Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

martes, 6 de diciembre de 2011

Detenidos. Recuerdos de un día trágico XI



Manuscrito de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"
"La policía se presentó en casa diciendo de parte del gobernador que fuéramos al gobierno, especialmente las señoras, que quería ampararlas.

            -Si quieren ampararnos, replicó María Isabel- que nos mande guardia que nos proteja. Estamos en nuestra casa y no tenemos por qué salir de ella.

            Entonces, avergonzados, nos declararon:

            -Es que no pueden quedarse, tienen que ir detenidos al gobierno, y dense prisa, pues la gente se impacienta.

            Era tan inesperada, tan insólita aquella determinación, que nos resistíamos a darle crédito.

            -Y ¿cómo salimos de aquí? –les preguntó Joaquín- Vista la actitud de la gente y sus intenciones son capaces de todo al vernos en la calle. ¿Quien responde de nuestra seguridad visto el desamparo en que nos han dejado?

            -Nosotros respondemos: irán custodiados por la guardia civil.

            -¡Custodiados por la guardia civil!, pero, ¿por qué crimen nos veíamos así?

            -Dense prisa –volvieron a insistir- es peligroso retardar la salida. Los autos esperan ya.

            Pello José Joaquín y Juanico[1] salieron los primeros. Al verlos aparecer, ni la juventud de los unos, ni la cara ensangrentada del otro, apiadaron a aquellas fieras que los recibieron vociferando:

            -¡En auto, no! ¡Que los lleven a pie como a los criminales! ¡a Bata con ellos! ¡Pareja de tal… chulo… ya te mataremos, y se lanzaron contra el auto.

Pero la guardia civil arremetió contra ellos y protegió la marcha.

            ¡Cómo nos quedamos en casa al presenciar aquella horrorosa escena!, ¡y qué angustia tan indescriptible! Viendo que los minutos corrían sin saber si habían llegado con bien al gobierno.

            A un sujeto de pésimos antecedentes, amigo de Andrés[2] (¡y es decir algo!) que se erigió en nuestro protector, y aprovechando aquella circunstancia para florear a Loló y ponerse sentimental con ella, le hicimos ver, que después de la salida de los primeros, no queríamos exponernos a que se repitiera la escena y que nos sacaran por la puerta de la Plaza del Castillo, a la sazón desierta, pues la chusma, no queriendo abandonar el puesto tomado para tan regocijante espectáculo como era vernos, a su parecer humillados, estaba estacionado a lo largo de la avenida de San Ignacio. No olvidaré nunca la sonrisa hipócrita y repugnante de aquel hombre al contestar:

            -No puede ser, tienen ustedes que salir por la principal,- y luego añadió - hay que contentar a las gentes.

            Joaquín, Luisa, Santita y Lolita se dispusieron a salir en el auto segundo. Al aparecer Joaquín en el umbral de la puerta de su casa le llamaban ¡asesino! Sobre Luisa y las chicas caían los insultos más groseros que se pueden dirigir a una mujer. Según tradicional costumbre, Joaquín se hizo esperar: en el momento de la salida, subió a la galería para poner a buen recaudo al pajarico… ¡el asesino! El canario cantaba alegre en aquella hora trágica, ajeno a las penas de su dueño, y sus trinos sonaban extraños en la casa que se iba quedando vacía. María Isabel, Angeles y yo faltábamos todavía. No queriendo aparecer abatidas y deshechas ante la canalla, que quería gozarse con nuestra humillación, ¡oh resortes de la vanidad femenina!, las tres nos encontramos en el cuarto de baño peinándonos, lavándonos la cara y arreglándonos un poco. Al salir a la calle nos santiguamos visiblemente, lo cual fue acogido con horribles palabrotas.

El pajarico salvado por el tío Joaquín en esta foto realizada posteriormente. Tras él los más jóvenes que se hallaban en el asalto y quema de Casa Baleztena: Chan, Santita, Lolita, José Joaquín y Silvita

            Maria Isabel tenía que hacer en aquellos momentos algo extraordinario. No sólo María Estuardo y María Antonieta han afrontado con dignidad las furias de la plebe. Con paso lento, (¡demasiado lento para las que ya estábamos en el auto!) con la mirada que flagelaba por lo despreciativa, atravesó la distancia que separaba el auto de la casa. Los insultos arreciaban ante la arrogante actitud. Hasta “¡mueran los Capetos! Nos llegaron a gritar algunos indocumentados con erudición peliculera. Había por qué darles las gracias. ¡Si supieran qué poco nos importaban sus insultos! El lodo con que pretendían cubrirnos, no nos llegaba, ¡estábamos tan por encima!, recaía sobre ellos y a ellos los manchaba. En el auto rezábamos pidiendo protección al cielo; las gentes nos amenazaban y redoblaban sus groserías.

Llegamos al gobierno al gobierno; ya estábamos todos allí (Josefina y Silvita se quedaron en El Cisne en calidad de detenidas). La policía, los guardias que allí estaban nos miraban con caras compasivas.

-         Aquí nos tienen ya a toda esta familia de facinerosos- les dije sonriendo al entrar.

El infame Andrés, muy pálido y nervioso, nos veía entrar desde la puerta de su despacho..."



[1] Chan
[2] Andrés era el gobernador civil

viernes, 2 de diciembre de 2011

La extinción del incendio. Un favor del Lignum Crucis y la Dolorosa. Recuerdos de un día trágico X

Querido lector, antes de seguir con la narración del asalto y quema de Casa Baleztena no puedo dejar de detenerme en la fecha de mañana, 3 de Diciembre, día de San Francisco Javier, Patrón de Navarra, de las misiones, de los deportistas, de los pelotaris en concreto y mi santo por cierto. Nuestro navarro más ilustre era uno de los santos más queridos por el aitacho y mañana seguro que organizan juntos unas buenas mezetas celestiales. Y en homenaje a este día te propongo la lectura de todo lo que ya he metido en este blog al respecto, y luego continuamos con la quema de la casa en esta misma entrada. No te despistes que bajo este listado de entradas javieranas seguimos con la historia donde la dejamos.

Ignacio Baleztena y la primera Javierada

Peregrinación a Javier en 1932
Precisamente esta de 1932 ocurrió poco antes de la quema de Casa Baleztena


El cólera de 1885. La peregrinación a Javier I

El cólera de 1885. La peregrinación a Javier II

El cólera de 1885. La peregrinación a Javier III

El cólera de 1885. La peregrinación a Javier IV

El III centenario de la canonización de San Francisco Javier en 1922 I

El III centenario de la canonización de San Francisco Javier en 1922 II

El III centenario de la canonización de San Francisco Javier en 1922 III

Otras historias del III centenario

Y tras haber recordado y saboreado algunas entradas referidas a nuestro santo patrón, podría introducir muchas iruñerías del aitacho sobre San Francisco Javier, pero vamos a centrarnos y prosigo con el asalto y quema de Casa Baleztena:

Ir al comienzo del relato

Ir a la entrada anterior

Manuscrito de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"


“Pronto, a casa Baleztena, que la están quemando”

Siete guardias echaron a correr impresionados por aquella demanda, pero la policía les contuvo advirtiéndoles que no había orden.

            Camino, con la elocuencia que el cariño aumentaban, obligó por fin al gobernador a coger el teléfono para dar la orden de salida a los bomberos. Juan Pedro le apremiaba, y la voz de la sangre le hacía decir:

            “Pronto, que es la casa de mi madre”

Los bomberos acogieron la orden precipitadamente, porque la estaban deseando, y salieron con el salvamento.

            Entonces culminó la barbarie de la plebe. Se lanzaron contra las escaleras y las rompieron vociferando

            - ¡Que se quemen todos, que es la casa de un carlista!

            - ¡Qué importa eso, si peligra toda la manzana! - Gritaban los bomberos entre aquellos desalmados. Uno de ellos sacó un puñal y fue a metérselo a un bombero, pero éste pudo esquivar el golpe y el arma quedó clavada en el carro. Quiso dios, que llegaran, a pesar de todo, y la guardia civil, que por fin salió a la calle, facilitó su actuación. Imposible parece que cincuenta litros de gasolina ardiendo en la entrada de una casa vieja no terminara rápidamente con ella.

            Pero aquel día, escogido por los malvados para cometer inaudita barbarie, era también el designado por la Divina Providencia para realizar prodigios de amor sobre quienes en ella confían.

El Lignum Crucis, reliquia tan venerada por nosotros, que es llevada a la cabecera de los miembros de la familia cuando están enfermos, fue en esta ocasión colocada por Santita en lo alto de las escaleras. Las llamas que ascendieron precipitadamente por ellas fueron como ahogadas, y la labor de los bomberos, extinguió rápidamente el incendio[1]. Estos se lanzaron por la casa para prestar auxilio y llegaron a la habitación donde se encontraba María Isabel.

Relicario con el "Lignum Crucis" (Una astilla de la Cruz de Nuestro Señor) en el oratorio de la casa.

            “¡Qué infamia, qué horror -repetían indignados-, salga pronto de aquí, el humo es horrible!”

            María Isabel acababa de rezar el Angelus que tocaban las campanas de las torres: sus voces eran, más que nunca, una llamada al corazón para elevarlo hacia quien es Madre de Misericordia, justicia y amor. Estaba muy tranquila, y ella misma indicó a los bomberos por donde tenían que abrir brecha para pasar a la casa próxima. Oímos los martillazos salvadores; cayo la pared y aparecieron entre los escombros María Isabel y Joaquín.

            Este, como el heroico capitán de un barco que se hunde, no había abandonado la casa hasta asegurar la suerte de todos. Desde la terraza presenció nuestro salvamento y marchó después en busca de Maria Isabel.

            Cuando nos vimos todos reunidos ¡qué abrazos! ¡qué emociones! ¡qué alto de relativa tranquilidad en aquellas horas de tragedia! Poco duró este respiro. Un grupo de desarrapados subía las escaleras del Cisne y nos gritaban imperiosamente que saliésemos con ellos, que querían salvarnos… (tuve una imagen de las turbas en Versalles)

            ¿Quiénes son ustedes? –les preguntamos.

            - Somos comunistas y acompañaremos a ustedes, aquí corren peligro con estos cochinos de socialistas; no teman, somos hombres.

            -Pues lo disimulan a veces –les replicó Silvita.

            Ignorando la extinción total del incendio, Angeles y Chan, penetraron por el boquete abierto por los bomberos y cogieron la Virgen del Oratorio para salvarla de las llamas. Junto a ella estábamos los hermanos y sobrinos, más Carlos y Patro[2] que habían llegado trémulos: Gozábamos de vernos con vida. Pello tenía la cara ensangrentada, todos la teníamos negra por el humo, especialmente los labios.[3] 
La Dolorosa de Casa Baleztena con el "Lignum Crucis" a sus pies (a la izquierda de la foto)

¡Qué escenas las que íbamos viviendo!, y aún nos faltaba camino para recorrer el calvario que nos tenían preparado.

Continuará en las próximas entradas si Dios quiere

[1] Al sacar el Lignum Crucis del oratorio a lo alto de la escalera se rompió la cristalera que da luz a la misma formando un efecto “chimenea” que hizo que las llamas ascendieran por ella formando un efecto de vacío que extinguió el incendio por la falta de aire. En la familia ante esta providencial “coincidencia” siempre hemos considerado el hecho un favor de dicha reliquia (una astilla de la Cruz de Cristo) y de la Dolorosa del oratorio.
[2] Carlos Lizasoain, marido de tía Josefina; Patrocinio Sagües, esposa de tío Pello
[3] Pasado un rato al comprobar la extinción del incendio y dado que el humo iba despejándose, no fiándose demasiado de las intenciones de los comunistas que decían querer salvarlos, decidieron volver a casa por el boquete de la pared en vez de salir al exterior donde seguían los asaltantes concentrados.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Por los tejados de Casa Baleztena ardiendo. Recuerdos de un día trágico IX


 
"Mientras esto ocurría, el pobre Ignacio, que se había quedado sin venir para defender su familia, muy amenazada también, asistía impotente, con la angustia que es de suponer, al salvamento de los suyos, desde un tejado lejano, al que llegó trepando desde el de su casa. Alternativamente, veía una persona ponerse en pie en la pared de la terraza y enseguida desaparecía en el vacío. Como los que quedaban no daban muestras de terror, pensaba que uno por uno, todos se iban salvando.

      Chan y Apico nos ayudaban a descolgarnos[1] y al encontrarnos en el tejado, nos abrazábamos emocionados. Angeles andaba muy torpe por su reuma, pero también resultó ilesa del salto, así, como la señora Pía, con sus setenta años a cuestas; y Josefina tuvo el rasgo de presumida la precaución de unos zapatos de lagarto y unas medias muy finas para no estropearlos.

      ¡Pero qué angustia al notar la falta de María Isabel y de Santita!

      Santita, que fue la primera en saltar, se dirigió al borde del tejado y llamó fuertemente a las ventanas de una buhardilla. Como nadie le abriera pasó a la casa próxima, siempre en el mismo alero. Golpeaba las ventanas inútilmente; desde la calle gritaban con regocijo

      “Esa se tira, ha perdido la cabeza”

y se gozaban de antemano con el espectáculo. Miguel Tuero la vio desde el Casino, y como la casa en cuyo tejado estaba era la suya, corrió desalada a socorrerla.

Manuscrito de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"
      María Isabel, siempre magnánima, al sentir el peligro inmenso que corría, marchó al oratorio pensando ofrecer su vida por la de todos y morir al pie de la Dolorosa. Pero el humo, cada vez más denso, le hizo casi desvanecerse y salió buscando respiro. No pudo llegar hasta la terraza pues el humo le ahogaba, y tuvo que asomarse a un balcón  de la galería. Y el infame Garbayo, que se decía nuestro amigo, que nos saludaba en la calle, y que conociendo lo que contra nosotros se tramaba en la casa del pueblo, no había hecho nada para impedirlo, le gritaba hipócritamente, así como Larache, amigo de Ignacio y autoridad entre aquella canalla:

      “¡Calma María Isabel! ¡calma, por favor!

            Un grupo de comunistas, más humanos que los miserables de la U.G.T., trepó por los balcones hasta llegar al tercer piso. Una vez allí, le animaban a que se descolgase que ellos la recogerían. Esto era imposible, al pretenderlo se hubiera estrellado en la calle. Alfonsito Gaztelu le gritaba preguntando qué podía hacer por ella. Cara le costó esa muestra de compasión. Unos cuantos se abalanzaron contra él y le golpearon la cabeza contra las piedras de la Diputación.

            Mientras todo esto ocurría en el tejado y en el balcón, Camino Jaurrieta, que vivía encima de la habitación del gobernador[2], al ver llegar la vida de sus primos a tal extremo peligroso, acompañada de Juan Pedro[3] y de sus hijas irrumpió en el despacho del Poncio[4] airadamente. El gobierno, sus pasillos y escaleras estaban materialmente llenas de guardias civiles. Al pasar junto a ellos Camino les gritó:

            “Pronto, a casa Baleztena, que la están quemando”

Siete guardias echaron a correr impresionados por aquella demanda, pero la policía les contuvo advirtiéndoles que no había orden..."

Continuará en próximas entradas si Dios quiere


Casa Baleztena ardiendo. Montaje fotográfico que enviaron de recuerdo la familia de Juan Pedro Arraiza en el 25 aniversario de los sucesos, que fue celebrado con una Misa de acción de gracias en el oratorio y una comida en familia.


[1] Desde el tejado de Casa Baleztena hasta el edificio contiguo (Hotel el Cisne)
[2] El Gobierno Civil se encontraba entonces junto a lo que hoy es la iglesia de los Redentoristas. En el edificio anexo vivían Juan Pedro Arraiza, primo de Ignacio, y su mujer Camino Jaurrieta
[3] Arraiza, primo de Ignacio, y esposo de Camino Jaurrieta
[4] Así llamaban al gobernador civil en referencia a Poncio Pilatos

lunes, 28 de noviembre de 2011

Ignacio Baleztena defendiendo a su familia durante el asalto y quema de Casa Baleztena. Recuerdos de un día trágico VIII

Querido lector, antes de entrar en materia,no puedo dejar esta entrada sin dejar de mencionar que mañana 29 de Noviembre es día grande en nuestra querida Pamplona, ya que celebramos la festividad de nuestro patrón, San Saturnino, o San Cernin, tan querido por el aitacho. Este año se cumplen además cuatro siglos desde que el Ayuntamiento hizo el voto que Tiburcio de Okabío nos explica con su particular estilo en esta “iruñería”.  Feliz fiesta de San Saturnino, nos vemos por mañana a las diez y media en esa procesión que conserva el encanto de ciudad pequeña y recoleta. Cómo lo celebrará el aitachó desde el cielo, con cohetes, echauegos y zezenzuskos, gigantes, danzaris y demás cosas que hubiera organizado aquí abajo.

Pocico de San Cernín. Tomado de aquí

Pero para no desviarnos demasiado seguimos con la narración del asalto y quema de Casa Baleztena:



Mientras ocurría todo lo visto en las anteriores entradas, el aitacho se hallaba en su domicilio de la calle San Ignacio (actual Trinidad Fernández Arenas), casa también familiar, donde vivía con su mujer Carmen (la Mamita) que estaba embarazada de su cuarto hijo. También estaban en el edificio sus tres hijos: Silvita, Joaquincho y Rosarito, todos ellos de corta edad. Mi padre Ignacio permaneció allí para protegerlos y preparando la defensa de la casa que también corría serio peligro de ser asaltada.

            Inquieto, sin saber qué pasaba en realidad y sin poder salir de casa, subió al tejado del edificio, y arrastrándose por él y por los de las casas próximas consiguió llegar hasta los que dan al Paseo de Valencia, y desde allí, agazapado entre las tejas, observaba impotente los acontecimientos que estaban acaeciendo. Figuraos la desesperación que tendría de ver lo que veía y no poder hacer nada. Lo narra la tía Lola en sus “Recuerdos de un día trágico”

Manuscrito de la tía Lola Baleztena. "Recuerdos de un día trágico"
 “Mientras esto ocurría, el pobre Ignacio, que se había quedado sin venir para defender su familia, muy amenazada también, asistía impotente, con la angustia que es de suponer, al salvamento de los suyos, desde un tejado lejano, al que llegó trepando desde el de su casa. Alternativamente, veía una persona ponerse en pie en la pared de la terraza y enseguida desaparecía en el vacío. Como los que quedaban no daban muestras de terror, pensaba que uno por uno, todos se iban salvando”

            Volviendo sobre sus pasos, regresó a su casa, donde se dedicó a preparar la defensa de su familia. Solo tenía una escopeta de caza con los cartuchos que le había hecho llegar su hermano el tío Joaquín a través de la niña Silvita Jaurrieta. Pareciéndole poca esa defensa y queriendo reservarla solo para un último momento irremediable, organizó un plan consistente en llenar botellas de agua para arrojarlas por el hueco de la escalera en el caso de que asaltaran la casa para que al chocar contra el suelo parecieran explosiones como si de una bomba se tratara. Mientras tanto ya comenzaba a congregarse gente frente a la misma provocando excitación en los alrededores. A la vez que preparaba la defensa encomendaba a su mujer e hijos, al igual que al resto de la familia que se hallaban entre las llamas, a Nuestra Señora del Chaparro.  

Y así estuvo, sólo, esperando el transcurso de los acontecimientos con la doble preocupación de proteger su mujer e hijos y pensando que estaría ocurriendo con el resto de la familia mientras ardía Casa Baleztena… lo cual veremos en la próxima entrada si Dios quiere.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Casa Baleztena en llamas. Recuerdos de un día trágico VII

Ir al comienzo del relato

Ir a la entrada anterior



"...El humo nos cegaba: jadeantes, con los labios ennegrecidos, llegamos al tejado

-         “Hoy pereceremos algunos. No llegaremos todos a la noche –dije a Lolita que subía conmigo-.

Llevaba angustias de muerte  en el alma; y es que me parecía imposible que las diecisiete personas que estábamos pudiéramos todas escapar de tan horrendo peligro.

Manuscrito de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"
 Cuando los desalmados nos vieron aparecer en el tejado, prorrumpieron en burlas e insultos

-         ¡Que griten ahora Viva Cristo Rey! ¡Que los salve su Dios!

vociferaban aquellos blasfemos, y nos hacían burlas con las manos. Y Dios a quien llamábamos desde el fondo de nuestros angustiados corazones; Dios a quien pretendían provocar aquellos malvados; Dios nos defendía. Contra su soberana protección ¿qué podía la perfidia de los hombres?

            Lolita extendió los brazos en ademán de súplica, y la valiente Silvita, agarrándole de la muñeca con entereza digna de un héroe, le dijo imperativamente

-         “No implores. Moriremos, pero no implores”

A mí, que rezaba con los brazos en cruz, me hicieron la misma advertencia.
No fueran a creer aquellos canallas que nos rebajábamos suplicándoles.

-                     Debo consignar, que entre los que se distinguían por el odio estaba la señora Juana, portera y lavandera que fue de casa, a quien mamá siempre protegió mucho: le solía dar sus vestidos y ayudar en sus apuros.[1]

José Joaquín y Chan consiguieron saltar de una altura de cinco metros al tejado próximo. El primero penetró por una claraboya en El Cisne[2], vio unas ropas tendidas en el desván, las retiró prontamente, y cogiendo el cable que las sostenía, nos lo tendió para facilitar nuestro descenso. Entonces dí por seguro, que si conseguíamos salvar la vida, cuando menos brazos y piernas saldrían mal parados en aquel salto más que regular que se tenía que efectuar al borde del tejado. ¡Qué vértigo sólo el recordarlo!

            Mientras esto ocurría, el pobre Ignacio."...

 ¿Qué pasaba con el aitacho, Ignacio Baleztena, mientras asaltaban y quemaban la casa?

Continuara en la próxima entrada si Dios quiere

[1] A los pocos días de estos sucesos, esta desgraciada murió quemada con gasolina en medio de tormentos horrorosos. Lolita en el hospital ayudo a sus curas. “¿Están bien todos los de su casa?” le preguntó angustiosamente al reconocerla. (Nota de la tía Lola)

[2] Hotel que estaba pegante a la casa

martes, 22 de noviembre de 2011

Retirada de la Policía y quema de la casa. Recuerdos de un día trágico VI



Manuscrito de la tía Lola Baleztena "Recuerdos de un día trágico"
           "...No pudiendo encontrar tranquilidad en ninguna parte, bajamos, nuevamente, al primer piso, en el momento mismo que entraban cuatro policías con el encargo de registrar la casa.

            - “Ustedes disparan, y la gente se excita” - explicaron para disculparse.

-         “Y aunque así fuera –replicamos- ¿no han sido ellos los primeros en disparar?, aquí no se ha tirado todavía pero si nos invaden la casa, entonces, no les dejaremos pasar adelante.

-         “Y tendrán ustedes razón” –contestaron sacando sus pistolas pues tenían un miedo horrible al sentir tan de cerca el peligro.

¡Qué lejos estaban entonces de cumplir la orden que se les había dado de ver si había armas en la casa! Lejos de ello, se parapetaban detrás de las escopetas. Deseando resguardarse más dijeron a Angeles que bajara a cerrar la puerta principal, a lo que ésta se opuso, como era natural. ¡Que bajaran ellos si es caso![1]

Casa Baleztena en aquellos años. La puerta principal siempre estaba abierta. A la izquierda se ve el ventanal que fue tiroteado y apedreado

Tras atravesar el portón principal del portal, hay un pequeño tramo de escaleras antes de llegar a la puerta que da acceso a la vivienda. Esta era en aquella época de vidriera. Tras ella, subiendo unos pocos escalones para protegerse de los tiros y pedradas, se encontraban los defensores con las escopetas de caza por si los atacantes conseguían franquearla. Al romper los cristales los asaltantes vieron los caños de las escopetas y no se atrevieron a tirarla abajo, pero sí que seguían apedreándola y tiroteándola. Naturalmente la tía Ángeles no se atrevió a salir para cerrar el portón del zaguan, como le indicaron los policías.

      Decidieron telefonear al gobernador para informarle, lo cual era inútil, pues nada se le podía contar que ya no supiera, y ¡para el caso que hacía! Cuando bajábamos al teléfono, pasando un momento ante el ventanal deshecho[2] y quedando al descubierto de tiros y pedradas cayeron estrepitosamente los cristales del escritorio; le di el auricular al policía encargando le contase al gobernador cómo estábamos.[3]


Este ventanal en el que están asomadas las tías, que ya estaba destrozado por las piedras y los tiros, al ver que había movimiento dentro (era la sala donde estaba el teléfono) fue de nuevo atacado "y quedando al descubierto de tiros y pedradas cayeron estrepitosamente los cristales del escritorio"
            Nos reunimos todos en el rellano del segundo piso, Pello, sangrando, todos muy serenos y apercibidos a la defensa. Nunca la voz de Lolita[4] tendrá que anunciar cosa más horrorosa:

-         “Tío Joaquín, Te queman la casa. He visto a unos hombres traer rodando un bidón de gasolina”. Josefina lo vió también, y añadió que aquellos demonios bailaban alrededor del bidón, y que cinco policías se apartaron para dejarlos pasar. Nos parecía imposible esta nueva infamia, pero, inmediatamente, una inmensa humareda subió por la caja de la escalera.

-         Contra esto ya no puedo nada, dijo valiente el buenísimo Joaquín. Todos a la terraza –añadió-.

Silvita y Josefina, con unas palas de jugar a pelota, golpeaban fuertemente las paredes de la casa contigua para darles idea de que vinieran por allí los vecinos en nuestra ayuda. El humo nos cegaba: jadeantes, con los labios ennegrecidos, llegamos al tejado

-         Hoy pereceremos algunos. No llegaremos todos a la noche –dije a Lolita que subía conmigo-..."

Continuará en la próxima entrada si Dios quiere

[1] Los asaltantes estaban entraban por la puerta principal de la casa, que estaba abierta como siempre, y los defensores en otra que da acceso a la vivienda, separadas por un pequeño tramo de escaleras (ver fotos).
[2] El ventanal es el que da a un entresuelo a la izda. de la casa mirándola de frente (ver fotos).
[3] Pese a la información transmitida por la propia policía sobre los hechos el gobernador dio orden de que se retiraran, dejando a los que estaban dentro de la casa de nuevo solos ante los atacantes.
[4] Lolita Jaurrieta, sobrina del aitacho

viernes, 18 de noviembre de 2011

Pello Baleztena herido. Nueva llamada al gobernador. Recuerdos de un día trágico V



"Recuerdos de un día trágico". Manuscrito de la Tía Lola Baleztena.
 ..."¡Qué horror! Cantidad de balas dispararon contra ellos y sin hacer el blanco apetecido. Vinieron a dar en el marco del balcón donde ellos estaban. “¡Los asesinan!”, gritaron algunos horrorizados, mientras otros, celebraban la brutal agresión.

            Angeles aquella mañana tuvo la inspiración de colocara a Joaquín un “Detente” del Corazón de Jesús.

            Una enorme piedra rompió los cristales de la cancela e hirió a Pello en medio de la cara, en el momento que éste se disponía a abrir la puerta amenazando. Un chorro de sangre le caía al pobre.

Pello Mari Baleztena retratado como cazador por Basiano. Su gran afición a la caza, compartida con tío Joaquín y otros miembros de la familia les proporcionaba la única defensa que tenían ante los pistoleros, unas escopetas de caza, que gracias a Dios finalmente no llegaron a utilizar. (Foto sacada del libro "Basiano, el pintor de Navarra")
            Aquellos canallas, al ver los caños de las escopetas, echaron a correr gritando: “Están armados”, y furiosos por nuestra posible defensa, marcharon a contar al gobernador que desde nuestra casa estaban disparando.

Pello, José Joaquín, Joaquín y Chan defendieron la puerta de la casa (Foto sacada posteriormente)
            Pello subió al cuarto de baño a limpiarse la herida y Chan le acompañó. Entonces, José Joaquín[1] se quedó sólo en la escalera, al descubierto, sereno ante el peligro, con la escopeta en la mano, conteniendo a las turbas que nos querían asesinar.

            Dice que pensó en lo desesperado de su situación, pero que le animó y sostuvo la idea de morir defendiendo la casa que siempre le acogía.

            Una nueva llamada le hicimos al gobernador, contándole que Pello estaba herido y acuciándole para que enviara la fuerza y terminara de una vez con aquellas escenas salvajes. El infame , aún nos pidió cuentas:

-         “Tengan cuidado –dijo. Sus hermanos están disparando contra la gente. Ahora mismo mando la policía para que registre la casa”.

-         No es verdad –le repliqué indignada. Mis hermanos no han disparado todavía, pero no respondo de que puedan estar mucho tiempo sin hacerlo. Si no viene la fuerza, ellos nos tendrán que defender. Ya pueden venir a registrar la casa, que no han de encontrar pistolas.

           ¡Había que registrar nuestra casa atacada, pedirnos cuentas de que pretendíamos defendernos, mientras los que estaban en la calle con un teniente alcalde a la cabeza, disparaban sus pistolas impunemente!
           
En aquellos momentos de angustia, las hermanas, las sobrinas subimos al oratorio, y a esa amada Dolorosa que ha presidido nuestras fiestas, a quien hemos confiado penas y alegrías, temores, esperanzas, que ha velado la última noche que nuestros queridísimos padres pasaron en casa antes de que los llevaran para siempre, ante esa bendita imagen suplicamos con toda la fuerza de nuestra fe que no nos abandonara en aquellas horribles circunstancias.

La Dolorosa del oratorio de Casa Baleztena
            De abajo subía cada vez más intenso el ruido del tiroteo. La señora Pía[1] prorrumpía en exclamaciones que en momentos más normales, nos hubieran hecho reir de veras.

            Ya la cosa parecía perdida: creíamos que la gente, ya dentro de casa, andaba a tiros con los hermanos y que estos contestaban lo mismo. Entró Santita, y Luisa con una voz que nunca olvidaré le pregunto: ¿Ha caído ya algún hermano? Su hijo de quince años estaba también en el lugar del peligro. No preguntó por él, y es que en aquella hora nadie, hijo, sobrinos  todos eran hermanos, caballeros del Chaparro que defendían la casa de sus padres, el santuario de los recuerdos, el solar de nuestra raza.

            No pudiendo encontrar tranquilidad en ninguna parte, bajamos, nuevamente, al primer piso, en el momento mismo que entraban cuatro policías con el encargo de registrar la casa"...


No era la única vez que intentaron asaltar Casa Baleztena ni la primera que hirieron al tío Pello como puedes ver al pinchar aquí

[1] Señora que trabajaba en Casa Baleztena y que era como un miembro más de la familia, y como le toco sufrir estos sucesos.