Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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jueves, 29 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (3). Olite 1964 y 1965. El pregón del heraldo

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

Veíamos en la última entrada como en 1964 la fiesta del Rey de la Faba se celebró en Olite y durante la ceremonia mi hermano Joaquín actuaba de heraldo y leía el pregón. Pues bien ese pregón se conserva en los archivos de mi padre Ignacio Baleztena Ascárate

 

Documento original del pregón leído durante la celebración del Rey de la Faba en Olite, deteriorado por el tiempo. Fue escrito por Ignacio Baleztena Ascárate que hizo también la imitación de la auténtica firma de Carlos III el Noble y el sello de los Teobaldos.

 

En él se puede leer:

«Infanzones, hijosdalgos, esforzados caballeros, bellas damas, doncellas de rostro hechicero, oíd oíd, oid:

Sus Altezas, los Reyes de Navarra Don Carlos y Doña Leonor, nos abren las puertas de su real mansión y nos invitan a celebrar en ella, una fiesta secular.

Cinco siglos ha durado la ausencia de nuestros Soberanos, pero su presencia no se ha borrado ni de nuestro corazón, ni de nuestras mentes su glorioso recuerdo. Pero si éste ha sido fiel, las piedras de su alcázar, abandonadas a las inclemencias del tiempo, se desmoronaron. Desmanteladas quedaron las suntuosas estancias del castillo, asombro de Europa, y sus torres, que desprecio al aire fueron, a su gran pesadumbre se rindieron.

 Mas en medio de tanto abandono y ruina, en pos quedó una bella tradición, y, esa tradición, hemos venido a recoger.

El Muthiko Alaiak, fiel servidor de la realeza, obedeciendo al mandato del buen Rey Carlos, nos congrega aquí para celebrar la fiesta del Rey de la Faba, por nuestros Reyes instituida.

SI las arcas del Reino no están a nuestra disposición para suntuosamente disponerlas, el arcano del corazón abre el tesoro de su caridad, Hoy, como ayer, vemos sentado en el trono a un hijo del pueblo. Rendidle pleitesía. Regaladle con vuestros donativos, para que con ellos, el día de mañana, este niño hoy coronado pueda labrarse un porvenir, ser hombre de provecho, modelo de virtudes y laboriosidad, digno hijo de la merced que hoy le ha sido otorgada. Y mientras la Corte desfila besándole la mano, ¡trovadores, juglares, tañed, pulsad laudes, citaras y salterios, y cantad trovas en honor a nuestros reyes; pensad el valor, la generosidad de los caballeros, la belleza, las virtudes de las damas! y ¡vosotros, heraldos, coronad las altivas torres del castillo y pregonad a todos los vientos que en Navarra, si las instituciones pasan, el espíritu queda! Y si fieros vendavales arrebatan cetros y coronas, aquí sabemos recoger el cetro que indica el camino del honor y del deber, y levantar en alto la corona, para ceñirla en las sienes de la Tradición, que como el águila real, renace de sus propias cenizas y remonta el vuelo por las más elevadas regiones!”

Y tras leer el pregón gritó un ¡Viva Navarra! Que fue respondido con gran entusiasmo

En 1965 el heraldo pregonero fue otro hermano mío, Carlos


Heraldo / pregonero en el Rey de la Faba de Estella dos años después (1966)

Foto Diario de Navarra 7 de enero de 1966. (Foto Zubieta)

Cabe recordar que Carlos lll el Noble no fue quien instituyó la fiesta que nos ocupa, pues data de los tiempos más antiguos, aunque en él la enfocamos especialmente por ser el rey que con más esplendor realzó el castillo de Olite, y pudo, gracias a la paz que disfrutaba el reino, organizar magníficas la fiestas, cacerías, torneos, corridas de toros, etc. Por esta anacronía como curiosidad se ve cómo el aitacho, autor del pregón, lo acompañó no con el sello de Carlos III sino con el de los Teobaldos, aunque por escenografía el texto se refiriera al rey Noble.

"Replica" del sello de los Teobaldos realizada por Ignacio Baleztena hecha con cartón piedra

Rey de armas en ediciones posteriores

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

miércoles, 28 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (2). Olite 1964 y 1965

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

OLITE. AÑO 1964. CASTILLO DE OLITE

Los tiempos de afanes de superación en que vivimos empujaron también a los del «Muthiko», inspirándoles el deseo de enriquecer y abrillantar la fiesta. Y si para construir viviendas nuevas se tiran casas viejas, supieron ellos prescindir de los muros de su modesto local para proyectar con afán y fantasía el retorno al enclave escénico originario del festejo, es decir, al castillo real de Olite. 

El 24 de diciembre de 1963 la prensa local anunciaba la celebración del Rey de la Faba el 6 de enero de 1964 en Olite


(En 1964) pese a la laudable decisión de la Diputación Foral de restaurar históricas ruinas, y aunque mucho se trabajaba para levantar las del histórico castillo, las piedras caídas durante siglos de muros y torreones, cerraban todavía el acceso al recinto. Pero la voluntad, la gran potencia beligerante, apoyada entusiásticamente por todos, se abrió paso entre los abandonados aposentos. Y sin varita mágica, pero con arduo trabajo, éstos fueron convirtiéndose en estancias relativamente habitables. Se alegró la desnudez de sus paredes, colgando en ellas trofeos de armas, escudos, reposteros. Vidrieras pintadas en celofán encajaron en los abiertos ventanales, y todo quedó dispuesto para recibir a su Alteza Real el «Rey de la Faba». 

El año de gracia de 1964 despertó entre amenazas de nieve y temperatura glacial. Un viento iracundo, de esos que soplan en la Ribera, acostumbrado a colarse sin trabas en los aposentos del castillo, se metió en ellos rompiendo las frágiles vidrieras y derribando la ornamentación con tantos afanes y trabajos dispuesta. 

Haciendo valerosamente frente a tantas contrariedades, los artífices de Pamplona volvieron a reparar los desastres. ¿Dónde estaban, para echarles una mano, los artistas de toda Europa y norte de Africa, que venían a embellecer ese palacio, residencia favorita del buen rey Carlos el Noble? 

Dispuesto todo en Olite para la celebración, iniciamos la marcha desde Pamplona. Esfumados entre nieblas se vislumbran por el camino monumentos que llaman nuestra atención, haciéndonos revivir tiempos pasados. 

El chirriar de las cadenas que bajan el puente levadizo nos vuelve a la realidad del momento, y penetramos en el castillo presentando la regia invitación que dice así: 

«Sepan cuantos la presente verán e oirán, cómo Nos, Carlos de Evreux, rey de Navarra, disponemos: que nuestros fieles súbditos del "Muthiko Alaiak'” sean continuadores de esta fiesta del "Rey de la Faba”, por Nos festejada en el trascurso de nuestro reinado. Y para que conste, otorgamos la presente en nuestro palacio de Olite. CARLOS». 

Aunque Carlos lll el Noble no fue quien instituyó la fiesta que nos ocupa, pues data de los tiempos más antiguos, en él la enfocamos especialmente por ser el rey que con más esplendor realzó el castillo de Olite, y pudo, gracias a la paz que disfrutaba el reino, organizar magníficas fiestas, cacerías, torneos, corridas de toros, etc. 

A la caída de la tarde penetramos en el palacio real, envuelto en sombras de misterio. Antorchas incrustadas en los muros alumbraban fantásticamente aquellos tenebrosos recintos, en los que, como diría Zorrilla: 

«Cada piedra es un recuerdo, que toda una historia vale». 

Subimos por una escalera de caracol, afrontando una corriente de aire terrible. ¡Qué bien hubieran venido los ropones forrados de pieles de los caballeros, y las largas faldas de terciopelo de las damas y sus tocas, aprisionando los alborotados cabellos, para hacer frente al destemplado elemento!

Cruzamos una galería de airosas arcadas góticas, «el mirador de la reina», pasadizos oscuros que evocaban conspiraciones e intrigas cortesanas. Por fin, un gran salón nos abrió sus puertas. En la monumental cocinilla, muy bien conservada, ardía una carretada de leña; unos anacrónicos butanos contribuían a calentar la atmósfera. ¿Dónde habría ido a parar la calefacción central que ya en el siglo XIll se disfrutaba en el castillo? Mas si el ambiente, pese a estos esfuerzos, justamente llegaba a templado, el de los recuerdos e impresiones iba caldeando el espíritu transportándonos a épocas de esplendor. 

De pronto, empezó a desfilar la comitiva. Portadores de banderas, músicos, danzantes, pajes llevando los atributos reales. Y atraillados, los lebreles del Príncipe de Viana, que fielmente le acompañaban en sus días melancólicos, y a los que perpetuó en su escudo. Una voz vibrante anunció: «Paso a su Alteza Real el Rey de la Faba». 

Sonó la marcha del reino... Una corriente de emoción sacudió a la concurrencia. Habíamos retrocedido cinco siglos. 

Bajo el arco de honor formado por las espadas del «Muthiko», llegó el reyecito al trono, sobre el que campaban las armas de los Evreux, y, una vez sentado en él, Ignacio Baleztena, restaurador de la antigua ceremonia, coronó al niño rey. Acto seguido, el heraldo[2], desarrollando un pergamino, anunció que sus altezas reales, los reyes de Navarra don Carlos y doña Leonor, nos abrían las puertas de su regia mansión y nos invitaban a celebrar en ella una fiesta secular.

El Rey de la Faba, el niño José Luis Crespo Pérez, y su Paje, José Armando Los Arcos Vidaurre, acompañados por los Diputados Forales, señores don José Heras, don Ambrosio Velasco y don Ángel Bañón, pudiendo verse también el Consejero Foral don Luis Arellano y la familia Baleztena, promotores de la fiesta.  A la dcha Ignacio Baleztena Ascárate y junto a él su hijo Joaquín.
Foto de El Pensamiento Navarro de 7 de enero de 1964. (Foto Zubieta)


Transcurrió la la velada originalmente. Tras la merienda compuesta de platos clásicos, vinieron los cantos y los bailes. Los joteros de Olite rasgaron sus guitarras cantando a su compás coplas alusivas:

En el castillo de Olite

Que fue corte de Navarra,

Gritamos  ¡Vivan los fueros!

¡Viva el Rey de la Faba!

A las vibrantes tonadas ribereñas, se sumaban los dulces zortzikos montañeses. Y se dio fin a la memorable jornada, durante la cual, con rapidez supersónica desfilaron siglos de historia.

Tras el éxito de esta edición al año siguiente, 1965, se repitió la celebración en Olite.

 

 Olite 6 de enero de 1965. El Rey de la Faba, José Antonio Moreno, de Pamplona, Junto a él, Francisco Javier Montoya, natural de Olite. 
Foto tomada de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1965 (Foto Mena)

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[2] Los pregoneros fueron mis hermanos. En 1964 Joaquín y en 1965 Carlos Baleztena Abarrategui

martes, 13 de febrero de 2024

Se va vaciando "el nido" familiar Baleztena Abarrategui (2)

 

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Querido lector, en la anterior entrada veíamos cómo los hijos del aitacho y la mamita íbamos creciendo y haciéndonos hueco en la vida, quedándose el hogar Baleztena Abarrategui cada vez algo más vacío, y seguimos con este tema, que nos servirá para entender futuras entradas sobre la biografía del aitacho.

Joaquín tras acabar Bachillerato decidió ir también a Madrid donde comenzó estudios de perito agrícola durante un año, pero cambió de idea y se trasladó a otra ciudad a probar con los estudios de perito avícola, volviendo finalmente a Pamplona.

Sylvia (Silvita) vivía a caballo entre Pamplona y Madrid donde pasaba largas temporadas. Finalmente en Pamplona montaría un taller de modista y una boutique de moda llamada Lady & Shock que fue víctima de un atentado de la banda terrorista ETA en 1978 mediante una bomba contra dicho comercio[1].

Mientras tanto Ignacio (Tatito) dejó el Seminario al ver que no era su vocación, y yo tras ingresar en Loyola para finalizar mi formación como jesuita, cuando ya iba a ir de misionero a Venezuela, también vi que no era lo mío. Ninguno de los dos llegamos a ordenarnos. Ignacio se fue a Bilbao a estudiar marina mercante, llegando finalmente a ser capitán. Vivió en Pamplona una temporada y definitivamente en Bilbao, aunque durante épocas muy prolongadas estaba embarcado. Yo ingresé en el Estudio General de Navarra (embrión de la Universidad de Navarra) siendo de la segunda promoción de Filosofía y Letras. Tras trabajar como profesor de los Escolapios, acabé siguiendo el camino de mi padre como archivero en el Archivo General de Navarra aprobando la oposición a ello.

En esa segunda mitad de los años 50 Luis (Bollo) le transmitió a la mamita su posible vocación sacerdotal, la cual fue desechada con un “Imbécil, no me hagas hacer el ridículo más, bastante hemos tenido con tus dos hermanos, así que primero estudias”, por lo que estuvo en en un internado de frailes en Vitoria con su hermano Miguel hasta que acabó el PREU (los estudios preuniversitarios). Como ya vimos Miguel fue a cabar los estudios a Madrid y Luis y yo hicimos la mili juntos, yo como alférez de milicias y el como gastador. Al acabar el servicio militar se fue a estudiar aparejador inicialmente a Madrid y al finalizar la carrera se asentó en dicha ciudad hasta su jubilación.

De izquierda a derecha: 
Sentados: Carlos, Ignacio con uniforme de marino mercante y Joaquín
De pie: Javier de alférez de milicias, Cruz, Miguel y Luis con uniforme de la mili


Cruz en 1954 mientras estudiaba Comercio finalmente convenció a “los aitachos”, que no estaban muy por la labor, para realizar estudios artísticos y viajó para ello a París, donde viviría los siguientes 5 años estudiando bellas artes en Métiers d´Art. Posteriormente tras una breve época en Pamplona terminó viviendo en Madrid. Fue un reconocido decorador de cine (director artístico), dando finalmente el salto a la televisión[2].

Foto tomada con motivo de la muerte del tío Joaquín Baleztena Ascárate en 1978
De izquierda a derecha
Sentados: Javier archivero en el Archivo General de Navarra, Rosario relaciones públicas de Sniace, Sylvia propietaria de una boutique, Mª Isabel e Ignacio capitán de marina mercante
De pie: Carlos arquitecto, Luis aparejador, Miguel empleado en la academia de arquitectura de Carlos, Joaquín y Cruz decorador de cine

Mª Isabel (Maisabelica) al tener un retraso mental debido a su epilepsia desde la infancia se quedó al cuidado de mis padres en la casa familiar.

El aitacho, gracias a su “pluriempleo” como archivero en el Archivo General de Navarra que es lo que laboralmente le apasionaba y su principal fuente de ingresos, también como director del Museo de Navarra y con lo poco que recibía por sus colaboraciones en su sección “Iruñerías” del Diario de Navarra, vio cómo iban saliendo sus hijos adelante. Nada hubiera sido posible sin la mamita. Nuestros padres nos transmitieron además de la vida lo fundamental que querían para nosotros, la Fé católica y los medios para que pudiéramos seguir nuestro futuro por nosotros mismos, bajo la protección de la Virgen del Chaparro con su lema “cuan buena es la unión de los hermanos”. Ese era el proyecto, una familia unida por el amor y la Fé aunque por circunstancias de la vida cada uno fuera viviendo su propio camino. El aitacho también nos impregnó su amor a Navarra, a los Fueros y a las Españas desde la óptica carlista con lealtad a D Javier de Borbón Parma.

Ahora llegaba la hora en que los hijos, con la libertad que siempre nos habían dado mis padres, tomáramos nuestras propias decisiones en la vida. Aunque me haya centrado en lo laboral para explicar las idas y venidas, el orden de valores transmitidos por mis padres es el que figura en un cartel de la biblioteca: Iglesia, familia y trabajo.

Y en la próxima entrada si Dios quiere veremos otra anécdota sin desperdicio de la vida del aitacho.



[1] El País. 6 nov 1978. https://elpais.com/diario/1978/11/07/espana/279241231_850215.html#

[2] Burillo Patxi, Cruz Baleztena. Filmoteca Navarra. Pamplona 2022.