Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

miércoles, 15 de enero de 2014

"Visita virtual" al Museo de Recuerdos Históricos



Querido lector, veíamos en las anteriores entradas (pinchar aquí y aquí) cómo el aitacho creaba el conocido Museo de Recuerdos Históricos embarcando a toda la familia para variar. Para los que no lo conocisteis, que seguramente será la mayoría, os quiero explicar cómo era este encubierto Museo de las Guerras Carlistas, según mi memoria y las fotos que se conservan.

Fachada del Museo de Recuerdos Históricos. En la entrada se adivina la figura de Ignacio Baleztena y su hermana Dolores

 A la entrada por el portón nos encontramos con una sukalde completa con su chimenea, sus burnis, damboril para asar castañas, kaikus y otros utensilios clásicos de la cocina montañesa, en donde al amparo del fuego de la chimenea se encontraban dos maniquís: el abuelo con boina colorada, sentado con su bastón en un escaño explicando a su nieto, vestido de Pelayo, historias carlistas, muchas de ellas vividas por él, cuyos símbolos va a contemplar en un recorrido por el museo. Esta sala era especialmente entrañable, estampa de un hogar navarro cualquiera, en el que la Tradición se transmite de generación en generación.

Sala del "Hogar navarro, forja de Tradición" donde en una sukalde (cocina) el abuelo veterano carlista transmite su experiencia a su nieto, plasmada en los símbolos y objetos que va a contemplar en el museo.

            Subiendo por la hermosa escalera palaciega, terminado el primer tramo, observamos colgado en la pared una placa metálica con la inscripción: PROHIBIDA LA ENTRADA A LOS CARLISTAS. Esto que llamaba mucho la atención, con el toque de humor que tenía que imprimir en todo el aitacho, era una placa que estaba a la entrada de la Casa del Pueblo de Bilbao y fue cogida por un carlista cuando la toma de Bilbao, así que también era una pieza del Museo.

Siguiendo el ascenso por la escalera cuyas paredes se hallaban decoradas con cuadros, llegamos al primer piso, donde se hallaba, a mano izquierda la sala de la Generalísima, bandera de D. Carlos V, que ocupaba la pared principal, con dos carlistas uniformados y con fusiles haciendo guardia e iluminada por dos bombas de artillería, en las paredes varios cuadros.

Sala de la Generalísima

La Generalísima del Exército de Carlos V en el Museo de Recuerdos Históricos

Reverso de la Generalísima

Siguiendo el pasillo, también a la izquierda la capilla dedicada a San Juan Bautista cuyas paredes estaban adornadas con abundantes cuadros que contenían los recordatorios de los requetés muertos en la guerra y en donde se celebraba todos los días 10 del mes una misa por los muertos (hay que saber que el 10 de marzo se celebra la festividad de los Mártires de la Tradición).

Capilla de San Juan Bautista del Museo de Recuerdos Históricos de Pamplona durante una Misa en la festividad carlista de los Mártires de la Tradición

Dña Cecilia y Mª Teresa de Borbón Parma rezan en la capilla de San Juan Bautista del Museo de Recuerdos Históricos de Pamplona tras una Misa de los Mártires de la Tadición

Siguiendo el pasillo que rodeaba a un patio interior se hallaba al fondo la Sala de las Banderas, una muy buena colección de enseñas carlistas de las distintas guerras, la mayoría procedentes del Palacio de Loredán, y otras cedidas por particulares, con tambores de campaña y presidida por la escultura de las Tres Generaciones. A continuación, una sala curiosa donde se guardaba en una vitrina el volante y posa brazos de la avioneta en la que se estrello Mola y algunos otros objetos suyos.

Vista general de la Sala de las Banderas

Detalle de la Sala de las Banderas

Vista de la Sala de las Banderas

Escultura de las tres generaciones en la Sala de las Banderas
 
Detalle de la Sala de las Banderas

 
Lateral de la Sala de las Banderas
Seguía la sala del Requeté con dos maniquís uniformados, alguna bomba de artillería, una vitrina con diversos objetos del Requeté, seguido por el estandarte del Cura de Santa Cruz (negro, con una calavera y dos tibias, similar a la de los piratas), su bastón-espada de caña, su boina…,

Al fondo Sala del Requeté y en primer plano rincón del Cura de Santa Cruz

Estandarte del Cura de Santa Cruz

Continuaba la sala donde se hallaba el botiquín de campaña con toda clase de utensilios, el altar de campaña también con todos sus utensilios, dos maniquís vestidos el uno con el traje de requeté y el otro con el uniforme auténtico de enfermera margarita.

Sala de Sanidad de Campaña

Después seguía la cama de campaña de D. Carlos VII, la biblioteca con documentos, cartas manuscritas de los reyes, generales, personajes, diversos libros etc., y junto a esta pieza estaba la vivienda de los que atendían y guardaban el museo.

 
Cama de campaña de Carlos VII
             
 
Biblioteca carlista
Llegamos al tercer piso y nos encontramos con una amplia sala, donde a su mano derecha estaba una sala con dos vitrinas que contenían uniformes de D. Alfonso Carlos, el de húsares de D. Jaime, con sus espadas boinas y otros pertrechos y en las ventanas cuatro hermosas vidrieras con las figuras de D. Carlos V, D. Carlos VII, D. Alfonso Carlos y D. Jaime.

Casaca, boina y espada de D. Carlos VII

En la parte opuesta, la sala de Zumalacárregui con el cuadro gigante de Maeztu representando al general sentado a los pies de su caballo blanco, fusiles carlistas con su bayoneta, dos bombas de artillería, un maniquí de cera con la cara de él mismo con su uniforme, dos vitrinas con objetos del mismo como las navajas de afeitar (siete, pues tenía la costumbre de afeitarse cada día de la semana con un distinta, su pluma, boina fajín… etc.

Sala de Zumalacárregui

Objetos personales de Zumalacárregui

            Y entre las dos salas, un amplio espacio con chimenea, muebles y en un cuarto interior el despacho de tía Lola, al que le llamaba la sala roja, no abierta al público, donde se guardaban objetos de los republicanos, gorros de milicianos con inscripciones blasfemas, banderas, etc. y la fusta de José Antonio Aguirre cogida en la conquista de Bilbao.

            Y así terminamos esta breve pero curiosa visita al tristemente desaparecido Museo de Recuerdos Históricos, el primer museo carlista. Espero que la hayas disfrutado. Hasta la próxima entrada si Dios quiere. Pero para terminar de dejarte buen sabor de boca expongo algunos otros detalles del museo: banderas, retratos...

Bandera del Batallón de Guernica al servicio de D. Carlos VII

Otra bandera de las guerras carlistas
Bandera carlista con la Inmaculada

Bandera Carlista de la época de D. Jaime

Bandera carlista con el emblema de D. Carlos V bajo el escudo

Bajo la bandera los Evangelios sobre los que juró los Fueros D. Carlos VII

Bandera de los Voluntarios de Navarra en la Guerra de la Convención contra los franceses. Como curiosidad el escudo de Navarra aparece laureado, ya que casi nadie sabe que Navarra tiene tres laureadas
Bandera carlista con la Inmaculada

Bandera legitimista francesa

Bandera de Somorrostro

Bandera del Tercio de Montejurra

Bandera de los Voluntarios de Covadonga a favor de D Carlos V y Dña Margarita

Bandera carlista de los Voluntarios de Navarra



Estandarte carlista de la Virgen del Camino de Pamplona

Por la Religión de España su Rey sale a campaña. Bandera carlista

Cuadro de la toma de Barcelona en la Guerra Civil por el Tercio de San Miguel

Retrato de D. Carlos VII en el Museo de Recuerdos Históricos

jueves, 9 de enero de 2014

Ignacio Baleztena crea el Museo de Recuerdos Históricos



            Querido lector, como estamos viendo a lo largo del blog la imaginación del aitacho no tenía límites, y a cada momento, se le ocurría alguna idea, que curiosamente solía llevar a la práctica involucrando, eso sí, a toda la familia.

            Así pues, una vez terminada la guerra y viendo que ya los veteranos de las guerras carlistas iban desapareciendo, y con ellos los testimonios vivos de esas épocas, pensó en recoger todos los recuerdos que pudiera y montar con ellos un museo, y se puso, o mejor dicho, nos puso a todos manos a la obra. Ya introduje una entrada al respecto que puedes leer pinchando aquí, para seguir ahora el hilo de la historia.

            Dicho y… a hacerlo, mi padre localizó un gran caserón que se alza a un lado de la calle Mercaderes, con traza de palacio, de ladrillo rojo, de estilo navarro-aragonés. Balcones de hierro volantes se abren en la fachada, y en la portada, barroca, labrada en piedra, sobre el gran portón, se alza una estatua de San Juan Bautista, rodeada de escudos nobiliarios y con esta inscripción:

“Este colegio de San Juan Bautista lo fundaron los señores don Juan Bautista Iturralde y doña Manuela Munárriz, su mujer. Año 1734”.
           
            Los señores Marqueses de Munárriz fundaron este seminario, con sus becas, para que en él cursaran la carrera eclesiástica los hijos del valle del Baztán. Al pasar esta antigua fundación al gran Seminario Diocesano, quedó convertido el edificio en el Museo de Recuerdos Históricos, que debió llamarse Museo de las Guerras Carlista, pero por mor de la famosa Unificación, y en evitación que se apoderara de él el Movimiento (para los más jóvenes era el principio motor del Estado en tiempos de Franco y el partido único), con las consecuencias que ello acarrearía, al aitacho se le ocurrió poner el nombre de Recuerdos Históricos.

Fachada del Museo de Recuerdos Históricos. En la entrada pueden verse las figuras de Ignacio Baleztena y su hermana Dolores.

            Mi padre fue el director y su hermana Dolores, tía Lola, “su secretaria”, como le gustaba llamarse, y todos los demás de comparsas, que trasladábamos objetos, clavábamos clavos, chinchetas, poníamos vitrinas, maniquíes… etc. Recorríamos todas las casas en las que se suponía había algún recuerdo, tanto en Pamplona como en los pueblos de Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya, Alava, etc. y se llevaban, donde los propietarios lo cedían en depósito a Ignacio Baleztena para el Museo.

            Había un problema importante, el económico. Pidió una ayuda a la Diputación, que se la concedió; por cierto bastante por no decir muy pequeña, pero algo es algo, y quiso que saliera adelante como por una especie de suscripción popular, así que creó los amigos del Museo, socios que pagaban cuotas que iban desde una peseta, las más, hasta 25 pts., las menos, pasando por un duro, dos duros, tres… incluso dos reales o uno, eso sí, de agujero. Lo recuerdo perfectamente, porque por navidades mi tía Lola, que como ya he indicado, hacía las funciones de “secretaria” del aitacho, como decía ella, nos daba a los hermanos pequeños un talonario con los nombres de los benefactores, y allá que nos lanzábamos nosotros casa por casa a recolectar el dinero; claro, siempre caía algún céntimo que otro, algún dulce…

            Después de esta ingente labor, con casi ninguna ayuda de nadie, incluso con la animadversión de muchos, se consiguió inaugurarlo oficialmente el día 1 de julio de 1940, y abrirlo al público. En él se podía visitar: la Sala de Zumalacárregui, la Sala de los Reyes, la Biblioteca, la Sala de Irache, la Sala del Cura de Santa Cruz, la Sala de la Legitimidad, la Sala del Requeté, la Sala de las Banderas, la Sala de la Generalísima, la Capilla, todas ellas repletas de interesantes y valiosos recuerdos, de interesantes y valiosas historias, todo ello desaparecido posteriormente en circunstancias que prefiero no recordar ya que este blog tiene que ser el antídoto de la amargura.

Ya tenía el local, aunque los dineros…, escasos, muy escasos, pero… ¿quién paraba a mi padre? Y empezó la zarabanda. Comenzando por los objetos de la propia casa, de los amigos, conocidos, correligionarios, recorriendo todos los pueblos de Navarra y de los alrededores, incluso de Francia e Italia, escribiendo cartas a todas partes consiguió un abundante material para su proyecto que de una manera somera y con la escasa memoria que me queda voy a intentar explicarlo, haciendo un breve recorrido por sus salas, con fotos de las mismas, en la próxima entrada si Dios quiere.

Ignacio Baleztena Ascárate con la boina y la espada de Carlos VII asomado a un balcón del Museo de Recuerdos Históricos con la Condesa de París. Más adelante hablaremos la relación de la familia Baleztena con los Condes de París.

martes, 24 de diciembre de 2013

FELIZ Y SANTA NAVIDAD. Relato de Nochebuena.



Querido lector, Feliz y Santa Navidad. Que pases una gran Nochebuena celebrando el nacimiento de Dios, con la alegría con que lo celebraba el aitacho, o más.

Aprovecho para escribir un relato acerca de cómo se vivía los previos de Navidad en la zona de Leiza, que tía Lola nos dejo escrito en su libro “La Casa”. Por recurso literario lo sitúa en un pueblo imaginario del Baztán.

Leiza Nevado en tiempos de Ignacio Baleztena

“Caravanas de chiquillos, subían al monte para traer musgo, ramas de gorostiak (acebo) y de pinos. Salían de sus cajones, donde los colchones de serrín, durmieron un sueño durante todo el año, las deliciosas figuritas del Misterio divino, de los Reyes y los pastores.

En las casas se procedía a la importantísima ocupación de poner el Belén, lo cual quiere decir, que imperaba en ellas un desorden terrible. De los desvanes eran bajados, dejando regueros de polvo a su paso, tablones, leñas, cajones viejos, jaulas fuera de uso, ratoneras inservibles, para con todos los objetos tan dispares, formar parte de la topografía de Judea.

La audacia infantil, ante nada se detenía; vaciaba cajones, requisaba mesas, machacaba bombillas para convertirlas en polvo escarchado, sustraía puñados de harina de la despensa, para cubrir de nieve los montes palestinos, aunque en realidad, rarísima vez se ven revestidos de esa capa helada.

Quizá de ese desconcierto que reina en las casas para colocar el Nacimiento, venga la frase empleada cuando algún jaleo viene a perturbar  el orden y la paz: “¡Se armó el Belén!”

Colocaba María Dolores (la protagonista de la novela) el suyo, ayudada por algunos chiquillos del pueblo, aunque eso de ayudar, era relativo, pues todos los chiquillos enredaban con las figuras y se quedaban estáticos ante ellas, cuando la aldaba de la puerta anunció el correo…

Todo resplandecía de alegría en Aizeleku (pueblo imaginario extraido de sus vivencias en Leiza). El sol lo iluminaba suavemente. De los balcones de algunas casas, colgaban grandes figurones rellenos de hierba, llamados “orantzaros”. Estas figura representan la antiquísima tradición en el pueblo vasco, a quienes unos seres que vienen a traer prosperidad a la tierra. Se les designa así, porque son portadores de la “oratza”, es decir de la levadura, y su presencia en la casa asegura, que no faltara en ella harina con que mezclarla.
Los chiquillos recorrían el pueblo cantando los versos acostumbrados:

Emen eldu gerade
Berri on batekin
Gure embajadore
Orantzaro rrekin

(Venimos aquí con noticias buenas, con nuestro embajador el Orantzaro)

Repicaban alegres las campanas, y el canto, no del cisne, pero si de gallinas y capones, se dejaba de oír en los corrales, antes de ser sacrificados en aras del convite navideño.

Llegaba la Noche Buena: noche divina, saturada en profundas emociones, en las que el cielo se funde con la tierra, noche al parecer, igual a todas, y sin embargo, aún en los pueblos que ya abandonaron sus santas creencias, renueva puras alegrías, infunde ternura y deja sentir como un noble impulso que lleva los corazones hacia la indulgencia, la compasión, la paz, el amor.

Y con este bonito relato de Nochebuena os dejo para celebrarla en familia con los villancicos acostumbrados junto al Belen, que tanto nos ha costado poner un año más. Y el aitacho estará cantándole al Niño en el Cielo

Yo soy Chopico Ignacio que viene a cantar
al Niño que llora a hacerle callar…

¡FELIZ NAVIDAD!
EGUBERRI ON!


sábado, 14 de diciembre de 2013

El primer museo carlista. Ignacio Baleztena y el Museo de Recuerdos Históricos


Querido lector, veíamos cómo desilusionados los carlistas por los derroteros que tomaba la política, pues se veía claramente que querían borrar de la memoria al carlismo, éste se puso en la oposición al franquismo. Y aquí el aitacho tuvo su participación activa con distintas iniciativas, la cultural, la social y la clandestina. 


Entre las actividades culturales destacó la creación del “Museo de Recuerdos Históricos” que era el nombre que eligió mi padre para denominar lo que realmente era un museo carlista. Ocupaba cuatro plantas del que fue seminario de San Juan Bautista, situado detrás del Ayuntamiento de Pamplona y fue inaugurado el 10 de Julio de1940. Su hermana la tía Lola, protagonista también de la formación del mismo, nos lo cuenta en sus memorias:


Fachada del antiguo Museo de Recuerdos Históricos. Fijándose bien dentro del portal escondidos están sus creadores, Ignacio Baleztena y su hermana Lola



            “Habiendo llegado a Pamplona las banderas de los batallones carlistas que el rey Carlos VII guardaba en su palacio de Loredan en Venecia, a la vista de tan gloriosos trofeos, mi hermano Ignacio tomó la resolución de formar un museo al cual llamar de “Recuerdos históricos”. Y empezamos una campaña de recolección de objetos por tierras de lealtad donde podrían conservarse cosas interesantes.


            En una venta innominada, camino de Francia, guardaban la boina del General Elío dejada allí por él cuando marchaba al destierro; aquí, una carta del Cura de Santa Cruz; allí, espadas, órdenes de generales con sus firmas y sellos; un abanico de la reina Doña Margarita envuelto en un papel de seda amarillento; el uniforme del abuelo cuidadosamente conservado; en fin, cantidad de objetos guardados como reliquias, ricos en valor histórico y emocional.


            A los recuerdos de antes, uníamos la recogida de banderas de los Tercios de Requetés y otras cosas, proporcionando todo gran variedad e interés para la formación del Museo. En un palacio señorial de Puente la Reina, donde se alojó Carlos VII, el comandante del Tercio de San Fermín, Javier Churruca, casado con la hija de la casa, nos hizo entrega de las banderas de dicho Tercio.


            Con todo cuidado, acomodamos en el coche tan valiosos trofeos y a las puertas de Pamplona nos detuvo el portalero, preguntando por rutina:


-         ¿Lleva algo que declarar?.


El movimiento del auto había desplegado una bandera. Sobre el fondo rojo destacaba en letras de oro el lema: “Dios, Patria, Rey”.


-         ¿A no ser eso? –dijimos mostrándosela al portalero.


Después de contemplarla detenidamente, contestó:


-         ¡Eso es lo bueno!. Eso no paga.


-         Eso no se paga –corregí sonriendo.


- Eso no se paga –replicó con entereza-. Está comprado con sangre. –Y saludó militarmente.


            Muy presente me quedó este diálogo sostenido con el digno y consciente empleado.

            Hicimos también un viaje a Barcelona, donde fuimos a comprar unos maniquíes para vestirlos con uniformes de las tres guerras”
            Y como dicen que una imagen vale más que mil palabras, vas a tener la suerte de en la próxima entrada hacer una visita virtual de lo que fue aquel museo gracias a las fotos que colgaré si Dios quiere. De momento aquí va un anticipo:

Detalle de la sala de las banderas del Museo (carlista) de Recuerdos Históricos
 Y hablando de fotos quiero agradecer el apoyo de Victor Sierra-Sesúmaga por su imprescindible y desinteresada ayuda para que muchas de estas fotos se hayan podido digitalizar.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Triste reencuentro con D. Gaetán (D. Cayetano de Borbón Parma)



Querido lector, veíamos anteriormente como el aitacho y familia refugiaban a los evadidos de la invasión alemana que avanzaba por Europa y en Mayo de 1940 llegaba a Bélgica. Pues bien, uno de estos evadidos era un querido amigo, como nos cuenta tía Lola, hermana de mi padre Ignacio:

“Entre las pavesas que el monumental incendio de la guerra dispersó por el mundo, se encontraba el príncipe D. Gaetán de Borbón-Parma, requeté que fue del Tercio de Navarra. Llegado a San Sebastián nos mandó aviso de que deseaba vernos. Su acogida fue en extremo cariñosa, y aunque se mostraba contento, lo encontramos muy preocupado y desmejorado. Motivos tenía para ello. Su huida, como la de tantos, era para abatir el ánimo mejor templado.

D. Gaetán de Borbón Parma, hermano del entonces regente D. Javier, con la espada de Carlos VII.

Al invadir Bélgica los alemanes se encontraba allí con su hermana Zita, última emperatriz de Austria, y con el hijo de ésta, el archiduque Otto, y hubo de huir precipitadamente. Cuando en una revuelta del camino volvieron la cabeza para ver por última vez su abandonado castillo, estaba ya envuelto en llamas. Aquel éxodo por las carreteras de Bélgica debió ser apocalíptico. Los que se creían afortunados por poder escapar en sus coches, bien pronto tuvieron que abandonarlos, pues la muchedumbre fugitiva taponaba totalmente los caminos. Gentes agotadas quedaban atrás y los demás, empujados por el instinto de conservación, seguían adelante sin detenerse a socorrerlos.

Así sucedió a unas jóvenes que conocí en la cárcel de Pamplona, las cuales, por detenerse un momento a descansar, se vieron separadas de los suyos, sin papeles, sin recursos. Por cierto, que estas muchachas, avaladas por una religiosa belga, volvieron a sus prácticas piadosas hacía años abandonadas.

Hemos leído muchas veces descripciones patéticas sobre las penalidades sufridas por los fugitivos, pero oírlas contar a quienes acababan de pasarlas, resultaba más impresionante todavía. D. Gaetán estaba muy apenado, pues al presentarse a las autoridades con su hermana y sobrino, éstas les indicaron que sólo de paso podrían permanecer en España.

- Pero si yo he luchado como requeté y fui gravemente herido –replicaba el príncipe creyendo presentar la más limpia y meritoria de las recomendaciones. (pinchar aquí)

            Obtuvo el poderse quedar algún tiempo, pero no su familia. El archiduque, con fría indignación,  tomando el brazo de su madre le dijo:

- ¡Vamos!. No somos gratos en España. Y sin tomar descanso, prosiguieron la marcha.

            No sé por agradar a quien, aquellos representantes de la autoridad se valieron de ella para obrar tan despiadadamente, olvidando y atropellando las leyes de la hospitalidad y de la caballerosidad. Fue una gran vergüenza.”

            Así volvieron a reencontrarse mi padre Ignacio Baleztena y D. Gaetán de Borbón Parma. Qué recuerdos más felices dentro de la desgracia de una guerra habían pasado en Pamplona y Leiza durante la convalecencia de éste (pinchar aquí, aquí, y aquí) y ahora volvían a encontrarse de nuevo, en esta penosa situación.

Foto dedicada de D. Gaetán de Borbón Parma "a mi querido Joaquín Baleztena, patriarca de los carlistas de Navarra con todo mi cariño; Gaetán de Borbón - Parma. Leiza Julio de 1937"
 Como despedida te adelanto que en la próxima entrada veremos, si Dios quiere, una nueva iniciativa del aitacho respecto a… pero no me adelanto. Mientras tanto que pases mañana  un muy feliz día de nuestra patrona la Inmaculada Concepción, a la que tanta devoción tenía el aitacho y sobre la que escribió algunas iruñerías como esta (pinchar aquí). Y es que este puente podría llamarse el de los patrones (S. Saturnino de Pamplona, S. Francisco Javier de Navarra y la Inmaculada de España). Que ellos rueguen por nosotros.

"Ave María". Saludo referido a "La Purísima" a la entrada de Petrorena, la casa familiar de los Baleztena en Leiza.

martes, 3 de diciembre de 2013

Fundación de la Hermandad de Caballeros de la Cruz y la primera javierada

Querido lector, Feliz día de San Francisco Javier, patrón de Navarra. Hoy es día grande y estaba decidiendo entre seguir con la biografía del aitacho o algo relativo a San Francisco Javier. Pues bien precisamente he resuelto la cuestión con esta entrada alusiva a ambas cosas.


San Francisco Javier, patrón de Navarra. En gran cantidad de países que visitemos encontramos sorprendentemente una imagen de uno de nuestros paisanos más universales. Ruega por nosotros.

Veíamos cómo enseguida de finalizada la guerra el aitacho daba plantón a Franco (pinchar aquí). Y es que desilusionado, como carlista, por los derroteros que tomaba la política con la disolución de la Comunión Tradicionalista y la creación del partido único (FET y de las JONS) decidió seguir una labor de defensa de sus ideales en el ámbito sociocultural y como veremos también mediante oposición clandestina al régimen. Así para mantener vivo el espíritu que había alentado a los voluntarios a salir a dar su vida, frente a la equívoca relación con el naciente régimen franquista que mantenían otros, participó en la formación de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, promovida por Zubiaur y otros excombatientes principalmente carlistas, que fue constituida el 26 de Enero de 1939.



Poco más tarde el 10 de marzo de 1940, tiene lugar la primera javierada. Ésta es una iniciativa promovida por dicha Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. El Diario de Navarra de 9 de Marzo de 1940, en su primera página decía: “un grupo de muchachos decididos saldrá a pie desde Pamplona con el fin de comulgar en Javier. Vienen a dar gracias al Apóstol bendito por haber salido incólumes de los lances de la guerra y para implorar su protección sobre España entera. Mañana domingo la afluencia de peregrinos promete ser extraordinaria".

Y efectivamente así fue, unos cinco mil peregrinos se congregaron en Javier y se celebró la Misa solemne a las 10:30 de la mañana, y a las 16:00, con presencia de las primeras autoridades de Navarra que secundaron el acto convocado por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, recibieron la bendición con el Santísimo del arzobispo de Pamplona Mons. Marcelino Olaechea.

            Así Ignacio Baleztena junto con el resto de nombres que aparecen en el texto que puedes leer a continuación fueron los promotores y organizadores de la primera javierada en 1940.


Texto en el que Mons. Olaechea aprueba la erección de la Hermandad y la composición de su primer capítulo formado entre otros por Ignacio Baleztena

Tras el exito de esa primera javierada de 1940, al año siguiente el acto se convocó de forma oficial directamente por el propio arzobispo para el segundo domingo de marzo. En su convocatoria en la hoja diocesana La Verdad se empleó por primera vez la denominación Javierada de Navarra.


Las primeras javieradas organizadas por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. El primer abanderado Ignacito Jaurrieta Baleztena. Detrás con corbata y la Cruz en alto Cruz Baleztena Abarrategui, hijo de Ignacio. Ambos, miembros de la AET, fueron activistas frente al Regimen franquista siendo detenidos por la policía en varias ocasiones.


En el centro Dña Mª Francisca de Borbón Parma, hija del entonces regente D Javier, rodeada de carlistas de la Hermandad de Caballeros Volutarios de la Cruz en una javierada


            Tras estas históricas fotos que espero que te hayan resultado al menos curiosas, te deseo un muy feliz día de San Francisco Javier, patrón de Navarra, y en la próxima entrada seguiremos con la biografía del aitacho y su reencuentro con un querido amigo si Dios quiere.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Origen de la Procesión de San Saturnino por Ignacio Baleztena

Querido lector, ayer casi morimos de frío (pero sarna con gusto no pica) cebrando la fiesta de San Saturnino, patrón de Pamplona, con su procesión, Misa, gigantes, danzaris, la Cofradía San Saturnino... por todo lo alto, como se merece tan solemne efeméride, y con ese toque popular que tanto le gustaba al aitacho, aunque hubiera echado de momenos unos cohetes, pero todo no puede ser. Y precisamente mientras disfrutábamos de la procesión un fiel seguidor del blog me echó la bronca por tenerlo "abandonado" tanto tiempo, así que tras la cariñosa reprimenda retomo el tema sin dilación. 

Joaquinico, biznieto de Ignacio Baleztena, disfrutando ayer de los gigantes

Y aprovechando la conmemoración de nuestro querido patrón, rebusco lo que escribió el aitacho sobre quién era San Saturnino,  su historia, por qué es patrón de Pamplona y desde cuándo se celebra esta procesión. Todo esto nos lo cuenta mi padre en una de sus iruñerías escrita en 1959 y que dice así:




"LA FESTIVIDAD DE SAN SATURNINO


            El Rdo. P. Joseph de Morete y Mendi, uno de los más ilustres varones de Pamplona, y por desgracia también de los más olvidados, en su obra monumental “Anales del Reino de Navarra”, habla extensamente de la predicación del cristianismo en tierras vascónicas, y en especial de la llevada a cabo en la ciudad de Pamplona por el santo obispo de Tolosa Saturnino. Sin meternos a criticar la obra del gran analista pamplonés, trasladaremos hoy a esta sección algo de lo que sobre el particular nos refiere, pues conviene refrescar las memorias de quienes, por tenerlas abarrotadas de nombres y sucedidos cinematográficos y footbalísticos, han despachado de ella, como si se tratase de trastos inútiles, mil recuerdos gloriosos de nuestra historia.

            Nos dice el P. Morete:

            “Saturnino, varón celestial, habiendo sido destinado  por obispo de la ciudad de Tolosa… deseando esparcir más dilatadamente la Sagrada Doctrina, envió por explorador suyo a Pamplona a Honesto, presbítero, natural de Nimes de Languedoc, hijo de Emilio y Honesta; el cual tomando ocasión de que un día los ciudadanos de Pamplona acudían con gran concurso a un templo de Júpiter a hacerle sacrificio, movido de aliento divino, comenzó en clara y alta voz a advertir a la multitud el torpe yerro de dar a las estatuas mudas, y simulacros vanos de hombres manchados de vicios, a quienes el poder y la lisonja sacrílega había querido consagrar el culto debido por natural a sólo Dios verdadero, hacedor de cielo y tierra”.

            Sus predicaciones hicieron gran impresión en el ánimo de los oyentes, sobre todo en los de Firmo, Senador de Pamplona, su mujer Eugenia y sus tres hijos Firmino, Fausto y Eusebia. Viendo el gran fruto que en esta ciudad podría obtener volvió a Tolosa donde comunicó sus impresiones al santo obispo Saturnino, quien no vaciló en ponerse en marcha para continuar en persona la labor comenzada por su discípulo Honesto.

            “Saturnino, continua el analista navarro, juzgando se abría gran puerta al Evangelio en España, dejando encomendada su iglesia de Tolosa a Pápulo, varón santo y digno de tan gran sustitución, partió con Honesto y entró en Pamplona el día décimo séptimo que Honesto había salido de ella en busca suya.

            “Sucedió, que a la sazón se celebraba fiesta a Diana en un antiquísimo templo suyo que la tradición constante retiene estaba donde después se erigió el templo que vemos de San Saturnino, en medio de la Ciudad y con un bosque de ciprés allí junto, dedicado también a Diana. Cerca de la puerta hacía sombra un gran árbol teberinto. Este le pareció a San Saturnino lugar a propósito para hacerse oír de los que se hallaban dentro del templo y concurriesen fuera por la novedad. La celebridad del día y del lugar, la fama del orador forastero y expectación de la nueva doctrina que les traía, concitaron inmenso concurso... Por tres días continuó lo mismo creciendo cada día más el concurso de los oyentes…”

            Y pondremos aquí punto a lo que continúa relatando el padre Morete para dar un salto de varios siglos y trasladarnos a la Sala de Juntas del Regimiento de la ciudad de Pamplona, donde hallaremos reunidos a los sabios, honestos y sesudos señores don Francisco Cruzat, Doctor Murillo de Ollacarizqueta, Diego Pérez de Labayen, el licenciado Marichalar, el licenciado Monreal, Juan Ruiz Ibáñez, Joseph Marban y Beltrán de Garralda, rexidores todos ellos de la Ciudad, y oiremos al Sr. Secretario leer con voz clara y engolada el siguiente acuerdo que en aquel día, que se contaba 26 de noviembre de 1611, tomaron tan beneméritos señores:

            “Que por tradición antigua se sabía que el primero que sembró la semilla de la Fe Católica en esta Ciudad y Reyno fue San Saturnino, hijo de Egeas, Rey de Acaya en las partes de Grecia. Discípulo primero del bienaventurado San Juan Bautista y después del Vicario de Cristo San Pedro. Uno de los setenta y dos discípulos de Jesucristo nuestro Señor[1]. Que con el ejemplo de su vida y predicación trajo al verdadero conocimiento con el primer sermón que en esta Ciudad hizo, cuatro mil y más personas y por haber quedado éste tan bien fundado, y por la intercesión de este glorioso santo creemos y debemos creer piadosamente que Dios Nuestro Señor ha tenido y conservado esta Ciudad y Reyno en esta fe Católica, sin que en todo este tiempo haya faltado en cosa, de que debemos dar infinitas gracias.

            Y viendo que la dicha Ciudad ha solemnizado y solemniza otros santos que por voto guarda con agradecimiento y demostraciones de procesión y otras en hacimiento de gracias de los beneficios que esta República ha recibido de la Majestad de Dios y por su intercesión de la salud temporal y frutos de la tierra no siendo de tanta consideración, pues lo que este glorioso santo hizo, fue tratar de la salvación de las almas y quitar a nuestros pasados con aquellos principios de los errores y gentilidad en que vivían parece que hay mayor razón de hacer la misma demostración con este Santo, y así, habiéndolo tratado con el Istmo. Sr. Don Antonio de Figueroa, obispo de esta Ciudad, y con los muy ilustres señores del Cabildo de la Catedral de ella.

            Que en su día y en cada un año se haga una procesión solemne desde la Catedral hasta su Iglesia y que en ella su Señoría de dicho Cabildo diga misa con sermón, nombrando el dicho Reximiento predicador para esto, como lo hace en las demás fiestas de su voto y devoción, y que la víspera se hagan hogueras por la dicha ciudad, y otras demostraciones de contento, convocando a los divinos oficios a todo el pueblo para que en sus oraciones rueguen a la Majestad de Dios por el aumento de la Fe, en cuyo nombre se hace y debe hacer esta memoria”.

            Y desde entonces, con solo la triste excepción de unos pocos años, la imagen de nuestro Santo Patrono ha sido paseada triunfalmente por las viejas calles de la Ciudad; que quiera y permita Dios no se repitan estas vergonzosas lagunas originadas por odio insensato e inconsciente, las más de las veces.

Igual que en 1611 ayer la procesión de San Saturnino volvió a recorrer las calles de Pamplona

                   Tiburcio de Okabío
(Diario de Navarra. 29/11/1959)"


[1] Aquí nuestros ilustres rexidores de aquellos tiempos cometen el error de confundir a San Saturnino discípulo de San Juan Bautista en el S I con nuestro patrón San Saturnino, obispo de Tolousse en el S III. (nota del blogero)





Seguro que el "aitacho" organizó ayer unas buenas mezetas en el cielo con cohetes y celebraciones mano a mano con San Saturnino, San Honesto y SanFermín, disfrutando especialmente de ver la última salida de sus queridos Gigantes en este año.Y en la próxima entrada continuaremos con la biografía del aitacho si Dios quiere y no cambio de opinión, porque con todas las fiestas que se avecinan...

Última salida de los gigantes en 2013, ya bajo los adornos navideños.