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Ave Crux, Spes unica
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| Comienzo de la canción "La Procesión de Viernes Santo de Pamplona" escrita |
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| Ignacio Baleztena vivió la procesión de Viernes Santo desde su más tierna infancia. Aquí de figurante en las Tribus de Israel |
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Ave Crux, Spes unica
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| Comienzo de la canción "La Procesión de Viernes Santo de Pamplona" escrita |
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| Ignacio Baleztena vivió la procesión de Viernes Santo desde su más tierna infancia. Aquí de figurante en las Tribus de Israel |
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Querido
lector, ayer 10 de marzo conmemoramos la fiesta de los Mártires de la
Tradición, que tantas veces celebró el aitacho.
En los
archivos de mi padre hemos encontrado guardada con cariño esta carta impresa en una octavilla que
dirigió D Javier de Borbón Parma a los navarros con ocasión de esta fecha,
escrita en febrero de 1953, pocos meses después de la visita de Franco a
Navarra en la que Casa Baleztena permaneció cerrada el 3 de febrero de 1952.
Esto escribía D. Javier:
Carta
dirigida a Navarra por D. Francisco Javier de Borbón Parma
Aproximándose la fecha del 10 de Marzo, en
la que todos los años abrimos nuestros corazones a la memoria de los que
murieron en la esperanza y en la certeza de la Causa, quiero enviaros en estas
líneas el testimonio del recuerdo constante con que Navarra enciende mi fé.
Muchas veces, en los lugares más remotos, encontré hijos de Navarra afanados en
la dloria de Dios con la piedad y sacrificio y mujeres delicadas endulzando los
dolores humanos con las bendiciones de La Caridad.
En esas vocaciones maravillosas se continua
la pasión misionera de Javier, supremo compendio de la historia de Navarra.
Pero también vosotros las continuáis día tras día en la constante esperanza de
siglo y medio de adversidades, mostrando al mundo sin brújula la soberana
lección de vuestras seculares virtudes
cívicas. Paralelamente a aquellas abnegaciones apostólicas y vuestra constancia
en los ideales se integran en la Tradición de Navarra perpetuando el espíritu y
las instituciones que cuajaron en la espléndida realidad de vuestros Fueros
venerables. Porque esas rosas de virtud solo florecen en los rosales de la
familia cristiana guardada de las temporales revoluciones por el tapial
vigoroso de los Fueros.
Cuando occidente perdía entenebrecido de
negruras absolutistas el sentido exacto de la libertad cristiana, seguisteis
siendo libres porque conservasteis vuestros Fueros. Cuando la europeización
liberal arrasó las Españas, seguisteis siendo libres porque os mantuvisteis
aferrados a la libertad concreta y auténtica de vuestros Fueros. Cuando el
turbión extranjero secularizador y nacionalista despeñó en el separatismo positivista
y alicorto la concepción misionera de España, seguisteis siendo españoles
porque el amor a los Fueros os enseñó la verdad política de la Monarquía
Tradicional, Federativa y Misionera. Cuando el socialismo, última consecuencia
hasta entonces de nefandos errores, puso en peligro la existencia misma de la Patria,
salisteis en la Cruzada del 18 de Julio a salvarla en la gesta más gloriosa que
han registrado los siglos.
Por eso ahora, en la conmemoración de
nuestros gloriosos mártires he querido recordaros con noble pasión los
principios e instituciones por las que ellos, los testigos de nuestra misma fé,
ofrendaron a Dios sus vidas por los Fueros, fuente de los verdaderos
libertadores, barrera contra el voluntarismo personalista o democrático lección
en carne viva de la historia, y por la Dinastía Legítima tantas veces
juramentada en cumplimiento y defensa de esas mismas libertades patrias.
Firmado: FRANCISCO JAVIER DE BORBÓN
21 de Febrero de 1953
Apéndice:
La fiesta de
los Mártires de la Tradición fue instituida por D. Carlos VII[1]
durante su exilio en el palacio de Loredan en Venecia mediante una carta
fechada el 5 de noviembre de 1895 a su delegado en España, el marqués de
Cerralbo. Con esta fiesta se honra la memoria de los mártires que desde
principio del siglo XIX han muerto a la sombra de la bandera de Dios, Patria y
Rey.
El rey eligió
la fecha del 10 de marzo por ser el aniversario de la defunción de su abuelo D.
Carlos V[2]
fallecido en su exilio de Trieste el 10 de marzo de 1855.
En dicha carta
de D. Carlos VII exponía por qué instituía esta celebración:
¡Cuántas veces encerrado en mi despacho, en
las largas horas de mi largo destierro, fijos los ojos en el Estandarte de
Carlos V, rodeado de otras 50 banderas, tintas en sangre nobilísima, que
representan el heroísmo de un gran pueblo, evoco la memoria de los que han
caído como buenos, combatiendo por Dios, la Patria y el Rey!
Los Ollo y los Ulibarri, los Francesch y los
Andéchaga, los Lozano, los Egaña y los Balanzátegui, nos han legado una
herencia de gloria que contribuirá, en parte no pequeña, al triunfo definitivo
que con su martirio prepararon.
Al fin cada uno de esos héroes ha dejado en
la historia una página en que resplandece su nombre. En cambio, ¡cuántos
centenares de valerosos soldados, no menos heroicos, he visto caer junto a mí, segados
por las balas, besando mi mano como si en ella quisieran dejarme con su último
aliento su último saludo a la patria! ¡A cuántos he estrechado sobre mi corazón
en su agonía! ¡Cuántos rostros marciales de hijos del pueblo, apagándose en la
muerte con sublime estoicismo cristiano, llevo indeleblemente grabados en lo
más hondo de mi pecho, sin que pueda poner un nombre sobre aquellas varoniles
figuras!
Todos morían al grito de ¡viva la Religión!,
¡viva España!, ¡viva el Rey![3]
Por esta misma
Causa luchó el famoso general carlista Teodoro Rada “Radica”, que por cierto
durmió en Leiza, en Petrorena la casa de nuestra familia exactamente en la misma
cama que D. Javier y su hermano D. Gaetán de Borbón Parma casi un siglo después.
Dicho general tafallica murió abrazado a
un crucifijo pronunciando sus últimas palabras: ¡Viva el Padre!, ¡Viva el
Hijo!, ¡Viva el Espíritu Santo! Y ¡Viva España![4].
Hacemos especial mención a él por celebrarse este año su 150 aniversario, pero
los mismos ideales movieron a los generales Zumalacárregui y Lerga entre
tantos otros que lucharon a la sombra de la bandera de Dios, Patria/Fueros y
Rey.
Y tras esta
pequeña interrupción queda pendiente finalizar el tema de la Cabalgata que
quedaba pendiente, en la próxima entrada si Dios quiere
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Querido lector, avanzamos en esta tanda de
entradas sobre la Cabalgata de Reyes de Pamplona, en cuyos orígenes estuvo el
aitacho.
Veíamos cómo en la década de los 60 del siglo XX mi padre Ignacio Baleztena Ascárate, cedía su corona de Baltasar a sus hijos y
la familia continuó muy involucrada en la organización del evento.
En septiembre de 1972 fallecía el aitacho y el 5
de enero de 1973 SSMM los Reyes Magos le rindieron un último homenaje y le
llevaron un presente al panteón donde está enterrado en el cementerio pamplonés:
una colección de los gigantes de Pamplona y unos claveles rojos que depositaron
en dicho sepulcro, junto al cual se rezó un responso. Ese día Baltasar estaba
personalizado por mi amigo Pachi Perales y el paje que depositó las figurillas
era el que escribe. También estaba de paje del rey Melchor el benjamín de la
familia Miki Baleztena. Pero para recordar este acontecimiento acudimos a la
emotiva crónica de El Pensamiento Navarro:[1]
NOMBRES y TAREAS.
Los Reyes Magos, con D. Ignacio[2]
Hace cinco minutos que a
uno se le había encogido el alma en el hospital, con las sonrisas infantiles
partidas por la ilusión y el pasmo…
Fue entonces cuando el
encargado de relaciones públicas de la Cabalgata de Oriente nos avisó:
-La próxima visita se la
haremos a don Ignacio.
Melchor, Gaspar y Baltasar
-¡Baltasar, don Ignacio!- interrumpieron un momento la hermosa retahíla de sollozos,
gritos e ilusiones, para hacer un aparte con don Ignacio Baleztena. Me quise
aprender de memoria los instantes de aquel momento insólito. El cementerio
quieto. Melchor, Gaspar y Baltasar aguantando la emoción, hasta llegar ante don
Ignacio. Estábamos quince, apretados, y pendientes del enorme silencio que se hizo.
Melchor, Gaspar y
Baltasar hicieron un recorrido entrañable por las alforjas fraternales de
caramelos, camiones y “escalestrics”. Allí abajo, amorosamente, había un par de
docenas de claveles rojos y los gigantes de don Ignacio, reproducidos en barro.
¡Señor, que presente! Claveles y los gigantes.
Baltasar -¡Baltasar, don
Ignacio!- Fue poniendo las piezas de aquel paquete amoroso, con orden, alineados,
como a don Ignacio le gustaba.
-
Tenían a los gigantes de
Pamplona siempre delante. Y si fallaba el orden se enfadaba por el detalle.
Los gigantes en orden,
los claveles. Don Teófilo Jaúregui rezó el responso. Diez minutos. Creo que oí
un aplauso celestial de don Ignacio Baleztena, desde arriba, un aplauso sin algarabía,
seriote y ameno, atinado, exacto, como él era. Un aplauso a la ilusión que,
gracias a Dios, aún tiene un sitio en el embrollo actual de los intereses.
JAVIER HERNÁNDEZ
También el Diario de Navarra daba cuenta de esta
visita de SSMM los Reyes Magos a mi padre en el cementerio.[3]
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| Diario de Navarra 6 enero 1973. Foto Zubieta. Hemeroteca Diario de Navarra |
Y en la próxima entrada veremos, si Dios quiere,
el final de la “dinastía Baleztena” de Baltasar en 1980.
[1] El
Pensamiento Navarro. 6 enero 1973 p1 portada
[2] Hernández,
J. Nombres y tareas. Los Reyes Magos, con D Ignacio. El Pensamiento Navarro. 6
enero 1973 p16
[3] Diario
de Navarra 6 enero 1973. P28.
(4) Durante muchos años durante la segunda mitad del siglo XX los tres Reyes Magos en Pamplona fueron encarnados por José Mª Corella (Melchor), César Cascante (Gaspar) y Baleztena (Baltasar)
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Querido lector, seguimos leyendo el artículo
publicado en la revista de la Asociación Cabalgata Reyes Pamplona en 2004 que
incluye testimonios de mis hermanos Cruz, Sylvita y Rosarito.[1]
En la década de los 60 del siglo XX el aitacho, cedería su corona de rey negro a su hijo
Cruz cuando los años no le permitieron seguir con su labor. “No se puede
explicar lo emocionante que es hacer de rey”, destacó Cruz, mientras relataba
distintas anécdotas vividas. Ignacio Baleztena transmitió a su familia su amor
por la Cabalgata. Así involucró a toda la familia a la hora de organizar el
evento. “El que quería participar en la cabalgata venía a la misericordia y,
entre todos, lo vestíamos y pintábamos”, apunta Silvita, quien durante
muchos años se encargó de pintar y vestir a gran parte del cortejo navideño con
las vestimentas que solían llegar de una casa de disfraces de San Sebastián. “Nos
vinculó a todos…”, recordó Rosario.
Tras unos años en que el representante de
Baltasar fue Cruz, todos los hermanos hicimos de "validos" del rey negro siendo
yo el que tuve el honor de tener más continuidad al vivir en Pamplona.
Y ahora seguimos viendo la narración de cómo era
la cabalgata de 1966 con un excelente reportaje gráfico, a través de un artículo
de la revista Pregón[2] escrito por Iñigo
Muruzabal Oscoz y José Mª Muruzabal del Solar:
LA ORGANIZACIÓN DE LA
CAMP
La Caja de Ahorros Municipal de Pamplona organizaba la cabalgata desde el área de la obra social y cultural. El encargado de dirigir esta área, durante más de 35 años, fue José María Muruzábal del Val, pregonero de antiguo, que también se encargaba de las cantinas escolares, los clubes de jubilados, las salas de exposiciones, etc. José Mª Muruzábal guardó en su poder muchísima documentación, especialmente relacionada con el arte navarro, pero también conservó un archivo fotográfico muy interesante acerca de las actividades en que participaba…
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| Melchor José Mª Corella 1966. Archivo Muruzabal. Foto Galle |
La cabalgata se montaba
en la Casa de Misericordia de Pamplona, con la ayuda inestimable de Don Ignacio
Cía, quien pacientemente soportaba todo aquel extraordinario ajetreo… El rey
Baltasar galanteaba con las veteranas residentes, que sonreían a su paso. No
podía faltar la corneta, o el tambor para el popular Uve, para desesperación de
Ignacio Cía…
LA CABALGATA DE 1966
… Los Reyes Magos montaban a caballo, mientras que ya el año 1966 salían unas primitivas carrozas, para que los niños pamploneses pudieran admirar los regalos, carrozas tiradas por tractores. Las fotografías adjuntas muestran al rey Melchor, personificado en esa época por José María Corella, también viejo pregonero, y al inefable rey Baltasar, personificado en Javier Baleztena.
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| Baltasar Javier Baleztena a caballo 1966. Archivo Muruzabal. Foto Galle. |
La familia Baleztena, tan vinculada a la Cabalgata de los Reyes Magos, se desvivía esos días poniendo en la organización el alma y el corazón. Sylvia Baleztena se desdoblaba por doquier y regresaban de Madrid otros miembros de la familia para participar en la cabalgata…
Y el colofón de la cabalgata, el esperado rey Baltasar. Allí aparecía siempre derrochando simpatía para todos, seguido de un extraño cortejo de negros africanos, ataviados con extraños ropajes y adornos, cantando, danzando, haciendo extraños rituales que causaban la admiración, y hasta el espanto, en los niños pamploneses.
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| La corte del rey Baltasar. Pamplona 1966. El vestuario era de la obra de teatro escrita por Ignacio Baleztena Ascárate, titulada "El submarino de Dositeo". Archivo Muruzabal. Foto Galle |
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| Los danzaris municipales le hacen el arco de honor con las makilas a Baltasar Baleztena. Pamplona 1966. Archivo Muruzabal. Foto Galle |
Quiero agradecer especialmente a José Mª Muruzabal del Solar por haberme facilitado las fotos del archivo de su padre y este magnífico artículo que escribió en 2023 junto con Iñigo. El resto de las imágenes pueden verse en la revista Pregón de junio de ese año. Estas fotos le van a encantar a Pachi Mendiburu.
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| Baltasar Javier Baleztena Pamplona 1966. Archivo Muruzabal. Foto Galle |
Y en la próxima entrada si Dios quiere seguiremos
con la Cabalgata con la desconocida historia de cómo finalizó la “dinastía
Baleztena” de Baltasar
[1] Ignacio
Baleztena Azcárate (1888-1973), ese gran desconocido para Pamplona. Revista de
la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona. Nº VII. Enero 2004. (Nota del
autor: el fallecimiento fue en 1972)
[2] Muruzabal
Oscoz I, Muruzabal del Solar JM. La Cabalgata Reyes Magos en la Pamplona de
1966. Pregón Siglo XXI 68, junio 2023, pp 85-88
Entrada actualizada el 9 de octubre de 2026 (ver al final de la misma)
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Querido
lector, seguimos
leyendo el artículo publicado en la revista de la Asociación Cabalgata Reyes
Pamplona en 2004 que incluye testimonios de mis hermanos Cruz, Sylvita y
Rosarito.[1]
“Cuando la Guerra Civil llevó a Ignacio
Baleztena al frente, organizó una Cabalgata en Leganés. Llevó un camión con
juguetes para los pueblos cercanos –“sin mirar si eran del bando republicano o
nacional” relató su hijo Cruz -. Para ver este pintoresco episodio puedes
leerlo de la propia mano de mi padre pinchando aquí.
Baleztena
siempre hizo de Baltasar… y continuó ejerciendo este papel hasta que el Frente
de Juventudes[2],
tras la guerra, se encargó de organizar la Cabalagata. “Fue un fracaso y mi padre
ya no participó porque se apartó o lo apartaron de la organización”, recuerda
Silvia[3].
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| Ignacio Baleztena siempre hizo de Baltasar. Dibujo de Carlos Baleztena Abarrategui, hijo de Ignacio |
No
sería hasta la década de los 50 cuando Baleztena volvió a vincularse a la Cabalgata
junto a sus amigos de la revista Pregón porque el entonces director de la Caja
de Ahorros Municipal de Pamplona, Miguel Javier Urmeneta, los reunió para la
ocasión. Así, Ignacio Baleztena (Baltasar), Faustino Corella (Melchor) y
Enrique Tejero (Gaspar) fueron los Reyes Magos que aprendieron a montar en el
picadero militar, ya que el Ejército dejaba los caballos así como numerosos
mulos cargados con sacos a modo de regalos.
Efectivamente Miguel Javier Urmeneta encauzó la celebración a través de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona bajo la acertada batuta de José Mª Muruzabal. Pues precisamente entre los recortes de prensa el aitacho conservaba con especial mimo la crónica de “El Pensamiento Navarro” de 1955 en la que aparecen los famosos negros de la comitiva de Baltasar, con trajes y bailes del reciente estreno de la obra de teatro compuesta por mi padre “el Submarino de Dositeo”, interpretada en 1950. También en este año de 1955 aparece el “mono de la Cabalgata”. Esta es la crónica de ese día en “El Pensamiento Navarro”:
“La
comitiva fue entrando en la cancha
(del frontón Labrit), entre un griterío
ensordecedor, que casi no dejaba oír las notas de la Marcha Real que tocaban
las dos bandas de música…La primera sorpresa que se tradujo en la gritería edad
de fue la de la presencia de la tribu negra, muy bien ataviada que entró hasta
postrarse ante los Magos bailando una danza de su país y tocados los negros
acompañantes del simpático Baltasar con máscaras y plumas y lanzas de gran
efecto y de última moda en su tierra, según nos dijo un soldado raso de la
tribu…
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| La tribu de negros de la comitiva de Baltasar se postran ante los Reyes Magos en "El Labrit". Pamplona ¿1955? |
Como
número final apareció de lo alto del palco del rebote un deforme monstruo, no
se sabe del si el “hombre de las
cavernas” o un “marciano”, que se descolgó hábilmente por una cuerda hasta la
cancha, sembrando el pánico entre los que allí estaban. Pero los valerosos negros
de la comitiva del Rey Baltasar, acometieron contra él con sus lanzas. Ya
parecía que lo habían muerto cuando el monstruo, que por lo visto fingía, se
levantó de pronto otra vez y consiguió poner en fuga a los servidores del Rey
Baltasar, aunque luego se hizo muy amigo de ellos, y según las últimas noticias
que recibimos esta noche, ha fichado por la escolta del simpático negro, y a
estas horas debe estar por las calles sosteniendo la escalera para que los
Reyes dejen los juguetes de los niños en los balcones, ya que según él mismo
dicen que ha dicho, no quiere asomar su horrible faz por los cristales de las
habitaciones en las que duermen los niños por miedo a que se asusten”.[4]
Un error de imprenta en la tirada de “El Pensamiento Navarro” me indujo inicialmente a error. En el número 18.783 publicado el jueves 6 de enero de 1955 erróneamente indica como fecha de edición 1954 en vez de 1955. Gracias a la ayuda de Rakel Sueskun y Aitor Ortiz que me han avisado de este curioso hallazgo actualizo la entrada a fecha de 9 de octubre del 2026.
Y si
quieres saber quién era ese terrible monstruo puede leerlo pinchando aquí.
Y en la próxima entrada si Dios
quiere seguiremos con la Cabalgata en los años 60
[1] Ignacio
Baleztena Azcárate (1888-1973), ese gran desconocido para Pamplona. Revista de
la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona. Nº VII. Enero 2004. (Nota del
autor: el fallecimiento fue en 1972)
[2]
Organización de carácter falangista
[3] Se
apartó de la organización por no querer colaborar con una cabalgata organizada
por una organización política franquista, el Frente de Juventudes.
[4] M.A. El
Pensamiento Navarro. 6.1.1955
Querido lector, continuando con el tema de ayer al intentar ordenar la carpeta del aitacho “Cabalgata” hallamos un
manuscrito suyo que es precisamente una copia de la crónica de la primera
cabalgata de 1927, publicada el 6 de
enero de dicho año en el periódico “El Pueblo Navarro” que era de tendencia
liberal. ¿Por qué precisamente habría seleccionado esta crónica entre todas las
realizadas?. Quizá porque el director de dicho periódico era Francisco Javier
de Arvizu, presidente de la Asociación de la Prensa organizadora de esa primera
cabalgata a instancias de mi padre Ignacio (pinchar aquí).
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| Transcripción realizada por Ignacio Baleztena de la crónica de la cabalgata de reyes de Pamplona de 1927. La copió del diario "El Pueblo", dirigido entonces por Javier de Arvizu |
Pues bien este es el extracto de
esa crónica de la primera cabalgata de Pamplona escrita posiblemente por el
propio Javier de Arvizu o al menos por el redactor del periódico que él dirigía[1]:
…Cuando
el redoble de los atabales anunció a la masa de público congregada en la plaza
circular la proximidad del cortejo, las bandas ejecutaron la Marcha Real, mezclándose
a sus acordes los estampidos de los cohetes y las aclamaciones, y el momento
fue de una gran belleza. El tiempo lluvioso e inseguro no restó animación al
acto que fue brillantísimo. La Junta de la Asociación de la Prensa cumplimentó
brevemente a los Reyes…precedidos de la banda infantil de las Escuelas del Ave
María…
En
todos los balcones había gente que saludaba o aplaudía. En la calle se
apretujaba el público y el número de niños que palmoteaban satisfechos al
contemplar hecha realidad sus sueños de todos los años por esta época era
incontable.
En
la Casa Misericordia.
La
primera visita de los Reyes -ya lo habíamos anunciado- fue para los pequeños
asilados en la Casa de Misericordia, que reunidos en la Administración y
presididos por los dignos señores administrador del benemérito establecimiento
benéfico establecimiento y Junta recibieron a los Santos monarcas…
Posteriormente continúa narrando
el paso de la comitiva por las calles de Pamplona abarrotadas de gente y la
visita a las escuelas de Compañía y al Colegio Asilo de las Hermanas de San
Vicente junto a la Catedral. A continuación una de las visitas principales fue
a la Casa de Maternidad, lugar en el que años previos mi padre Ignacio
Baleztena[2]
había pergeñado los prolegómenos de la cabalgata:
En
la Inclusa
La
llegada a la Casa de Maternidad en la que entraron por la puerta de la calle
del Carmen, fue bellísima. A los acordes de la Marcha Real y saludados por las
aclamaciones de las asiladas, que presenciaban su llegada desde los balcones
del primer piso, entraron los Reyes a caballo en el mismo zaguán de la casa
para echar pie a tierra ante los primeros escalones de la que conduce a la magnífica
sala ropero. Toda la comunidad aguardaba, y con ella el virtuoso capellán director
don Gervasio Villanueva, el respetable vicepresidente de la excelentísima
diputación de Navarra Don Joaquín de Borja y el competente médico don Abdón
Larrondo…
…El
rey negro (interpretado
por Ignacio Baleztena) fue quien en
nombre de sus compañeros, dirigió luego unas palabras afectuosas a las
pobrecitas asiladas y con ello se dio por terminado el acto, siendo despedidos
los soberanos con los mismos aparatos y efusión con que se les recibió.
Según continua la crónica el
momento más emotivo fue la visita al hospital que narra de la siguiente manera:
En
el Hospital
Donde
el reparto de juguetes adquirió las caracteres de máxima emoción fue en el
Hospital Civil a cuyas puertas hallábase “La Pamplonesa” qué desinteresadamente
prestó también a la fiesta, desde ese momento su cooperación. Las salas donde
se alineaban las camitas de los niños hallábanse llenas de gente; Señoras y
señoritas deseosas de acompañar a los enfermos en tal momento. En un rincón un “nacimiento”
brinda a los niños, en el ingenuo paisaje convencional el recuerdo perenne del
gran misterio de nuestra Religión. Manos de mujer cuidaron que no faltase tal
detalle en la Navidad dolorosa de los pequeños enfermos…
Sigue informando “El Pueblo
Navarro” que tras las palabras del Rey Melchor comenzó el reparto de juguetes, y era conmovedor contemplar aquellos rostros
pálidos animados por la risa; Y aquellas pobres manos exangües palmoteando con
alegría, cuando los personajes legendarios se acercaban con el trozo de ilusión
que es cada juguete. Aunque la fiesta no hubiese sido más que eso, cuantos a su
mejor éxito han contribuido, podrán sentirse satisfechos.
Posteriormente los Reyes
acudieron a las escuelas de San Francisco y al asilo del Niño Jesús y finalmente, sobre las 21:00 h de la noche,
el real cortejo despedido en la puerta
de la Taconera con la Marcha de España, se alejó de Pamplona hasta otro año, perdiéndose en la noche.

Foto Galle. Cabalgata de principio de siglo XX en Pamplona. Baltasar representado por Ignacio Baleztena
Este es el resumen de la crónica
de la primera Cabalgata de Reyes de Pamplona organizada, a instancias de mi
padre Ignacio Baleztena, por la Asociación de la Prensa, con el valor de que
está escrita por el propio presidente de dicha Asociación Javier de Arvizu o un
redactor del periódico que éste dirigía en 1927.
Y mañana seguiremos con las
cabalgatas de los años 50 si Dios quiere.