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jueves, 7 de abril de 2011

III centenario de la canonización de San Francisco Javier en 1922 (y III)


Querido lector, para finalizar estas entradas referentes a los actos de celebración del III centenario de la canonización de San Francisco Javier, organizados por el "aitacho" cuando era diputado foral en 1922, no puedo dejar de transcribirte otra "iruñería" suya al respecto, en la que explica como se dispuso (y de paso embarcó a todo el mundo, para variar) a ampliar dichas celebraciones a Francia, hacia la Baja Navarra.

"RECUERDOS DEL TERCER CENTENARIO DE LA CANONIZACION DE SAN FRANCISCO JAVIER


            El sabio historiado xaberiano, el Rdo. P. Cros, escribe acerca de la ascendencia paterna de San Francisco de Javier:

            “La aldea de Jassu (en vasco Jatson), a una legua de San Juan de Pie de Puerto, cuenta hoy (año 1900) un poco más de trescientos habitantes: en el siglo XV no había más de diez y ocho fuegos o vecinos. Entre las familias que allí vivían por aquel tiempo y en el siglo precedente, la principal era la de Lascor, después de ellos venían los Echeverrías. Los Lascor pertenecían a las clases de los hijosdalgo, gentileshombres o nobles propiamente dichos. Los Echeverrías no eran más que infanzones, o nobles de orden inferior; de estos descendía San Francisco de Xavier por sus abuelos paternos”.

            Hacia la mitad del siglo XIV, un hijo segundón de esta familia, Pedro de Echeverría y Garot, vino a establecerse en San Juan de Pie de Puerto, en donde cambió su apellido, práctica entonces muy corriente, por el del pueblo de origen, Jassu, y desde entonces, éste fue el apellido de esta rama segundota de los Echeverrías.

            Tres hijos tuvo este Pedro de Jassu: Pedro, Bernalt y Arnalt. El primero vivió y murió en San Juan y los otros dos pasaron a Navarra la alta, es decir, a la actual Navarra española, donde desempeñaron honoríficos cargos en la corte, y realizaron ventajosas bodas que enaltecieron más el apellido de Jassu.

            Arnalt casó con Guillermina de Atondo, noble dama pamplonesa, hija del Auditor de Comptos don Juan de Atahondo, y de este matrimonio, en ¿Pamplona seguramente, nació Juan de Jassu que fue más tarde alcalde de la Corte Mayor y consejero de los reyes de Navarra. Casó don Juan con doña María de Azpilcueta y Aznar, dueña del castillo de Javier, de quienes nació, en Javier, el gran Santo Misionero, Francisco, patrón glorioso de nuestro reino navarro.

            No entra en mi ánimo tratar ahora de prosapias y árboles genealógicos, ni ocuparme de las hazañas misioneras de nuestro gran Santo. Cien historiadores lo han hecho ya, y muchísimos serán los que continúen tan benemérita labor, muchísimo mejor de lo que pudiera hacerlo este pobre guixajo estropea Underwoodes.
Con esta máquina de escribir "Underwood" escribió Ignacio baleztena la mayoría de sus "iruñerías" y resto de obras.
            Con motivo de la peregrinación que hoy organiza un nutrido grupo de entusiastas navarros de San Francisco Xavier a San Juan de Pie de Puerto y Jassu, en donde se van a celebrar grandes actos religiosos en honor del Santo, voy a recordar los que en dichas localidades de la Baja Navarra se verificaron en el año 1922 con motivo del tercer centenario de loa canonización del Santo misionero.

            Después de la gran semana misional que se verificó en Pamplona del 18 al 27 de octubre, la Diputación de Navarra, organizadora de estas fiestas, dispuso, a petición de monseñor el Obispo de Bayona, que la sagrada reliquia del brazo de Javier, pasase el Pirineo para que pudiera ser adorado por aquellos buenos y entusiastas navarros de Ultra-puertos.

Peregrinación con el brazo de San Francisco Javier a su castillo en 1922 antes de  partir hacia Francia
            Vino para acompañar a la reliquia hasta la frontera una nutrida representación del Baztán, pues como paisanos de la madre de Javier anhelaban celebrar en su honor grandes fiestas religiosas. En este bello valle se detuvo tres días, uno de ellos, en Azpilcueta, al aire libre, en el solar del que fue castillo, se celebró una solemne Misa mayor. El sábado 30 de octubre, salió la sagrada reliquia para Francia, acompañada de Francoise Marie, evegne de Bayonne, Pescar et Oloron, una comisión francesa y de la Junta Organizadora del tercer centenario.


Imagen de San Francisco Javier en la Iglesia de San Sulpicio en París

            A las nueve de la mañana, hizo la reliquia su triunfal entrada en la villa de San Esteban de Baigorri. Era esperada en las afueras del pueblo por todos los habitantes, sin excepción. Se organizó la procesión, o mejor dicho, se puso en marcha, pues ya de antemano estaba perfectamente organizada, y cantando sencillas pero muy emotivas canciones vascas, con una afinación a las que no estamos acostumbrados en nuestras procesiones, se llegó a la iglesia parroquial. En ella, monseñor dio la bendición con la santa reliquia, y a las diez se puso otra vez en marcha la comitiva con rumbo a San Juan. A penas los coches llegaron a las alturas de Ascarat, las campanas de San Juan y Uhart anunciaron a los fieles la llegada de la reliquia. Un gentío inmenso la esperaba en orden procesional, sin ninguna clase de gritos y sin el menor asomo de empujones. Abrían la marcha las Hijas de María de toda la comarca con sus velos blancos y estandartes. En orden perfecto y cantando con igual afinación que sus paisanos los baigorrianos, entraron el la hermosa iglesia, que, a pesar de sus dimensiones, se llenó por completo, yendo todos a ocupar sus puestos en medio del mayor silencio, orden y compostura. Se celebró una solemnísima misa durante la cual cantó todo el pueblo dirigido por el párroco de Uhart-Cisa, Mr. Irigoyen. Parecía realmente que era un verdadero orfeón disciplinado el que cantaba.

            En cuantas funciones religiosas he asistido en el país vasco-francés, lo que más ha llamado mi atención ha sido lo bien que cantan los feligreses y cómo saben todos de memoria y entonan los cantos litúrgicos. Sienten verdadera afición y gusto por la música sacra, y disfrutan cantándola; así es que, cuando se pasa por algún pueblo un domingo por la tarde, no se encuentra ni un traseunte por las calles, todos están en la iglesia tomando parte en el oficio de las vísperas.

            Después de la misa se dio la reliquia a adorar, acto que se llevó a cabo en medio del orden más admirable, obedeciendo todos ciegamente las órdenes, que sin gritos, manotazos al aire ni aspavientos, daba desde el púlpito Mr. Garacotche, párroco de San Juan. No hubo ni una vieja devota rebelde e indisciplinada que intentase, a codazo limpio, ponerse en primera fila, blasonando de ser más católica, más apostólica y más romana que las demás, y diciendo a las jóvenes que no tenían a bien cederles sus puestos –“más os valdría ir con vestidos más modestos sin enseñar los brazos y las pantorrillas, y con los labios y uñas sin pintar, ¡Vaya modo de estar en la iglesia! ¡Ya me lo diréis, sí, en el otro mundo!”- ¡Claro!, eso es muy fácil de decir a los sesenta y pico de años.

            Después, la municipalidad obsequió con un espléndido banquete a todas las autoridades civiles y religiosas concediendo el puesto de honor a la Diputación de Navarra. El brindis oficial estuvo a cargo del entusiasta “navarrais” Mr. De Ibarnegaray, al que los españoles debemos mil motivos de agradecimiento por la defensa que de nuestra Cruzada hizo, cuando, muchas derechas desorientadas, nos combatían en Francia.
            Entonces supe, por el menú, lo que es “Dindoneaux truffés a la basquaise”, una especie de faisán americano, al que tengo la tranquilidad de espíritu de haber rendido toda clase de honores… que desgraciadamente no he vuelto a encontrar ocasión de repetirlos.

            ¿Os parece que dejemos para mejor ocasión el relato del recorrido de la reliquia por el resto del viejo solar navarro allende los Pirineos?

Tiburcio de Okabío. Iruñerías. Diario de Navarra. 1952."

Bueno, con esto finalizo esta tanda y la semana que viene si Dios quiere seguiré con otras actuaciones de Ignacio Baleztena como diputado foral que quizá puedan deparar sorpresas para algunos de vosotros queridos lectores.

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