de memoria y entonan los cantos litúrgicos. Sienten verdadera afición y gusto por la música sacra, y disfrutan cantándola; así es que, cuando se pasa por algún pueblo un domingo por la tarde, no se encuentra ni un traseunte por las calles, todos están en la iglesia tomando parte en el oficio de las vísperas.

            Después de la misa se dio la reliquia a adorar, acto que se llevó a cabo en medio del orden más admirable, obedeciendo todos ciegamente las órdenes, que sin gritos, manotazos al aire ni aspavientos, daba desde el púlpito Mr. Garacotche, párroco de San Juan. No hubo ni una vieja devota rebelde e indisciplinada que intentase, a codazo limpio, ponerse en primera fila, blasonando de ser más católica, más apostólica y más romana que las demás, y diciendo a las jóvenes que no tenían a bien cederles sus puestos –“más os valdría ir con vestidos más modestos sin enseñar los brazos y las pantorrillas, y con los labios y uñas sin pintar, ¡Vaya modo de estar en la iglesia! ¡Ya me lo diréis, sí, en el otro mundo!”- ¡Claro!, eso es muy fácil de decir a los sesenta y pico de años.

            Después, la municipalidad obsequió con un espléndido banquete a todas las autoridades civiles y religiosas concediendo el puesto de honor a la Diputación de Navarra. El brindis oficial estuvo a cargo del entusiasta “navarrais” Mr. De Ibarnegaray, al que los españoles debemos mil motivos de agradecimiento por la defensa que de nuestra Cruzada hizo, cuando, muchas derechas desorientadas, nos combatían en Francia.
            Entonces supe, por el menú, lo que es “Dindoneaux truffés a la basquaise”, una especie de faisán americano, al que tengo la tranquilidad de espíritu de haber rendido toda clase de honores… que desgraciadamente no he vuelto a encontrar ocasión de repetirlos.

            ¿Os parece que dejemos para mejor ocasión el relato del recorrido de la reliquia por el resto del viejo solar navarro allende los Pirineos?

Tiburcio de Okabío. Iruñerías. Diario de Navarra. 1952."

Bueno, con esto finalizo esta tanda y la semana que viene si Dios quiere seguiré con otras actuaciones de Ignacio Baleztena como diputado foral que quizá puedan deparar sorpresas para algunos de vosotros queridos lectores.

miércoles, 6 de abril de 2011

III centenario de la canonización de San Francisco Javier en 1922 (II)

Querido lector, siguiendo con la anterior entrada reproduzco una "iruñería" del "aitacho" en la que a propuesta de un lector continua narrando los actos conmemorativos del III centenario de la canonización de San Francisco Javier, en 1922. Esto tiene un especial interés dado que Ignacio Baleztena fue el encargado como diputado foral de organizar estos actos. Para los que no seguís el blog hasta ahora, para disfrutar de esta "iruñería" os tengo que recordar que "Premín de Iruña" es el mismo que "Tiburcio de Okabío" y en definitiva son seudónimos de Ignacio Baleztena. Yo os dejo directamente con el testimonio de mi padre:


El III centenario de la canonización de nuestro universal San Francisco Javier fue celebrado en toda España. Foto de "Blanco y Negro" (4-6-1922) de procesión conmemorativa en Madrid

LA PROCESIÓN DEL 24 DE SEPTIEMBRE DE 1922
            No tengo el honor de conocer personalmente al ilustre patricio que oculta su nombre bajo el seudónimo de Marco de la Kapuchaka, pero no tengo la menor duda de que se trata de un señor muy erudito al par que chico listo, a juzgar por esta afirmación que hace en carta que me dirige con fecha del 22 del actual (septiembre): “Leo con gusto sus Iruñerías… etc.” Honradísimo de contar entre mis lectores al sin par señor de la Kapuchaka.

            En la carta susodicha, me recomienda “que repase bien el archivo de mis recuerdos” pues cree, que no fue el Excmo. Sr. Cardenal Benlloch quien llevó procesionalmente el brazo de San Francisco Javier en Pamplona, sino el cardenal de Zaragoza, el Excmo. D. Juan Soldevilla Romero. Para salir de esta duda me recomienda: “¿No puede usted informarse por don Ignacio Baleztena que estuvo muy junto a él?” Como da la muy rara casualidad, que aunque superficialmente, tengo algún trato con tan grave y serio señor, a él acudí en súplica de que desvaneciese las dudas que afligen a mi eximio y querido lector. El sesudo don Ignacio, después de las maduras y serias reflexiones que brotaron de su privilegiado cacumen, me vino a decir:

            Vamos por partes. No hay que confundir la entrada del brazo de San Francisco Javier en Pamplona, el día 10 de mayo de 1922, de la que se trató en las últimas Iruñerías, con la solemnísima procesión que se verificó en Pamplona el día 24 de septiembre del mismo año.

            En la primera entrada, no estuvo presente el cardenal Soldevilla y fue el de Burgos, como se dijo el domingo pasado, el portador de la reliquia desde Roncesvalles a Pamplona.

            Y fue el mismo cardenal quien la llevó en la solemne procesión que se organizó desde la parroquia de San Nicolás hasta la catedral, donde quedó depositada.

            La emocionantísima procesión del 24 de septiembre, fue presidida por el Exc.. Cardenal de Zaragoza, se inauguró aquel gran día, con la solemne comunión de la Adoración Nocturna celebrada en la catedral, por cuyos claustros se paseó en triunfo Cristo Sacramentado, llevando una escolta de todas las secciones adoradoras que enviaron sus banderas.

            Por la noche, el Ilmo. Obispo de Osma había predicado un sermón eucarístico bellísimo, lleno de promesas de esperanzas para los que aman y se adhieren a la obra redentora de Cristo.

            Antes de las diez, fueron llegando a la catedral todas las corporaciones, las diputaciones, prelados y autoridades superiores de Navarra.

            Poco después de las diez, bajo el severo y augusto tañido de la gran campana de la catedral, comenzó a salir organizada la gran procesión. Primero, iban los gigantes y cabezudos con las gaitas y tamboriles y su alegre acompañamiento de cientos de mocetes. Seguían, cuatro gastadores de Almansa, a media gala, abriendo paso de honor a la comitiva, en la que figuraban las representaciones de todos los ayuntamientos de Navarra con sus banderas, resaltando, entre ellas, la histórica del Baztán y las del valle del Roncal, cuyos alcaldes y concejales lucían el severo y típico traje del país. Mezclados entre las comisiones municipales iban las bandas de música de Estella y Sangüesa; la de Pamplona acompañaba a los Niños de la Santa Infancia que eran los que abrían la marcha tras el piquete de caballería.

            Seguían a continuación los sacerdotes de la Semana Misional y todas las representaciones de las órdenes religiosas, la Junta del Centenario, Excmos. ayuntamientos de las cabezas de merindad Estella, Tudela, Sangüesa, Olite y San Juan de Pie de Puerto con sus banderas y maceros, presididos por la excelentísima corporación municipal de Pamplona; las representaciones de las diputaciones vascas con su lucido acompañamiento de forales, miqueletes, bandas de clarineros, pajes y maceros.

            Figuraban detrás las sagradas imágenes de San Fermín y la de Nuestra Señora la Real de Pamplona, precedidas de la del glorioso San Miguel Excelsis, y venían luego la más alta representación autoridad eclesiástica. Los prelados de Sevilla, don Eustaquio Ilundain, y el obispo dimisionario de Oviedo, sr. Baztán, llevaban al salir la procesión las reliquias del sagrado brazo y el milagroso Cristo del Cangrejo, y luego, fueron alternando los insignes príncipes de la iglesia obispos deBurgo de Osma, Huesca, Vitoria, Bayona, Ciudad Real, el dominico R.P. Arellano, los salesianos de Versigia y el Ecuador y otros que en el momento no recuerdo.


Procesión que organizó Ignacio Baleztena con motivo del III centenario de la canonización de San Francisco Javier.

            Si en esta chanda episcopal de llevar el brazo figuró en algún momento el Excmo. Cardenal de Zaragoza, cosa es que no recuerdo, pues desde la calle Mayor, a raiz del chaparrón que cayó, abandoné el cortejo para organizar en la Diputación la recepción de la Sagrada Reliquia.

            Toda la presidencia subió al salón del Trono, y desde los balcones, no recuerdo si el Excmo. Cardenal o el señor Baztán y el señor arzobispo de Sevilla, con el Sagrado Brazo y la milagrosa Cruz bendijeron a la inmensa multitud que ocupaba la plaza de la Diputación y parte del Paseo de Valencia.

            Esto es, querido Kapuchaka, lo que me informo don Ignacio, y por lo que usted ve, no fue ningún lapsus el que escribiera el pasado domingo que fue el cardenal Benlloch quien trajo el brazo a Pamplona desde Roncesvalles y lo llevó en la procesión de San Nicolás a la Catedral. Hasta cuando quiera carísimo Mateo me tienes a tu disposición para resolver, si puedo, las dudas que te ocurran.

Tiburcio de Okabío. Iruñerías. Diario de Navarra 1952

Procesión con el Brazo de San Francisco Javier en Javier en 1922


Y tras esta entrada solo me queda despedirme y anunciarte que proximamente abordaremos un tema que hoy consideramos polémico, pero que a principios de siglo XX se vivía de otra manera. Para saberlo habrá que esperar a la semana que viene si Dios quiere.