Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

sábado, 21 de junio de 2014

Semana grandiosa. El Rey en las calles.

Querido lector, no quería dejar escapar los acontecimientos de esta semana en los que tanto hubiera disfrutado el aitacho, sin escribir esta reseña. Porque el pasado jueves el Rey se paseo por la calle, cerca de su querido pueblo. Fue impresionante. Miles de personas se agolpaban para verlo pasar. Calles engalanadas con flores, banderas, reposteros y sobre todo el amor y respeto de las gentes.

Como ya te habrás imaginado estoy hablando de la celebración del Corpus Christi, que se celebró como todos los años el pasado jueves. El Rey de reyes salió a las calles en muchas ciudades de España: Toledo, Sevilla... y mañana lo disfrutaremos en ciudades y pueblos de Navarra y otros lugares de España al trasladarse la festividad al domingo. Allí estaremos.

Y el aitacho, adorador del Santísimo Sacramento del Altar, naturalmente también escribió sobre esta festividad en Pamplona:



"PROCESION DEL CORPUS
Recuerdos de antaño


Al llegar el día solemne del Corpus Christi, los supervivientes decimonónicos recordamos con nostalgia aquellos valiosos tapices que adornaban las fachadas de algunas casas señoriales de Pamplona. Pocos quedaban, pero sí los suficientes para que los que hoy no tenemos ni canas que peinar, les dediquemos un sentido recuerdo.

            La casa que por más tiempo honró su fachada engalanándola en honor de la Sagrada Eucaristía, fue la de Zurbano, en la calle de la Zapatería de la Población. Pero hace muy pocos años, aquellos valiosos tapices fueron empaquetados con destino a una villa guipuzcoana.

            Todavía, cuando los viejos pamploneses acompañamos a algún forastero por las calles de la ciudad, le hacemos notar, cómo debajo de los balcones de los primeros pisos, y a todo lo largo de las fachadas, se ven unos ganchos destinados a sostener las preciosas colgaduras de antaño.

La desaparición de estas joyas se inició ya hace muchos años, como se puede ver por la interesante “Revista” que con motivo de la festividad del Corpus del año 1895 escribió en el “Eco de Navarra” el ameno escritor pamplonés D. Nicanor Espoz.

“La procesión del Corpus notable como siempre y con la solemnidad que acostumbra hacerla un pueblo tan católico como lo es Pamplona.

Yo recorrí la carrera, al igual que cuando era muchacho, a ver los tapices.

Pero ¡ay! aquellos tapices que se guardaban en los desvanes ignorando su mérito: aquellos tapices que olían a sombrío; aquellos tapices que a las seis de la mañana se bajaban a la calle a fin de quitarles el polvo a fuerza de palos, para después colgarlos cubriendo las puertas de las casas, ya no existen.

Vino el “tío sabio” y compró los primeros tapices por cuatro cuartos.

Y era natural. Aquella tela rollada no hacía más que estorbo en la guadilla.

Luego se pagaron más caros, y después se pagaron mucho, pero para entonces se habían vendido casi todos.

¡Quedan tan pocos!

Sólo en contadas casas “fuertes” pude ver algún ejemplar de esos preciosos tejidos que antes se hallaban cubriendo las entradas de “todos” los edificios de la carrera.

De manera que… ¡adiós! Tapices.”

No eran sólo los tapices lo que don Nicanor añoraba, sino como buen pamplonica, y hombre de buen apetito, empezaba a echar de menos otra buena costumbre, que nosotros también alcanzamos a conocer.

“Y no es lo malo que nos hayamos despedido de los tapices, sino que nos hemos despedido también de los almuerzos, de aquellos almuerzos con que se obsequiaba a parientes y amigos en las casas donde iban a ver la procesión clásicos compuestos de chorizo cocido espolvoreado de azúcar, y de magras cuyo aroma al freírlas se mezclaba con el incienso y hacía cosquillas en la nariz insubordinando al estómago.

Ya no hay “ley” en Navarra; la ciencia económica se ha divulgado entre todas las clases sociales y a cambio de tener unas pesetas más… adiós tapices, adiós jamón y chorizo con azúcar.

Todo pasa.

Y qué razón tenía Chateaubriand cuando dijo: “La hermosura de Basan Carmelo se borra y las flores del Líbano se marchitan; sólo tú iglesia ostentas imperecedera hermosura”.

De la mañana del “Corpus Christi” en Pamplona sólo queda la procesión, los solemnísimos cultos que hace la iglesia.

La clase de paisanos ya no hace nada; la “hermosura de aquellas costumbres se ha borrado y el hábito de convidar a los amigos se ha “marchitado”.

Y en verdad os digo, que lo que digo lo digo por ciencia propia.

Nadie me llamó para que subiese.

Martes 18 de junio de 1895”.

Si resucitase la antigua costumbre de esos almuerzos a base de chorizo cocido y azucarado, se notaría en ellos la ausencia absoluta del "sexo fuerte"; pues hoy, todo él, se puede decir que sin más excepción que los enfermos, tiene a gran gala y honor figurar en las filas del triunfal paseo de Jesús Sacramentado por las calles de su Ciudad de Pamplona.

En esto, aun los más gruñones partidarios del pasado, tienen que convenir y confesar que no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor.


Tiburcio de Okabío"

Diario de Navarra 9/6/1955

Procesión del Corpus en Pamplona

Lo cierto y verdad es que mientras algunos advenedizos se esmeran en suprimir misas, "tedeums" y cualquier símbolo que huela a religión por si se contaminan, el sabio pueblo fiel lo mira con indiferencia y erre que erre vuelve a llenar por cientos de miles, repartidos por todas las poblaciones de España, las engalanadas calles para honrar tras la Misa a Jesús Sacramentado, Rey de reyes (y de jefes de estado de cualquier tipo) de forma gozosa y popular. Naturalmente también aquí en Navarra.

Procesión del Corpus en Leiza
El Santísimo honrado también en las cumbres (Aralar). Del libro Romerías Navarras de Dolores Baleztena y M Astiz
Pues eso, feliz día del Corpus, y en la próxima entrada si Dios quiere retomo la biografía del aitacho.

miércoles, 11 de junio de 2014

La Pascua y San Miguel de Aralar

Querido lector, el pasado domingo, con la celebración de Pentecostés finaliza la Pascua, y precisamente en Navarra uno de los acontecimientos que se producen durante este tiempo es la visita del angelico, San Miguel de Aralar a quien tanta devoción tenía el aitacho, por las distintas localidades de nuestra geografía foral. En un blog de Premín de Iruña no podíamos dejar de hacer una mencióna este acontecimiento.

                                                                  Nor Jaungoikoa Bezala?. Iñor Jaungoikoa Bezala.                                                    Grabado de Miguel Ángel Astiz, del libro Romerías Navarras escrito por Dolores Baleztena


Comenzábamos la Pascua con la absurda polémica de si se recibía a San Miguel de Aralar en el Parlamento o era un visitante non grato para nuestros ilustrados y sesudos políticos, tan representantes ellos del sentir navarro, y debía quedarse en la puerta llamando.

Precisamente fue Ignacio Baleztena quien instituyó la tradición de la visita del ángel a la Diputación (pinchar aquí para ver el origen) en una época en que estos dramas tan ilustrados ni se planteaban al sentido común del pueblo. Allí estaban todos encantados recibiéndole, los liberales, conservadores, carlistas y nacionalistas. Hoy en una sociedad mucho más libre y avanzada algunos iluminados pretenden vetar, prohibir e impedir la visita del angelíco. ¡Viva la libertad!, rompiendo con las ideas y tradiciones de generaciones y generaciones de navarros, entre ellos muchos padres y abuelos de los anti angelico.

Total San Miel llegó, como siempre, y el que quiso fue a recibirle. El que no se quedó en casa y se lo perdió. Se acabó la polémica.

Aparte de historietas politiqueras de nuestros parlamentarios, que así se desviven con nuestros dineros por las auténticas necesidades actuales del pueblo, la Pascua en Pamplona se relaciona con la llegada de San Miguel, que hace una peregrinación inversa: en vez de ir nosotros a su santuario, viene él a nuestros pueblos. En Pamplona estuvieron los chistularis, los apezas, el angelico de la Meca, y cantidad de irunshemes rezándole y cantándole. Y se volvió a cumplir la tradición que mi padre Ignacio describió en una cancioncica, como él siempre solía hacer:

La canción a San Miguel de Aralar de Ignacio Baleztena

La letra de la canción a San Miguel de Aralar de Ignacio Baleztena, publicada en el libro Romerías Navarras de la tía Lola (su hermana)
Con todo esto vamos a disfrutar de algunas imágenes de nuestro San Miel, de época de cuando vivía mi padre:

Los diputados forales de todas las tendencias reciben a San Miguel con todo boato y honores cuando Ignacio Baleztena era diputado e instituyó esta costumbre en 1925

Recibimiento de San Miguel en la Taconera. El aingeru del Meca a erribirle va... (Del libro Romerías Navarras de Dolores Baleztena y José M Astiz)

San Miguel de Aralar en el entorno de Osquía (Del libro Romerías Navarras de Dolores Baleztena y M Ángel Astiz)

San Miguel de Aralar entrando en una iglesia de la Barranca (Del libro Romerías Navarras de Dolores Baleztena y M Ángel Astiz)
San Miguel de Aralar En Leiza escoltado por requetés del pueblo
Otra foto de San Miguel de Aralar por Leiza


Santuario de San Miguel de Aralar tras su incendio de 1942 (Del libro Romerías Navarras de Dolores Baleztena y M Ángel Astiz)

Placa en honor de San Miguel de Aralar en la puerta de Larrea, casa de la familia Baleztena en Leiza

Y perdón por el protagonismo pero no me he podido resistir a poner esta foto mía con San Miguel

Espero que todos los devotos de nuestro querido San Miel hayáis disfrutado de esta entrada y cogido fuerzas para seguir la biografía del aitacho en las próxias entradas si Dios quiere.

lunes, 9 de junio de 2014

Ignacio Baleztena con el Muthiko Alaiak en Bayona



Querido lector, retomamos la biografía del aitacho, que como habíamos dicho, durante estos años intensificó sus actividades culturales y folclóricas.

Era por la década de los 40 cuando con el grupo de danzas del Muthiko Alaiak acudió a una exhibición en Bayona. No es porque lo fundará él, pero lo cierto es que posiblemente era el mejor grupo de danzas de los que había en aquel momento.

Comenzó la exhibición en el Parque de los Deportes de la ciudad gala y todo transcurría normalmente hasta que le tocó el turno a los danzaris del Muthiko. Salieron a bailar como lo hacían habitualmente en estas ocasiones con las banderas de Navarra, de España y del grupo de danzas. Entonces dos individuos que hoy se autodenominarían abertzales se interpusieron y les intentaron obligar a que salieran a bailar sin la bandera española. Se organizó un pequeño rifi rafe ya que los muthikos estaban dispuestos a  sacarla como fuera pasando por encima de los dos sujetos si hacía falta. Los reventadores hablaban en español y mi padre les reprendió en su querida lengua vasca, pero como era de esperar no entendían ni “bai” en euskera, y por lo que se ve tampoco eran unos ases del francés. Como el ambiente se iba tensando, para evitar que aquello acabara a palos, muy dignamente los muthikos decidieron que si no salían con todas sus banderas ellos no participaban y con gran dignidad salieron del recinto ante el estupor de los espectadores que no entendían que pasaba.

Entonces comenzaron una karrikadantza por todo Bayona luciéndose con sus danzas haciendo las delicias de los habitantes de dicha ciudad que los felicitaron y aplaudieron profusamente en los glacis y por las calles de la misma.

Para finalizar la jornada acudieron a una recepción en el “Farnié” y delante del Monumento a los muertos por la patria durante la primera guerra mundial rezaron una oración y realizaron un baile de honor.



El grupo de danzas de Muthiko Alaiak en Bayona en los años 40

Así finalizó esa memorable jornada que tuvo su repercusión mediática al día siguiente, como puede verse en esta cuartilla que mi padre tradujo de la prensa local de Bayona y conserva entre sus archivos.

Traducción realizada por Ignacio Baleztena de la reseña que salió en la prensa local de Bayona del incidente que sufrió el Muthiko Alaiak en esa ciudad.

El Muthiko siguió haciendo giras por Francia en más ocasiones y esto hace que no pueda resistirme a poner fotos familiares de los hijos de Ignacio Baleztena, incluido este pobre ex dantzari que escribe, en Francia en 1970.

Los hijos de Ignacio Baleztena con el grupo de danzas del Muthiko Alaiak en 1970. Javier (el mendas) con la bandera del Muthiko e Ignacio con la de Navarra

 
Y mi hermano Ignacio (Tatito) llevaba con orgullo la bandera de Navarra, con la cual bailaban los dantzarisdel Muthiko Alaiak en 1970
 
Javier Baleztena, cosa buena, dantzari con la bandera del Muthiko en 1970


 Y cambiando de tercio, como ayer fue Pentecostés, festividad con la que finaliza la Pascua, estos días escribiré sobre… lo que veremos en la próxima entrada si Dios quiere

jueves, 5 de junio de 2014

Adios Reina del Cielo

Adiós, Reina del cielo, Madre del Salvador.
Adiós, oh Madre mía. Adiós, adiós, adiós.

            Querido lector, ha finalizado mayo, el mes de la Virgen y de las flores. De todos es conocido tras ir leyendo el blog la gran devoción que el aitacho sentía por la Santísima Virgen María, como viene demostrado por sus múltiples actividades en su honor: la creación de la Orden de la Virgen del Chaparro, sus diversos y variados escritos relacionados con las distintas advocaciones de Nuestra Señora que se reparten por todo Navarra, sus romerías…Y hablando de romerías hay un libro escrito por su hermana la tía Lola que es especialmente curioso y se llama precisamente "Romerías Navarras". En el se ve la gran devoción a la Virgen que los navarros hemos ido recibiendo de generación y generación y así continua, con el peregrinar de los pueblos de nuestra querida tierra a los bonitos santuarios que albergan las distintas advocaciones.
Portada del libro Romerías Navarras, escrito por Dolores Baleztena, hermana de Ignacio, y con ilustraciones de Miguel Ángel Astiz
Pues bien, los amantes de la romería de la Virgen de Ujué, a la que tantas veces peregrino mi padre Ignacio vamos a disfrutar con este testimonio gráfico.

ROMERÍAS A UJUE HACE 100 AÑOS (APROXIMADAMENTE)

Ignacio Baleztena Ascárate romero en Ujué

La Cruz del Perdón

Santuario de la Virgen de Ujué
Dolores Baleztena, tía Lola, rodeada de las gentes de Ujué
ROMERÍA DE UJUÉ HACE MEDIO SIGLO (APROXIMADAMENTE)

Crucero de Ujué
Las Baleztena en Ujué: Abajo a la derecha Roshari Jaurrieta Baleztena, ahijada de Ignacio Baleztena, en segunda fila tía Silvia, tía Ángeles y tía Luisa. Detrás tía Lola y tía Mª Ysabel (hermanas de Ignacio Baleztena).
Mª Ysabel y Lola Baleztena en Ujué
Descanso de los romeros
Con las cruces a la izquierda Cruz Baleztena, hijo de Ignacio y a la derecha su primo Ignacito Jaurrieta Baleztena
En el crucero
Cruz Mª Baleztena Abarrategui, hijo de Ignacio, e Ignacito Jaurrieta Baleztena, romeros a Ujué
Ignacito Jaurrieta Baleztena hablando con uno de la cuadrilla del "Templau" (Florencio Aoiz padre, conocido carlista de Tafalla que por "echau palante" recibía ese nombre)
Romeros a Ujué
Hace 100 años, hace 50 y en la actualidad generaciones y generaciones de navarros acudimos al castillo / santuario de la Virgen a implorar a nuestra Madre bendita de Ujué que sea de nuestra Ribera refugio de ardiente fé, como dice la canción.
Si has disfrutado de esta entrada agradécelo a Victor Sierra Sesumaga que me ha ayudado a digitalizar estos archivos fotográficos tan interesantes.
Y ahora sí, aunque todavía tenga el cerebro aplastado y la sesera con más cardenales que un concilio, me propongo seguir con el blog, con la biografía del aitacho y con lo que sea menester. Mientras tanto para ver como se celebraban las flores a María en vida del aitacho puedes pinchar aquí y yo creo que puedes pasar un rato entretenido. Y así despedimos Mayo, el mes de María para comenzar Junio, el del Sagrado Corazón. Sagrado Corazón de Jesús ruega por nosotros. Hasta la próxima entrada si Dios quiere.

jueves, 17 de abril de 2014

Procesión de Viernes Santo de Pamplona en 1828 por Ignacio Baleztena

Ave Crux
Spes Unica



Querido lector, lamento el tiempo que he tenido el blog en barbecho pero es que he estado un poco delicado de salud, aunque ya me voy recuperando. Y como es lógico hoy Jueves Santo vamos a hablar de la Semana Santa. El aitacho vivía intensamente estas fechas con profunda devoción y recogimiento, lo cual no impedía que hiciera algunas canciones jocosas alusivas a la procesión (pinchar aquí), ya que siempre conservaba esa alegría que tiene un auténtico católico. No entendía esos "cristianos tristes" a los que solía llamar "meapilas". Para él la Fe era su razón de ser y fuente de su alegría.

Para ver como vivía de intensamente la recogida Semana Santa de Pamplona de aquellos años, con curiosas fotos puedes pinchar aquí.

Pero también, para variar, estudió y escribió sobre sus queridas procesiones y tradiciones pamplonesas (que no se perdía una) de estos días santos. Y como muestra vale este botón:




PROCESION DE VIERNES SANTO EN 1828


A ver el nuevo paso

que va en la procesión,

vinieron los aldeanos

de toda la región.

            A juzgar por el acto que a continuación se copia, no fue muy solemne que digamos la procesión de Viernes Santo del año 1828.

            Dice así el acta que levantó la Ciudad el día 24 de marzo del año arriba indicado:

            Se juntó la Ciudad en su Casa Consistorial a las cuatro y media de la tarde, y pasó al convento de la Merced yendo como particulares por el mal tiempo, y formados en la puerta de la iglesia de la Merced con los clarines tocados a la sordina, teniente de justicia y ministros.

            Entró en la iglesia y recibida por la Comunidad de dicho Convento, se colocó en los bancos de dentro del januado, e inmediatamente se formó la procesión con la bandera de la Soledad llevada por el prior de dicha cofradía don Esteban Errazu, regidor, con los señores consultores de borlistas y los pasos de la Despedida, Cristo Alzado, Sepulcro y Soledad que son los que únicamente salen hace algunos años, la Capilla de Música, la Comunidad de dicho Convento con su preste que llevaba una reliquia del Lignum Crucis, cerrando la Ciudad, y marchando con el señor abanderado y los pasos muchas personas, unos entunicados, otros no; alumbrado con hachas, llevando también éstas el Ayuntamiento, y por el mal tiempo desfiló la procesión por la calle de Dormitalería y entrando en la Santa Iglesia por la puerta principal.

            Pasó por entre los púlpitos y el coro, y estando el Cabildo Mayor en las caponeras de él, y salió por la puerta de San José y por la calle de Curia, Compañía y Merced, volvió a entrar en la iglesia de dicho convento, en donde dicha la oración de la Pasión, se terminó el acto, y regresó el Ayuntamiento a su Casa Consistorial en forma.

            Poco más o menos en esta misma forma y con los mismos pasos se verificó la procesión del Viernes Santo, hasta el año 1832.

            Este mismo año, varios vecinos de Pamplona, deseando dar mayor esplendor a la procesión del Viernes Santo, restauraron un viejo paso que yacía arrinconado y envuelto entre trastos viejos en una de las Casas de Hospicio de la Ciudad, y previo permiso del ayuntamiento, salieron tan orondos y satisfechos con el Santo Simulacro que representaba la Oración del Huerto, causando el nuevo paso al ser paseado por las calles de Iruña la admiración y asombro del sinnúmero de aldeanos que vinieron a Pamplona ese año a ver el nuevo paso.

            Se fundó con este motivo una cofradía con el nombre de La Oración del Huerto, en la que ingresó muchísima gente, que trabajó con gran entusiasmo por aumentar el esplendor de la procesión. Los trabajos se vieron coronados por el éxito, pues al año siguiente de 1833, siendo prior de la Cofradía José Antonio Romeo, pudieron sacar un nuevo paso que representaba Nuestro Señor con la Cruz a cuestas.
            Al año siguiente, la procesión se vió aumentada con el paso de los Azotes a la Columna. Fue prior de la Cofradía en ese año de 1834, don Antonio Iraizoz.

            Vino luego la guerra de los Siete Años, y durante este tiempo, como la mayor parter de los que iban en la procesión y cargaban con los pasos, se fueron a los carlistas a cargar contra los guiris, perdió la procesión el esplendor que había adquirido gracias a los trabajos y entusiasmo de la Cofradía de la Oración del Huerto.

Premín de Iruña

Y sin más me despido esperando que nos veamos esta tarde en "el Voto de Las Cinco Llagas" cuya historia escribió mi padre en un libreto que puedes leer aquí (parte 1, parte 2 y parte 3) . Después viviremos las diversas procesiones y actos que organiza nuestra querida Hermandad de la Pasión del Señor a la que por supuesto petenecía el aitacho, y en los preciosos actos de la catedral. Y luego, tras la emotiva y poco conocida procesión del encuentro del Santísimo con Santa María la Real tras la vigilia de Sabado Santo... ¡Feliz Pascua de Resurección!.

lunes, 3 de marzo de 2014

Carnavales de antaño, por Ignacio Baleztena



Querido lector, con todo lo que le gustaban al aitacho las fiestas y los disfraces, comedias y demás “mojigangas”, nunca fue muy aficionado al carnaval. Y es que en Pamplona normalmente no ha tenido mucho predicamento esta fiesta, excepto en contadas excepciones como vamos a ver, que por lo que sea no han cuajado en nuestra vieja Iruña.

            El caso es que pese a todo estamos en lunes de carnaval, y Tiburcio de Okabío, Premín de Iruña o Ignacio Baleztena también escribió sobre este tema, como veremos en la siguiente iruñería:




“LOS CARNAVALES DE ANTAÑO


            El origen del Carnaval es una cosa de las muchísimas que se encuentran perdidas en la socorrida noche de los tiempos.

            Eruditos que se han aventurado a realizar esta investigación nos aseguran que su origen hay que buscarlo en las fiestas y regocijos que seguían a las faenas de la vendimia. En ellas los vendimiadores entonaban himnos a Baco y, después de copiosas libaciones, cantaban y bailaban, terminando para dar digno colofón al regocijo por embadurnarse las caras con las heces del mosto.

            Estas juergas, al tomar carácter religioso, fueron dedicadas a Dionisos o Baco y los sacerdotes del regocijado dios, para no manchar sus barbas respetables y albas túnicas al pintarse los rostros, idearon cubrirlos con una especie de caretas de papiro que se hacían con las hojas de una planta llamada aretion. Según Virgilio, se utilizaba también, para este objeto, la corteza de ciertos árboles sagrados.

            Creo yo, que aunque nunca hubiera existido las fiestas en honor a Baco ni el patriarca Noé hubiera inventado el vino, la práctica de pintarse las caras y vestirse de mamarrachos en señal de juerga y diversión, hubiera surtido espontánea en la humanidad.

            Y si no, hagamos una prueba. Reunamos en un local una colección de mocetes de diferentes razas, pueblos, costumbres y religiones, que no hayan visto en su vida una máscara ni hayan oído nombrar a Noé ni a Dionisos ni que hayan jamás existido las carnestolendas. Sentémosles en torno a una mesa y sirvámosles una buena chocolatada. Cuando se haya roto el hielo de la primera entrevista y empiecen a animarse, abandonemos el salón dejándolos a su aire. ¿Se apuestan ustedes cualquier cosa, a que, si volvemos a los pocos minutos, los hallamos a todos con sus deliciosas caricas embadurnadas de chocolate, simulando cejas monstruosas, patillas estrepitosas, mostachos a lo kaiser, bigotillos a lo charlot y cuantos caprichos facial-capilares haya podido idear la presunción masculina a través de los tiempos?

            Y si, en vez de críos, reunimos hombres hechos y derechos, el caso se repetirá corregido y aumentado. Por lo visto, la tendencia a ponerse raro para divertirse más es una cosa innata en la humanidad.

            Esto no estaría del todo mal, si supiéramos mantenernos en el justo medio, pero resulta que, una vez que se ve uno con la cara tapada y vestido de colorines, tiende, sin darse cuenta, a hacer el gamberro. Y eso debió ocurrir en Pamplona, en tiempos pasados, como se deduce de lo que aconteció y se acordó en la sesión del miércoles 16 de febrero de 1619.

            En ella, el sesudo y discreto marqués de Santacara recordó a sus compañeros de la corporación municipal que eran próximos ya los nefandos días de las Carnestolendas y que en estas fiestas de paganas reminiscencias, solían acontecer grandes disturbios y disensiones, con motivo de bailes, máscaras y mojigangas. Y al presente, añadía, peligra muy mucho, se acentúen estas perturbaciones, por entrarse, en la ciudad, dos tercios de soldados y, entre ellos y los vecinos, estudiantes y curiales, acaso podrían resultar riñas que degeneraran en muertes, heridas y otros excesos. Ante todo lo cual opinaba que convendría que la ciudad publicase bando mandando a todos sus vecinos, habitantes y moradores se abstuviesen de salir durante dichas fiestas disfrazados en mojigangas y bailes.

            A todos los rexidores parecieron de perlas las discretas razones del señor marqués y, por unanimidad, acordose cargar al docto secretario, Don Juan de Urdániz la redacción del bando prohibitivo. Y el erudito don Juan preparó el que a continuación se copia. Por tratarse de una resolución que rezuma sesudez y buen criterio, somos de opinión que no debe permanecer inédita. He ahí la elucubración municipal:

            “La muy Noble y muy Leal Ciudad de Pamplona, Cabeza del Reyno de Navarra y sus Rexidores en su nombre:

            Hace saber a todos sus vecinos, habitantes y moradores a quienes pueda y deba comprender este bando, que la experiencia ha enseñado los disturbios, disensiones, pendencias, heridas y muertes y otros daños que han resultado y resultan desde el domingo de Carnestolendas, hasta el día de Ceniza, con ocasión de bailes de máscaras, mojigangas y otras, con gran deservicio de Ntro. Señor y de la causa pública. Y deseando ocurrir el remedio, ordenan y mandan que ninguna persona, grande ni pequeña sea osada en salir los tres días de Carnestolendas, primero vivientes, disfrazados en bailes, mojigangas ni en otra manera, pena de que serán castigados con todo rigor en sus personas y bienes, con más los daños que pudieran resultar y que se ejecutarán así en los padres de familia y amos y otras personas que los permitiese salir de sus casas, a arbitrio de la Ciudad; y para que venga a noticia de todos y nadie pretenda ignorancia, se manda pregonar públicamente por los puestos acostumbrados, Fecha en la Ciudad de Pamplona a 18 de febrero de 1689”.

            El carnaval callejero no murió, sin embargo. Volvió a brotar, pero no creemos que nunca tuvo en  Pamplona mayor importancia. El que nosotros conocimos, se reducía en contadísimas comparsas y máscaras sueltas, ataviadas con trajes alquilados a la viuda de Minué, y caretas compradas en casa de Razquin. Algún oso marino que otro, la máscara del higuí, rodeada de mocés que cantaban aquella de -Ay Levitón- me gusta mucho el vino… y pare usted de contar.

            Lo único digno de notarse eran los elegantes y animados bailes, organizados en el Teatro Gayarre por el Casino de Eslava, en el que derrochaba el buen gusto y sano humor.

            Antes de la guerra civil del 78, por lo que oímos contar a nuestros mayores, fueron animadísimas las reuniones carnavalescas que se verificaban en el Casino Principal, que en aquel entonces tenía sus locales en el Vínculo. Disponía de unos locales espaciosos en los que podían bailar cómodamente más de cien parejas . La comisión la formaban vitaliciamente los hermanos Lagarde, Aillón, Villanueva, Iturralde, Ansoleaga, López y Rosich. El salón quedaba artísticamente arreglado bajo la sabia dirección de Casildo Lagarde y Juanito Iturralde y Suit, y el ambigú era servido por Monteverde.

            Se daban tres bailes a los que asistía lo más selecto de la población; la concurrencia era inmensa y el lujo extraordinario, muchas las máscaras, y ataviadas con muy buen gusto.

            “Recuerdo, decía un contemporáneo, que de una tertulia muy nombrada acudieron doce muchachas preciosas disfrazadas de horas, y otro grupo de jóvenes del alfabeto. Ambas comparsas muy bien caracterizadas y lujosamente ataviadas, así como las demás, que no cesaban de dar bromas, constituían un conjunto agradabilísimo”.

            Ya por entonces (1860 y pico) habían pasado a la historia los minués y pavanas. Estaban de moda los lanceros, poleas, mazurcas, walseses Bostón y corridos. El cotillón, con su obligado acompañamiento de rigodones, vino después. Todos ellos, muchos de los cuales llegamos a conocer en nuestra lejana edad de percebe, fueron barridos y desterrados ante el empuje del tango, foxtrot y otros, los cuales, a su vez, se han visto desbancados por el bugui-bugui, samba… y así irá ocurriendo mientras el mundo sea redondo y gire y de vueltas vertiginosas, haciendo perder la cabeza y el sentido común a la inconsciente humanidad.
Tiburcio de Okabío
Diario de Navarra. 27 Febrero, 1949”

Hasta la próxima entrada que será quizá relacionada con la cuaresma, ya que viene el Miércoles de Ceniza, en que un año más acompañaremos al Cristo Alzado hasta la catedral, si Dios quiere.

sábado, 1 de marzo de 2014

Ignacio Baleztena y Sir Samuel Hoare en los sanfermines de 1941



Querido lector, veíamos en anteriores entradas como el aitacho y la familia Baleztena daba asilo y alojamiento a las más variadas personas durante la II Guerra Mundial. (pinchar aquí y aquí). Pues bien, una de los que se alojó en Casa Baleztena fue sir Samuel Hoare. ¿Y quién era este personaje?. Pues una mezcla de diplomático y espía que fue nombrado en mayo de 1940 embajador del Reino Unido en España. Churchill le había encomendado la misión de evitar que España entrara en la guerra a favor de Alemania.

Así el susodicho embajador buscaba bajo manga contactos e informadores entre las gentes de las más diversas procedencias, a la vez evitando enfrentamientos diplomáticos con Franco con quién mantenía una tensa relación.

Sir Samuel Hoare

Por esas cosas de la vida, buscando posibles aliados entre los carlistas, vino a recalar con su mujer en Casa Baleztena en los sanfermines de 1941, cosa que no fue muy bien vista por germanófilos y pro franquistas, que organizaron una protesta contra la familia frente a la casa por acogerlos.

Y qué más quería el sanferminero Ignacio Baleztena que agasajar a un embajador inglés a su estilo. Puso en marcha su maquinaria mezetil para prepararle un completo programa, así que le organizó con el Muthiko Alaiak (peña sanferminera creada por mi padre e integrada fundamentalmente por carlistas) una exhibición de danzas en su honor. Además ya tenía todo arreglado para que le brindaran un toro un día en el que, junto con su hermano Pello, iban a acompañarle a ver una corrida.

El embajador que venía con una misión más bien discreta tuvo que convencer, no sin dificultad, a mi padre de que igual no era lo más prudente organizar semejante guirigay y que por motivos diplomáticos era mejor suspender lo de los danzaris del Muthiko, el brindis del toro y otras notoriedades del estilo, aunque todo esto no fue óbice para que el británico sir disfrutara de unos sanfermines a lo grande guiado por el aitacho, que era el mejor cicerone para este menester.  

Y mientras establecía contactos destinados a indagar la posición de los carlistas frente a Franco y en caso de una invasión alemana, entre festejo y festejo se lo pasó en grande, creándose una amistad personal con los Baleztena que duraría de por vida. La cosa es que se fue de Pamplona encantado y además llegó a esta conclusión: «Cuando salí de Pamplona, lo hice con la convicción de que los navarros se hallaban todavía dispuestos a morir por su fe y de que si en cualquier momento se extendía la guerra a la península, los tendríamos de nuestra parte».

Estas historias de familia que se han ido transmitiendo de generación en generación, tengo la suerte de recordarlas de nuevo junto con mi prima Roshari Jaurrieta Baleztena, ahijada del aitacho, que las vivió muy de cerca al ser contemporánea a todas ellas y además tener una memoria prodigiosa. Que Dios se la conserve muchos años.

Y como epílogo y curiosidad personal, comentaré que años después, cuando me fui en plan aventura a buscar trabajo en Londres, llevaba una carta escrita por mi padre a su viejo amigo Lord Templewood (que era ni más ni menos que el propio Sir Samuel Hoare) para que fuera a visitarle sabiendo que allí me acogerían con cariño. La verdad es que por no hacer caso acabé durmiendo en una siniestra pensión abrazado a la maleta, pero esto es otra historia que no viene a cuento.
Y hablando del Muthiko Alaiak y el grupo de danzas veremos lo que ocurrió en Bayona en breve, pero antes de eso y por las fechas carnavalescas en las que estamos antes introduciré una iruñería sobre los carnavales de antaño en Pamplona, si Dios quiere.