Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

lunes, 6 de julio de 2026

EL 110 ANIVERSARIO DEL “UNO DE ENERO”. CANCIÓN DE IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE

 

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Querido lector

¡Feliz San Fermín 2026!

¡Viva San Fermín! 

Imposición del Pañuelo de Honor de Pamplona a Ignacio Baleztena Ascárate


Hoy 6 de julio comienzan las fiestas dedicadas a nuestro querido patrón San Fermín y celebramos el 110 aniversario de posiblemente la canción sanferminera más conocida a nivel mundial; la del “Uno de enero, dos de febrero”. Siempre los números redondos son propicios para conmemorar acontecimientos, y este es uno de ellos. Durante 110 años, cientos de miles de gargantas repartidas por todo el globo han cantado esta tonadilla.  Pero, ¿cómo sabemos el origen de una canción popular como esta? Pues acudiendo a fuentes primarias, véase las que escribió el propio autor de la letra de tan sinfónica pieza, que es ni más ni menos que nuestro padre, abuelo y bisabuelo, Ignacio Baleztena Ascárate, Premín de Iruña o Tiburcio de Okabio.

Según narra en unas Iruñerías escritas en Diario de Navarra en 1962, Ignacio tuvo que abandonar Pau en 1915, ciudad donde estaba comenzando la carrera diplomática, porque fue elegido concejal de Pamplona por el partido Jaimista (Carlista). Y como escribía él “¡Uno de enero de 1916! Fecha que debió ser grabada en bronces, esculpida en mármoles, estampada en papel couché, pues en dicho día, año y mes, tomó posesión de su cargo edilicio, quien en este momento tiene el grandísimo honor y satisfacción de ofrecerse a ustedes (…)”

Una vez nombrado concejal, un buen día “en una de estas pesadísimas sesiones, en la que se ventilaba la cuestión batallona de las sociedades de baile, se me fue la imaginación hacia las próximas fiestas de San Fermín y empecé a pensar en el paseíllo concejil de la calle Mayor del día 6 de julio. —Qué tal le sentará el frac y el tubo a Erayalar. Cómo saludará a chisterazo limpio Perico Izquierdo. Qué andares gastará Oteiza. Menudos guantes llevará Giménez; lo mejor de su tienda...”

Obviamente, se refería a la Marcha a Vísperas del día 6, que él mismo había popularizado años antes al comenzar la costumbre de ir bailando el vals de Astráin, es decir, “inventando” el Riau riau. Pero volvamos a aquella sesión municipal:

“dando vueltas a tan transcendental problema, mi musa juguetona y un si no es chabacana, me fue soplando unas coplejas dedicadas a cada uno de mis compañeros.

Pondré como ejemplo la mía; y por ella podrán deducir cómo se rían las demás.

Marchará Ignacio

grave y despacio

haciendo esfuerzos

para ir formal;

muy contristado

pues le han jibado

con el sufragio

universal.

Yo, como buen vasco, soy incapaz de improvisar la más triste aleluya sin acomodarla a alguna cancioncilla o aire popular. Así es que, instintivamente mientras «mi acerada péñola emborronaba níveas cuartillas», iba tarareando una biribilketa popularísima.

Dicha canción popular debía ser muy conocida y cantada con una letra que decía “Artola toki, Artola toki…”. De aquí se deduce que la del Olentzero debe ser posterior, ya que si no, un folklorista como Premín de Iruña, la hubiera conocido. Sigue narrando nuestro padre y abuelo, al que toda la familia llamamos “el aitacho", la historia de cómo popularizó sus coplejas con sus amigos de la Peña de los Mutilzarras del Kutz (un café bar de esa época).

Aquella noche leí y canté mi elucubración en la peña del Kutz. Fue celebrada, coreada y alborotada con protestas de las gentes no bullangueras que jugaban al dominó. Todas las noches se repetía la función y poco a poco fue corriendo por Pamplona, y cuando llegó a San Fermín la sabía y cantaba todo el mundo.

Las coplas describían del andar y contonearse de todos y cada uno de los ediles. Y al final de cada estrofa el estribillo era:

Uno de enero

dos de febrero

tres de marzo, cuatro de abril

cinco de mayo

seis de junio

siete de julio San Fermín

Finalmente los concejales cesaron en sus cargos y fueron olvidados por el público, así como sus coplas. Pero la música y el estribillo aún perviven mundialmente conocidos.

Y esta es la historia de cómo “aquí en Pamplona el popularísimo aire vasco del Artolatoki fue el progenitor del «uno de enero, dos de febrero...», que se popularizó y tomó carta de naturaleza durante los Sanfermines del 1916, y que fue concebido- por Ignacio Baleztena Ascárate- durante una interminable sesión municipal, en la que los ediles de derecha e izquierda, jaleados por el público de la estufa, debatían calurosamente, sobre si el impuesto a las sociedades de baile había de ser restrictivo, prohibitivo, o nulo”.

Así, 110 años después, miles de voces cantarán esta canción y, nada más finalizar el Pobre de mí, será la canción esperanzadora de los pamploneses, que sabemos que comienza de nuevo la cuenta atrás y ya falta menos. Este es el eterno retorno, y no el de Nietzsche, el eterno retorno de la escalera de San Fermín.



Y con esto y un bizcocho encierro mañana a las 8. Y antes hoy a las 18:00 el riau riau, otro invento del aitacho de principios del siglo XX. Feliz San Fermín.

domingo, 5 de julio de 2026

Matrimonio de una biznieta de Ignacio Baleztena. Nuevo hogar Betti Baleztena

 

Nuevos hogares

BETTI – BALEZTENA

 

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Elegancia, tradición y emoción en la boda de Antonio Betti y Carmen Baleztena en Pamplona

 

Pamplona vivió el pasado 2 de mayo una de esas jornadas que permanecen en la memoria de todos los asistentes. La parroquia de San Miguel fue el escenario elegido por Antonio Betti y Carmen Baleztena para celebrar su enlace matrimonial en una ceremonia cargada de emoción, tradición y elegancia.

El templo aparecía engalanado con una cuidada decoración de gladiolos blancos, que aportaban sobriedad y solemnidad al conjunto, acompañados de discretos y sobrios adornos de lavanda, paniculata y eucalipto en los bancos.

La ceremonia fue oficiada por el padre Federico Ferrando, quien dirigió unas palabras llenas de sentido espiritual sobre la grandeza del matrimonio cristiano.

Actuaron como padrinos el padre de la novia, Joaquín Baleztena, y la madre del novio, Carmen Bustos, ambos visiblemente emocionados al acompañar a los contrayentes en este día tan señalado.

La novia, Carmen Baleztena, lucía un elegante vestido blanco de manga francesa, con un sutil escote en la espalda y una larga cola que realzaba la sobriedad del conjunto. Completaba su look el velo familiar que ya llevó su madre, Josefina Mateo, el día de su propia boda, un detalle cargado de simbolismo y continuidad generacional. El ramo, de gran sencillez y refinamiento, estaba compuesto por lavanda, paniculata y eucalipto, en perfecta armonía con la estética del conjunto.

El novio, Antonio Betti, vestía impecable chaqué, en consonancia con la solemnidad de la ocasión.

A la salida del templo, la emoción se multiplicó. Los txistularis interpretaron la tradicional pieza “La Anthonia e Iñacio, casar se han hecho”, canción escrita por el conocido Ignacio Baleztena Ascárate, bisabuelo de la novia, sobre la melodía del ingurucho de Leiza. Se creó así una atmósfera profundamente navarra en uno de los momentos más fotografiados de la jornada.

Fue entonces cuando la lluvia, fiel a la primavera pamplonesa, hizo acto de presencia, sin restar ni un ápice de belleza a la escena. Bajo paraguas y entre aplausos, los recién casados recibieron el cariño de los invitados en el atrio de la iglesia.

Uno de los momentos más originales y emotivos llegó inmediatamente después, cuando los hermanos de la novia - Javier, Joshé y Joaquín - bailaron a los nuevos esposos un ingurucho tradicional de Leiza, vestidos con chaqué y boina colorada, en un gesto lleno de identidad y emoción que fue recibido con una prolongada ovación.

La celebración continuó en el elegante Hotel Tres Reyes, donde se sirvió un cuidado banquete compuesto por cocktail de recepción, lingote de mousse de espárrago, canelón de capón, sorbete de mojito, confit de pato y una exquisita tarta nupcial. El ambiente fue distendido, alegre y lleno de continuos gestos de afecto hacia los recién casados.

Un detalle especialmente celebrado por los invitados fue la entrega de boinas rojas para los hombres y blancas para las mujeres, que aportaron un toque de color, unidad y simpatía al conjunto de la celebración, convirtiendo el salón en una estampa viva de Tradición y modernidad.

Entre los asistentes destacó especialmente la presencia del padre de la novia, don Javier Baleztena, quien a sus 88 años derrochó elegancia y serenidad, siendo objeto de numerosas muestras de admiración y cariño por parte de los invitados.

Ya en los postres, los novios protagonizaron uno de los momentos más simbólicos de la jornada al cortar la tarta nupcial con un sable perteneciente a un general del ejército de don Carlos VII, pieza cargada de historia y evocación tradicional.

La fiesta continuó con gran animación cuando los amigos del padrino dedicaron una rondalla a la novia, a la que siguió la Tuna del Campa, llenando el salón de música y alegría. Como broche final, el propio novio sorprendió a los presentes dedicando a su esposa una emotiva canción, gesto que arrancó una cálida ovación.

La luna de miel llevó a los recién casados a recorrer algunos de los paisajes más bellos de Europa, con un viaje de novios por Suiza y Austria, preludio perfecto para esta nueva etapa que ahora comienzan juntos.

Antonio Betti y Carmen Baleztena inician así su vida en común rodeados de tradición, afecto y belleza, en una boda que combinó con equilibrio la emoción íntima con el brillo de las grandes celebraciones sociales.