Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

jueves, 9 de diciembre de 2010

Vida de "Premín de Iruña". Con una monja en Salamanca

Querido lector, una vez pasado el puente foral y de la Inmaculada, cuyas festividades han marcado las anteriores entradas, retomaré la biografía del "aitacho" con sus aventuras y desventuras. Nos quedamos en 1912, cuando durante unos sanfermines organizó un buen guirigay con motivo de la celebración del VII centenario de la batalla de las Navas de Tolosa. Aunque no es la única "cosa de Baleztena" que montó  durante las fiestas patronales ese año. Y es que él era muy sanferminero y aportó a las "mezetas" cosas mucho más interesantes (por lo menos, para mi parcial entender de hijo) que algún escritor forastero de reputada fama. Pero antes de meternos de lleno en su actividad festiva, no puedo dejar de contarte una pequeña anécdota que pasaría por alto cualquier sesudo y erudito biógrafo, pero no yo. Y es que esta historia ha tomado especial interés recientemente, en Octubre de este año por... lo que te contaré al final. Para ello nos tenemos que retrotraer a su época de estudiante en Salamanca aunque sea, como se dice en el cine, hacer un "flash back", o como se escriba.

Cuando Ignacio fue a la capital charra a finalizar los estudios de derecho su madre, Dolores Ascárate, le metió en el bolsillo una carta dirigida a una amiga guipuzcoana llamada Juana Josefa Cipitria y Barriola, para que lo atendiera, y de paso velara que no se disipase y siguiera una vida ordenada dentro de lo que se pudiere,  pues, aunque sabía que lo de la vida disipada no iba con su hijo, no lo tenía tan claro con lo segundo tras las peripecias de Deusto... 

Así, ni corto ni perezoso, Ignacio se presentó en la dirección indicada, ni más ni menos, que el convento  fundado por esa misma señora,  una monjica que al tomar los hábitos, como ocurre en estos casos, cambió su nombre por el de Cándida María de Jesús. Se encontró a una religiosa que había sido casi analfabeta hasta los 24 años, pero con un empuje y un "kozkor" que le había llevado, ni más ni menos, a fundar la Congregación de las Hijas de Jesús (las "Jesuitinas" para aclararnos) dedicada a la educación de las mujeres de todas las clases sociales sin distinción, con el "lema" de "donde no hay sitio para los pobres, no hay sitio para mi". A ella con tan poca formación académica le cayó semejante encargo de lo Alto, siendo de nuevo una prueba viviente de como Dios escribe recto con renglones torcidos. La buena religiosa enseguida se percató de que de Ignacio se podía fíar. Dado que al convento que ella misma había fundado acudían chicas jóvenes interesadas en la orden, vio el cielo abierto al encontrar un muchacho joven y de confianza que les acompañara a pasear por la ciudad,  mientras se aclaraba su situación definitiva.

Así, Ignacio, sin quererlo ni merecerlo, se vio envuelto aunque fuera de forma indirecta y por carambola en los inicios de la fundación de las "Jesuitinas". Él mismo contaba, cómo solía provocar la curiosidad de sus amigos salmantinos cuando le veían pasear cada vez con distintos grupos de mozas, y ante sus preguntas, siempre les contestaba con su humor característico "¿Qué de dónde las conozco?, vienen a verme de toda España" lo cual aún reconcomía más las envidias que con tan fausto motivo levantaba entre sus compañeros. ¡Si ellos supieran!.

La madre Cándida María de Jesús falleció precisamente en ese año de 1912 en el que nos situábamos al principio, y el "aitacho" siempre le tuvo posteriormente mucha devoción y nos insistía en que le pidiéramos favores.

Al inicio he comentado, que hace dos meses este encuentro tan aparentemente poco importante ha cobrado especial actualidad y relieve pues Cándida María de Jesús fue elevada a los altares el pasado 17 de Octubre de 2010. Así, que más que titular esta entrada como "Con una monja en Salamanca" debería haberla introducido como "Con una santa en Salamanca".

Santa Cándida María de Jesús, canonizada el 17 de Octubre de 2010
Y ahora, antes de despedirme, te anunció que a partir de mañana, si Dios quiere, conocerás la faceta más sanferminera del "aitacho"; ya se que muchos la estáis esperando como agua de Mayo.

martes, 7 de diciembre de 2010

La fiesta de la Inmaculada. Iruñería 1948

 ¡Ave María Purísima!
Querido lector, con la jaculatoria con que he comenzado era costumbre saludar al entrar en una casa navarra, (por lo menos en la zona de Leiza) y desde dentro se contestaba ¡Sin pecado concebida!, para indicar que sus moradores estaban dentro y se permitía el paso. Hasta este punto está enraizada en nuestra tierra la festividad que celebramos mañana 8 de Diciembre: el día de la Purísima, es decir la fiesta de la Inmaculada. A través de esta "iruñería" escrita por el "aitacho" vas a poder conocer cómo se celebra dicha fiesta en Pamplona:

 
LA FIESTA DE LA INMACULADA
  
            En el Archivo del Excmo. Ayuntamiento de Pamplona se conserva un curioso cuaderno titulado Formulario de los actos y funciones que acostumbra a celebrar la M. N. y M. L. Ciudad de Pamplona, Cabeza del Reino de Navarra; en él consta el ceremonial que el Regimiento de Pamplona usaba para honrar a la Santísima Madre de Dios en el día de la fiesta de su Inmaculada Concepción.

            “El día 8 de diciembre, dice este interesante documento, que es de Ntr. Señora y en el de su octava, concurre la Ciudad como único patrono de dicha festividad, en el  convento de San Francisco. En la forma siguiente:

            El día de Nuestra Señora se juntan en la Casa del Ayuntamiento los señores Alcalde, rexidores, secretario y tesorero, y a las diez van, en cuerpo de Ciudad, con mazas, tenientes de Justicia y clarines y ministros en la forma regular al convento de San Francisco: y a su puerta principal están aguardando el Padre Guardián y religiosos de él, en dos alas para recibir a la Ciudad, y al llegar hacen su cortesía y van adelante, excepto el padre Guardián que se detiene para dar agua bendita.

            Y entrando la Ciudad en el jaunado, ocupa los bancos de felpa, que están preparados en lado de la Epístola, poniéndose el señor Alcalde, y en su ausencia el señor rexidor presidente, el primero en el extremo o esquina del banco de la puerta de la sacristía y los demás señores rexidores, secretario y tesorero, consiguientes por su orden y graduación de manera que el tesorero viene a estar el último en el banco de través y entrada de dicho jaunado.

            Y concluida la misa y sermón, se restituye la Ciudad a la Casa del Ayuntamiento en la misma forma que cuando salió de ella. Y el Padre Guardián y religiosos se ponen a la despedida en la puerta lo mismo que a la entrada, sin variar en otra cosa que en no dar agua bendita…”

            El año 1810 fue la Ciudad sin acompañamiento de clarines pues uno de ellos se hallaba enfermo y el otro preso por la policía francesa por considerarlo desafecto al rey Pepe-Botellas.

            Este año y el siguiente de 1811 se celebró la función en la iglesia parroquial de San Cernin, pues los franceses, dueños de la ciudad, expulsaron de la ciudad a los padres franciscanos, para convertirlo en prisión de guerra.

            En 1820 se proclamó en España la sabia Constitución como la llamaban sus admiradores. Y como los partidarios del Progreso no conciben que éste siga adelante sin antes meterse con todo lo que huela a frailes y cosas de iglesia, acordaron en las Cortes, celebradas en mayo de 1822, prohibir a las ciudades y pueblos de la monarquía constitucional la celebración con cargo a los fondos de los municipios de toda función religiosa, que no fuera la del Corpus, la del patrono de la localidad y el Tedeum del día del aniversario de la proclamación de la Constitución.

            Cayó ante las bayonetas realistas el engendro de Cádiz, según estos le llamaban, y otra vez nuestra corporación municipal volvió a celebrar con toda solemnidad tan simpática y españolísima festividad.

            Terminada la primera guerra civil y entronizado nuevamente el sabio sistema, Pamplona dejó de ser cabeza del Reino de Navarra, para pasar a la categoría de capital de provincia de tercera categoría y ya desde entonces no hizo constar con orgullo nuestro municipio ser Patrono único de la Fiesta de la Concepción.

LA FUNCION DE DESAGRAVIOS
 
            Al domingo siguiente de la fiesta de la Inmaculada, los ediles pamploneses, de toda gala y acompañados de maceros, timbales, clarines y ministros de justicia, se dirigían al convento de San Francisco, para celebrar en su iglesia, la solemne función de los Desagravios.

            El origen de esta función es el siguiente:

            Sabido es de todos mis lectores que, a la muerte del rey Carlos II de España, estalló una terrible guerra europea, con motivo de quién había de suceder al difunto monarca en los reinos y señoríos de la monarquía española.

            Se la disputaban Felipe de Anjou o de Borbón y Don Carlos de Austria. Este trajo a España tropas aliadas, en las que habían varios regimientos ingleses y holandeses furibundos enemigos de la religión católica. Estos protestantes se hartaron de cometer toda clase de desafueros y atropellos contra la iglesias y objetos de culto. Quemaron iglesias, robaron cálices y reliquias, profanaron los tabernáculos… y debieron dejar descendencia, a juzgar por las escenas parecidas que desgraciadamente se han realizado en España en repetidas ocasiones, y que sólo como casos de atavismo se pueden explicar.

            Terminada felizmente la guerra, el rey Felipe V con fecha 23 de marzo de 1711 dirigió al Ayuntamiento de Pamplona una Real Orden, que fue leída con toda solemnidad en el salón de juntas del mismo año.

            En ella disponía el rey que, en consideración de los horrores perpetrados por los enemigos, quemando “las imágenes de los santos, de María Santísima, de Jesucristo Nuestro Señor y lo que más estimula a dolor y religiosa excitación, su Cuerpo Sacramentado” y se celebrasen todos los años funciones de desagravio en todos los pueblos de su monarquía, el domingo siguiente a la festividad de la Concepción Inmaculada de la Virgen Santísima.

            La Real Orden disponía que esta función de desagravios se celebrase en la Iglesia Mayor de cada localidad. La Diputación del Reino quiso ser la organizadora de la ceremonia en la catedral, y el Ayuntamiento de entonces decidió celebrarla, con no menos solemnidad, en la iglesia de los padres franciscanos.

Premín de Iruña. 1948 

(Iruñerías, Diario de Navarra, 1948) 

Y con esta "iruñería" despedimos el puente foral y de la Inmaculada que ha marcado también el ritmo del blog durante estos días. Finalizaré la semana retomando la biografía de Ignacio Baleztena con un pequeño apunte el día 9 sobre una curiosidad desconocida que ya podrás leer en su momento y posteriormente nos meteremos de lleno en su actividad sanferminera, ya que es en estos años de su vida cuando más la desarrolla. Así feliz día de la Inmaculada y hasta el 9 si Dios quiere.

lunes, 6 de diciembre de 2010

De como "Premín de Iruña" nació en ¿1912?. Iruñería 1962

Querido lector, hoy 6 de Diciembre, empalmando el puente foral con el de la Inmaculada, es un gran día que el "aitacho" estará celebrando en el cielo. Y además en esta época la festividad recibe una especial importancia. Me refiero obviamente a San Nicolás, patrón de los "asuntos económicos" al cual nos encomendamos especialmente en estos momentos de crisis, que buena falta nos hace. ¿Y por qué era además importante para Ignacio Baleztena?. Porque es el titular de su Parroquia, donde le bautizaron y a la que perteneció toda su vida. 

Parroquia de San Nicolás en Pamplona

Además a San Nicolás la "mamita", su mujer Carmen Abarrategui, le tenía especial devoción y a él le debemos la familia un especial favor que en otro momento contaré. Hoy estarán el santo de la barquica y los niños junto con "Premín de Iruña" celebrando grandes mezetas en el cielo con chimistes, cohetes, triquitraques, correpiés y otros variados ingenios de fuegos de artificio, al igual que ocurrió en la conmemoración del VII centenario de las Navas de Tolosa en 1912. Ya adelanté un poco lo anteriormente dicho en la entrada previa. Ahora transcribo íntegra la "iruñería" en la que Premín de Iruña" narra este episodio:


DE CÓMO EL QUE SUSCRIBE NACIO HACE MEDIO SIGLO
 
            Muy difícil será que el año 1912 se borre de mi memoria. Aquel año, no sé si para mi bien o para mi mal, nací. Sí señores, nací pero no como el restos de los mortales, que lo hace hechos unas birrias, retorciéndose como lombrices y dando histéricos vagidos. Yo lo hice talludito, juncal, embutido en mi bien torneado físico en severa levita de irreprochable corte u cubierta mi coscoletera por reluciente canariera, vulgo sombrero de copa, o chistera.

            Esta aseveración para que no resulte gratuita, es menester vaya acompañada por su correspondiente explicación. La cual es la que prosigue.

            Hace cincuenta años, celebró Navarra con toda pompa y esplendidez sin par, el séptimo aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa; aquel memorable fecho de armas, en el que nuestro heroico monarca Sancho el Fuerte ganó a matralleco limpio el blasón que luce el histórico Reino de Navarra. 

Primera página del folleto editado en 1912 con motivo del VII centenario de la batalla de las Navas de Tolosa
 
            Con tan bélico motivo se organizaron una variadísima colección de actos religiosos, certámenes, congresos y mil actos profanos que habían de durar todo el mes de julio. Entre los de carácter cultural destacó el Congreso Vitícola. Aún comentan los habituales recorredores de las calles de San Nicolás, San Gregorio, Pellejerías, aquella interesantísima conferencia desarrollada en la novena sesión, por los señores Alboray y Marraco, sobre el tema “Afinidad de las variedades viníferas de la provincia de Zaragoza con los portainjertos de la vid americana”. Duró un par de horas y aún pareciendo pocas a los ilustres congresistas que llenaban el salón de conferencias.

            Vuelvo a insistir en lo que dije hace unos días, actos como éste, celebrados a la hora del encierro, son menester para descongestionar la calle Estafeta y Plaza de Toros y evitar que nuestro típico festejo sucumba asfixiado por hacinamiento humano.

            Pero dejo a un lado encierros, corridas, conciertos, ferias, gigantes, hazañas etéreas de Verdines y Garaler, teatros, circos, visitas regias, etc., etc., para volver al tema objeto de mi tecleteo Underwoodico.

Máquina de escribir "underwood" con la que redactó la mayoría de sus obras Ignacio Baleztena

            Para ello precisa que nos traslademos al 7 de julio del año 1912. Se estaba celebrando con gran pompa y solemnidad la “Sexta semana Social de España”, bajo la presidencia del Excmo. Señor Don Juan Soldevilla, Arzobispo de Zaragoza. Tomaron parte en ella los principales ases de la materia tales como el Padre Gerard, el Marqués de Vadillo, Polo Peyrolón, Don Victoriano Flamarique, Don José Sánchez Marco y otros no menos renombrados en el complicado arte de la sociología. Fue el alma de aquel congreso mi admirado y querido amigo Don alejo Eleta, quien, entre sus mil aciertos, tuvo la equivocación de nombrarme presidente de la comisión de alojamientos. Procuré cumplir del mejor medio que Dios me dio a entender, y parece que no me salió la cosa del todo mal. Me puse de secretario un seminarista muy listo que había terminado el curso cargado de “meritisimus”. Hoy goza de la paz del Señor, muy merecida por sus méritos y vida ejemplar.

            La clausura del congreso se celebró el día 7 de julio por la mañana, después del encierro y antes de la procesión, presidida por el Sr. Pronuncio de Su Santidad Mons. Antonio Vico, a quien acompañaban los señores obispos de Pamplona, Jaca, Tarazona, Vitoria y Astorga. El acto fue solemnísimo y durante él, aunque no consta en las historias, tuvo lugar el acontecimiento aludido en el comienzo de estas “mal pergeñadas líneas”.

            Sucedió que, mientras en la iglesia de Santo Domingo oradores, músicos y cantores se lucían de lo lindo, y seguido de mi secretario, subí a la torre del viejo convento provisto de unas cuantas docenas de cohetes y bombas de lo más estrepitosos que pude hallar en los almacenes de Oroquieta. Iba yo correctamente ataviado de levita, cuello almidonado de un palmo de altura, relucientísimo sombrero de copa y unos zapatos de charol que despedían más brillo que el que del sol recibían. ¡Olé!

            Una vez en la cúspide campanaria, agarré un cohete y ¡chuiiiff… pim, pam, pum…! Le hice rasgar la nítida atmósfera que nos circunda. Siguió a éste una bomba de mil demonios que hizo volar alocadas todas las palomas que ensucian las fachadas de Pamplona. ¡Porropotopóm! Y así se fueron sucediendo en orden alterno cohetes y bombas, hasta que… Permítanme un momento de descanso pues sólo el recordarlo me produce una fatiga y desasosiego de pánico…

            Uno de los cohetes tuvo la avilantez de lanzar una de sus chispas contra una docena de compañeros que esperaban el turno de su ascensión… ¡¡¡furufichs, furufachs… purrumpum pum, purrumpum pam…!!! El caos oroquiético. Los cohetes recorrían alocados el exíguo departamento campaneril; unos dos metros y medio de superficie por cuatro de altura. ¡Purrumpum pum… pum! ¡zis zas! Chocaban contra techo y paredes y yo venga dar saltos, brincos, zinzilipurdis, mientras mi compañero acurrucado en un rincón se encomendaba de todo corazón al Supremo Hacedor. Yo, más que en mi epidermis, pensaba en mi flamante levita, y para evitar su chamusquina no tuve mejor idea que salir al exterior por un reborde de medio palmo que circundaba la torre, y haciendo equilibrios, agarrando con la mano derecha un clavo del que el viejo campanario dominicano colgaba el botijo para refrescar el agua mientras bandeaba las campanas, y clavando las uñas de la izquierda en intersticio de dos ladrillo permanecí de cara a la pared mientras bombas, cohetes, triquitraques, correpiés y otros variados ingenios de fuegos de artificio continuaban armando un rebullicio que jamás en su ardiente imaginación pudo figurarse el propio Lucifer.

            Si un cohete tiene la mala ocurrencia de chocar contra la mano que se agarra al clavo, ¡pobre de mí! ¡pobre de mí! Ya puedes despedirte, de San Fermín!...

            Mientras asustados por tanto estampido todos los vecinos de la calle de los Barquilleros y traseras de la Mañueta y Carmen, asomados en los balcones veían pletóricos de pánico, cómo una especie de espantapájaros vestido de etiqueta desafiaba la muerte que se presentaba en forma de zezenzusko cargado de fuegos de artificio…

            ¡Y pensar, que mientras esta tragedia se desarrollaba en las alturas, allá, en el interior del templo el Orfeón y Santa Cecilia interpretaban lo más selecto de su repertorio sacro; Don Alejo Eleta leía adhesiones de todo el mundo católico y lo más destacado del congreso glosaba la Rerum Novarum por todo lo alto!

            Por fin, Dios permitió que la pálida Parca no esgrimiese su afilada, seguro cortando el hilo de mi existencia,  y cuando terminó el último cohete y a duras penas conseguí volver al interior del campanario, vi a mi pobre compañero desmayado, chamuscado, con todo el traje de color de colilla apagada, que se convertía en ceniza apenas se le tocaba. Cargué con él al hombro y bajé a la sacristía donde pude dar con unas viejas vinajeras que conservaban algo de vino agrio de los tiempos de la desamortización; con él animé su espíritu, pero no hubo modo de hacer lo mismo con su traje que se le caía a pedazos chamuscados a cualquier movimiento.

-Y cómo me arreglo yo para volver a casa, gemía el pobre angustiado.

Por fin di en un armario abandonado con un apolillado hábito de dominico, abandonado por algún hermanico antes de salir expulsado `por el nefasto Mendizábal, y ataviado con él y agarrado a mi brazo, pálido, ojeroso y dando traspiés, conseguí llevarlo a su casa y meterlo en la cama, de la que no pudo salir durante todas las fiestas. El pobre, además del traje, se perdió el churrupeo de vinos generosos y pastas que siguió a la clausura sociológica.

Y ahora, confesarán ustedes, señores míos, que no me falta razón al asegurar que, hace cincuenta años nació el que suscribe, enlevitado, enchisterado, enguantado y con la nuez parapetada tras una almidonada tirilla de cuatro dedos de altura, rodeado, cual beatífica visión, de una aureola reluciente y cohetil de mil triquitraques y demonios encendidos y decir emulando a la gentil chanteuse Purita Plá.

                                   Hace medio centenario
                                   nació esta preciosidad
                                   en un alto campanario
                                   que domina la ciudad,
                                   en traje de sociedad.


Premín de Iruña 1962
(Iruñerías, Diario de Navarra, 1962)

Pues ya no me queda sino despedirme esperando que con el anterior escrito hayas pasado un buen momento y deseándote un feliz día de San Nicolás. 

Imagen de San Nicolás en la parroquia que lleva su nombre

Mañana Dios mediante introduciré un nuevo texto de "Premín de Iruña" sobre la importante festividad que celebramos el 8, el día de la Inmaculada, de gran tradición en Navarra como se verá por... no voy a adelantar datos. Hasta mañana si Dios quiere.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Infancia y Juventud de "Premín de Iruña" (VII). Chimiste va, chimiste viene.

Querido lector, me disculpo por no haber introducido ayer una nueva entrada, pero como la anterior era doble se compensan ¿no?.

Mi intención era en el día de hoy colgar alguno de los múltiples escritos que el "aitacho" hizo sobre nuestro querido patrón San Francisco Javier, cuya fiesta celebramos mañana, pero la verdad es que no me ha dado tiempo. Para otro momento será.

No obstante como anunciaba hace dos días retomo la biografía del "aitacho" para explicar el follón que montó en 1912. Acababa de ser elegido en 1911 presidente de las Juventudes Jaimistas (carlistas) y nos plantamos en el año de la celebración del VII centenario de la batalla de las Navas de Tolosa (1212) en las que Sancho el Fuerte le "arrapatuko" las cadenas y la esmeralda a Miramamolín, y que son las que hoy luce nuestro querido escudo. Para la celebración de dicha conmemoración se celebraron varios actos, y tuvieron la buena idea de nombrarle a Ignacio Baleztena presidente de la comisión de alojamientos para los participantes. Según él mismo dice "procuró cumplir del mejor medio que Dios le dio a entender, y parece que no le salió la cosa del todo mal"

Folleto que se editó en 1912 con motivo de la celebración del VII centenario de la batalla de las Navas de Tolosa

Pero Ignacio no podía dejar la cosa tranquilica, y como siempre le daba un carácter popular a toda celebración, más allá de las programaciones oficiales, se le ocurrió... pero mejor que lo cuente el mismo en primera persona:


La clausura del congreso se celebró el día 7 de julio por la mañana, después del encierro y antes de la procesión y entonces...

            ...Sucedió que, mientras en la iglesia de Santo Domingo oradores, músicos y cantores se lucían de lo lindo, y seguido de mi secretario, subí a la torre del viejo convento provisto de unas cuantas docenas de cohetes y bombas de lo más estrepitosos que pude hallar en los almacenes de Oroquieta. Iba yo correctamente ataviado de levita, cuello almidonado de un palmo de altura, relucientísimo sombrero de copa y unos zapatos de charol que despedían más brillo que el que del sol recibían. ¡Olé!

            Una vez en la cúspide campanaria, agarré un cohete y ¡chuiiiff… pim, pam, pum…! Le hice rasgar la nítida atmósfera que nos circunda. Siguió a éste una bomba de mil demonios que hizo volar alocadas todas las palomas que ensucian las fachadas de Pamplona. ¡Porropotopóm! Y así se fueron sucediendo en orden alterno cohetes y bombas, hasta que… Permítanme un momento de descanso pues sólo el recordarlo me produce una fatiga y desasosiego de pánico…

            Uno de los cohetes tuvo la avilantez de lanzar una de sus chispas contra una docena de compañeros que esperaban el turno de su ascensión… ¡¡¡furufichs, furufachs… purrumpum pum, purrumpum pam…!!! El caos oroquiético. Los cohetes recorrían alocados el exíguo departamento campaneril; unos dos metros y medio de superficie por cuatro de altura. ¡Purrumpum pum… pum! ¡zis zas! Chocaban contra techo y paredes y yo venga dar saltos, brincos, zinzilipurdis, mientras mi compañero acurrucado en un rincón se encomendaba de todo corazón al Supremo Hacedor. Yo, más que en mi epidermis, pensaba en mi flamante levita, y para evitar su chamusquina no tuve mejor idea que salir al exterior por un reborde de medio palmo que circundaba la torre, y haciendo equilibrios, agarrando con la mano derecha un clavo del que el viejo campanario dominicano colgaba el botijo para refrescar el agua mientras bandeaba las campanas, y clavando las uñas de la izquierda en intersticio de dos ladrillo permanecí de cara a la pared mientras bombas, cohetes, triquitraques, correpiés y otros variados ingenios de fuegos de artificio continuaban armando un rebullicio que jamás en su ardiente imaginación pudo figurarse el propio Lucifer.

            Si un cohete tiene la mala ocurrencia de chocar contra la mano que se agarra al clavo, ¡pobre de mí! ¡pobre de mí! Ya puedes despedirte, de San Fermín!...

            Mientras asustados por tanto estampido todos los vecinos de la calle de los Barquilleros y traseras de la Mañueta y Carmen, asomados en los balcones veían pletóricos de pánico, cómo una especie de espantapájaros vestido de etiqueta desafiaba la muerte que se presentaba en forma de zezenzusko cargado de fuegos de artificio…

            ¡Y pensar, que mientras esta tragedia se desarrollaba en las alturas, allá, en el interior del templo el Orfeón y Santa Cecilia interpretaban lo más selecto de su repertorio sacro; Don Alejo Eleta leía adhesiones de todo el mundo católico y lo más destacado del congreso glosaba la Rerum Novarum por todo lo alto!

            Por fin, Dios permitió que la pálida Parca no esgrimiese su afilada, seguro cortando el hilo de mi existencia,  y cuando terminó el último cohete y a duras penas conseguí volver al interior del campanario, vi a mi pobre compañero desmayado, chamuscado, con todo el traje de color de colilla apagada, que se convertía en ceniza apenas se le tocaba. Cargué con él al hombro y bajé a la sacristía donde pude dar con unas viejas vinajeras que conservaban algo de vino agrio de los tiempos de la desamortización; con él animé su espíritu, pero no hubo modo de hacer lo mismo con su traje que se le caía a pedazos chamuscados a cualquier movimiento.

-Y cómo me arreglo yo para volver a casa, gemía el pobre angustiado.

Por fin di en un armario abandonado con un apolillado hábito de dominico, abandonado por algún hermanico antes de salir expulsado `por el nefasto Mendizábal, y ataviado con él y agarrado a mi brazo, pálido, ojeroso y dando traspiés, conseguí llevarlo a su casa y meterlo en la cama, de la que no pudo salir durante todas las fiestas. El pobre, además del traje, se perdió el churrupeo de vinos generosos y pastas que siguió a la clausura sociológica...

Y esto ni más ni menos es lo que hizo Ignacio Baleztena, por intentar dar ese toque popular que él creía que debía tener toda fiesta, en este caso con cohetes y "echafuegos". Esta experiencia la narró él mismo en una "iruñería" en el Diario de Navarra 50 años después. Como no tiene desperdicio la "iruñería" completa la colgaré el próximo 6 de Diciembre, festividad de San Nicolás. Y la semana que viene atención que vendrán interesantes noticias sobre el "Riau Riau" entre otras. Pero antes podrás leer más cosas. Mientras tanto felicidades a todos los javieres y feliz día de nuestro santo patrón San Francisco Javier a todos los navarros y a todos los misioneros. Hasta el lunes si Dios quiere.

martes, 30 de noviembre de 2010

En homenaje a los gigantes por sus 150 años (II)

Querido lector, antes de comenzar a disfrutar de este texto no te olvides de leer la anterior entrada (debajo de ésta) titulada "En homenaje a los gigantes por sus 150 años (I)" que introduce lo que viene a continuación.

Y sin más preámbulos te dejo con la felicitación póstuma del "aitacho" a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos en su 150 aniversario. Felicidades a "esos simpáticos monigotes que tantos ratos felices han proporcionado a Premín de Iruña".

"Premín de Iruña" con los gigantes
 
Aleluyas de "Premín de Iruña" (Ignacio Baleztena) a los gigantes:

"Las gaitas y tamboriles,
preceden a los ediles

y a su son van tan campantes,
venga bailar los gigantes.

De todos el menos feo
es el gigante europeo.

En su mantilla la reina
trae diadema en vez de peina.

¡Qué bien bailan los asiáticos!
se ve que no son reumáticos.

Del Africa los gigantes
llevan vistosos turbantes.

Por bailar ante el chun chun
cayó el negro ¡cataplúm!

Y por eso tiene rotas
sus enormes narizotas.

Baila con agilidad
a la negra, Trinidad.

Tras los mocés de Pamplona
va la kiliki serona.

Y Ellos van como una tromba
huyendo de su zambomba.

La mocetería inquieta
le tira de la coleta.

Pone fin ella a la juerga
arreando con la verga.

Buruandi es la kiliki
y el zaldiko buruchiki.

Záldiko-máldikos son
caballicos de cartón.

(Continua abajo)...


(Comienza arriba)
 
Por su aspecto el cabezudo
es hombre serio y sesudo.

Pero no tiene talento
ni pizca de fundamento.

Con su cabeza hueca
va de la ceca a la meca.

Es la señá chistorrica
fabricante de birica.

Su esposo es americano
aunque de origen aldeano.

Al japonés Chan-Chin-Gor
le gusta mucho el chistor.

Su esposa es de Singapur
y al arroz le echa chungur.

Arma gran algarabía
con su chistu Echeverría.

Los dulzaineros de Estella
tocan música muy bella.

Tocha de Betelu es un
virtuoso del chun chun

Con su dulzaina Lumbreras
marcha soplando de veras.

Cobran sus buenas pesetas
Lo que chuflan por mecetas.

Cuando acaban de danzar
los llevan a descansar.

Les dan buen alojamiento
en un Antiguo convento.

¿Te gustan mis aleluyas?
Pues si las compras son tuyas


Premín de Iruña. Pamplona 1933

En homenaje a los gigantes por sus 150 años (I)

 
Querido lector, ayer en el curso de la celebración de la solemnidad de San Saturnino, patrón de Pamplona, los Gigantes salieron por última vez en este año que ha estado marcado por el 150 aniversario de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona.

El 29 de Noviembre de 2009, fiesta de San Saturnino, con motivo del 150 aniversario de la Comparsa el Ayuntamiento de Pamplona concedió la medalla de oro de la ciudad a la misma. (Foto Diario de Navarra 30-11-2009)

Ayer, un año después,  fue un día de disfrute pese al frío que pasamos tanto durante la procesión como en el posterior recorrido con la comparsa. Mis hijos y nietos han heredado esa pasión por los gigantes, así que no nos perdimos este acontecimiento. A continuación introduzco una foto del último recorrido de la Comparsa en su 150 aniversario.
Carmen y Javier Baleztena, biznietos de Ignacio junto a la Reina Europea, que tanto bailó su bisabuleo.
Qué no habría organizado y "ciriquiau" el "aitacho" para tan importante conmemoración. Nos hubiera embarcado a toda la familia en mil líos de los que él acostumbraba. Y esto es seguro por el  papel tan destacado que en su vida tuvieron los gigantes, uno de sus principales amores. En el salón de su ca­sa, sobre una repisa, aparecía el retrato de Ignacio rodeado de las ocho estatuillas de los gigantes, como un padre feliz en medio del coro multicolor y exótico de sus hijos. El los bailaba todos los años. Una vez se sintió en­fermo y marchó a Madrid en compañía de su esposa para que lo viera el doctor Jiménez Díaz. Ella quedó aguardando afuera, con esa incertidumbre de espera amarga que tiene la antesala de un médico. Por fin salieron enfermo y médico riéndose. El doc­tor lo conocía y explicó: "No tiene nada. ¿Qué le parece?, dice que ya no puede bailar al gigante, que se fatiga... ¡Con sus setenta y cinco años...!"
Ignacio Baleztena acompañó a sus amigos los Gigantes hasta que el cuerpo se lo permitió. Al final durante su enfermedad los disfrutaba desde el mirador de su casa, frente a la cual le bailaban todos los años el primer baile de los sanfermines en su honor


Los gigantes en general le apasionaban. En 1906, con motivo de las fiestas patro­nales de Leiza. Ignacio construyó y paseó dos gigantes y un cabezudo, y desde en­tonces éstos fueron compañeros casi in­separables. Para el día de la Rifa del Cuto que organizaba la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona en beneficio de las Cantinas Escolares, cuto que se exhibía por la ciudad  en un carro tirado por caballerías, acompañado por los gaiteros, "Premín de Iruña" creó dos parejas de gigantillos: "Joshe Miel, el zerrikitari, y su esposa la Joshepa Antoni, ambos oriundos de Basaburúa, y Saturnino y consorte, especia­lista en la fabricación de zerripotongos". Muy bien carac­te­rizados los cuatro.

Respecto a los gigantes de Pamplona, los de la Comparsa, convivía y sentía con ellos todas sus peripecias, alegrías y problemas, los bailaba, con ellos acudía a la Maternidad, organizaba ca­rreras de gigantes, daba charlas, conferencias, investi­gaba sus orígenes, tanto de los locales como de lejanas tierras, su construcción, materiales, cómo y quienes los adecentaban o vestían y todo lo concerniente a estos singulares personajes, que tanto atractivo tenían para él. Ignacio fue el que les puso los nombres a muchos de los gigantes, cabezudos y kilikis de Pamplona. Era tal la ilusión que sen­tía por ellos, que el año de su muerte bajaron al cemen­terio los tres Reyes Magos a depositar en su tumba una co­lección de las estatuicas de los Gigantes de Pamplona.
Baltasar deposita como último regalo a su gran amigo Ignacio las figuricas de los gigantes en el panteón donde reposa.

Tanta era su pasión por los gigantes que les dedicó un libreto que publicó en 1933, en la im­prenta "La Acción Social", con el título "Los GI­GANTES DE PAMPLONA. Historia de esos simpáticos monigotes que tantos ratos felices han proporcionado a Premín de Iruña, autor de este librico", concluyéndolo con unas aleluyas con dibujos que introduzco en la siguiente entrada, hoy mismo. Sirvan estos versicos como el homenaje póstumo que "Premín de Iruña" les dedica a los gigantes para felicitarles su 150 aniversario. No te olvides de leerlos que vienen a continuación. Tras este pequeño homenaje retomaremos su biografía con el follón que montó en 1912..., pero eso será mañana si Dios quiere.


sábado, 27 de noviembre de 2010

La festividad de San Cernin. Iruñería. Diario de Navarra 1949

Querido lector, igual te sorprenderá que escriba en sábado, pero es que la ocasión lo merece. Muchos de vosotros sabréis que el patrón de Pamplona es San Saturnino o San Cernín, como prefieras llamarlo, ya que San Fermín realmente es copatrón de navarra (junto con San Francisco Javier), y más concretamente de la Archidiócesis de Pamplona-Tudela. ¿Y a que viene a cuento todo esto?. Pues sencillamente a que el día 29 celebramos la fiesta de San Saturnino, día grande en la vieja Iruña y celebrado desde hace un montón de años... pero mejor es que nos lo cuente el "aitacho", es decir "Premín de Iruña", con una de sus "iruñerías" publicada en el Diario de Navarra precisamente tal día como hoy pero en 1949:

LA FESTIVIDAD DE SAN CERNIN


            Cuando “El gigante poeta, escolástico de la lengua” Don Luis Vélez de Guevara nos dice en un capítulo de su novela El Diablo cojuelo que una noche de junio a las once en punto “Don Cleofás Leandro Pérez de Cambrillo, hidalgo a cuatro vientos, caballero huracán y encrucijada de apellidos, galán de noviciado y estudiante de profesión” corría por los tejados de la coronada villa perseguido de alguaciles, corchetes y ministros, a causa de una aventura amorosa, en loa que nuestro hidalgo hizo el primo y el ridículo de la manera más triste y vergonzosa.

            Por huir de esa poco deseable compañía de perseguidores, se coló por el tragaluz de un desván , en el que un astrólogo, con sus puntas de nigromante y alquimista, tenía instalado un laboratorio. En una alacena, metido en una redoma de vidrio, se hallaba prisionero por mal de sus pecados el famoso Diablo cojuelo, demonio alegre y de bullicioso ingenio, inventor de la zarabanda, la chacona, el bullicuzcuz, el guirigay, el avelipandi y otros bailes más o menos pecaminosos. A ruego del infeliz diablillo rompió don Cleofás su prisión de vidrio, y en premio de esta acción el travieso diablejo proporcionó al hidalgo una sesión gráfica que dejaba muy atrás a cuantos No-Dos se desarrollan hoy en las pantallas cinematográficas. Subió con el hidalgüelo a una alta torre y desde ella hizo presenciar todo cuanto ocurría en el interior de las casas de la coronada villa, cual si sus tejados y paredes estuvieran fabricadas de transparente vidrio.

            Si yo, por influjo de algún revoltoso geniecillo, o por mi propio poder, pudiera encaramarme al gallo de San Cernin, y desde él disfrutar de ese curioso espectáculo de las viviendas transparentes, seguro estoy de que llegaría a averiguar en qué casa mora y actúa un concejal, edil corregidor de este municipio. En la que viese colocado junto a un balcón abierto una silla colgando de su respaldo un flamante frac y sobre su asiento un reluciente tubo o canariera, dispuestos a desprenderse del previsor olorcito a bolicas de naftalina; donde viese una cama limpia y confortable, cubierta por un bordado cobertor luciendo sobre ella una planchadísima y almidonada camisa, al lado de unos guantes y corbata blancos, y en el suelo unos zapatos lustrados hasta la charolez. Ahí, diría yo, ahí, en esa casa vive un castizo concejal, amante de las viejas tradiciones, que prepara su indumentaria para lucirla y lucirse con ella en la solemne procesión del glorioso patrón de la vieja Iruña, del gran San Saturnino.

            Pues el caso es, carísimos lectores míos (me hago la ilusión de tener algunos), que pasado mañana, día 29 de noviembre, celebra la iglesia la festividad de San Saturnino, el popular San Cernin, patrón de la ciudad de Pamplona, y sus hijos espiritual los irunshemes todos, y en su nombre sus dignos ediles, acostumbran celebrar su día con la solemnidad y esplendor que tan grato Santo se merece.


Los "dantzaris" haciendo el arco de honor con sus "makilas" a San Saturnino cuando entra en su parroquia tras la procesión el año pasado (1909).
(Foto de DDN, Jorge Nagore y Calleja
http://www.diariodenavarra.es/actualidad/imagenes.asp?id=2009112919472042&dia=20091129)

            Veamos ahora desde qué época data la costumbre de celebrar esta fiesta en Pamplona por medio de una solemne procesión y función de iglesia. Es muy cómodo decir de cualquier costumbre o práctica que ésta se pierde en la noche de los tiempos y datan de tiempo inmemorial, sin que en memoria de los hombres más ancianos exista idea ni recuerdo de su origen; con un poco de paciencia se averiguan las cosas y no es difícil en casos como el presente dar la solución.

            Hace 338 años, los discretos y sesudos rexidores de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Pamplona, Cabeza del Reino de Navarra, reunidos a son de campana en la sala de su Ayuntamiento, tomaron el importantísimo acuerdo que copio a continuación. A ti lector querido, como buen irunsheme que eres, te recomiendo, de todo corazón, tengas paciencia de leerlo detenidamente hasta el final.

            “En la Ciudad de Pamplona y Casa de su Ayuntamiento a 26 días del mes de noviembre de 1611 años, estando juntos en la sala de la Consulta, los señores don Francisco Cruzat, Dr. Murillo de Ollacarizqueta, Diego Pérez de Labayen, el Licenciado Marichalar, el Licenciado Monreal, Juan Ruiz Ibáñez, Joseph Marban y Beltrán de Garralda, regidores de dicha Ciudad digeron.

            Que por tradición antigua, se habla, que el primero que sembró la semilla de la Fe Católica en esta Ciudad y Reino fue San Saturnino, hijo de Ejeas, Rey de Acaya en las partes de Grecia, discípulo primero del bienaventurado San Juan Bautista y después del Vicario de Cristo San Pedro, uno de los setenta y dos discípulos de Jesucristo Nuestro Señor. Quien con el ejemplo de su vida y predicación trajo al verdadero conocimiento con el primer sermón que en esta ciudad hizo, cuatro mil y más personas, y por haber quedado éste tan bien fundado y por la intercesión de este Glorioso Santo, creemos y debemos creer piadosamente que Dios Nuestro Señor ha tenido y conservado esta Ciudad y Reino en esta fe católica, sin que en todo este tiempo haya faltado en cosa, de que le debemos dar infinitas gracias.

            Y viendo que la dicha Ciudad ha solemnizado y solemniza otros santos que por voto guardan con agradecimiento y demostraciones de procesión y otras, en hacimiento de gracias de los beneficios que esta república ha recibido de la Majestad de Dios, y por su intercesión por la salud temporal y frutos de la tierra, no siendo de tanta consideración, lo que este glorioso santo hizo fue tratar la salvación de las almas y quitar a nuestros pasados en aquellos principios los errores y gentilidad en que vivían, parece que hay mayor razón de hacer la misma demostración con este Santo, y así, habiéndolo tratado con el Ilustrísimo Sr. Don Antonio de Figueroa, obispo de esta Ciudad, y con los muy ilustres señores del Cabildo de la catedral de ella se ha acordado:

            Que en su día, en cada un año, se haga una procesión solemne desde la catedral a su iglesia, y que en ella su Señoría de dicho Cabildo diga misa con sermón, nombrando el dicho Reximiento predicador para esto, como lo hace en las demás fiestas de su voto y devoción, y que en la víspera se hagan hogueras por la dicha ciudad y otras demostraciones de contento, convocando a los divinos oficios a todo el pueblo, para que en sus oraciones rueguen a la Majestad de Dios, por el aumento de la fe, a cuyo nombre se hace y debe hacer esta memoria y de ello mandaron hacer auto y firmaron.- Doctor Murillo de Ollacarizqueta…”(siguen las firmas).

            De modo que la fiesta y procesión de San Cernin, data del año 1611; desde esa fecha, con la pequeña interrupción de los años de la República, ha celebrado Pamplona con toda solemnidad la fiesta de su Patrono.

            La procesión ha seguido siempre el mismo trayecto, como puede verse en las actas municipales. En el libro que se conserva en el Archivo Municipal titulado “Formulario de los Actos y Funciones que acostumbra celebrar esta M. N. y M. L. Ciudad de Pamplona Cabeza del Reino de Navarra” se dispone que “saliendo la procesión por las puertas principales (de la catedral) vaya siguiendo por la calle de Navarrería, Santa Cecilia, Cruz y calle de Mercaderes, Plaza de la Fruta, Bolserías, Portalapea hasta la parroquia del Santo; y entrando en ella, por la puerta principal, salga por la del coro sin dar más tiempo que el necesario para incorporar el Santo en dicha procesión; estando formada ésta se prosigue por la calle Mayor al Campo de la Taconera, y de allí a la calle de San Antón, Zapatería, Salinería, Cabecera de la Plaza de la Fruta, bocacalle del Chapitel, Casa de Caparroso, Plaza de la Fruta, Bolserías, Portalapea hasta San Cernin, donde termina”.

            Seguía y sigue después la misa solemne durante la que el Excelentísimo Ayuntamiento ocupa dentro del januado los bancos del lado de la Epístola.

            Este año disfrutaremos de la vieja novedad de ver cómo una vistosa comparsa de danzaris precede a nuestros ediles en su triunfal carrera por las rúas Pamplonesas.


Los danzaris del Ayuntamiento participan por primera vez en la procesión de San Saturnino en el año 1949. (Foto de http://www.dantzan.com/hemeroteka/60-anos-de-dantzaris-en-pamplona)

            Mi felicitación más entusiasta a los dignos concejales que tal acuerdo han tomado y llevado a la práctica.

Tiburcio de Okabío

(IRUÑERIAS, Diario de Navarra, 27 de Noviembre de 1949)

Como curiosidad quiero anotar que detrás de la fundación del grupo de danzas del Ayuntamiento estaba como no podía ser de otra manera Ignacio Baleztena, el perejil de todas las salsas. Quiero felicitar a todos los pamplonicas, pamploneses o irunshemes en el día de nuestro santo patrón. Una felicitación especial a la Cofradía Musical San Saturnino que esperamos que este año de nuevo interpretaran una bonita estampa al santo en el recorrido de la procesión. Y a ti fiel seguidor de este blog espero verte disfrutando de este evento.

Seguro que el "aitacho" organiza unas buenas mecetas en el cielo con cohetes y celebraciones mano a mano con San Saturnino, disfrutando especialmente de ver la última salida de los Gigantes en este año que celebran su 150 aniversario. Con esta ocasión a partir del 30 quiero aprovechar el blog para ofrecerles a estos "simpáticos monigotes" el cariñoso homenaje que Ignacio Baleztena hubiera querido darles recordando cosas curiosas y bonitas que él escribió de ellos en vida y anécdotas al respecto. No te lo pierdas, pero de momento paciencia porque así me despido hasta el 30 si Dios quiere.

Mientras tanto puedes aportar lo que quieras en los comentarios a pie de página o a través del mail premindeiruna@gmail.com