Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

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viernes, 30 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (4). Estella 1966 y 1967.

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho entorno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

“AÑO 1966. SANTO DOMINGO DE ESTELLA

Siguiendo los pasos de nuestros Reyes y obedeciendo sus deseos de celebrar la Fiesta del Rey de la Faba, allí donde se encontraba la corte el día 6 de enero, festividad de los Santos Reyes, nos trasladamos a la ciudad de Estella, para reproducir el episodio que ya va coleccionando años de historia.

Invitación del Muthiko Alaiak a la fiesta del rey de la Faba en Estella el 6 de enero de 1966.
(Archivo Premín de Iruña / Ignacio Baleztena)

Al ir por el camino que lleva a Estella, como está salpicado de grandiosos monumentos y de bellas tradiciones, iremos reviviendo un pasado, y así, los monótonos kilómetros de la carretera se convertirán en interesantes páginas evocadoras.

...


Llegamos a Estella, y como ya no existe el recinto amurallado y no nos cierra el paso la puerta llamada «La Gallarda», que cayó demolida en el año 1910, nos encaminamos al Convento de Santo Domingo.

Del castillo real de los tiempos de don Sancho Ramírez nada queda, ni siquiera las ruinas. Sólo las cortadas rocas donde se afianzaba la inexpugnable fortaleza, residencia favorita del rey don Teobaldo ll. Pero con el asombroso poder de la imaginación, se reconstruyen muros almenados, se elevan gallardas torres, cubos, murallas defensivas. Y con este sencillo procedimiento surge el castillo, teniendo a sus plantas el monasterio de Santo Domingo, y éste, en parte reconstruido, brindará lugar apropiado para celebrar la alegre fiesta de la Faba.

 La sombra de don Teobaldo 1, el rey cruzado que marchó Palestina a defender los Santos Lugares testigos de la vida de Jesucristo, se proyecta en aquel escenario. La piedad del rey don Teobaldo ll fundó el monasterio de los Frailes Predicadores, dotándolo espléndidamente. Su hermano y sucesor en el trono navarro, don Enrique l, sufrió la inmensa pena de perder a su hijo primogénito Teobaldo de manera trágica.

…

Recortes de prensa de ese día. El Pensamiento Navarro 7 enero 1966


¡Cómo se avaloran los lugares cuando la piedad, la historia y la tradición vienen a realzarlos! Estella es marco adecuado, sí, para coronar a un «Rey de la Faba». Si Estella acogió caritativamente en la Edad Media a aquellos peregrinos, en 1966 recibió entusiásticamente a los nuevos romeros de la ilusión que iban a repartir alegría. El niño del pueblo, que por su buen comportamiento y aplicación había sido elegido «Rey de la Faba», se dirigió al convento de Santo Domingo precedido de una brillante comitiva. En ella tomaban parte todos los colegios de la ciudad con sus rondallas y los airosos danzantes del «Baile de la notas Era». Rasgueos de guitarras se confundían con las notas agudas de las dulzainas de los ya famosos gaiteros de Estella. Jinetes, pajes, damas, caballeros, se destacaban en la singular caravana.

Llegados al convento, el rey se sentó en el trono, instalado en una sala gótica que fue refectorio de frailes. Desde el púlpito, donde antiguamente un hermano sazonaba el alimento corporal con lecturas espirituales, el heraldo leyó el pregón, por el que invitaba, en nombre del rey don Teobaldo II (2), al pueblo soberano a participar en la fiesta. 

Después de la animada fiesta en torno al reyecito, en la noche cerrada, abandonamos Estella, regustando las impresiones vividas en el presente y enlazándolas con los episodios revividos del pasado que formaban un precioso tesoro para enriquecer con él el archivo de los recuerdos.”

 

Crónica del Diario de Navarra del 7 de enero de 1966

 La crónica del Diario de Navarra del 7 de enero de 1966 refleja que: 

"Concluida la ceremonia se sirvió una cena, en la que tomaron parte 250 comensales, entre los cuales se encontraban el alcalde de Estella, don Moisés Iturria; el diputado foral, don Ambrosio Velasco; el Presidente de los Amigos del Camino de Santiago, don Francisco Beruete, el Presidente del Muthiko Alaiak, don Javier Goyena y don Ignacio Baleztena, e hombre que resucitó la tradición del rey de la Faba." (3)

 

A la derecha mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, a su lado el que escribe, Javier Baleztena Abarrategui, junto con mi mujer Mª Jesús Gurrea
 (Foto Zubieta)



En la crónica de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1966 se transcribe el pregón del heraldo del Muthiko Alaiak que es casi igual que el leído en Olite pero finalizando con temas más relacionados con Estella. Dice así: 

"... Oíd, oíd, oíd ... El Muthiko Alaiak, por el buen rey Carlos designado nos congrega aquí para celebrar la secular Fiesta de la Faba, por nuestros reyes instituida...

...Y vosotros heraldos, coronad las altivas cumbres de Monjardín y Montejurra, cargadas de historia, y pregonad a !os cuatro vientos, que aquí en Navarra, si los siglos pasan, el espíritu queda. Y animados por ese espíritu, y guiados por la celestial estrella de nuestra Reina y Madre la Virgen del Puy, sus caballeros acudirán siempre a la liza para luchar en singular torneo por la causa del bien, de la verdad y del honor.

¡Sus valientes campeones! ¡Romped lanzas por vuestro Dios y por vuestra dama la Tradición!" (4)

Tras el éxito de esta edición al año siguiente, 1967, se repitió la celebración en Estella.

Invitación del Muthiko Alaiak para el Rey de la Faba celebrado el 6 de enero de 1967 también en Estella.
Archivo Premín de Iruña (Ignacio Baleztena)


 

Miguel Ángel Pinillos, Rey de la Faba en 1966. En 1967 fue Luis Azpilicueta

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere


[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

(2) La idea original era que en Estella fuera don Teobaldo II el que invitaba, por ser en su época cuando comenzó la costumbre del Rey de la Faba, y por su conexión con la ciudad del Ega. Supongo que por inercia del año anterior siguió figurando en la invitación y pregón Carlos III tanto en 1966 como en 1967. 

(3) Diario de Navarra 7 enero 1966

(4) El Pensamiento Navarro. 7 enero 1966. P 6



miércoles, 28 de enero de 2026

Breve Historia del Rey de la Faba e Ignacio Baleztena (2). Olite 1964 y 1965

 

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Querido lector, seguimos como en la entrada anterior tratando otra de las costumbres iniciadas por el aitacho en torno a 1920, o más que iniciada sería correcto decir restaurada: El rey de la Faba

Para ello a través de varias entradas voy resumiendo el folleto que escribí en 1979[1] y que puedes leer completo pinchando aquí.

OLITE. AÑO 1964. CASTILLO DE OLITE

Los tiempos de afanes de superación en que vivimos empujaron también a los del «Muthiko», inspirándoles el deseo de enriquecer y abrillantar la fiesta. Y si para construir viviendas nuevas se tiran casas viejas, supieron ellos prescindir de los muros de su modesto local para proyectar con afán y fantasía el retorno al enclave escénico originario del festejo, es decir, al castillo real de Olite. 

El 24 de diciembre de 1963 la prensa local anunciaba la celebración del Rey de la Faba el 6 de enero de 1964 en Olite


(En 1964) pese a la laudable decisión de la Diputación Foral de restaurar históricas ruinas, y aunque mucho se trabajaba para levantar las del histórico castillo, las piedras caídas durante siglos de muros y torreones, cerraban todavía el acceso al recinto. Pero la voluntad, la gran potencia beligerante, apoyada entusiásticamente por todos, se abrió paso entre los abandonados aposentos. Y sin varita mágica, pero con arduo trabajo, éstos fueron convirtiéndose en estancias relativamente habitables. Se alegró la desnudez de sus paredes, colgando en ellas trofeos de armas, escudos, reposteros. Vidrieras pintadas en celofán encajaron en los abiertos ventanales, y todo quedó dispuesto para recibir a su Alteza Real el «Rey de la Faba». 

El año de gracia de 1964 despertó entre amenazas de nieve y temperatura glacial. Un viento iracundo, de esos que soplan en la Ribera, acostumbrado a colarse sin trabas en los aposentos del castillo, se metió en ellos rompiendo las frágiles vidrieras y derribando la ornamentación con tantos afanes y trabajos dispuesta. 

Haciendo valerosamente frente a tantas contrariedades, los artífices de Pamplona volvieron a reparar los desastres. ¿Dónde estaban, para echarles una mano, los artistas de toda Europa y norte de Africa, que venían a embellecer ese palacio, residencia favorita del buen rey Carlos el Noble? 

Dispuesto todo en Olite para la celebración, iniciamos la marcha desde Pamplona. Esfumados entre nieblas se vislumbran por el camino monumentos que llaman nuestra atención, haciéndonos revivir tiempos pasados. 

El chirriar de las cadenas que bajan el puente levadizo nos vuelve a la realidad del momento, y penetramos en el castillo presentando la regia invitación que dice así: 

«Sepan cuantos la presente verán e oirán, cómo Nos, Carlos de Evreux, rey de Navarra, disponemos: que nuestros fieles súbditos del "Muthiko Alaiak'” sean continuadores de esta fiesta del "Rey de la Faba”, por Nos festejada en el trascurso de nuestro reinado. Y para que conste, otorgamos la presente en nuestro palacio de Olite. CARLOS». 

Aunque Carlos lll el Noble no fue quien instituyó la fiesta que nos ocupa, pues data de los tiempos más antiguos, en él la enfocamos especialmente por ser el rey que con más esplendor realzó el castillo de Olite, y pudo, gracias a la paz que disfrutaba el reino, organizar magníficas fiestas, cacerías, torneos, corridas de toros, etc. 

A la caída de la tarde penetramos en el palacio real, envuelto en sombras de misterio. Antorchas incrustadas en los muros alumbraban fantásticamente aquellos tenebrosos recintos, en los que, como diría Zorrilla: 

«Cada piedra es un recuerdo, que toda una historia vale». 

Subimos por una escalera de caracol, afrontando una corriente de aire terrible. ¡Qué bien hubieran venido los ropones forrados de pieles de los caballeros, y las largas faldas de terciopelo de las damas y sus tocas, aprisionando los alborotados cabellos, para hacer frente al destemplado elemento!

Cruzamos una galería de airosas arcadas góticas, «el mirador de la reina», pasadizos oscuros que evocaban conspiraciones e intrigas cortesanas. Por fin, un gran salón nos abrió sus puertas. En la monumental cocinilla, muy bien conservada, ardía una carretada de leña; unos anacrónicos butanos contribuían a calentar la atmósfera. ¿Dónde habría ido a parar la calefacción central que ya en el siglo XIll se disfrutaba en el castillo? Mas si el ambiente, pese a estos esfuerzos, justamente llegaba a templado, el de los recuerdos e impresiones iba caldeando el espíritu transportándonos a épocas de esplendor. 

De pronto, empezó a desfilar la comitiva. Portadores de banderas, músicos, danzantes, pajes llevando los atributos reales. Y atraillados, los lebreles del Príncipe de Viana, que fielmente le acompañaban en sus días melancólicos, y a los que perpetuó en su escudo. Una voz vibrante anunció: «Paso a su Alteza Real el Rey de la Faba». 

Sonó la marcha del reino... Una corriente de emoción sacudió a la concurrencia. Habíamos retrocedido cinco siglos. 

Bajo el arco de honor formado por las espadas del «Muthiko», llegó el reyecito al trono, sobre el que campaban las armas de los Evreux, y, una vez sentado en él, Ignacio Baleztena, restaurador de la antigua ceremonia, coronó al niño rey. Acto seguido, el heraldo[2], desarrollando un pergamino, anunció que sus altezas reales, los reyes de Navarra don Carlos y doña Leonor, nos abrían las puertas de su regia mansión y nos invitaban a celebrar en ella una fiesta secular.

El Rey de la Faba, el niño José Luis Crespo Pérez, y su Paje, José Armando Los Arcos Vidaurre, acompañados por los Diputados Forales, señores don José Heras, don Ambrosio Velasco y don Ángel Bañón, pudiendo verse también el Consejero Foral don Luis Arellano y la familia Baleztena, promotores de la fiesta.  A la dcha Ignacio Baleztena Ascárate y junto a él su hijo Joaquín.
Foto de El Pensamiento Navarro de 7 de enero de 1964. (Foto Zubieta)


Transcurrió la la velada originalmente. Tras la merienda compuesta de platos clásicos, vinieron los cantos y los bailes. Los joteros de Olite rasgaron sus guitarras cantando a su compás coplas alusivas:

En el castillo de Olite

Que fue corte de Navarra,

Gritamos  ¡Vivan los fueros!

¡Viva el Rey de la Faba!

A las vibrantes tonadas ribereñas, se sumaban los dulces zortzikos montañeses. Y se dio fin a la memorable jornada, durante la cual, con rapidez supersónica desfilaron siglos de historia.

Tras el éxito de esta edición al año siguiente, 1965, se repitió la celebración en Olite.

 

 Olite 6 de enero de 1965. El Rey de la Faba, José Antonio Moreno, de Pamplona, Junto a él, Francisco Javier Montoya, natural de Olite. 
Foto tomada de El Pensamiento Navarro del 7 de enero de 1965 (Foto Mena)

Y seguiremos viendo la historia de ese “invento” del aitacho en la próxima entrada si Dios quiere



[1] Baleztena Abarrategui J. El Rey de la Faba. NAVARRA TEMAS DE CULTURA POPULAR. Pamplona 1979

[2] Los pregoneros fueron mis hermanos. En 1964 Joaquín y en 1965 Carlos Baleztena Abarrategui