Premín de Iruña

IGNACIO BALEZTENA ASCÁRATE "PREMÍN DE IRUÑA" (PAMPLONA 1887-1972): SU PERSONA, SU VIDA Y SU OBRA

jueves, 27 de junio de 2013

Carmen Abarrategui, mujer de Ignacio Baleztena, detenida


Querido lector, en la anterior entrada sobre la biografía del aitacho, veíamos cómo la guerra finalmente había terminado y toda la familia se trasladó a Madrid para celebrarlo. Se preparaba con gran interés el Desfile de la Victoria en Madrid (pinchar aquí).

La mamita, mi madre, se trasladó a la Villa y Corte para vivir con emoción y en directo los eventos preparados para tan feliz acontecimiento, y pasarlo junto con su marido Ignacio Baleztena que estaba metido en todas las salsas.


Carmen Abarrategui "la Mamita", mujer de Ignacio Baleztena.

Así pues, mientras "hacia tiempo", se dedicó a pasear por las calles de Madrid y ver escaparates. Iba orgullosa con su boina colorada cuando se le acercaron unos falangistas que le reprocharon, no muy educadamente, el no llevar puesta la camisa azul, como mandaba la Unificación. A lo que contestó con gran ironía:

-Ya es osadía, y no deja de ser una grosería y falta de respeto, pretender saber de qué color lleva una señora la camisa.

Este "desafío" le valió que la llevaran detenida a la comisaría más cercana donde la marearon y le tomaron el pelo haciendo bromas de mal gusto. Pese a todo ella permanecía tan tranquila y cuando ya se hartó de tanta chulería, pidió hablar con el comisario jefe quien, no de muy buena gana, accedió a ello. Mi madre le dijo que llamara inmediatamente al Hotel Palace, donde estaban hospedadas todas las autoridades, y que le pusieran con el ministro de justicia, el Conde de Rodezno. Las carcajadas de los allí presentes y la chufla y tomadura de pelo fueron de época.

-¡Anda!..., pues no quiere la señora hablar ni más ni menos que con el ministro de Justicia, ja, ja, ja, no te fastidia, me imagino que el señor ministro, tan desocupado, no tendrá nada mejor que hacer y estará impaciente por hablar con ella, no te digo…

La mamita un tanto cansada de todo esto les dijo con indignación y seriamente:

-Hagan el favor de llamar inmediatamente al Ministro de Justicia, el Conde de Rodezno, si no quieren lamentarlo.

-Bueno… vamos a satisfacer a la señora… que no se diga… - le contestaron en plan de mofa y llamaron por teléfono al ministro.
- Por favor, el señor Ministro de Justicia que le reclama una señora… ¿Qué cómo se llama?..., sí, una tal Carmen Abarrategui de Valenzuela…, no, perdón, de Ba lez te na.
    Tras una pausa siguió el conferenciante con voz de sorna.
    - Señor Ministro, perdone que le moleste, pero es que aquí hay una señora muy pesada que dice que le conoce y quiere hablar con usted. Sí, señora de Ba lez te…
      De pronto le cambió el rictus y la voz:
      - Sí señor ministro…, claro señor ministro…, lo siento señor ministro…, es que…, ha sido una confusión…, desde luego señor ministro…, ahora mismo señor ministro…, a sus órdenes señor ministro

      El comisario colgó el teléfono.

      -¿Pero sois todos imbéciles? Perdone señora, ha sido una terrible confusión… es que… estos empleados, ya sabe… Ahora viene el coche del señor ministro a recogerle; ya sabe que estamos a su disposición…; ¿necesita algo?...

      Y la mamita, partida de risa por dentro, pero guardando la pose contestó:
      - No, muchas gracias caballero, ya ha sido suficiente.
        Y es que la familia eran íntimos amigos de los Condes de Rodezno, en particular el aitacho que estaba precisamente hospedado con él en el Palace junto con el resto de los dirigentes carlistas. Aunque con algunas diferencias políticas precisamente referidas al Decreto de Unificación y otros asuntos relacionados con el "juanismo" y la colaboración con el Movimiento (a todo lo cual mi padre Ignacio era totalmente opuesto), siguieron manteniendo su amistad.

        Así llegó el desfile de la Victoria en el que el aitacho participó... como veremos en la próxima entrada si Dios quiere.

        martes, 4 de junio de 2013

        Ignacio Baleztena en la Gamazada

        Querido lector, dejamos el mes de la Virgen y entramos en Junio, dedicado al Sagrado Corazón. Ambos meses los celebraba el aitacho con toda la familia y Casa Baleztena se convertía en una fiesta como puedes leer pinchando ver aquí y aquí respectivamente. Cuantas veces habrá repetido "Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío", y que gran devoción al mismo nos transmitió a todos, como en tantos hogares navarros y de toda España.

        Pero este no es el tema de la entrada que nos ocupa, sino una efeméride que celebramos precisamente hoy. Me refiero nada más y nada menos que el 120 aniversario de La Gamazada, ya que justo el 4 de Junio de 1893, el pueblo navarro se echó en masa a la calle en defensa de sus Fueros, amenazados por Germán Gamazo, ministro liberal del Gobierno de Sagasta.

        Si de algo se le puede etiquetar a mi padre Ignacio Baleztena es de acérrimo defensor de los Fueros y de Navarra, durante toda su vida. ¿Durante toda su vida?. Vamos a comprobarlo; Pues bien, gracias a una iruñería escrita por Tiburcio de Okabío, es decir, el propio Ignacio Baleztena, descubrimos que desde ya mocé "mamó" en su familia carlista este amor a su tierra, y la defensa de sus tradiciones, costumbres y forma específica de ser, plasmada en nuestros queridos Fueros. El artículo en cuestión lo escribió el 13 de marzo de 1960 y dice lo siguiente:


        "La Gamazada, El Liberal Navarro y María Guerrero coupletista

        … veremos que en la gran manifestación foral del 3 de junio (1893), desfilaron formando "compacta piña" o "apretado haz" los representantes de la prensa pamplonesa llevando al frente un bonito estandarte rojo con el escudo de Navarra en su anverso y el lema "La Prensa de Pamplona", en el reverso.

        Se veían en este grupo al señor Espoz, director de "El Eco de Navarra"; al señor de la Ribas, del "Tradicionalista"; don Donato Cumia, de "La Lealtad Navarra"; señor Díaz, de "El Auxiliar"; señor Blasco , de "La Región Médico-Farmaceutica"; señor Aldave, de "La Bicicleta"; señor Palomino, del "Magisterio Navarro"; y don Javier Arbizu, de "El Liberal Navarro".

        Dejando a un lado consideraciones políticas, diremos, que este último, discretamente dirigido y muy bien escrito se distinguía por sus crónicas teatrales. Por una de ellas nos enteramos del formidable éxito que Doña María Guerrero obtuvo en Pamplona actuando con gran salero y gracia como experta coupletista….



        (El resto de la iruñería trata sobre la crónica del paso de María Guerrero por Pamplona, pero la clave para esta entrada está al final del artículo)



        … A pesar de que en aquella época era yo cuasi un hombrecito, como lo demostre gritando en la manifestación foral, hasta enronquecer, ¡Que baile Gamazo!, mis padres no juzgaron oportuno llevarme a admirar las gracias y donaire de la señorita Guerrero…"

        Tiburcio de Okabío (Ignacio Baleztena)
        Diario de Navarra 13 de Marzo de 1960

        Así que por esta iruñería podemos afirmar que el aitacho participó en la Gamazada de forma activa siendo un muetico de 6 años. De raza le viene al galgo.
        También ya como curiosidad, en el libro de firmas de la protesta foral se recogen la de muchos miembros de la familia Baleztena, como la de tantas decenas de miles de navarros que supieron unirse al grito de ¡Viva Navarra! y ¡Viva los Fueros!.


        Ignacio Baleztena conservó este ejemplar en el que se ve el proyecto original de la Estatua de los Fueros, mucho más acorde con la transmisión de nuestras tradiciones de una generación a otra, que el que se llevó a cabo finalmente.
        Y antes del colorín colorado, aprovecho esta ocasión para pedir disculpas a los seguidores del blog, algunos de los cuales ya me han "tirado de las orejas" por mi larga ausencia y me propongo retomar el ritmo de nuevo a partir de ahora si Dios quiere, siguiendo con la biografía del aitacho... y otras historias suyas.

        lunes, 13 de mayo de 2013

        Fin de la Guerra. Celebración en Pamplona y preparativos en Madrid



        El 13 de Mayo la Virgen María, bajo de los Cielos a Cova de Iría

        Querido lector, hoy, al igual que todos los días de este mes de Mayo dedicado a la Virgen, volveremos a “hacer las flores”, otra tradición que nos transmitió el aitacho y que durante generaciones lo hemos hecho en familia. Si no sabes de que hablo, puedes pinchar aquí.

        Pero seguimos con la biografía de mi padre, precisamente en el ansiado final de la guerra. Nos cuenta su hermana tía Lola:

                    “Fecha memorable el día 28 de febrero de 1939, en que se acabó la guerra. En Pamplona, la gente se echó a la calle, los balcones lucían colgaduras, las campanas de iglesias y conventos lanzan por los aires las aclamaciones que de todos los labios salían. Y, aunque la nieve cubría las montañas, el sol radiante reflejado en su mole hacía de ellas las suspiradas banderas de la paz. Por la noche se organizó una manifestación presidida por todas las autoridades militares y civiles que terminó en San Nicolás entonando el Tedeum y ante la Virgen del Pilar una Salve triunfal. ¡Gracias Dios mío!”

         Poco a poco fue reuniéndose toda la familia del aitacho en Madrid para celebrar la victoria y preparar todo. Precisamente una de las primeras que entró en la capital fue su sobrina Roshari Jaurrieta en una aventura que nos llevaría contar otra entrada por lo menos.

        La cosa es que mi padre Ignacio también estaba allí preparando todo. En estos días los requetés una de las primeras cosas que hiceron fue visitar los restos del monumento al Sagrado Corazón que habían fusilado, destrozado y profanado por milicianos del bando republicano en el Cerro de los Ángeles al principio de la guerra, tras asesinar a cinco defensores que lo custodiaban. 

        Un grupo de requetés en las ruinas del monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles
         En agradecimiento por el triunfo y en desagravio por aquella profanación, se celebró en el lugar una Misa de campaña.

        Misa de Campaña en honor del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles.
         
        Concentración de requetés en el acto de acción de gracias al Sagrado Corazón por el final de la guerra.
        Pues bien, el salsero del aitacho, durante este acto se autoproclamó el abanderado de “La Generalísima”, la histórica bandera carlista, y practicamente no la soltó hasta que terminaron todas las celebraciones de esos días, como veremos más adelante.

        Ignacio Baleztena abanderado con "la Generalísima" en el Cerro de los Ángeles
         De aquí surgió la iniciativa de hacer una suscripción popular por toda España para reconstruir el monumento profanado del Sagrado Corazón, en la cual participó el aitacho y la familia.

        Cuadro de apoyo al desagravio al Sagrado Corazón y reconstrucción del monumento por suscripción popular
        Detalle del cuadro puesto en un puesto de honor en la casa familiar de Leiza

        Pero pronto empezó el desagradecimiento hacia los carlistas que habían salido a dar su vida por Dios y la Patria (y el Rey, aunque esto último no lo pudiesen decir). Nos lo cuenta tía Lola:

        “Un día vinieron excitados y tristes a decirnos que se iba a dar la orden de que desfilaran con camisa azul[1], y que ellos, si era verdad, estaban dispuestos a no tomar parte en el desfile y que se lo dijéramos al general Ponte; y también, dicen que no tenemos que desfilar con los Crucifijos que hemos llevado en todos los frentes. Y eso, sí que no[2]. Y tenéis que ir las margaritas para ver si eso se puede arreglar. Y fuimos con la misiva al general Ponte, el cual nos recibió muy bondadoso y paternal, diciéndonos:

        - Hijas mías, no temáis; si se ha dicho, yo estoy seguro de que no se cumplirá semejante cosa. Os doy mi palabra de honor.
        -         En ella confiamos plenamente –contestamos.

        .... Se presentó un grupo de requetés, muy excitados, a decirnos que en el desfile a su Tercio de Abárzuza les iban a imponer la camisa azul y estaban dispuestos a negarse rotundamente. Irían en una compañía motorizada, pero no en su Tercio, y añadieron: tenéis que ir las margaritas para hablar con los jefes. ¡Y nos hacía tanta ilusión desfilar en Madrid! Y para demostrar que somos requetés, a pesar de todo, os traemos las camisas y las aspas recortadas para que nos las cosáis, y además, pongáis en medio el escapulario del Sagrado Corazón que también os traemos. Y no pudimos menos que aceptar el trabajo que nos imponían aquellos chicos que tanto confiaban en nosotras.”

                    Y en medio de estos desencuentros llegó también la mamita, mi madre Carmen Abarrategui, para acompañar a su marido en Madrid en estas celebraciones. Y precisamente le ocurrió... lo que veremos en la próxima entrada si Dios quiere.


        [1] La camisa azul era el uniforme de la Falange.
        [2] Precisamente el requeté destacaba por su defensa de la Religión, que había sido tan cruelmente perseguida. No podían consentir salir sin la Cruz por la que estaban dispuestos a dar su vida.

        domingo, 28 de abril de 2013

        Bailando a las puertas de la muerte

         Virgen bendita de Ujué
        sed de nuestra ribera
        refugio de ardiente Fé

        Querido lector, el Aitacho, tras acudir al nacimiento de su séptimo hijo y estar con los requetés rusos en Leiza (pinchar aquí) volvió al Frente. Y precisamente por el diario de su hermana tía Lola podemos saber que concretamente estuvo en tierras levantinas. Ella fue al frente de Castellón de visita con las Margaritas y por casualidad se encontraron ambos hermanos... como se ve en este extracto de dichos diarios:

        "Fuimos también a Morella, ciudad que fue tomada por los carlistas al mando del general Cabrera. Todo estaba como abandonado. Pero sobre todo, nos impresionó la iglesia. Era de hermosa construcción, muy amplia, limpia y arreglada, pero ¡qué arreglo, Dios mío! En todo su suelo había mesas de cemento que la convirtieron en mercado público; en los altares, ni un santo. El sadismo en arrebatar santos y borrar señales piadosas y la furia con que eran tratadas aumentó nuestra devoción.


                    Pero nunca me pareció más visible ese empeño, que cuando encontramos en una iglesia, no sé donde, que estaba a nuestro paso. En ella, tampoco, había santos, pero…, en las catorce estaciones del Via Crucis que colgaban por sus paredes, las caras de la Virgen María, las de las piadosas mujeres y sobre todo, la figura de Jesucristo. Estaban borradas fría y brutalmente a martillazos, con saña infernal. ...



                    El Tercio de Lacar, una compañía, estaba en Alcora, en las inmediaciones de Castellón, y pidieron que fuéramos a visitarles, y con gusto lo hicimos. ¡Con qué alegría nos recibieron! Allí me encontré con conocidos vistos en otros frentes con los que estuvimos largo rato comentando nuestras andanzas.

         

                    Tenía una foto interesante de aquel día inolvidable. En una gran pradera rodeada de naranjos se celebraba la animada conversación. Recuerdo que un requeté del Baztán se puso a hablar conmigo y me dijo que no le gustaban los naranjos porque eran muy malos para las batallas; no cubrían el cuerpo y siempre quedaba uno a la vista del enemigo. 

        - No son como nuestros robles, ¿verdad? –le dije-, y él, poniendo los ojos en blanco, me contestó: 
        - ¡oh, aquellos!, y con mirada nostálgica y suspirando se evadió a los prados verdes de sus montañas.



                    Como era de esperar, enseguida se oyó el sonar de un chistu, y como si fuera una llamada para atacar a la bayoneta, atacaron los requetés galantemente a las margaritas allí presentes que no se hicieron de rogar. Mi hermano Ignacio se encontraba allí, y como le gustaban aquellas arrancadas, joteó de lo lindo. ¡Qué viveza de colores en la campa! Como se hace en Leiza y otros pueblos, al final, se formó un gran corro cogidos todos de las manos, y en medio de él, el comandante del tercio emparejado con una margarita bailaba briosamente.



                    Este momento de alegría bien podía recordar la novela de Muñoz y Pabón, cuando su protagonista en un momento trágico dice a su pareja:



                    - “Estamos bailando a las puertas de la muerte”.



                    La victoria no estaba todavía en las manos. ¡Qué triste sucesión tuvo aquel día tan maravilloso y tan navarro!, como luego diremos.



                    Si por casualidad alguno llegara a leer estas páginas que escribo pensaría que tomábamos la guerra como un deporte. Nada de eso. Si se pusieran en una balanza las penas y sufrimientos que la contienda nos daba, con las alegrías que algunas veces nos proporcionaba, al lado de las primeras se inclinaría el fiel de la balanza. El carácter navarro es más bien festivo y ruidoso. Allí había requetés que sabían que la muerte les acompañaba y de sufrimientos y privaciones que les esperaban. Sin embargo, después de un combate, si sonaba el rasgueo de una guitarra, a su reclamo acudían alegremente. Eran muy dados a improvisar cantaradas (muchos de ellos tengo coleccionados) y sobre todo a bailar. Yo digo, que si el cantar es la expresión de un sentimiento que hirviendo en el corazón se desborda por los labios; también añado, que el baile, sobre todo la jota, es como una sacudida eléctrica, que al poner los miembros en movimiento hace a los pies desprenderse de la tierra y a los brazos alzarse hacia cielo.



                    Bien pocos días después de aquella alegre reunión y en el mismo campo donde se celebró cayeron unas bombas causando muertos y heridos. ¡Y estábamos en el final, cuando ya se tocaba el triunfo! ¡Pobres familias! Con qué ilusión esperarían a sus hijos reintegrados ya en los hogares que un día en arranque de fe, de valor y entusiasmo abandonaron… Ya en Pamplona, nos enteramos de la triste noticia.

                    Aquellos días se hablaba de que Madrid estaba a punto de rendirse, que los rojos se peleaban entre sí y se cabían proposiciones sobre el modo de entregar la capital. Se vivían momentos de ansiedad y esperanza. ¡Ya pronto volverán! Adiós a las tristezas, a los sufrimientos; va a salir en un cielo sin nubes el sol de la Paz. ¡Bendito sea!"

        Ignacio Baleztena, en el centro de la foto, finalizada su estancia en el frene de Castellón volvió al de Madrid. La guerra llegaba a su fin.

        Y efectivamente, bailando a las puertas de la muerte, la guerra se cercaba a su fin, y el aitacho entrará en una nueva etapa, como veemos en las próximas entradas si Dios quiere.

        sábado, 20 de abril de 2013

        Ignacio Baleztena padre en plena guerra y a vueltas con los requetés rusos




        Querido lector, avanzaba 1938 y de nuevo el aitacho viene del frente a Pamplona por un importantísimo suceso, al menos según mi punto de vista: El 30 de Abril de 1938 nació su séptimo hijo, Javier, es decir el mismo que viste, calza y escribe este blog. Así mi padre en primavera de 1938 estaba por aquí para acompañar a mi madre y su mujer Carmen Abarrategui, la Mamita, y disfrutar de su nuevo vástago.

         
        El 30 de Abril de 1938, en plena guerra, Ignacio Baleztena tuvo a su séptimo hijo, Javier Baleztena Abarrategui.
                     Y así estando en Pamplona, enlazamos con la anterior entrada en la que veíamos como se formó una compañía de requeté formada por rusos blancos dentro del Tercio María de Molina (pinchar aquí). Y precisamente nos cuenta el periodista y escritor Romero Raizabal lo siguiente en 1938





        “EL CORONEL QUE ASCENDIÓ A SARGENTO


                    Me lo presentó Ignacio Baleztena: Wladimiro, del Tercio de Navarra.

        -Encantado –dice en francés.

        Mi pregunta brota obligada:

        -¿Ruso y del Tercio de Navarra? No le recuerdo cuando estuvo el Príncipe Gaetán.

        -No hacer “servisio” at that time, me contesta.

        -Pero conocerá a los príncipes de su país que estaban entonces en el Tercio.

        -¡Oh!, oui beaucoup, me honran con amistade.

        Ignacio Baleztena comenta: Wladimiro ha estado en varias guerras de esa índole. Esta es la quinta, ¿no es así?

        Por el rostro del recién presentado cruza una ráfaga de orgullo que disimula su sonrisa, llena de corrección y confirma

        -Ahora hacer “quíntupla”.

        Baleztena prosigue:

        -Cuando estudiaba en la Universidad, a principios de siglo, estuvo en Manchuria siendo cadete de Caballería. Más tarde en la Europea, que acabó con el grado de comandante. Luego en la civil rusa, entre blancos y rojos, donde llegó a teniente coronel. Después en la de los Balcanes de coronel. Tiene la condecoración máxima de guerra en Rusia y en Bulgaria.

        Me fijo entonces en que ostentaba en el pecho, subrayando las Aspas de la Cruz de Borgoña, los galones de oro de sargento. Y no puedo reprimir un hondo sentimiento de admiración. Quisiera decir algo, pero no se me ocurre nada.

        Es Joaquín[1] quien nos echa un capote a tiempo:

        -¿Quieres venir a Leiza con nosotros?

        Estamos en la Plaza del Castillo, bajo los arcos frente al Hotel del cisne[2]. Es de noche hace rato. El automóvil de Lola apeldaña el estribo sobre el reborde de la acera, mientras Joaquín se nos acaba de acercar en un gesto de despedida.

        Wladimiro Dvoichenho, el coronel del ejército ruso que ascendió a sargento del Requeté, viene también y donde caben cuatro caben cinco.

        El Capitán del Montejurra nos comentaba: Es admirable. Vino de simple boina roja y estuvo varios meses haciendo cola como los demás para coger el rancho, con un espíritu maravilloso. Le Ascendí a sargento. Es correctísimo. Todo un caballero. No se queja nunca por nada y no prueba licores. Se pasa el día tomando té mezclado con tintorro.

        A las dos o tres fechas de esta charla, caímos un día en Leiza. De camino, en el coche de Lola Baleztena, fuimos hablando con ella y con su hermana Angeles[3], en más de una ocasión, de Wladimiro.

        -¿Qué tal el ruso?

        -¿A qué ruso? ¿Wladimiro?

        -¡Cualquiera diría que coleccionais rusos en Leiza!

        -Pues no creas, no creas… En quince días vamos teniendo de invitados tres amigos de Ignacio, completamente coterráneos de una tal Catalina. Como los pobres no tienen aquí amigos…

        -Pello[4] dice que no son rusos de verdad. Y que es muy fácil hacer creer que lo son, ya que todo el mundo sabe que en Rusia hace frío, que hay algún oso que otro y que reinaron los zares.

        -Es un muchacho encantador. Si vieras qué correcto… Tomaba té con nueces[5] y se pasaba grandes ratos tocando la guitarra. Cantaba en ruso y parecía que cantaba zortzicos. Estos rusos son muy sentimentales.

        En un rincón del comedor, sobre una mesita con revistas, cerca de la ventana, hay un grueso volumen. Wladimiro se entretenía viendo los “santos” de ese tomo. Súbitamente empezó a decir cosas, gesticulando como loco. “Aquí, aquí”, señalaba con el dedo, gritando. Era un mapa de una población de Crime. Le preguntamos a ver qué pasaba, pero no nos hacía caso. “¡Suerte grande!”, exclamaba. Y al fin comprendimos, cuando nos dijo con emoción indescriptible: “¡Pópulo meo! ¡Casa mea!” ¡Le maison de moi! Ici! Cet ici! Y clavaba una uña sobre el plano”.

        Efectivamente, varios rusos amigos del aitacho pasaron temporadas en Leiza, donde eran formidablemente acogidos, algunos de ellos para recuperarse de las heridas de guerra tras ser atendidos en el Alfonso Carlos. 

        Los rusos blancos que participaron como requetés. En esta foto en una celebración de la Pascua con una misa de campaña celebrada por un pope ortodoxo en el frente.
         Y así avanzando el tiempo nos encaminamos gracias a Dios hacia el ansiado final de la guerra, como veremos en las próximas entradas si Él quiere.


        [1] Hermano de Ignacio
        [2] Pza. del Castillo, nº 24, junto a Casa Baleztena.
        [3] Hermanas de Ignacio
        [4] Hermano de Ignacio,que tenía mucho sentido del humor también.
        [5] Tomaba muchas nueces y por ello tío Joaquín le llamaba “Inchaurroski (nuez en vasco: inchaurra)


        [1] Pza. del Castillo, nº 24
        [2] Tomaba muchas nueces y por ello tío Joaquín le llamaba “Inchaurroski (nuez en vasco: inchaurra)

        miércoles, 17 de abril de 2013

        Los requetés rusos



        Querido lector, como veíamos en la anterior entrada, el aitacho conoció en el frente a los requetés rusos. Eran los rusos blancos, venidos a España para luchar contra el comunismo. Pero mejor… dejamos la palabra a su hermana tía Lola, que nos cuenta que a principios de 1938, en Huesca:

                    "También se encontraba por allí una compañía del mismo tercio en la que figuraba un gran número de requetés rusos. Pero, ¿hubo requetés rusos en la guerra? Nos han preguntado más de una vez. Pues, sí que los hubo. Lo formaba un grupo de rusos blancos, que al enterarse en Francia, donde estaban desterrados, de un alzamiento que en España luchaba contra las ideas revolucionarias, pasaron la frontera por Aragón.

                    Al entrar en la frontera española, cuando estos rusos se presentaron como voluntarios, fueron interrogados sobre la unidad en la que desearían enrolarse:

        -         Hay dos - les advirtieron - la Falange Española y el Requeté; ésta es la insignia de los primeros: el yugo y las flechas; y ésta, la boina roja, la de los segundos.,

        y cuando les fue presentada una boina roja, dijeron enérgicos:

        -         No, eso no, ese color recuerda al comunismo.

        - Pues, es precisamente la prenda más antirrevolucionaria en España –les respondieron.

        -         ¿Qué quieren decir las letras de esta chapa? –preguntó uno de ellos.

        -         El lema del requeté: Dios, Patria, Rey.

        - Pues vaya por él, ése es el nuestro: Dios, Zar, Patria (Vera, Zare, Rodina, en ruso).

        Y ellos, sin vacilar, se alistaron contra los que luchaban contra el comunismo que les desterró de su patria y de todas sus haciendas. Y así quedó incorporada al Tercio aragonés de Doña María de Molina una compañía de requetés rusos. Tuvimos mucho trato con ellos.”
         
        Los requetés rusos del Tercio de Dña María de Molina
        Pues bien precisamente este estrecho trato del aitacho y la familia con los requetés rusos es el que veremos en la próxima entrada si Dios quiere.

        domingo, 7 de abril de 2013

        De 1937 a 1938, Navidad, Reyes... Y de paso San Miguel de Aralar



        Nor Jaungoikoa bezela?
        Inor Jaungoikoa bezela

        El Arcangel San Míhel
        se viene de Aralar
        igual que en otros años
        Iruña a visitar.

                    Querido lector, en primer lugar felices Pascuas. Seguimos con la biografía del aitacho (ver aquí la última entrada al respecto), y resulta que nos quedamos en las navidades de 1937. Precisamente ya hicimos un avance de las mismas que puedes ver pinchando aquí, pero ahora amplío información precisamente con lo que nos cuenta tía Lola, hermana de mi padre Ignacio:

                    “También en el Alfonso Carlos se celebraron las Navidades con la acostumbrada alegría que reinaba en nuestro hospital donde se instaló un belén maravilloso. Fueron los artistas los catalanes, a los que no se les puede regatear el buen gusto y la laboriosidad, y gracias a ellos se ganó el primer premio del concurso de nacimientos.

                    En el antiguo convento de la Merced había prisioneros rojos, y también, pusieron Nacimiento los catalanes, y para ellos fue el segundo premio, y el tercero, se adjudicó a un convento de monjas, donde las artistas eran del Principado”.

                    Pues bien, nos saltamos la visita de tía Lola a los frentes felicitando la Navidad a los navarros, por ya haberla contado en aquella entrada. Y se acercaban los Reyes. Como era de esperar mi padre Ignacio no podía dejar esta fiesta tan pichi, y ocurrió lo que sigue narrando su hermana  Tía Lola:
                   
                    “Fuimos a visitar a los presos de la Merced y mi hermano les entregó un donativo para alegrar la fiesta. Estuvieron muy contentos y amables, y el día de Reyes, se presentaron en comisión trayendo unos juguetes para los niños de la casa por ellos fabricados. La Virgen de la Merced, Redentora de cautivos y Patrona de Barcelona, habría bendecido desde el cielo aquellas demostraciones de fraternidad”.

                    Así de nuevo esta Navidad con la consiguiente celebración de Reyes en plena guerra sirvió para hermanar a rojos y nacionales en tan particular “cabalgata”.

                    El aitacho pronto tuvo que estar de nuevo en el frente. Y mientras tanto tía Lola con las margaritas nos cuenta cómo: “después de estas entrañables fiestas de Navidad nos lanzamos nuevamente a visitar los frentes que cada vez se encontraban más lejos, gracias a Dios”.

                    Llegamos a Huesca donde saludamos a las margaritas que eran muy numerosas y trabajadoras. En aquel frente operaba el Tercio de María de las Nieves, al que perteneció Ignacio[1]. No los pudimos ver porque estaban lejos operando lo cual nos dio mucha pena. Así pues, paramos allí poco tiempo. Pasamos por el cuartel donde estaba García Escámez y oficialidad. Entramos a saludarles y nos recibieron muy amablemente, acompañándonos por los alrededores ya libres de guerra. Pero, vimos un macabro espectáculo que la recordaba: en un prado había un tanque enemigo derribado y bajo él un cadáver. No pudimos hacer otra cosa que rezar por él.

                    También, visitamos en el mismo frente otro lugar cuyo nombre no recuerdo, donde operaba el Tercio aragonés de Doña María de Molina. Allí, encontramos un comandante muy conocido nuestro que había vivido en Pamplona. Nos hizo visitar las trincheras abandonadas del enemigo. Nos habló mucho de la heroína Agustina Simón ponderando su valor extraordinario y su caridad, y añadió: “bien puede llamarse la segunda Agustina de Aragón”, la brava mujer que luchó en el sitio de Zaragoza contra las tropas de Napoleón.

                    También se encontraba por allí una compañía del mismo tercio en la que figuraba un gran número de requetés rusos. Pero, ¿hubo requetés rusos en la guerra? Nos han preguntado más de una vez. Pues, sí que los hubo…”

                    Efectivamente, entre los requetés hubo un nutrido grupo de rusos que tuvieron estrecha relación con el aitacho y toda la familia. ¿De dónde vinieron?, ¿Por qué?, ¿Cómo se unieron al Requeté?, ¿Qué pintaba el aitacho en todo esto?. Lo veremos en la próxima entrada si Dios quiere.

                    Pero antes, como hemos empezado con el grito de San Miguel "¿Quién cómo Dios?, ¡Nadie como Dios!", que no se te olvide que el segundo lunes de pascua el Angelico como todos los años “se viene de Aralar... a Iruña a visitar” como dice la canción del aitacho a San Miguel de Aralar, que puedes ver pinchando aquí. No faltes a recibirle este lunes en la Taconera, y antes para hacer boca puedes ver, pinchando aquí, el gran cariño y devoción que tenía mi padre a San Mihel, cómo fue el iniciador de su vista a la Diputación (pinchar aquí) y más cosas al respecto.

        Ignacio Baleztena fue quien en 1925, siendo diputado foral, retomó la costumbre de que San Miguel de Aralar visitara la Diputación, y el que elaboró la "ceremonia" de cómo debía ser recibido, que es con muy pequeños matices la que se sigue celebrando actualmente.

        Durante la guerra, en Pascua, San Miguel de Aralar recorría las calles de Leiza escoltado por requetés del pueblo, como puede verse en la foto



        [1] Ignacio Baleztena.