Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

martes, 31 de julio de 2012

Joaquín e Ignacio Baleztena, "los vaselinas", evitando represalias de retaguardia


            Querido lector, veíamos en la anterior entrada como tras la toma de la caseta de Urto a las afueras de Leiza, el aitacho y el tío Joaquín se apresuraron de nuevo a acudir a evitar represalias. Nos lo cuenta la tía Lola en sus memorias. Ese mismo 23 de Julio…   

            “El coche hubo de emprender enseguida otro viaje a Pamplona. En la caseta de Urto fueron hechos prisioneros unos miqueletes, entre ellos, el conocido “señor Juan”, bondadoso tradicionalista a quien los acontecimientos cogieron allí. Se hablaba de fusilarlos y era necesario impedir lo que hubiera sido un crimen. Mis hermanos (Ignacio y Joaquín) fueron a Pamplona interceder por la vida de esos miqueletes apresados en Urto. Los prisioneros eran muy buenas personas y mis hermanos respondieron por ellos para libertarlos. Y no sería la única libertad que mis hermanos consiguieron, pues su actitud en ese terreno fue la de auténticos caballero cristianos. Algunos bravucones de retaguardia les motejaron de “vaselinas”. ¡Bendita vaselina que suaviza el dolor de tantos heridos del corazón!”. Se consiguió su vida, pero por motivos análogos, el viaje hubo de repetirse.

            Precisamente antes de este trayecto mi padre Ignacio Baleztena y su hermano Joaquín, jefe regional de la Comunión Tradicionalista en Navarra tuvieron el tiempo de abordar un tema que les preocupaba mucho, en una conversación que mantuvieron en Leiza antes de salir.

-         Joaquín, tenemos que evitar que se cometan represalias, una cosa es dar la vida en el frente y otra fusilar en la retaguardia. Somos cristianos, no podemos actuar como ellos.

-    Por desgracia me han llegado noticias de que se están produciendo abusos, especialmente en la Ribera. Hay gente aprovechando el momento para resolver viejos conflictos de lindes, tierras y asuntos particulares, mientras los nuestros están dejándose la vida en los frentes.

-         Pues tenemos que frenar esto como sea.

Sobre la marcha el tío Joaquín escribió y firmó una histórica orden, como jefe regional carlista que era, en Petrorena, la casa familiar de la familia Baleztena en Leiza y con dicha misiva hicieron el viaje a Pamplona para salvar a los detenidos e intentar que no se produjeran más hechos cobardes que mancharan la causa mediante la orden que saldría publicada al día siguiente (24 de Julio) en “El Pensamiento Navarro”. Nos lo cuenta la tía Lola en sus memorias:

            “La guerra trae consigo ocasiones de manifestar grandes virtudes, mas desgraciadamente, también agudiza y mueve bajas pasiones. Arrastrados por ellas, algunos, animados de un celo reprobable, creyeron hacer actos de servicio denunciando a enemigos y hasta tomándose la justicia por su mano. Esto manchaba la pureza de la actuación de los nuestros. Mi hermano Joaquín, muy apenado, trató de impedirlo y fuimos a Pamplona llevando esta nota por él redactada y que apareció en el Pensamiento: (el 24 de Julio)

            “Los carlistas, hijos, nietos y biznietos de soldados no ven enemigos más que en el campo de batalla. Por consiguiente, ningún movilizado voluntario, ni afiliado a nuestra inmortal Comunión debe ejercer actos de violencia, así como debe evitar se cometan en su presencia. Para nosotros no existe más actos de represalias que los que la autoridad militar, siempre justa y ponderada, se crea en el deber de ordenar”.

EL JEFE REGIONAL

Joaquín Baleztena
           
¡Lástima no fuera obedecida esta nota tan llena de nobleza, calificada por algunos de vaselina! El señor Obispo le felicitó por ella. De haberlo sido, no hubiéramos tenido que lamentar actos indignos realizados por, quienes huyendo del peligro de la vanguardia, se creían valientes actuando cobardemente en la retaguardia.

            Y efectivamente desde entonces tanto al aitacho como al tío Joaquín en algunos ambientes comenzaron a llamarles “los vaselinas”, al considerar que eran muy blandos por intentar evitar estos desgraciados sucesos.

Joaquín (con pajarita) e Ignacio Baleztena (cogido de los hombros por su mujer Carmen) permanecieron muy unidos toda la vida
             Llegado este momento, he de contar lo que me transmitió posteriormente mi padre Ignacio Baleztena. Me explicó la diferencia entre una persona coherente, que está dispuesto a dar la vida por sus ideas y un fanático, que está dispuesto a quitársela a otros. También  nos indicó desde entonces que evitásemos el trato de cualquiera de la familia Baleztena con “los fusileros”, y estos no eran precisamente los que ahora llaman “los asesinos del 36”. La incultura (no quiero pensar que la mala intención) ha hecho pensar que los que salieron voluntarios a la guerra jugándose la vida por unos ideales se hayan llevado la fama de algunos cobardes que aprovecharon la retaguardia para realizar sus tropelías, y cuyos nombres han pasado al anonimato.

            Pero en este 23 de Julio además ocurrió otra cosa que cambiaría la vida del aitacho, y que veremos en la próxima entrada si Dios quiere.

1 comentario: