Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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viernes, 13 de octubre de 2023

La insustituible figura de Premín de Iruña

Querido lector, cambiando de tercio como ya dijimos este año se ha cumplido el cincuentenario de la muerte del aitacho. Como obituario introducimos en este blog un artículo que tiene el valor añadido de haber sido escrito por una persona que se encuentra en las antípodas políticas. Fue publicado en el Diario de Noticias el 20 de agosto de 2023 en el apartado “vidas ejemplares de Pamplona”. Está firmado por Joseba Asiron, concejal de EH Bildu y ex alcalde por esta formación.[1]

“La insustituible figura de Premín de Iruña

Ignacio Baleztena, también conocido por sus seudónimos Premín de Iruña y Tiburcio de Okabio, contribuyó a dibujar el alma de Pamplona y sus fiestas en el siglo XX, y el volumen y la amplitud de sus aportaciones en este sentido es, sencillamente, apabullante.

 

Ignacio en la última etapa de su vida, cogiendo de la mano al gigante europeo, a quien él mismo llamó ‘Joshemiguelerico’.

Los orígenes familiares

Ignacio Baleztena nació en Pamplona el 2 de abril de 1887, en el seno de una familia de origen leitzarra. Su abuelo había nacido en dicha localidad en 1828, y su padre, Joaquín Baleztena Muñagorri (1847-1917), protagonizó ya un ascenso económico y social importante, puesto que poseía caseríos y fincas en Leitza, así como varias casas en Pamplona. Aunque la familia no perdió nunca sus raíces leitzarras, fue probablemente en tiempos del mismo Joaquín Baleztena cuando iniciaron su asentamiento en la capital. De hecho, sabemos que fue concejal en el ayuntamiento de Pamplona al menos entre 1881 y 1895, momento para el cual aparece ya adscrito a la ideología carlista. Joaquín Baleztena casó con Dolores Ascárate Echeverría, de orígenes baztaneses según la tradición familiar, y tuvieron 9 hijos, de los cuales Premín de Iruña ocupaba el tercer puesto.

El alma mater familiar y el vínculo moral de sus miembros ha sido y es casa Baleztena, inmueble situado en la esquina del paseo de Sarasate con la plaza del Castillo. Se trata de un edificio palaciano con fachadas hacia la calle Comedias y la plaza del Castillo, aunque la puerta principal, de resabios clasicistas y abierta entre columnitas jónicas, se abre hacia el paseo de Sarasate, frente al monumento a los Fueros y el palacio de Diputación. Fue construida hacia 1840 para Nazario Carriquiri (1805-1884), conocido por ser el creador de la legendaria ganadería homónima, aunque su figura es mucho más compleja. De ancestros bajonavarros, Carriquiri se enriqueció posiblemente con la venta de armas a los liberales durante la guerra carlista, y fue uno de los principales beneficiarios de la desamortización de Mendizábal, al adquirir masivamente tierras de labor en condiciones muy ventajosas. En 1852 el ganadero pamplonés vendió el inmueble a Joaquín Baleztena, padre de Premín de Iruña, con lo cual se producía una curiosa paradoja, puesto que la familia que constituía el máximo referente del carlismo pamplonés situaba su santuario en un inmueble construido gracias a la venta de armas al ejército liberal.

Inquietudes políticas

El joven Ignacio Baleztena estudió la carrera de derecho y se hizo abogado, interesándose desde muy pronto por la política, en la que sus orígenes familiares carlistas tuvieron un peso decisivo. En 1918 fue elegido concejal del ayuntamiento de Pamplona por la Comunión Tradicionalista, y en 1921 fue nombrado diputado foral, cargo que ostentaría hasta 1928. Por aquellos años (1927) casó con Carmen Abarrategui Gorosábel, con la cual llegaría a tener la friolera de 10 hijos. La proclamación de la República en 1931 y la resistencia de los poderes fácticos a sus disposiciones laicistas provocaron un ambiente de gran crispación y enfrentamiento en Pamplona. Fruto de esa tensión, izquierdistas y carlistas se enfrentaron a tiros en la plaza del Castillo el 17 de abril de 1932, resultando muertos dos jóvenes izquierdistas y un carlista. Una gigantesca manifestación y una huelga general fue la respuesta dada por los socialistas, en el transcurso de la cual casa Baleztena fue asaltada e incendiada por elementos incontrolados. La mayoría de los miembros de la familia Baleztena hubo de trasladarse a Donostia y Leitza, y no volverían a Pamplona hasta 1935. Ignacio, no obstante, se quedó en la capital navarra, y en este tiempo conspiró intensamente contra la República y a favor del golpe de estado de 1936. Tanto Ignacio como su hermano Joaquín, en calidad de dirigentes del carlismo en Pamplona, mantuvieron contactos intensos con los golpistas, y parece que llegó a ofrecer al general Mola 8.400 voluntarios requetés para un eventual alzamiento. Finalmente se alistó y participó en la guerra, aunque no se le atribuye especial encarnizamiento con los vencidos. Más bien al contrario, parece que maniobró para salvar la vida a varios conocidos represaliados por los fascistas.

En otro orden de cosas, cabe decir que Ignacio Baleztena pertenecía a una clase de político navarro, hoy prácticamente extinta, a la que su condición de derechista no le impedía sentirse vasco y actuar como un euskaltzale sincero y activo. Premín de Iruña hacía continua ostentación del origen euskaldun de su familia, y reivindicaba con naturalidad el alma vasca de Pamplona, ciudad por la que siempre demostró gran pasión. Fue miembro de la Sociedad de Estudios Vascos, promotor del Museo Vasco de Baiona, y quiso impulsar una universidad vasca en pleno Franquismo. Participó en el homenaje a los últimos defensores de la independencia de Navarra que culminó con la inauguración del monolito de Amaiur, e incluso se mostró favorable a un Estatuto Vasco de Autonomía que incluyera a las cuatro provincias vascas. Y eso a pesar de que siempre mostró una especial agresividad verbal hacia el nacionalismo del PNV.

Una figura controvertida

Tras el final de la guerra civil, Ignacio Baleztena dejó la política para centrarse en una intensísima actividad cultural. Fue nombrado secretario provincial de Turismo en 1948, y director del Museo de Navarra al año siguiente, pero su actividad en este campo desborda ampliamente el ámbito de sus obligaciones, en especial en lo que a Pamplona se refiere. Sus aportaciones van desde la toponimia y la historia local hasta las tradiciones, el folklore, y de forma muy especial los Sanfermines, a los que ya antes había dedicado buena parte de sus energías. Un breve repaso a las iniciativas que puso en marcha nos da una idea de ello. Ignacio Baleztena fue en primera persona, aunque acompañado de otros muchos, el inventor del Riau-Riau en la marcha a Vísperas del 6 de julio (1911). Creó la Cabalgata de los Reyes Magos (1927) y el grupo de Danzas Municipal (1949), y fue fundador de la orden del Zaldiko Maldiko (1931) y de la peña Muthiko Alaiak (1934), a la que además compuso su himno. Recuperó tradiciones en desuso como la ceremonia de coronación del Rey de la Faba (1920) y la visita del ángel de Aralar a Pamplona (1925), y revitalizó la comparsa de Gigantes, a los que dio sus actuales nombres “oficiales” (Joshemiguelerico, Joshepamunda, Braulia, Toko-Toko...). Y por último, aunque no menos importante, es autor de algunas de las canciones sanfermineras más conocidas, como la del Uno de enero..., para la cual reaprovechó los sones de la canción del Olentzero, así como la diana sanferminera titulada Aupa Irunshemes...!, que empieza diciendo aquello de “El que se levante para las seis...”. Aunque, si se me permite hablar en primera persona, de entre todas sus tonadillas, yo me quedo con una deliciosa cancioncilla titulada La gallinica de la Rochapea, en la cual cuenta las desdichas de una gallina enamorada del gallico de la veleta de San Cernin.

El final

Ignacio murió en su casa de Pamplona en 1972, después de una larga enfermedad y cuando contaba 85 años. Con él desaparecía uno de los pamploneses más influyentes del siglo XX y, sin duda alguna, el más interesante. Y no podemos dejar de pensar que, si Ignacio Baleztena no hubiera tenido una tan marcada adscripción política y un nivel de implicación tal profundo en ámbitos ideológicos que hoy no se consideran “políticamente correctos”, su posición hubiera sido indiscutiblemente preponderante en los altares ciudadanos de la vieja Iruñea. Y es que, sencillamente, Pamplona en general y los Sanfermines en particular, no hubieran sido lo que hoy son sin las aportaciones de Premín de Iruña. Por plasmarlo de una manera gráfica diré que, si alguien preguntara a quien estas líneas escribe, con qué pamplonés de los últimos dos siglos le gustaría pasar una tarde hablando de Pamplona y sus cosicas, respondería sin ningún género de dudas que con Ignacio Baleztena Ascárate. Y la clave sería, en cualquier caso, no hablar en absoluto de política...

Joseba Asiron”

Y en la próxima entrada seguiremos con la biografía del aitacho si Dios quiere.



[1] Asiron, Joseba. Diario de noticias 20 agosto 2023. https://www.noticiasdenavarra.com/pamplona/2023/08/20/insustituible-figura-premin-iruna-7165291.html


jueves, 23 de diciembre de 2010

Ignacio Baleztena y los orígenes de la Cabalgata de Reyes de Pamplona (II)

(actualizada el 8 de octubre de 2026 con nuevas aportaciones)

Ignacio Baleztena y los orígenes de la Cabalgata de Reyes de Pamplona (II)

Querido lector, me vienen ahora recuerdos de cómo pasaban estos días navideños en mi familia cuando vivía el “aitacho”. Tal día como hoy y en adelante hasta el 5 de enero nos miraba y decía en voz alta el día del mes que fuera. Nada más. Pero a buen entendedor buenas palabras bastan. Con esto nos recordaba que faltaban cada vez menos días para la cabalgata y estaba todo sin preparar. Se desesperaba al ver que se acercaba la fecha y aquello no parecía avanzar. Y es que la familia se convertía en una gran compañía de attrezzo, una empresa de organización de eventos y un teatro gigante. Cosíamos trajes y telas, preparábamos adornos, ensayos, músicas… Todo para que cuando llegaran SSMM los Reyes Magos estuviera el cortejo listo para recibirles. Y sobre todo conforme se acercaba el día improvisábamos, y quizá ahí estaba el éxito de una cabalgata realizada con muy pocos medios. En esto y en el espíritu del “aitacho” y Baltasar que lo llenaban todo de magia.

 

Nos habíamos quedado en la primera actuación que tuvo Ignacio Baleztena relacionada con Baltasar. Ante el fracaso de ésta empezó a darle vueltas a su cacumen pensando que esta ilusión podría trasladarla a otros niños y llegó a la conclusión de que lo podía hacer con los hijos de los socios de Círculo Carlista. Como ya hemos dicho como presidente de las Juventudes Jaimistas organizaba en los círculos teatro, curriños y otros actos de ese tipo. Y dicho y hecho, así lo hizo con gran éxito. Preparó una mágica fiesta para el día de Reyes e invitando a los tres Magos se repartieron regalos a todos los niños; eso sí, que ninguno de ellos sobrepasara el precio de una cuatrena o diez céntimos de peseta, lo que provocó alguna que otra queja, pues, por ejemplo el padre de uno de los niños estaba indignado porque su hijo había recibido unos regalos muy buenos y de valor en su casa y sólo jugaba con el payaso que le habían echado en el Círculo, que apretándole la tripa, tocaba las chundas, y que valía solamente diez céntimos.

Siempre, lo que hacía se le quedaba corto, y así, dándole vueltas y más vueltas, bueno no muchas, porque enseguida se le ocurría algo y lo ponía en práctica, a su cacumen, decidió hacer lo mismo con sus queridos ancianos y se marchó a la Misericordia, y por qué no con sus otros preferidos, los niños, y se fue a la Maternidad…, y así pensando, pensando…, y por qué no a toda la ciudad y decidió dar un paso más, organizar en 1926 una gran fiesta de Reyes en la casa familiar, Casa Baleztena, abierta a todos los vecinos de Pamplona. Puedes encontrar una crónica de esa celebración pinchando aquí [1]

Esta experiencia y, sobre todo, su actuación como “representante” del rey Baltasar, tuvo tanto éxito que siendo diputado foral y director del Centro de Iniciativas y Turismo contactó con su amigo periodista Perico Martín, secretario de la Asociación de la Prensa y redactor de El Pensamiento Navarro, con el objetivo de involucrar a dicha asociación presidida entonces por Javier de Arvizu, para realizar una cabalgata de reyes extensiva a toda Pamplona. Se puso en marcha por suscripción popular y se organizó “para dar mayor esplendor y a favor de los niños más pobres”.[2] Y, a que no se os ocurre a quien más endilgaba el aitacho ese follón, pues a toda su familia. Aquella casa, por esos días, era un caos y una revolución; y las cortinas volaban, con gran indignación de su madre Dolores, que en el fondo estaba encantada. Él se reservó el papel de Baltasar y el 5 de enero de 1927 se puede considerar que fue la primera cabalgata oficial de Pamplona de la que el aitacho fue el “alma pater”. Así durante décadas sería el “valido” del rey negro y “director artístico” de la Cabalgata.



[1] El Pensamiento Navarro de 6 de enero de 1926

 

[2] https://www.reyesmagospamplona.com/la-cabalgata/historia/ .Consultado el 8 de octubre de 2026


Fotografía Galle. Publicada en la Revista de la Asociación de la Cabalgata de Pamplona, en la que narra cómo fue esta cabalgata de 1927

Enseguida vino la II república que con sus “libertades”, ¿no sabéis qué hizo?, pues…, prohibir las Cabalgata de los Reyes Magos. Lo que faltaba Reyes y adoradores del Niño Jesús.  No obstante, en Pamplona contra carros y carretas siguió celebrándose mediante suscripción popular, con el empeño de Ignacio Baleztena y la organización de la Asociación de la Prensa.

El asalto y quema de Casa Baleztena, ocurrido el 18 de abril de 1932 en plena Plaza del Castillo, supuso un punto de inflexión para la familia, pero no impidió que la Cabalgata de Reyes de Pamplona siguiera celebrándose. Tras el atentado los Baleztena fueron expulsados de Pamplona teniendo que trasladar temporalmente su residencia habitual a Leiza y San Sebastián hasta 1935. Sin embargo, Ignacio Baleztena no abandonó sus vínculos con Pamplona. Continuó viajando y coordinando las actividades culturales clave de la ciudad. Al quedar la casa cerrada y la familia desterrada por el gobernador civil, tuvieron que apoyarse en talleres locales donde se custodiaban las carrozas por la Asociación de la Prensa de Pamplona, bajo la dirección artística del aitacho que venía expresamente a ello. Así la Cabalgata vencía con éxito la politización del momento, y a pesar de que Pamplona vivía años de fuerte polarización, la Cabalgata se mantuvo como un oasis de tregua donde la prioridad compartida eran los niños de la ciudad. Después, vino la guerra. En 1937 tuvo que suspenderse la Cabalgata de Pamplona debido al conflicto bélico pero el “aitacho” no se resignaba a que sus Majestades de Oriente pasaran de largo, y los convocó al frente…, pero eso es tema de otro momento.

Terminó la guerra, y se hizo cargo de sacar la cabalgata el Frente de Juventudes[1]. Ignacio no quiso colaborar con esa organización y la familia Baleztena abandonó la Cabalgata, pero al aitacho por dentro le entraban auténticos “tripicomiñes” de pensar que realmente estaba siendo un fracaso y la cabalgata se venía abajo.  En medio de todo, fue un alivio, pues por primera vez en aquella casa reinó la paz y la calma durante las Navidades; mas, él no estaba nada tranquilo ni contento, hasta que consiguió se hiciera cargo de ella, otra vez, la Asociación de la Prensa, allá al inicio de los años 50, y de nuevo volvió a ser el representante del Rey Baltasar y volvió el auge y “esplendor” de antaño. Así pues, el “aitacho” volvió a montarse a caballo, a pesar de sus abundantes años y meter de nuevo en el lío a toda la familia, transformar aquella casa en un manicomio por Navidad (bueno, esto de por Navidad sólo… qué diría yo tratándose del “aitacho”), y… tan contento y satisfecho. Después abdicó y cedió su turbante a sus hijos que fuimos turnándonos en el reinado por un día, siendo el que suscribe el que más veces fue valido de Baltasar.



[1] Sección juvenil autónoma de Falange Española. Uno de los pilares del régimen franquista.

El Rey Baltasar en los años en que yo era su representante
Eran las cabalgatas del “Bicharracus Asquerosus”, de “los negros”, de “los vikingos”… y de los escasos medios económicos que suplíamos con abundancia de ilusión.

Este status duro bastantes años, pues después tomó la organización de la Cabalgata el Ayuntamiento, la Caja de Ahorros Municipal bajo la batuta José María Muruzábal del Val que fue director del área de la obra social y cultural de esta entidad durante más de 35 años[1], en los años 80 del siglo XX la asociación Gazteak… y aprovechándose de la llegada de la democracia y las libertades políticas y etc., etc… algunos intentaron de nuevo politizar la Cabalgata motivo por el cual los Baleztena dejamos de participar en la misma. Igual que el aitacho se retiró ante la politización franquista sus hijos renunciamos ante la politización abertzale. Posteriormente gracias a Dios volvió la cordura en las cabalgatas organizadas por Zunzarren.

Una parte de su éxito consiste en procurar mantener la Cabalgata al margen de la política y las polémicas, procurando que siga siendo una celebración limpia y de todos, sin más reivindicación que ser lo que es: la llegada de los Reyes Magos a Pamplona.

Tras la muerte del "aitacho" en Septiembre de 1972, el 5 de enero de 1973 SSMM los Reyes Magos acudieron a su tumba a rezar por su eterno descanso. Con el enchufe que tenía con tan ilustres personajes seguro que los Santos Reyes Magos han velado al Niño Jesús para que le hiciera un huequico junto a ellos, ya que tanto hizo por promover esta celebración.



[1] Muruzábal Oscoz, I., & Muruzábal del Solar, J. M. (2023). La cabalgata Reyes Magos en la Pamplona de 1966. Pregón, (68), 85–88.


SSMM los Reyes Magos acudieron a la sepultura de Ignacio Baleztena para rezar por su eterno descanso el 5 de Enero de 1973

Aunque la historia posterior ya no tenga que ver con Ignacio Baleztena, es de justicia recoger aquí que gracias al impulso de Fernando Lizaur, actual representante del Rey Baltasar y “alma pater” de la Asociación de la Cabalgata de Pamplona, ésta mantiene el estilo que SSMM los Reyes Magos se merecen.

Para finalizar tened paciencia durante estas fechas con la frecuencia de las entradas porque es tiempo de celebración, familia y festejos en honor del Niño Dios, así que con la colocación del belén, la decoración y la preparación de la Navidad os dejo por hoy. A portarse bien que el carbón no es buen regalo. Hasta mañana Nochebuena si Dios quiere.


No puedo resistirme a publicar esta foto en la que mi íntimo amigo el Rey Baltasar tiene a mi hija Luisa en brazos por los años 70. Siempre han dicho que Su Majestad y yo teníamos la misma sonrisa.