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lunes, 30 de enero de 2012

Ignacio Baleztena y los mítines kurriñescos en 1932

Querido lector, como ya hemos dicho, estando la familia Baleztena expulsada de Pamplona, el aitacho en 1932 andaba de la ceca a la meca, es decir entre Pamplona, Leiza y San Sebastián, metido en todos los ajos, defendiendo sus ideas carlistas, en plena república, con sus armas preferidas: los kurriños. Así nos cuenta su hermana Dolores lo siguiente:

Dolores Baleztena, la tía Lola, hermana de Ignacio, en un mitín carlista durante las II república

“Organizaba jubilosas propagandas llevadas a cabo por el Muthiko Alaiak[1]. Llegaba la caravana a los pueblos y en la plaza jugaban partidos de pelota, bailaban danzas: jotas, purrusaldas, inguruchos, y venía después el número cumbre: los kurriños[2], organizados y también promovidos por mi hermano Ignacio”.

“Y también, es digno de especial recuerdo la concentración infantil celebrada en Durango. Aunque el programa era para niños, los mayores gozaron tanto o más que ellos ya que se reían y aplaudían alocadamente.

            Salieron a escena para lucir sus gracias los ya veteranos “kurriños ignacianos” que tales éxitos llegaron a cosechar. Los Muthikos bailaron la sokadantza, ingurucho, jotas y porrusaldas sin perder ni un momento el compás. Se cantó y bailó “La noce navarrais” como la llaman por el sur de Francia, y en Navarra: “La Anthonia e Inacio casar se han hecho”. Y ya para final, los abuelos se mezclaron en la danza con más garbo que los nietos. Y viejos, jóvenes y niños formaron un korroan monumental profiriendo goras e irrintzis que eran el verdadero grito de triunfo de los primitivos vascos.

….

Muchos datos de concentraciones entusiastas y pintorescas podría contar, pero finalizando este tema, diré que en la parte montañosa de Navarra se verificaron concentraciones muy numerosas a las que se sumaban los correligionarios guipuzcoanos, y entre ellos, la famosa margarita tolosana, Juanita Alberdi, que solía hablar en euskera, lo cual era muy apreciado por el auditorio. Sobresalieron entre ellas las de Leiza y Areso.

            Durante la primera, en la sokadantza de honor figuró en la punta principal una descendiente del famoso general Miguel de Sagastibelza, natural de Leiza, nacido en Pastain-borda[3], y del que hablan las historias escritas por extranjeros. Fue el primero que en la montaña frontera con Francia dio el grito de ¡Viva Carlos V! Acompañado de un gran número de voluntarios que supo reclutar.

            En Areso, la juventud de “Lealtad Guipuzcoana”, llevando boinas blancas con borlas verdes hizo una entrada gallarda. Así, la llevaba don Carlos cuando salió de Leiza acompañado por todo el vecindario camino de Ezcurra. Las mozas atraídas por la gallardía de su persona improvisaron este “berso-berria”:

                                   Chapel zuria eta – borlia verdia,
                                   zaldi gañian dator – D. Carlos gurea.

Que quiere decir:

                                   Con boina blanca y – borla verde
                                   Montado en su caballo va – nuestro D. Carlos.

                                                ----------------------------------

            La atmósfera en España se iba enardeciendo aceleradamente. Se asaltaban las propiedades, sobre todo en Andalucía, se cometían asesinatos. La persecución religiosa desenfrenada cerró y selló el Castillo de Javier, el Santuario de Loyola y dispersas fueron las comunidades e incautados, muchos eran encarcelados y deportados a Canarias por mantener firmes sus opiniones.”

            Ya vimos en una anterior entrada el cierre del castillo de Javier tuvo una respuesta contundente de muchos navarros, que puedes leer pinchando aquí.

Y sin más incidentes, terminó pacíficamente aquel año que tan trágicas consecuencias pudo tener para toda la familia.

Para finalizar el aciago 1932 la familia pasó unas navidades felices en Petrorena, la casa familiar de Leiza, mientras Casa Baleztena, otros años un hervidero de villancicos, Misa del Gallo y Reyes Magos, por primera vez en tanto tiempo permaneció vacía y silenciosa durante estas entrañables fechas. Tras las celebraciones de rigor volvieron a San Sebastián a la “Villa Valencia”, mientras el aitacho seguía como un nómada entre Pamplona, Leiza y San Sebastián.


[1] En un lapsus de tiempo la tía Lola se adelanta a los acontecimientos, ya que en 1932 el Muthiko Alaiak no se llamaba así, sino que aun era la Orden del Záldiko Máldiko, fundada por el propio Ignacio Baleztena.
[2] Tipo de marionetas que se manejan directamente con las manos en vez de con hilos.
[3] Nombre de la casa natal del general.

jueves, 26 de enero de 2012

Ignacio Baleztena y los sanfermines de 1932

Querido lector, como hemos visto la familia Baleztena estaba expulsada de Pamplona por el gobernador civil de la II república. Pero el aitacho no podía vivir mucho tiempo lejos de su querida ciudad, y afrontando los riesgos del incumplimiento de la orden dictada por el gobernador Andrés y la posible repetición de los ataques contra él, decidió que unos sanfermines en San Sebastián era demasiado suplicio para su cuerpo, y se plantó en su vieja Iruña dispuesto a disfrutar las mezetas de este año de 1932. Además obviamente su misión era servir de “enlace” entre los carlistas y su hermano Joaquín, que era el Jefe Regional Carlista en Navarra, el cual hubiera sido aun más arriesgado que volviera.

Cuando llegó a Pamplona no era prudente que fuera ni a su piso de la Calle San Ignacio ni a Casa Baleztena, con lo cual se refugió en la casa de un amigo canónigo que vivía con una hermana en la Calle Dormitalería. Así la mujer hacía de "ama de cura" y de patrona del aitacho. No es la única vez que tuvo que refugiarse allí, como veremos más adelante. 

Casa Baleztena había quedó abierta, abandonada, pero nadie se atrevió a franquear su puerta quemada. ¿Fue por miedo?, ¿por una mezcla de confusión, vergüenza y remordimiento?. Realmente la visión de la misma era desoladora, cerrada, con los cristales y los marcos rotos, con señales del incendio… Pero algo ocurrió que le emocionó al aitacho en gran manera: al pasar los gigantes por delante de la misma, se detuvieron y bailaron en su honor, ante la casa vacía, sin saber que los observaba a lo lejos, igual que solían hacerlo todos los años, como si aun se asomaran a esos balcones él y su familia. Esto le hizo olvidar las penas y con saltos y jeribeques se unió al ilustre cortejo, con gran alegría por parte de los que lo formaban. Y de nuevo bailó a Joshepamundi, su reina europea. Sabía que entre los que le rodeaban estaban algunos de los autores del asalto y quema de la casa, pero en ese momento era igual. Cosas de los sanfermines.

De este modo, mientras estaba disfrutando de las fiestas, el mejor momento para contactar con  sus correligionarios era, precisamente el día 7 de Julio, en la Misa carlista que se celebró en la capillica de San Fermín. Tras la misma, según nos narra Lizarza en sus “Memorias de una conspiración” le transmitieron unos rumores sobre un posible movimiento militar, a producirse al día siguiente, comandado por el General Barrera que posiblemente estaba en Biarritz. ¿Qué debían hacer?. Para dilucidarlo tuvieron una reunión esa misma tarde en Oricain varios representantes de Navarra, Zaragoza, Logroño y el hermano de la Condesa de Guenduláin venido desde Biarritz.

Pese a que no le sobraban motivos al aitacho para estar “caliente” tras el asalto y quema de Casa Baleztena y su expulsión de Pamplona, según cuenta Lizarza fue precisamente el que apaciguó los ánimos:

Ignacio Baleztena impuso la cordura y disuadió a los reunidos de aquella temeridad”.

Vamos, en plenos sanfermines con estas historias. Ni hablar, no había nada preparado, era una idea  peregrina y además como sentenció mi padre: “¿Qué le iba al Carlismo en un movimiento como aquel?”

Tras conseguir parar esa descabellada historia se dedicó a disfrutar de lo lindo de lo que quedaba de la tarde y la noche, como le gustaba a él hacerlo, hasta terminar corriendo el encierro. De paso además de divertirse como era su costumbre, despistaba a la policía de sus actividades políticas.  

Ignacio Baleztena difrutaba los sanfermines a tope. En esta imagen se le ve años antes en tendido de sol, de pie, con una "pamela sanferminera". Me ha llamado especialmente la atención porque está entre los blusas blancas y precisamente él lleva una blusa blanca y pañuelo rojo al cuello. Esta foto de principios de siglo es un curioso testimonio sobre la posible antigüedad y origen de la vestimenta blanca y el pañuelo rojo.
Desde este momento su vida discurrió entre Pamplona (donde volvió a fijar su residencia), Leiza y San Sebastián (donde se encontraba el resto de la familia expulsada). Pero de sus andanzas durante este año trataremos en la próxima entrada si Dios quiere.

martes, 24 de enero de 2012

De Leiza a San Sebastián

Querido lector, la familia Baleztena, incluido el aitacho, su mujer e hijos, estaban expulsados de Pamplona por el gobernador republicano Andrés, tras haber sufrido el asalto y quema de su casa por radicales izquierdistas. Inicialmente pasaron una temporada en Leiza antes de partir hacia San Sebastián. Dejo de nuevo la palabra a Dolores Baleztena, la tía Lola, que nos cuenta las impresiones de este destierro en sus inéditas “Memorias de una chofer”:

"Emprende el auto la marcha hacia San Sebastián y al atravesar aquel camino tantas veces recorrido, el ruido del motor, como si fuera una voz viva, viene evocando episodios, haciendo revivir escenas. El adiós a Petrorena, que tan protectoramente nos acogió en nuestra desventura; el recuerdo de la casa de Pamplona cerrada, silenciosa, mutilada, sin haber sido testigo por primera vez de las alegrías navideñas, de las reuniones familiares. Todo esto y mucho más aparecía como en pantalla panorámica durante aquella marcha hacia una nueva etapa de nuestra vida.

El auto estacionó ante la casa alquilada: hermosa, simpática, pero... ¡no era la casa!. Villa Valencia, que así se llamaba, acabó por serlo, y las temporadas que en ella pasamos, dejaron en nosotros un recuerdo feliz.

Villa Valencia, en San Sebastián. En ella se refugió la familia, expulsada de Pamplona, tras el asalto y quema de Casa Baleztena
Más íntimamente unidos, si cabe, pues estábamos más solos que en Pamplona, los días se deslizaban tranquilos. Allí, ninguna responsabilidad pesaba sobre nosotros. Si se declaraba una huelga, lo cual era bastante frecuente, seguros estábamos de que sus consecuencias no repercutirían en Villa Valencia."

Así la familia Baleztena tuvo que refugiarse en San Sebastián, en Villa Valencia, pero mi padre, Ignacio Baleztena, no pudo aguantar mucho tiempo fuera de su Pamplona querida y volvió en sanfermines de ese mismo año como veremos en la próxima entrada si Dios quiere. El resto de la familia debió de permanecer alejados de su casa y de su ciudad.

domingo, 22 de enero de 2012

25 años después del asalto y quema de Casa Baleztena

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Querido lector para acabar con el asalto y quema de Casa Baleztena transcribo la narración de la conmemoración del 25 aniversario del mismo contada por la tía Lola Baleztena, hermana del aitacho:

“¡25 AÑOS!

            Al cumplirse los veinticinco años de estos sucesos se celebró en el Oratorio una Misa conmemorativa con todos los asistentes de aquella jornada. Faltaban Chan, que murió en la guerra, y la señora Pia. Los demás, por la gracia de Dios, gozamos de buena salud.

            Al final de la Misa, en la que todos comulgaron, Joaquín leyó la siguiente plegaria:

¡Señor!

            Veinticinco años han pasado de que sonó a la puerta de nuestra casa un huracán de odio y de incendio, fraguado por hermanos nuestros, reunidos por Ti, con la misma generosidad con que lo hiciste con nosotros.

            Entonces, asistidos por tu bondad, no anidaron en nuestros corazones rencores ni deseos de venganza, bien lo sabes Tú, Señor. Siempre creímos que estuvieron equivocados quienes nos atropellaron. Si hoy recordamos aquel momento, más es para darte gracias y reafirmarnos en el perdón, que para avivar pensamientos impropios de cristianos.

            Si de algo nos gloriamos, es seguir las huellas que Tú nos trazaste desde la Cruz: aceptar con la mayor resignación posible las pruebas y contrariedades que quieras enviarnos para que podamos tener la esperanza de imitarte en la paz y gozarte en la gloria del cielo que más alcanzaremos por tus méritos que por nuestras obras.

            Semejante al amor que te profesamos en esta casa, ¡Señor!’ se encuentra el que tenemos a tu Madre y Madre nuestra la Virgen Santísima, que bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, preside la dependencia que más estimamos: la capilla.

            A Ella dirigimos nuestras oraciones para decirle nuestro amor de hijos.

            Bendecidnos Jesús y María, y perdonad a cuantos nos han agraviado.

Así sea
Pamplona, 18 de abril de 1957.

            La familia de Juan Pedro Arraiza, que tan unida estuvo al drama y tan generosa y cariñosamente nos acogió en su casa, mandó para postre de nuestro banquete familiar, una deliciosa tostada en llamas con esta estampa”

Fotomontaje de Casa Baleztena en llamas, regalo de la familia Arraiza cuando no había ni fotocopias ni fotoshop

Si te incorporas en cualquier momento al blog te recomiendo que si no has leido esta historia completa vayas al principio pinchando aquí y lo leas en plan novela pinchando en "continuará" al final de cada entrada. La verdad es que aunque yo la había oido contar mil veces al leerla la verdad es que "engancha".

Hay mucho más material recogido por la tía Lola al respecto (noticias en distintos periódicos, notas, cartas…) pero no quiero alargarme más en este asunto. Si alguien está interesado en saber más, puede solicitármelo en premindeiruna@gmail.com donde siempre procuro atender vuestras peticiones. No obstante en este recorte de prensa publicado 40 años después se puede leer un resumen de esa jornada trágica. 

Reseña de prensa realizada en el 40 aniversario del asalto y quema de Casa Baleztena
 Así en la próxima entrada si Dios quiere seguiremos con la biografía del aitacho, expulsado por el gobierno republicano de su amada vieja Iruña.

miércoles, 18 de enero de 2012

El gobernador no dimite y pide "apoyo" a los Baleztena tras expulsarlos de Pamplona



Querido lector, la noticia del asalto y quema de Casa Baleztena tuvo un eco nacional y la cosa se estaba poniendo mal para el gobernador civil de la república Andrés. Dejo que de nuevo lo cuente la tía Lola en sus “Recuerdos de un día trágico” partiendo de un artículo copiado de “El Debate”:

Transcripción de un artículo de "El Debate" realizada por la tía Lola Baleztena en sus cuadernos "Recuerdos de un día trágico"
             “Con motivo del ignominioso incendio de casa Baleztena, perpetrado a ciencia y paciencia del señor gobernador civil, que no hizo absolutamente nada para impedirlo, la Cámara de Comercio, con el apoyo de elementos totalmente alejados de la política, como el Casino Principal, y de todo cuantos es o significa algo en la ciudad, elevó una razonada y enérgica protesta al gobierno, pidiendo la destitución del mencionado gobernador.

            Ni fue destituido ni dimitió, naturalmente. Pero en respuesta a cuantos elementos mostraron disconformidad con su lamentable gestión, no se hizo esperar mucho tiempo. Los dos círculos Tradicionalistas clausurados; doscientos registros domiciliarios llevados a cabo por la policía, y doscientos ochenta detenidos de tradicionalistas navarros que sucesivamente han desfilado por la Comisaría de Vigilancia”.

            A los pocos días de nuestra llegada a Leiza, nos cuenta la tía Lola recibieron la siguiente carta del Gobernador:

“Sr. D. José María Baleztena[1].

            Muy Señor mío:

            En “El Siglo Futuro” aparece una información rotulada de manera bien visible, así:

            “El Señor Baleztena y su Familia, fueron vejados por el gobernador e insultados por las turbas”.

            En otros diarios, se han dicho también cosas parecidas, que no he querido rectificar, porque esperaba que alguien, conocedor de mi actitud y la ayuda que les presté por la Guardia Civil en el momento crítico, y del amparo evidente que expuso el traslado de Us. Al Gobierno Civil, donde no estuvieron un minuto sus señoras hermanas, lo hiciera con la debida nobleza.

            Pero esto no ha sucedido, y me siento en la necesidad de preguntar a U. cual es su opinión sobre mi conducta.

            Desde luego, se lo pregunto particularmente, e invitándole a que la respuesta sea rabiosamente franca y sincera.

            Saluda a U. suyo af. S.S.

Manuel Andrés”

            Continua narrando la tía Lola: "Como estábamos bajo la criminal dependencia del infame Andrés, la respuesta no podía ser lo “rabiosamente sincera” que él, con malas artes, pedía. Fue así:

Muy señor mío:

            Recibida la suya, paso a contestarla.

            En los sucesos del lunes, tenemos que lamentar que la tardanza de la Guardia Civil en llegar a nuestra casa, nos expusiera a gravísimos peligros de todos conocidos. Cuando por fin llegó, después de unas cuatro horas, durante las cuales estuvimos desamparados, actuó como siempre, con eficacia.

            Una vez en el Gobierno Civil, fuimos bien tratados, y por disposición de U. mis hermanas no permanecieron en él, sino que fueron conducidas por sus habitaciones particulares a casa de nuestros primos, los Sres. de Arraiza.

            No habiendo inspirado a ningún periódico la información que haya podido dar de los sucesos, no somos los llamados a aclararla, por la misma razón que no pedimos, que ninguna de las muchas personas convencidas de nuestra inocencia, salieran al paso de las referencias poco favorables a nosotros, que a su vez, han aparecido en determinados periódicos.

            Sin más, le saluda

Joaquín Baleztena"

Muchos más artículos conserva Dolores Baleztena de diferentes periódicos de todo España sobre dichos acontecimientos, pero para no alargarme más con este tema si alguién está interesado en profundizar puede hacérmelo llegar a premindeiruna@gmail.com

Así con la entrada de mañana dejaré por concluido este episodio de la vida del aitacho y su familia, con la conmemoración que se hizo del mismo 25 años después, pero esto será en la próxima entrada si Dios quiere. Posteriormente ¿Qué hizo Ignacio Baleztena tras su expulsión de la ciudad que tanto quería y por la que tanto había luchado?
Continuará

[1] Ni siquiera se molestó en informarse bien del nombre a quién dirigía la carta.

lunes, 16 de enero de 2012

Más reacciones tras el asalto y quema de Casa Baleztena. Abril 1932


Lamentablemente entre los "significados elementos" que animaron a la quema de Casa Baleztena estaba el Teniente de Alacalde del Ayuntamiento de Pamplona de aquella época

Querido lector, como te contaba en la anterior entrada la sociedad civil se movilizó para solidarizarse con la familia del aitacho tras el asalto y quema de Casa Baleztena. Entre las múltiples cartas e iniciativas al respecto me ha parecido especialmente interesante la que transcribo a continuación, publicada en “El Pensamiento Navarro” y copiada por la tía Lola:

“LA REPARACION DE UNA INJURIA

            Difícil es, por no decir imposible, que se borre de nosotros en mucho tiempo la impresión funestísima que recibimos al contemplar el desarrollo de los sucesos del domingo y lunes en nuestra ciudad.

            Con todo, en ese cúmulo de hechos luctuosos y reprobables, quiero fijarme en uno, que reclama una reparación pronta como justa, por tratarse de una familia de tanto relieve en la Provincia y en España entera, como demuestra la multitud de telefonemas de adhesión y cariño que se reciben de distintos puntos de la Nación, y por ser los que, en aquel día del lunes, la escarnecieron, tal vez los que hayan recibido mayores beneficios de sus bondadosos corazones.

            La familia de los Baleztena, como todo navarro les llama, pasó por un trance amargo e injusto, que le hace más dolorosa la ingratitud monstruosa de sus favorecidos.

            Podrá tener disculpa la conducta de la juventud obrera de Pamplona, en la irreflexión y ofuscación del momento, tal vez, y más en los consejos perversísimos de unos malos dirigentes, que les incitaron a llevar a cabo actos que nunca hubieran soñado utilizar si hubieran tenido presentes los motivos de gratitud, que les ligaban fuertemente con las víctimas de sus brutales atropellos.

            Mas, a pesar de todo, una reparación se impone por parte de la clase obrera. Porque la familia de Baleztena, de rancio abolengo, de sentimientos cristianos, a pesar de su posición social tan elevada, siempre se ha distinguido por el amor y el cariño al pobre y al obrero, sin distinción de bandos ni partidos.

            ¡Cuántos y cuántas, de los que el lunes, situados ante su casa les insultaban con frases groseras, les apedreaban, les tiroteaban e incendiaban la casa, no han sido en muchas ocasiones objeto de su cariño, favor y socorro!

            Como prueba de ello, baste traer a la memoria la fiesta de los Reyes Magos, en la cual muchos de ellos recibieron de sus manos juguetes y dulces, y por las mismas escaleras a las que prendieron fuego subían a gozar infantilmente a la vista del magnífico nacimiento, en gran parte puesto para esparcimiento de los niños pobres y obreros.

            ¿Quien no recuerda aquellas cuadrillas de “blusas blancas”, tan renombradas en nuestras fiestas de San Fermín, que tan regocijados cantaban las composiciones musicales compuestas por esta familia, ante los balcones que ahora, con furia infernal, apedrean y tirotean?

            Hablen también ahora los jóvenes allí presentes en actitud hostil, los cuales, para sus funciones teatrales, acudían a esa casa, llamada de todos, en busca de sus trajes para las representaciones que habían preparado para celebrar su fiesta obrera[1]. Hablen, así mismo, la Escuela Dominical, la Escuela de Nazaret, el Sindicato de Obreras, la Cárcel, el Hospital y demás asilos benéficos de la población, donde a manos llenas han distribuido su cariño, su consuelo y sus limosnas. Imposible hallar una función o acto benéfico en que no haya tomado parte principal esa familia, hoy tan perseguida injustamente.

            Si de los favores colectivos pasamos a los individuales, sería cosa de nunca acabar la lista de los beneficios dispensados desde los distintos cargos que esta familia ha ocupado en consulados extranjeros, Diputación a Cortes, Diputación Provincial, Ayuntamiento de Pamplona, etc., etc., ya que su blasón mejor y su más preciado timbre de gloria ha sido siempre darse todo a todos, siendo esta casa rincón caritativo para toda desgracia y el fuego y entusiasmo para toda obra social, al servicio siempre de su amada ciudad.

            ¿A qué se debe, pues, este comportamiento, tan ingrato, por parte de esta clase social, tan querida para ellos? ¿Sería, tal vez, que ellos la han injuriado ahora, explotándola o engañándola por su medro particular, llenándose de enchufes?

            Con cuánta verdad puede esta familia repetir en presencia de esos obreros aquellas palabras que en cierta ocasión lanzaba Jesucristo contra los judíos: “¿por cual de estas obras me apedreáis?”.

            Es necesario pues, que, pasados aquellos primeros momentos irreflexivos y pasionales, la clase obrera, libre de toda influencia partidista, reconozca el borrón que pesa sobre ella y haga desaparecer la nota pésima de ingratitud, dando una muestra sincera de reconocimiento a esta familia, que, cierto, no guarda el menor rencor para nadie, y menos para vosotros, que inconscientemente habéis sido instrumento de pasiones bastardas.

            Y, ya que se trata de reparación de injurias y ofensas a esta respetabilísima familia, ¿no sería muy justo también que todo Pamplona demostrara su dolor por los hechos que todos lamentamos?

            Si parece bien la idea, tomen nota de ello, personas o entidad capacitada, para llevar a cabo tan caritativo pensamiento, y señalen centros o comercios donde se reciban tarjetas y pliegos de firmas que lleven entre sus líneas un pequeño lenitivo a esta familia tan atribulada, que se ha visto blanco de toda clase de insultos y agresiones, teniendo que abandonar su casa, su pueblo, como unos indeseables.        

            Démonos un abrazo de unión todos los habitantes de nuestra querida Pamplona, desterremos estas luchas fratricidas y vuelva nuestra amada Ciudad a ser el rincón envidiable donde reinen la paz y la verdadera alegría. - Fdo. UN PAMPLONES.

Efectivamente en muchos comercios e instituciones de Pamplona se recogieron innumerables muestras de apoyo de pamploneses de todo tipo y condición. Pero además la repercusión de los sucesos trascendió nuestras mugas forales, con indignación del gobernador Andrés como veremos en la próxima entrada si Dios quiere.



[1] Los de la Casa del Pueblo, fueron una vez a pedir trajes para su fiesta como vimos en una anterior entrada y ocurrió lo que puedes leer pinchando aquí.

jueves, 12 de enero de 2012

Reacciones tras el asalto y quema de Casa Baleztena. Abril 1932

Querido lector, antes de este paréntesis navideño en el que hemos disfrutado de los orígenes de la cabalgata de Reyes Magos de Pamplona en cuyo comienzo tenía que estar, cómo no, el aitacho, volvemos al tema del asalto y quema de Casa Baleztena en abril de 1932, durante la II república española.

Para leer este relato desde el principio pincha aquí.

Para ir a la entrada anterior referida a este episodio pincha aquí

Estos hechos produjeron el rechazo de muchas personas como veremos enseguida. Entre ellas se encontraba Ar­turo Campión, que desde San Sebastián, donde residía, a través de su mujer Emilia Galdiano, en­vió una carta de condolencia a la tía Mª Isabel, hermana de mi padre Ignacio Baleztena, di­ciendo:  

"Querida Mª Isabel, no se cómo expresar el horror y la pena  que me causa la salvajada de que fueron V. víctimas el pasado día. Quien hubiera creído que tanto como VV. han hecho por los obreros y pobres había de ser tan mal correspondido! Créame V. no me puedo desimpresionar y lo recordamos Arturo y yo constantemente protestando ambos de acto tan bochornoso para Pamplona como el que hemos presenciado el lunes. Que recuperen VV. la tranquilidad en ese pueblo procurando no recordar lo que sufrieron. Ya sabe V. cuan sinceramente los acompaño y lamento todo lo sucedido. Salude V. a sus hermanos y ya sabe V. cuan de veras le aprecia su afma. amiga

Emilia Galdiano". 

Tras la firma aparecen en líneas torcidas estas palabras de Campión:  

"Distinguida amiga: Agur. Pro­testo airadamente contra las brutales hazañas de la chusma. Comunique mis sentimientos a sus hermanos. Singularmente a Ignacio”. Si­guiendo una anotación de su mujer: "Vea V. como escribe un casi ciego".



Carta de los Campión a los Baleztena protestando contra el asalto y quema de Casa Baleztena por la "chusma", y transmitiendo su pesar y apoyo a la familia tras dichos sucesos.


Este es solo un botón de muestra de las muchísimas adhesiones y muestras de apoyo recibidas por la familia. ¿Cómo?. Mediante cartas en los periódicos y a través de la Cámara de Comercio, cuyo comunicado conservamos gracias a la tía Lola Baleztena, hermana de mi padre Ignacio:

“Adhesiones a la actitud de la
Oficial de la Cámara Oficial del Comercio e Industria
De Navarra
  
            El Pleno de esta Corporación volvió a celebrar a noche sesión extraordinaria, con asistencia de veinticinco señores de los que la integran.

            Vio con completa satisfacción que le acompaña el sentir unánime de las fuerzas vivas de la Capital, las cuales se han adherido con el mayor entusiasmo al telegrama dirigido por esta Cámara, el martes último, a los Excmos. Señores Presidentes del consejo de Ministros y Ministro de Gobernación, protestando contra los vergonzosos sucesos ocurridos en Pamplona recientemente y pidiendo la destitución del Gobernador Civil.

            Así bien, reconoció el Pleno de esta entidad que las actuales circunstancias son las menos a propósito para la organización de actos que pudieran perturbar la vida de nuestra querida ciudad, y a la vez, ser mal interpretados.

            Igualmente, acordó rogar a la Prensa de Pamplona, la publicación de las adhesiones que la Cámara ha recibido hasta la fecha, y en nombre de todas ellas, reiterar ante los Poderes Públicos la petición que se formuló en el mencionado despacho y que espera será atendida.

            A continuación, sigue la lista de las adhesiones recibidas a los acuerdos adoptados por unanimidad por el pleno de la Cámara Oficial del Comercio e Industria de Navarra, en su sesión extraordinaria, del 19 del actual…”

Obviamente el gobernador civil de la república Andrés no dimitió, y esto parece que es una patología asociada a algunos cargos políticos que viene de tiempo atrás. Todo menos soltar el sillón. 
"El Pensamiento Navarro" además de la reseña de la noticia, transcribe, al igual que otros diarios, la petición de dimisión del Gobernador Andrés Casaus, solicitada por la Cámara de Comercio.
 
Lamentablemente, y contestando a una pregunta que me hace un lector en una entrada anterior, que puedes leer pinchando aquí, que yo tenga constancia, ni la Diputación de Navarra ni el Ayuntamiento de Pamplona, de los que formó parte el aitacho, se dignaron a condenar oficialmente los lamentables sucesos, ni tomaron medidas a su nivel al respecto. Tuvo que ser la sociedad civil como hemos visto, y seguiremos viendo, con iniciativas como la expuesta en estas líneas y otras que introduciré en la siguiente entrada.

Así que continuará si Dios quiere

miércoles, 11 de enero de 2012

El Bicharrakus Asquerosus de la cabalgata de Reyes de Pamplona (II)

Querido lector, para entender de que va este lío del aitacho tienes que leer la entrada anterior pinchando aquí o no te enterarás de nada. Pues bien al grano, seguimos con la historia del Bicharrakus Asquerosus:


"EL “BICHARRAKUS ASQUEROSUS”

Iruñería de Tiburcio de Okabío, Premín de Iruña o Ignacio Baleztena

 (Continuación)

            Al llegar los buenos Reyes a Jerusalén se llevaron la gran desilusión. Esperaban encontrar la ciudad toda engalanada, gallardeteada, colgadurazada, tapizada y reposterada. Baltasar esperaba poder asistir a grandes procesiones, Te Deums y festividades de carácter religioso. Gaspar se hacía la ilusión de que iba a contemplar grandes desfiles militares al son de músicas mil, cornetas cinco mil y otros tantos tambores. Baltasar no cabía de gozo en su túnica, sólo de pensar que iba a ver bailar los gigantes de Jerusalén con su acompañamiento de kilikis, zaldikomáldikos y cabezudos… En una palabra, esperaban encontrar un Jerusalén parecido a las Pamplonas en días de San Fermín.

            Y el motivo no era para menos. ¡Haber nacido nada menos que el Rey de Israel, el Salvador del género humano a unos pocos kilómetros de la ciudad, en Huarte, cabe Pamplona como si dijéramos, y allí no se notaba nada!

            Se veían a los zarrapastrosos judíos de siempre acurrucadas a las puertas de sus tiendas, o con tenderetes de castañas asadas y dátiles, vendiendo de estraperlo en los atrios del templo palomas para los sacrificios, tapices, pebeteros, lamparicas de siete brazos y otras chucherías orientales. Por calles y plazas gentes del pueblo, hechos unos zánganos, tomaban el sol tumbados en el cochino pavimento rodeados de moscas, cargados de piojos y de mil otros insectos, que por allí pululaban aún en pleno invierno.

            -¡Jamebik kunda Barasoain! –dijo Baltasar en su lengua-.

            -¡Kuskurreo roken gamuchi! –repitió Gaspar en la suya-.

            -¡Espelunkan proteo garren muru! –exclamó el venerable Melchor-, frases, que traducidas a nuestro idioma, significan las tres:

            -¡No hay derecho! Y efectivamente no lo había.

            Preguntaron a varios noticias del nacimiento del Salvador, sin recibir más contestación que un encogimiento de hombros, y a lo más, un:

            -Eso se lo pregunta usted a un guardia; pero dicho en Arameo.

            Reinaba a la sazón en Jerusalén y sus comarcas un mal bicho llamado Herodes, a quien los romanos invasores, conociendo su carácter pelotillero y bajuno, lo pusieron en el trono contra la opinión y modo de pensar de todo el pueblo judío. Llegó a oídos de él la llegada de los tres reyes y del objeto que les había traído por aquellas tierras; y al enterarse de ello, fue presa de la mayor bildurra y furor; pues se decía: -Si es cierto que ha nacido el rey de los judíos y el pueblo se levanta por él, ya puedo hacer la maleta y largarme hacia la estación de autobuses, dado que las gentes me dejen llegar a ella incólume.

            Llamó a los reyes a su palacio, los agasajó espléndidamente, y el granuja de él fingió una gran alegría al saber la noticia del Nacimiento del Rey de Israel. Suplicó a los reyes, que a la vuelta para sus reinos, pasasen otra vez por Jerusalén para decirle donde estaba el Niño Dios, pues también él quería ir a adorarle; y los reyes, hechos unos guizajos, se lo creyeron a babuchas juntillas; pobres incautos si hubieran cumplido este encargo, pero se les apareció un ángel que les hizo saber las verdaderas intenciones del hipócrita monarca. Así es, que los buenos reyes, después de adorar al Niño Jesús y ofrecerle sus presentes, cogieron un atajo, y sin pasar por Jerusalén, se volvieron a sus tierras, con lo cual, las regias narices del cruel Herodes quedaron desde aquel día aumentadas en un palmo.

            El berrinche que pasó el majadero coronado fue de los que hacen época: se dedicó a recorrer todo el palacio y calles de Jerusalén arreando patadas a cuantos transeúntes tropezaba por el camino, y después de esta expansión, tan natural en casos parecidos, se encerró en su despacho donde redacto un ukase por el que ordenaba que fueran degollados todos los niños de Belén menores de dos años; pues así, creía el gran majadero que iba a hacer desaparecer al Niño Jesús. Pero como todos ustedes lo saben muy bien, un ángel reveló este propósito a San José y le ordenó se refugiase en Egipto donde debería permanecer hasta la muerte de Herodes.

            Cuando llegó ese día, hubo el gran regocijo en los infiernos. Todos los demonios se disputaban el honor de llevarse a su departamento el alma del cruel infanticida, y estuvo a pique de armarse en el Averno un zipizape de dos mil demonios (nunca mejor empleada la frase) que tuvo que resolverlo Satanás por el socorrido procedimiento de “zurrón butón de la buta butera zirrikili fuera”. La suerte favoreció a Astaroth, el demonio de más fecunda imaginación en lo de inventar suplicios regocijantes. A él se deben, además de todos los que aparecen en la puerta del Juicio de la catedral de Tudela, el originalísimo de enchufar a los condenados a un pararrayos al que se aplica una corriente eléctrica que lo pone al rojo, abrasando así las entrañas de las víctimas y dándoles, al par, unas sacudidas eléctricas que les obligan a realizar movimientos de ranas epilépticas. Ese era el suplicio al que pensaban someter a Herodes, pero, eh ahí, que cuando venía a la tierra para apoderarse de su hedionda alma, le salió al paso el gran mago de Baltasar, que le dijo, que aquel alma le pertenecía a él, pues era el encargado de vengar la muerte de los niños inocentes, y que para ello tenía ideado tal suplicio, que a su lado todos los demás eran tortas y pan pintado. Consistía en encarnar el ánima en el repulsivo cuerpo del Kakazarra o “Bicharracus Asquerosus” para tenerlo encadenado toda la eternidad en el misterioso Mendillorri para que desde allá sufriese lo indecible viendo lo majos y buenicos y alegres que son los mocetes de Pamplona y lo que se divierten por San Fermín corriendo ante el zezenzusko, el día de Reyes siguiendo y aclamando a la cabalgata de los Magos, el Domingo de Ramos sacando los ojos de los devotos que van a la catedral con las puntas de sus palmas, etc. etc. Pues a Herodes, el enemigo número uno de los niños, lo que más le hace sufrir es ver niños buenos, alegres y felices.

            Y desde aquella época tenemos el alma de Herodes encarnada en el Bicharracus asquerosus, pidiendo a gritos a Belcebú y otros diablos que lo lleven al infierno, pues prefiere estar una eternidad metido en una sartén, a tener que estar siendo testigo de la felicidad y alegría de los mocetes irunshemes.

            Pero llegó el día de Reyes y aprovechando un descuido de su guardián rompió la cadena y bajó de Mendillorri, haciendo aquella pavorosa aparición en el Frontón Labrit que tanto asustó a los papás de la alegre mocetería. ¡Ah! Pero él no contaba con el valor y bizarría de los guerreros de Baltasar que, a golpe de lanza y churrazos bien administrados, consiguieron volverlo a encadenar y llevarlo otra vez a la cueva de Mendillorri, donde continuará en su cruel suplicio per in secula seculorum.

            Esta, y no otra, fue la causa de la aparición de aquel ser a quien los sabios zoólogos tomaron por la fiera corrupta unos, por el hombre de las cavernas otros, y que no era otro que el Bicharracus Asquerosus, estuche del alma del repelente degollador infantil.

Tiburcio de Okabío"

Iruñerías, D.N., 16-I-1955

Pues bien, con esto acabo las entradas postnavideñas y  desde la próxima entrada retomo su biografía con los coletazos del asalto y quema de Casa Baleztena, el destierro a San Sebastián y los sanfermines de 1932... bueno pero en orden, que me precipitó. Hasta la próxima entrada si Dios quiere.

lunes, 9 de enero de 2012

El Bicharracus Asquerosus de la Cabalgata de Reyes de Pamplona

Querido lector, como hemos visto estos días el aitacho fue iniciador de la Cabalgata de Reyes de Pamplona e íntimo amigo de Baltasar. Pues bien, como lo prometido es deuda te paso a transcribir una iruñería que publicó en enero de 1955, con motivo de la primera aparición del conocido "mono de la cabalgata", que fue famoso durante años por asustar a los niños al escaparse de su jaula, y que no era ni más ni menos que... lo que nos cuenta a continuación:


"EL ALMA DE HERODES Y EL BICHARRACUS ASQUEROSUS

Iruñería sobre el Bicharracus Asquerosus

             La maldita coqueluche[1], que se complace en visitarme más a menudo de lo que yo deseara, me impidió asistir al emocionante acto de la llegada de los Reyes Magos y a su triunfal entrada en el Frontón Labrit[2].

            Pero me dijeron que durante el acto hizo su aparición un ser horripilante; que los más sabios no sabían si se trataba del hombre de las cavernas, de un gorila, de un marciano o de alguno de aquellos antiguos ministros que perseguían a cañazo limpio a los mocés que jugaban al irulario o al hinque en la plaza del Castillo.

            Yo sí sé de qué se trataba[3]. Era nada menos que el Bicharracus Asquerosus, el repugnante Kakazarra, en cuyo cuerpo se halla encarnada el ánima de aquel cruel Herodes, enemigo de los niños y aspirante a verdugo del Niño Jesús.

            Contaré su historia, tomándola desde sus principios, aunque tal vez resulte un tanto tabarrosa.

            Hace años, muchos años, tantos, que aún no había nacido la gallinita que puso el huevo del que nació jolgorioso y quiquirriante ese simpático gallico que, desde la torre de San Cernin, vigila y vela porque Pamplona sea, sin llegar a la sesudez, modelo de poblaciones cultas, optimistas y caritativas.

            Existían en aquel entonces tres estados enclavados en el lejano e ignoto Oriente, regidos y gobernados por tres reyes buenos, sabios, generosos y sobre todo amantes de la mocetería, a pesar de lo revoltosos e insoportables que se ponían a veces los mocés de sus vastos estados. Eran tan sabios, que sabían serlo sin ponerse palmas ni darse postín, como lo hacen tantos que se creen sabios porque en su juventud, a fuerza de recomendaciones y pelotillas sacaron algunos sobresalientes y tal o cual matriculica.

            En sus repletísimas bibliotecas se apilaban los libros más caros, los más valiosos documentos y palimpsestos, excepción hecha del Espasa, pues como se sabían de memoria todas las palabras y su verdadero significado, no necesitaban recargar las estanterías con esa obra tan imprescindible para todos cuantos nos hacemos la ilusión de militar en las literarias filas de la sapiencia barata.

Aseguran las crónicas, que Gaspar jamás utilizó diccionario enciclopédico alguno para descifrar el más complicado Crucigrama. También se dice, que la sabiduría de Melchor llegaba a tal grado, que podía descifrar a la perfección la Tabla de Logaritmos y a traducir por activa y pasiva todo el Latinitates Autoribus, dando a cada palabra su verdadero significado y a cada sílaba su exacta pronunciación. Baltasar, a pesar de ser tan sabio como sus compañeros, cuando no le veían sus sesudos ministros y los tabarrosos y magníficos rectores de las universidades, se encerraba en su despacho y se empollaba la Codorniz[4] y se desquijarraba leyendo las aventuras de Carpanta, de Doña Urraca, del Reporter Tribulete, la Familia de Ulises, el Loco Carioco[5] y otros héroes infantiles. Sin embargo, le cargaban las aventuras de esos pollos de ojos lánguidos, boca de aburrida sonrisa, sin más misión que la de arrear directos uppercuts y zartakos a gansters, jefes de sociedades secretas y cuantos se dedican a perseguir a una niña cursi, rubia, de largas pestañas postizas y gesto inexpresivo, gretagárbico, que en vez de estarse formalica en su casa, se mete, vestida de explorador, donde maldita la falta que hace.

            Estos tres sabios monarcas no se conocían personalmente, pero sí por correspondencia y por la fama que de sí mismos irradiaban. Perfectos conocedores de la astronomía sabían al dedillo los nombres de todas las estrellas, astros, planetas, satélites, cometas y hasta las andanzas sidéreas del más humilde bólido.

            Conocedores de cuantas profecías y libros sagrados trataban del misterio de la Redención del género humano; sabían que algún día había de nacer un Niñico portador de la paz y felicidad para los hombres de buena voluntad. Esperaban, y creían firmemente, que ese Niño Dios les daría a conocer su llegada al mundo por medio de algún prodigio extraordinario, así es que se pasaban horas y horas en sus observatorios mirando el espacio a través de sus catalejos por ver si veían en él aparecer algún astro que les anunciase la buena nueva.

            Y efectivamente, una noche pudieron observar cómo en lo más lejano del horizonte aparecía un puntito luminoso, diferente en un todo a todas las demás estrellas que figuraban en el cielo.

            Un astrólogo de los que ahora estilamos, tal vez, hubiera pensado en un platillo volante, pero, ¡vaya usted con esas insensateces a aquellos sabios para quienes el firmamento tenía menos secretos que una bicicleta!

            Comprendiendo enseguida de qué se trataba, los tres, sin ponerse de acuerdo, se dispusieron a emprender la marcha a Belén, llevando al Niño Jesús los más ricos presentes que producían sus estados. A los pocos días de marcha se encontraron en una encrucijada a la que afluían las carreteras principales de sus reinos, y allá, se abrazaron emocionados, alabaron al Señor dándole gracias por el enorme beneficio que les dispensaba al hacerles conocer tan gran misterio, permitiéndoles ser testigos presenciales del mismo. Emprendieron felices su marcha hacia Belén guiados siempre por la estrella misteriosa, repartiendo por cuantos pueblos y ciudades pasaban bienes espirituales y consuelos corporales, sanando enfermos, repartiendo bienestar y alegría entre los mocetes, que jamás pudieron soñar en ser poseedores de juguetes tan valiosos.

            Tan sólo en una ocasión estuvieron a punto de tener un pequeño disgusto, y ello fue con motivo a la visita de un Asilo de Niños, en el que había unos mocetes la mar de buenicos y guapos. Baltasar no pudo resistir la tentación de darles una sesión de curriños. Sus compañeros protestaron pues toda parada se les hacía un siglo dada la ansiedad que les dominaba por adorar al Niño Jesús. Pero luego resultó que fueron ellos los que más se la gozaron con las aventuras del “Pucherero”[6] y otros héroes curriñescos, tan magistralmente movidos por el regocijado monarca.

            Y así, repartiendo salud, bienestar, alegría, llegaron a Jerusalen, donde… (Esto se ha hecho demasiado largo, tendré que dejar su histórica continuación para más tarde)


Tiburcio de Okabío"
Iruñería, Diario de Navarra. 9 de Enero de 1955
Y efectivamente el relato continuó a la semana siguiente, y yo te lo contaré en la próxima entrada si Dios quiere. Ya se que me he vuelto a desviar de la biografía cronolócica del aitacho, pero la Navidad y SSMM los Reyes Magos se lo merecían. Tras finalizar el relato del Bicharracus asquerosus retomaré la "vida y milagros" de Ignacio Baleztena, al que dejamos desterrado de su querida Pamplona. Atento y no pierdas el hilo.Y por cierto igual no te has dado cuenta de que he metido varias fotos de las cabalgatas de antaño, que puedes ver pinchando aquí.

[1] Gripe, vulgar y corriente
[2] Obviamente la “coqueluche” no le mantuvo en cama. Era una manera de justificar su “ausencia” en beneficio de Baltasar, que si estuvo presente.
[3] Claro que sabía de que se trataba, fue otra de sus aportaciones a la cabalgata. Otra “cosa de Baleztena”
[4] Periódico semanal cómico
[5] Comics famosos de la época
[6] Obra para curriños hecha por el propio aitacho