Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

lunes, 23 de mayo de 2011

La aparición de la Virgen del Camino I

Reina y Señora de Pamplona

Querido lector, durante este mes mariano seguimos con entradas relativas a la Virgen, sobre la que tanto escribió el “aitacho”. Ya conoces seguramente que el patrón de Navarra es San Francisco Javier y que el de Pamplona es San Saturnino. ¿Pero ya sabes quién es la Patrona de Navarra?. Como pista te digo que está en la Catedral. No obstante de lo que nos vamos a ocupar en esta entrada es de la Patrona de Pamplona, que es nada más y nada menos que Nuestra Señora del Camino, que ostenta el título de Reina y Señora de Pamplona y es venerada en la Iglesia de San Saturnino. O sea que si vas allí te encuentras con nuestro santo patrón y nuestra Santa Patrona de una tirada. 

Retablo de Nuestra Señora del Camino, Reina y Señora de Pamplona, en la Iglesia de San Saturnino, tomada de http://www.unav.es/arte/cmn/pamplona/pamplona3/lam11.html
Y todo esto viene a que estamos en plena octava de la Virgen del Camino (del 21 al 28 de Mayo) lpor lo que aprovecho para introducir una iruñería que mi padre, Ignacio Baleztena, escribió sobre la historia de la aparición de la Virgen del Camino. ¿La conocías?.

"APARICION DE LA VIRGEN DEL CAMINO


            En 1487, disfrutaba Navarra de una relativa paz. Los bandos agramonteses y beamonteses que durante tantos años ensangrentaron los campos de Navarra habían momentáneamente depuesto las armas, aunque bien se dejaba ver, que la más ligera chispa bastaría para reavivar un fuego tan sólo amortiguado.

            El Conde de Lerín, jefe del bando beamontés, era en realidad el jefe y señor de Pamplona y casi toda su merindad, y sus órdenes obedecidas y respetadas, más que si emanasen de los reyes; estos, Don Juan y Doña Catalina, recién casados, se hallaban en Pau, esperando la ocasión de presentarse en Pamplona para ser reconocidos y jurados en su iglesia catedral.

            Estando así las cosas, la madrugada de un día del referido año, el vecindario de Pamplona fue despertado por un estruendoso repique de todas las campanas de la parroquia de San Cernin. Las gentes saltaron de sus camas despavoridas, pues tiempos eran aquellos en que el bandear de las campanas, más era para llamar a rebatos y duelos que para anunciar glorias y alegrías.

            Pero en esta ocasión, las campanas volteaban alegremente, presagiando buenas nuevas. Los ciudadanos salieron a las calles, y en busca de noticias se dirigieron a la iglesia de San Cernin de la que procedía el bullicioso campaneo.

            Sucedió, que aquel día, al abrir el sacristán de par de mañana las puertas del templo, se colaron por ella discutiendo, murmurando y regañando un montón de madrugadoras mujericas beatas; pues en aquel entonces, como ahora y como lo será siempre y en todo tiempo y lugar, las devotas entran y andan por la casa del Señor, con más fueros y confianza que Pedro por la suya propia..

            Al llegar junto al altar les pareció ver que sobre una viga próxima al presbiterio se destacaba un bulto extraño; la velada luz matutina que se filtraba a través de las vidrieras del ábside, no iluminaba lo suficiente para distinguir lo que pudiera ser el misterioso envoltorio. Pero, en esto, un rayo más vivo, al atravesar los pintados cristales, dio de lleno sobre un precioso simulacro de la Virgen Santísima con su Niñico en el halda, que parecía bendecir con celestial sonrisa al medrosico grupo de las viejas madrugadoras. Se prosternan de rodillas, y al intentar rezar, tan sólo saben decir y repetir:

            -¡Milagro, milagro!

            El sacristán seguido de las más decididas se lanza como una exalación por la escalera de la torre y, una vez arriba, empiezan como poseídos a bandear furiosamente cuantas campanas había en ella, sin que afortunadamente aconteciera lo de la conocida canción:

                                               “De tanto bandearla
                                               se rompió el badajo
                                               y al venir abajo
                                               hizo ¡cataplán!”

            Todo Pamplona al enterarse del acontecimiento corrió a la iglesia apretujándose bajo sus naves. Todos querían adorar la imagen y besarla. La Cuenca se despobló toda rasa para venir a ver la Virgen Milagrosa; en fin, que en la capital y alrededores era optimismo, alegría y entusiasmo, cuando una numerosa cabalgata castellana de encapuchados penitentes llegó ante el portal de San Llorente y, enarbolando bandera blanca, pidieron a los guardianes licencia para entrar, pues querían ponerse al habla con las autoridades de la Ciudad. Procedía esta singular embajada de Alfaro, y la componían sus rexidores y las más destacadas personalidades civiles y eclesiásticas de la misma.

            El estado de paz en que se encontraban los reinos de Navarra y Castilla, y el nada bélico atuendo de los caballeros, disipaban toda clase de recelos y las puertas de la Ciudad les fueron abiertas. Apeáronse de las cabalgaduras y …"

            A qué vinieron los mencionados caballeros? Esto será en la próxima entrada, si Dios quiere

jueves, 19 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (y VIII)

Querido lector, finalizamos las historia que el “aitacho” escribió sobre “Y la Virgen de Ujué ¡Venga a milagriar!”, seguramente para alguna conferencia, y que hemos estado saboreando durante este mes dedicado a la Virgen. Sin más aquí te dejo con la conclusión de esta serie de entradas.


“…Y LA VIRGEN DE UJUE …
¡VENGA A MILAGRIAR! VIII

Manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar!"
 
La defensa, ya, era imposible; así es, que se oyó el ¡sálvese quien pueda! Y cada cual no pensó más que en huir por la sierra, aprovechando las sombras de la noche.

            Don Juan Villanueva, don Francisco Ibarrola y don Pedro Ozcoydi se multiplicaron para ordenar la retirada de los muchachos, y gracias a sus esfuerzos y órdenes, pudieron todos abandonar el pueblo, a excepción de cinco que cayeron muertos por los disparos del enemigo.

            Viendo ya en salvo sus fuerzas, pensaron estos valientes jefes en salvarse ellos mismos, y ya a la madrugada, montando a caballo, intentaron salir del pueblo, pero se vieron con todas las bocacalles ocupadas por el enemigo. Ibarrola y Ozcoidi consiguieron abrirse paso, pero Villanueva no pudo seguir a sus compañeros, pues su caballo, herido de varios balazos, no pudo salvar la barrera formada por los constitucionales.

            Aprovechando las últimas fuerzas de su caballo se fue por otra bocacalle, y aunque ocupada, también, por los enemigos, consiguió abrirse paso a sablazos y se lanzó monte abajo con gran peligro de despeñarse.

            Una partida enemiga de caballería, cogiendo un “alcorce” iba a cortarle el paso, cuando se presentó en lo alto del pueblo un animoso vecino de Ujué, llamado Pedro Górriz, que empezó a arrojar grandes piedras contra los constitucionales, al par que daba voces de:

            -¡Formación, voluntarios! ¡primera compañía, fuego! ¡la segunda, a la bayoneta! ¡duro a ellos, que hay que acabar con la canalla!

            La confusión y sobresalto que siguieron a estas voces los perseguidores, las aprovechó el perseguido para coger una gran ventaja; pero, a la legua escasa de carrera el caballo cayó muerto a consecuencias de las graves heridas recibidas.

            -¡Ya es nuestro! (Gritaron los constitucionales al verlo caer). Uno de ellos, que se había adelantado mucho a los demás, venía sobre Villanueva, cuando su caballo se paró en seco, saliendo el jinete disparado por las orejas, dando en el aire más vueltas que un irulario.

            Poco respiro iba a ser éste para el pobre don Juan, pues los demás soldados se le venían ya encima. No le quedaba a Villanueva otro recurso que encomendarse a la Virgen de Ujué, y con tanta fe lo hizo, que Ella, jamás sorda a los ruegos de los navarros, permitió que un caballo que andaba suelto por los campos pasara al lado del valiente Juanito de la Rochapea. Resultó que el tal caballo era propiedad del oficial realista Agustín Esparza (a) Catachuan.

            Saltó Juanito sobre él (el caballo) en un decir Jesús, y soltando un ¡Viva la Virgen de Ujué! picó espuelas, dejando a sus perseguidores con un palmo de apéndice nasal, lo que no les impidió lanzar la variadísima colección de tacos y maldiciones del no publicado diccionario del Mal Hablar, contra el fugitivo.

            Mientras huía, hizo Villanueva promesa solemne de visitar a la Virgen de Ujué al terminar la guerra con los cruceros de Tafalla, descalzo y con una Cruz a cuestas mayor que la del Humilladero.

            -¡Qué pecaus más gordos habrá hecho ese tío, cuando va descalzo con ese cacho Cruz (decían los demás cruceros al verlo subir de esta guisa)

            Pero al saber quien era, recordando el por qué de la promesa, no faltó quien refunfuñó:

            -¡Ah falso, más que falso! Ya podía haber cogido una Cruz más grande, porque ¡menudo milagro hizo con él la Virgen!"

Y así finaliza el manuscrito de mi padre en el que nos ha contado durante varias entradas cómo la Virgen de Ujué estuvo al quite protegiendo su pueblo y los ujuetarras frente a franceses y liberales que querían borrarlos del mapa. 
Ignacio Baleztena (a la derecha junto al borde del camino), gran devoto de la Virgen de Ujué, de romero a pricipios de siglo (posiblemente 1916) con el santuario al fondo.
Así que si Dios quiere en la próxima entrada podrás conocer o recordar una cosa de Pamplona...

martes, 17 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (VII)

Querido lector, seguimos con el manuscrito del “aitacho” sobre “la Virgen de Ujué ¡Venga a milagriar!”

“… Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! VII

Manuscrito de Ignacio baleztena sobre "Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar!"
Ocho años después de estos sucesos, se les ocurrió a los “conscientes e intelectuales” de la Península proclamar la constitución, y por obra y gracia de esta proclamación quedó el Reino de Navarra convertido en una simple provincia ¡Una gracia de los guiris!

            Los navarros vieron con muy malos ojos este cambio de cosas y esperaron se presentase la primera ocasión favorable, para dar al traste con la Constitución y sus defensores.

            Formose en 1821, una junta para dirigir los trabajos del levantamiento del Reino contra el moderno sistema, formado por don José Joaquín Mélida, (abad de Barasoain), don Francisco Benito Eraso (de Garinoain), don Joaquín Lacarra (canónigo de Pamplona), don Juan Villanueva (de Pamplona), don Santos Ladrón (de Lumbier), don Martín Uriz (de Sada) y el abad de Ustárroz, don Pedro Martín.

            Los sangüesinos no pudieron reprimir sus impaciencias, se sublevaron el día 7 de diciembre de ese año; rompieron la lápida de la Plaza de la Constitución y se echaron al campo sin esperar el mandato de la junta. Su ejemplo, fue imitado por los de Puente y los de Valdorva, y en un periquete por toda Navarra. Se organizaron como mejor se pudo estas fuerzas espontáneas, que mal armadas y fatigadas por las continuas persecuciones de las tropas del gobierno, fueron derrotadas en Larrainzar el día 25 de diciembre por el navarro constitucional don José Cruchaga, quien en este fácil triunfo, acreditó poseer la cualidad más honrosa y más difícil de hallar en el vencedor: la piedad y nobleza con el vencido.

            Gracias a su energía y humanos sentimientos, los soldados constitucionales no llevaron a cabo sus intenciones de lanzarse al degüello de los que, a falta de armas y municiones se entregaron sin condiciones, fiados, tan sólo, en la piedad del vencedor.

            Los que pudieron huir se dividieron en dos secciones, siguiendo, la una, a don Santos Ladrón, que se refugió en los montes de Aoiz, y a Juanito de Villanueva, los otros. Perseguidos muy de cerca estos y sin descanso por sus enemigos, se refugiaron en la villa de Ujué, fiados en la lealtad de sus habitantes y en el entusiasmo que siempre habían demostrado por el sistema tradicional. Y efectivamente, todos, hombres y mujeres, niños y ancianos, se esmeraron en proteger y cuidar a los fugitivos, llevándolos a descansar a sus casas y dándoles de comer. Y a fin de que descansasen tranquilos se comprometieron los vecinos todos a hacer las guardias por los alrededores del pueblo para observar los movimientos enemigos.

            Estos, guiados por algunos malos navarros conocedores del país, aprovechando la noche, que se presentó obscurísima, llegaron de improviso al pueblo subiendo por “lo de” Sabaiz; paraje en el que, por ser muy accidentado y muy difícil acceso, no se colocaron los suficientes guardias ¡Cualquiera pensaba que los guiris se iban a meter por semejantes andurriales!

            La defensa, ya, era imposible…,”

Pero esperemos a la próxima entrada si Dios quiere para conocer su desenlace.

viernes, 13 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (VI)

"El trece de Mayo la Virgen María bajo de los cielos a Cova de Iría"

Querido lector, hoy trece de Mayo, día de la Virgen de Fátima seguimos contando lo que el “aitacho” nos  narraba en la anterior entrada sobre la intercesión de otra advocación mariana, la Virgen de Ujué, que junto con San Sebastián echo una ayudica a los ujuetarras frente al francés, como lo verifica con una crónica que se conserva en el “Archivo del Reino de Navarra” y que transcribo a continuación:

“…Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! VI


Una crónica del tiempo, que se conserva en el Archivo del Reino de Navarra, nos refiere así este milagroso suceso:

“… La casa prioral se halla contigua a la iglesia, rompen sus puertas, amontonan en cinco estancias distintas pajas de centeno, ramas secas, jergones, sillas, etc., pero a pesar de los grandes tizones con que se empeñaron con el mayor ahínco estos tan propios combustibles no hubo fuerza humana para que prendiera el fuego; y aunque este hecho se resista creerlo a los fanáticos del día, quienes se mofan de la visible protección de Dios por medio de sus santos, muchos testigos lo depondrán con su juramento y en ellos, alguno revestido de carácter sacerdotal por lo que no hay duda se hizo patente en esta ocasión la protección de la Virgen de Ujué, en cuyo poderío se cimientan las hazañas de este pueblo.

            La furia se manifiesta en los semblantes de todos los soldados: echan mano del último recurso: un puchero de alquitrán habido de prevención; creen con este rocío llevar adelante su proyecto, ¡pero qué fútiles son los recursos de los hombres contra el poder de Dios!

            En el momento, aparece un hombre vestido de negro entre la tropa francesa sin dificultad, dirigido por Dios: nadie sabe quien es, nadie lo conoce, nadie sabe por donde vino, lo que parece imposible hallándose ocupados todos los caminos y aun el mismo término con innumerables gentes, pero lo cierto y sin disputa es que la tropa partió con tanta precipitación hacia Tafalla, que ni aun tuvieron lugar para usar del mencionado combustible.

            Digan de lo referido cuanto gusten los que se llaman filósofos del día, atribúyanlo enhorabuena al acaso a una imaginación acalorada, a causas naturales, pero su propio convencimiento se patentiza con el mismo débil base del acaso en que se funde su efímera o ninguna sabiduría, con que como locos se empeñan atacar los incontrastables arcanos de nuestra sacrosanta Religión.

            Reflexionen la incertidumbre de sus mal combinados cálculos. ¡Qué efectos tan contrarios han producido en la última guerra, a pesar de sus infalibles pronósticos con que intentaban bautizarlos!”

Y en la próxima semana continuará si Dios quiere.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (V)

“… la Virgen de Ujué,
Madre del navarro pueblo…”

Querido lector, continúo en este mes de Mayo dedicado a la Virgen, y en el entorno de las romerías a Ujué, transcribiendo este manuscrito del “aitacho” que comienza en entradas anteriores.

“…Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! V


Manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "Y la Virgen de Ujué ¡Venga a milagriar!
 
¿Y qué diremos del milagrico que ocurrió en el año 1812, cuando los franceses quisieron quemar el pueblo?

            Deseando los “gabachos” escarmentar esta villa, de la que tanto daño recibían, decidieron llevar a cabo con ella un fuerte castigo, que sirviese al mismo tiempo de ejemplo y escarmiento a cuantos pueblos de Navarra mostrasen su hostilidad a las tropas imperiales.

Bandera usada por los navarros en la Guerra de la Convención contra la Revolución Francesa y posteriormente en "la francesada", conservada por Ignacio Baleztena

            Nada mejor que un romance de “autor anónimo” podrá darnos razón del suceso, que por cierto, dio más tarde lugar (el suceso, no el romance) a mil disputas y no pocos puñetazos entre tafallicas y ujuetarros.

            Decían estos, que la Virgen de Ujué fue la autora del milagro, mientras que aquellos aseguraban que fue San Sebastián (aunque los de Ujué no se lo merecían) el que se compadeció de ellos.

            Por fin, vínose a un acuerdo. Efectivamente, San Sebastián es el que se apareció a los franceses, pero… mandado por la Virgen de Ujué…

Del castillo de Pamplona
más de mil hombres salieron
mandados por muchú Brun,
el gabacho más perverso
de todos los que mandaban
el ejército extranjero.
Quedaron en San Martín
de reserva setecientos
y los restantes llegaron
llenos de odio y veneno,
para descargar sus iras
sobre este pueblo indefenso.
-A este pueblo de brigantes,
decía el jefe extranjero,
que no quiere obedecer
a Napoleón primero,
es menester castigarlo.
Lo hais de quemar, todo entero.
Y los soldados franceses,
impíos y sarracenos,
obedeciendo el mandato,
se esparraman por el pueblo
cogiendo por todas partes
leñas, pajas y sarmientos.
Y a la casa del vicario
el combustible metieron
pues por la casa del cura
debía empezar el incendio.
-¡Virgen de Ujué, madre mía!
¿Consentirás que este pueblo,
que te alaba y te bendice,
perezca pasto del fuego?
Así, dentro de la iglesia
exclamaba un pobre viejo
que por sus años no pudo
huir con los demás del pueblo.
Y la Virgen que a Navarra
le tiene amor verdadero,
al arcángel San Miguel
y a los ángeles del cielo
les mandó, todos a una,
volar encima del pueblo.
Y con las alas formaron
tan fuerte y tan recio viento
que no consiguió el francés,
a pesar de sus esfuerzos,
encender los combustibles
destinados para el fuego.
Furioso el jefe gabacho
mandó traer un puchero
de alquitrán, de las calderas
del mismo Pedro Botero,
y mandó rociar las leñas
de alquitrán, que por lo negro,
mesmamente parecía
su alma y corazón perversos,
mientras que lleno de rabia
decía el muy sacrílego
-¡Veremos si ahora la Virgen
puede apagar este fuego!
Pero la Virgen de Ujué,
Madre del navarro pueblo,
le llamó a San Sebastián,
el santo más milagrero
que hay después de San Fermín
y San Javier en los cielos;
y le dijo que impidiese
a toda costa el incendio.
El Santo se apareció
todo vestido de negro,
y les entró a los franchutes
un miedo tan grande verlo,
que escaparon como el alma
que lleva el diablo al infierno,
y de entonces en jamás,
nunca por Ujué volvieron.

¡Y si no es esto milagro
que venga aquí Dios a verlo!
           
            Una crónica del tiempo, que se conserva en el Archivo del Reino de Navarra, nos refiere así este milagroso suceso...”

Pero para conocerlo, tendremos que esperar a la próxima entrada si Dios quiere.

lunes, 9 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (IV)

¡Virgen de Ujué, protégenos!

Querido lector, siguiendo con las entradas de este mes de Mayo dedicado a la Virgen, y en el entorno de las romerías a Ujué, te sigo transcribiendo este manuscrito del “aitacho” que comienza en entradas anteriores.

“… Y LA VIRGEN DE UJUE…
¡VENGA A MILAGRIAR! IV

Manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar!"

 II

 Otro milagrico, y no menor, dispensó, en 1809, la Virgen de Ujué a unos cuantos vecinos, quienes no pudiendo por su edad salir a incorporarse a la División Navarra[1], hacían la guerra a los franceses por su cuenta y razón, tiroteando a los gabachos que pasaban por el camino Real de Tudela a Pamplona.


Los navarros ya combatieron anteriormente contra la Revolución Francesa en el año de 1793 (durante la Guerra de la Convención), como muestra esta bandera de esa contienda conservada por Ignacio Baleztena.
 
            En uno de estos “paqueos”, como hoy se les llama, llegó la osadía de los ujuetarras hasta el extremo de matar en las puertas de su alojamiento de Olite a un capitán francés y su asistente.

            Pero como nunca en las grandes causas falta un Judas, tampoco en esta ocasión dejó de presentarse uno, y éste fue un perdis de Santacara, borrachín y mala persona, que odiaba a los de Ujué por mil motivos, entre los que destacaba, en primer lugar, el que un mozo de esta villa le birló la novia, guapa moceta de Beire y… de posibles.


            Presentóse, pues, el susodicho, que para más parecerse  al apóstol traidor, era rojillo de pelo y alma, a los franceses y les dijo que él sabía donde se reunían los tiradores de Ujué para organizar sus fechorías; y guiados por el judicas se emboscaron los franceses “ande” las Peñuelas, término de Olite, y punto de reunión de los “pacos”. Y en efecto, no tardaron estos en presentarse tranquilos y descuidados sin sospechar el peligro en que se metían. Cuando empezaban a tomar sus posiciones, surgen, de pronto, los franceses apuntándoles a quemarropa con sus fusiles.

            Los ujuetarras, cara está, soltaron el consabido ¡Virgen de Ujué, protégenos! Y no olvidando el precepto divino de: ayúdate, y te ayudaré, acudieron a la ayuda de sus ágiles piernas arreando a correr como novillos encohetados.

            Caen los gatillos franceses sobre las piedras de chispa ¡…chis, chas…!, se producen unas chispitas que en ningún fusil prende la pólvora de la carga ¡… que si se ceba…, bueno!, no queda uno ni “p’a contalo” dado la poca distancia a que fueron hechos los disparos.

            Mientras los navarros andábamos a tiro limpio con los franceses (solía repetir uno de los protagonistas de este suceso) la Virgen de Ujué… ¡venga a milagriar, y más milagriar! Menudo quihacer le dimos a la pobrecica.”

Bienvenidos al blog a todos los ujuetarras que os estáis incorporando. Aun os quedan varias historias para disfrutar de “la Virgen de Ujué venga a milagriar” que continuaré introduciendo en las próximas entradas si Dios quiere, para después proseguir con la biografía de mi padre en 1925, que es donde nos quedamos.


[1] De la villa de Ujué salieron voluntarios a los Batallones Navarros 56 jóvenes, de los cuales murieron 20, y fueron heridos 19.

jueves, 5 de mayo de 2011

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (III)

Querido lector, en relación con las romerías a Ujué, dejábamos al “aitacho” contándonos como durante la invasión napoleónica los franceses pretendían arrasar la villa de Ujué (así que para poder seguir el hilo de la historia te recomiendo que leas previamente las anteriores entradas)

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (I)

Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar! (II)


Ignacio Baleztena como romero a la Virgen de Ujué, pintado por su hermana Mª Ysabel

… Y LA VIRGEN DE UJUE
¡VENGA A MILAGRIAR! III

manuscrito de Ignacio Baleztena sobre "Y la Virgen de Ujue ¡Venga a milagriar!"


            Y  Aconteció, que uno de los vecinos fugitivos, anciano de más de sesenta años, “canso” ya, sin fuerza para correr más, se vió alcanzado por un fornido y bigotudo que se echó sobre él dispuesto a partirle por gala en dos del primer mandoble. Resguardose el viejo tras un arbolito que por allí había, y alrededor de él, estuvo jugando al “alalubi” con el húsar, quien desesperado y furioso al par que inútiles tajos y mandobles, descargaba contra su víctima una colección variadísima de frases gruesas y epítetos galaicos, a lo que el ujuetarra, por lo que pudieran significar, contestaba enérgicamente:

            -¡Y yo en la tuya, franchute!

            Viéndose, al fin, perdido irremisiblemente, dirigió el abuelito una mirada al Santuario de la Virgen, y le pidió lleno de fe, que añadiese un milagrito más en la lista del sinnúmero de los que por sus hijos llevaba hechos. No bien había proferido su invocación, cuando distinguió medio oculta entre las zarzas del suelo una hoz abandonada.

            -Ella me la ha puesto (gritó lleno de gozo), la coge, y empuñándola valiente, sale de su escondite dando un vigoroso viva a la Virgen de Ujué.

            El húsar se precipitó sobre su presa, pero el viejo diole un quiebro, que, ni los que por aquellos tiempos daba el famoso toreador peraltes Joaquín Lapuya; y antes que el francés revolviera su montura, el ujuetarra, de un revés, desjarretó al caballo, el cual vino a bajo con gran estrépito, haciéndose el jinete trizas su napoleónica testa en la caída.

Pero como podrás suponer no acaba aquí la historia, así que como en las telenovelas, continuará…,si Dios quiere.